Después de lo que pasó en los baños del cine, Naruto intentó ser amable con Sasuke vistiéndolo, y dándole pequeños besos por piel antes de ser cubierta por la prenda. Se molestó, le dio una patada que le hizo caer sentado. ¿Quién se cree que es ese tarado para estar tomándose tantas atenciones con él? Él era gay, le gustaba ser sumiso durante el sexo en ocasiones, pero otra cosa muy distinta es que crea que puede hacerle mimos después del sexo como si fuesen novios. La sola idea de ser novio de ese chico le desagradaba.
-Adiós, Naruto.
Sasuke quería alejarlo porque pensaba que, así, el rubio lo buscaría y se convertiría en su nueva mascota; ya necesitaba una nueva, Ino ya le estaba aburriendo, era demasiado fácil de manejar. Tal vez con Naruto sea diferente.
Pasaron varias semanas, era miércoles. Se podría decir que tenían algún tipo de "relación", como las personas que follan de vez en cuando sin ningún vínculo amoroso o como la relación entre un cliente enamorado que frecuenta una prostituta. Habían pasado de follar en lugares públicos por la excitación del momento y la emoción de verse- aunque Sasuke no lo admita- a planificar sus encuentros y hacerlo en la casa de Naruto. Y Naruto sentía que su vínculo en ocasiones superaba el simpe roce sexual, Sasuke aún no se daba cuenta, pero para cuando se diera cuenta sería tarde.
Ese día, Sasuke estaba libre, no tenía ninguna actividad ni asunto pendiente que atender con la compañía. Al joven modelo no le gustaba lo que hacía, le gustaba en el sentido que a cualquiera le agradaría ganar grandes cantidades de dinero por verse genial y ser idolatrado por miles de personas. Pero le cansaba eso de cuidar en extremo su cuerpo, las sesiones de hidratación de piel y mantenimiento de depilación, las largas horas de maquillaje y arreglos para pasar toda la tarde tomándose fotos en poses incómodas porque el inepto del fotógrafo quería algo mejor, las estúpidas dietas y rutinas diarias de ejercicio para poder mantener una figura ideal para que al final le critiquen diciéndole que no era suficiente, o que estaba muy gordo o muy flaco; y ni hablar de los dramas familiares por considerarlo un chico bonito de cabeza hueca. La verdad es que a veces sentía que no hacía nada más que prostituirse por medios más sutiles y aunque le excitaba un poco la idea, pese a las humillaciones que había sufrido a lo largo de su vida, tenía aún orgullo. Había decidido que dejaría su brillante carrera al cumplir la mayoría de edad, estudiaría en la mejor universidad del país- solo para demostrar a sus padres lo que puede llegar a ser- y se pasaría la vida gastando a lo grande todo el dinero que tenía ahorrado desde que empezó su carrera, cuando tenía apenas tres años.
El solo quería follar un rato, y olvidarse de todos sus problemas, casi como una necesidad.
Lo veía llegar a su departamento con dos bolsas de abarrotes. Si es menor de edad, ¿por qué vive solo?
Sabía a quién recurrir.
Sasuke estaba mirándolo atentamente desde el marco de la puerta de su departamento, quería que le dijera algo, que se le caiga la baba o que le pida, no, aún mejor, que le ruegue por repetir lo que siempre hacen. En su lugar, Naruto lo ignoró y abrió la puerta. Sasuke se irritó, y antes de que el rubio la cerrara la pateó y entró.
Esto no sorprendió para nada al otro, ya lo había visto y sabía qué era lo que quería. Definitivamente no le había quedado claro que él no sería la puta que gima.
Se apartó de la puerta y dejó las cosas que había comprado en la encimera, solo volteó y sonrió radiantemente a su invitado sorpresa.
- "Es tan lindo"- pensó por un segundo Sasuke- Hola, perdedor
- Sasuke- le saludó; quería ver hasta qué punto llegaba todo esto.
El aludido lo ignoró y se acercó a la mesa del comedor. Todo estaba en desorden, con restos de empaques de ramen y de cualquier otra comida chatarra que él jamás comería. Se apoyó en esta y comenzó a tocarse el cuello, había sido un día caluroso de inicios de octubre, así que solo usaba una camisa; sí, usaba, porque ya se la había quitado ante la atenta mirada de Naruto. Luego de la camisa, siguieron sus finos y holgados pantalones, cortesía de Hebi, sus zapatos y su ropa interior.
Naruto no decía nada, sabía que ese bastardo hacía eso para que él, como si fuese una de sus fans, caiga rendido a sus pies; pero le avergonzaba el hecho de no poder disimular las ganas que le tenía al verlo así.
Sasuke por su lado empezó a tocarse lentamente, se sentó en la mesa y comenzó a masturbarse mirando al otro con expresión arrogante. Se acariciaba el torso como delineando la forma de sus músculos, aunque aún no totalmente desarrollados debido a su edad, jugando con su ombligo y dirigiendo su mano lentamente hacia la zona en la que debería haber vello púbico, acariciándola, buscando transmitir su suavidad e invitando al otro a tocarlo. Su pene se estaba despertando, le excitaba mucho el estar completamente desnudo frente a Naruto, a su disposición. Comenzó a masturbarse. Colocó su otra mano más atrás, para darle mayor estabilidad y colocó su pie derecho sobre el vidrio, para darle una mejor vista. Cerró sus ojos y pensó en cómo se lo follaría eta vez. ¿Lo amarraría? ¿Sumergiría su cabeza en la tina de la ducha? ¿Se lo follaría frente a un espejo? Naruto siempre le sorprendía.
Fantaseaba con sus hermosos ojos azules y esa sonrisa tan tierna y tan salvaje.
Escuchó un suspiro.
Ya cayó, seguro ahora vendrá y querrá chupársela, le diría lo lindo que es su pene y hasta intentaría besuquearlo como la vez pasada…
-Bueno, hora del ramen- exclamó Naruto mirando a hacia las compras.
- ¿QUÉ?
Sus ojos destilaban veneno, eso le pasa por querer follar con perdedores. No sabía si Naruto era tan imbécil como para no darse cuenta de qué era lo que le insinuaba, o si era tan tarado como para creer que ignorándolo conseguiría su atención; o, incluso peor, tal vez el tarado sea él por no ir con los amigos de su hermano, como antes, para follar y dejarse de una vez de niñerías.
Iba a coger su ropa y largarse de ahí, con la peor de las vergüenzas entre sus piernas, al haberse masturbado y no haber sido satisfecho, cuando vio qué era lo que ese rubio comería.
- ¿Sabes? Lo que más odio son los tres minutos que tengo que esperar hasta que el ramen esté listo- dijo mientras se ponía a calentar agua en una jarra eléctrica, ignorándolo completamente.
Ramen instantáneo, bien decían que los rubio eran idiotas, pero Naruto se pasó.
-No puedo creer que comas esta porquería- se acercó aún desnudo a la cocina y se vistió con un ajado mandil de cocina, por simple costumbre al momento de cocinar, más que por pudor.
El no conocía de esta última palabra, hasta podría salir en el tema de apertura de una serie mundialmente famosa, desnudo, con serpientes tapando sus partes nobles y con expresión orgásmica, sin ningún problema.
-Déjame ver, ¿qué has comprado? No puedo creer que tu refrigerador esté casi vacío y tu alacena esté llena de estas mierdas… ¿De qué te ríes inepto? ¿Acaso mi culo te parece gracioso? Debe ser por esto que tu piel no es tersa y tus músculos son blandos. Los perdedores como tú no entienden de buena comida- exclamó mientras cogía los dos únicos tomates que había en el refrigerador y un solitario pepino que si no era consumido generaría nueva vida en su refrigerador. Sasuke iba a decir a decir "por eso es que no consigues buenos papeles" pero no quería que Naruto supiera que él, como adolescente ilusionada, ha estado averiguando de él.
Naruto dejó de reírse, era cierto, se había descuidado. En verdad se estaba deprimiendo, pero no quería pensar en eso ahora. Se apoyó en la pared y comenzó a reparar en su preciosa figura, debe de tomarle tiempo estar así de bien. Jamás llegaría a ningún lugar si seguía tragando ramen instantáneo. Miraba como picaba el tomate con destreza, como queriendo lucirse frente a él. Naruto desde pequeño había sido un chico hiperactivo, rara vez se quedaba quieto, siempre tenía algo que decir y que hacer, alguien a quien molestar con sus bromas y con metas claras dentro de su cabeza. Pero el culo de Sasuke, por segunda vez, lograba fascinarlo hasta dejarlo sin palabras. Esperaría hasta que termine con ese tomate para meterle un buen pepino.
Se acercó a él y lo abrazó por detrás.
-Sigue siendo igual de suave que siempre- le dijo frotándose por detrás contra él.
- ¿Siempre? No te creas tan importante, solo han sido unas cuantas veces. Mmh- gimió al sentir como manoseaba su torso y sus pezones por debajo del mandil.
-Me gusta cuando haces esa expresión - sonrió como si estuviese jugando con un juguete nuevo.
Sasuke soltó el cuchillo y se mordía los labios para no jadear al sentir como frotaba la erección contra su culo. ¿En qué momento se bajó el cierre?
-Continúa, quiero ver como el gran Sasuke Uchiha hace una ensalada de tomate. Hasta podrías tener tu propio programa de televisión, aunque las cámaras no enfocarían tu bonito trasero- de uno de los estantes sacó dos ganchos de ropa que usualmente son usados para cerrar los empaques abiertos y por encima de la tela del mandil los colocó sobre sus pezones.
-Ah, Naruto, sí…- gimió mientras buscaba al otro tomate, ni él mismo sabía si lo hacía como tabla de salvación ante el cúmulo de sensaciones que sentía o que estaba obedeciendo lo que decía ese rubio.
-Me pregunto cómo se llamaría- se preguntaba con su sonrisa zorruna característica- ¿"Las delicias de Sasuke"? No, muy explícito. Eres modelo de ropa, no de películas porno- se corregía como no estuviera metiendo su pene entre las piernas de ese chico.
-Ah, sí frótame así- hablaba débilmente. Miraba al tomate con culpabilidad, como un compañero que es traicionado u olvidado por otro.
- ¿Quieres que te meta mi pene, verdad, Sasuke? - más que una pregunta parecía una afirmación.
-Tú lo quieres también, solo hazlo ya y déjate de hacerte el dominante- volteó y le mostró esa sonrisa prepotente que Naruto anhelaba borrar de su rostro y cambiarla por una más… deliciosa.
-No, Sasuke- sentenció Naruto mientras cogía los brazos del joven de cabello negro, con una mano, y los colocaba detrás de su espalda, Sasuke pudo haberse librado, no era un debilucho, pero la verdad es que todo ese jueguito le encantaba- estás haciendo las cosas mal si crees que así te ganarás mi verga. Primero- retiró las cosas que estaban frente a Sasuke, con su otra mano, en la mesita de la cocina- pateas mi puerta y entras campante a mi departamento como si fueras dueño de casa- no lo decía molesto, más bien parecía estar recordándoselo como si le encantara evocar la imagen de ese Sasuke arrogante para así sentir más placer al domarlo-; segundo, tienes el descaro de masturbarte en la mesa del comedor, donde como- susurrando esta última palabra en el oído del otro-; tercero, no me dices nada por mi cumpleaños- el de cabello negro se sorprendió ante eso-; y, encima, lo peor, tienes la osadía de insultar mi ramen y cambiarlo por un par de tomates y un pepino. Pero, ¿sabes qué? No interferiré, si mi Sasuke ama los tomates y pepinos quien soy yo para decirle que no.
Naruto notó la expresión de desconcierto en los ojos color tinieblas.
-Sí, mío, cuando estés conmigo serás mío.
Sasuke iba a reclamar, pero sintió que lo que menos le debía importar en ese momento era de quién era o no, no quería quedarse ignorando como parte de la decoración una vez más.
El rubio cogió un tomate y empezó a lamerlo, ante la mirada soslayada del joven, para luego meterlo en la boca de este.
-No lo muerdas- le advirtió.
- "No iba a hacerlo"- pensó.
Lo dejó con el tomate en la boca y bajó hacia sus muslos. Empezó a dilatar su quejumbrosa entrada, entre los jadeos de Sasuke, y a sobar el bonito e imponente pene de su compañero, la verdad es que no le importaría que una cosa así de rica esté en su cuerpo, hasta se la podría chupar, pero hoy no, hoy se merecía un digno castigo.
Se levantó y lo observó; se veía tan tierno así de confundido, no entendía que era lo que Naruto planeaba.
Retiró el tomate ensalivado de su boca, rozando apropósito sus manos con los labios para luego besarlo castamente. Sasuke no podía con esas muestras de delicadeza por parte de él.
-Si la puta quiere su tomate tendrá su tomare- y le metió el tomate en el culo.
El tomate se estrujaba contra su esfínter, no sabía si estallar o hacerse espacio en su cuerpo. Sasuke se mordió los labios y abrió sus nalgas con las manos, tal vez así entraría mejor. Naruto le sonrió.
Finalmente, el tomate no aguantó la presión y derramó un líquido rojizo por el cuerpo del joven.
-Tal vez un grande y grueso pepino aguante más- concluyó mientras pasaba el pepino por la boca de su Sasuke como si fuese un cepillo de dientes, uno muy grande, que apenas cabía en su boca. Lo retiró y dándole él también una lamida lo introdujo luego de sacar el tomate.
Sasuke lanzó un gritito al sentir la temperatura de ese tomate recién sacado del refrigerador y se enfadó consigo mismo por haberlo hecho. Intentaba mantener su respiración constante pero no podía, se sentía raro, raro, pero bien. Sin embargo, quería algo más caliente en su cuerpo.
-Naru…to
- ¿Sí? - dijo mientras metía y sacaba la fría fruta del cuerpo del otro
-Méteme tu pene
Se entiende qué fue lo que pasó después.
Naruto estaba agitado después del sexo, por alguna razón el meterlo frutas en el culo a ese chico había sido divertido. Buscó al otro con la mirada, se había corrido adentro, tal como se lo había pedido y ahora veía su bonita y fibrosa espalda pálida. Lo abrazó por detrás y empezó a besar su cuello.
-Sasuke, cada día te pones más lindo, me encanta cuando te haces el difícil.
Sasuke no decía nada, se quedó quieto esperando a que el otro asumiera que se había quedado dormido, para que así lo deje en paz, y le permita irse; pero en lugar de detenerse continuaba, cada vez se ponía más dulce. Se sentía confundido, sentía como si Naruto estuviera burlándose de él. Un chico tan lindo y atento como Naruto jamás podría fijarse en él. Él sentía que Naruto solo hacía todo por sexo, que jamás sentiría cariño por él, pero… ¿Por qué habría de importarle si es que ese perdedor siente cariño por él?
Si se ponía a pensar, el único en quien sentía que podía confiar, por todos los cuidados que le había dado desde que tenía uso de razón, era en su hermano, Itachi. Sentía que él nunca lo traicionaría y que todos los demás eran una simple herramienta de sus deseos, y no se refería solo a sus deseos sexuales. Recordó la vez en que folló con un importante contacto para poder adquirir el título de modelo oficial de Hebi, Madara Uchiha. Sí, su propio tío, ambos lo sabían. El muy enfermo no tuvo reparos en follar con un adolescente de quince años, treinta menos de los que tenía él.
-Sé que estás despierto, deja de ignorar bastardo- dijo Naruto enfadado.
Se sintió culpable por estar pensando en ese degenerado cuando tenía a Naruto al lado y se volteó para verlo a la cara.
-Sasuke, me gustas mucho, en verdad, me gustas.
El aludido solo desvió la mirada, en verdad le había emocionado, solo que intentaba pensar en que Naruto lo decía para poder follar con él de nuevo y meterle todos los alimentos que quiera.
Naruto tomó la mano del otro y se quedó mirándolo, sabía que algo le pasaba a su gatito, algo le tenía preocupado. Y no sabía si ese sería el mejor momento para decirle lo que sentía.
-Quisiera estar contigo- le susurró mientras acariciaba su mejilla y los cabellos que se posaban sobre esta- eres el chico más lindo, bastardo, arrogante, y sexy que alguna vez conocí.
-Tú no me conoces- intentaba huir de las palabras del otro.
-Pero quiero conocerte más y estar a tu lado. Sé que hay algo que te preocupa y que estás solo, por eso quiero ayudarte.
-Naruto, solo hemos follado unas cuantas veces, no te lo tomes tan en serio- decía esto más para sí mismo, cayendo en cuenta que con el rubio había sentido más que con cualquier otro, y que con ninguno había follado más de dos veces, a lo mucho, y por insistencia del otro.
Naruto lo miraba fijamente como tratando de descifrar qué ocultaban esos ojos. Sentía como si lo conociese de antes.
-Vamos, bastardo, solo quiero pasar más tiempo contigo sin que ello implique meterte cosas por el culo, conocerte más- y colocó su frente sobre la de Sasuke- e intentar algo juntos.
Y entre palabras dulces, la promesa de comprar un set sadomasoquista para principiantes y el ofrecimiento del culo virgen de Naruto, Sasuke sintió que jamás podría perdonarse el rechazar a ese chico.
