Ira
¿Sabes lo que es amar a una persona y aun así dar tu vida por ella?
Él, el era un chico problemático, todos a su alrededor le temían y a veces podía tener ataque repentinos de ira, nadie sabía la razón. Él era el tema de conversación en cada rincón de aquel instituto, pero no quedaba nada más que hacer que solo ignorarlos, ¡ellos eran unos idiotas! o al menos eso era lo que creía él. Él era un chico solitario y sin amigos, una vez tuvo una mascota y todos dicen que huyo por la razón de lo temible que era. Aquel chico, no practicaba la violencia por solo hacerlo un placer, no, el lo hacía solo porque quería proteger algo muy importante para él, algo prohibido e imposible.
—Hay viene—menciono una chica.
Como siempre los murmullos al entrar al instituto no podían faltar, el se sentía acosado, todos los profesores lo vigilaban perfectamente por si provocaba alguna pelea, siempre estaba malhumorado y eso era inevitable para él, pero en su interior sentía una tristeza muy grande, todas las mañanas al despertar su corazón dolía, dolía ser un chico solitario, ser aquel que todos temen, ¡No ser querido por nadie! Esa era su verdadera razón, el se preguntaba cada día de su vida….el porqué esta ahora de pie.
Paseando por el pasillo del instituto, esperando llegar tarde a la clase, empezó a llover. Rápidamente los pocos alumnos que seguían afuera fueron corriendo a sus aulas al notar su presencia. Muy solitario fue al patio para sentir la lluvia y se empapo completamente, y así noto que, el no era el único que se encontraba en ese lugar, alguien más lo hacía….y se encontraba llorando.
— ¡Vamos! Tenemos que ir a clases—decía una rubia jalando la mano de alguien que se encontraba sentado en aquel árbol— ¡Ya, basta de llorar!
Aquel chico de cabello azul se dirigió hacia aquel árbol, tenia curiosidad por saber quién era aquella persona, en pocas palabras él quería ayudar, ¡Tenia una reputación por arreglar! pero el mismo sabía perfectamente que al final no lo haría, su ira no se controlaría así como así y así era la verdad.
— ¡Erza, Jellal viene! Levántate y vámonos—advirtió la chica rubia y de ojos cafés muy nerviosa al ver al chico problemático venir hacia ellas— ¡Lo siento Erza!— y así huyo y dejo a su amiga en aquel árbol.
Aquella chica de cabello escarlata se encontraba acurrucada llorando, eso le partía el corazón ¡¿Ahora, quien la había hecho llorar?! Quien quiera que sea le rompería la cara hasta más no poder y le haría entender que con ella nadie jugaba. Solo ella...Solo ella podía encender esa ira en él y verla en aquel estado…. ¡Quería golpear a alguien!
Lentamente se puso a su altura y con su mano derecha quito su flequillo y toco su frente, ¡estaba ardiendo! Ella no hizo ningún movimiento, sabia sobre su presencia pero no reacciono como los demás lo hacían al verlo, eso era lo que le encantaba de ella, siempre tan valiente.
—Estas ardiendo—le dijo. El no expresaba ninguna expresión, pero por dentro, estaba muy preocupado.
—…...—pero por ningún motivo ella respondió.
—Dime ¿Qué paso?—pregunto el esperando una respuesta.
—Aléjate de mí—Le respondió con la cabeza en bajo.
—Bien—si, le dolía alejarse, pero esto simplemente no se quedaría así—Adiós.
Al salir de ahí, se dirigió a los sanitarios. Miro su rostro en el espejo, como siempre aterrorizante, busco una toalla para ella y salió de nuevo.
— ¿Supiste lo de Erza?—escucho decir a alguien mientras caminaba en los pasillos.
—No, dime—otra voz respondió.
Justamente aquellos dos chicos estaban un poco delante de él, ¿Por qué hablaban de ella? Esta era la oportunidad perfecta para Jellal, así que corrió hacia ellos y en pocos segundos, tenía amenazado a los dos chicos contra la pared, a cada uno los agarro por sus camisas, ellos solo suplicaban que los dejaran ir.
— ¿Saber que de Erza?—pregunto a los dos chicos.
— ¿Nos golpearas?—pregunto uno de ellos algo asustado.
—No si respondes—
—Su novio la engaño—respondió asustado.
Rápidamente Jellal soltó a los dos chicos y salió corriendo, ¡Era ese maldito! simplemente él no lo perdonaría, ¿Hacerle daño a Erza? Eso era imperdonable. Ganas de matar se aprovechaban de él, ¡nadie le haría daño a Erza! Ella era una buena chica, era inteligente, valiente, hermosa, había muchas palabras para describirla, pero ella no se merecía a un tipo así.
~JellalPov~
Entre rápidamente a la aula 5A y abrí la puerta con un golpe, el maestro se encontraba dando clases, todos miraron mi repentina llegada.
—Jellal ¿Se te ofrece algo?—pregunto el maestro al verme llegar.
No respondí. Mire a todos los lados, último asiento a la izquierda, al lado de la ventana, ¡ahí estaba ese Maldito! Me dirigí hacia él, algunos empezaron a temblar…
— ¡Tu, maldito!—lo agarre por la camisa.
— ¿Q-qué qui-quieres?—empezó a tartamudear.
— ¡Jellal para!—grito el maestro, todos los presentes empezaron a abandonar el aula.
—No te hagas el estúpido—lo empecé a golpear en la cara con todas mis fuerzas, definitivamente se la partiría ¿Cómo le pudo hacer eso a Erza? Ella lo amaba y el, solo la utilizaba, ¡El fue un estúpido al no saber lo que tenía!
Sentado en el frio piso de la dirección ya que no quería utilizar las sillas, yo esperaba al director, esta era la séptima vez en el mes que venía aquí, sabía lo que vendría, Llamarían a mis padres y luego me darían un supuesto castigo, pero eso no me importaba para nada, solo quería pensar en Erza y hundirme en su mundo.
— Jellal—escuche a alguien susurrar mientras abrían la puerta.
— ¿Erza?—pregunte al notar aquel hermoso cabello escarlata—
— ¿Eres un estúpido o qué?—se sentó a mi lado— ¡Siempre eras tú el que espantabas a todos mis novios!
—Lo hice porque te rompieron el corazón, me dolía verte así—respondí—
— ¿Tú lo harías?—
— ¿Hacer qué?—
—Lastimarme…—
—Ni en un millón de años…. —
—Entonces… ¿me amas?—agarro mi mano.
—Yo…..te protegería hasta que mi corazón dejara de latir, Erza.
—Entonces cúmplelo—Sonrió
— ¿Entonces puedo besarte?—
—Si—
Y en menos de segundos, nuestros labios se encontraron el uno al otro en una inmensa pasión, aquella chica que era algo imposible para mí, ahora me pertenecía, ella era solo mía y la protegería como cualquier cristal frágil, porque ella era mi tesoro.
—Te amo Erza...
