¡Hola de nuevo! Siento el largo retraso pero estuve algo liada estas últimas semanas con tanto examen. Actualicé lo más pronto que pude
Muchas gracias a todos aquellos que me dejaron reviews en el primer capítulo. Ojala éste sea de vuestro agrado


2-Segunda Parte

Ichigo sentía que se había parado el tiempo...Pues las siguientes horas tras la escapada de Rukia se le habían hecho eternas. Para él, el reloj siempre marcaba la misma hora. Por si fuera poco, no pasaba más de un minuto (si es que el minuto llegaba a pasar alguna vez) en el que no se preguntara qué le podía haber pasado a la shinigami. Aunque a ojos de los demás se mostraba sereno e imperturbable, en su interior, su mente era un auténtico caos. Al extraño comportamiento de Rukia y el hecho de que ésta hubiera desaparecido, había que añadir el terrible sentimiento de culpabilidad que el muchacho sentía en aquellos momentos. Rukia estaba enferma y él se había comportado como un verdadero idiota. No debía haberle contestado de aquella manera...al fin y al cabo, solo quería sorprenderle. vaya si lo consiguió.

Ichigo recordó los momentos previos a aquella discusión. Rukia estaba recostada junto a él, observándole, con una gran sonrisa en sus labios. El corazón del joven se agitó. No podía olvidar el instante en el que abrió los ojos y la vio tan cerca...el momento en el que sus ojos se sumergieron en los de ella. Había sido tan solo un segundo...algo efímero...pero igualmente intenso.

Ichigo se encontraba inmerso en sus pensamientos, cuando algo le sacó de su ensimismamiento. Algo doloroso.

—Ichigo...¡¡Ichigo!!—exclamó Mizuiru, golpeándole en la cabeza.

— ¡Auch!—se quejó el pelirrojo—. ¿Qué demonios haces?

— ¿Cómo que qué hago?,¿Qué haces tú?—le respondió su amigo mostrándole su reloj—. Hace seis minutos que acabó la clase y tú sigues ahí, contemplando las musarañas.

Ichigo alzó la vista. El aula estaba completamente vacía, a excepción de él y de Mizuiru. Era la hora del almuerzo, con lo que tenía media hora de descanso, o media hora más de sufrimiento, depende de cómo se mire.

—Estaba pensando.

— ¿Pensabas en Kuchiki?—preguntó con una intención que iba más allá de la propia curiosidad. La tranquila expresión se Ichigo se tornó en una de irritación.

— ¿Qué te hace pensar eso?

—Después del numerito de esta mañana... ¿qué esperabas?

—Sólo estaba preocupado por ella. Es mi amiga—suspiró el muchacho.

— ¿Sólo tu amiga?—insistió—. ¿Sólo, sólo, sólo una amiga?

—Sólo—afirmó Ichigo algo impacientado. Mizuiru le miró con desconfianza, pues no se terminaba de creer que el shinigami únicamente sintiera amistad por ella. Sobre todo después de haber presenciado aquella escena. Antes de que pudiera replicar sobre aquello, una voz femenina les interrumpió.

—Hola—saludó tímidamente la chica—. Kurosaki, Kojima.

—¡¡Hiraoka!!—exclamó Mizuiru sorprendido—. ¿Qué haces aquí?

La joven se sonrojó y se acercó a ellos, cabizbaja. Fue entonces cuando Ichigo la reconoció: era la chica a la que salvó un par de semanas antes del ataque de un hollow. Era de baja estatura, un poco más alta que Rukia. El cabello, de color castaño y lacio, le caía en cascada sobre los hombros. En su mano derecha llevaba un paquete, envuelto cuidadosamente.

—Emiko, vaya eres tú—saludó Ichigo sonriente. Ella le devolvió la sonrisa, de nuevo con las mejillas enrojecidas—. ¿Qué ocurre?,¿Estás bien? —le preguntó preocupado. Ya había tenido suficiente con Rukia—. No te habrá perseguido un hol...quiero decir, no te pasó nada malo ¿verdad?

—Qué va, tranquilo. Venía a hablar contigo de otra cosa. Kojima... ¿nos disculpas?—le preguntó al susodicho, con cierta timidez. El muchacho captó enseguida la indirecta (que más bien fue directa) y se marchó de allí, no sin antes despedirse de Ichigo, al que dedicó una mirada cómplice acompañada de un susurro: "A por ella tigre".

— ¿Y a éste qué le pasa ahora?—pensó el shinigami, dejando escapar un leve suspiro. Una vez que el moreno abandonó la estancia, la muchacha cogió una silla y se sentó a su lado. Ichigo no comprendía nada, pero permaneció callado, esperando que Emiko comenzara a hablar.

—Bueno, ya estamos solos—Ichigo asintió mientras fruncía el ceño. Aquella situación no le gustaba nada—. Antes de nada quería agradecerte la ayuda que me prestaste el otro día. De no haber sido por ti, ahora mismo tendrían que hacerme un transplante de cabeza nuevo—dijo entre risas. Ichigo sonrió levemente.

—No fue nada. Simplemente pasaba por ahí, de camino hacia mi casa—explicó con toda naturalidad. La chica sonrió de nuevo.

—Igualmente, gracias—la joven suspiró y tras unos segundos, cogió aire y comenzó a hablar de nuevo—he venido aquí porque quería entregarte esto.

Emiko le mostró el paquete. Era rectangular, de pequeño tamaño, y estaba envuelto en papel de regalo con corazones. Aquello a Ichigo no le olía nada bien.

— ¿Qué es?

—Ábrelo—le instó Emiko. Con cuidado, abrió el paquete por un lateral, intentando no estropear mucho el envoltorio. Tal y como esperaba, era una caja, rectangular de color rojo y blanco. Ichigo la abrió, temiéndose lo peor...y acertó. El shinigami habría pagado lo que fuera por que alguien le sacara de allí.

Por mucho que lo intentara, no conseguía dejar de mirar el interior del regalo. Multitud de chocolates en forma de corazón rellenaban aquella caja. Entonces, un sudor frío le recorrió la nuca. ¿Qué debía de decir?,¿Qué sería lo más apropiado?

—Gracias—dijo tan solo.

La adolescente sonrió, mientras se acercaba un poco más a él.

— ¿Te gustan?

—Sí, tienen buena pinta...

—Mejor sabrán—dijo Emiko, acortando las distancias. Ichigo estaba totalmente paralizado. Era la primera vez que se encontraba en tales circunstancias— ¿Te gustaría compartir uno conmigo?—le preguntó con un tono sensual, a la vez que seguía acercándose a él.

Ichigo se quedó mudo, noqueado, petrificado. Aquella situación era demasiado extraña como para digerirla en tan pocos segundos. Una chica de su instituto, le había regalado chocolates a él...a Kurosaki Ichigo. Y no sólo eso, además le estaba pidiendo compartirlos con ella y se le estaba acercando lentamente...mientras le susurraba con dulzura y le acariciaba el muslo con suavidad...

—Un momento... ¿qué coño está haciendo?—pensó el muchacho atónito, rojo como un tomate. Como un acto reflejo, Ichigo se levantó de un salto y dio un paso hacia atrás, alejándose de la chica. Ésta le miró extrañada.

— ¿Qué te ocurre Kurosaki-kun?,¿No te gusta el chocolate?—la falda de la chica estaba ligeramente subida, enseñando más de lo que debería. Ella sonrió, haciendo ver que aquella prenda no estaba así por casualidad.

—A mi n-nada—titubeó el shinigami. "Qué es lo que te pasa a ti" fue lo que se le pasó por la cabeza. Rápidamente intentó excusarse—. Verás es que...

¿Cómo se le dice a una chica "no quiero nada contigo" sin herirla? Ichigo no encontraba la respuesta. La verdad es que no la conocía muy bien, y aunque parecía una chica muy simpática, no era alguien a quien le tuviera un cariño especial. Y después de ese acercamiento tan incómodo menos aún. Tampoco pasaría nada por negarse a aquella proposición, no era algo tan grave. ¿Verdad?

— ¿No te gusto?,¿Es eso?—preguntó la muchacha dejando caer un torrente de lágrimas. Ichigo se preguntó de dónde las había sacado—. Tenía que haberlo supuesto. Cómo una chica como yo podría llegar a tenerte...Qué desgracia más grande... ¿Cómo podré superarlo?.¡¡Kurosaki-kun!!—lloró desconsoladamente.

Ichigo no sabía qué hacer. Era capaz de matar hollows y rebanarles como si cortara pan. Era capaz de enfrentarse a toda una horda de shinigamis él sólo y ni siquiera temblar. Era capaz de plantarle cara incluso a su hollow interior...Pero había algo contra lo que no podía hacer nada, y eso era ver a una chica llorar. Simplemente no podía. Era superior a él. Incluso aunque la muchacha en cuestión estuviera a punto de tocarle sus partes íntimas.

—N-no es eso...Venga no llores—le pidió mientras le ponía ambas manos sobre sus hombros—no es nada de eso. Es sólo que...

— ¿Qué?. ¿Qué ocurre Kurosaki-kun?—sollozó.

Ichigo sabía que tenía que salir de allí antes de empeorar la situación, así que mientas improvisaba una excusa, comenzó a recoger y a meter todas sus cosas en la mochila. La joven le miró extrañada.

—Es que ahora tengo una cosa muy importante que hacer, y no puedo quedarme. Dejamos esta conversación para más tarde,¿te parece?

— ¿Eh?

—Urgencia familiar...Mi padre ha tenido un pequeño accidente y no se encuentra bien, así que he de ir a ver como está. Espero que lo entiendas—le explicó Ichigo intentando parecer lo más convincente posible. Aunque después de todo, tampoco era algo alejado de la realidad. Raro era el día que su padre no acababa golpeándose con algo—Muchas gracias por los chocolates Emiko, es un gran detalle—consiguió decir con una media sonrisa—. Nos vemos más tarde. Hasta luego.

La muchacha iba a contestarle, pero era demasiado tarde...Cuando se dio la vuelta, Ichigo ya se había ido.

—Qué rapidez.

Ichigo desapareció como alma que lleva el diablo. La verdad es que quitando todo el riesgo que ello conlleva, ser shinigami tampoco era tan malo.
Aún con el corazón oprimido debido a aquella incómoda situación, decidió que sería buena idea irse a casa, y así poder relajarse. Después de todo, las dos clases que quedaban no eran sus favoritas y quería ir a ver a Rukia cuanto antes para saber qué le había ocurrido.

—Tonta—pensó mientras recordaba el pálido rostro de su amiga.

El joven siguió caminando anegado en sus pensamientos, teñidos en gran parte de preocupación y culpabilidad. Debía darse prisa para comprobar que todo estaba en orden. Si algo le hubiera ocurrido a Rukia, Byakuya le mataría. Ichigo se estremeció de solo pensarlo... Aquella gélida mirada realmente inspiraba temor.

Una vez llegó a casa, lo primero que hizo fue mirar el correo. Desganado y sin mostrar mucho interés, sacó el contenido del buzón. No había nada importante, un par de facturas y algunos panfletos publicitarios. Sin embargo uno de ellos, de color rojo, llamó su atención. Ichigo plegó el folleto y lo leyó por encima.

—Especial San Valentín...rebajas en todas las tiendas...Sorprenda a su pareja y llévela a la feria del amor...Acuda a los Grandes Almacenes Karakura.

Bajo las grandes letras y adornando el anuncio, se encontraba un pequeño dibujo de un conejito blanco rodeado de corazones y estrellas de colores.

— ¿Rukia es publicista?


La pequeña shinigami alzó la vista al oír su nombre. ¿Quién la llamaba? Aquella voz le resultaba terriblemente familiar.

— ¡Kuchiki¡Aquí abajo!

— ¡Yoruichi!—exclamó al ver al pequeño gato negro bajo el árbol—. ¿Qué haces aquí?

—Pasar el rato, cazar ratones...ya sabes. Además, Kisuke estaba especialmente irritante esta mañana. ¿Y tú?.¿No se supone que deberías estar con el zoquete de Ichigo en clase?—preguntó mientras alcanzaba a Rukia en las alturas.

—No me encontraba muy bien y decidí irme—explicó a media voz, mientras se recogía las piernas con sus brazos. Sólo con oír aquel nombre no pudo evitar estremecerse. Yoruichi la observó detenidamente, con cierto aire de preocupación.

— ¿Estás bien Kuchiki-san?

—Claro, no te preocupes. Estoy bien—le aseguró con una sonrisa forzada.

— ¿Por qué no me lo cuentas y así acabamos antes? No tienes buen aspecto.

—No hay nada que contar...De verdad, me siento bien.

Yoruichi decidió no insistir más. Permanecieron unos minutos en silencio, hasta que Rukia, movida por la curiosidad y como queriendo buscar una respuesta para sí misma, lo rompió.

—Yoruichi-san tú...alguna vez... ¿alguna vez has estado enamorada?—preguntó tímidamente la shinigami. Yoruichi la miró extrañada. ¿A qué venía aquella pregunta? Rukia suspiró—. No me hagas mucho caso. No tienes por qué decirme nada. De todas formas...

—Sí, alguna vez—admitió con voz ronca, cortándola—. ¿Por qué lo preguntas?

—Simple curiosidad. No sé, me es difícil imaginar a alguien como tú enamorada.

— ¿Por qué dices eso?—bufó molesta—. ¿Acaso no te parezco lo suficientemente atractiva e inteligente como para que alguien muestre interés por mi?. ¿Acaso piensas que no soy capaz de amar?.¿Me ves como una solterona sin remedio?

—No, no. No quise decir eso—se apresuró a decir Rukia, nada más ver cómo el pelaje azabache del felino se erizaba—. Es sólo que...Siendo lo que has sido, siendo lo que eres, tampoco es fácil imaginarte en esa faceta. Siempre me has parecido una mujer independiente y autosuficiene.

—Porque en parte soy así, pero eso no quiere decir que no posea mis propios sentimientos. Lo que pasa es que no soy muy abierta para estas cosas, ni voy gritando a los cuatro vientos qué es lo que me ronda por la cabeza—explicó Yoruichi—. Aun así nunca me ha importado demostrar que alguien en verdad me importa. Me preguntas que si me he enamorado alguna vez...Sí, lo he hecho. Y he de decir que no me arrepiento. Es un sentimiento que merece la pena llegar a conocer—murmuró entrecerrando los ojos—. De todas formas, no siempre ha sido todo un camino de rosas...También sufres...Quizás por ello me alegro de ser como soy, independiente como tú dices. Si fuera de otra forma, acabaría como las pobres chiquillas adolescentes de hoy en día. Llorando por los rincones. Supongo que no existe animal que se asemeje más a mi que el gato que ahora mismo ves frente a ti.

Rukia sonrió. Sentía cierto interés por la vida de la Diosa de la Velocidad...y tras aquella respuesta, le hubiera gustado saber quién fue la persona que fue capaz de cautivarla.

— ¿Qué es lo que pasó?,¿Cómo supiste que era tan especial para ti?

—Eso es muy fácil. —Yoruichi dejó escapar una pequeña carcajada—. En cada persona los sentimientos se manifiestan de una manera diferente. Hay quien siente un revoloteo en el estómago, quién no para de pensar en esa persona, quien se sonroja hasta límites insospechados...Yo nunca he sido de hacer ninguna de esas cosas. La verdad es que he de admitir que lo llevaba bastante bien. Creo que la única que supo lo que de verdad sentía era yo misma—admitió divertida—No es difícil averiguarlo. Simplemente, lo sabes. Aunque para tus adentros lo niegues una, y otra y otra vez. Pero sabes que en el fondo es verdad. Yo sabía que esa persona era realmente importante porque cuando la miraba a los ojos, era como estar en un universo paralelo, aislado de todo y todos. Porque podía estar conversando horas y horas, sobre cualquier cosa, y no cansarme. Porque deseaba que los momentos que pasábamos juntos, no acabaran nunca. Son el tipo de cosas que no se te pasan por la cabeza cuando estás con los demás. Es...diferente. Sentía cosas que no sentía cuando me encontraba con otras personas. Incluso aunque éstas contaran con mi cariño y fueran de mi círculo más cercano. Son sentimientos que no se te plantean en situaciones que compartes con otros.
En un principio lo único que nos unía era la amistad. No recuerdo que ocurriera ningún hecho importante que cambiara la relación que manteníamos. Lo único que sé, es que poco a poco se hizo más importante para mí...Se convirtió en un pilar en mi vida, alguien imprescindible.

— ¿Cómo acabó?—quiso saber. La shinigami se sorprendió al oírse pronunciando aquellas palabras. Realmente su larga estancia en el mundo humano la estaba afectando. Dentro de poco acabaría siendo una cotilla en potencia.

—No acabó, simplemente nunca comenzó—murmuró Yoruichi con gesto pensativo.

— ¿Por qué?

—Es extraño¿no crees? Enfrentarte a innumerables peligros...sobrevivir a situaciones que jamás creerías que conseguirías superar...sortear una y otra vez las pruebas que se presentan ante ti, impidiendo que sigas adelante...Para que llegado el momento, no seas capaz de enfrentarte a algo así—Yoruichi elevó levemente su rostro, clavando sus ojos en los de la shinigami—Nunca me atreví a dar el siguiente paso, siempre me quedé uno atrás, esperando que con ello, algún día la otra persona cruzara la línea. Pero por mucho que esperé, aquello nunca ocurrió. Muchas veces me arrepiento de no haberlo hecho en su momento…Ya que ahora, probablemente no sirva de nada.

Rukia permaneció unos segundos cabizbaja tras aquella respuesta, lidiando contra aquella sensación que llevaba atormentándola todo el día y que tras aquellas palabras, volvió a resurgir.

— ¿Quieres un consejo, Kuchiki? El día que veas la línea, crúzala. Quizás luego te des cuenta de que no fue lo más apropiado, que no debiste haberlo hecho. Quizás lo único que obtengas como recompensa sean unas simples palabras de compasión. Pero al menos, tuviste el valor de enfrentarte a ello. Ya sabes lo que dicen, es peor lamentarse sobre lo que uno no ha hecho...que de lo que ha hecho—Yoruichi calló unos segundos, observando a la pequeña shinigami, que aún aguardaba en silencio—Perdona, no debería haberte dicho estas cosas...A veces me pongo algo melancólica, lo siento—se disculpó con una amplia sonrisa.

La morena alzó la vista y negó con la cabeza.

—Para nada, perdóname tú...Fue una indiscreción por mi parte. De todas formas, gracias por habérmelo contado, podrías no haberlo hecho.

—Bah, tampoco ha sido para tanto. Sin embargo, —Yoruichi cambió el tono de voz hacia uno burlón—espero que algún día, me cuentes tu historia. Promete ser interesante.

— ¿Qué historia?—preguntó Rukia sin comprender.

—Me gustaría saber cómo acaba la historia de amor entre un humano y una shinigami.


Cuando Ichigo entró en casa, lo primero que hizo fue asegurarse de que ninguna de sus hermanas ni su padre estaban allí. No parecía que hubiera nadie, pues no se oía ninguna voz ni ningún sonido fuera de lo común. Todo permanecía en silencio.

Intentando hacer el menor ruido posible, dejó su mochila en el suelo y se encaminó hacia la cocina. Sobre la encimera, junto a todos los cacharros del desayuno, se encontraba un pequeño paquete de color rosáceo, envuelto con un gran lazo púrpura. Ichigo no pudo evitar dejar escapar un suspiro. De nuevo otro paquete de San Valentín. ¿Qué sería esta vez?

— ¿Papá?—preguntó asegurándose de que estaba solo—. ¿Papá estás aquí?

Nadie respondió.
Ichigo se acercó al paquete y lo abrió con cuidado, algo nervioso. Al descubrir su interior, no pudo contener su asombro.

— ¿Una tarta con forma de corazón?—preguntó extrañado—. ¿Quién habrá comprado…?

No pudo terminar de formular la pregunta, ya que el mensaje de caramelo escrito sobre la tarta le despejó de toda duda.
"Te quiero Kuchiki-chan"

— ¡¡Será mamonazo!!,¡¿Cómo tengo que decirle que no se meta en mi vida?!.¿A qué mente sana se le ocurriría semejante idea?

Ichigo se sentó en una de las sillas, apesadumbrado. Desde luego, aquel no era precisamente su día. Se quedó un breve instante en silencio, pensativo, observando la tarta. En menos de un minuto, se le ocurrieron cientos de formas de torturar a su padre. Cada cual más perversa y retorcida.

Un estrepitoso golpe proveniente del piso de arriba, le hizo volver en sí. Parecía el sonido de un objeto al golpear el suelo.

La imagen de Rukia husmeando entre sus cosas fue lo primero que se le pasó por la cabeza al pelirrojo. No sería la primera vez que la eterna curiosidad de la shinigami la llevaba a cometer tales actos de violación de la intimidad. Ichigo estaba casi completamente seguro de que si entrara en ese mismo momento en su habitación, pillaría a Rukia con las manos en la masa.

Decidido y ligeramente molesto, subió las escaleras encaminándose hacia su cuarto. Una vez dentro y haciendo uso de su poco tacto natural, abrió la puerta de un empujón, buscando con su mirada la silueta de la shinigami.

—Rukia,¿qué demonios estás haciendo? Te he dicho miles de veces que no toques mis cosas.

Pero no obtuvo respuesta alguna. La habitación estaba completamente vacía.

Lo único fuera de lo normal que encontró fueron un par de cajas desparramadas por el suelo. Unas que el joven no tardó en identificar: eran las cajas donde guardaba la ropa vieja.

Ichigo se encaminó hacia el closet. No esperaba un comportamiento tan cobarde por parte de Rukia. Esconderse y huir de la escena del crimen no era muy propio de ella. Lo normal habría sido que se excusara con aquellos originales argumentos que siempre utilizaba y le soltara un par de insultos a la defensiva.

Golpeó varias veces la puerta, pronunciando su nombre. Como se imaginaba, Rukia no contestó.

— No seas cría y da la cara, enana. Esta vez no tienes excusa. Te largas de clase dejándonos preocupados... ¿para cotillear mis pertenencias?—le replicó Ichigo molesto—Ahora mismo sales y me cuentas qué es exactamente lo que estabas haciendo.

Silencio.

Ichigo golpeó nuevamente.

—Rukia, no me ignores. Sal de ahí cobarde.

Ni un murmullo.

— ¡Ya está bien!—exclamó—si no sales tú, te sacaré yo.

El shinigami abrió la puerta del closet bruscamente, alargando el brazo buscando el cuerpo de su compañera de cuarto. Tal y como le ocurrió un minuto antes, se encontró con la estancia vacía.

¿Y Rukia?

Fue todo lo que pudo pensar el antes de que un estruendo en el cuarto de al lado llamara de nuevo su atención. Ésta vez acompañado por unos molestos e incomprensibles alaridos.

El muchacho corrió hacia el lugar de donde provenía tal escándalo, la habitación de su hermana pequeña Yuzu.

— ¡Kon!

El peluche se encontraba lidiando contra un montón de ropa que amenazaba con aplastarle. Junto a el, otra montaña de vestidos, faldas y mantas rellenaban el suelo de la habitación. Parecía una leonera.

Kon por su parte, tampoco es que estuviera muy favorecedor en aquel momento. Llevaba puesto un gran lazo rosa en la cabeza y un vestido pomposo de volantes de color lila. Enredado en sus pequeñas zarpas, se encontraba una pequeña braguita de Yuzu, de la cual intentaba deshacerse.

— ¡Ichigo! Menos mal que estás aquí. Intenté escapar del armario y se cayó todo conmigo. Ayúdame, no puedo salir—le pidió. Pero nada más ver la expresión del chico se le quitaron las ganas de que fuera en su ayuda—Si eso déjalo, ya puedo yo solo.

—¡¡¿Pero qué coño estás haciendo pervertido?!!,¡Deja de hurgar la ropa interior de mi hermana!—su cara reflejaba pura ira, y no era para menos. Él por sus hermanas, mataba.

—Y-yo no…¡¡La braguita vino ella sola!!,¡¡Te juro que yo no fui!!

—¡¡Desgraciado!!

Ichigo se abalanzó contra el peluche, estrujando su cuello con ambas manos. Kon se alegró de no ser humano en esos momentos. Seguramente, no habría podido salir vivo.

—Te…j..guro qu…y-yo no fui…se ma cagio todo encima… I.. ¡Ichigoooo!

— ¿De verdad?

—Lo guro….

A pesar de su extenso historial de perversiones, los ojos del león reflejaban sinceridad e inocencia. Ichigo acabó cediendo. Le veía antes espiando a Rukia y a Orihime antes que a sus hermanas. Era un depravado, pero no tanto.

Decidió que era mejor olvidar el incidente. Aflojó la presión contra el cuello del peluche (el cual ya había pasado por todos los colores posibles de asfixia) y le preguntó por la morena. Seguramente él sabría dónde estaba.

—Kon,¿has visto a Rukia?­ Creí que estaría en casa.

—No la he visto desde anoche, cuando tu hermana la pequeña homicida me secuestró en su cuarto—explicó entre sollozos—. ¿Por qué?,¿Debería estar aquí?

Ichigo asintió, intranquilo. Kon se dio cuenta de ello.

— ¿Qué ha pasado, Ichigo?,¿Ocurrió algo con nee-san?

—Creo que está enferma. Esta mañana tenía muy mala cara, y dijo que se iría a la enfermería, pero allí no estaba. Por eso me preocupa que no…

—¡¡¿¿Qué??!!.¡¡Nee-saaaaaaan!!—le cortó—. ¿¿Dónde estás nee-san??

El león comenzó a correr por toda la casa pegando gritos y llorando a mares. Ichigo por su parte, salió tras suya, comenzando una persecución.

—Nee-saaaaaaaan—llamó desesperado.

— ¡Estúpido!!,¿¿Te quieres callar la boca??.¡¡No grites!!

Su padre llegaría en cualquier momento. No era plan que encontrara la casa patas arriba y a un muñeco parlante llorando y chillando.

— ¡Nee-saaaaaaann!—Kon no quería escuchar al shinigami, tan sólo quería encontrar a su Rukia-san. Rukia estaba enferma, tenía que encontrarla para poder cuidarla. Necesitaba verla y cerciorarse de que estaba bien. Abría uno por uno todos los armarios, miraba tras las puertas, debajo de las mesas, detrás de las cortinas, dentro de los cajones, bajo las camas… No había lugar donde no hubiera inspeccionado—. Nee-san¡¿dónde te has metido?!

Pronto cayó en la cuenta…Había un sitio en el que aún no había mirado.

El baño.

Sí, seguro que estaba en el baño.

Dentro de la alocada y pervertida cabecilla de Kon, se fue dibujando una imagen lentamente. Una pequeña y conocida silueta femenina se frotaba con delicadeza tras la mampara de la ducha. No tenía grandes curvas ni prominentes atributos…pero tenía algo, algo que la hacía especial.

Una mano asomó por un lateral del cristal, empujando la puerta hacia un lado. Con delicadeza, la silueta salió del acuoso recinto, secándose suavemente toda la piel de su cuerpo. La oscura y brillante melena, le caía pesadamente sobre los hombros, empapándola más aún.

La shinigami se dio cuenta de que alguien había irrumpido en la estancia, era su animalito preferido, su Kon. Con una sonrisa radiante, susurró su nombre con dulzura.

—Kon…

Un pequeño hilillo de sangre resbaló por la nariz del peluche sólo de imaginarse a su querida Rukia en aquella situación. Apenas la toalla tapaba sus partes más íntimas, provocando un pequeño colapso en la mente del peluche.

—¡¡Nee-saaaan!!—exclamó mientras estallaba de alegría—. ¡¡Yo te cuidaré!!—abrió la puerta de golpe, esperando encontrarse con su enamorada, preparado para lanzarse a sus brazos.

No obstante, lo único que recibió por respuesta nada más abrir fue una sonora y dolorosa patada en la cabeza tras suya.

—Peluche escandaloso…—Ichigo entró y cogió a Kon por el cuello, mientras éste último se recuperaba del impacto, entre quejidos.

El joven se asomó con cautela, rezando a todos los dioses, esperando que Rukia no estuviera en el baño y que ahora fuera él quien recibiera la paliza de su vida.

Pero el cuarto de baño estaba vacío. Suspiró de alivio.

Investigó a fondo y no parecía que lo hubiera usado nadie recientemente. Ya estaban seguros por completo, Rukia no estaba en casa.

Ichigo cogió con fuerza a Kon por la cabeza y volvió a su cuarto, molesto por una parte debido a la escandalera que éste último había montado e intranquilo por otra, preguntándose una y otra vez dónde se había metido su compañera.

Soltó su presa con desgana (que aún seguía murmurando entre sollozos) y se tumbó en su cama, abstraído.

En su cabeza, barajaba varias hipótesis.
Él estaba seguro de que Rukia no estaba bien. Cualquiera que la hubiese mirado aquella mañana, se habría dado cuenta. Ahora bien, no tenía ni idea de qué es lo que tenía.
Podría estar enferma como había dado a entender. Pero Ichigo tenía una duda… ¿Era posible que Rukia hubiera pillado un simple resfriado humano¿O quizás era algo más complejo? No tenía ni idea de las enfermedades que podían sufrir los shinigamis. A lo mejor tenían sus propias dolencias.

Se obligó a no pensar en ello. El mero hecho de imaginarse a Rukia convaleciente sufriendo le producía escalofríos. Seguro que era un pequeño constipado. Pero como era una blanda, no pudo aguantarlo y tuvo que irse. Sí, era eso seguro. No debía preocuparse.

O quizás…

Kurosaki se sonrojó.

Desde luego era una posibilidad. No sabía con exactitud cuántos años tenía Rukia pero estaba seguro de que más o menos ambos compartían la misma etapa de su vida. Si era así, entonces puede que lo que ella tuviera fueran problemas…hormonales.
Rukia nunca le había hablado de ese tema, no le había confesado si de verdad ella tenía aquello… Orihime era buena amiga suya, seguramente ella lo sabría. ¿Y si le preguntaba? No, no era buena idea. Sería demasiado incómodo.

Rápidamente desechó esa idea de su mente. No le agradaba la imagen de Rukia como chica tampax.

Bueno, si no estaba enferma ni le había llegado la hora de las compresas lo único que le quedaba era que la morena hubiera optado por no verle la cara en todo el día. No era la primera vez que Rukia iba a dar un paseo para despejar sus ideas y para que se le bajaran los humos. La shinigami en caliente era como un auténtico volcán en erupción.

¿Cuál de todas las opciones era la mejor? Le gustara o no, prefería antes que nada que sólo fuera un "problema de mujeres". No es nada grave y en un par de días estaría fresca como una lechuga. Mejor eso que tenerla estornudando y con fiebre o con ganas de patearle el culo.

Aunque no sabía qué era peor. Había oído que a las mujeres en ese estado el carácter se les alteraba, volviéndose terriblemente irritables.

Ichigo resopló.

Fuera lo que fuera, no le esperaba nada bueno.

—Ichigo—llamó Kon. El chico entreabrió los ojos—. ¿Crees que nee-san estará bien?

El shinigami asintió con convicción, por lo que el pequeño león se sintió más tranquilo.

—No tardes, Rukia.

Tenía claro que la esperaría un rato más. Si al cabo de un par de horas no volvía, se patearía Karakura entera hasta encontrarla.


Muchísimas gracias de nuevo por los reviews, espero que éste capítulo haya despejado las dudas que teníais algunos. A mi también me dio penita Keigo, pero Rukia es para Ichi, qué le vamos a hacer.

Gracias por leer hasta aquí

Besukis