Hola! Aqui esta el siguiente capitulo!. Ni Naruto ni la historia me pertenecen. La historia original le pertenece a Zukiesgal65 - The Violet Rose. .net/s/3891797/1/The_Violet_Rose Yo sólo la estoy traduciendo.
Capítulo 2 - Rota
-¡Y entonces atoró los engranes!- dijo Kankuro enojado mientras le daba un sorbo a su té. Se había quitado el maquillaje y la capucha dejando libre su natural cabello café. Él, Gaara y Temari estaban sentados en un café, discutiendo entrenamiento y otros asuntos importantes.
-Gaara, has estado callado.-le dijo Temari ignorando el comentario de Kankuro. –¿Estás bien?-
-Hm…-fue su gran respuesta. Miraba a la nada. En su mente, Gaara sabía que había tomado la mejor decisión para Suna y para Konoha pero su corazón…bueno su corazón pensaba otra cosa. No que esto no fuera usual. Gaara constantemente tenía peleas entre su corazón y su mente, siendo su mente la ganadora la mayor parte del tiempo. Pero eso no significaba que los resultados siempre eran buenos.
-XxX-
Hiashi caminaba de un lado a otro de la habitación con los puños firmemente cerrados a sus lados. Neji estaba sentado no muy lejos viendo a su tío con preocupación. El Jounin miró por la ventana, suspiró y dijo
-Señor Hiashi, debería calmarse.-
El hombre sólo negó con la cabeza y murmuró
-Es por el bien de la aldea…- Miró para arriba de golpe al abrirse la puerta lentamente.
Hinata entró al salón principal del clan Hyuuga, sorprendida de ver a su padre y primo ahí. Hinata se ruborizó al ver a su primo sentado ahí. ¿Qué había hecho mal?
-Al fin llegaste.-dijo Hiashi. –Siéntate, Hinata.-
Ella obedeció y se sentó junto a Neji que no la volteó a ver. Él mantuvo sus ojos bajos con una expresión seria en su rostro.
Hiashi se sentó en el piso de madera y encaró a los dos ninjas. Respiró profundamente y empezó a hablar.
-Hinata, ahora cuentas con dieciocho años, que significa que ya eres una mujer adulta. Usualmente a esta edad, es adecuado para una mujer casarse.- Frunció al ver la expresión de sorpresa en el rostro de Hinata.
-¿C-Casarse?- soltó Hinata con sus ojos plateados abiertos de par en par. Tal vez tendría suerte. ¡Tal vez su padre le diría que se casaría con Naruto-kun! Después de todo se estaba convirtiendo en uno de los mejores ninjas de la aldea y era el hijo del Cuarto Hokage, según lo que les había dicho Tsunade-sama. Aún podía recordad la cara de honor y sorpresa cuando se enteró.
-Si…-dijo Hiashi volteando hacia otro lado. –Los Ancianos de la aldea no estuvieron de acuerdo con mi elección y eligieron a alguien más…- Hinata parpadeó. –Resolvieron que ya que eres miembro del clan Hyuuga, deberías de casarte con sólo el mejor para poder pasar el Byakugan. El hombre con el que te casarás es muy poderoso…-
-¿Quién?-preguntó Hinata sentándose más recta.
-Uh- Hiashi negó con la cabeza lentamente. –Lo verás en un par de días, cuando venga a la aldea. Lamento decir que es un matrimonio arreglado y…-
-¿Cuándo venga?- preguntó Hinata. -¿Quieres decir que no es nadie de la aldea?- El negó con la cabeza. Hinata sólo lo vio con sorpresa antes de mirar a su primo.
Neji no la vio a los ojos.
-Padre, yo- -
-¡Hinata!- gritó Hiashi poniéndose de pie. Este matrimonio beneficiará a toda la aldea. Es lo mejor. Eres del noble clan Hyuuga y por lo tanto…no puedo sólo casarte con cualquier Ninja común. Mi matrimonio con tu madre fue arreglado. Ni siquiera lo conocí hasta que tuve tu edad. Es algo que pasa comúnmente.-
Hinata sintió como nuevas lágrimas se empezaban a formar en sus ojos pero sintió. –Si…- susurró, haciendo una reverencia. Se puso de pie y mientras caminaba hacia la puerta principal, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. Abrió la puerta para ver a Shino y Kiba esperándola. Ambos la miraron fijamente.
-¿Qué tal te fue, Hinata? ¿Qué pasó?- peguntó Kiba sonriéndole.
Hinata sólo se le quedó viendo un momento. Luego negó con la cabeza y pasó junto a ellos sin más. Nunca estaría con Naruto-kun en lugar de eso se tenía que casar con algún extraño. Caminó, luego trotó para finalmente empezar a correr a toda velocidad. Lágrimas salían de sus ojos, volaban detrás de ella para perderse en su largo cabello azul medianoche. Su corazón latía fuerte mientras corría. ¿Era por correr o era el dolor de saber que se iba a casar? Sus labios se apretaron intentando refrenar un grito de agonía. No podía…pero quería más que nada en el mundo. Quería gritar y huir de la aldea. Quería que sus sentimientos sobre Naruto fueran dados a conocer pero sabía que su padre no oiría lo que ella tenía que decir sobre el asunto.
Finalmente llegó a un pequeño arroyo en el bosque con el sol brillando sobre el. Se paró sobre la brillante superficie del agua, sus lágrimas causando pequeñas ondas mientras caían y se mezclaban con el agua de algún lago lejano. Había nenúfares flotando en el agua con los pétalos abiertos buscando el sol que nunca alcanzarían. Hinata buscaba a Naruto a pesar de saber que nunca podría alcanzarlo. Su corazón estaba roto en dos y le dolía. Sus sentimientos por Naruto, los sentimientos que había tenido cuando era una pequeña niña en la Academia y su lealtad a la aldea escondida de la hoja. ¿Cuál era más importante el amor o la lealtad?
Hinata cayó de rodillas junto al arroyo y cubrió sus ojos con las manos. Ella sollozó en sus manos, sus hombros sacudiéndose con fuerza. ¿Por qué siempre le pasaba a ella? Por supuesto era una regla ninja nunca mostrar sus lágrimas así que ¿por qué siempre lloraba ella? Sakura lloraba a veces pero no tanto cuando creció pero Hinata, Hinata todavía lloraba casi diario. No podía hablar con nadie, ni siquiera con sus compañeros de equipo y ahora esto.
-¿P-Por qué tengo que ser y-yo la que se siente…tan rota?- Hinata susurró para sí misma.
-XxX-
Gaara cerró la correa que estaba atada a su calabaza y la puso sobre su hombro. Acomodó los broches para que cerraran bien. Revisó una vez más antes de estar seguro de que aguantaría. De acuerdo, estaba listo. Traía puesto un largo abrigo rojo, cerrado hasta su cintura donde se abría para colgar junto a sus piernas. Sus largos pantalones flojos estaban atados con bandas en los muslos y en las rodillas para mantenerlos seguros. Su cabello rojo era un desastre como siempre ya que una vez más se había negado a cepillarse el pelo como Temari le dijo.
Temari tomó la cantimplora y la ató en su cinturón junto con su bolsa de kunai. Gaara soltó un suspiro cansado, no tan seguro de si debería o no seguir con esto. –Ah bueno…- murmuró para sí mismo encogiéndose de hombros. Se dio la vuelta y salió de su oficina rápidamente cerrando la puerta con llave al salir. Temari y Kankuro estaban esperando al joven Kazekage en la entrada de la aldea ambos con expresiones de preocupación mientras su hermano menor se acercaba.
-Dejen de preocuparse.- murmuró Gaara, cruzando los brazos sobre el pecho. Los vio con mirada ausente, su rostro sin mostrar ninguna emoción. –Ya vámonos.-
Kankuro hizo un gesto entre asentir y encoger los hombros. Le sonrió a Gaara y volteó a ver a Temari.
La kunoichi volteó los ojos. –Si mantenemos nuestra velocidad al máximo podremos llegar a Konoha en dos días en lugar de tres. Eso nos ayudaría mucho, siento una tormenta acercándose.-
-Entonces necesitamos irnos lo más pronto posible.- gruñó Gaara con un poco de molestia en la voz. -Vamos- Caminó pasando junto a los dos ninjas y entró al desierto sin dudar. Tan pronto en cuanto puso un pie en la arena, esta empezó a girar alrededor de él con emoción. Gaara hizo un pequeño gesto con la mano y la arena se calmó hasta solo girar levemente alrededor de sus pies.
Temari jaló la correa de su abanico para estar segura de que estaba apretada lo suficiente antes de seguir a Gaara al desierto. Una ligera brisa la rodeó al entrar. Siendo una maestra del viento esto era de esperar. –El viento es mi acompañante.- le dijo a sus hermanos sonriéndole a sus hermanos.
Kankuro soltó una risa y acomodó los sellos de sus títeres en la espalda. Caminó junto a Gaara y la arena lo rodeó con un gesto amigable. Era el hermano de su amo después de todo.
-A Konoha entonces- dijo Gaara con una voz ligeramente aburrida, volteando su cabeza hacia donde estaba el bosque en la orilla del desierto.
-XxX-
Hinata miraba con gesto ausente el arroyo, que fluía como una serpiente azul en el pasto esmeralda. Llevaba tres horas sentada ahí sin decir nada y sin llorar. Sus mejillas estaban rosas y sentía como si todo su mundo se hubiera derrumbado.
-¿Hinata?- Ella miró sobre su hombro para ver a Neji parado detrás de ella.
-¿Qué?-
Se sentó junto a ella en silencio. Su largo cabello café cía elegantemente alrededor de su rostro mientras volteaba a verla.
-¿Estás bien?- le preguntó con un poco de preocupación en la voz.
Esto le sorprendió a Hinata ligeramente. Cierto, Neji y ella se habían vuelto más cercanos con el tiempo pero él nunca le preguntaba cosas personales como esta. No estaba en su naturaleza. Aún sorprendida Hinata asintió.
-No me mientas-le dijo Neji en una voz seria. –Puedo notar que has hestado llorando mucho en las últimas horas.-
Hinata se quitó el cabello del rostro. –S-Si…-murmuró. Levantó las piernas hasta su pecho y las abrazó recargando la barbilla en las rodillas. Volteó a ver a Neji que le veía fijamente.
-¿Es por lo que Hiashi-sama te dijo?- le preguntó en voz baja.
Ella asintió con dureza.
-Bueno…es-,-empezó pero Hinata lo interrumpió.
-Para beneficiar a la aldea.- susurró Hinata. –Lo sé.-
Él la miró y Hinata se encogió. No había enojo en los ojos de su primo pero ella sabía que no debió de haber dicho algo tan irrespetuoso, especialmente a él.
-Lo siento.-
-No te disculpes.- le dijo él con calma.
-Dije algo irrespetuoso...-dijo ella, levantando la cabeza para verlo. –Y-Yo no debí…-
Neji levantó una mano para silenciarla. Volteó todo el cuerpo para que la estuviera viendo totalmente de frente. Una mirada de seriedad cruzó su rostro.
-Hinata te voy a decir algo muy importante así que ponme atención ¿de acuerdo?-
Esto la confundió pero asintió.
Neji se acercó a ella y ella copió el movimiento. –Los matrimonios arreglados pueden salir bien algunas veces pero casi nunca acaban bien.-le susurró. –Quiero que me prometas que escucharás a tu corazón y no lo que Hiashi-sama o los Ancianos te digan que hagas. Cree lo que quieras creer.- La miró fijamente. Levantó la mano dudoso y le quitó el cabello de la cara. –Eres una espléndida shinobi, Hinata. Nunca lo olvides.-
Hinata lo miró sorprendida por su amabilidad. –Neji…-
-Debo de irme.-le dijo de golpe poniéndose de pie. Le dio la espalda y luego se detuvo. La miró sobre su hombro y dijo -Por favor recuerde lo que le he dicho, Hinata-sama.-
Se dio la vuelta otra vez y se adentró en el bosque hacia donde estaba la aldea.
-Lo haré…- susurró Hinata con una leve sonrisa en el rostro. –Gracias, Neji.-
