- Titulo: La vida es un circo
- Autor: WritersCompulsive (Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no nos pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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¿Sabían que se necesitan más músculos para fruncir el ceño que para sonreír?
La sonrisa y la risa, aquellos gestos que llenan el alma de las personas, que los llena de felicidad y que hace su día mucho más agradable son mucho más sencillos que estar enojado todo el día y nos hace gastar menos energía.
Además, la risa trae aparejados otros resultados terapéuticos muy útiles. Envía endorfinas al cerebro que producen una sensación de bienestar y calma. Energiza el cuerpo. Arranca la mente de la depresión y la concentra en nuevas metas, sueños y triunfos. Hace que el tiempo pase más veloz y que las tareas cotidianas sean más llevaderas.
Cuando la risa se comparte con los amigos y la familia ayuda a construir relaciones. Cuando culmina un día agitado y agotador, un hogar feliz es un refugio para todos los miembros de la familia, jóvenes o viejos.
Por ese y por mucho más motivos es que adoraba lo que hacía. El ver a todos esos niños riendo de buena gana, mirándome con sus ojitos brillantes y llenos de ilusión, impresionados por cada uno de los trucos que realizo, eso era lo que a mí me llenaba y que adoraba hacer día a día.
El solo hecho que pararme en una calle con mi maleta llena de artilugios y maquillaje hacía que un nuevo día comenzara y que comenzara con lo que tanto adoraba, hacer amena la vida de las personas.
Mirar las pelotas subiendo y bajando a un ritmo acompasado, cayendo en mis manos suavemente para que las vuelva a lanzar una y otra vez era algo que hacía día a día sin cansancio durante por lo menos unas dos horas todos los días en la mañana y algunas veces en las tardes por unas cuantas horas más.
A lo mejor a la gran mayoría de las personas no les cuadra en sus mentes que yo, Edward Cullen, siendo el hijo y el nieto de los más grandes médicos de Londres trabaje en las calles haciendo arte y alegrando el mundo, pero era lo que me gustaba y lo que la gente opinaba me tenía sin cuidado alguno.
Exactamente, así como lo escuchan, soy Edward Cullen, el hijo mayor de Carlisle Cullen y Esme Platt, aunque solo por dos minutos. Tengo solo 22 años, una hermana melliza llamada Alice y un hermano menor llamado Emmett de apenas 10 años de edad. Entré a estudiar artes en la "Royal Academy of Arts" de Londres y ahora trabajo medio tiempo como ayudante de los maestros realizando algunas clases o haciendo parte de sus proyectos. Cuando no estoy en eso me dedico a realizar arte circense en las calles de Londres para subsistir.
¿Pero para que hago estas cosas si podría estar recibiendo las grandes sumas de dinero que mi padre gana? Sencillo… Él nunca estuvo muy de acuerdo con que realizara esto y quería que siguiera la tradición de la familia, quería que estudiara medicina en la más prestigiosa universidad de Inglaterra, pero mis planes eran completamente distintos.
— ¿Se puede saber en qué pensabas, Edward? Llevamos horas buscándote desesperados. Llamamos hasta a la policía porque no sabíamos dónde más buscarte, llamamos a tus abuelos, a los Swan, a los Hale y nada, Nadie sabía dónde estabas — me gritaba mi padre que estaba parado frente a mí, completamente exasperado. Mi madre y hermana miraban la escena desde el umbral de la puerta de la sala. La primera trataba de acallar los gritos de mi padre alegando que despertaría a mi hermano menor que descansaba en la planta alta— ¡Habla de una vez, Edward!
— Estaba en el centro con los chicos. Me enseñaban a realizar nuevos trucos— le respondí— Lo siento, se me pasó la hora y mi teléfono se descargó. No tenía como avisar… De verdad lo siento
— En el centro, en el centro… Creo que ya te dije que no quería que fueras más para ese lugar a malgastar tu tiempo ¿O me equivoco? Tus calificaciones no han sido las mejores y, si quieres entrar a medicina, deben mejorar bastante ¿Por qué no eres como tu hermana? — preguntó al aire, como si esperara que le respondiera
— Porque no somos la misma persona, papá. A ella si le gusta todo ese mundo, pero no a mí. Yo quiero estudiar artes y dedicarme al arte circense, eso es lo que quiero para mi vida— le repetí nuevamente
— Definitivamente perdiste la cordura, Edward. Mejor vete a tu cuarto antes de que me moleste más— me indicó las escaleras que daban a la planta alta de la casa— Mañana hablaremos de tu castigo.
Suspiré y quise responderle que no eran tonteras y que no había perdido la cordura, que estaba más cuerdo que nunca, pero preferí guardar silencio y salí del lugar para irme a mi cuarto.
Esa fue una de las tantas veces que mi padre mencionó que no le gustaba lo que yo hacía ¿Pero cómo sabía que no le gustaba si nunca me vio haciendo nada de mi arte? Él nunca me vio haciendo malabares, ilusionismo o trepando por las telas o los trapecios, mucho menos vestido de mimo, payaso o subido en los zancos. Para el todo eso eran tonteras y se me tendrían que pasar en algún momento, pero yo sabía que eso no sería así.
Mi afición por las artes había comenzado desde muy pequeño y siempre había sido impulsado por mi abuela materna, Carmen, para que las siguiera, aunque mi abuelo materno, Eleazar, y mi abuela paterna, Chelsea, también me apoyaban bastante en todo esto. Mi abuelo paterno, Diego, no tanto como los demás, pero de todas maneras lo hacía un poco. Los amigos de la familia desde que mis padres eran pequeños también me apoyaban, pero no en gran medida.
Las peleas, a medida que el tiempo avanzaba, se fueron haciendo cada vez más frecuente y para cuando tenía 17 años, próximo a los 18, eran casi dos diarias. Era pan de cada día que discutiéramos por la misma situación. Yo me aguantaba todas las pesadeces que vociferaba mi padre y nunca le rebatía, pero por dentro me destrozaba cada vez más. Esto siguió así hasta que un día, cuando estaba próximo a cumplir los 18 años, no aguanté más.
— La comida estaba exquisita, Esme— halagó mi abuela a mi madre.
Era mediado de julio y estábamos celebrando el cumpleaños de mi hermano menor. Claro que primero se realizaba una comida con la familia y otro día lo celebraba con sus amigos en una fiesta que organizaban mi madre, abuelas, tías y hermana.
Durante toda la cena me había mantenido en completo silencio y es que estaba muy nervioso y no quería que se me notara.
— Si, demasiado rico, amiga— secundó Maggie Hale, amiga de mis padres y madre de los gemelos Hale. Su esposo, Vladimir, asintió a su comentario al igual que lo hicieron los Swan.
— Me alegra que les gustara— sonrió mi madre
— Y dime, nieta mía ¿Ya recibiste la respuesta de las universidades? — preguntó mi abuelo Diego, padre de mi papá.
— Si, fui aceptada en medicina en el "Imperial College" — sonrió mi hermana, orgullosa por su logro
— Eso es excelente, cariño— la felicitaron casi todos. Los únicos que no eran médicos en la comida eran mi madre y abuelos maternos, los Swan y la señora Hale, por lo que mi padre, su amigo y mis abuelos estaban felices de escuchar esas palabras.
— ¿Y tú, Bella? — preguntó la señora Hale a la hija de los amigos de mi madre
— Estudiaré en la misma universidad, pero enfermería. Luego me especializaré en pediatría como mi mamá— contestó y todos la felicitaron como a mi hermana.
— ¿Y tú, Jasper? — preguntó Reneé
— Historia. Haré lo mismo que Bella, luego me dedicaré a la pedagogía— explicó mi amigo y novio de mi hermana. Todos lo felicitaron y, a pesar del comentario de mi padre preguntándole por qué no medicina y su respuesta, guardaron silencio.
¡Perfecto, ahora vendría yo!
— ¿Y tú, hijo? No nos contaste que decían las cartas del otro día— agregó mi padre con una sonrisa, esperando mi respuesta
— Bueno, pues…— miré a todos los presentes y sabía que mi abuelo Eleazar ya conocía mi respuesta. Él era rector de la universidad de Cambridge y conocía como era todo esto.
— ¿Qué sucede, hijo? ¿Te apena decirnos que entraste a estudiar medicina como tu padre y hermana? — preguntó mi abuela Chelsea
— No es eso, abuela. Lo que pasa es que… No entré a medicina en ninguna universidad— todos quedaron impresionados por mi respuesta, no creían lo que escuchaban.
Se suponía que todos los Cullen entraban a estudiar medicina y yo era la primera excepción a la regla. Era la oveja negra de la familia desde ahora en adelante.
— ¿Qué? ¿Pero cómo es posible? — preguntó mi padre, aun sin salir de la impresión
— Eso, no fui aceptado en medicina. Todas decían que no cumplía con los requisitos mínimos, así que no me dejaban— contesté bebiendo un sorbo de mi zumo.
— ¿Y qué se supone que vas a hacer? No puede estar un año sin estudiar y hacer nada— exigió saber
— Pues si voy a estudiar, pero no medicina
— ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo? — preguntó molesto
— Así como lo escuchas. Fui aceptado en la Academia de artes de Londres con todo pagado, me dan beca completa— le conté
— No vas a estudiar artes— agregó y vi que todos guardaban silencio sabiendo lo que se avecinaba.
— Carlisle…— lo llamó mi madre, tratando de calmarlo
— ¡No, mi hijo no estudiará artes! — exclamó furibundo— ¿Me escuchaste, Edward? No vas a estudiar artes, no mientras yo viva
— ¿Y por qué no? Eso es lo que me gusta y no puedes prohibirme que estudie lo que yo quiero
— Claro que puedo porque soy tu padre y no voy a dejar que mi hijo sea un muerto de hambre que anda pintando por la vida o que anda haciendo jueguitos en las calles, aso sí que no— exclamó
— Pues voy a estudiar artes te guste o no, papá. De hecho ya firmé los papeles y ahora solo tengo que esperar a que empiecen las clases en septiembre— le conté… "Excelente, Edward, no puedes mantenerte en silencio"
— No puedes hacer eso, te lo prohíbo
— Ya lo hice— repetí
— Pues iremos ahora mismo a deshacer esa locura que cometiste— se levantó de su puesto y se acercó para cogerme por el brazo para salir del lugar, pero me solté antes de que diera un paso más
— Carlisle, por favor— le rogaba mi madre para que se calmara— Es el cumpleaños de tu hijo
— ¡Vamos Edward! — me gritó
— No, no iré. Yo no voy a dejarme llevar por lo que tú quieras papá. Odio la medicina y no voy a estudiarla solo porque a ti te parezca que es lo mejor para mí. Yo voy a estudiar artes y seguiré con el circo callejero, que es lo que me gusta hacer— le contesté
— ¡Tú vas a hacer lo que yo te mande! — me gritó nuevamente y me intentó coger nuevamente, pero me alejé— ¡Vamos Edward que se me agota la paciencia!
— ¿Hijo, por qué no nos calmamos y hablamos esto más tranquilos? — propuso mi abuelo Diego
— Aquí no hay nada que conversar, papá. Este niño se volvió loco y no voy a dejar que cometa esta locura. Antes se va de la casa— repitió
— No es una locura, papá. No porque vaya a hacer lo que me gusta significa que me volví loco. Yo no quiero estudiar medicina y vas a tener que aceptarlo. Voy a ser un artista te guste o no lo cambiará… No voy a ser un reprimido y amargado como tu ¡Eso nunca! — le grité y sentí su mano estamparse en mi mejilla. El sonido fue tan fuerte que creo que todos pudieron escucharlo y el ardor comenzó a aparecer de inmediato. De seguro mi mejilla estaba roja
— A mí no me vuelvas a levantar la voz— me reprendió bruscamente— Ahora vamos a ir a la universidad y arreglaremos este asunto
— Lo siento, pero no iré— le repetí sobándome la mejilla— Permiso, pero perdí las ganas de celebrar
Sin decir nada más comencé a subir las escaleras hasta mi cuarto y escuchaba los pasos de mi padre tras los míos, pero me encerré antes que él pudiera entrar y, como las llaves mías y las copias las tenía guardadas en mi cuarto, él no podía entrar.
Tomé una maleta y comencé a meter todo lo que necesitaba en esos momentos. Unas cuantas mudas de ropa, zapatos, útiles de aseo y, por supuesto, mis implementos de circo, mis fieles compañeros. No iba a permitir que mi padre dominara mi vida y si para lograrlo tenía que irme de mi casa, pues lo haría.
Y aquí estoy, en el "Green Park", haciendo una de las cosas que me gusta, demostrando mí arte y siendo feliz. Eso era lo que quería lograr.
Desde ese día que no he vuelto a dirigirle la palabra a mi padre, desde ese día que no sé nada de él.
Ese día salí de mi casa cuando mi abuelo se llevó a mi padre a dar una vuelta para que se calmara. Los amigos de mis padres se fueron al notar que las cosas no estaban bien y que necesitábamos estar solos como familia, dejando solo a mis hermanos y a mis abuelos con mi madre. Alice consolaba a Emmett que lloraba porque su cumpleaños se había arruinado y mi madre lloraba en la cocina por lo complicado de la situación y porque se sentía sobrepasada con todo esto. Sin pensarlo más salí en completo silencio hacia la calle Fulham en mi motocicleta sin rumbo. Escuché como me llamaban mis abuelos y mi madre y más tarde vi pasar el auto de mi padre con él y mi abuelo Diego en el interior, pero no me detuve y seguí a toda velocidad.
— Gracias, señor— me sonrió una pequeña niña de hermosos cabellos castaños y ojos del mismo tono al mismo tiempo que le entregaba una flor hecho con globos. Era hermosa
— De nada, pequeña— le sonreí ampliamente
— Ten, muchacho— dijo la madre de la pequeña tendiéndome un billete
— No se preocupe, señora. Tómelo como un regalo— le aclaré y ella, después de insistir, se rindió y me dijo que la próxima vez tendría que aceptárselo. Solo le sonreí y se fueron.
Comencé a coger todos mis implementos para poder irme a mi departamento a ordenar un poco las cosas y luego irme a la universidad para la clase de la tarde.
— ¡Edward! — escuché que me llamaban a lo lejos y, al voltearme, vi a mi hermano corriendo hacia donde estaba.
— ¡Emmett! — lo saludé y él llegó hasta donde yo estaba para abrazarme— ¿Cómo estas, enano? — le pregunté pasando mi mano por su cabello y revolviéndolo
— Bien— me sonrió
— ¿Y tu, hermano? — escuché ahora la voz de Alice, mi melliza, que venía caminando hacia donde yo estaba
— Bien, gracias ¿Qué hacen por acá? ¿No tienen clases? — inquirí
— No— me respondió mi hermano— Yo ya salí de vacaciones
— Y yo hoy siempre lo tengo libre— siguió mi hermana— ¿Tú?
— No, yo ya terminé— le respondí y ella me miró impresionada. En estos tres años había visto a mis abuelos, mi hermano cuando venía con alguno de ellos y a los amigos de mis padres, pero a estos y a mi hermana para nada— Ahora me dedico a ayudarles a los maestros con sus clases y a esto, lo que amo.
— ¿Y tú haces esas cosas? — preguntó mi hermana pero no entendí su pregunta— Eso… Malabares, magia…
—Eso y más, hermanita— le respondí
— Si, el hace trapecio, anda en zancos, cosas con globos, hace de todo— respondió mi hermano por mi
— Bueno chicos, me tengo que ir ya— les dije al ver la hora en mi celular. A lo mejor no era la última tecnología, pero servía para llamar y recibir llamadas y con eso me bastaba— Nos vemos.
Me despedí de mis hermanos y tomé mis cosas para irme. Sabía que ellos me estaban mirando atentamente, pero eso no me preocupaba para nada. La gran mayoría de las personas me miraban al pasar y es que uno no pasa desapercibido cuando andas de mimo por la vida.
Al llegar a mi departamento me cambié de ropa y me quité el maquillaje para prepararme para irme a realizar las clases.
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Hola nuevamente ¿Cómo están? Después de una ardua semana de papeleos les traigo el primer capítulo de esta historia ¿Les gustó? ¿Lo odiaron? ¿Les agrada cómo va la historia?
En el prólogo olvidé darle las gracias a mis dos amigas de fanfiction que me ayudan en cada una de mis historias y que me alientan a seguir cuando quedo sin imaginación. Ella son Jnnfrmrz y Sandryttaa y las quiero demasiado. Gracias por su apoyo y compañía.
También les agradezco a candy1928, Vanessa love me for ever, Liz Valenzuela y a Sun-e Kristal por dejar review y agregar a favoritos la semana pasada. Espero que les siga agradando la historia y me dejen saber que piensan.
Las adoro y nos estamos leyendo la próxima semana.
Miku_Cullen
