Los personajes de J.K.R. no me pertenecen, yo sólo los tomo prestado, porque estoy muy, muy aburrida.
Advertencia: La siguiente historia esta situada en universo alterno y puede contener un poco de OoC. Es de género incesto, por lo que si no te gusta el tema, ya puedes cerrar la ventana.
I
Había pasado media hora desde el episodio tan raro en donde su hermano, luego de haberla derrotado humillantemente en su vídeo juego favorito, le había pedido que lo dejara besarla, sin querer darle algún tipo de explicación razonable que le hiciera entender a ella, cómo es que a él se le había ocurrido semejante locura.
Hermione ahora se encontraba en su cuarto, pensando en esto mientras hacía rebotar una pelota de goma en contra una de las paredes de la habitación. Por más que quería olvidarse del asunto no podía, porque, si había algo que definía a Hermione, era que era muy curiosa. Sabía que no se quedaría tranquila hasta saber eso que su hermano no quiso decirle, por lo que guardó la pelota en uno de los bolsillos de su pantalón y salió de su cuarto, para dirigirse al de su hermano. Estaba segura que lo encontraría allí.
Tocó una sola vez la hoja de madera y escuchó un "Está abierto" desde de dentro. Hermione abrió la puerta completamente y se apoyó de espaldas en el marco, con una de sus piernas flexionadas hacia atrás.
Draco ni siquiera se había volteado a mirarla. Él estaba sentado en frente de su escritorio, dándole la espalda.
—¿Qué haces? —le preguntó no sabiendo qué más decirle. Ahora que estaba allí, se sentía estúpida. No era cómo si ella le fuera a volver a preguntar y él le contestaría así no más.
—La tarea. —contestó de manera escueta.
—Mmmm —murmuró ella cómo una idiota. Luego rodó los ojos y bufó—. Escucha, lo de decirle a mamá era mentira, ¿vale? —Bien, ese comienzo estaba bien porque se lo decía con sinceridad, y además había captado la atención de su hermano, que era lo que ella quería. Seguía sentado frente del escritorio, pero se giró para mirarla. Ahora lo difícil sería continuar.
Hermione miró al suelo y se frotó la frente a la vez que tragaba grueso. Se estaba poniendo nerviosa por le que su corazón comenzó a acelerarse... Pero ella no era una cobarde.
—Si aún quieres, haré lo que me pides —le dijo y volvió a mirarlo. Su hermano tenía expresión incrédula, su boca se había abierto pero no emitía palabra alguna, por lo que Hermione comenzó a sentirse incómoda—. Claro que si no quieres... Olvidalo. —Bufó, separándose del marco con intención de irse.
—¡Espera! —Draco se había puesto de pie en el acto, impidiéndole que se fuera, tomándola de uno de sus brazos—. Espera —le volvió a repetir—. Sí quiero.
Hermione asintió y Draco le soltó el brazo para que ella entrara ahora su cuarto. Él cerró la puerta cuando lo hizo, y la vio caminar hasta sentarse en donde él estaba segundos antes, sólo que al revés, es decir, la espalda de ella dando hacia el escritorio. Colocó los brazos entrelazados encima del respaldo de la silla, recostando su cabeza encima de ellos.
—Y bien, ¿cómo lo hacemos? —Hermione preguntó directa, aunque por dentro estaba que se moría de los nervios.
Draco se dirigió a la cama y se sentó.
—No sé, supongo que lo hacemos y ya, ¿no?
Hermione asintió, recibiendo la invitación tácita de su hermano para que sentara al lado de él. Se levantó de la silla y se sentó en la cama, pasando sus sudorosas manos varias veces por encima de sus muslos a la vez que respiraba profunda y sonoramente.
—Bien. —dijo, girando su cuerpo un poco, de tal manera que ahora miraba de frente a su hermano.
—Bien. —repitió Draco.
Los dos se miraron por unos segundos sin saber cuál de los dos tomaría la iniciativa. El problema fue que, cuando al fin se decidieron, ambos lo hicieron al mismo tiempo.
—¡Se supone que debías ladear la cabeza, boba! —la reprendió Draco a la vez que se sobaba la frente que, seguro que con la cabeza tan dura que tenía su hermana, le había hecho un chichón.
—¡Y por qué iba yo a saber nada, imbécil! —contraatacó ella, tambien sobándose la frente — . ¡Yo nunca he besado a nadie, en cambio tú... —la voz de Hermione se fue apagando conforme decía esto ultimo sin poder terminar la frase, al ver que su hermano se ruborizaba hasta la raíz de su rubio cabello. Y, de repente, la compresión llegó a ella de manera incrédula—. Mentira —soltó con una risa sin gracia que Draco mal interpretó.
—No te burles, ¿quieres? —Draco le dijo entre molesto e incomodo, viendo hacia un punto no específico de la habitación. Si había algo que no le gustaba, era que la gente se burlara de él, menos que lo hiciera una mocosa como su hermana.
A Hermione le dio ternura la expresión que tenía su hermano. Parecía un niño con la boca fruncida. Pocas veces lo había visto así de vulnerable, por no decir que nunca.
—No me burlo, tonto. —le aclaró a la vez que le alborotaba el cabello de manera juguetona, lo que a Draco no le dio gracia y la apartó de manotón.
—¿Entonces por qué te reías? —inquirió.
—Por pura incredulidad. Me cuesta creer que no has besado a nadie cuando todas las chicas del colegio no hacen más que babear por ti.
Draco asintió sonriendo socarrón, porque su hermana estaba en lo cierto.
—¿Por qué no has besado a nadie?
Borró la sonrisa y cuadró los hombros, adoptando una actitud defensiva ante la pregunta de su hermana, apunto de soltarle de mala manera que a ella qué le importaba. Pero al ver que ella estaba en plan de buena onda, que se lo preguntaba por lo curiosa que era -no para burlarse de él-, suspiró a la vez que se relajaba y se lo contó todo, aún así esperando la carcajada de ella por enterarse que él no era más que un cobarde y miedoso.
La carcajada nunca llegó y, para asombro de Draco, ella se mostró bastante comprensiva.
—Pero Draco, sólo tienes que esperar el momento indicado, hablar con la chica que te gusta. Estoy segura que ella lo comprenderá. Es más, hasta se pondrá contenta de que ella va ser tu primer beso, y hasta puede que ella tampoco haya besado nunca a nadie.
Draco se quedó pensativo, así como lo decía su hermana no sonaba tan mal. De hecho, era bastante lógico. Sonrió y suspiró aliviado, sintiendo como si se hubiese sacado un peso de encima. Aunque para ser justos, fue Hermione la que se lo quitó. ¿Quién iba a decir que su hermanita de trece años iba terminar dándole un buen consejo?
—En cambio yo si no tengo remedio...
Draco frunció las cejas, no comprendiendo lo que dijo su hermana. Aunque ella lo había dicho en un susurro, como si hubiera pensado en voz alta sin darse cuenta, pero Draco la escuchó y ahora era a él que le había picado la curiosidad.
—¿De qué hablas? —le preguntó a su hermana, causando que ella lo mirara con sorpresa ante su interrogante, puesto que, efectivamente, lo que dijo lo había hecho para ella misma.
—De nada. —contestó tajante, poniéndose de pie para irse, era claro que ella no tenía más nada que hacer allí. Pero Draco la jaló del brazo, haciendo que volviera a caer sentada en la cama.
—Tú no te vas hasta que me explique. Yo ya hablé, ahora te toca a ti.
Hermione miró a su hermano, que hablaba muy en serio, y bufó molesta con ella misma. ¿Quién la manda a ser tan bocaza? Abrió los ojos de nuevo, decidiendo decírselo de una buena vez, además, no iba a decirle algo que él no supiera ya, cuando él mismo se lo había insinuado.
—¿De qué más? Si tú bien sabes que yo nunca voy a tener la oportunidad de que alguien quiera besarme —le dijo sin mirarlo y de mala gana, su rostro poniéndose rojo y caliente de la vergüenza y la rabia que le daba aceptarlo en voz alta.
—¿Por qué dices eso?
Hermione volteó a ver a su hermano, creyendo que él le estaba gastando una broma, pero en su cara no se reflejaba más que la confusión. Soltó una risa seca y puso los ojos en blanco.
—No puedo creer que lo preguntes cuando tú mismo, que eres mi hermano, me miras y me tratas como si yo fuera un chico —se lo dijo con tono dolido y resentido, y Draco no pudo contradecirla porque ella tenía toda razón, lo que lo hacía sentir miserable.
—Y en parte sé que yo tengo la culpa. Mirame —Hermione se señaló a ella misma mientras se limpiaba bruscamente una lágrima que, rebelde, había escapado de sus ojos—: Me visto como un chico. Pero, ¿qué hago si no me gustan los vestidos, ni jugar a las muñecas, ni juntarme con esas niñas estúpidas que no saben hablar de otra cosas más que puras tonteras? ¿Qué hago si me gusta más el fútbol, el basket o jugar pelotica de goma?... ¡Dime Draco! —gritó fuera de sí, perdiendo hace rato la batalla por contener las lágrimas—. ¿Cómo alguien tan siquiera va a querer besarme, si el chico que me gusta nada más me ve como la persona genial que le consigue las figuritas que le hacen falta en su álbum?
Hermione bajó la cabeza, dejando que parte de su cabello le ocultara su rostro. En parte se sentía aliviada por haber sacado todo eso que tenía por dentro y no le había dicho a nadie; pero por la otra se sentía estúpida y avergonzada por andar llorando por un chico que no valía la pena.
—Él no vale la pena —Draco le dijo cómo si fuera el eco de su conciencia, mientras la tomaba por el mentón, animándola a que lo mirase—. Si ese chico no puede ver más allá de su tonto álbum de figuritas, es porque es un idiota y no merece que derrames ni una sola lágrima por él.
—Eso ya lo sé —le corroboró ella, impidiendo que él le limpiara las lágrimas—. Pero que pasa, Draco, si nunca nadie puede ver más en mí —Hermione lo miró como si él tuviera la respuesta, deseaba que él la tuviera, porque, si era sincera con ella misma, la principal razón por la que había ido a buscarlo, no fue tanto por la curiosidad de saber qué era lo que su hermano no le quería decir, sino por la oportunidad que él le había ofrecido de tener su primer y único beso. Hermione no estaba muy convencida de que en el futuro alguien la fuese a ver como una chica, y ella era demasiado orgullosa para cambiar su manera de ser sólo para que al fin ella le gustara alguien de verdad.
Draco quería decirle a Hermione que eso no pasaría, porque después de todo sí había alguien que veía que ella era más que una ropa y actitud de niño. Ella era una chica que tenía personalidad, carácter y fuerza; pero también era esa chica sensible que tenía al frente; esa que no se había burlado de él al confesarles sus miedos; y esa que le había dado el mejor de los consejos. Hermione era eso y mucho más, pero Draco no sólo quería decírselo con palabras..., quería también demostrárselos con hechos.
Draco tragó grueso al dirigir su mirada gris a los labios de Hermione, los que acababa de humedecer con su pequeña y rosada lengua, y supo que ese era el momento indicado, por lo que llevó una de sus manos al rostro de su hermana, y acercó el suyo lentamente, hasta que al fin unió su boca con la ella.
Hermione cerró los ojos, contrario a Draco que los mantenía abiertos, no queriendo dejar de mirar el hermoso rostro de su hermana, mientras que movía los labios encima de los de ella, para luego chuparselos suave y delicadamente, lo que hacía que Hermione soltara pequeños gemidos que animaban a Draco a continuar con el beso.
Draco cerró los ojos y se dejó llevar, deslizando la mano que tenía sobre la mejilla de su hermana hacia detrás de su cabeza, instándola a que ella se inclinara un poco, de modo que así él pudiera profundizar lo que había iniciado.
Hermione gimió sonoramente cuando la lengua de su hermano entró en contacto con la suya, lo que causó que Draco gimiera a su vez, comenzando a exitarse, por lo que supo que debía parar antes de que la situación se saliera de las manos.
Al separarse no pudo evitar comenzar a sentirse nervioso, y tampoco ayudaba que ella lo mirara de una forma que él no sabía cómo interpretar. Aparte que no le decía nada.
Draco carraspeó.
—¿Qué tal lo he hecho? —preguntó más por romper el silencio que por otra cosa.
—No lo sé... —respondió ella sin aliento, sincera. Porque de verdad no sabía; lo único que sabía era que no había sido suficiente. Que al separarse, su hermano le había dejado una sensación de vacío que ella moría por volver a llenar.
"¡Chicos, ya llegué!"
Lo que obviamente ya no sería en ese momento.
Gracias, flopymoon y Angie por leer y comentar. A mí también me gusta mucho el género incesto. Espero que lea haya gustado la conti.
Gracias también a los que agregaron la historia a alerta y favoritos, y a los que leen en silencio.
Nos leeemos luego, bay.
