Disclaimer:
bueno, ya saben Gundam Wing no me pertenece, si no que es de Hajime Yatate y Yoshiyuki Tomino. Y de Sunrise, si les parece. Jamás obtendré nada de esto sólo una satisfacción personal, por lo que está escrito sin fines de lucro. Ya me fui del tema, es un Universo Alterno y espero que les guste muchito.¿Otra vez la misma historia....?
Sumire-chan
Capítulo II:
Lluvia que moja mis tristezasAfuera llovía, por lo que dentro de ese cuartito bastante pulcro y espejado que tenían de baño, y también dentro de todo el cuarto, se escuchaba el ruido de la lluvia que caía en una música bastante tranquilizadora; pero a la vez triste. El cielo estaba oscuro y la luna no estaba allí como de costumbre, por lo que los lavabos se encontraban prácticamente en penumbras, de no ser por una luz muy suave que penetraba desde el cuarto de niñas, y que provenía de la lámpara de noche que la monja que les cuidaba había puesto en su mesa. La mujer de hábitos ya estaba dormitando sonoramente en una silla vieja que soportaba a duras penas su peso.
Ella estaba sentada en un rincón, apoyada en el azulejo color amarillento, viendo hacia la ventana adormiladamente y escuchando cómo sonaba el agua al caer. Como todas las noches, desde hacia ya varias semanas, no tenía sueño, se encontraba en un estado intermedio, con las mejillas sonrosadas y húmedas de tanto llorar. Los ojos azules comenzaban a rodearse por una aura rojiza.
Heero podía ser un muchacho muy antipático; él le había enseñado cada lugar del orfanato y le había explicado algunas de las reglas que allí tenían, como el escuchar los timbres que anunciaban el almuerzo, el hacer fila para comer, el romperla para sentarse. Ella había escuchado todo atenta. Incluso no había llorado cuando le explicó que para los permanentes (aquellos que no tenían una salida premeditada), como él, como ella... las clases eran obligatorias. Aún así, había sentido deseos de llorar.
Como lo había pensado miles de veces al escucharlo y mirarlo atenta, Heero era un muchacho bueno, un poco reacio a hablar, sin sonreír nunca pero bueno al fin. Por eso no le parecía raro que tuviese "amigos" tan peculiares, porque ellos eran tan o más buenos que él. Con esos hermosos ojos azules de niña no podía evitar sonreír cada vez que Duo le hacía alguna morisqueta, ya fuese una hacer enojar a Heero. Tenía una habilidad muy especial para hacerlo. Él vivía en América del norte cuando sus padres decidieron viajar a Japón, parecía que todo saldría bien cuando su padre consiguió empleo y él comenzó la escuela primaria, ahora a sus casi once años recordaba muy poco su vida de antes del accidente de sus padres. Maxwell estaba bebido, o al menos eso decían, y la señora iba a su lado, sin cinturón de seguridad. Duo iba detrás, gritando y molestando a su padre... lo que recordaba después eran flashes de luces, volteretas, gritos y una luz que se apagaba. Lo demás, era más claro: hospitales, tenencias breves de familiares, más hospitales. La infancia de Duo había sido difícil, él mismo se la había contado.
"Mis padres fueron siempre buenos conmigo, creo que recuerdo eso. Pero ellos se fueron, ya jamás olvidaré el choque... lo prometí" había dicho él casi para sí mismo. Después del accidente, había estado un tiempo con una vecina anciana que quiso tenerlo, pero la pobrecilla estaba enferma y muy viejecita, no tardó mucho en morir, dejando al niño nuevamente sólo. Y ahí estaba en Sakura no Tenshi...
Es una niña muy pequeña... y aunque todos vinimos pequeños ella no podrá adaptarse, no es como nosotros. ¡Lo peor es que me culparán a mí! Si, la vieja de la directora me echará en cara que no supe hacer adaptar a una niñita de nueve años y me hará trapear los pisos. Como la vez pasada... cuando Duo escondió la rana de Biología en el bolso de la monjita obesa. No debió hacerlo, pero fue divertido verla correr por todos lados.
Aún así, yo no reí... lo prometí... como todos hicimos promesas una vez, yo prometí no volver a reír hasta encontrarlo, ni siquiera haría un gesto de felicidad. Después de todo, no lo soy, nunca lo seré, quizás algún día... cuando lo vea soltar sus últimas lágrimas de dolor. ¡Porque yo tendré que matarlo! Vaya, ya me parezco a Duo, él siempre pensando que es un Dios de la muerte. Los dolores pueden causar muchas cosas raras en la gente...
Ella es niña. No sufrirá tanto cuando le digan que su padre ha muerto y que tendrá que quedarse aquí siempre. La preceptora cara de pez me lo dijo, estaba tomando su tercer vaso de agua en dos minutos cuando dijo: "El papá de Relena va a morir muy pronto, tendrá que ser fuerte. Espero que la ayudes Heero" Y luego sonrió, con ese gesto bobo que siempre hace.
No me importa realmente, no me molesta que esos ojos azules se llenen de lágrimas. Aunque me gustaría... me gustaría verla feliz, sonreír, nunca he observado un gesto de felicidad en ella. Supongo que no lo es. No quiere estar aquí. ¿Y quién quiere estarlo? Yo no. Y al menos hago algo para evitarlo. Ahí está, Duo me ha dado la señal, es hora...
Trowa Barton era el mayor del "grupo de Heero", actualmente tenía doce años, acabaditos de cumplir, y era el hermano mayor serio sólo comparable con Heero. Sus ojos marrones pocas veces mostraban emociones pero era mucho más abierto que su fiel guía en el instituto. Un chico complicado e impredecible, ella no sabía que esperar de él.
Después del joven Barton estaba Lucrecia, una muchacha de cabellos negros casi azulados y ojos oscuros que hechizaban. Toda su esencia Hechizaba. A ella le parecía una chica muy maternal con sus doce añitos, no estaba mucho con Heero, pues no aparentaban llevarse muy bien, ella solía pelearle de tal manera que Duo parecía un ángel a su lado. Para con Relena, en cambio, era muy amable y dulce, una jovencita que esperaba a su hermanita menor.
"Mi padre me dijo que primero me dejarían a mí, para que yo estuviera más segura, pues era la mayor y podría sentirme adaptada al lugar más rápidamente. Si todo sale bien volveré a casa, hay problemas ahí. Mi madre..." había visto los ojos de Noin, como le llamaban de cariño, oscurecerse un poco más "... ella está en problemas con mi padre, quiere llevarnos con ella, pero nosotros no queremos. Si las cosas no funcionan... mi hermanita vendrá conmigo y ya no volveremos a ver a papá" "Siento hacerte recordar esas cosas, Noin" había dicho Relena antes de lanzarse a sus brazos a llorar, a ella le recordaba su padre, que quizás estaría sufriendo sin ella. Necesitaba de sus cuidados, de sus caricias, de sus besitos por la noche y de sus sonrisas; lo sabía, por eso estaba triste.
El último miembro de ese cuarteto, sexteto si deseaba incluirse a ella y a Lucrecia (cosa que no estaría mal pues ellas siempre estaban con ellos), era Wufei Chang. Un muchachote, como solía decirle Noin, proveniente de china con un carácter muy peculiar, que contrastaba con todos, y que se peleaba constantemente con Duo. Y bueno, Maxwell lo hacia enfadar, bromeaba con él, le quitaba sus cosas, escondía hasta el cansancio lo más preciado para Wufei. Una daga muy bonita con grabados que ella no comprendía pero que una vez Chang le había mostrado y Relena había visto los ojos del chino brillar. Sí, esos ojos negros se habían iluminado. Aunque se portara molesto con los demás, incluso bastante independiente, el niño de diez años era muy amable. Se mostraba además, bastante sobreprotector.
- "Todos son muy amables conmigo... los nuevos son la novedad me dijo aquella nena del segundo curso"
Entonces, escuchó una voz que susurraba tras la puerta, se asustó pensando que quizás era la monja regordeta o cualquier otra persona que pudiese sorprenderla fuera de su cama. Gateó hasta la puerta silenciosamente y la entreabrió, viendo algunos pies que caminaban fuera.
Salió al pasillo y vió la figura de Trowa doblar por el pasillo. ¿Hacia donde irían? No, no debía interferir, no debía ser curiosa. La curiosidad mató al gato le habían dicho. ¡Pero rayos cuanto deseaba saber! Se encogió de hombros mientras recordaba que aquella galería llevaba a la puerta de salida, el horrible portón de púas, enrejado y peligroso. El guardia que vigilaba en una silla a un costado roncaba fuertemente y parecía no despertar con nada.
Se asomó ocultándose en la oscuridad, Relena lista...
- "¿Porqué se van? ¿En verdad pueden hacer eso?"
Asustada contuvo el aliento hasta que se dio cuenta que no estaba respirando, hasta que vió como Heero saltaba primero la puerta y volteaba hacia la oscuridad. Se quedó mirando hacia allí, sólo que ella ya se había ocultado.
- ¿Qué pasa? - preguntó Duo en un susurro mirando hacia atrás.
- Nada. Sólo apresúrense.
Trowa y Wufei fueron igualmente de hábiles que su "guardián" como había optado por llamarle la niña de cabellos castaños suaves, pero Duo se detuvo y no saltó; volteó nuevamente hacia atrás.
Relena volvió a contener el aliento.
- ¿Qué esperas, trenzudo? - musitó Chang en un tono burlón - ¿Tienes miedo?
- ¿Qué? ¿Bromeas? No, vayan ustedes. Hoy no. Hoy me quedo.
- ¿Y ahora qué le pasa? - preguntó Trowa cuando Duo volvió todo el trayecto.
Los otros dos se encogieron de hombros y corrieron calles abajo.
Nuevamente, Se acordó de respirar, su corazón iba a salírsele del pecho, estaba nerviosa, asustada. No debían verla o jamás le perdonarían su curiosidad. Se sentó contra una columna que daba al patio principal del hogar, aún llovía, sus ojos vieron atentos como las gotas tocaban el suelo de cemento.
Comenzó a sentir sueño y cómo su cuerpo se adormecía.
- ¿Relena? - murmuró una voz tras suyo.
Giró la cabeza para encontrarse con la dulce y alegre mirada de Duo Maxwell.
- ¿Pasa algo?
- No.
- Relena, ¿nos viste?
Volvió a ver la lluvia, ensimismada, como una niña de nueve años no podía estarlo, dormida, en un estado de shock muy extraño. Tenía los ojos entrecerrados y lejanos.
Finalmente, asintió.
- No es un gran secreto, ¿sabes? Creo que todos están enterados de lo que hacemos. No queremos estar aquí, y la única opción para salir es esta. ¿Puedes entender? ¿Relena? ¿Me estás escuchando?
- Sí.
- Di algo más, niña, me pones nervioso.
- ¿Adónde van?
Duo se encogió de hombros.
- Ninguno se mete en lo que hace el otro. Cada uno va a donde tiene deseos de ir, ya sea a nuestras viejas casas, sólo regresamos a dormir, ya que allá afuera, de noche... es peligroso.
- ¿No tienes miedo? - preguntó la niña con sinceridad mirándolo a los ojos.
- A veces. Sólo a veces.
- Tengo sueño, Duo.
- Vamos a dormir.
Él la vió imposibilitada de levantarse por sí sola. La alzó en brazos con la fuerza que sus músculos no muy formados le permitían y la llevó hasta el cuarto de niñas, pasó muy lenta y silenciosamente al lado de la monja obesa y la llevó hasta la cama.
Número 52.
Relena respiraba con suavidad, ya profundamente dormida le quitó la chaqueta que llevaba puesta, y la cobijó para finalmente abandonar el cuarto.
Suspiró cuando iba saliendo. Niñas... Ya sabía él que había visto algo, aún cuando le había preguntado a Heero; había escuchado ruidos de pasos ajenos que él no estaba muy acostumbrado a oír por la noche y un olorcito muy extraño a frutillas. Rara niña.
Volvió a su cuarto custodiado por otra monja mucho más delgada, se metió en su cama y pensó que por esa noche no había podido visitar la casa donde había vivido por un buen y feliz tiempo. Donde había tenido pesadillas y luego había terminado comiendo galletas calentitas hechas por la señora. Aquella señora...
La lluvia había cesado y el cielo se había limpiado por completo, mostrando un color celeste casi blanquecino esplendoroso. El hogar Sakura no Tenshi estaba en silencio, ya que apenas si eran las seis de la mañana y las monjas que estaban despiertas no hacían barullo alguno.
Una mujer de tez blanca y ojos celestes, vestida con hábitos terminó de tender el mantel sobre la mesa cuando un jovencito pasó hacia el baño en ropa de cama, ella le siguió.
- Heero, ¿Qué pasa? ¿Otra vez pesadillas?
- No, hermana, esta noche no.
- Que bien. Lávate ligerito, así desayunas conmigo.
La hermana Ann era la más amable de todo el lugar, la más buena, la única a la que Heero le tenía mediano aprecio. Por sobre todo, ella se había ganado ese extraño cariño.
Relena se terminó de colocar la camisa blanca y se ajustó encima del jardinero violeta también un saquito del mismo color. Se refregó los ojos somnolienta y salió hacia el patio, dando su caminata habitual. Generalmente, nadie estaba despierto tan temprano, nadie era tan tonto como ella, pero... ¿Quién podía dormir cuando se tenía sueños dolorosos durante toda la noche? Recordaba muy poco de lo hablado con Duo la noche anterior, pero lo que volvía a su mente era suficiente y no deseaba saber nada más.
Bien había dicho su padre, no tenía necesidad de saberlo todo, ni que todo tuviera explicación. Ella no buscaría respuestas en donde no iba a encontrarlas.
Pasó entonces por la cocina y se encontró con la monjita que solía darle los buenos días con un beso todas las mañanas.
- Buenos días, Relena, ¿Otra vez madrugando? - preguntó la hermana Ann dándole un besito en la cabeza.
La niña asintió.
- Entonces, hay que desayunar. ¿Lo mismo de siempre? - rió.
Pero Relena no...
- Necesito preguntarte algo, Relena.
- De acuerdo.
- ¿Estás preocupada por algo? ¿Hay algo malo en el Hogar? Sé que no te gusta estar aquí, pero... ¿hay algo más?
- No, hermana Ann, todo está bien.
Heero, que iba a entrar justo en la cocina se detuvo a escuchar.
- ¿y entonces mi niña? ¿Porqué no sonríes?
- No hay motivos, hermana.
- ¿Cómo que no hay?
- No deseo sonreír, eso es todo. Por favor, no me pregunte algo que no puedo contestarle.
- Relena, todos sonreímos, todos seremos felices, el señor lo quiere así y yo... yo te lo aseguro pequeña.
Ella no dijo nada y entonces, Heero entró y se encontró cara a cara con la mirada seria de la jovencita. Como odiaba esos ojos acusadores, muy sinceros, se asimilaban a un espejo donde él se reflejaba y descubría todo lo que era. Eso le molestaba.
- Buenos días, Heero. - murmuró ella sentándose en la mesa y bebiendo un té caliente.
- Buenos. Hermana Ann, Souji está en el lavabo, llorando, ha mojado la cama.
- Ohm, muy bien. Iré a verle, desayuna tranquilo Heero, Relena te hará compañía.
Compañía... lo que menos necesitaba era eso, especialmente si venía de ella, a quien tenía que "cargar" todos los días. En realidad, eso estaba mal expresado, él no cargaba con ella, a veces ella cargaba con él.
Relena tomó la taza vacía en sus manos y se dirigió a lavarlo, Heero tomó su mano bajo el agua de manera sorpresiva y ella hizo un gesto de dolor retirándola. Lo había olvidado, la noche anterior se había caído en la oscuridad y se había golpeado una mano contra una pared. Pero si antes no le dolía... quizás la presión de esa mano masculina... Sintió escalofríos...
- ¿Te duele? - preguntó él inconsciente sin notar lo que decía.
- Sí.
- Déjame a mí...
Él tomó la mano y ambas pieles hicieron contacto. Relena se le quedó mirando por un tiempo largo, con cierto susto, con dulzura. Sacó de unos estantes un frasco con una pasta que olía raro y que untó en su manito, muy lentamente, luego sacó un pañuelo de uno de sus bolsillos y lo enrolló alrededor.
Heero... Heero no le había preguntado nada, no había cuestionado el porqué de su dolor, sólo ahí estaba... aliviando su dolor. ¡Ella quería hacer lo mismo! ¡Quería hacer como su guardián! Sus ojos se ablandaron, respiró, sí... quería estar ahí para él, hacerle sonreír, incluso cuidarle sin preguntar...
La directora, mujer de edad, estaba segura que no sería fácil. Si a su hermana le había costado que era mucho mayor, para esa niñita de ojos verdes y carita regordeta, sincera, de nueve añitos sería igual de difícil. Sonrió para sus adentros, que dulce se veía.
- Señora, ¿me va a llevar con mi hermana?
- ¿Y nosotros? Sería tan amable de decirnos que pasará con nosotros...
Por favor. ¡¿Porqué Dios no les daba amor a esos niños?! Frente a ella había tres pequeños. La niña Schibecker; Un jovencito de cabellos rubios cortados de mala manera, pero que no contrastaban mucho con su rostro, tenía una mirada inmensamente dulce. Y tras él una nenita de cabellos rojizos que se aferraba a sus piernas, parecía estar aterrada...
- Todo estará bien aquí, mis pequeños. Edith, llama a Duo Maxwell, creo que Heero se enojaría mucho si volviéramos a darle otra responsabilidad así...
La preceptora soltó una risita. Y la directora volteó a ver a Hilde Schibecker, sonrió ampliamente a la niña, ella le devolvió la sonrisa mientras abrazaba a un osito de felpa color azul.
---------- FIN DEL CAPÍTULO II--------
Bueno, mis amigos, espero que les guste este cap. Este fic será exclusivamente sin yaoi, así que si esperan un Duo/Heero tendrán que abstenerse a seguir leyendo y si quieren hacerlo, disfruten de las parejas que son mis favoritas. Los que ya me conocen, sabrán cuáles serán. Obviamente Relena/Heero no faltará.
Ahora sí, paso a los adorables reviews:
Naelg-chan:
me alegro que mi manera de escribir haya mejorado, la verdad creo que sí he progresado un poco, eso es decir mucho. Prometo mucho más para adelante y muuuchas gracias por el comentario.Iris:
prometo no tardar, el próximo cap. ya está listo!!!! Así que todo irá más rápido, igualmente, lamento la tardanza. Gracias!Saori Yuy:
tu hermano te manda saludos también, está un poco molesto porque tiene que hacerse cargo de Relena, y piensa que ella está un poco mal de la cabeza. Pero supongo que ya se arreglará. Por supuesto que te recuero!!!! ¿Quién piensas que soy? Y sí, ojalá este fic resulte tan bien como Mi manera de Amarte, ese fue mi primer fic largo de GW, y ha quedado muy gravado en mi mente... jiji.Emi Tachibana:
como en la serie, Relena termina siendo cuidada por Heero, pero las cosas se van a complicar. Piensa que ahora es chica, sin embargo tanto como él como ella irán creciendo. Y todo crecimiento, implica cambios. ¡nos vemos cuñis besos!Suna y Artemis:
tanto tiempo, me alegro que te guste, Suna, y que no sea la típica historia, supongo que habrá conflictos dentro del internado, y aún estoy en duda si continuarla fuera de él, quizás no... me imagino que ya sabrás que recién a los 20 años (por lo menos en japón) se cumple la mayoría de edad, así que tenemos historia para rato. Igual, tengo muchas ideas y espero que todo resulte bien. Gracias, besos.Eso es todo amigos, Suu-chan se despide hasta la próxima!!!!!
Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de
