El rubio hizo una reverencia a la pared lo cual provocó que Kyu ladeara un poco su rostro, acercando con lentitud su mano al rostro del chico moviéndola con suavidad, sorprendiéndose de sobre manera al notar que no había reacción alguna ¿Podía ser real? ¿Era…era ciego? Alejó su mano con la misma lentitud con la que la acercó mirando ese hermosos rostro, el cual mantenía una dulce sonrisa en esos acorazonados labios. –Sungmin ¿Te gustaría que te acompañe a tu salón?- Cuestionó con voz dulce al menor de cabellos rubios. –No, muchas gracias…Kyu…kyu…- El chico al parecer no recordaba su nombre, por lo que hizo sonreír a Kyuhyun de una manera sumamente tierna, como nunca lo había hecho en su vida. –Kyuhyun, pero puedes llamarme Kyu.- Habló en un tono dulce y suave a ese niño tan hermoso que tenía al frente, el cual, se tornó ligeramente rosado al escuchar las palabras de Kyu. –Gracias Kyu, pero puedo llegar sólo a mi salón.- Sin más, el chico comenzó a caminar tanteando el suelo con su bastón. Kyu se quedó de pie durante unos cuantos segundos. No podía dejarlo sólo, sentía la necesidad de acercarse, de guiarlo, de ayudarle, con un deje de preocupación se decidió por seguirle el paso, cerciorándose de que aquel chico con rostro de ángel llegara sano y salvo a su destino, pero Sungmin no era ningún tonto, y el hecho de que la vida le haya privado de uno de sus sentidos, no quería decir que los otros estaban por demás desarrollados, podía escuchar perfectamente unos pasos que le hacían coro detrás suyo, más aparte ese aroma que emanaba del mayor. –Creo que te había dicho que podía llegar solo al salón de clases.- Susurró el rubio deteniéndose en seco logrando que Kyu chocara un poco con su espalda, comprobando así, que era verdad que el mayor le seguía. –Lo siento yo..yo estaba algo preocupado.- Dijo apenas en un susurro sorprendido de que el menor le hubiera descubierto. Esto sólo provocó que el rubio frunciera su entrecejo formando una mueca de disgusto. –Yo puedo cuidarme sólo, no necesito la ayuda y/o la lástima de nadie.- Su voz fue fía y cortante, bastante ofendida, por lo que al terminar de hablar simplemente avanzó, retomando su camino. Una vez más Kyu le siguió, pero esta vez a una distancia prudente, realmente quería, más bien, necesitaba verlo entrar al salón. Al ver que la misión fue completada y ese hermoso niño con cara de ángel entró a su salón, no tuvo opción más que darse la media vuelta y asistir a su clase.

Primera clase de literatura renacentista, la profesora parloteaba una sinopsis de lo que se vería a lo largo del semestre, pero de su cabeza no podía salir ese rostro, esos ojos, ese cabello rubio, esos labios tan perfectos. Debía haber estado tomando apuntes, pero su mano sólo escribía versos sobre ese rostro en su libreta, deseando con toda su alma el cambio de hora, para poder ver nuevamente a la persona que ahora, robaba sus pensamientos.
No tardó mucho aquel esperado cambio por lo que salió con rapidez del salón sin siquiera esperar a su mejor amigo, sólo fue en busca de ese niño de rostro angelical, el cual, no fue para nada difícil de encontrar, pues esos cabellos dorados y ese sonido del bastón tanteando el suelo no pasaban desapercibidos.
-Hola de nuevo Sungmin.- Canturreó Kyu con una sonrisa al chico de cabellos dorados, el cual, simplemente abrió sus ojos por la sorpresa. -¿Kyu? ¿Qué haces aquí?.- Cuestionó frunciendo un poco esas finas facciones que tenía. –He venido a hacerte compañía.- Respondió el mayor con una sonrisa, pero al parecer aquellas palabras no eran del agrado de sungmin. –Ya te dije que puedo cuidarme solo y no necesito tu ayuda o tu lástima.- Habló de forma directa, fría y cortante, comenzando a alejarse del mayor.
-¿Quién te asegura que es lástima? No me conoces….-
-Ni tú a mi.- Agregó justo después de que el mayor había hablado, dejando a un Kyuhyun completamente desconcertado.
Para ser sincero, ni el mismo entendía aún que era lo que pasaba por su mente, sentía un extraño apego a ese chico, una necesidad inmensa de envolverlo en sus brazos para cuidarlo, protegerlo de lo cruel y horrible que era el mundo. –Entonces déjame conocerte, puedo jurarte que no es lástima. Sólo quiero ser tu amigo Sungmin ¿Me dejarías serlo?.- Aquello había provocado que Sungmin se detuviera en seco completamente sorprendido. Era la primera vez que alguien le pedía algo así.
Toda su vida vivió con un padre sobreprotector, quién le mantenía todo el día en casa, profesores particulares y su única compañía hasta hace unos meses que logró convencer a su padre de salir de su hogar, era un perro labrador.
Una sonrisa, una enorme y dulce sonrisa se formó en los labios acorazonados del hermoso chico de cabellos dorados. -¿En verdad serías mi amigo? ¿De verdad lo serías?.- Sus palabras, su tono de voz, ambos estaban llenos de ilusión, cosa que arrebató de los labios de Kyuhyun una tierna sonrisa. –Eso no lo dudes Sungmin, nunca lo dudes.-