El lugar parecía estar cerrado, pero de una sola patada, Sam derribó la puerta y entró, enojado a más no poder. Crowley entró tras él, llevando a Anayance.
-Sammy boy? Qué demonios es esto?- Dimitri salió de su oficina, somnoliento, pero abrió los ojos como platos al ver a Anayance- Vaya… ha sobrevivido- susurró. Sam miró a la joven y luego miró a Dimitri, ceñudo, pero no tenía tiempo para preguntas menos importantes.
-Dimitri… quieres explicarme porqué Tipton y sus secuaces están tras ella?- reclamó Sam, señalando a Anayance. Dimitri alzó las cejas, con sorpresa.
-No… tengo idea…
-Ah, no- bufó Sam, dirigiéndose a la oficina del sujeto, llevándoselo por delante, seguido de cerca por Crowley. Dimitri suspiró profundo y siguió tras ellos, cerrando la puerta de su oficina con seguro y miró a Sam, interrogativo- Primero, no se llama Emily, si no Anayance; segundo, esta mañana Tipton y tres de sus amiguitos llegaron a mi habitación del hotel, reclamándola… puedes explicarme esas dos cosas? Y luego pasaremos al hecho de que ella no recuerda absolutamente nada desde… desde…- miró a Anayance, interrogativo
-Que murió mi padre, cuando yo tenía 16
-Desde entonces- finalizó Sam volviendo a mirar a Dimitri, pero de inmediato miró a Anayance otra vez- 16? Cuánto tienes ahora? 17?
-Nací en 1989- replicó Anayance- Dímelo tú, ni siquiera sé en qué año estamos- Sam regresó la vista a Dimitri
-No recuerda nada de 7 años de su maldita vida!
-Ey!- bufó la joven, ofendida, y se sentó, cansinamente, cruzándose de brazos
-Bueno, bueno…- musitó Dimitri, sirviéndose un vaso de whisky- Uno de mis mejores clientes llegó con ella y dijo que quería deshacerse de "ese estorbo"
-Deshacerse? Y me la das a mi?
-Bueno… las chicas han estado quejándose, sabes?- replicó Dimitri, bebiendo un sorbo de whisky, mientras se acercaba a la joven- Mírala, luce tan frágil, tan… como una pequeña violeta en una verde pradera- miró a Sam, seguro- Pensé que… ya sabes…
-De acuerdo… quién la trajo? Queremos ir a lo importante, sabes? PORQUÉ TIPTON LA ESTA BUSCANDO?
-Oh, no puedo decírtelo… es un cliente… mi ética de privacidad, ya sabes- musitó Dimitri, bebiendo un nuevo sorbo de whisky. Sam sacó su arma y le quitó el seguro- De acuerdo, de acuerdo! El sujeto se llama Arthur Fox, es un abogado….
-Arthur Fox?- preguntó entonces Anayance, horrorizada
-Lo conoces?- preguntó Sam, volviendo a poner seguro en su arma
-Es mi tío… el hermano mayor de mi madre…
-Sí, bueno…- resopló Dimitri- Al parecer es su albacea, el padre de la chica murió hace años y le dejó una cuantiosa fortuna, una MUY cuantiosa fortuna y él… supongo que es un poco ambicioso
-No creo que los demonios también lo sean, así que dudo que estén tras ella por el dinero- replicó Sam y Dimitri terminó de beber su whisky y miró a la joven, frunciendo el ceño, con la vista fija en su pecho.
-No, claramente no por el dinero- musitó, luciendo lúcido y sobrio de pronto- Tal vez los demonios no están tras ella- Sam y Crowley lo miraron interrogativos- No ven el colgante que lleva?- los tres miraron hacia la plateada gargantilla que llevaba la joven, portando una hermosa espada en miniatura que parecía estar prendida de fuego.
-Santos demonios- musitó Crowley… cómo no lo vi?
-Creo que no soy el único que no sabe de qué demonios hablan, así que porqué no volvemos a la conversación en español?- replicó Sam, de mal humor
-De dónde sacaste ese colgante?- le preguntó Dimitri a la joven, ignorando olímpicamente el comentario de Sam.
-Me lo regaló mi padre, cuando cumplí los 16- respondió ella- Qué tiene el colgante?
-Cuál es el nombre de tu padre?- contra preguntó Dimitri
-Steve Wandell- respondió Anayance. Crowley y Sam intercambiaron miradas sorprendidas
-Un cazador! Ya veo- asintió Dimitri, más para sí mismo que para los demás.
-Mi padre era un hombre de negocios- replicó Anayance, frunciendo el ceño, recordando una extraña escena que parecía provenir desde lo más profundos de sus escuálidos recuerdos- De todas formas… qué tiene el maldito colgante? Es sólo una baratija!
-Oh, no, no, no- negó Dimitri, retrocediendo, horrorizado ante el comentario- Eso está lejos de ser una baratija, pequeña… eso… hasta Dios mataría por conseguir ese colgante
-Porqué?- preguntó entonces Sam, picado por la curiosidad
-Existe una vieja leyenda… ya nadie sabe si es real o simplemente mito- respondió Crowley, captando la atención de Sam y Anayance- Cuando Dios creó a los ángeles, creó a su mano derecha, una arcángel tan hermosa y poderosa como él mismo. Alfa. Cuando Lucifer lo desafió, ella fue su principal objetivo. Lucifer sabía que teniéndola de su lado, podría destruir el cielo en menos tiempo de lo que Dios había construido la Tierra. Alfa cedió y lo siguió, llevándose varios con ella. Pero antes de llegar al infierno, ella y seis ángeles más se arrepintieron. Los siete caídos. Pero Dios estaba molesto y no les permitió que regresaran al cielo, condenándolos a vagar por la tierra por toda la eternidad. Lucifer también estaba molesto y envió a sus súbditos tras los siete ángeles caídos. La orden? Capturar a Alfa y matar a los otros seis. No fue difícil. Cuatro cayeron como piezas de dominó. Sólo Alfa, Omega y Ávalon siguieron huyendo y escondiéndose, pero tanto Omega como Ávalon sabían que Lucifer pretendía capturar a Alfa, así que decidieron sacrificarse para mantenerla oculta. Sólo Omega tuvo éxito, y como era uno de los favoritos de papi Dios, éste decidió dejarlo entrar a su reino, como espíritu. Jamás volvería a ser un ángel. Ávalon no tuvo tanta suerte y cayó en las garras de Lucifer. Se dice que es uno de los demonios más cercanos a Lucifer y uno de sus principales colaboradores… aunque nadie lo ha visto jamás. Alfa, por otro lado, viéndose sola, decidió sacrificarse. Se dice que Dios, como acto de perdón, le concedió la encarnación; otros dicen que era tan poderosa que ella misma pudo conseguirlo. Sin embargo, han pasado miles de millones de años, y ya nadie sabe si la historia es verdad, si Alfa sigue encarnándose, año tras año, o si, tras su sacrificio, simplemente, su alma desapareció. Sólo se sabe, que cuando fue creada, Dios le regaló el medallón de Alfa, un colgante en forma de espada en llamas. Muchos creen que la historia es verdad y que el colgante es capaz de encontrar y despertar a la mismísima Alfa. Durante las Cruzadas, años más, años menos, el colgante apareció en Tierra Santa, fue guardado con recelo en el Vaticano, desde donde fue robado y vendido a un importante mercader de Venecia, su casa se incendió y jamás se volvió a saber del colgante… hasta ahora- Crowley miró a Anayance- Los demonios que aún siguen a Lucifer probablemente quieran el colgante para encontrar a Alfa, obligarla a aliarse a Lucifer, destruir el cielo y ser dueños del mundo… es bastante lógico.
-Es absurdo… todo esto es absurdo- musitó la joven, bajando la mirada hacia el colgante y luego los miró- Demonios? Dios? Lucifer?
-Vampiros y hombres lobo también- acotó Sam, resoplando y mirando a Crowley- Habrá que mantenerla oculta
-Conozco un buen lugar- asintió Crowley
-No iré a ninguna parte- bufó Anayance, guardándose el colgante con recelo. Sam la miró, serio y luego se acercó a ella, agachándose hasta quedar a su altura.
-Será sólo un tiempo- musitó- Mientras encontremos una buena solución que satisfaga a todo el mundo, de acuerdo?- Anayance lo miró, dudosa.
-De acuerdo… pero quiero ir al baño primero- replicó, molesta
-Al fondo del pasillo, a la derecha- dijo Dimitri
-Gracias- bufó la joven, levantándose y saliendo de la oficina.
-Esto es más grande que el apocalipsis, sabes?- musitó Dimitri, sirviéndose un nuevo vaso de whisky, titubeante- Si ese colgante cae en manos de Lucifer… nos iremos todos al mismísimo infierno… y no vamos a pasarla nada bien, en especial si…- un fuerte golpe proveniente del baño silenció a Dimitri, y de inmediato Sam se lanzó en esa dirección, con el peor presentimiento del mundo.
-Demonios!- bufó, golpeando la pared con furia. La ventana estaba abierta y no había rastro alguno de Anayance.
-Sam?- musitó Dimitri, cogiendo un pequeño papel que había sobre el lavabo. Sam lo tomó y lo leyó, desconfiado. "Si quieres volver a verla con vida, ven al 315 de la calle Dalilah. Y más te vale traer el colgante contigo" – El colgante? No lo tenía puesto? Cómo no iban a verlo?
-Sam- dijo entonces Crowley, señalando con la vista la tapa del estanque que estaba levemente corrida de su sitio. Sam levantó la tapa y sacó el colgante del fondo del estanque- Chica inteligente, eh?- sonrió, sorprendido de la astucia de la joven.
-De todas formas… no lo tendremos por mucho tiempo…
-Podemos pensar en alguna astucia para tener a la chica y al colgante- replicó Crowley y Dimitri lo miró ceñudo
-Qué importa la chica, es sólo…- Sam lo cogió por el cuello y lo aporreó contra la pared- De acuerdo, de acuerdo… vamos por la chica… conozco unos buenos imitadores que harán una copia exacta del colgante.
-Hagámoslo… no tenemos mucho tiempo- dijo entonces Sam, soltando a Dimitri
-Qué tiene de importante la chica, después de todo… ya ni siquiera es virgen- susurró, sobándose el cuello.
-Fui yo quien mató a su padre- escupió Sam, saliendo del baño, apretando el colgante fuertemente en su mano.
