CAPITULO 2

- ¡Vamos, perezosos! ¡Todos a desayunar! Hay que salir enseguida a Hogsmeade.

- Te lo digo en serio, Sirius. Si vuelves a despertarme antes de que salga el sol te daré una patada en ese culo sangrepura tuyo. – Gemía un James Potter apenas con los ojos abiertos.

- Venga amigo, nada que un café no arregle.

- Yo creo que no voy a ir a Hogsmeade, prefiero dormir.

-¡¿Qué?! Ni hablar, Remus. Levanta de ahí, no me obligues a sacarte yo mismo de la cama. – Había un brillo malicioso en los ojos de Sirius.

- Ya voooy. Que pesado te pones los días que hay visita a Hogsmeade.

- Quiero comprar un libro en zonco, y pasar por honeyducks. Sin olvidarnos de Las tres escobas. No podemos perder tiempo.

- Canuto – preguntó James - ¿Has dicho comprar un libro? ¿En Zonco?

- Es verdad – apuntó Peter – ¿desde cuándo venden libros en zonco?

James se giró con los ojos extremadamente abiertos para mirar a Peter - ¡¿Desde cuando Sirius compra LIBROS?!

- Exagerados… Es un libro sobre cómo usar ciertos hechizos para divertirte. Lo vi en el catalogo de Zonco.

- ¿A que te refieres exactamente con "para divertirte"?

- Remus, compañero, lo venden en Zonco ¿Qué clase de diversión esperas? Bromas y chistes. Dudo que Zonco se plantease siquiera vender libros de magia oscura.

- Algunos de sus objetos de broma son casi pensados para magos oscuros. – Objetó Remus. – Pero supongo que tienes razón.

- Como siempre, lunático. ¿Estamos todos listos? Pues a desayunar.

-.-.-

- ¿Tienes ya el dichoso libro, canuto?

- Sí, James. Pero espera voy a por alguna bengala, seguro que eso animará la clase de historia de la magia.

- Ya está Remus en esa zona. Yo voy a por alguna poción de cambio de voz. Me encantaría usarla con snivelius.

- Vale, nos vemos al pagar.

- Ei, Remus, pilla alguna bengala para mí también.

- ¿De estas tipo chispitas para los cumpleaños de las niñas? – Bromeó Remus

- Obviamente, se acerca mi cumpleaños – Sirius le lanzó una mueca amistosa a Remus.

- Mira ahí, hay unas bengalas nuevas.

- ¿A ver? – Ambos adelantaron la mano a la vez para coger una de estas nuevas bengalas, lo que hizo que se tocaran brevemente. Fue un toque muy suave, casi como una caricia. Ninguno de los dos apartó la mano inmediatamente. Solo Sirius empezó a retirarla, pero al hacerlo aprovechó para mover el pulgar en círculos para acariciar el dorso de la mano de Remus. Este se paralizó un segundo solo, retirando la mano bruscamente y saliendo molesto de la tienda. Sirius se quedó parado unos instantes intentando ocultar el brillo de tristeza en sus ojos.

Nada más pagar las bengalas y el libro arrastró, casi literalmente, al resto a Las tres escobas donde nada más sentarse pidió cuatro whiskies de fuego.

- Sirius, ¿Whiskey de fuego? ¿En serio? Rosmerta, no hagas caso y tráenos unas cervezas de mantequilla.

- Para los bebés de mis amigos, cerveza, para mí, querida Rosmerta, Whiskey. Gracias.

- ¿Sirius que bicho te ha picado?

Un lobo demasiado cobarde para ser un gryffindor, pensó Sirius. – Nada, James. Solo tengo ganas de algo más fuerte.

Al primer whiskey de fuego le siguieron siete más pese a la insistencia de sus amigos para que dejase de beber. Cuando al fin consiguieron sacarle de Las tres escobas Sirius apenas se mantenía en pie, tuvieron que llevarlo entre James y Remus mientras Peter controlaba que nadie les pillase en semejante estado.

- Nunca le había visto así. – Dijo James.

- Esta mañana estaba tan estupendamente. – dijo Peter girándose para hablar con sus amigos.

- Pues algo le ha debido pasar, no es algo normal – añadió James.

- Nada en él es normal, cornamenta – bromeó Peter.

- ¿Tu qué piensas, Remus? Estás muy callado.

Remus permaneció en silencio y cuando James ya pensaba que no iba a recibir respuesta, escuchó la cálida voz de su amigo.

- Sirius no sabe lo que le conviene.

- Sí, desde luego beber de esa manera no le conviene en absoluto. – remató James. – Os juro que si Lily nos pilla de esta guisa le pego tal patada en el culo a este idiota que van a confundirle con una estrella fugaz.

Al llegar al castillo, James envolvió a Sirius bajo la capa de invisibilidad para evitar ser pillados por algún alumno o profesor o incluso Filch, lo último que necesitaban era un castigo del conserje, el cual estaba más quisquilloso que nunca con ellos desde la broma del azafrán.

- Peter, ayuda a Remus a llevar al orgullo de los Black a la habitación. Cuidado no os vea nadie.

- Sería curioso la imagen de dos alumnos sujetando la nada. – bromeó Peter.

- ¿Y tú dónde vas, James?

- Yo iré a la enfermería a ver si me camelo a Poppie para que nos dé una poción para quitarle esa melopea. Aunque ganas me dan de dejarle así y que mañana sufra la resaca.

- No seas exagerado – dijo conciliador Remus – todos hemos perdido el control alguna vez y siempre estamos ahí los demás para apoyarnos.

- Es que no se que le ha dado para ponerse así hoy.

- Igual es por las calabazas que le dio esa chica, Lawrence. La que se parece a Remus. – añadió sin malicia Peter.

James miró a Remus, pero este se limitó a sujetar con más fuerza a Sirius que se tambaleaba peligrosamente bajo la capa.

- Vamos, no perdamos más el tiempo. Cuanto más divaguemos aquí abajo más nos arriesgamos a que nos pille alguien. – Apremió Remus.

- Os veo arriba, tened cuidado.

- Sí, James. – Contestaron el resto a la vez.

Llegaron a la habitación a trancas y barrancas, Sirius estuvo a punto de caer en varias ocasiones pero siempre tuvo la suerte de toparse o con un muro o con los brazos de sus amigos. Finalmente, cuando consiguieron llegar a la habitación, con cuidado metieron a Sirius en su cama y corrieron las cortinas para darle más privacidad. Mientras esperaban a James, se quedaron dentro de las cortinas para controlar que no hubiese ningún cambio en Sirius, el cual nada más tocar la cama cayó dormido. Escucharon unas voces de las cuales una creyeron reconocer como la de McGonagall.

- Mier… McGonagall. Nos va a pillar.

- Espera, saldré y le preguntaré cualquier cosa sobre las clases de transformaciones y me la llevaré a la sala común para alejarla de aquí. – Sugirió Remus.

- No, no. Yo lo haré. Tengo la excusa perfecta con los problemas que tuve ayer en su clase. La distraeré no te preocupes.

- De acuerdo, pero asegúrate de alejarla lo más posible de la habitación. Gracias Peter.

Una vez solo en la habitación y protegido por las cortinas, Remus se sentó en la cama con Sirius. En sus ojos había una mirada difícilmente descifrable, casi sin darse cuenta le apartó un mechón de pelo de la frente, sin dejar de mirarle empezó a acariciarle el pelo, poco a poco fue bajando la mano por el rostro de Sirius hasta toparse con sus labios donde paseó suavemente el pulgar por todo el contorno de la boca, pasando después por el labio inferior. Con un suspiro apartó la mano, justo en el momento que llegaba James con la poción.

- Poppie es una santa por mucho que quiera ir de dura, lunático. – James se percató del cambio en la cara de su amigo - ¿Y esa cara, Remus?

- ¿La mía? Nada, es la de siempre.

- Haré como que me lo creo. Levanta a Sirius, anda y a ver si podemos hacerle abrir la boca.

En cuanto consiguieron hacerle tragar la poción a Sirius salieron de la habitación.

- Dejémosle dormir, vamos a echarle un capote a colagusano con McGonagall.