Bueno espero que no os quejeis porque no he tardado mucho en actualizar. La idea inicial es actualizar capitulo por semana, asi que quedais avisadas, que además no creo que sea un mal ritmo de actualización, y en todo caso de que me fuera a retrasar, ya sabeís que aviso. Ya solo decir que agradezco mucho vuestros comentarios, 14 nada menos, de apoyo a esta nueva historia. Contestando a uno de los reviews decir que habra romance (como, no), pero habra que esperar un poquito a que eso ocurra, porque esta vez va a costar un poquito más emparejar a esta parejita, lo siento pero os voy hacer sufrir, jajaja. Además he leido en otro comentario algo sobre lo mono que es Darien haciendo de hermano mayor, la verdad que creo que me pasé poniendo hermanos, pero la verdad que cada uno está ahi por algo, y pese a ser MAMOcha, el más importante va a ser Seiya, y además el más divertido. Y en cuanto a que Beryl es una buscona...yo solo he seguido el modelo que creo Naoko, jajaja, creo que quedo claro. Creo que no tengo mucho más que decir, saludar a aquellas a las que conozco y que llevan siguiendome un tiempo, y tambien a los recien llegados. Muchisimas gracias por leer este fic, y ahora os dejo leer lo que estais esperando que es la continuación. ¡¡¡Mata ne!!!

Usagi se despertó cuando ya su padre y Hana se habían marchado a sus respectivas obligaciones. Eran las 10 de la mañana, y tras un sueño de más de 10 horas, se encontraba la mar de descansada y aunque fuera sorprendente se encontraba hasta relajada. Feliz ante la perspectiva de un nuevo día, salió de su cama, y todavía en pijama, bajó a desayunar. En la cocina esperó ver a la cocinera de siempre, la señora Kino, por eso se sorprendió al encontrar en su lugar a su hija Lita. La hija de la señora Kino era un par de años mayor que Usagi, pese a eso cuando eran pequeñas no era raro verlas jugar juntas, pues a la Señora Tsukino no eran de las que le importaba relacionarse con la servidumbre, e incluso muchas veces hablaba con la ama de llaves o la cocinera como una amiga más, sin importarle su estatus social o su dinero. Pero cuando ella murió un muro invisible se creo entre los criados y los Tsukino, Usagi no volvió a jugar con su amiga, de hecho hacía muchísimo tiempo que ni la había visto, quizás esa fue la razón por la que no la reconoció.

"Buenos días" saludó cortésmente a la joven.

Lita que estaba entretenida entre los fogones de la cocina se asustó al escuchar la voz de Usagi, y por casi se atraganta con un sorbo de sopa que había tomado para probar si estaba bien de sal.

"Buenos días señorita Tsukino" logró decir la cocinera tras un momentáneo ataque de tos.

Usagi sonrió ante tanto formalismo, había salido a su madre y muy poco le gustaban esas distinciones. Odiaba las fiestas y reuniones clasistas donde se esperaba que ella fuera perfecta por completo, gastarse más de lo que ella ganaba en un mes como trabajadora social, en un vestido que tan solo se pondría una vez, el aguantar charlas insulsas de mujeres que lo único que les importaban era cuantos quilates tenía las gargantillas de oro que llevaban. Gastar ese dineral en esas cosas era algo sin sentido, cuando había millones de personas en el mundo muriendo de hambre. La defensora de causas perdidas le había apodado su amiga Rai cuando estudiaban en Italia, pero ¿como defender algo tan disparatado? Volviendo a la realidad y al tiempo presente, se sentó en un taburete que había cerca de una de las flamantes encimeras.

"¿Dónde está la señora Kino?" no pudo evitar preguntar por la señora que tantas veces había preparado su plato favorito cuando iba de visita y que quitaba las zanahorias de su plato, pues conocía su animadversión hacia dicho vegetal naranja.

"Mi madre está en cama" contestó Lita, y al ver la cara de preocupación de Usagi decidió aclarar un poco más la situación. "No es nada grave, tan solo una simple gripe, pero lo suficiente para que no esté en condiciones para permitir realizar su labor, así que yo ocupo su lugar hasta que se sienta un poco mejor"

"Luego me pasaré a visitarla un ratito. No sabía que también eras cocinera Lita" comentó al ver el desayuno que ésta le había servido.

"Esto no es cocinar señorita Tsukino, cualquiera puede hacerlo" se restó importancia la joven cocinera.

"Jajaja, se nota que no me has visto en acción, soy desastrosa" bromeó la otra "Y por favor no me llames señorita Tsukino, llámame Usagi tenemos la misma edad, y no me siento nada cómoda"

"Pero….." titubeo la cocinera

"Lita... no hace falta que me llames por mi nombre delante de mi padre, si es a quien temes, pero cuando estemos a solas puedes llamarme Usagi, por favor"

"Está bien"

Usagi sonrió ante la respuesta de su acompañante. Durante todo el desayuno, Usagi y Lita estuvieron hablando, se informaron de sus respectivas vidas, lo que hizo que un desayuno que como mucho podría durar 30 minutos, se alargó hasta casi dos horas. Tras ello, Usagi se fue a la ducha, se libró de su pijama franela con cuadros rosas y azules. Una vez ya seca sacó de su maleta unos vaqueros rasgados, no intencionadamente sino simplemente porque se habían roto al engancharse con un clavo suelto cuando estaba de limpieza en su casa, y también un suéter negro con un gatito impreso en la parte frontal. Una vez vestida tomó el teléfono inalámbrico que estaba sobre su escritorio y marcó a uno de los números marcados en la memoria. No fue necesario que esperara demasiado a que una de las criadas de la familia Hino contestara al aparato. Rai Hino había sido su compañera de habitación en el internado, era hija del ahora Primer Ministro, y al igual que Usagi había sido mandada a Italia tras la muerte de su madre. No les costó mucho hacerse amigas, ambas eran japonesas, ambas tenían unos padres muy ocupados, y habían perdido a sus madres, muchas coincidencias que les permitieron que se hicieran más que amigas hermanas. Conocían sus penas, sus alegrías, sus victorias y fracasos…. Hasta que Rai decidió volver a Japón, se había enamorado de uno de los compañeros del partido, Jin Higashiyama (Jedite) era según muchos de sus compañeros el candidato ideal para suceder al señor Hino como líder del partido, pese a tener en contra su juventud, pues apenas un mes antes había cumplido los treinta y dos. Rai lo conoció en una fiesta que su padre organizó con motivo del aniversario del partido, y aunque en un principio no fue de su agrado, tras varios días de encuentros, algunos claros como cuando fue a visitar a su padre en el trabajo y otros no tanto como cuando se encontró con el de compras, la atracción fue apareciendo, y eso con un poco de mimo y de tiempo se transformó en amor. Al cabo de tres años de conocerle, Rai decidió dejar Italia y regresar a Japón para poder estar más cerca de él, aunque eso significara a su vez estar cerca de su padre. Y es que ella al contrario que Usagi, si odiaba a su padre, siendo muy pequeña había visto como su padre era una y otra vez infiel a su madre, y como éste había dejado que su esposa muriera sola y sumida en la más triste pena. En ese momento se juró que nunca en su vida se iba a casar, y siempre se burlaba del amor… hasta que conoció a Jin, que fue capaz de romper todos sus esquemas.

"¿Usagi eres tú?" preguntó una voz femenina al otro lado del auricular

"Sí soy yo Rai ¿Qué tal todo?"

"Bien, aunque sorprendida de que me llames, no sueles hacerlo a menos que estés en Japón"

"Bueno, es que estoy en Japón" informó a su amiga

"¿Cómo?. ¿Has venido a Japón y ni tan siquiera me has escrito un email para informarme? Usagi eres de lo peor" le recriminó Rai a su amiga

"Lo siento, todo ha sido muy repentino…" comenzó a disculparse la muchacha "¿Que te parece si quedamos dentro de un rato y te cuento?"

"Me parece estupendo¿Nos vemos donde siempre, dentro de una hora?"

"Estupendo"

Como ya estaba vestida y lista para salir en cualquier momento, Usagi aprovecho los treinta minutos libres de los que disponía para visitar a la madre de Lita. La mujer ya se encontraba bastante mejor, después de unos días de tratamiento, pero de vez en cuando la fiebre realizaba alguna vistita inoportuna. Era la una y media cuando Usagi se despidió de la cocinera, y se fue en busca de Artemis para que la llevara a donde había quedado con su amiga. Ella y Usagi solían quedar en un restaurante italiano en el centro de Tokyo, estaba decorado con mucho estilo, y aparte era muy tranquilo ideal para dos amigas que se veían de pascuas a ramos. Artemis se ofreció a esperarla hasta que terminaran de almorzar, pero Usagi rechazó la propuesta, no le gustaba para nada la idea de que mientras ella estaba disfrutando, él se quedara en la limusina sin hacer nada, como un espantapájaros, y aunque él insistió la respuesta fue la misma, Usagi prometió que estaría bien sola. Era una chica muy independiente, y poca gente la tomaría como miembro de la alta sociedad nipona, su ropa, su forma de comportarse…muy pocos recordaban a la primogénita de Kenji Tsukino, aunque raro era quien no supiera quien era Hana. Ella estaba agradecida pues así gozaba de completa libertad de hacer y deshacer a su gusto, sin estar pendiente de que la prensa midiera sus movimientos. Al contrario que Rai, que tanto por su padre como por su novio se encontraba en un objetivo de la prensa bastante codiciado. Siempre salía escoltada dedos corpulentos guardaespaldas y un chofer que la llevaba y la traía. Amigas, tan iguales y a la vez tan distintas. Cuando Usagi y Rai llegaron a la vez al restaurante, se vieron justo al bajar de sus limusinas. Tan solo se sonrieron, muy conscientes de que la prensa estaba cerca, y entraron al restaurante. Siendo clientas habituales, las reconocieron de inmediato y las guiaron hasta la zona private, donde en vez de ser una sala con muchas mesas juntas, eran pequeñas habitaciones con mesas para dos, como mucho para cuatro comensales, diseñadas para la intimidad de las parejas o comidas de negocios. El metre les dejó los menús sobre la mesa, y tras asegurarles que su camarero vendría enseguida se marchó, seguido por los dos guardaespaldas que acompañaban a Rai, aunque estos se quedaron en la puerta.

"Dios, estás horrible" exclamó Rai una vez que ya estaban a solas.

"Yo también me alegro de verte" ironizó la aludida

"Pero es verdad Usagi, con lo mona que eres no sé como vas tan descuidada, seguro que sigues mordiéndote las uñas" para confirmar sus sospechas, tomó las manos de su amigas y le miró los dedos "Vessssssss, estás hecha un completo desastre"

"Rai si llego a saber que te ibas a meter con mi aspecto no te llamo" protestó irritada Usagi, que de lo que menos le gustaba hablar era de su imagen.

"Perdón, no era mi intención ofenderte, pero bueno nunca has sido muy buena vistiendo, pero estabas más decente. En fin… que es lo que te ha traído de nuevo a Tokyo." Preguntó su amiga mientras se sentaban a la mesa. No se molestaban ni en mirar los menús pues siempre pedían lo mismo.

"Mi padre"

"¿Tu padre?" repitió Rai extrañada

"Sí me llamó hace un par de días y me dijo que quería que viniera. Ya me había comprado los billetes y bueno aquí estoy, tres días después sin saber que es lo que quiere de mi" explicó la otra.

El camarero, se presentó listo para tomar sus pedidos, cuando ya lo tenía todo bien apuntado, les retiró los menús y marchó a comunicar sus platos.

"¿Has pensado que quiera que te encargues tu de todos los hoteles?"

"Lo dudo altamente. Ésta, será otras de las estrategias de mi padre para fastidiarme la existencia."

"Míralo por el lado positivo, cuando todo acabe puedes volver a Italia, yo tengo que seguir aguantando al mío" protestó Rai

"Bueno tú tienes a Jin que te hace la carga más amena" bromeó Usagi

"Eso sí. Hablando de eso…. ¿Hay alguna persona ocupando ese corazoncito altruista tuyo?"

"Nunca terminaré acostumbrarme a tu nuevo lado romántico"

"No has contestado a mi pregunta" le recordó su amiga.

"No, no tengo tiempo para esas cosas…." respondió Usagi entristecida, como evocando un viejo recuerdo.

Rai quería preguntarle si el motivo que le impedía tener pareja era su primer amor. Un amor fugaz y pasional hacía ya bastantes años atrás, que al acabarse la dejó hecha polvo por completo. Pero no pudo, el camarero llegó con sus órdenes, y luego la conversación siguió un camino completamente distinto.

Tras la comida con Rai, a las cuatro fue a recoger a su hermana a la escuela. Había avisado a Artemis con anterioridad de que ella se encargaría de la niña y que regresarían a casa antes de la hora de la cena. Y es que estando con Rai se le ocurrió un plan estupendo para pasar la tarde con ella, antes de ir a la escuela se pasó por unas tiendas para comprar unas cosillas que necesitaba y cuando ya lo tenía todo fue a por Hana. Una de las características de los colegios nipones, es que sin autorización alguna no te dejan llevarte a ningún niño, por eso cuando alguien fuera de lo habitual suele recogerlo el encargado de ese niño suele informar a la escuela. Artemis no había sido menos, y ya se había encargado de notificar a la escuela que la hermana mayor de la niña iba a ir a recogerla, era la primera vez que lo hacía así pues tuvo que mostrar el credencial de que ella era Usagi Tsukino y no otra persona (no sé si será necesario eso porque en los mangas tan solo dicen sus nombres, pero digo yo que deberías mostrar algo con lo que lo demuestres). Pese al asombro inicial de la maestra, estaba claro que no se esperaba que la hermana mayor de Hana, ni fuera tan mayor, ni tuviera el aspecto que tenía, le permitió el paso al interior del centro. Si había algún rastro de duda, todo ello se esfumó cuando la niña salió corriendo al encuentro de su hermana, diciendo su nombre en voz en grito, muy alegre de verla. Usagi no supo si reírse o abochornarse, todas las mamás, que era más bien pocas, y cuidadores las estaban mirando como si acabaran de salir del manicomio. Se acomodó al nivel de la pequeña, para poder hablar mejor con ella.

"Ey, hola pequeña ¿Qué tal las clases?"

Hana miró de reojo a su profesora antes de contestar a su hermana.

"Bien, la Señorita Nakamuro es muy buena sensei" la excitación todavía era palpable en su voz.

"Me alegra escuchar eso. ¿Sabes una cosa?... Artemis nos ha dado permiso para que nos divirtamos un poco¿que te parece si vamos a merendar y luego al cine?" le propuso la mujer un poco nerviosa no fuera a ser que a su hermana no le agradara la idea tanto como había supuesto.

"¿De verdad???? Claro" respondió muy feliz.

Usagi se levantó y se dirigió a la maestra de la niña.

"¿Puedo cambiar a la niña, verdad? No quiero arriesgarme a que destroce el uniforme"

"jajaja, claro, los baños están al final del pasillo a la izquierda. Aunque su hermana sabe donde están" comentó la mujer.

Usagi y Hana fueron hasta los baños como muy bien había dicho la adulta, cambiar el uniforme de la escuela por otra ropa de la calle. La falda de tableada azul marino fue sustituido por unos vaqueros con pequeñas mariposas bordadas en los bajos, y la camisa de cuello de marinerito blanca, pasó a ser una sudadera amarillo pastel. Usagi deshizo la coleta con la que llevaba el pelo recogido, y la hizo dos pequeñas trenzas una a cada lado. Cuando ya estaban listas regresaron a la entrada y para recoger los zapatos de la niña. La maestra se volvió a sorprender a ver a su alumna así vestida, acostumbrada como estaba a verla con el exclusivo uniforme de la escuela privada, que había sido diseñado por un prestigioso diseñador del país. Aunque con ese aspecto le fue más palpable las similitudes entre ambas féminas, pues aunque el color de cabello fuera diferente, el de Usagi dorado y el Hana negruzco, pero sí que compartían los mismos ojos azul cielo, la misma nariz respingona, y las diminutas pecas que se extendían indistintamente a lo largo de toda su cara, y ese alo de dulzura que parecía rodearlas a ambas. Cuando pasaron por su lado, se despidió de ellas con una cortes reverencia y una cariñosa despedida hacía la niña, a la que ambas respondieron. Al salir, Usagi se dirigió directamente al taxi que las estaba esperando, con lo que Hana se quedo sin saber muy bien que hacer, Artemis siempre la llevaba y recogía, nunca se había montado en un vehículo tan… tan…. Tan desconocido para ella.

"Venga Hana, ven que el contador funciona y yo no tengo el bolsillo lleno de monedas de oro" dijo su hermana para llamarla la atención.

Haciendo caso, la niña se acercó hasta el coche, y se rió cuando vio que las puertas del taxi se abrian con solo acercarte a ellas, se metió en su interior, y cuando Usagi estaba también dentro y el conductor encendió el motor para comenzar el camino susurró.

"Sí no tienes dinero puedes pedírselo a papá. Yo lo hago cuando me quiero comprarme una muñeca"

"Jajaja, lo tendré en cuenta"

Tras pasar una noche horrible, Darien había decidido ir más pronto de lo habitual a la oficina, tanto es así que había pillado a las limpiadoras recogiendo su despacho, provocando por casi a la pobre mujer un infarto¿pero quien se iba a esperar ver al jefe allí a las seis de la mañana?. Se disculpó con la mujer y le pidió que por favor se marchara, por un día que la oficina quedara sin limpiar no iba a pasar nada, además nadie más que él iba a entrar allí el día de hoy. Le quedaban dos horas para que Kevin llegara con todos los datos que le faltaba, por lo que decidió aprovechar para poner al día el trabajo que tenía atrasado. La verdad que la nueva adquisición había requerido mucho de su atención, la oferta era de lo más suculenta para dejarla pasar, pero también era demasiado peligroso abandonar el patrimonio que realmente era suyo. Contaba con el apoyo de su padre, el cual confiaba plenamente en la valía de su hijo, y con el de Beryl que en ocasiones se enfadaba por su falta de atención siempre lo animaba a seguir su instinto empresarial. El tiempo se pasó volando, sin darse cuenta las ocho llegaron y Kevin también, cargado con una pila enorme de papeles. Mai como de costumbre había llegado cinco minutos, llevando al despacho una taza de café para su jefe, ella también se asustó al verlo allí. Durante tres horas los dos hombres estuvieron repasando datos y cifras sobre las deudas, las posibles ganancias, pros, contras….. Nunca había que acudir a una reunión sin tener todos los cabos sueltos. Una vez consiguieron hacer un resumen con lo más importante, Darien se encargó de escribir el informe que llevarían a la reunión. Para la hora en la que habían quedado con el dueño de las empresas que estaban dispuestos a incluir a las empresas Shields, ya estaban completamente listos y en el lugar elegido para la reunión. Había sido Darien el encargado de elegir el sitio, tanto por la comida, el servició y la privacidad que ofrecía, un restaurante italiano en el centro de Tokyo muy frecuentado por hombres de negocios y parejas en busca de algo de privacidad, para Darien el único restaurante capaz de replicar la maravillosa gastronomía de su país, pues a pesar de tener la doble nacionalidad y de llevar tantos años en Japón, se sentía italiano, no aun cien por cien, pero si a un noventa. Tan habitualmente acudía que ni hacía falta decir su nombre, el metre le reconoció, y los llevó hasta su private, además de anunciarles que sus acompañantes todavía no habían llegado. De camino a su reservado pudieron ver el interior de uno de ellos cuando uno de los camareros entraba en su interior, y a juzgar por sus manos vacías iba a tomar sus órdenes. Eran dos mujeres, y lo que más les llamó la intención era cuan diferentes eran ambas, una morena, elegantemente vestida, la otra rubia, vestida como si acabara de salir de un mercadillo.

"¿Has visto las pintas de esa chica?" comentó Kevin cuando ya estaban a solas.

"Desde luego no entiendo como la han dejado entrar" respondió el italiano

"Seguro que porque iba acompañada por Rai Hino, no hay otra explicación, dudo altamente que tenga dinero vistiendo así"

"Me preguntó que hará la hija del primer ministro con esa pordiosera…"

La conversación se dio por finalizada cuando sintieron que la puerta del private se abría dando paso a la llegada de sus dos acompañantes. Los cuales se disculparon por la tardanza, las cosas se les había complicado un poco, y por eso el retraso. Se sentaron en las dos sillas que quedaban libres, pero en vez de comenzar directamente con los negocios optaron primero por comer y dejarlo para la hora de los postres. La comida fue tranquila, charlaron de diversos temas poco importantes para lo que se traían entre manos, por lo menos hasta que llegó la parte final de la comida, el postre. Con los helados, las tartas y el tiramisu en la mesa, cada uno sacó sus papeles. Darien y Kevin escucharon de manos de los directivos la situación actual de la empresa, ganancias, infraestructuras… Las cosas estaban bastante claras por lo cual, Darien precedió a poner cifras sobre la mesa, él y su compañero habían decidido manejar tan solo cuatro cifras monetarias, no habían esperado tener que utilizarlas todas. Pero así había sido, ninguno de los dos se explicaba como podía haber sido así, tanto es así que el dueño se vio en la obligación de hablar.

"Supongo que como se habrá dado cuenta, las ganancias de mis hoteles es más que suficiente para poder vivir cómodamente, con la vida que llevo hasta ahora. No es dinero lo que necesito, sino alguien que se ocupe de todos mi imperio. Y hasta ahora no he encontrado a nadie más adecuado que usted"

"¿Cómo voy a creer eso cuando ha rechazado todas nuestras propuestas?" preguntó incrédulo Darien.

"Porque verá, tengo otra propuesta que le puede interesar plantearse"

"¿Qué tendría que plantearme?"

"Verá, la empresa que está a punto de adquirir a pertenecido a mi familla desde hace bastantes años, y no estoy dispuesto a que caiga en manos de un desconocido…"

"Pero ha sido usted quien nos ha llamado, y no al revés" protestó Kevin al escuchar el comentario del hombre.

"Cierto, fui yo quien llamó, pero hay una forma sencilla con la que dejaría de ser un desconocido, y todo mi imperio pasarais a sus manos"

"¿Cuál?" preguntó Darien bastante intrigado por la propuesta.

"Que se case con mi hija"

Esto dejó completamente KO, a sus tres acompañantes, entre los que se encontraba su abogado gran amigo, que nunca hubiera sospechado que su amigo fuera capaz de tal cosa. Tras un momento de Shock Darien fue capaz de recuperarse y recuperando la compostura, rebatió la oferta.

"Madre di Dio, disculpe señor Tsukino, pero no tengo por costumbre de casarme con niñas ¿de cuanto, siete años? No tengo intención de ser tachado como pederasta"

"Jajaja, no creo que por casarse con una mujer de veinticuatro años lo vayan a tachar de pederasta…" comentó Kenji intentando guardar la compostura y no riese de la cara de pánico de sus posibles "compradores"

"Creo que no le estoy entendiendo…"

"No le estaba hablando de Hana, que por cierto tiene seis años. Sino de mi otra hija Usagi, es tan solo unos años más joven que usted Señor Shields." Kenji echó mano a su cartera y extrajo una foto, en la cual salía sus dos hijas, y la dejó sobre la mesa para que Darien la viera. "Ha vivido en Italia desde los siete años, sabe hablar un perfecto italiano, ingles, español, francés y como no japonés."

Darien absorbía la información a la vez que observaba la foto con interés. La foto era del cumpleaños de Hana, Luna había sacado la foto como recuerdo de ese día. La niña iba vestida con una falda blanca y una camiseta de tirantas azules, por su parte Usagi llevaba un vestido blanco de tirantes, escote en pico, y con vuelo hasta las rodillas. No llevaba maquillaje, y si lo hacia era imperceptible…

"Si tiene una hija de esa edad ¿Por qué no se encarga ella de los hoteles Moonlight?" preguntó de nuevo Darien, bastante extrañado por la oferta.

"Me temo que entre los intereses de mi hija no se encuentra el seguir con la tradición familiar. De hecho aunque lo fuera…. Dudo altamente que estuviera en buenas manos, no me entienda mal, pero es que Usagi nunca se ha llevado muy bien con los números…." Tras decir esto se volvió y buscó la confirmación en su abogado. "¿No es así Matsura?"

"Así es" respondió el hombre tras despejar la garganta que la tenía reseca de la impresión "Usagi siempre ha sido más de letras, que de números. Es una suerte que no se decidiera por la rama familiar"

"Es curioso,no tenía ni idea que tuviera una hija mayor, pensaba que la pequeña…. ¿Cómo ha dicho que se llamaba, Hana?, era su única hija" comentó un tanto irónico el italiano.

"Yo sabía que había tenido otra hija, pero hace mucho tiempo que no se sabe nada de ella" comentó Kevin, que al contrario que su amigo había vivido toda su vida en Japón.

"No le gusta ser el centro de atención" simplificó el señor Tsukino, tampoco era el momento de airear los trapos sucios y contar que ella había rechazado todo lo proveniente de él.

"¿Sabe usted que si aceptara esta absurda propuesta suya, su hija se convertiría en el centro de todas las miradas, no?"

"Lo sé. Pero le ruego que lo piense bien antes de contestar. Tan solo le pido que esté casado con ella durante un año, al año puede divorciarse de ella si quiere, y la empresa seguirá siendo suya"

Hana y Usagi llegaron a unos minutos antes de las nueve a la casa. Habían pasado toda la tarde entretenidas. Nada más salir del colegio se fueron a un parque cercano a un centro comercial, allí estuvieron jugando en los columpios durante unos veinte o treinta minutos, luego estuvieron viendo distintas tiendas de juguetes. Hana fue capaz de convencer a su hermana de que la comprara dos Barbies y un Ken para su colección, así como unos cuantos modelitos. Más contenta que unas castañuelas Hana, y con los bolsillos considerablemente más vacíos Usagi, se fueron a merendar a una pastelería. La pequeña pidió un batido de chocolate y un cruasán mientras que la adulta pidió un capuchino de vainilla y un pastel de manzana. Mientras disfrutaban de la merienda Hana, explicaba a su hermana todo lo que había hecho en el colegio, y de cómo sus amigas se habían puesto verdes de envidia al enterarse que su hermana mayor había venido, y es que la mayoría de sus amigas o bien eran hijas únicas o ellas eran las mayores y eso de tener una hermana tan grande les agradaba porque así las podrían comprar cosas, como Usagi hacía con Hana. La verdad que Usagi disfrutaba escuchando las charlas de su hermana, tenia cada idea… que en fin parecía imposible que solo tuviera seis años, además sentía una gran satisfacción al saber que la niña estuviera tan orgullosa de ella a pesar de que la veía tan poco. Cuando se terminaron fueron a la taquilla del cine y sacaron dos entradas para ver una película de dibujitos, fue una suerte para la economía de Usagi que la niña fuera pequeña, pues de ese modo tan solo pagó la mitad de la entrada. La película fue la mar de graciosa, casi ninguna de las dos paraban de reírse de las tonterías que les pasaba a los protagonistas. Cuando salieron ya era de noche, y a pesar de que en un primer momento Usagi pensó regresar en taxi a casa, decidió llamar a Artemis para que las fuera a recoger. Fue una suerte que estuviera cerca comprando unas cosas que Luna, su esposa le había pedido, de esa manera en menos de diez minutos las dos hermanas estaban de camino de su casa. Cuando llegaron fueron recibidas por Luna, que asustó al no ver vestida a la niña con sus ropas, y pensó que algo malo le había pasado al uniforme, pero se alivió cuando Usagi le dio la bolsa con la ropa. Estaba dispuesta a colocarla en su sitio después de que le preparara el baño a la niña, pero esta se negó a ir con ella, quería estar con su hermana, y si ella se tenía que bañar pues la otra lo tenía que hacer con ella. Para evitar conflictos, Usagi aseguró que no le importaba, ella también tenía que bañarse. En vez de bañarse en sus baños normales, que se caracterizaban por ser baños estilo occidental, pues eran más pequeños, decidieron bañarse en el baño típico japonés que se encontraba junto a la piscina climatizada, en la planta baja de la casa. Usagi se encargó de preparar las cosas de ambas, mientras Luna se encargó de llenarles la bañera. Cuando salieron del agua estaban arrugadas como pasas, pero limpias sin duda. Usagi ayudó a su hermana a secarse bien, y también la secó el pelo con el secador, era muy tarde como para dejar que el pelo se secara solo. Y luego mientras la niña se vestía se secó ella. Cuando salieron del baño, la cena estaba lista y el señor Tsukino había llegado de trabajar.

"Papí" exclamó la niña al verlo. Mientras que su hermana mayor no pudo evitar poner un gesto de dolor, que el confundió con desagrado al verlo.

"¿Cómo estás preciosa? Te veo muy contenta?" comentó el hombre

"Es que lo estoy. Hoy Usagi ha ido a recogerme a la escuela, he montado en taxi, he jugado en el parque, he merendado en una cafetería y hemos ido al cine, ha sido muy divertido."

"¿Habéis montado en taxi?. ¿Por qué no os llevó Artemis?" preguntó un poco irritado el Kenji.

"Porque no tiene que estar las 24horas encima nuestra. Yo vivo sin él en Italia y me las apaño muy bien" respondió Usagi, sin mostrar ningún tipo de afecto, a la vez que tomaba asiento en la mesa del salón.

"Esto no es Italia, y vosotras sois mis hijas¿tienes idea del peligro que habéis corrido?"

"Si claro, será de lo que la gente se acuerda de mí. Para la mayoría solo tienes una hija y esa es Hana no yo. ¿Quién creería que una cualquiera va por la calle con la hija del gran Kenji Tsukino? Nadie"

Kenji estuvo apunto de protestar, pero se dio cuenta de que su hija estaba en lo cierto. El mismo había comprobado hoy, como la existencia de Usagi pasaba inadvertida por todo el mundo, era imposible de negar algo que era tan obvio incluso para él.

Hana por su parte no dijo nada, simplemente miró a los dos adultos, no entendía muy bien porque cada vez que se encontraban juntos siempre acababan discutiendo, era uno de los grandes misterios de la naturaleza, o por lo menos para ella. Luna llegó cargada con la cena que Lita había preparado para esa noche, se trataba de una especie de empanada de pescado, que era muy fácil de hacer, bastaba con cocinar un poco de salmón junto un poco de merluza, una vez hecho se hace cachitos junto a unos cuantos mejillones ya cocidos y unas gambitas, una vez mezclados se echa sobre pasta de hojaldre, se envuelve bien y va al horno durante unos minutos. Sencillo pero muy sabroso, y además la presentación le daba un toque de glamour típico de los restaurantes de postin, además también había hecho una crema de verduras y de postre un helado de cerezas, japonesas claro. Los tres miembros de la familia Tsukino cenaron en silencio, algo que a la más pequeña le estaba costando asimilar pues le encantaba hablar, pero no quería estropear la cosa más de lo que estaba. Por su parte Usagi no tenía mucho más que decir a su padre, mientras que éste mantenía una lucha interna tras la reunión con Darien Shields. Había vendido a su hija al mejor postor y además sin el consentimiento de ella que era aun peor. Al acabar la cena, Usagi se levantó de la mesa sin perder ningún segundo, no soportaba la situación. Hana la vio irse, y se puso muy triste, quería que su papá y su hermana se llevaran bien, porque no podía elegir con quien de los dos se quedaba. Esa noche fue su padre quien eligió por ella, y la animó a que se fuera con Usagi, a la niña no se lo tuvieron que decir dos veces, subió corriendo las escaleras en busca de su hermana, dejando a un señor Tsukino sumido en sus pensamientos….

Darien se encontraba tendido sobre la cama, hacía algo más de una hora que él y Beryl habían hecho las paces. Tras la extraña reunión con Kenji Tsukino, Darien había sentido la imperiosa necesidad de ver a su novia. Siendo lo orgulloso que era la mayoría de las veces, cuando se trataba de Beryl siempre era el al que le tocaba acabar cediendo, pero ella llevaba razón Seiya era un niño malcriado que no daba más que quebraderos de cabeza y gasto monetario, por mucho que fuera su hermano y lo quisiera. Beryl aceptó encantada las disculpas, y le invitó a entrar. Una cosa llevó a la otra y acabaron justo donde ambos querían haber acabado la noche anterior, en la cama. Ninguno de los dos se podía quejar de la experiencia, sin embargo al terminar la mente de él no consiguió desconectar y fue incapaz de dormirse como ella. Nada más que podía pensar en la disparatada propuesta que el dueño de Hoteles Moonlight le había ofrecido, y en la mujer de la foto. Le pareció mona, quizás hasta guapa, pero no tanto como Beryl, ni mucho menos, no pensaba dejar a su novia por una desconocida, en todos los sentidos, y mucho menos casarse con ella, habría que estar demasiado loco para hacerlo. Darien pudo sentir como la mujer que tenía entre sus brazos se movía, centró su mirada en ella y vio como lentamente habría los ojos.

"Ey¿Ya estás despierto?" preguntó todavía con voz soñolienta.

"La verdad es que no he podido dormirme" respondió sinceramente con una sonrisa

"No me digas que estás pensando en trabajo. Darien, estás conmigo tu novia, podrías dejar de pensar en el trabajo por un momento, seguro que será esa absurda compra que has hecho hoy" comentó indignada y enfadada la mujer, mientras se levantaba de la cama para expresar mejor sus frustración

"Diras, que iba, no hemos comprado los hoteles Moonlight" informó él.

"¿Qué, por que? Yo pensaba que era pan comido"

"Bueno el señor Tsukino se sacó una absurda condición para la adquisición de su empresa" dijo Darien aun sin levantarse de la cama.

"¿Cual?" preguntó Beryl bastante interesada, tanto que para ello regresó a la cama junto a su novio.

"Quiere que me case con su hija por lo menos durante un año, así todos sus hoteles pasarían a ser míos"

"¿Su hija? Pero…. Espera ¿quieres decir la hija de su primer matrimonio?"

"Sí¿La conoces?" preguntó extrañado Darien

"Sí, la encontré un día junto a la hija del primer ministro Hino, y de esa joyera italiana que me presentantes. La verdad que es una escuchimizada, y tiene muy poca clase para ser hija de quien es" Beryl se quedó pensando durante unos segundos y luego continuó hablando "Deberías casarte con ella"

"PER AMORE DI DIO¿QUEEEEE?" Exclamó sorprendido su novio, no podía dar crédito a lo que había oído, su novia proponiéndole que se casara con otra.

"No me mires así" se defendió ella "No es algo tan tremendo, tan solo tienes que estar casado con ella durante un año, después te divorcias y si te he visto no me acuerdo"

"Beryl no puedes estar hablando en serio, cualquier mujer en tu situación estaría histérica y muerta de celos"

"¿Celosa yo, de esa tabla de planchar sin gracia ni curvas? No me hagas reír. Si estoy tan segura de esto es por que sé que no la vas a encontrar más apetecible que yo. Confío en ti, puede que ella lleve el anillo, pero yo tengo tu corazón"

Darien se separó de ella y se levantó de la cama.

"¿A dónde vas?" preguntó ella al ver que él recogía todas sus cosas y se vestía.

"Lo siento, pero necesito pensar" se excusó el italiano.

"¿Pensar el que? Si es algo muy sencillo, ni tan siquiera te ha pedido que le des un nieto, así que no hace ni falta que tengas vida marital con ella. Y nosotros podemos seguir viéndonos como amantes. Has trabajado mucho para conseguiré esos hoteles, no desperdicies ese trabajo y acepta lo que se te da, te lo mereces"

"No me creo que seas capaz de proponerme todo esto Beryl. De verdad necesito salir de aquí. Ya te llamaré"