Capítulo II. Que lo disfruten.

Muchas gracias a Goizmo por su review.

A la mañana siguiente y para sorpresa del mismo Rukawa, logró levantarse más temprano de lo habitual; todo con el único fin de ir a visitar al profesor Anzai, pues a pesar de que le había enviado numerosas cartas durante su estancia en Estados Unidos, no lo había visto en persona en más de dos años.

El día había amanecido nublado, así que se puso una chaqueta y abandonó su casa.

Se dirigía a casa del profesor Anzai, cuando de repente se escuchó un estruendo en el cielo, claro indicador de una tormenta que se aproximaba.

—Demonios —musitó, mirando al cielo gris.

A él no podía importarle menos la lluvia, pero era obvio que no se iba a presentar en casa del profesor Anzai completamente empapado. Buscó refugio en el techo más cercano, que resultó ser una parada de autobús. En cuestión de segundos se desató una lluvia torrencial.

Kaede se sentó en la banca con desgano, resignado a que tendría que esperar, y comenzó a contemplar la lluvia. Tras unos minutos de observar como las gotas caían sobre el asfalto incesantemente, se perdió en sus pensamientos.

En el lugar en el que ahora vivía, no llovía ni una tercera parte de lo que llovía en Kanagawa y en ese instante se dio cuenta de que eso era algo que echaba de menos.

Entre el rumor de la lluvia, Rukawa creyó escuchar el sonido de unos veloces pasos golpeando el pavimento mojado, aproximándose. De la nada, una chica apareció y se detuvo justo bajo ese lugar, seguramente también buscando refugiarse de la inclemente lluvia.

—Maldición —la oyó murmurar y eso lo sacó de su letargo. Volteó instintivamente en dirección de dónde provenía la voz y se sorprendió al descubrir a la persona de quien se trataba. Era Fuji, quien en ese momento estaba intentando secarse inútilmente con un pañuelo de tela. La chica, al sentir una mirada en ella, giró el cabeza, sólo para encontrarse con un par de ojos azul oscuro observándola.

Los ojos de Fuji se agrandaron involuntariamente al verlo. Los colores se le fueron al rostro y apartó la mirada inmediatamente, visiblemente apenada de que aquél muchacho la hubiera escuchado maldecir. Esto provocó una involuntaria y discreta, casi imperceptible sonrisa por parte de Rukawa, cosa que ella no notó.

Pasaron varios minutos y la lluvia no daba señales de querer detenerse. Fue hasta varias horas después que la lluvia finalmente cesó.

—Ha dejado de llover —anunció Fuji y se puso de pie, nuevamente sacando a Rukawa de su estupor—. Me dio gusto verte de nuevo —le dijo y le dirigió una amable sonrisa.

Rukawa también se puso de pie.

—Te acompañaré a tu casa —le dijo sin pensar. Fuji se le quedó viendo sorprendida, como si no pudiera creer lo que acababa de oír.

—No es necesario. Yo puedo irme sola —fue lo que atinó a responder la chica.

—Ya es tarde y podría ser peligroso —le dijo él, en un tono que daba entender que ése era el fin de la discusión.

—De acuerdo —accedió Fuji y corrió para darle alcance, pues Rukawa ya había comenzado a caminar.

Se fueron casi todo el camino en silencio, aunque Fuji le dirigía miradas curiosas de vez en cuando; se preguntaba por qué, si en realidad nunca habían sido cercanos, se había ofrecido a acompañarla a su casa.

Absolutamente todo lo que ella sabía sobre Kaede Rukawa era porque Haruko se había encargado de repetírselos hasta el cansancio a ella y a Matsui. Personalmente, a ella siempre le había parecido un chico muy frío y algo arrogante al que no le importaban nada ni nadie que no fuera el básquetbol, motivo por el cual encontraba la situación todavía más extraña.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo la chica con voz queda y dubitativa, poniendo fin al prolongado silencio. Rukawa no respondió y le dirigió a Fuji una mirada de soslayo, gesto que ella no supo bien cómo interpretar, así que lo tomó como un "sí"—. ¿Por qué te fuiste de Japón? —Rukawa pareció no entender la pregunta, así que ella decidió replantearla—. Mejor dicho, ¿por qué te fuiste de ese modo? Así, tan de repente. Sin decirle nada a nadie.

—¿Y por qué no había de hacerlo? Yo no tengo algo por lo cual quedarme en Kanagawa — le respondió Rukawa ásperamente. Su respuesta hizo que Fuji sintiera pena y tristeza por él, pues según sabía, el padre de Rukawa vivía en Kanagawa.

—Y entonces… ¿por qué volviste? —se aventuró a preguntar Fuji con timidez.

Rukawa se quedó sin palabras ante aquella pregunta. La verdad, eso era algo para lo que ni siquiera él tenía respuesta. No tenía idea de qué lo había llevado a regresar a Kanagawa después de tanto tiempo; simplemente un día, mientras estaba en Estados Unidos, la idea de volver comenzó a darle vueltas en la cabeza y continuó así por un tiempo hasta el punto de casi convertirse en una obsesión. Esto comenzó a interferir con sus actividades diarias, por lo que a él no le había quedado más remedio que hacer el viaje.

—No lo sé —respondió con franqueza.

—Ya veo —dijo Fuji con aire pensativo. Se dio cuenta de la inquietud que su pregunta produjo en Rukawa, así que trató de decir algo que aligerara el ambiente—. ¿No será que extrañabas Japón? —le dijo y levantó la vista al cielo estrellado con aire anhelante—. Yo nunca he ido a Estados Unidos, pero me imagino que las cosas son muy distintas por allá, así que sería normal que sintieras nostalgia.

Antes de que Rukawa pudiera decir algo, Fuji se detuvo y dijo:

—Muchas gracias por acompañarme a mi casa. Me dio mucho gusto encontrarme contigo —dicho esto, ella le sonrió con gentileza por segunda vez ese día y se alejó para entrar a su casa. Rukawa se quedó de pie por un momento, desconcertado; no se había dado cuenta en qué momento habían llegado hasta allí. Suspiró, se dio la vuelta y comenzó a caminar despreocupadamente, aunque en realidad había algo que ocupaba sus pensamientos, la pregunta de Fuji… ¿por qué había vuelto a Japón?

Espero que les haya gustado.

Por cierto, alguien sabe cuál es el nombre completo de Fuji. Lo he buscado por todos lados y no he dado con él.