INCLUSO EL MAL TIENE UN FIN.
Su corazón se paró, la mano le empezó a temblar, no podía introducir la llave en la cerradura. De sus ojos caían las lágrimas al igual que el agua fluye por un río. Se arrodilló sobre el ramo de flores… gritó… pegó la cabeza al suelo de la entrada y lloró, lloró tanto que su camisa ya estaba empapada en lágrimas. Poco a poco se puso en pie y sacó fuerzas para coger la nota que había pegada en su puerta:
"Querido Patrick, supongo que no necesitas abrir la puerta para saber lo que te vas a encontrar. ¿Pensaste que podías ser feliz? No te tenía por una persona ingenua, sin duda me decepcionas una vez más… Solo quiero ser tu amigo, ya lo sabes. Es la única forma de que vuelvas a ser feliz. La verdadera felicidad está a mi lado. No vuelvas a caer en lo mismo, jamás podrás atraparme, jamás me matarás. Porque el mal nunca se extinguirá, puedes ganar batallas pero al final la oscuridad te envuelve y la luz se apaga en ella como una cerilla se agota al poco de ser prendida. Tú crees que luchas contra un hombre… pero yo no soy eso, soy el propio mal en persona, y he venido para llevarte. Si quieres ponerle fin a esto entrégate a mí. Firmado tu fiel amigo Red John"
Las letras de la nota se borraban con las lágrimas de Patrick que caían sin cesar mientras leía. Al fin se atrevió a entrar, lo primero que vio fue una cara sonriente dibujada en la pared encima del sofá… Y allí tumbada como si fuera un ángel, estaba el cuerpo de Lisbon, su cara aún transmitía amor. La abrazó y la besó en la frente… Se tumbó en el suelo, la sangre le impregnaba toda la ropa. Cogió la botella de vino que había traído Teresa y la rompió contra la mesa. Con uno de los cristales se cortó las venas de ambas muñecas. Permaneció inmóvil mientras se desangraba lentamente… Al cabo de unos minutos la vista se le empezaba a nublar… pero aún alcanzaba a distinguir una silueta, era de un hombre vestido de negro y con una máscara.
-¡Noooooo! ¿Qué has hecho Patrick? No puedes morir, aún tenemos que continuar nuestra batalla. Debes entender que solo quiero que seas como yo…–dijo la voz distorsionada.
-Sabía que vendrías, sabía que estabas mirando… porque no eres lo que tú crees… solo eres un hombrecillo gris, un enfermo mental, un sádico. Y como tal puedes morir… no eres eterno…
Patrick usó las pocas fuerzas que le quedaban y sacó una pistola que escondía debajo del sofá. Red John no se percató del movimiento oculto de Patrick porque estaba intentando parar la sangre que brotaba de la otra muñeca de Patrick. El asesor, el mentalista, el padre, el esposo, el amado, el hombre… por fin iba a ganar… Con su último aliento le disparó en el pecho… Red John se llevó las manos a su corazón… pero la sangre brotaba ya sin control… Red Jhon sonrió.
-Bien Patrick, al fin, al fin lo has hecho. –dijo la voz de Red John que ahora sonaba muy parecida a la del propio Patrick.
Se quitó la máscara y lo miró a los ojos. Jane no lo podía creer… era como mirarse en un espejo. Él le sonrió y le dijo:
-Ahora lo entiendes todo… ¿verdad? Que oscura simetría… -Y Red John murió.
Patrick se giró hacía la ventana y una paloma lo observaba desde el otro lado del cristal, la luz del sol le cegó y murió cogiendo la mano de Teresa.
