¡Buen día lectores! Gracias por acoger con tanto cariño el primer capitulo. A pesar de solo estar un día en linea recibió una grata bienvenida. Prometí no tardar, mañana empezaré una travesía en un viaje a otra ciudad pero me esmeraré por editar y compartir los siguientes capítulos de alguna manera.

En caso de no poder prometo compartirlos el Lunes 19 o Martes 20 que esté de vuelta.

Sin más que decir disfruten el capitulo.


—Akaashi, no puedes aspirar a mucho en la vida —decía un hombre de barba amplia y manos arrugadas mientras le arrebataba el balón de las manos. Los ojos del niño se tornaron vidriosos—¿Dedicarte al deporte? ¿Sabes lo que eso es? Pocos llegan lejos, fracasan irremediablemente. Para ser alguien importante y sobrevivir en el negocio debías empezar en centros deportivos ¡Y son endemoniadamente costosos! Empezar en las calles es una ilusión que te venden, las personas como nosotros no llegamos tan lejos…

El hombre azotó la puerta del cuarto dejando al jovencito con las manos vacías y los ojos acuosos. Akaashi arrancó los posters de sus ídolos de las paredes, lanzó las revistas al bote de basura y esos zapatos que habían sido un obsequio de su madre los observó por un largo rato, deseó tanto que ella estuviera ahí apoyándole pero la mujer había hecho su vida de nuevo y con mucho esfuerzo le llamaba una vez a la semana o cada dos semanas para saber si su primogénito seguía con vida, si comía bien, si iba bien en sus clases.

Akaashi mentía constantemente a su madre, de alguna forma se sentía responsable de las lágrimas que ella había derramado al atarse a un hombre como su padre por haber tenido ese desliz de media noche que dio como resultado su existencia. Sacó sus exámenes no aprobados del cajón, empezó a estudiarlos y corregirlos para la recuperación dispuesto a enorgullecer a esa mujer cuya vida seguro debía ir mejor ahora.

Para Akaashi eso era lo más importante, que ella estuviera bien aunque fuera lejos de casa y con una nueva familia.

"Seguramente yo un día encontraré mi felicidad como hizo ella" se repetía constantemente. Para Akaashi su madre había roto el esquema de mujer sumisa, de permitir que su padre pasara encima por sus deseos y él también quería ser así, quería jugar vóley y ser una estrella aunque su padre viviera diciendo que no era posible.

Pero para ello debía esforzarse y sacar mejores notas.

Sin embargo las cosas no mejoraron, sus notas fueron en picada pese a haber sido un chico muy aplicado y recordó estar fuera de la sala de dirección mientras su padre dentro recibía un discurso por parte de una directora preocupada por el desempeño del chico. Su padre salió del lugar, le regaló una mirada severa y en silencio fueron a casa. Akaashi no se sentía cómodo en ese lugar, tras arribar decidió hacer una mochila con cambio de ropa y buscar a su madre. Pantalones, camisas, ropa interior, lo que cupiera y escapar rápido. Mientras atravesaba el pasillo que daba a la salida se detuvo frente al estudio tras escuchar la voz de su padre.

—Llevas tres semanas sin llamarlo, es lo único que te pido…te necesita.—Akaashi se sintió curioso, se detuvo en el marco mientras la áspera voz del hombre empezaba a sonar entre una tos seca que hacia días había adoptado —Maya, por favor…no puedes seguir evadiéndolo ¡Es tu hijo!—los ojos del pelinegro se abrieron con sorpresa, sus padres hablaban de él pero estaba seguro que no quería escuchar más, supo que no podría buscarla a ella y apenas volvió a su pieza, lanzó la mochila se hizo ovillo en un rincón y sintió que no había un lugar en el mundo donde fuera recibido, no había un lugar en el universo al cual perteneciera.

Ya no valía la pena esmerarse tanto por nada. Su madre no le había llamado al teléfono y nunca más lo volvió a hacer.


Decaos

(Por Yisuscraist of Yaoi)

Esa mañana despertó entre una montaña innecesaria de cobijas, unas almohadas y una pijama un par de tallas más grandes de lo que debería portar. Le parecieron exagerados los cuidados del sujeto pero no mentía al decir que su casa era realmente fría. Akaashi se sentó en el tendido digiriendo un tanto la situación, de como una serie de eventos desafortunados habían cambiado su vida al punto de dormir en el piso de la sala de un apartamento de cierto chico de ojos dorados, sonrisas contagiosas y cabello de lo más raro.

Ayer Bokuto Koutaro, el bombero local con cierto talento para arreglar las maquinas de expresso a base de golpes, le había ofrecido hospedaje temporal mientras Akaashi se hacia de un empleo, una nueva casa y sobre todo mientras sus pies sanaban.

Por orgullo Akaashi se pudo haber negado rotundamente a la solicitud del hombre pero a esas alturas volver a la calle no era ni por cerca algo que deseara hacer, sus ganas de un techo, cobijo y comida eran más grandes que ese orgullo.

El apartamento de Bokuto quedaba en la segunda planta del café Europeo que habían visitado. Le había llevado hasta ahí cargándolo de nueva cuenta en su espalda pero al menos en esa ocasión nadie más que el chico de la barra les había visto.

La casa del más alto no era algo que presumir. La sala y el comedor estaban dentro de la misma pieza, tenia un cuarto donde apenas cabia la cama, un baño y una cocina más pequeños que los dos anteriores y un centro de lavado improvisado en el balcón, eso sin mencionar el caos que tenia por el suelo, la ropa regada entre los sillones y el montón de trastos en el lava platos.

Bokuto, apenas arribando, fue hacia su baño y sacó un botiquín para limpiar cambiar los vendajes y desinfectar las ya abiertas heridas. Akaashi solo soportaba el dolor mientras dirigía la vista a otro punto ¿Qué ganaba siendo tan amable? Pues su respuesta fue suficiente "Si no hiciera esto por ti me sentiría decepcionado de mi"

Era un bello pensamiento.

Así, pese a la insistencia de que usara la cama, al menos Akaashi pudo sostener un poco de su dignidad y dormir entre las cobijas del suelo puesto que los sillones no le daban confianza del todo. Estando ahí sentado, después de una cálida noche, se dispuso a fisgonear en secreto las cosas que el otro tenia y hasta donde sus orbes alcanzaran. Pudo deducir que era un hombre soltero, no había en ese lugar cuadros de fotografías así que seguro vivía solo, y no había, en apariencia, cosas de valor sentimental ni orden, solo un televisor de pantalla plana, un montón de discos, revistas y un bote de basura lleno de latas de soda.

—Vaya lío…—Akaashi repentinamente sintió esa alerta por lo que atareado suspiró y siendo incapaz de ponerse de pie no tuvo otra opción más que fijar la vista a la habitación del bombero, asegurarse de que aún estaba cerrada y que no había peligro, para después emprender un vergonzoso gateo por el suelo esquivando la ropa la basura, en general todo el caos.

Se sentía demasiado ridículo, todo porque sus plantas ardían y no podía hacer paso alguno sin sentir que le pinchaban fatal, ahora gatear era su única alternativa y estando cerca de su objetivo y alivio todo se vino abajo, Bokuto había salido de su habitación observándole con la sorpresa en el mirar, estático, mientras que Akaashi desde abajo le miraba con reproche y un rubor en los mofletes sentándose desganado para quitar la sugerente posición.

—Akaashi ¿Qué hacías?—el otro giró la vista a otro punto.

—Yo…necesito usar su baño…—articuló respetuoso para después contener el aire. Lo siguiente que escuchó fue a Bokuto abriendo la puerta mientras que el más bajo volvió a su ridículo gateo a expensas de que no se dejaría ayudar en esa clase de situación. Cerró la puerta arrodillándose y aun así quiso ahogarse con jabón cuando Bokuto habló al otro lado de la puerta.

—Si necesitas ayuda no dudes en hablarme.

Sabía que las intenciones del otro no eran raras o de temer pero aun así que lo dijera le producía un escalofrío atroz que lo mantuvo en silencio. Ni que decir que hacerlo sentado era aun más ridículo y que, en efecto, todo el proceso había sido un suplicio, sin embargo fue bien al final y sin daños colaterales.

Cuando se disponía a salir del baño abriendo la puerta Bokuto estaba ahí de pie con una toalla y ropa doblada en mano.

—Seguro querrás tomar una ducha…—el otro no pudo negar que así lo deseaba pero aquello tal vez sería más complejo que hacer lo suyo sobre todo por la parte de subir a la bañera. Aun así agradeció y tomó la ropa de las manos de Bokuto cerrando la puerta. Las dejó sobre el inodoro cerrado, empezó a desprenderse de sus vestimentas ansioso por quitar ese mal aroma que las calles habían dejado, y lavar su rostro modorro . Apenas se quitó sus ropas se enrolló con una pequeña toalla en la cintura y haciendo un esfuerzo sobrehumano intentó ponerse de rodillas para subir a la tina. Soportó el dolor de usar sus plantas unos momentos pero al final lo logró relajándose, quitando el vendaje, permitiendo que el agua le quitara la tensión.

Apenas momentos más tarde, cuando ya se sentía casi limpio, Bokuto tocó la puerta un par de veces tomándolo a la defensiva sin embargo no pudo negarle el acceso.

—Creo que una silla te servirá ahora…—dijo dejándola a lado de la tina para que se sentase en ella mientras se secaba, después de todo estarse arrastrando no era precisamente la mejor manera de hacer las cosas. Akaashi agradeció el gesto, Bokuto le observó un momento con una sonrisa enternecedora— ¿Ocupas ayuda para salir?

—¿Pero que dices?—dijo sonando altiva la ofensa en su tono de voz.

—Prometo no ver nada solo…déjame ayudarte.—Akaashi suspiró, se ajustó más la ya mojada toalla y solo hizo una seña para que le ayudase. Cuidadoso Bokuto le había tomado en brazos sin importarle cuanto se mojaran sus prendas depositándole en la silla.

—¿Estás acostumbrado a hacer estas cosas?—preguntó por la naturalidad con la que el otro actuaba.

—Mamá no podía caminar —dijo como si no fuera importante y sin embargo en su mirada había algo que Akaashi no podía describir.

—¿No podía? ¿Ella se recuperó?—Bokuto negó, Akaashi bajo la vista hacia esa toalla humedecida y como las gotas rodaban hasta sus heridos pies — lo lamento.

—Descuida…—Bokuto dejó cerca unos vendajes nuevos y lo necesario para curar sus heridas —pedí a Konoha algo para desayunar, hoy tendré que salir por mi trabajo pero quiero que vayas conmigo

—¿Uh?... pero solo estorbaré.

—Nada de eso, hoy estaré con Iwaizumi viendo lo que pasó sobre tu hogar y si te llevo puede ayudar con la investigación…supongo —susurró aquello último tallándose la barbilla para después dejar a Akaashi con una maraña de exclamaciones y dudas.

¿Qué cosa habrá pasado con su casa que tiene conmocionado a Bokuto? De ser una simple explosión de gas todos darían la vuelta a la hoja más sin embargo están investigando a profundidad que ocurre como si buscasen algo que tal vez ni ellos sepan que es. ¿Por qué el oficial Iwaizumi Hajime no le dijo que había alguien más en el lugar? ¿Quién era esa persona? ¿Acaso Bokuto le estaba ayudando solamente porque se sentía solo?

Salieron de casa tras un desayuno, Bokuto le había llevado en brazos hasta la camioneta donde se transportaba y acto seguido volvió al apartamento por un maletín que echó al asiento trasero.

—Nos quedamos sin servicio de lavandería así que nos obligan a traer nuestros uniformes a casa para lavarlos.—cuenta al azabache quien mira a la ventana observando las calles de la ciudad, esa que siempre estaba tan alejada de su casa.

—¿Sabes si estará ahí el otro chico?...

—No se nada de él después del incidente…

Y así la charla volvió a cortarse hasta llegar al camino empedrado que daba al terreno donde solía estar la casa del joven. Las cosas seguían igual, era desolado y vacío sin las plantas creciendo como si temieran a salir. El ambiente era denso, Bokuto bajó del vehículo y desde ahí se podía vislumbrar al oficial en medio de donde solía estar el comedor observando al cielo, en un punto incierto.

—Será difícil llevarte hasta allá así que le diré a Iwaizumi que venga ¿Bien?—dijo recargado desde la ventana del copiloto hacia Akaashi, este solo asintió.

Pronto Bokuto tomó camino deteniéndose a lado de Iwaizumi quien fumaba un cigarrillo con su mano en el bolsillo del pantalón como si se tratase de su mote. Akaashi se removió en el asiento y pronto sintió la mirada de la dupla encima de él seguido de una reprimenda notoria por parte del oficial, tal vez fue mala idea ir.

Akaashi buscó algo con que disimular que no les espiaba y abrió la guantera asustándose por el montón de papeles que cayeron de esta haciéndole entrar en pánico mientras a prisa los levantaba esperando no ser descubierto. Entre todas las cosas Akaashi vio algo plástico que parecía haber sido calcinado, como si se tratase de un vaso metido al horno y tardó tres segundos en descubrir que se trataba de su vaso, ese que sostuvo antes del incidente, mismo que empezó a reproducirse en su mente.

La noche había caído más los grillos no cantaban, ni una sola alma en las cercanías, solo la paz y la tranquilidad que al chico de ojos verdes le hacía recordar su fallida juventud, esos malos sentimientos de abandono. Bajó un poco su bebida cuando abrió con sorpresa los ojos al ver a alguien cruzar por su jardín delantero dando saltos estúpidos ¿Algún borracho? ¿Un ladrón? No lo sabia pero inconsciente lo enfrentaría de frente. Salió de su casa, aun con vaso en mano, y gritó sin descuido.

—¿Qué haces en este sitio?—el hombre le miró con una amplia sonrisa infantil.

—¡Esto será fenomenal!, ¡Sin precedentes!—estiraba los brazos al aire mientras esa bata blanca le cubría hasta más debajo de las rodillas. Su actitud, esa emoción, hacia de ese allanador un espécimen raro. Estuvo a punto de llamar a la policía pero a su mente vino la primer pregunta que debió hacer.

—¿Quién rayos eres?—su respuesta le sorprendió pero fue nada comparado con lo ocurrido después, un montón de luces danzaban por encima de ellos y poco a poco sintió su cuerpo arder, su casa fragmento a fragmento, como si se tratase de decoración de papel, era arrancada del suelo en partes. Las paredes caían de lado a lado, el viento silencioso hacia doblar los arboles y el vaso en su mano empezaba a doblarse mientras que Akaashi apretaba como podía los puños tensándose.

Después todo fue borrado, lo último que podía recordar era ese dolor horrible en su sien mientras la escena de su padre despidiéndose se hizo presente haciéndole llorar casi al instante, entonces se desvaneció.

—Akaashi…Akaashi—la voz del oficial le hizo salir del trance y levantó la vista hacia donde él estaba, justo en la ventana del copiloto donde Bokuto le hablaba hace un rato —¿Te sientes bien?

—Uh…si— mintió, la realidad es que la cabeza le dolía a horrores.

—Disculpa a Bokuto, es un idiota aunque me da gusto que te esté ayudando…—aclaró mientras que al fondo el ojidorado tenia un terrible puchero como si le hubiesen dado el regaño de su vida —No hay problema en que vengas, después de todo este lugar es tuyo, pero no quiero entorpecer la investigación.

—Oficial ¿Han descubierto algo?—cuestionó.

—Hasta ahora nada pero te tengo una buena noticia, recuperamos tu silla de ruedas —dijo intentando cambiar a prisa de tema—pueden ir a la estación a recogerla cuando gusten…

—Disculpe…¿Quien era la otra persona que estaba aquí?—Iwa abrió los ojos con sorpresa y giró la vista a Bokuto saliendo quien había hablado de ello. Iwa exhaló y recargó de nueva cuenta el brazo en el marco de la ventana.

—Era un fanático religioso…un sujeto que no está bien de la cabeza…

—No me dijeron nada sobre ello…—le examinó juzgador con la mirada, Iwaizumi ni se inmutó.

—Son hechos aislados, el hombre no tiene nada que ver con lo que pasó aquí…—Akaashi no creyó en sus palabras más sabría que insistir sería salir perdiendo.

—Él está bien?— Iwaizumi asintió.

—Está bien… —pronto su radio sonó captando su atención y contestó, era un llamado de un accidente automovilístico —voy para allá—cortó la comunicación y dirigió su vista a Akaashi—después te llamaremos, cuando recopilemos más información mientras tanto te dejo en manos de Bokuto, no es un mal hombre solo que a veces es ingenuo.

—¡Hey!—se quejó ofendido mientras el oficial se retiraba tras una corta despedida, el deber lo llamaba.

Volvieron a casa, o al menos eso intentaron pues tan pronto pusieron un pie en la cafetería Akaashi le pidió que le dejara en ese sitio.

—Prefiero estar aquí a estar encerrado sin nada que hacer allá arriba…—Konoha sonrió levantando un pulgar.

—Ve a trabajar, no te preocupes, yo le hecho un ojo —el rubio guiñó para vergüenza de la dupla, Bokuto por la insinuación, el otro por sentirse tan protegido y a su vez vulnerable.

—Volveré temprano….creo que esta despedida sobra—Akaashi asintió y solo se dedicó a desearle un buen día mientras grababa las palabras de Bokuto en un rincón de su mente.

Después de eso sintió algo en su palma, había mantenido cerrado su puño desde hace un gran rato que ya le entumía y al abrirlo se sorprendió de ver una pequeña bolita plástica. Su sorpresa fue interrumpida por el televisor, pasaban un accidente catastrófico de autos, uno encimado a otros y como alguien ayudaba a rescatar a todos sin despeinarse con simplemente tocar el cofre lo movía como si estos estuvieran adheridos a su piel y pesaran lo que una pluma.

—No sabemos de quien se trate pero esto es sorprendente ¿Estas grabando? —decía el sorprendido reportero mientras los carros cedían uno tras otro. El hombre vestido de blanco con un antifaz cubriéndole parte del rostro tenia un aspecto de lo mas caricaturesco e irreal.

—Me sorprende que los noticieros serios se presten para estas cosas — Konoha cambió el canal a uno de música donde sonaba una canción de moda que era por demás movida y que agradó a los jóvenes —es lo que está pegando, te hace sentir viejo ¿No?

Akaashi asintió en sus adentros pensando que, cuando tenia esa edad, jamás tuvo un gusto por la música o en las fiestas. Siempre fue un jugador frustrado de vóley. Guardó la pequeña bolita plástica de su mano en el bolsillo y se dirigió a Konoha.

—¿Me podrías ayudar?

—¿Necesitas ir al baño?—Akaashi le reprendió un poco con la mirada mientras se sostenía de la espalda del otro.

—Quiero ayudarte, ¿Me podrías dejar en una silla a lado del lava trastos?

—Ehh…no es necesario que hagas eso …Akaashi se sostuvo como pudo de la orilla del lavaplatos casi arrodillándose.

—No me gustaría estar solo sentado en ese sitio…—Konoha aproximó una silla y le ayudó a sentarse. Entendió un poco al joven, después de todo, aun cuando Bokuto pagara sus comidas, parecía ser esa clase de hombres que no le gustaba quedarse esperando a que dieran todo por él.

Pronto Akaashi se puso a ayudar en lo que podía sentado en esa silla mientras sus pies vendados rozaban el piso. Haber vivido solo con su padre y haberse hecho cargo de esas tareas era una ventaja pues hacia bien su parte ya sea por inercia o necesidad, dedicarse a las labores hogareñas le hacia sentir nuevamente en casa. Estuvo en ello, mientras iban y venían clientes, entre charlas cortas y pequeños aperitivos que se daba junto al rubio hasta que llegada la noche Bokuto había arribado al café exhausto con el uniforme hecho un lío y algo en mano.

—Bienvenido, Bokuto —le dijo alegre Konoha mientras ponía el letrero de cerrado y servía la cena en una de las mesas.

—Estoy muerto, unos niños incendiaron unos arboles de un parque por estar jugando y empezó a expandirse…

—Habiendo internet para entretenerse y optan por quemar arboles ¿Qué traes ahí?—señaló la silla mientras Akaashi estiraba el cuello desde la cocina saldando al recién llegado con la mano, silencioso, casi tímido.

—Es algo que Iwaizumi recuperó…—abrió la silla, Konoha se sorprendió.

—Era la de la tía, ah…que recuerdos…—Bokuto llevó la silla hasta donde Akaashi quien tenia la vista baja, apenado, triste.

—Mira quien está de vuelta….—dijo con tono infantil pero se preocupó al verlo así—¿Pasó algo?

—Esa silla era de su madre ¿No es así?...—Bokuto no respondió, era obvio que de eso trataba—yo la extravié y fui un descuidado con algo que valía mucho para ti.

—No digas eso y déjame ayudarte…—le carga en brazos depositándolo con cuidado, en ese instante Akaashi se siente aun más vulnerable, más pequeño.—una silla no es ni remotamente lo más importante que mamá dejó.

—Entonces, ¿Qué fue lo más importante?—preguntó genuinamente curioso, Bokuto amplió una gran sonrisa refrescante.

—Soy yo… así que debo cuidarme mucho…—Akaashi sintió que se quebraría metafóricamente en cualquier momento pues las palabras de Bokuto cayeron de lleno en un momento donde la herida del abandono aun dolía.

—No puede decir eso si es bombero…—contrarrestó el sentimiento con el sarcasmo.

—¡Akaashi!—gritoneó el mayor como niño pequeño ante las palabras del otro mientras Konoha al fondo reía.

Ahora era necesaria la ayuda de ambos para subir al apartamento pero al menos estando dentro del mismo, y tras los intentos de Bokuto de mantener despejado el piso (subiendo todo el desastre a los sillones, mesillas y demás muebles) el otro podría moverse por el mismo sin necesidad de gatear. Akaashi observó sus pies, deseó recuperarse por completo pero más que eso quería saber que fue lo que ocasionó todo aquello, ese giro en su vida.

—Sigo pensando que tantas cobijas es una exageración —dijo llegada la hora de dormir siendo apoyado por el otro para recostarse.

—Pero aquí es muy frío, se vuela el viento por las rendijas y brrr—Akaashi alzó una ceja mientras el otro se movía cómicamente —dulces sueños, Akaashi. Si necesitas algo no dudes en hablarme.

La luz fue apagada.

Ahí, donde solo el tic tac del reloj se escuchaba, el pelinegro miraba al techo ensimismado en sus pensamientos y en los acontecimientos de los últimos días, en todo ese misterio. Se sentó sobre su tendido y miró en la cercana mesa un vaso vacío, lo observó un rato concentrado sin resultado algún hasta que bajó la vista en un suspiro. Cuando volvió los ojos al mismo vaso este yacía en la orilla de la mesilla y pronto descendió estrepitoso al suelo tomándolo por sorpresa, Akaashi se sobresaltó, temeroso del ruido que el vaso pudiera hacer.

Pero apenas dos centímetros antes del suelo el vaso se había detenido y levitaba hasta silencioso terminar en el suelo…


Wow, Akaashi está sufriendo un cambio. ¡Cosas increíbles van a pasar! ¿Quien será ese sujeto misterioso? Nos leemos en el próximo capitulo.

-Yisus