Disclaimer: todavía no me he cambiado de identidad; sigo sin ser Rowling.
Las autoridades sanitarias recuerdan que dejar reviews NO es malo para la salud. Escribir unas cuantas palabras no produce lesiones en los dedos ni traumas psicológicos. O si no mirad todo lo que yo he escrito y aquí sigo, vivita y coleando.
¿Por qué empiezo así? Pues para ver si os convenzo de que dejar reviews es bueno para todo el mundo. Para mí, para vosotros, para el fict, para la humanidad en general… que 10 reviews para empezar no esté nada mal, pero si lo comparamos con el número de visitas la cosa decae un poco. Por cierto, las contestaciones a los reviews están en otro review que me dejo a mí misma.
Ahora sí, a leer el segundo capítulo en paz. Que lo disfrutéis.
Capítulo 2. Un desastroso día en la vida de Lily Evans
Cuando aquel lunes por la mañana, Lily Evans abrió un ojo, creyó que estaba soñando. Sin embargo, rápidamente llegó a la acertada conclusión de que aquello no era un sueño y su despertador se había quedado sin pila.
- Joder – murmuró la mujer semidormida, levantándose de la cama repentinamente.
Por muy tarde que llegara al trabajo, Lily no era persona sin una buena ducha. Pero cuando metió el pie de la bañera y se dio cuenta de que por alguna extraña razón, el calentador se había estropeado esa precisa mañana, la pelirroja desistió en su intento de ser persona.
A falta de la ducha, el segundo paso a seguir todas las mañanas era un café caliente y cargado, para despabilar. De nuevo, el propósito de Lily se vio truncado en cuanto abrió los armarios de la cocina. Nada. Vacíos. A su compañera de piso se le había olvidado (otra vez) hacer la compra.
El malhumor de Lily estaba alcanzando límites insospechados, pero comenzó a tornarse peligroso en cuanto se dio cuenta de que sus vaqueros preferidos, aquellos que se ponía cuando todo le salía mal, estaban en la lavadora. Y no era cuestión de inundar toda la cocina para recuperarlos.
Así que tarde, sin ducharse, sin desayunar y sin sus vaqueros favoritos, Lily salió de casa enfurruñada. O mejor dicho, cabreada.
- Los astros se han conjurado contra mí – se quejó Lily nada más cerrar la puerta del portal.
Pero contra todo pronóstico, a la joven le esperaba algo más. Algo mucho peor todo lo anterior. Algo con nombre, apellidos y una perfecta sonrisa que, por casualidades de la vida, acababa de chocar contra ella.
- ¡Evans!
Lily cesó en su empeño por recoger los papeles que, debido al choque, se habían desparramado por toda la acera y levantó sus ojos verdes hacia la persona que había hablado, rezando para estar equivocada.
- ¡Potter!
Pero por lo visto sus rezos no habían dado resultado. Delante de ella, su pesadilla escolar la miraba con cara de flipado.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó James Potter.
- ¿Pasear por la calle, quizás?
Cuando Lily no sabía qué decir, echaba mano de las malas contestaciones. Siempre había sido así. Y siempre sería así.
- No hace falta que seas tan borde – se molestó James.
- Y tú no hace falta que seas tan caballeroso – replicó ella, volviendo a su tarea de recoger los papeles que aún seguían en la acera.
James se dio cuenta de su error y se agachó rápidamente a ayudarla, aunque de poco sirvió su esfuerzo.
- Y… ¿qué es de tu vida, Evans?
Lo que le faltaba. Llegaba tarde al trabajo y a James Potter le daba por ser amable con ella. ¿Quién coño le había echado un mal de ojo?
- Si tuviera tiempo y no llegara tarde al trabajo te lo contaría, pero como comprenderás…
Lily no dijo nada más. Ni siquiera se despidió. Esquivando a James, comenzó a caminar lo más rápido que pudo sin volver la vista atrás.
Sin embargo y a pesar de poner todo su empeño en no volverse a mirar a James, la pelirroja no pudo evitar que su mente sí se empeñara en volver hacia él.
James Potter había sido, y tras este encontronazo seguía siendo para Lily un capullo algo más guapo de lo normal. Pero un capullo al fin y al cabo. De pequeña, siempre había sentido una inexplicable atracción por chivarse de James y sus amigos. No sabía exactamente porqué, pero le encantaba ver como castigaban al chico. Le encantaba verle fregar los baños del segundo piso y limpiar la sala de trofeos al modo muggle mientras ella le miraba con una sonrisa socarrona. Porque Lily no faltaba a ninguno de los castigos. Se sentaba allí, simplemente mirando a James trabajar.
Con el paso del tiempo, Lily había excluido a los profesores de ese particular hobbie para enfrentarse ella misma con James. Y le seguía encantando ver como la cara del moreno se contorsionaba a causa de la rabia y la impotencia en cuanto ella le enseñaba su insignia de prefecta. Simplemente disfrutaba con ello. Sabía que aquello era demasiado Slytherin, pero eso no evitaba que disfrutara fastidiándole.
Por su parte, James tampoco era un santo. Los primeros cursos en Hogwarts la había odiado casi más que ella a él. Pero ambos crecieron, y lo hicieron en todos los sentidos, cosa que a James no se le escapó. Y a Lily tampoco se le escapó que James se había dado cuenta de que ella también había crecido. A partir de entonces todo fue mucho más divertido. Lily casi disfrutaba más cuando James le pedía una cita y ella le rechazaba que cuando conseguía que le castigaran. Y tras un episodio de esos, el odio de James hacia ella volvía con renovadas fuerzas. Y todo era más divertido aún.
En ningún momento Lily consideró en serio la posibilidad de salir con James. Ni siquiera de salir de la sala común con James. Como he dicho antes, para ella James tan solo era un gilipollas algo más guapo que los demás.
- Menudo imbécil – pensó Lily en voz alta, borrando a James de su cabeza.
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Para la gran mayoría de los magos, el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas era uno de los más aburridos de todo el Ministerio. Pero para Lily, aquel trabajo era apasionante. Aunque claro, solo alguien como ella podía encontrar apasionante examinar hasta a saciedad a un hipogrifo desbocado para determinar su grado de peligrosidad.
- Llegas tarde, Lily – le informó la jefa de su departamento, Alice Wallace, en cuanto la joven entró por la puerta – Precisamente el día que más trabajo tenemos.
- Lo siento mucho, Alice – se disculpó la pelirroja dejando su bolso sobre la mesa y observando con horror la pila de papeles que le esperaban - ¿Y todo esto?
- Esto es todo lo que tienes que revisar hoy.
Alice salió del despacho, dejando a una Lily completamente desmoralizada. Si el día había comenzado mal, aquella cantidad ingente de papeles no ayudaría a mejorarlo.
Tres horas después, Lily necesitaba urgentemente café vía intravenosa para obligar a sus ojos a mantenerse abiertos.
- Hoy toca papeleo¿no? – interrumpió Katie, su siempre alegre y dicharachera compañera de trabajo.
Lily miró con envidia la sonrisa perenne que la joven mostraba las 24 horas del día, los 365 días del año: con ola invernal o sequía desastrosa, haciendo horas extras, examinando los dientes de una cobra venenosa, en el despacho de Alice Wallace recibiendo una de sus abominables broncas… no importaba dónde, cuándo, con y/o a quién y lo que es más importante, la previsión del tiempo para ese día. Katie siempre sonreía.
- Esta montaña a escala real del Everest es lo que Alice pretende que examine hoy – informó la pelirroja con tono aburrido – Pero ni con cinco litros de café creo que seré capaz.
- Pues tengo una buena noticia para ti.
Lily no se fió en absoluto de la afirmación de su compañera. Tenía la sospecha que para Katie, incluso el despido era una buena noticia.
- Alice me acababa de decir que tienes que irte urgentemente al condado de Kent. Northshire creo que se llama el pueblo. Al parecer una jauría de gusarajos desbocados se ha rebelado contra su dueña. Necesitan ayuda profesional.
Tras haber asimilado la información, Lily se preguntó si aquello en realidad era una buena noticia. Una jauría de gusarajos desbocados en rebelión no era el ejemplo exacto de una mañana de acción, empezando por que los gusarajos eran los animales más aburridos del mundo. No existían gusarajos desbocados, y menos revoltosos. Y bajo ningún concepto, se les podría calificar de jauría.
- ¿Estás segura de que no hay un error de vocabulario en lo que me acabas de explicar¿No querrías decir "atrapados" en lugar de "desbocados" o "con diarrea" en vez de "rebelados contra su dueña"?
Katie se encogió de hombros.
- Ya sé que suena muy raro, pero es lo que Alice me ha pedido que hagas.
Lily negó con la cabeza. Sus compañeros le decían que siempre se estaba quejando, pero… ¿cómo no iba a hacerlo? Con una jefa tan excéntrica como Alice lo raro sería no quejarse. Y por lo visto, todos sus compañeros eran unos raros y ella la única normal. En otras palabras, la única que se quejaba.
- ¿Alguna idea de cómo iré hasta allí? – preguntó la pelirroja, dispuesta a dejar sus quejas para otro momento.
Su compañera la miró como quien mira a un bicho de tres cabezas.
- Apareciéndote, por supuesto.
- ¿Apareciéndome? – la voz de Lily dejó traslucir una pequeña nota de pánico - ¿No hay ninguna escoba libre¿La red flu no está conectada? Si hace falta pido un taxi…
- ¿Un taxi? Northshire está a más de 100 km, Lily. La aparición es el método más rápido y seguro.
- Discrepo en lo segundo – murmuró Lily por lo bajo.
Katie se dio la vuelta para continuar con su trabajo, pero de repente se paró. No podía creer que Lily Evans…
- ¿Tienes algún problema con la aparición? – formuló Katie sus pensamientos en voz alta.
- Por supuesto que no – mintió Lily rápidamente.
La sonrisa confiada que esbozó la pelirroja fue prueba suficiente para Katie. Aunque no era muy difícil engañar a alguien que todavía creía en el ratoncito Pérez. Lily suspiró con alivio en cuanto su compañera se alejó.
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- Por supuesto que no – repitió Lily con retintín media hora después, entrando en la sala de Aparición – Con lo fácil que hubiera sido decir que tengo pánico a aparecerme…
Para Lily, solo había tres cosas en el mundo que podría calificar como hecatombe: quedarse sin crema anteojeras justo antes de una cita, encontrarse en la cocina por la mañana con uno de los ligues de su compañera de piso (lo cual le recordaba su desastrosa vida sexual-amorosa) y tener que aparecerse. Teniendo en cuenta que estaba a punto de ejecutar ésta última, el estado anímico de la pelirroja se podía resumir con una palabra: histerismo.
- Tú puedes hacerlo, tú puedes hacerlo – repetía la joven una y otra vez, tratando de autoconvencerse.
El origen del pánico de Lily a aparecerse se remontaba seis años atrás. En su época de estudiante, la pelirroja era la alumno modelo que lo hacía bien absolutamente todo. Sin embargo, en su último año en Hogwarts se encontró con la horma de su zapato: el examen de aparición. La imagen de su cuerpo sin brazos le había causado un profundo trauma. Desde entonces, y a pesar de haber aprobado el examen al tercer intento, Lily odiaba aparecerse.
- Tú puedes hacerlo, tú puedes hacerlo…
Lily cerró los ojos con fuerza y concentró cada célula de su cuerpo en lo que estaba a punto de hacer. Pensaba que aparecerse es como montar en bicileta, nunca se olvida. Pero al igual que al montar en bicicleta te puedes caer, apareciéndote te puedes dejar una mano en tierra… o dos brazos… incluso la cabeza.
- Eso no va a pasar – se reprochó a sí misma – Tú puedes hacerlo, tú puedes hacerlo…
De repente, Lily sintió un enorme vacío en el estómago. Un suave "plin" y la brisa azotándole en su cara. Abrió los ojos lentamente, con cautela, para encontrarse con una pradera verde.
- ¡Sí! – exclamó la mujer - ¡Sí¡Lo he conseguido!
Sin embargo, se sentía demasiado ligera. Fue al mirar hacia abajo y comprobar que se había dejado sus piernas en Londres, cuando se dio cuenta de que no le había salido tan bien como pensaba.
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Cuando Lily se encontraba desmoralizada, y aquel día su moral estaba bajo mínimos, sabía exactamente lo que hacer. Quedaba con sus dos mejores amigas para comer, se contaban sus penas y el saber que lo de las otras dos era aún peor que lo suyo, la hacía sentirse algo menos desgraciada.
- ¿Un mal día en el trabajo?
Lily levantó la vista de la carta del restaurante y la posó sobre una joven que llamaba la atención por dos cosas: su corta estatura y las gafas de montura cuadrada con diamantes incrustados que llevaba tan solo para resaltar sus ojos oscuros y que tenían toda la pinta de haber costado un pastón. Saltaba a la vista que Melibea Trelawney tenía más dinero del que jamás podría gastar.
- Últimamente todos los días son malos, pero hoy ha sido peor – se quejó la pelirroja.
Melibea tomó asiento con una sonrisa amable.
- Cuéntame qué desgracia ha ocurrido hoy. ¿Han maltratado a una babosa carnívora¿O han condenado injustamente a una serpiente con instintos homicidas?
Melibea, que ya sabía de las constantes quejas de Lily sobre el trato que se les daba a los animales en su departamento, intentó bromear para animar a su amiga.
- No exactamente – negó Lily – Pero tiene que ver con gusarajos desbocados.
- Gusarajo y desbocado son términos incompatibles – replicó una voz femenina a sus espaldas – Como inteligencia y militar.
Lily se dio la vuelta para saludar a su otra amiga, Sarah Smith. Alta, rubia, de ojos azul eléctrico y mirada severa, Sarah era todo lo contrario a Melibea. Y no solo por el físico.
- O como inteligencia y Melibea – añadió Sarah con una sonrisa maliciosa y taladrando a su amiga con sus ojos - ¿Ya te has vuelto a teñir el pelo?
- ¿No te gusta? – preguntó la aludida tomando un mechón de pelo, esta vez rojizo, entre sus manos.
- No me gusta tener a dos amigas pelirrojas – explicó Sarah – Ni tampoco que te gastes el dinero en tonterías.
Un dato a resaltar sobre Sarah es que era economista. La Bolsa, los tipos de interés y el precio del petróleo eran sus tres temas favoritos.
- Melibea tiene dinero para que ella y tres generaciones más gasten en tonterías – recordó Lily.
- Imagínate que estalla la tercera guerra mundial: una nueva crisis económica, el galeon se devalúa y la fortuna de Melibea sería una miseria – explicó la rubia apasionadamente; se notaba que la economía corría por sus venas - Da gracias que tuviera dinero para comer.
- Tú siempre tan optimista – murmuró Lily.
- Mientras estalla la tercera guerra mundial, podemos ocuparnos de otras tragedias – habló Melibea – Lily iba a contarme el mal día que ha tenido hoy.
- ¿Qué nueva desgracia nos vas a contar?
Si había algo en lo que Sarah y Melibea coincidían, era en lo catastrofista que era Lily en relación a su trabajo. No había día que la pelirroja no se quejara de algo.
- Me mandaron a un pueblecito en Kent a calmar una jauría de gusarajos desbocados. Me aparecí allí, pero me dejé medio cuerpo en Londres. Armé la de dios, tuvieron que venir hasta los innefables y me han retirado el permiso para aparecerme – resumió Lily demostrando esa capacidad de síntesis que dios le había dado.
- ¿Jauría de gusarapos desbocados? – se sorprendió Melibea.
- Sí. En Kent. Donde tuve que aparecerme. Donde solo conseguí que aparecieran mis piernas – repitió la joven.
Sus dos amigas soltaron una sonora carcajada.
- ¿Pero cómo eres tan desastre? – preguntó Melibea intentando calmarse.
- No soy tan desastre. Es algo que le pasa a todo el mundo – los ojos de Lily se posaron sobre Sarah quien, a diferencia de Melibea, no hacía nada por ocultar su risa - ¿Quieres dejar de reírte?
- Intentar aparecerse y solo conseguirlo con la mitad del cuerpo no es algo que le pase a todo el mundo – informó la rubia todavía esbozando una sonrisa burlona – Tan solo hay un caso entre un millón – Sarah entrecerró los ojos con malicia – Esta claro que ese caso eres tú.
Lily puso los ojos en blanco.
- Algún fallo debía tener, nadie es perfecto – intentó salir la pelirroja del aprieto – Ni siquiera tú, Sarah.
Como toda respuesta, la rubia acentúo aún más su sonrisa.
- ¿Y qué han hecho con tu permiso de aparición? – se interesó Melibea, tratando de desviar la conversación hacia un terreno menos movedizo.
Sin embargo, el intento de Melibea fue en vano. Sarah aprovechó la ocasión para sacar a flote su vena más picotera.
- Se lo habrán retirado, por supuesto. Lily con un permiso de aparición en sus manos es como una pequeña terrorista en potencia. Un peligro para la seguridad nacional.
- No es para tanto – se quejó la aludida, aunque una parte de ella sabía que Sarah no iba tan desencaminada. La aparición nunca había sido lo suyo – Además, hoy por la tarde me vuelvo a examinar.
- Dios nos pille confesados.
- Seguro que lo sacarás sin problemas – la animó Melibea antes de rectificar – Sin demasiados problemas, quiero decir.
Lily rogó por que su amiga tuviera razón. Si no conseguía de nuevo el permiso, ya podía darse por despedida en su trabajo.
- Por cierto, tengo algo importantísisisisisisimo que contaros.
Lily y Sarah cruzaron miradas escépticas ante el comentario de su amiga. Conocían de sobra las noticias "importantisisisisimas" de Melibea que solían ser del estilo "mirad que nueva túnica me ha comprado mi padre" o "ya he conocido a la prometida de mi hermano", por supuesto sin olvidar la noticia estrella…
- Ya he encontrado a mi Calisto.
O en otras palabras, la obsesión crónica de Melibea por encontrar a su hombre ideal al que, en honor a su propio nombre, siempre llamaba Calisto.
- ¿Y el afortunado es…? – preguntó Sarah con tono aburrido. No es que no le preocuparan las andanzas amorosas de su amiga, pero resultaba cansino que cada semana Melibea anunciara que ya había encontrado a su Calisto.
- Remus Lupin.
- ¿Lupin? – recuperó Lily el interés en la conversación - ¿El mismo Lupin que iba con nosotras a Hogwarts?
- El mismo – confirmó la joven con una radiante sonrisa.
- Decías que era un pobretón sin clase ni gusto – le recordó Sarah, súbitamente malhumorada.
- Y lo mantengo – aseguró Melibea sin borrar la sonrisa – Pero ahora es un pobretón sin clase ni gusto y un gran magnetismo animal.
Las otras dos resoplaron con desesperación. Y es que en ocasiones (y cuando digo ocasiones me refiero a los interminables monólogos de Melibea sobre los hombres en general y su Calisto en particular), la joven Trelawney podía llegar a ser más que exasperante.
- ¿Y se puede saber cómo has descubierto ese magnetismo animal hasta ahora oculto en Lupin? – fingió interesarse Sarah con tono aburrido – Hace años que no le ves.
- En realidad hace exactamente dos horas que no le veo. Él es el nuevo dependiente en la librería de mi padre.
- ¿Estás segura de que no era el único candidato? Dudo que le hayan cogido por sus habilidades.
- Trabajar como dependiente en una librería no es algo para lo que se necesiten muchas dotes – opinó Lily – Además, Lupin siempre fue de los mejores de la clase… a pesar de que era un merodeador – la pelirroja recordó entonces el encuentro fortuito de la mañana – Hablando de gilipollas egocéntricos, hoy vi a Potter.
- ¿Y qué tal está¿Tan guapo como siempre? – preguntó Melibea.
- Ya sabes que todo lo que tiene de guapo, lo tiene de gilipollas.
- No es Potter el que se lleva la palma – murmuró Sarah recobrando su postura malhumorada.
Lily y Melibea se miraron sin comentar nada al respecto. Sabían de sobra que la palabra merodeador en boca de la rubia era peor que una bomba en manos de Bin Laden.
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Cuando esa tarde Lily puso un pie en el Departamento de Transportes Mágicos, la pelirroja tan solo rogaba porque le tocara un buen examinador. El último que le habían asignado le había hecho repetir la prueba cinco veces antes de aprobarla, aunque Lily sospechaba que aquella manía persecutoria tenía bastante que ver con que el primer día de examen le había metido la varita en el ojo al examinador. Todavía recordaba como el viejo decrépito, con parche en el ojo incluido, le había dicho hasta cuatro veces que estaba suspendida, disfrutando y saboreando la fatídica palabra que tanto le gustaba repetir: "suspensa".
Lily confiaba en tener más suerte aquella vez. Y precisamente suerte era lo que necesitaba; si suspendía el examen, ya podía darse por despedida en su trabajo. Y si la despedían perdería su casa, su escoba y toda su ropa… menuda hecatombe.
- ¿Es aquí donde examinan para el permiso de aparición? – preguntó Lily.
Una mujer de mediana edad levantó con lentitud los ojos de una pila de papeles para posarlos sobre la pelirroja.
- Sí – contestó finalmente con voz monótona.
La mujer continuó perforando a Lily con sus ojos sin decir nada más.
- Eeehh… ¿empiezo ya?
- No – fue esta vez la respuesta de su interlocutora con el mismo tono aburrido.
De nuevo, Lily sintió la mirada de la mujer sobre ella, como si fueran rayos X.
- ¿Cuántos años tienes?
- 24.
Esta vez, la mujer se levantó de su silla y se paseó alrededor de Lily, como si en lugar de examinarla se estuviera preparando para confeccionarle un vestido por encargo.
- Tengo al examinador perfecto para ti – sentenció finalmente cesando su paseíllo y extendiendo el brazo – Por esa puerta.
Lily siguió la dirección que le marcaba la mujer, preguntándose el porqué de su extraña actitud. Sin embargo, todas sus dudas parecieron desaparecer cuando al entrar por la mencionada puerta, ante sus ojos apareció uno de los mejores ejemplos del espécimen masculino que sus ojos habían podido contemplar. Y a todas luces, ese milagro de la naturaleza era su examinador.
- ¿Vienes a examinarte? – preguntó el joven con una deslumbrante sonrisa.
Lily asintió, pensando que con alguien así, ella se examinaría y haría lo que hiciera falta. Como si había que hacer puenting con hilo dental, lo que fuera.
- Pasa por aquí – indicó el hombre sin quitarle ojo de encima a Lily - ¿Cuántos años tienes?
- ¿Depende de ello el resultado de mi examen?
- Por supuesto que no.
- 24.
El examinador sonrió ante el dato.
- Seguro que apruebas.
- ¿Por qué? – preguntó Lily empezando a calar al joven - ¿Por mis habilidades o por mi edad?
- Tus habilidades ya las podrás demostrar luego, cuando quedemos para tomar algo – aseguró él esbozando una sonrisa seductora.
Lily frunció el ceño ante tal declaración de intenciones.
- Demasiado guapo para no ser un cretino – murmuró la pelirroja en voz alta.
- ¿Cómo dices?
- Digo que si empezamos ya. No tengo toda la tarde.
El joven cambió su sonrisa seductora por una condescendiente antes de rebuscar algo entre un montón de papeles.
- Veamos… tu nombre es…
Y sin previo aviso, el rostro del examinador se congeló y perdió todo el color de repente, como si le acabaran de comunicar la peor noticia de su vida.
- ¿Lily Evans?
- Muy bien, además de ligar veo que también sabes leer – elogió Lily de manera burlona al tiempo que aplaudía – Ahora a ver si también sabes examinar.
- ¿No me conoces? – preguntó él pasando por alto el comentario socarrón de la pelirroja.
- No tengo el gusto.
- Soy Sirius Black.
Esta vez fue la pelirroja quien se quedó completamente blanca. Quiero decir, más blanca de lo que ya era por naturaleza. Abrió y cerró la boca varias veces, como un pez fuera del agua, sin saber exactamente qué decir.
- Lo mejor será ventilar esto lo más rápido posible – concluyó Sirius arrepintiéndose de haber tratado de ligar descaradamente con la joven.
- Totalmente de acuerdo – aprobó ella arrepintiéndose de haber calificado a Sirius como "milagro de la naturaleza". Para ella, más que un milagro, era un aborto de la naturaleza.
Y puede ser hasta aquel encontronazo con Sirius le trajera suerte a la pelirroja. Quizás por no quedar mal ante el joven o quizás porque tampoco era tan desastre apareciéndose como creía, Lily aprobó el examen a la primera.
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Tras un día agotador y como era de esperar, cuando Lily llegó a su casa no podía ni con el alma. Y no digamos ya con el culo. Lo único que deseaba era darse el baño caliente que por la mañana no había podido disfrutar, prepararse una taza de chocolate tamaño XXL (según ella, el mejor antidepresivo natural) y desparramarse en el sofá hasta el día siguiente. Seguro que ni pasaba por la cama.
Por suerte, con la primera parte de sus planes no encontró impedimento alguno. El calentador ya estaba arreglado y el agua salía del grifo casi ardiendo, como le gustaba a Lily.
Tras el baño reparador, Lily pudo comprobar con satisfacción que los armarios de la cocina estaban de nuevo llenos.
- Hoy sí que se ha portado bien – aprobó la joven haciendo referencia a su compañera de piso.
La velada tranquila se vio truncada por la programación de la televisión. Pero como Lily ya estaba demasiado acostumbrada a no ver más que programas del corazón, documentales aburridos sobre el ritual de apareamiento de las mantis religiosas y películas llenas de sangre y puñetazos, no le dio la más mínima importancia y optó por cerrar los ojos y dormir plácidamente, demasiado cansada como para arrastrase hasta su cama.
Sin embargo, su sueño se vio interrumpido a eso de las 2 de la madrugada por unos extraños ruidos que, de no ser por lo inocente que le seguía pareciendo su compañera de piso, Lily hubiera jurado que se trataban de gemidos.
Silenciosamente, la pelirroja se deslizó hasta la habitación de su compañera. Entreabrió la puerta lo suficiente como para ver dos figuras tendidas en la cama, dato que le confirmó que la joven con la que pagaba la renta a medias no era tan casta y pura como creía.
- Joder, qué bien se lo monta Linda – susurró Lily con admiración al tiempo que cerraba la puerta.
Sin darle más importancia al asunto, Lily volvió de nuevo al sofá ignorando las complicaciones que en un futuro le traería aquella noche loca de Linda.
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Esa misma noche, el matrimonio Edward y Alice Wallace mantenían una interesante conversación durante la cena.
- He oído que hoy has tenido un problemilla con alguien de tu departamento – comentó Edward dejando entrever una sonrisa burlona.
- Si por problemilla entiendes que tu departamento se vea envuelto en un caso de aparición fallida con inefables de por medio entonces sí, he tenido un problemilla – aceptó su mujer con irritación.
- ¿De quién se trata?
- Lily Evans.
Edward asintió, sabiendo lo que eso significaba. No era la primera y por lo visto no sería la última vez que su mujer regresaba de trabajar quejándose de su recién incorporación.
- Esa chica es insufrible – se quejó Alice – Lleva solo medio año trabajando conmigo, pero en seis meses ha alborotado más que todos los demás juntos en cinco años. Se queja de que maltratamos a los animales, de la poca seguridad, de lo sucios que están los baños… estoy segura de que si tuviera la oportunidad, se quejaría al mismo Ministro.
- Yo tengo a alguien parecido. Se llama James Potter.
- ¿Potter? – repitió su esposa - ¿Potter de…?
- Sí, de los Potter de toda la vida – confirmó Edward.
- Los Potter siempre han sido hombres de acción.
- Pero lo de James es demasiado – replicó el hombre – Lleva solo dos años y medio como auror y ya pretende que le ponga al frente de un destacamento. Está loco.
Alice se quedó en silencio durante unos segundos antes de esbozar una pequeña sonrisa. Edward se estremeció; a saber lo que se le acababa de ocurrir a la loca de su mujer.
- Tengo una idea – murmuró Alice, pasando a relatarle a su marido la inteligente maniobra que acababa de idear para librarse de sus problemas.
Antes de nada, aclarar unos cuantos puntos acerca del capítulo.
1. El nombre de Melibea viene por La Tragicomedia de Calisto y Melibea, mejor conocida como La Celestina. Por extensión, esto explicaría el porque Melibea trata de Calisto a todos sus amores platónicos.
2. La compañera de Lily es Linda, y el ligue de Linda es James. Cóctel explosivo.
3. Lo habéis adivinado. Sirius trabaja como examinador de aparición para ligar. Y sí, tiene la curiosa costumbre de aprobar a las chicas que aceptan una cita con él.
4. Edward (el jefe de James) y Alice (la jefa de Lily) están casados. Dato importante.
En el próximo capítulo comenzará la acción de verdad. Veremos la interesante idea que tiene preparada Alice y algún que otro encontronazo entre Lily y James (os prometo que adoro esos encontronazos). Además, conoceréis algún que otro dato importante sobre Sarah. Será dentro de dos semanas exactas una vez más.
Y ya que yo actualizo religiosamente, que menos que me dejéis vuestra opinión. Como he dicho al principio del capi, no es malo para la salud. Es más, es bueno para mi salud y para la vuestra.
Lo dicho, a portarse bien (traducción: dejar reviews) y hasta dentro de 15 días. Besotes.
bars9
