Lo que queda del verano

Por fin tenía un día libre de robos, su cuerpo y mente les pedían un descanso a gritos. Se arregló y bajó rápidamente las escaleras, antes de abrir la puerta meditó por un momento y decidió volver a su cuarto por un poco de perfume. No es que fuera a una cita, solo iba a visitar a su mejor amiga, su amiga de la infancia por la cual no sentía más que compañerismo.

-Aoko debe estar muy aburrida sin mi, seguramente esta sentada en frete del televisor viendo las noticias de mi último robo- sonrió de forma lobuna, la conocía tan bien que podía fácilmente imaginarse los improperios que lanzaba al pobre aparato.

Debido a su profesión como ladrón de la luna, había tenido que mentirle a su mejor amiga y decirle que estaba de "vacaciones". Ya habían pasado 3 semanas, se sentía como un tiempo infinito considerando que prácticamente se veían todos los días desde los 5 años. Al llegar, lo primero que haría sería levantarle la falda y decirle cual es su "color" del día. Esto la enojaría a tal punto que lo perseguiría con una fregona. No paraba de reír con las cosas que imaginaba. Le encantaba ver su carita enojada y los momentos en donde estaban tan cerca que podía sentir su perfume. Seguramente después podría invitarle un helado o al parque de diversiones, se lo debía, después de todo la había abandonado por mucho tiempo. Se preguntaba si lo extrañaría como él a ella. Sacudió la cabeza de lado a lado, estaba sonrojado, que tonterías decía, solo eran amigos.

Toco el timbre y esperó pacientemente, no esperaba ver la cara de un enojado inspector abrirle la puerta. Claramente Aoko había sacado el mal carácter de su padre – Hola Inspector, está Aoko en casa- el inspector suavizó su cara al ver que solo era el mejor amigo de su hija- Hola Kaito, ella no está en casa y no volverá en lo que queda del verano.- Kaito abrió los ojos desmesuradamente, tal vez escuchó mal, sin Aoko dos meses más sería una tortura- ¿Dónde está ella?- pregunto rápidamente, tal vez podía visitarla- Fue a visitar a su abuela al sur de Japón, queda bastante lejos.- dijo el inspector con una mezcla de enojo y tristeza- se fue sin mi permiso tomó, sus cosas un día y se marchó, dijo que al final del día nunca estaba en casa y que prefería estar en compañía de su abuela, parecía bastante molesta- Ahora si estaba sorprendido, Aoko nunca le habría contestado a su padre y menos lo habría abandonado sin comer dos meses. Sintió culpa, la razón de que ella se fuera es que su padre siempre estaba persiguiendo al ladrón blanco- No sabía que tuviese una abuela- necesitaba más información, tal vez podría hacer algo- es su abuela por el lado materno, no la había visto desde antes de llegar a la ciudad. – el joven mago notó que el inspector desviaba la vista mientras decía ese último comentario- hasta luego kaito, ire a dormir unas horas, tuve una noche muy pesada persiguiendo a ese ladrón- ahora si sentía culpable, el pobre hombre se veía demacrado, vaya uno a saber si por su hija o el trabajo- hasta luego inspector, muchas gracias.

Ahora si estaba molesto, porque no lo llamó antes de hacer una estupidez así. Antes lo hacia todo el tiempo, hasta para las cosas más pequeñas. Le dio vueltas al asunto un buen rato, la forma más rápida de era llamarla y preguntarle. El teléfono parecía apagado, nadie respondía sin importar cuantas veces llamara. Ahora si estaba molesto y se sentía traicionado. ¿acaso ella se sentía de igual forma todo el tiempo?