En Inglaterra, capítulo dos:
"El mejor camarote del barco..."
La señora Leagan estaba muy en contra de esta petición de Lady Grandchester, pero había prometido seguir todas las recomendaciones de esta dama. Así que Candy, cuando subió al barco que la llevaría a Inglaterra, se encontró con la sorpresa de que viajaría en primera clase.
La chica pensó que su futura empleadora era muy distinta a la señora Leagan. Recorrió el camarote con la mirada y se desplomó en la cama, cerrando los ojos para recordar la despedida de Anthony y sus primos:
Había sido corta, pero emotiva. Anthony, Stear y Archie le habían dado la mano, y le habían deseado lo mejor. Incluso prometieron visitarla en Inglaterra. No pudieron hacer más, porque la tía abuela los vigilaba desde un rincón de la sala. Sin embargo, la anciana señora no pudo evitar que el apretón de Anthony fuera más intenso que el de sus primos.
La esperanza de volver a verlo en Inglaterra animaba el corazón de Candy, pero también la hacía sufrir. De pronto, recordó la carta que guardaba en su maleta.
Antes de partir, la señora Leagan le había pasado una carta de su futura empleadora, en la que ésta había escrito recomendaciones para tratar con el chico que cuidaría. Debía leerla en el barco y memorizarla, y luego romperla en mil pedazos.
Candy creyó que leer esta carta le permitiría dejar de pensar tanto en lo que no podía tener, así que la buscó y leyó:
Querida señorita: Le doy infinitas gracias por aceptar el empleo de niñera en Inglaterra. Necesitamos a alguien como usted.
Para que su labor sea realizada de la mejor manera, es imprescindible que conozca, antes de llegar a nuestro hogar, algunas características de mi familia, y en especial, las de mi hijastro.
Somos una familia de rancio abolengo, nuestros antepasados se remontan a los primeros reyes de Inglaterra. Comprenderá que somos el ejemplo de la sociedad. O al menos, deberíamos.
Mis hijos menores cumplen perfectamente este rol. Son niños tranquilos, obedientes y amables, que se desviven por cumplir con las expectativas de sus padres. No necesitan niñera, pues ya son maduros y responsables.
Es mi hijastro el que necesita de una. A pesar de que ya tiene catorce años, su madurez emocional es la de un niño de seis. Es mentiroso, desafiante, grosero y maleducado. Le gusta humillar a los más débiles y comportarse en forma inadecuada.
-¡Vaya! Se parece a los hermanos Leagan – comentó Candy para sí misma, y siguió leyendo:
A pesar de que siempre ha tenido todo lo que ha deseado, siempre exige más y no es capaz de agradecer por nada de lo que la familia le ha entregado. Frecuentemente regaña a su padre por haber formado una familia junto a mí. Me ofende, me pone sobrenombres y ha llegado al extremo de reírse de mí y de mis hijos.
-Definitivamente, es como los hermanos Leagan – se dijo Candy, sintiendo gran antipatía por este muchacho.
Han sido catorce las niñeras que han huido de esta casa por culpa de él. No la engaño, señorita, el desafío es grande, pero me he enterado que usted tiene las características que pueden doblegar el carácter de mi hijastro. Realmente necesita alguien que lo ponga en su lugar.
-Yo puedo ponerlo en su lugar – decidió Candy, que siempre se ponía de parte del necesitado, y en la carta, había creído adivinar la gran angustia de una buena mujer desesperada por dominar a su malvado hijastro.
Creo que lo que he escrito ha sido más que suficiente para que usted se haga una idea del trabajo que le espera. Por favor, destruya esta carta después de leerla, pues de llegar a manos equivocadas, puede significar un escándalo en el país, si llega a saberse que el hijo del Duque de Grandchester es un desgraciado.
Me despido de usted deseándole un buen viaje. En el puerto la esperará una persona que la traerá a nuestra mansión.
Lady G.
-Esa pobre familia necesita ayuda. ¡Me necesitan! - exclamó Candy, hablando con el espejo y sintiéndose más animada. Como la señorita Pony le había dicho, lo mejor es ayudar a los demás.
Mientras, en Inglaterra el joven Terry recogía abono en el jardín mientras canturreaba una cancioncilla escocesa. El jardinero lo preguntó cuál era su objetivo.
-Estoy juntando una buena cantidad para la habitación de la nueva niñera. Llega en unos días, y he decidido que no se quede acá más de algunas horas. Ya verás que después del susto que les voy a dar a todos, no les quedará más remedio que enviarme a Escocia – respondió el chico.
El jardinero lo contempló unos instantes, muy serio.
-Sabes que tu conducta no es la de un caballero, Terry.
-¡Es en defensa propia! Todas esas mujeres han sido secuaces de mi madrastra, y su único objetivo ha sido ser carceleras de mi vida miserable.
-Pero esta es distinta. Escuché en las cocinas que es una chica americana, huérfana, sola en el mundo, y que, pon atención a esto, la señora Grandchester sólo le compró pasaje de ida.
-Las chicas americanas son fuertes – dijo Terry, y siguió juntando abono.
-No me entiendes, Terry – dijo el jardinero, tomándolo del brazo – Le compró solo pasaje para llegar a Inglaterra. Si la chica fracasa en su misión como niñera tuya, ¿qué crees que le pasará?
Terry pensó unos momentos y luego palideció.
-La calle – murmuró el muchacho.
-Sí, el destino de una chica sola en un lugar desconocido, sería la calle. Sabes bien que eso no terminaría bien. ¿Por qué no eres considerado con ella y cambias de táctica? ¿Por qué no tratas de hacerte su amigo?
-Todas llegan pensando que yo soy un maldito, por culpa de mi madrastra. Siempre se las arregla para envenenarlas en mi contra.
-Y tú no has hecho nada para que ellas cambien de opinión, ¿verdad? Esta vez debe ser distinto, Terry. La chica americana necesita protección. ¿Serás un caballero?
Terry se incorporó y dejó caer el saco de abono.
-¡Sí, seré un caballero! Protegeré a la chica americana y aguantaré que sea mi niñera. Seguiré su consejo, señor Johnson.
El jardinero le sonrió a Terry y siguió su camino.
-Es un buen chico – pensó el jardinero – lástima que nadie lo quiera...
Continuará...
Nota de la autora: ¡Gracias por sus comentarios! La historia ya se armó más, porque Candy piensa muy mal de Terry por culpa de esa lagarta madrastra y Terry se va a portar como un caballero, pero Candy... ¿qué hará?
Nos vemos!
