Capítulo 01: La Crueldad del Destino
Damon Salvatore era uno de los mayores empresarios de Europa, mayormente conocido por ser el director administrativo de "Salavatore Tecno EU" hijo del prodigioso emprendedor Giuseppe Salvatore, creador de la misma empresa. Damon, con solo veinticinco años es el hombre más deseado de Europa, no solo por su encanto natural sino también por el don de gentes que heredó de su madre, la fallecida Natalia Salvatore cuando él sólo tenía cinco años. Damon, amante de la gastronomía, tiene por objetivo una sola cosa: conseguir la venganza que tanto deseaba en el pasado por su madre.
La historia en si era larga, pero Damon la conocía de primera mano, ganarse el respeto entre las gentes no es tarea fácil, y mucho menos conseguir el puesto de mayor alcance de la economía mundial.
Salvatore Tecno EU había conseguido en menos de veinte años convertirse en una de las mayores potencias europeas, pero no americanas como una vez fue, y esto solo era por causas ambiciosas de otra de las mejores potencias "The Gilbert Team", empresa, nacida en Italia como la de los Salvatore, pero triunfal en América y Asia, todo lo contrario a "Salvatore Tecno EU" que tuvo que conformarse con la fama en África y Europa. El mundo del negocio siempre ha sido una guerra fría, que nunca sabes como va a empezar y menos como va a terminar; por culpa de dichas guerras miles de personas han caído o se han recuperado a causa de las desdicha de otras; eso era lo que había sucedido con el apellido Gilbert, el cual había triunfado con la muerte trágica y horrible de Natalia Salvatore, tras su muerte, a causa de un accidente de tráfico, provocado por ella misma, todo cambio para la familia Salvatore, pues no solo era un accidente donde murieron muchas personas, sino que ese accidente había sido provocado por una de las directivas de Salvatore completamente borracha y drogada. Las penas y las desgracias no llegaron solas, Salvatore perdió la oportunidad de triunfar en América, y los Gilbert no perdieron esa suerte y triunfaron en la mierda de sus compañeros.
Giuseppe cayó enfermo, durante cuatro años la empresa decayó y su apellido, más el honor también, Damon, el pequeño Damon se prometió que se vengaría cuando tuviese la oportunidad, y eso era lo que se proponía ese año, cuando abrieron una sucursal en Nueva York, desde lo hondo de la misería, en menos de unos años habían crecido, pero para el joven Damon no era suficiente, por eso había convencido a su tío Zach y a su hermano mayor Stefan para que le ayudarán a construir sin inversores esa sucursal, en territorio enemigo.
Pero Damon tenía un "as" bajo la manga.
Desde hacía un año había estado planeando su entrada triunfal, esa carta que tanto protegía era su manera de vengarse, de comenzar en esa gran ciudad a lo grande, pero para eso necesitaba destrozar la cima de los Gilbert. Por eso, durante un año había tenido a sus mejores hombres en diferentes lugares del mundo, filmando y fotografiando la información más importante, en busca de un error, de algo que utilizar en contra de esa familia tan poderosa y perfecta, había investigado a todos al completo: Miranda Sommer, la imagen de "The Gilbert Team", la mujer de Grayson Gilbert el cerebro de la empresa, junto a su hijo mayor Alaric, las gemelas Katherine y Elena Gilbert idénticas pero diferentes, ambas habían terminado la universidad, la primera había estudiado económicas y la segunda marketing de empresa, ambas carreras para poder contribuir en la empresa. Todo era perfecto. Pero la perfección no existe, esa frase siempre estaba en la mente de Damon, y un día, una noche antes de que los Gilbert unieran sus lazos con los Mikaelson, Damon recibió un archivo jugoso, un vídeo de dos horas donde se mostraba lo que él tanto había deseado, sonrió con picardía, no lo pensó mucho y con aires de grandeza envió dicho archivo, de forma anónima a todas las empresas de la competencia, a los periódicos sensacionalistas de Nueva York, al mundo entero, y a la persona que le ayudaría con todo a: Elena Gilbert.
-Mañana será un día perfecto, un día único-sonrió Damon, recostándose en su cama, con el portátil apagó las luces, mañana mismo se encontraría con su venganza, mañana comenzaría su nueva vida, solo necesitaba que los Gilbert montaran un escándalo. Cosa que estaba asegurada con ese vídeo.
En otro lugar, en otra punta de Nueva York, una muchacha de ojos chocolate miraba a la Libertad, con aires de felicidad miró al cielo oscuro de esa gran ciudad, donde ninguna estrella se veía reflejada, donde la noche era como el día a causa de las luces. Maravillada cogió su diario, era su último día como soltera, mañana sería su gran día, su boda, su unión con la persona elegida.
El sonido de la puerta interrumpió el hilo de sus pensamientos, al principio pensó que se trataría de su hermano mayor, pero luego recordó que Ric se encontraba en una conferencia en Chicago y que llegaría a la madrugada, la puerta se abrió y unos cabellos rizados asomaron por ella, Elena sonrió.
-Entra Kath-le animó.
-Deberías estar en la cama-le regañó, y se acercó hasta ella para ver que hacía en el balcón-Es hermoso-las vistas de la habitación de Elena eran las mejores de esa casa, Katherine siempre había envidiado ese cuarto pero desde hacía un tiempo lo había dejado estar, su vida en el campus le había hecho olvidar esos detalles de niña caprichosa, pero a veces se dejaba llevar por ellos, el abrazo de Elena la despertó-¿nerviosa?
-No, solo...extraña, ¿crees que Elijah está pensando en mi como yo en él?-le preguntó inocentemente, los ojos chocolate de su hermana se nublaron un segundo, después negó.
-No puede pensar siempre en ti, pero siempre estás en su corazón, él me lo ha dicho-sonrió triunfante, Elena se aferró a ello, Katherine le echó un rápido vistazo a la habitación, el vestido estaba preparado junto a sus tacones, en la cama estaba su portátil abierto, puso mala cara, si seguía escribiendo o mirando los correos no dormiría nunca, se levantó decidida a acabar con tanta tontería, recogió el diario del suelo, y apagó el ordenador, su hermana protestó pero no la dejó continuar, salió por la puerta con ambas cosas.
-¡No puedes seguir así! ¡Vas a tener unas ojeras horribles!-le gritó desde la puerta, no había más nadie en la casa, excepto Jeremy, el primo de las chicas, pero ese estaba en la otra punta. La mansión Gilbert normalmente estaba vacía, menos por las cuatro personas del servicio que siempre estaban allí, ya eran parte del mobiliario según quien lo mirase; Alaric, el mayor de los hermanos siempre estaba viajando por América y Asia representando los productos de la empresa, trabajo que tendría que realizar Miranda pero al ser la mujer del jefe no tenía que irse del país si no es lo que deseaba, pero siempre estaba de hotel en hotel con su marido por las conferencias.
Katherine y Elena, al haber entrado en la universidad, en un nuevo mundo, se alejaron bastante de esa vida que tenían en antaño, olvidando los días y las semanas que se habían pasado solas; en la universidad ambas conocieron a Elijah Mikaelson, que estaba a punto de terminar su carrera de empresariales, conjienó muy rápido con ambas hermanas, pero la conexión solo la tuvo con una de ellas: Elena, la cual no se mostró muy receptiva, y no tuvo tiempo de darse cuenta de lo que estaba pasando cuando sus padres decidieron prometerles, años después, tras terminar la universidad decidieron una fecha de boda, más bien sus padres, y ahí estaba, una noche antes en su antigua casa muerte de los nervios, casi estrángulando su almohada decidiendose entre dejar a su hermana ir o pedirle de rodillas que se quedara con ella.
-Kath...-dudó, la aludida abrió despacio la puerta de la habitación, no estaba segura de haberla escuchado bien-¿podrías quedarte conmigo...? Tengo miedo...-Katherine, en otra ocasión se fuera reido de ella, pero al ver el miedo real en sus ojos cambió por completo de parecer, y decidida soltó las cosas que antes había cogido en la mesilla, y fue directamente a meterse en la cama con su hermana, cosas que dejaron de hacer cuando entraron a la universidad-quiero a Eli...pero...
-Lo sé, tener miedo es normal-Elena se acurrucó en el pecho de su hermana la cual empezó a acariciar sus cabellos rebeldes-sé que no soy la más adecuada, pero debes descansar, no es un examen, ni una prueba, es tu boda, llevas casi tres años con él, no es nada para lo que ponerse nerviosa...
-Ya, pero es como si no le conociera, como si ahora viera la realidad...-alzó la cabeza para ver el rostro de su hermana, la cual mostraba una mueca de no entender nada-Kathy tengo miedo de defraudarlos a todos.
-Elena si no quieres casarte será mejor que lo digas ahora-esas palabras salieron de su boca sin pensarlo, sin analizarlas primero, sin ver antes que consecuencias tendrían de ser oídas por su amiga, negó con la cabeza-lo siento, no me hagas caso...-se levantó de la cama sin dejarla intervenir ni impedirle que se fuera. Elena la observó irse, y estuvo mirando durante unos minutos la puerta cerrada, las palabras de su hermana habían sonado como un reproche, como si le estuviera regañando por algo. Lo dejó estar, miró el reloj, eran las dos y media, quedaba muy poco para que el día se hiciese real.
Se recostó en la cama y se dejó meser por morfeo, sin saber que alguien, en la otra punta de la ciudad también se quería perder en los brazos de Morfeo, la misma persona que quería que su vida fuese un infierno.
Una persona mayor, de unos cuarenta años entró en la habitación del hotel más prestigioso de Nueva York, no eran ni las seis de la mañana, pero ese hotel llevaba trabajando desde mucho antes, no le había costado mucho encontrar ni convencer a una persona para que le diera la indicación de la habitación de su hijo. El hombre miró la suit, no era muy lujosa pero si lo suficiente, compuesta por una cama de matrimonio, un salón, un baño con jacuzzi y una enorme ventana con las mejores vistas, tapada por una cortina del color de las avellanas, frunció el ceño, y decidido descorrió dichas cortinas, un muchacho retorcido en las sábanas, empezó a gruñir por los pequeños rayos de sol que entraban. Giuseppe que no se caracterizaba por la paciencia se sentó en una de las sillas, miró su reloj, y conectó su propia alarma.
Segundos después el pitido del móvil inundó la suit sobresaltando a su hijo menor, el cual por poco se daba un golpe con el techo de la suit, su padre negó con la cabeza al ver el comportamiento infantil de su hijo, el cual tardó unos segundos en asimilar la situación, bruscamente buscó al causante de sus problemas.
-¿Padre?-se sorprendió, disipando todo su enfado, no era capaz de canalizarlo en él, el aludido parecía decepcionado pues una parte de él creyó que vería lo que llevaba años sin ver: enfado-¿qué hace aquí?
-Venía a ver si era cierto, que vas a abrir una sucursal aquí-se aclaró la garganta, Damon, sintiéndose idiota le ofreció un vaso con agua, lo negó-es una locura, esta zona está controlada por los Gilbert, lo único que conseguirás es arruinarnos.
-Lo sé, por eso no lo haría con un buen motivo-empezó a recoger sus cosas para irse a la ducha-tengo una carta bajo mi manga, carta que será vista por todo el mundo-rió maléfico-maldecirán el día en que nacieron-Damon siempre había sido una persona muy segura en todo lo que había hecho, por eso su padre sabía que él nunca haría nada precipitado, nunca lo había hecho y no iba a ser esa la primera vez, le conocía demasiado bien, pero si temía que lo que hiciese que iba a hacer tuviese unas consecuencias devastadoras no para los Salvatore sino para su hijo directamente.
Giusseppe se frotó la barbilla, su hijo no iba a soltar prenda, había intentado hablar con Zach y Stefan pero estos no sabían nada solo lo que le había dicho Damon, lo mismo que le había dicho al mundo entero: que abriría una sucursal sin apoyo económico, sin el apoyo que tenían en Europa y África era por eso, por lo que ese anciano había decidido viajar en secreto a Nueva York, y había visto las noticias, las últimas noticias de los Gilbert: la unión de dos familias representativas de América, una idea más para negarse en rotundo a esa locura.
-Damon, dime por lo menos lo que planeas, debes confiar en mi-lo intentó de nuevo, pero el chico ni siquiera le miró se metió en el baño, el anciano le siguió de cerca-Hijo mío, vale, te dejaré, haz lo que quieras, ojalá, ojalá tengas todas contigo, llámame esta noche...adiós.
Damon tenía el grifo de la ducha encendido, el agua caía como una catarata en la placa de la ducha, y mojaba un poco las cortinas corridas. Damon, apoyado en el lavabo sonreía fríamente a su reflejo, en unas horas el gran evento americano a favor de los Gilbert se volvería en contra de ellos, y a favor de la apertura de los Salvatore. Cogió las cosas, tras una rápida ducha, se puso su mejor traje, camisa negra y pantalones a juego, tenía la chaqueta blanca en sus manos, negó, no iría tan arreglado, solo iba a pasear y ver la noticia entre los árboles de alguna plaza perdida de Nueva York, o tal vez en Central Park, lo vería en directo en una posición alejada, que nada le relacionase con ninguna difunsión.
Elena, la castaña de ojos de chocolate tenía unos ojeras horribles, un aspecto mortal, y la mueca de asco que se reflejaba en el rostro de su hermana le hizo darse cuenta que iba a necesitar más que un poco de mascarilla. Katherine suspiró exageradamente; Katherine ya estaba preparada, como toda dama de honor, iba vestida de rojo oscuro, con un recogido de rizos caídos en cascada en el lateral de su rostro, con unos ganchillos de plumas negras. Era hermosa, todo lo contrario a Elena.
-Dios...-murmuró-Kath soy una insensata.
-No, no lo eres, solo estas nerviosa, un poco de maquillaje por aquí y otro por acá, y serás más hermosa que una diosa dejarás a todos...-el móvil de Elena empezó a vibrar, era su correo, Katherine negó con la cabeza, debía centrarse en estar perfecta.
Durante una hora Katherine hizo un milagro, había maquillado y arreglado todos los defectos faciales, de algo le tendría que haber servido el curso de peluquería. Elena fue directamente con las encargadas a vestirla, por más maquillaje que llevase se veía que estaba realmente nerviosa y había algo más, algo que nadie descifró, excepto su amiga, su mejor amiga. Cuando por fin se quedaron a solas, la amiga impidió que fuese con su hermana.
-Elena-la cogió del brazo, por el espejo ambas podían ver sus gestos-¿le quieres?
-Claro-no dudó, pero su voz se quebró, parecía que estaba a punto de llorar, se giró ante su amiga, la cual iba vestida absolutamente igual que su hermana-no sé que me pasa Bonnie...
-Creo que no estas enamorada...-se atrevió a decir, pero el rostro de Elena le mostró que no había sido correcto decir eso en ese momento, Elena recogió sus cosas y llamó a su hermana para no escuchar más las acusaciones de Bonnie, la cual se quedó mirando su reflejo en el espejo, se sentía tonta, pero iba a continuar si Elena lo hacía.
Todos los hombres de la casa y de los invitados principales estaban sentados en el despacho de Grayson organizando, lo que se podría decir, la boda más importante, la boda financiera. Mikael con su abogado leían el contrato matrimonial, mientras murmuraban y asentían, Elijah y Grayson charlaban sobre la futura novia del primero, hasta que el sonido de agradecimiento de Mikael los hizo reaccionar.
-Esta todo perfecto-declaró Mason-pueden firmar-refiriéndose a Mikael y Elijah, pues el contrato había sido redactado por el abogado de los Gilbert y revisado por el mismo Grayson, tras una despedida les deseó suerte.
Al salir se cruzó con una castaña, que acompañaba a Miranda, se veían enfadadas, la tensión aumentó con la entrada de Grayson. Jenna Sommer, hermana pequeña de Miranda no era bien recibida en la familia, no después de haber insitado a las gemelas a vivir su vida, cuando todo estaba más que formalizado, también se había interpuesto en la relación de Elijah y Elena, insistiendo a la chica de que si de verdad la amaba; llegado el momento Jenna dejó de pasar por casa.
Elena observaba tranquilamente los preparativos del jardín desde el cuarto de invitados, podía ver desde allí a Elijah y a su tía, sonrió al ver a la segunda allí presente, miró el reloj de su móvil, quedaban unos minutos para que todo empezase de verdad. Al encender el teléfono comprobó que tenía un correo, al mirar el correo vio que se trataba de un archivo.
La curiosidad pudo con ella, y empezó a verlo, era su novio, su futuro marido en una habitación, la cual ella conocía muy bien, era la habitación que formaba parte de la casa que sería también suya después del enlace, no había pasado mucho tiempo allí, no se sentía cómoda, pero conocía la decoración: ella y Kath habían ayudado a elegir los colores y demás. Pero lo que vio en ese archivo fue superior a sus fuerzas, nadie podría haberla preparado para ello, ella, que no era ella, sino su hermana Katherine estaba besando apasionadamente a Elijah, su futuro marido, adelantó un poco más el vídeo, y no fue capaz de seguir al ver que llegaban hasta el final, se oía los gemidos borrosos, y podía verse perfectamente lo que estaba sucediendo, con los ojos llenos de lágrimas estrelló el móvil contra la pared y salió corriendo, sin ser consciente en si de lo que estaba haciendo.
Llegó al salón, y cruzó el jardín hasta el altar, todos los presentes se giraron al verla, cámaras incluidas, varios periodistas se guiñaron un ojo, hacía una hora que habían recibido el archivo y al ver el estado de la novia supusieron que no era la chica la que salía en ellos. Elena destrozada en lágrimas atravesó al público, Jenna y Alaric fueron los únicos que se dieron cuenta del estado de la chica, fueron a su encuentro pero ella se apartó de mala gana, y fue directamente hasta Elijah, Katherine, Bonnie y Klaus, estos últimos cruzaron una mirada de incomprensión, pero los primeros sabían perfectamente lo que pasaba, y fue la hermana la que quiso aclarar todo...
-Calma Elena...puedo...
-¡No me relates no soy una niña!-Katherine intentó pararla, pero Elena no estaba en sus cabales y le lanzó un puñetazo, un "oh" inundó la sala, la castaña yacía en el suelo con sangre en la nariz, Klaus fue a socorrerla, Bonnie le acompañó, sin quitarle un ojo a su amiga, la cual miraba atónita lo que acababa de hacer, estaba a punto de disculparse cuando la imagen de su novio y ella volvieron a su cabeza; Elijah se acercó para calmarla, Elena no le dejó se apartó con cuidado, casi tropezando con las cámaras-¡no me toques cabrón...! ¡No os acerquéis!-esquivó como pudo a su familia y a los periodistas y se adentró como pudo en los grandes jardines de la familia, alejándose de todos.
Los recuerdos inundaron su mente, atravesándola y destruyendo su corazón a su paso, las risas, los secretos, para ella Katherine había sido un gran apoyo, su mejor amiga con diferencia, la cual la había apoyado sin dudarlo, ahora le cuadraban muchas cosas, muchos gestos, gestos que la estaban matando. Elijah, que le dijo que siempre sería ella se acostaba a sus espaldas con la zorra de su hermana.
Casi sin darse cuenta se encontraba en pleno Nueva York, la gente murmuraba a su paso, Elena no entendía las risas, si era una novia echa polvo, era normal estar en la boca de todos, pero no de esa forma, pero entonces se encontró con la prueba, en una de las televisiones de la calle mostraban su ida de la boda, como había tirado la tarta, a los cámaras y había golpeado a su hermana, no solo eso, sino también el archivo de los cuernos.
-¡Arg!-le gritó a todos, y tras darse media vuelta atravesó varias calles, corriendo sin dirección, el vestido de encaje blanco y sedoso le estaba pareciendo puro fuego en su piel, esta ciega de dolor, tan ciega que no vio las escaleras que tenía delante, hasta que las atravesó, como si todo fuera en cámara lenta, una parte de ella quiso que eso fuera su final-¡AH!
Damon paseaba sin rumbo por las plazas más alejadas y desconocidas de Nueva York, la zona pobre de esta gran ciudad, la ciudad de las luces, tenía el Ipad abierto mirando las noticias más escandalosas de la ciudad, buscando la noticia de los Gilbert, oyó un grito, miró por todos lados, hasta que se cruzó con la culpable, delante de él una gran escalera les separaba de la zona mas enriquecida de la pobre. Damon solo tenía ojos para lo que le venía encima, una muchacha de cabellos castaños vestida completamente de blanco estaba a punto de caer al suelo, Damon vio en ella una luz, un ángel, una sonrisa tonta se le dibujó en la cara, sonrisa que desapareció al ver, verdaderamente en la situación que se encontraba.
La chica cayó justamente encima, el chico había abierto los brazos impulsibamente, pero la gravedad y el peso de la caída fueron más fuertes que ellos, Damon la cogió entre sus brazos, pero ambos cayeron al suelo, una queja salió de los labios de él, y un asombro de los de ella.
Elena se vio rescatada por el principe azul de sus cuentos, de cabellos negros y piel clara; pero lo más hermoso, lo más milagroso vino después, cuando Damon abrió los ojos, esos ojos azules que inundaron la mente de la chica, viendo su reflejo en ellos, viendo un milagro, una sonrisa tonta iluminó su estropeado rostro. Damon, la miró, la anhelo ternura, para él era el ser más hermoso que había visto en su vida, ese rostro manchado de maquillaje y de lágrimas era la belleza personificada, y por un momento se sintió mal, pues quería matar al culpable de esas lágrimas. La gente empezó a rodearlos. Elena se levantó nerviosa, y entonces el chico se dio cuenta de quien era la culpable de ilusionar su alma, la misma que él había destruido: Elena Gilbert
Este es el primer episodio, me tomaré mi tiempo en hacer este fic, espero que os guste, y me encantará leer vuestras opiniones, siempre me ayudan a seguir escribiendo ;)
