Holis :3333

Ya estoy de nuevo por aquí! Que tu vuelo de vuelta se atrase una hora es malo, pero me dio tiempo a escribir con la tablet de lo aburrida que estaba, así que para vosotras bien, que yo lo sé (?)

A ver, me tengo que ir ya así que no me explayo mucho.

Solo quiero avisar de que, por los reviews, os va a sorprender JEJEJJEEJ

Y que aparecen los 4 de McFLY, al completo (?).

Ah, sí, y que hay diferentes POV, así que el que hablaba en la intro no es el mismo que el de este episodio, y el del 2 será otro, y así hahah.

A ver si os sorprende :3 y en el segundo se descubre todo el pastel, os lo puede decir mi geme que ayer flipó colores XDDDDDDDD.

Love you all and enjoy :333


Episodio I

Mientras voy hacia el coche, no puedo evitar pensar en el inhóspito lugar que se está creando a mi alrededor. Ya caída la noche, las calles de Londres se vuelven oscuras y sombrías, y más si, como yo, estás en un barrio de las afueras. Además, me sentía observado desde las sombras. En resumen, estaba delirando.

Por eso acelero el paso.

Cuando giro la calle, suspiro, claramente aliviado. Allí está el estadio de Earl's Court, que él solo ilumina las dos manzanas de casas siguientes. Y es entonces, y solo entonces, cuando me permito relajarme un poco, esos ojos de hielo que me observan (o creía que me miraban) desapareciendo.

Finalmente, pasada la parada de metro de West Brompton, encuentro mi coche, en el mismo sitio que lo dejé.

Suspiro, contento, ya que no sería la primera vez que me roban, y me monto, poniendo la calefacción.

Una vez que el frío ha desaparecido de mi cuerpo, dejo en el asiento de atrás el regalo que tengo preparado para mi novia, Suzanne, por su ascenso. Después de tanto trabajar, se lo merecía. Y también unas vacaciones, pero eso ya no estaba en mis manos, sino en las del sobreexplotador de su jefe.

Doy un último vistazo al regalo, como si temiera que desapareciera. Pero es que es precioso. Esa gargantilla, con esos pendientes de diamantes a juego, es la combinación perfecta para un alma tan bella como la suya.

Sin más dilación y, por fin, con algo de prisa, enciendo el motor para ir directo a nuestra casa, que compramos juntos hará unos seis meses.

Mientras me uno al resto de conductores por las interminables calles de Londres, con sus atascos y señalizaciones mal puestas, no puedo dejar de pensar en esa sensación que he sentido minutos antes en aquella calle oscura.

Porque realmente noté una presencia detrás de mí.

Alguien que me quería hacer daño.

Vale, para. ¿Qué demonios estoy pensando? Estas alucinaciones deben ser fruto del cansancio, porque no le encuentro el sentido. ¿Desde cuándo era yo tan paranoico?

Mientras espero en un semáforo en rojo, impaciente por llegar, unos nudillos golpean en mi ventanilla, dándome un susto de muerte. Suelto un gritito ahogado, que bien se puede interpretar más bien como un jadeo sin aire, y miro hacia la procedencia de ese golpe, con mis ojos azulados saliéndose de las órbitas.

Para mi sorpresa, veo un chico rubio, que aparenta unos dieciocho años, que me mira esperanzado pero sobretodo muy asustado. Tanto que da hasta miedo.

Por eso, en un impulso, decido bajar la ventanilla, sin pararme a pensar que podría ser una trampa. Parecía realmente estar en apuros.

- Hola, por favor, tienes que ayudarme – susurraba entre temblores, esa mirada de terror acuciándose hasta límites insospechados.

- ¿Qué pasa? – pregunto, asustándome mucho. Tanto, que soy incapaz de formar mi pequeña sonrisa. Por eso, me quedo serio mientras esas palabras salen de mi boca, blanco como un fantasma de la impresión.

- Un hombre, b-borracho, m-me ha em-empezado a seguir, y-y-y – con la mirada, le insto a continuar, ya que hace rato que el semáforo está verde, y una hilera de coches enfurecidos se está formando detrás nuestro, haciéndomelo saber con sus constantes bocinazos – h-ha intentado r-r-robarme – acaba por fin la historia, con el temblor impidiéndole hablar cada vez más.

- Entra en el coche – contesto a su explicación, en otro impulso que no sé si me va a salir caro – te llevo a casa.

- Gracias – dice, al borde las lágrimas, mirándome a los ojos con una gratitud y una candidez inmensas. ¿Cómo le iba a dejar ahí solo?

Por eso, desbloqueo las puertas del coche para que el rubio entre. Una vez se ha abrochado el cinturón, arranco el coche, casi sintiéndome aliviado de poder irme de allí.

Antes de siquiera dignarme a hablar, básicamente para saber más de él y, en especial, dónde está su casa, la radio, que antes no se escuchaba bien, empieza a sonar con estridencia, dando paso a una canción que me provoca escalofríos.

Sobre todo por una frase: Everybody knows the end, when the curtain hits the floor.

Este hecho hace que, prácticamente de un manotazo, apague la radio. El chico rubio, que estaba mirando a la nada, se asusta un poco al ver mi reacción.

Sinceramente, ni yo mismo la entiendo. ¿Por qué me ha afectado tanto esa frase? Me ha hecho estremecerme, sentir vértigo, y ante todo, miedo. Mucho miedo. Como si algo me fuera a pasar de un momento a otro.

Cuando consigo controlar los temblores, atender prioridades y alejar esta paranoia constante que me acompaña en el día de hoy, empiezo a pedir información.

- Me llamo Harry. Harry Judd – consigo decir con un tono firme y seguro, propio en mí.

- Yo m-me llamo Do-Dougie Poynter - consigue balbucear, controlando un poco el temblequeo mientras clava sus plateados y asustados ojos en mis orbes azules como el mar.

- Te dejo en casa y así ya no te puede pasar nada, ¿vale? - le explico, provocando en su mirada un cambio. Alivio. Un gran alivio que parece circular por todos los recovecos de su ser, haciendo que su mirada se empañe de algo parecido a la ilusión y la esperanza. A pesar de ese hecho que se puede antojar importante, aún se puede leer a través de sus pupilas un terror insaciable, muy calado a dentro y, por lo tanto, parecido a una enfermedad crónica.

Consciente de la paranoia mental que he creado hace unos instantes, desconecto mis ojos de los suyos y me concentro en lo importante: la carretera.

- Gracias - reponde, el entusiasmo que he mencionado antes haciéndose presente en su manera de hablar, dejando el tartamudeo a un lado - vivo un poco lejos de aquí, en Imperial Road número 5.

- De acuerdo, te llevaré hasta allí - respondo, rodando los ojos. Esa calle está dentro del barrio de Harrow, es decir, repleto de casas carísimas. Un pijo en toda regla, vamos. Lo que le he comprado yo a Suzanne debe de ser una menudencia para él...

Decido no volver a abrir la boca en lo que queda de trayecto, para así poder acabar cuanto antes. Ni siquiera sé por qué le estoy ayudando. Bueno, sí que lo sé.

Esa mirada. Apremiante, necesitada. Así lo he sentido yo cuando he abierto la ventanilla. Y ha creado en mí un sentimiento de protección hacia él. Porque, seamos claros, parece demasiado niño para el mundo que le rodea, donde cualquier persona o ser le puede hacer daño.

Y parece que mi deseo de mantener un perenne silencio no va a ser concedido esta vez.

- Harry, ¿no vivirás muy lejos o tendrás algo que hacer? No quiero molestar... - procede él a hablar, antojándoseme adorable.

- Bueno, no vivo precisamente cerca de Harrow, pero no te iba a dejar ahí solo y asustado, ya sabes - le contesto mientras giro en la bifurcación a la derecha, llegando así a las immediaciones de su barrio, notándolo por la extensión de casas caras que se muestra ante mis cansados ojos - Y no tengo nada que hacer, solo cenar con mi novia e irme a dormir, lo de siempre.

- ¿Tienes novia? Bueno, ya lo había supuesto, eres demasiado guapo como para no tener - pregunta, añadiendo ese incómodo comentario para mí, que hace que mi cara adquiera complejo de semáforo, batallando contra el que tengo justo enfrente de mí. Y acabo ganando yo, porque éste cambia a color verde, y avanzamos mientras mis mejillas siguen coloreadas.

- Eh, bue-bueno, sí - respondo, odiando el tono entrecortado que sale de mis labios. ¿Soy retrasado o qué me pasa? Tampoco ha dicho nada tan fuera de lo normal... - Se llama Suzanne.

- Que nombre tan bonito... - añade, finalizando la conversación, un tanto incómoda en este momento.

Y vuelvo a mi plan inicial. Judd, concéntrate en la carretera y acaba con esto rápido.

Después de 10 minutos más recorriendo calles repletas de casas pijas con jardines más grandes que el Amazonas, llegamos a nuestro destino: su casa.

Una vez paro en frente de ésta, mis ojos saliéndose de las órbitas ante semejamte mansión, un escalofrío recorre toda mi espina dorsal, de arriba a abajo, haciendo que se me revuelva hasta el estómago.

Tengo miedo.

Y lo peor es que no hay motivo aparente para tenerlo.

- Gracias por traerme, Harry - concluye Dougie, haciendo que vuelva al mundo real donde no hay dragones ni monstruos que te atrapen entre sus zarpas... En teoría.

- De nada. Un placer - respondo, contrariamente al miedo irracional que me absorbe como una vorágine, sin control, hacia su epicentro.

-¿Sabes una cosa, Harry? - continúa hablando el rubio, sintiéndome incapaz de no mirarle a los ojos. Y siento terror. Porque lo veo reflejado en sus orbes plateadas. Un pánico irracinal pero muy, muy real - Tengo miedo. Muchísimo.

- ¿Y de qué tienes miedo? - acabo preguntando, su miedo impregnándose en mi ser, sin posibilidad de dejarlo atrás.

Y sé desde el principio que esa pregunta no debería haberla hecho.

Sé que debería haberme ido cuando tuve oportunidad, sin ayudarle, aunque pudiera parecer una crueldad.

Sé que el miedo que siento es muy real.

Todo esto lo sé antes de que responda.

- Tengo miedo de mí mismo, Harry. ¿Cómo se puede vivir así? - finaliza, clavando con más ahínco sus ojos en los míos y sintiendo que voy cayendo al infierno, sin ninguna atadura que me lo impida.


Y esto es todo por hoy. ¿Reviews? ¿Tomates? :33

PD: Muchas thanks por los reviews en mi fic conjunto con mi geme, We found love in a hopeless place :3 Sois geniales! 3333