Aunque me encantaría, Cardcaptor Sakura ni ninguno de sus personajes son míos. Todos son propiedad de CLAMP; lo único que es mío es el argumento de esta historia.

Ai no monogatari

(Historia de amor)

Por Lau

Capítulo 2

Donde hubo fuego...

"Y AHORA, para resolver la ecuación, sólo deben despejar la variable x..."

Meiling apenas si escuchaba la explicación de la profesora. Y no es que no quisiera poner atención. La verdad es que, aunque quisiera hacerlo, la conversación que sostuviera con Syaoran apenas una semana antes no dejaba de darle vueltas en la cabeza.

"Y recuerden, cuando un número multiplica de un lado del signo igual, del otro lado dividirá a las demás variables..."

En un esfuerzo un tanto desesperado por poner atención, la chica trató de concentrarse en la clase. "3x= 1a + 2b. Entonces si a es igual a Sakura y b es igual a Syaoran  y despejó la x –que soy yo- entonces el 3 divide a a y b. ¿Cómo puedo siquiera pensar en separar a a y b? ¿Y porque b regresó? Dios, ¿porque?"

"¿Señorita Meiling?"

"¿Uh?" Al callarse, la pobre se dio cuenta que había terminado su monólogo en voz alta. Todos los estudiantes la veían y la maestra le sonreía, divertida.

"Si tiene problemas con las ecuaciones debería pensar en inscribirse a cursos vespertinos. Las matemáticas no son cosa del otro mundo-", la campana sonó en ese instante. "Chicos antes de que se retiren les entregaré los resultados del examen de anteayer." Los estudiantes pasaron a recoger los resultados, y en cuanto Meiling recibió el suyo, suspiró resignada. Ya sabía que no había salido bien en la prueba; había estado distraída en todas las clases y era algo que se reflejaría en las calificaciones de ese bimestre.

El receso le daría un poco más de tiempo para pensar tranquilamente. Desafortunadamente, el objeto de sus pensamientos salió poco después al patio escolar, y ella recordó que él había sido transferido a su escuela recientemente.

Ahora ella se sentía mal consigo misma. Se supone que se debería de sentirse mal; Sakura era su amiga y ella, Meiling, como buena amiga que era, debía de apoyarla en un momento tan delicado como el que seguramente estaba pasando, pero también no dejaba de sentirse vagamente contenta y eso era lo que más le frustraba.

Pasó el resto del descansó concentrándose en el almuerzo a fin de no echarle un vistazo a su exprometido –quien para entonces estaba siendo interrogado por la mitad de las jovencitas del instituto- y al cuando la campana sonó, ella ya había tomado una importante decisión.

"Debo intentar que arreglen las cosas," se dijo. "Después de todo, se lo debo a Kinomoto. Ella ha sido de las pocas personas que no me ha rechazado después de haberme portado tan groseramente con ella." Decidió llamarle por teléfono; de esa manera podría apoyarla y mostrarle que seguía siendo su amiga. No quería que Sakura pensará por ningún motivo que ella se aprovecharía de la situación, no. Haría lo que fuera para reunirlos de nuevo, si señor.

A la salida, se apresuró a salir y se aseguró de utilizar un atajo que le impediría encontrarse con Syaoran. Al llegar a su casa marcó inmediatamente el número de la antigua Cardcaptor. Extrañamente, nadie parecía estar en casa. El teléfono sonó y sonó, pero nadie contestó la llamada. Meiling decidió probar con el teléfono celular rosado que Sakura cargaba; al principio tampoco le contestaron y siguió intentando hasta que una pequeña e irritable voz le contestó.

"¿Quién es? Estoy en medio de un importantísimo juego, a punto de lograr el mayor record de la historia y quienquiera que esté llamando me está quitando la concentración. ¿Quién habla?"

"Hola Kerberos. Habla-"

"Ahh, es la chiquilla. ¿Qué es lo que quieres? ¿Buscas a Sakura? No está, y no sé que pueda ser tan importante. Espera, si es algo relacionado con el mocoso...

"¿Sabes a que hora puedo localizarla? Es algo urgente, sabes."

"No, no lo sé, especialmente si quieres hablarle del tipo aquel. Ella se deprime cada vez que oye su nombre, así que no te la voy a pasar."

Meiling apretó la mandíbula. "Maldito muñeco insolente", pensó. Sin embargo, trató de hablar lo más dulcemente que pudo, intentando convencer al testarudo guardián de que le pasara a Sakura.

"Déjame hablar con ella. Tal vez yo pueda-"

"Que no, ¿no entiendes?" se oyó una pequeña voz enfurecida del otro lado de la línea. "Él ya perdió su oportunidad. Que lo acepte; y dile de mi parte que si vuelvo a verlo por aquí, yo, el Gran Kerberos, me encargaré de darle lo que se merece personalmente."

"Escúchame bien," le respondió Meiling, enfurecida a su vez, "estoy tratando de ayudar. Si eso no le entra a tu cabeza dura, entonces deberías de pensar en lo que querría Sakura. Estoy segura que ella me escuchará, y quizá ella y Syaoran puedan arreglar las cosas. ¿Me entiendes o tu enorme ego no te deja pensar con claridad?"

"¿Cómo te atreves? Yo mismo me encargaré de que no le lleguen tus llamadas, mocosa. Así que ni vuelvas a intentar hablar aquí." Un estruendo se escuchó y un momento después no se escuchó nada del otro lado de la línea.

"Maldición, colgó." Meiling se acostó sobre su cama. El plan A había fallado estrepitosamente, y parecía que no habría oportunidad de comunicarse con Sakura, a menos de que viajara a Japón, y aún así no era nada seguro que Sakura quisiera escucharla. Tomoyo le había comentado que su amiga no quería hablar del tema con ella, así que aunque Meiling lograra finalmente comunicarse con Kinomoto, lo más probable era que tampoco la quisiera escuchar a ella. Y no podía viajar en ese momento, cuando los exámenes apenas habían comenzado. Por fuerza, debía esperar unos días antes de intentar cualquier estrategia por ese lado.

La chica suspiró y se acomodó sobre un costado. Nada parecía estar saliendo como ella lo esperaba, y lo peor de todo era que no podía evitar sentir un estúpido enrojecimiento cuando Syaoran estaba cerca. El chico parecía estar deprimido también, y por una vez Meiling se sentía agradecida de que así fuera, porque así no le ponía la suficiente atención para notar el nerviosismo que la invadía en su presencia.

Meiling sentía que debía ocuparse en algo. No, en realidad necesitaba ocuparse en algo, si quería dejar de pensar en su primo. Era prácticamente imposible ponerse a estudiar, por que los recuerdos invadían sus pensamientos una y otra vez. Quizá si realizara una actividad física podría olvidarse de todo. Practicar artes marciales parecía ser la mejor solución. Así que Meiling decidió cambiar su atuendo por ropa más deportiva y salir al enorme jardín a entrenar un poco.

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El elegante auto negro se detuvo frente a la mansión. El automóvil, de último modelo y marca lujosa, propiedad del clan Li, había sido enviado al aeropuerto a recoger a alguien. No era costumbre del Clan ser tan hospitalario con sus huéspedes, pero el invitado parecía ser alguien de suma importancia, para haber recibido tal honor.

Lo cierto es que el huésped que había llegado era alguien muy incómodo para los Li, siendo éstos prácticamente obligados a tratarlo con deferencia y respeto, pero siempre temiendo que él los hiciera objeto de alguna de las excéntricas bromas que tanto le gustaban. Pero ninguno miembro se habría atrevido jamás a reclamarle por alguna ofensa, pues a él le debían su poder y fortuna. O por lo menos, eso era lo que se había enseñado de una generación a otra de la familia desde hace muchos siglos.

Pronto se abrió la puerta del auto, y de ella surgieron varias personas. Los miembros más importantes del Clan se apresuraron a saludar a los invitados con todo el respeto de que eran capaces.

"Bienvenidos sean. Es un honor tenerlo son nosotros, maestro Hiiraguizawa."

Eriol Hiiraguizawa sonrió y se apresuró a inclinarse cortésmente. "El honor es mío. Siempre es un placer venir aquí a visitar a mis queridos descendientes," dijo transformando su sonrisa en un astuto gesto, y más de uno de los miembros presentes se estremeció ligeramente al pensar en lo que tal gesto podía significar.

Uno de los presentes, la madre de Meiling, se adelantó y, haciendo una reverencia le preguntó amablemente.

"¿Piensa quedarse con nosotros por largo tiempo, señor?"

"¿Eh? No, la verdad es que solo vengo de paso. Debo ir a Japón a realizar un encargo, pero quise pasar por aquí un par de días. ¿No es cierto?" preguntó a sus acompañantes, los dos guardianes disfrazados en sus formas temporales, quienes sonrieron y asintieron, y Kaho Mizuki, quién respondió con una alegre inclinación de cabeza.

"¿Lo ven? No los molestaremos demasiado tiempo." Sin oír las protestas de los presentes de que eso no era cierto, de cómo podía pensar que eran una molestia, aunque él sabía que su afirmación no se alejaba completamente de la verdad, Eriol se encaminó hacia el enorme jardín delantero. "Nakuru, Spinel, por favor acompañen a nuestros anfitriones para que les muestren sus habitaciones. Kaho," le dijo sonriente a la hermosa maestra, "quiero tomar un poco el fresco en este agradable jardín." Ella sonrió a su vez, e inclinándose ligeramente siguió a los demás dentro de la mansión. La joven reencarnación del mago Clow se sentó en uno de las hermosas bancas del jardín y sonrió maliciosamente. ¿Qué era lo que estaba esperando?

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Syaoran caminaba lentamente por el camino que lo conduciría a la mansión en la que de ahora en adelante se hospedaría. Había tenido un día pesado, con todas las jovencitas que lo habían estado acosando todo el tiempo. Había intentado ser lo más cortés posible, incluso cuando ya lo estaban hartando, y aunque al final le había costado trabajo había conseguido escapar a su casa. Suspiró, mientras se frotaba uno de sus adoloridos brazos que una chica le había jalado en un intento de llamar su atención. Aunque fastidiosas, aquellas muchachas lo habían al menos distraído un poco del melancólico estado en el que se encontraba.

Se sentía deprimido por todo el asunto con Sak- Kinomoto. Recordó que antes de salir con ella solía llamarla por su apellido. Pero, quizá ahora ella estuviera tan molesta con él que ya no querría que él la llamara por su nombre de pila.

No podía culparla, no. Lo que le había hecho podría calificarse de imperdonable. Terminar con ella ya había sido bastante duro, pero terminar su relación enfrente de sus amigos había sido demasiado. ¿En que demonios había estado pensando? La verdad es que no había estado pensando...

En los últimos meses Syaoran había sentido que la relación se estaba enfriando, y aunque ambos seguían haciendo las mismas cosas que de costumbre, la alegría que antaño sintió había sido ahora un poco falsa, como si él hubiera estado fingiendo, como si cada vez que le sonriera a Sakura la estuviera engañando y eso era algo que ella no se merecía.

Y por eso, no soportándolo más, la terminó. Syaoran golpeó uno de los postes del alambrado con un puño. ¿Por qué, si aún recordaba la emoción que sentía cuando ella le sonreía, la sangre que enrojecía su cara cuando sentía su presencia cerca? ¿Qué había sido eso, eh?

Y lo peor de todo es que no podía compartir sus dudas prácticamente con nadie, pues Wei solo le diría que todo saldría bien con el paso del tiempo, lo que le hacía sentirse peor, porque su comentario le recordaba a lo que Sakura siempre solía decir. Y Meiling había estado actuando muy extraño desde que había regresado. Pensó que ella lo recibiría con los brazos abiertos y lo escucharía y animaría como solía hacerlo antes, pero en vez de eso, ella hacía lo posible por evitarlo.

Extrañaba eso, el sentirse a gusto y la cercanía que tenía con su prima, aún en aquellos momentos en que solía exasperarlo con uno de sus abrazos asfixiantes. Quizá ella también lo odiaba, lo pensó mejor. Después de todo, también la había lastimado cuando disolvió su compromiso. Daidouji le había comentado después que Meiling había sufrido duramente aquella noche. "Lo había olvidado," pensó y se sintió aún más deprimido. Ahora se sentía doblemente culpable. Meiling había tratado duramente de sobreponerse, incluso había hecho lo posible para reunirlo con Kinomoto. Quizá ahora sentía que su sufrimiento había sido en vano...

"Lo siento," pensó el joven mientras se acercaba a la reja de la mansión. "Siento haberte decepcionado." Quizá hubiera ido en ese momento a hablar con Meiling pero en ese momento sintió la poderosa presencia que emanaba de su casa. Corriendo hacia el lugar donde se originaba la energía, invocó a su espada.

No le sorprendió ver al dueño de la presencia. Sabía quien era desde que había percibido la poderosa aura. Aún así se colocó en posición de defensa. Nunca había confiado en Eriol Hiiraguizawa y sus ocultas intenciones. Él era demasiado astuto, demasiado misterioso y Syaoran siempre había desconfiado de casi todos los que tenían grandes poderes mágicos. La única vez que se dejó engañar por alguien con gran poder le había costado perder la oportunidad de ser el Dueño de las Cartas Clow. No se dejaría engañar otra vez.

Eriol le había sonreído desde que lo vio, irritando más al muchacho de cabello castaño. "Li Syaoran, mi querido descendiente. Tanto tiempo sin verte, me da gusto ver que estas bien." Al ver que el otro no le respondía y que se mantenía en su posición de combate prosiguió.

"No vengo a pelear contigo. Sabes bien que no ganarías." Dijo Eriol maliciosamente.

Syaoran rechinó sus dientes. "¿Entonces a que has venido?"

"Yo...he venido a conversar contigo."

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¡Por fin me llegó la inspiración! Si, ya sé, ya sé... me tardé muchísimo tiempo en actualizar...pero espero terminar esta historia. No voy a abandonarla y voy a continuarla, aunque me quede espantosamente horrible (nota: no se espanten. No se trata de que quede horrible. De hecho espero que me quede decente)

Renailt, ¿sigues ahí? Gomen, espero no decepcionarte con este capítulo n_n. Y tengo nueva lectora ¡yay! Gracias por tu review, Misara, me alegró mucho leer que te gustó.

Me despido. Con algo de suerte estaré estrenando algunas historias próximamente, así que nos leeremos pronto.

Nos vemos!