Y, como lo prometido es deuda, aquí les dejo el Capítulo 1 el cual quedó algo largo para que no me pidan nada durante uno o dos meses. La verdad es que soy de avanzar muy lento porque me fijo mucho en lo que escribo y cómo lo voy a hacer. Así que espero puedan aguantar durante algún tiempo antes de que les publique el Capítulo 2. Créanme que si pudiera dedicarme sólo a escribir y nada más trataría de dejarles al menos una vez al mes un capítulo como mínimo, pero resulta que soy estudiante con deberes y obligaciones que atender. n_nU

A propósito, como bien advertí en el prólogo, desde este capítulo en adelante comenzarán escenas de corte incestuoso y claro que no olvidaré la violencia, después de todo es una historia que trata acerca de la Mafia en Japón. Y claro, como la historia ocurre en el país del sol naciente, he tenido que usar recursos que indiquen que está basada allá para representar lo más fielmente posible la vida y cultura japonesa, así que si hay algo que no comprendan muy posiblemente lo encontrarán en el Glosario que dejaré al final de cada página con los términos o aspectos culturales que quizás no entiendan o no conozcan de Japón y puede que hasta se les haga más interesante y traten de usar aquellos recursos para cuando hagan sus propias historias basadas en este país. También al final de cada capítulo verán que responderé a cada review que me dejen sin excepción.

No voy a seguir aburriéndolos más, sólo les diré que disfruten de la historia y déjenme comentarios para saber lo que opinan de este capítulo o incluso déjenme sus dudas y verán que se las responderé en el siguiente episodio. Y vuelvo a repetir que me disculpen si lo he dejado algo largo, pero de verdad espero que compense las futuras demoras de entrega que posiblemente tendré. ._.U

Disclaimers: Los personajes y todo lo relacionado con Inazuma Eleven son propiedad de Level-5, porque si fuera la dueña de la franquicia seguramente sería rica, no tendría que estudiar una carrera y probablemente me dedicaría a sólo escribir fics y nada más. xD


P.O.V Yuuto Kidou

Hace cinco años atrás todo era muy distinto. No digo que la ciudad haya cambiado ni nada en ese lapso de tiempo, sino que sólo mi vida era distinta. En ese entonces tenía sólo 12 años y mi padre me envió a tomar cartas en un asunto de ciertos "tratos no cumplidos" como él solía llamar. La verdad es que fue algo muy rápido, nuestro principal proveedor de armas tuvo un par de problemas con la aduana y había tenido que deshacerse de más de la mitad de las cosas que le habíamos pagado de antemano sólo para escapar a la policía internacional. No tenía ni que mirar a mi tutor quien también era la mano derecha de mi padre, conocía demasiado bien a Kageyama como para saber que iba cometer un escándalo si no mantenía la calma.

-¡IDIOTA!- dicho y hecho se puso a gritar al tiempo que tomaba por el cuello de la camisa a nuestro proveedor, levantándolo del suelo aprovechando su altura y seguro fulminándole con la mirada detrás de aquellas gafas de sol que usaba-. ¿Tienes idea de cuánto tiempo hemos estado esperando ese pedido como para que vinieras a perderlo así como así?

-¡Se… Se los voy a reembolsar!. ¡Se los juro!- suplicaba el intimidado hombre.

-¡Nada de reembolsos!. Nos prometiste las armas para un mes atrás y cumplimos con darte una prórroga. ¿Y así es como nos pagas?- gruñía mi querido tutor colocando una cara que lograba intimidar a cualquiera, no a mí que ya estaba acostumbrado a verlo con ese exagerado teatro que hacía para provocar miedo.

Aproveché de mirar por los alrededores del lugar en donde nos habíamos reunido, era un garaje donde se guardaban partes usadas de automóviles y otras chatarras, un sitio perfecto para esconder un negocio de tráfico de armas. Es bien sabido que Japón tiene las políticas más duras en el mundo sobre quién puede portar un arma de fuego ya que están práctica y estrictamente prohibidas en este país, pero como cada mafia debemos rearmar nuestras defensas cada cierto tiempo.

-¡Por favor, al menos hasta la quincena!- seguía rogando el traficante-. Le prometo que para entonces le conseguiré lo que perdí y un poco más para compensar…

-¡YA NO HABRÁN MÁS COMPENSACIONES!- levantó el puño…

-¡Kageyama!- le llamé para que se detuviera en seco, nuestro proveedor estaba aterrado y cerrando los ojos con fuerzas esperando a lo que le deparara el destino.

-¿Pasa algo, joven Kidou?- me preguntó mirándome de mala gana como quien dice "di rápido lo que tengas que decirme para acabar con este estúpido de una vez".

-Creo que tenemos algo más que un simple llorón que no sabe cómo entrar armas a este país- dije tranquilamente mientras aprovechaba mi cuerpo de 12 años para escabullirme por un pequeño hueco que había encontrado detrás de una plancha metálica que estaba apoyada en la pared con el objeto de esconderlo y del cual saqué unas cuantas cajas de cartón que contenían libros, tomé uno que tenía por título "Los Zapatos Rojos" y me acerqué a donde aún estaban mi tutor tomando del cuello de la camisa a nuestro proveedor-. Te gustan los libros infantiles por lo que veo. Eso o…- y a continuación hice el amago de abrirlo pero las hojas parecían pegadas, sin embargo con un poco de esfuerzo logré conseguirlo dejando ver que sólo era una caja disfrazada de libro de niños que contenía un par de bolsitas de plástico con cierto contenido que los que me rodean llamarían de Oro Blanco.

-¿Drogas refinadas?- escuché musitar a Kageyama, se había dado cuenta de lo mismo que yo.

-Parece que tenemos a alguien que nos quiso ver la cara- decía relajado-. Es bien sabido que el Clan Raimon es quien tiene el monopolio de las drogas que se ingresan al país.

-Se… Se equivoca joven señor Kidou- lo escuché decir rápidamente a nuestro proveedor-. Eso… Eso es de mi uso personal- decía avergonzado-. Verán, este trabajo es algo estresante y sólo eso me consigue relajar los ner…- pero hasta ahí llegaron sus palabras, era obvio que la paciencia de Kageyama iba a reventar en cualquier momento desde que le hice saber la noticia. El traficante cayó inconsciente de un solo puñetazo en la boca tan fuerte que logró arrancarle tres dientes ensangrentados que vi caer al suelo y a continuación lo próximo que vi caer fue al tonto proveedor que Kageyama había arrojado contra una pila de chatarra.

-¡Qué mala pata!. Ya es el tercero que descubrimos en dos meses trabajando con doble intención- escuchaba a mi tutor quejarse mientras salíamos al exterior.

-Llama a Hitomiko- le sugerí antes de que comenzara a aburrirme con su palabrería-. Dile que quiero este lugar limpio como si nada hubiera pasado.

-Sí, joven Kidou- me dijo al tiempo que sacaba su móvil del bolsillo del traje-. Su padre se va enojar mucho cuando sepa que no volveremos con toda la carga que le prometieron.

-Nada que dos o tres horas en un burdel no puedan apaciguar- le sugerí a Kageyama-. Ya lo conoces- y sí, a veces todavía me sorprendía a mí mismo que yo con tan sólo 12 años conociera mejor que mi propio tutor los vicios más bajos que solía frecuentar mi padre, y eso que ellos dos eran amigos desde la secundaria.

Cuando al fin salimos de aquel garaje, un chico vestido con un traje muy parecido al que estaba usando y también muy parecido a mí (con la gran excepción de los ojos que eran de un oscuro castaño) nos esperaba en la salida cual centinela.

-¡Mi señor Yuuto!. ¡Señor Kageyama!- nos dijo a modo de saludo haciendo una reverencia.

-¿No tuviste ningún problema Demonio?- le pregunté al que prácticamente era mi doble.

-Me preocupé un poco cuando vi pasar a unos policías patrullando, pero creo que no se percataron de nada- me aseguró.

-Perfecto- le dije mientras me metía una mano al bolsillo del saco para sacar mis gafas goggles y colocármelas, Demonio inmediatamente me imitó y él también sacó las suyas que traía guardadas en el bolsillo del saco y se las puso-. Te encargo lo demás Kageyama y dile a Hitomiko que esta vez no quiero ni una sola gota de sangre o alguna huella que nos inculpe. Y si es necesario quemar el lugar para destruir la evidencia pues háganlo, pero después de revisar si hay algo de valor que puedan incautar. ¿He sido claro?- le pregunté para confirmar si había entendido todas mi órdenes.

-Cómo ordene, Joven Kidou- dijo haciendo una reverencia y con eso me bastó para irme de allí con Demonio siguiéndome de cerca.

Caminaba sin preocupaciones por las calles de Inazuma, Demonio me iba siguiendo al menos cinco cuerpos por detrás de mí. Es imposible hacerle entender que camine a mi lado, y después de estar con él casi seis años me he dado cuenta que está más cómodo así. Después de todo es mi guardaespaldas, el único que siempre sabe a dónde voy o me dirijo, y el único que conozco que no lo pensaría dos veces para arriesgar su vida con tal de salvar la mía porque así fue como lo criaron. Su gran parecido conmigo fue lo primero que llamó la atención de mi padre por lo que decidió ponerlo bajo custodia de nuestro clan para que se convirtiera en mi protector y en mi señuelo aprovechando nuestras apariencias similares.

-Hace calor. ¿No lo crees Demonio?- le dije de repente mirándole para atrás.

-Sí, un poco. ¿Por qué lo dice mi señor?

-¿Hace cuánto que no nos vamos a tomar un helado?- le pregunté mientras sacaba un par de billetes que llevaba en un bolsillo interno del saco.

-La semana pasada me invitó a comer uno, mi señor Yuuto. Así que es mejor que guarde su dinero, no debe malgastarlo en una herramienta como yo- a veces no sé si lo dice en serio o la crianza que le dimos le dio muy baja estima.

-Es mi mesada, yo decido qué hacer con ella. Así que no me repliques- le regañé y pude notar que hacía una reverencia mientras seguía caminando tras de mí.

-Disculpe, mi señor- decía agachando la cabeza un par de veces. A veces me es un poco molesto pensar que tenemos la misma edad y me esté llamando como si le doblara en años.

No me di cuenta por dónde íbamos cuando me percaté que habíamos terminado en la ribera. Pasamos por encima del puente y no pude evitar detenerme a ver los aun brillantes rayos del sol de primavera que se reflejaban en el río dándole un fulgor que lo hacía ver espectacular. Me quedé un rato a verlo y traté de escuchar el sonido del agua.

-¿Mi señor?. ¿Por qué se ha detenido?- escuché decir a Demonio que estaba muy cerca de mí.

-Adelántate a la heladería- le ordené al tiempo que le pasaba los billetes que aun traía en mi mano-, te espero ahí.

-¡Pero mi señor, mis órdenes…!

-Sólo son dos cuadras de distancia- le interrumpí, no quería oír sus excusas, quería tratar de escuchar el río-. Adelántate, no me pasará nada porque no me vigiles cinco minutos.

-Pero…

-¿Vas a desobedecer mi orden?- le pregunté algo molesto pero Demonio conoce muy bien su puesto y sabe que no puede refutar a nada de lo que le diga.

-No mi señor. Lo veré en la heladería- me dijo antes de alejarse.

Después que lo vi irse me quedé ahí tratando de escuchar el río, pero no podía oír nada. Con suerte y me llegaban los gritos de un grupo de chicos que jugaban en la cancha de fútbol que estaba debajo, pero del sonido del río nada.

-Esa tontita…- me burlé para mis adentros recordando a cierta chica que había conocido hacía unos años atrás y que me había convencido que se podía escuchar perfectamente el río desde mi posición-. ¿Qué se puede escuchar el río desde aquí?. Yo aún no escucho nada- y mientras cerraba mis ojos para tratar de escucharlo sentí un ruido de rebote a unos metros de mí. Abrí mis ojos y observé un balón de fútbol que botaba hasta quedar a mis pies, seguro uno de los chicos que jugaban abajo lo había chutado tan fuerte que logró llegar hasta el puente-. ¿Y esto?- hacía mucho que no tenía un balón de soccer entre mis pies y de verdad tenerlo a mi lado casi me hacía sentir un chiquillo de nuevo. No me pude resistir y lo hice botar con el pie para luego hacer un par de maniobras básicas tratando que no se cayera al suelo.

-¡Oye!- escuché una voz que se me acercaba, seguro era una de las chicas que jugaba allá abajo en la cancha-. ¡Ese es mi balón!

-Perdona, no era mi intención no devolvértelo- le di mis disculpas mientras tomaba el balón entre mis manos y volteaba para ir a dejárselo-, es sólo que no me resistí a jugar un poco y…

Me quedé helado en mi sitio sin poder creer lo que veían mis ojos tras las gafas. Pensé que seguro estaban sucias y no pude evitar sacármelas un momento para observar a la chica que venía acercándose hasta a mí.

-Eres bueno, alcancé a ver como hacías las maniobras- la escuché halagarme mientras veía como acababa posicionándose lo suficientemente cerca aunque a una distancia prudente como era de imaginar tratándose de un desconocido.

-Eh… gra… gracias- atiné a decir.

-¡Qué no te dé pena admitirlo!. ¡Se nota que tienes talento!- me siguió halagando amablemente. Entonces nuestras miradas se cruzaron y sentí un escalofrío. No era posible, y entre más la observaba más creía que seguro estaba soñando: Tenía el mismo color de cabello, los mismos ojos azules, la misma sonrisa contagiosa, la misma piel blanquecina, los mismos gestos faciales… ¡Era como ver a mi hermana revivida y de la edad que debería tener!-. ¿Eh?- ¿Qué pasa?. ¿Por qué de pronto me mira con tanta curiosidad?-. ¡Qué ojos más raros!- la escuché decir, y fue cuando me di cuenta que se me había olvidado volver a colocarme las gafas nuevamente, así que sin perder el tiempo me las volví a poner-. ¿Eh?. ¿Por qué te los tapas?. ¿Fue por lo que dije?- me decía con una voz como si tratara de disculparse.

-No fuiste tú, es que… tengo un problema a la vista- atiné a inventar y creo que se la creyó porque pronto volvió a sonreír de nuevo.

-¿Oye, por qué no juegas con nosotros?- me sugirió de pronto-. Pareces simpático y te ves como de nuestra edad- ¿Qué me veía simpático?. Menos mal que no estaba con nadie porque seguro que si alguien del clan escuchaba eso no me podría quitar de encima las burlas durante al menos dos semanas-. ¿Cómo puedo llamarte?

-Esto… lo siento, eres muy amable pero alguien me está esperando y no quiero tardarme más. ¿Entiendes?- le pedí lo más amable que pude y es que sólo quería obviarla e irme cuanto antes de ese lugar, de pronto el estar ahí viendo a esa chica desconocida me empezó a dar un profundo sentimiento de nostalgia que ya no podía aguantar.

-Entiendo, bueno…- la escuché balbucear, por Dios hasta balbuceaba igual que ella-. Si algún día quieres unírtenos nos juntamos aquí todos los fines de semana a esta hora- me informó.

-Lo tendré en cuenta- le dije a modo de despedida, sólo quería irme de ahí antes de que me empezara a poner sentimental y terminara preocupando a Demonio más de la cuenta por dejarle esperando. En eso pensaba cuando escuché lo último que esperaba oír.

¡HARUNA!

¿Era mi imaginación?. ¿Una cruel broma del destino?. Vi como la chica se volteaba y corría para dirigirse de nuevo a la cancha con la pelota entre sus manos. ¡No puede ser que esté respondiendo a ese nombre!. ¡No puede llamarse igual que mi fallecida hermanita!. Me acerqué al puente una vez más para tratar de oír desde arriba a los chicos que se reunían con ella en la cancha.

-¿Por qué te tardabas tanto Haruna?- le escuché decir a un muchacho con un extraño peinado de mohicano.

-Perdona Akio, es que me entretuve sin darme cuenta- la escuchaba excusarse.

-Pues si así te vas a tardar la próxima vez, me aseguraré de acompañarte- le escuché decir al más pequeño de todos en tamaño.

-Tú siempre tan preocupado, Kogure- la veía sonreír mientras le daba palmaditas en la cabeza a ese chiquillo.

-¡Vamos!. ¡Sigamos donde nos quedamos!- sugirió una muchacha pelirroja llevándose la pelota entre los pies-. ¡Vamos Haruna!. ¡Que tenemos que ganarle a este par de presumidos!- y ahí estaba otra vez el nombre.

-¡Ya voy Touko!- escuchaba su voz resonar en mi cabeza.

No sé cuánto tiempo me esperó Demonio pacientemente en la heladería, pero desde aquel día…

Nada volvió a ser igual…

Fin del P.O.V Yuuto Kidou

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Capítulo 1: El Chico Misterioso

5 años después. Actualidad.

El sol de primavera brillaba intensamente en aquel día de Abril. Las clases habían empezado hacía una semana y aun se veían muy lejanos los primeros exámenes. Eran las 7:30 AM y el hogar Otonashi gozaba de paz a esa hora. La señora y el señor Otonashi ya se habían levantado recientemente para preparar el desayuno. El señor Junichi Otonashi preparaba sin problema una sopa de miso mientras que Yua, su esposa, estaba revisando el punto del arroz y las verduras.

-Esto ya está listo- decía alegremente el señor-. ¿Cómo vas con lo tuyo querida?

-El arroz ya está, las verduras necesitan un poco más- le avisaba su esposa.

Entonces, el sonido del timbre se escuchó.

-¿Quién habrá venido tan temprano?- se preguntaba la señora Otonashi.

-No sé, pero iré a averiguarlo- le avisó su marido al tiempo que apagaba el fuego de la cocina para evitar que la sopa se recalentara y luego salía a ver quién llamaba a la puerta.

-Será mejor que vaya a despertar a Haruna, sino la levanto ahora se le hará tarde para la escuela- se decía Yua mirando su reloj de pulsera.

Mientras tanto, la única hija de los Otonashi dormía plácidamente en su habitación del segundo piso. De pronto comenzó a abrir los ojos debido a los rayos del sol que se colaban por la ventana obligándola a despertar. Dio un largo bostezo al tiempo que aferraba con fuerza la almohada para desperezarse, parpadeó un poco y gran sorpresa se llevó cuando observó la cabeza de cierto chico de cabello azul puntiagudo que dormía al otro extremo de la almohada y que se le podía notar un hilillo de baba que estaba a punto de caer de su boca semiabierta. Durante los primero cinco segundos no dijo nada por el shock, en los siguientes cinco segundos le invadió una fuerte sensación de molestia y rabia la cual sólo logró contener unos cinco segundos más para luego gritar.

-¡KOOOOOOOGUUUUUUUREEEEEEEEEEEE!

Aquel grito fue más que suficiente para hacer sobresaltar al muchacho de tal forma que inmediatamente acabó cayendo al suelo del susto, mientras que la señora Otonashi, que iba subiendo las escaleras en ese momento, puso cara de palo al escuchar aquel nombre y decidió apresurar el paso para ir a la habitación de su hija.

Y mientras tanto, en la habitación de Haruna.

-¡Si serás!. ¡Ahora sí que te pasaste!- reclamaba la peliazul tratando de darle con la almohada al chiquillo que corría por la habitación tratando de esquivar los golpes que quería darle su amiga-. ¡Regresa acá cobarde!. ¡Ya verás cuando te atrape!- gritaba la chica sin dejar de perseguirlo con tal de darle su merecido.

-¡Haruna, ten piedad!. ¡Sólo venía a despertarte!- le pedía a modo de disculpas el chico.

-¡Y bien que lo hiciste quedándote dormido en mi cama!. ¡Pervertido!- le exclamaba la chica ahora tratando de aventarle la almohada a la cara la cual dio con su objetivo a la primera dejando al chico en el suelo.

-¡Aun tenía sueño!. ¡Perdóname!- le suplicaba Kogure tirado en el suelo y tratando de ponerse en pie lo más rápido posible para seguir escapando, pero Haruna fue más rápida y se posicionó encima de él para dejarlo inmovilizado y a continuación comenzó a apretarle y tirarle de las mejillas en venganza-. ¡Ay, Haruna!. ¡Eso duele!

-¡Pues es lo mínimo que te mereces!- le exclamaba la chica aun enfadada-. ¿Cuándo vas a aprender a no meterte a mi habitación sin mi permiso?- dijo para luego volver a tirarle de las mejillas.

-¡Lo siento!. ¡Lo siento!- lloraba ya el de ojos ámbar.

-¡NO PUEDE SEEEEEEEEEEEEEEEER!- se escuchó gritar la voz de la señora Otonashi que acaba de llegar a la habitación de su hija sorprendiéndola aun en pijama encima de un Kogure tirado en el suelo y jalándole las mejillas, aunque a decir verdad no estaba fijada en ella precisamente sino que veía el piso de su habitación que estaba lleno de pisadas con barro-. ¡YUUUUUUUUUUYAAAAAAAAAA!- gritó ahora la señora pero diciendo el nombre del chico y mirándole amenazadoramente, el pobre no pudo evitar mirarla con terror-. ¿CUÁNDO VAS A APRENDER A QUITARTE LOS ZAPATOS CUANDO VIENES A MI CASA?. ¿ES QUE TUS PADRES NO TE ENSEÑARON MODALES?- gritaba la señora yendo a por el chico con su escoba en mano, aunque de alguna forma y gracias a la adrenalina de lo asustado que estaba, logró zafarse del agarre de Haruna y logró huir de la habitación saliendo por la puerta a toda velocidad.

-¡REGRESA ACÁ!- acabaron gritando ambas mujeres saliendo tras él.

El chico no detuvo su paso por nada en el mundo, estaba tan asustado que le era imposible desacelerar. Dio la vuelta en la escalera y bajó tan rápidamente como como le dieron los pies al comedor donde pudo ser contemplado por el señor Otonashi que ya se había sentado a comer su desayuno y a su lado se encontraba un chico vestido con el uniforme de preparatoria y con un extraño peinado de mohicano comiéndose un plátano.

-¡Buenos días, Yuuya!- le saludó como si nada y con una sonrisa el señor Otonashi, mientras que el del mohicano lo observaba como si fuera pan de cada día verlo huir de esa forma.

-¡Buenos días señor Otonashi, Haruna ya está despierta!. ¡Lo veré otro día!- dijo rápidamente mientras atravesaba el comedor y salía por la puerta principal como alma que lleva el diablo

-¡Vaya con ese chico!- suspiró el señor Otonashi con algo de vergüenza ajena-. ¿Seguro que no quieres un poco de sopa, Akio?- le ofreció al chico del mohicano quién sólo seguía comiendo su plátano observando con indiferencia lo que ocurría.

-¡ESTÚPIDO KOGURE!- se escuchó gritar a Haruna apareciendo por el comedor en pijama.

-¿Dónde está?. ¿Dónde se metió?- preguntaba con enfado la señora Otonashi sosteniendo con fuerza la escoba por si se encontraba al chiquillo.

-Se acaba de ir- decía el señor Otonashi para después beber un largo trago de sopa.

-¡Ese chiquillo!. ¡Me las pagará!- gruñía la señora apretando el mango de la escoba entre sus manos-. ¡YA ES EL COLMO!. ¡TODOS LOS DÍAS ME ENSUCIA EL PISO CON ESOS SUCIOS ZAPATOS!- gritaba a todo pulmón al tiempo que se le veía fuego salir de sus ojos.

-¡Uno de estos días le haremos saber lo que es bueno!- le secundó su hija también con una mirada de fuego, de pronto giró la cabeza dándose cuenta que tenían un invitado a desayunar de última hora-. ¿Akio?- preguntó como si no se esperara que estuviera allí.

-Buenos días- saludó el del mohicano haciendo un ademán.

-¡Pero si eres tú, Akio!- saludó la señora Otonashi borrando de un plumazo su enfadada faceta y cambiándola a una alegre como si nada hubiera pasado-. ¿Qué te trae por aquí?. ¿Te ofrezco algo para desayunar?

-No, gracias. Traje el mío- agradeció al tiempo que mostraba el plátano que se comía.

-¿Y se puede saber qué te trae por mi casa a esta hora?- le preguntaba Haruna con una cara de que no tenía muchas ganas de verlo sentado desayunando en la mesa.

-Vine a buscarte porque hoy empezamos a hacer las audiciones para el nuevo baterista. ¿O ya lo olvidaste?- explicaba para luego acabar con lo poco que le quedaba de plátano de un solo bocado-. Sakuma ya me acaba de enviar un mensaje al móvil de que estaba llegando a la escuela, y quiero que todos estemos allí para cuando haya que escoger al nuevo miembro de la banda.

-Está bien, entiendo- suspiró desganada la chica, y es que la verdad no quería levantarse tan rápido pero era su deber como la pianista del grupo-. Iré a vestirme y vuelvo- avisó mientras se iba a las escaleras para subir a su habitación.

Y diez minutos más tarde, Haruna aparecía sentándose en el comedor ya vestida con su uniforme y comiendo a toda prisa su desayuno para luego bajar lo último que se le había atorado en la garganta con una buena bocanada de sopa.

-¡Ya terminé!- declaró juntando las manos-. ¡Estaba todo muy delicioso!- decía ante las sorprendidas miradas de sus padres y de su amigo que aun no lograban procesar el haber visto a la chica comer a esa velocidad, Akio incluso juraba que no debió demorarse más de dos minutos-. Ya debo irme, los veré cuando salga de la escuela- decía a modo de despedida-. Ah, y antes que se me olvide, buena suerte en tu entrevista de hoy papá- le deseó a su padre antes de salir y desaparecer por la puerta principal junto con Akio.

-¡También le deseo buena suerte señor Otonashi!- le deseó el del mohicano antes de irse junto a Haruna.

-¡Gracias chicos!- les agradeció el señor Otonashi.

-¡Qué tengan un buen día!- se despidió de ellos su esposa al tiempo que se dedicaba a recoger la mesa.

P.O.V Haruna Otonashi

Me llamo Haruna Otonashi, ya tengo 16 años y curso el segundo año en la Preparatoria Inazuma, y sí es una preparatoria pública por si se lo preguntan. Mis asignaturas favoritas son Historia y Educación Física y la que definitivamente odio son las Ciencias. Mi comida favorita son los postres en general, de hecho me gustan tanto que Akio dice que llego a ser empalagosa.

El muchacho que va a mi lado corriendo se llama Akio Fudou y la razón por la cual nos tenemos tanta confianza como para llamarnos por el nombre de pila es porque nos conocemos desde la primaria. Debo admitir que al principio no me caía bien y de hecho traté de hacerme su amiga porque siempre lo veía solo durante los recreos. Al final descubrí que se trataba de un malandrín sin remedio pues lo único que hacía era travesuras a todos los profesores que le caían mal, pero todo cambió un día cuando le defendí declarando a su favor de que no había sido él quien tapó los baños de los profesores y la verdad es que sí era el culpable y yo lo sabía. Sin embargo, desde aquel incidente sus travesuras empezaron a disminuir y empezó a juntarse más conmigo, y al cabo de un tiempo ya no había cómo despegarnos. Empezó a visitarme seguido en mi casa, de hecho venía tanto que hasta mis padres acabaron por cogerle cariño, sobretodo mi mamá. Papá me ha dicho que ella desea en secreto que Akio y yo seamos más que sólo amigos algún día y me hace algo de gracia pensar eso. Pero a decir verdad, no me imagino siendo algo más que su amiga y creo que él también está muy lejos de esas intenciones, en otras palabras sólo somos mejores amigos y punto.

-¡Ese estúpido de Sakuma!- escuché gruñir a Akio y apenas alcancé a notar que estaba mirando su teléfono móvil-. Me acaba de enviar un mensaje diciéndome que ya hay cinco personas esperando afuera del salón de música que quieren audicionar.

-¡Entonces démonos prisa!- le sugerí echando a correr más rápido.

-¡Espérame!- me dijo y pronto él también aceleró el paso.

¿Les comenté que tenemos una banda?. Pues sí, la tenemos y ahora andamos haciendo audiciones para el nuevo baterista. Koujiro Genda, nuestro baterista anterior, tuvo que mudarse de ciudad a fines del curso pasado debido al trabajo de su padre. Al principio no estábamos tan preocupados de conseguir un nuevo miembro, pero desde que Akio se consiguió una oferta para poder tocar en público empezamos a movernos rápidamente para conseguir uno. Por cierto, nuestra banda se llama Koutei Pengin y mi instrumento es el órgano mientras que el de Akio es el bajo.

Y sobre Sakuma, bueno…

A Jirou Sakuma lo conocimos cuando cursábamos secundaria y nos dejó impresionados a Akio y a mí al ver lo bien que toca la guitarra eléctrica. Sin embargo tiene una debilidad por las chicas bonitas y más aun de recibir las atenciones de éstas, la verdad es que ninguno de los dos confiábamos en él como para dejarlo escogiendo por sí solo al nuevo miembro, estábamos seguros que de dejarlo a cargo tomaría a la primera chica linda que se le cruzara. Y es por eso mismo que ahora me encuentro junto con Akio corriendo a toda velocidad: Para que Sakuma no empiece a escoger al nuevo miembro por belleza exterior antes de siquiera escucharle tocar

-¡Date prisa, Akio!- le grité a mi amigo cuando ya íbamos entrando por la puerta principal de la preparatoria. Por un momento me dio la impresión que nos estaban viendo raro todos los que nos veían pasar, aunque creo que cualquiera queda un poco sorprendido si ves llegar a alguien todo apurado cuando todavía es bastante temprano.

Entramos al edificio principal de la preparatoria, una estructura de cuatro pisos y varios metros de largo que resguardaba salones para los de primero, segundo y tercero, además de tener sus respectivas aulas especiales en el cuarto piso que es adonde nos dirigíamos. Subimos las escaleras tan rápido como nos dieron los pies con las pocas fuerzas que ya nos quedaban de tanto correr, hasta que finalmente logramos llegar al salón de música.

-¡Ya… llegamos!- logré decir apenas mientras inspiraba y exhalaba aire bastante sofocada, la carrera me había dejado completamente exhausta.

-¿Dónde… Dónde están los… postulantes?- le escuché decir a Akio quien también parecía estar recuperando el aire.

-¡FUDOU!- escuché una voz eufórica en frente de nosotros, más precisamente de un chico de largo cabello azul plateado, con un parche cubriéndolo el ojo derecho y mostrando un brillante ojo de cachorrito-. ¡Al fin llegaste, luz de mi vida!- exclamó al tiempo que se abalanzaba encima de mi amigo dejándolo en el suelo.

-¡Por Dios!. ¡No otra vez!- se quejó Akio-. ¡Ya salte de encima, Sakuma!- le exigía todo enojado a Sakuma pero él sólo empezó a restregar su mejilla con la de Akio casi como si fuera un gatito, sólo le faltaba ronronear.

La verdad me gustaría ayudar a mi amigo, pero aunque quiera no puedo hacerlo, así que sólo hago lo único que puedo hacer: Mirarlos con algo de vergüenza ajena. No me malentiendan, no lo hago porque me guste verlo sufrir, en realidad todo es idea de Sakuma. La verdad es que empezó a fingir que le gustaba Akio por…

-¡KYAAAAAAA!- escuché exclamar eufóricamente a tres de las cinco personas que venían a la audición y justamente eran las chicas. La gran razón por la que Sakuma fingía que le gustaba Akio: Chicas.

Y es que cuando llegamos a la Preparatoria Inazuma nadie sabía de nosotros y de hecho ni siquiera para los eventos o los festivales escolares nos dejaban tocar porque sencillamente no nos conocían. Así que para hacernos conocidos a Sakuma se le ocurrió una estrategia de publicidad que al principio la encontramos poco ortodoxa… ¡Pero vaya que dio resultado!. En menos de una semana que empezó a fingir que Akio y él llevaban una relación de pareja teníamos un grupo de seguidoras que jamás imaginamos que tendríamos. Pero claro, a Akio nunca le gustó la idea, y de hecho no le gusta que Sakuma se comporte así de cariñoso con él, puede que aún no esté interesado en las chicas pero eso no significa que no sea heterosexual.

Pobre Akio, aunque admiro su esfuerzo y el de Sakuma para que la gente conozca nuestra banda.

Fin del P.O.V Haruna Otonashi

-¡Sakuma se ve tan lindo con Fudou!- exclamaba una de las chicas que habían venido a audicionar.

-¡Ojalá me escojan así podré verlos siempre!- le secundaba la otra.

-¡FuSaku!. ¡FuSaku!- exclamaba la tercera, mientras que los otros dos chicos que venían a la audición con ellas miraban extrañados el comportamiento de las chicas.

-¡BÁJATE!- gritó Akio a su compañero pero éste seguía restregándose contra la mejilla del mohicano-. ¡HARUNA!. ¡POR FAVOR!. ¡DILE QUE SE DEJE!- le imploró.

-Ya Sakuma, déjalo respirar- le decía amablemente la muchacha mientras apartaba al peliplateado con cuidado de Fudou sin dejar de verlo con vergüenza ajena-. Ya tendrán tiempo para los dos. Ahora tenemos que escoger a un baterista- le recordó.

-¿Por qué siempre arruinas mis momentos, Otonashi?- regañó un triste Sakuma haciendo pucheritos.

-¡Qué lindo es Sakuma!- exclamaron las tres chicas con ojos brillantes al verlo así de tierno y los pobres chicos que venían con ellas ya tenían ganas de irse a vomitar de tan empalagosas que se comportaban.

-Al fin- suspiró el ojiverde parándose del suelo y sacudiéndose un poco el uniforme, para luego dirigirse a los chicos y chicas que venían a la audición-. Bueno, supongo que han venido porque están interesados en ingresar a nuestra banda.

-Sí- respondieron al fin los chicos que habían venido.

-¡Y POR SAKUMA!- exclamaron fuertemente las chicas.

-Sí, como sea- decía Fudou por lo bajo viéndolas raro-. Verán, necesitamos un baterista porque tenemos programada una presentación dentro de poco y esa es la razón por la que estamos buscando uno lo más rápido posible- explicó-. Lo único que les pediremos de momento es que improvisen en base a un ritmo que les tocará nuestra pianista y si nos gusta les avisaremos.

-Sí- afirmaron los chicos y chicas.

Así que Sakuma y Fudou tomaron asiento en unas sillas que colocaron lo suficientemente cerca para verles tocar mientras que Haruna fue a tomar posición junto a un órgano eléctrico que estaba preparado de antemano y a su lado estaba la batería en la que debían posicionarse cada uno de los postulantes. La primera en pasar fue una chica rubia de unos vívidos ojos azules la cual ni siquiera había alcanzado a sentarse cuando de pronto Sakuma gritó.

-¡ES PERFECTA!. ¡QUE ELLA OCUPE EL PUESTO!- exclamó.

-Por eso sabía que no podíamos confiar en ti- murmuró Akio por lo bajo y mirándole de reojo-. De acuerdo, no le hagas caso a este idiota y trata de improvisar algo bueno- le dijo a la chica que se había sentado en la batería y ésta sólo hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

-Bien, voy a empezar- anunció Haruna para luego alzar su mano y expresar los números con sus dedos-. En cinco, cuatro, tres, dos…- hizo un ademán para sustituir el uno y comenzó a tocar una melodía de velocidad media que había preparado para la audición, no obstante algo salió muy mal porque la chica en la batería parecía tocar a un ritmo muy acelerado como si se le fuera la vida en hacer eso.

-¡Alto!. ¡Alto!. ¡Alto!- pidió Akio y las muchachas dejaron de tocar-. ¿Sabes siquiera tocar la batería?- le preguntó con sorna.

-Bueno… es la primera vez que toco- reconoció la rubia llevándose una mano detrás de la cabeza en señal de vergüenza-. Pero pensé que podría aprender más si pasaba tiempo con ustedes.

-Lo siento, pero necesitamos a alguien con experiencia- tachó el chico del mohicano con seriedad-. ¡El que sigue!- anunció.

Luego fue el turno de unos de los chicos, pero a los siete segundos de tocar una de las baquetas se le fue volando de las manos y acabó pinchando el ojo sin parchar de Sakuma.

-¡Auch!- exclamó de dolor el peliazul.

-¡Lo siento!. ¡Lo siento!- se disculpó rápidamente el muchacho mirándole preocupado desde la batería

-Si vuelves a hacer eso cuando lo necesite es muy posible que te llame, pero de momento lo quiero vivo porque es buen guitarrista- decía mirándole con una sonrisa sarcástica.

-¡Pues yo no quiero que entre jamás!- exclamó un enojado Sakuma-. ¡El que sigue!

A continuación pasó una de las chicas.

-Bueno, demuestra lo que tienes- le pidió Fudou desde su asiento.

-Esto… ¿Me puedo retirar?- preguntó sin más.

-¿Qué?- reaccionó a preguntar Haruna a su lado.

-Es que, yo… yo sólo venía a ver lo lindos que se ven Fudou y Sakuma juntos- declaró avergonzada y Haruna no pudo evitar reír con mesura lo que sólo provocó un poco la ira del mohicano.

-¡Tú también estás muy linda!- exclamó el del parche con alegría.

-El… que… sigue- logró gruñir con mucho esfuerzo tratando de controlarse para no explotar.

Ahora era el turno del segundo chico que había venido.

-¿Listo?- anunciaba Haruna al tiempo que levantaba su mano para empezar a contar-. En cinco, cuatro, tres, dos…- y de nuevo haciendo un ademán para el uno comenzó a tocar su melodía pero por extraño que pareciera el chico no la seguía y a los diez segundo de empezar a tocar y ver que se quedaba quieto sin hacer nada decidió parar y acercarse a verlo-. ¿Qué pasa que no tocas?. ¿Estás bien?- le movió un poco el hombro para ver si reaccionaba pero…

-¿Qué le pasa a ese idiota, Haruna?- le preguntó Akio pero pronto vio la avergonzada sonrisa de la chica lo cual no era buena señal.

-Está tieso- declaró apenada.

-No me digas que…- comenzó a decir el ojiverde con un tic en el ojo.

-¡Ja, Ja, Ja!. ¡No me puedo creer que haya venido uno con pánico escénico!- reía a carcajada batiente el peliplateado llevándose las manos a la barriga que comenzaba a dolerle de tanto reír.

Y finalmente pasó la última postulante.

-Por favor, dime que tú si sabes tocar y no tienes pánico escénico- le rogó Fudou ya algo desesperado porque ésta audición fuera tan mal.

-Pues he recibido clases para tocar la batería. ¿Eso cuenta?- preguntó la muchacha.

-¡Qué más da!. Hazlo lo mejor que puedas- le deseó ya con aire resignado.

-¡Vamos a empezar!- anunció Haruna para luego volver a levantar su mano para contar-. En cinco, cuatro, tres, dos…- y haciendo nuevamente un ademán para el uno empezó a tocar su melodía al órgano y rápidamente se le unió la otra chica con un buen ritmo.

-No lo hace mal- reconoció el del mohicano-. Es más, se escucha bastante decente. ¿No lo crees Sakuma?

-No me quejo- reconoció también el del parche.

Y después de estar un minuto escuchando a la postulante, Fudou decidió parar la audición.

-¡Alto!- exclamó y ambas chicas dejaron de tocar-. Estuviste bien- le habló a la chica.

-¡Más que bien!- le felicitó Sakuma.

-Yo también creo que lo hiciste bastante bien- apoyó Haruna desde el órgano.

-¿Entonces?. ¿Significa que quedé?- preguntó la muchacha tratando de controlar su emoción.

-Aún tenemos que discutirlo entre los miembros, pero es muy probable que quedes- le aseguró Akio.

-¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!- celebró la chica alzando los brazos de felicidad-. Ahora podré estar junto a Sakuma todo el tiempo- declaró con una voz que daba miedo.

-¿Cómo?- preguntaron al mismo tiempo los tres miembros de la banda mirando raro a la chica.

-¡Querido Sakuma!- decía la muchacha acercándose rápidamente al del parche para abrazarse a él melosamente.

-¿Pero qué…?

-Ya no tienes por qué ir por un muchacho que te trata tan mal- decía melosa sin dejar de abrazarlo-. Si quieres te puedo ayudar a ir por el buen camino- decía mirándole un tanto obsesivamente y dibujándo circulitos en el pecho del chico con su dedo índice.

-Oye… eres muy linda y tocas bien… pero creo que eres algo precipitada- le decía un apenado Sakuma tratando de alejársela pero la tenía pegada como si fuera chicle.

-Vamos Sakuma- insistía la chica sin despegarse-. Ya verás que seremos buenos compañe…- y hasta ahí quedaron sus palabras debido a que Haruna le había noqueado dándole por detrás con lo que parecía ser la figura de un pingüino de medio metro de altura y cayó desmayada al suelo instantáneamente.

-¿No creo que quieran una obsesiva en la banda, cierto?- apuntó la Otonashi.

-¿Rechazada?- cuestionó Fudou mirando de soslayo a sus compañeros.

-Definitivamente- tuvo que reconocer Sakuma con algo de resignación.

Y después de la pésima audición en la cual no pudieron quedarse con nadie, tanto Fudou, como Sakuma y Haruna salieron del salón de música totalmente resignados para dirigirse a sus respectivos salones de clases. Después de todo habían llegado una buena cantidad de postulantes pero ninguno era lo que buscaban.

-Me gustan las chicas- empezó a decir Sakuma para meter conversación-, pero las que son así de obsesivas me dan miedo- agregó al tiempo que le recorría un escalofrío.

-Pues si no quieres seguir topándote con estas locas deberías acabar con tu jueguito- le sugirió el ojiverde viéndole con mala cara.

-Tú sabes que sólo lo hago por publicidad. No sabes las ganas que tengo de vomitar cada vez que debo fingir que me gustas- comentó haciendo un gesto de asco al final.

-Por cierto, Haruna…- habló Akio dirigiéndose a su amiga-. ¿De dónde sacaste ese pingüino de antes?

-Es uno de los parlantes que compré en las vacaciones de primavera- comentó dulcemente la peliazul-. Los tenían en barata en la tienda de música.

-Es obvio el por qué los tenían en barata, seguro que nadie quería comprarlos- decía Fudou con sorna-. Aunque eso también explica por qué la noqueaste, seguro debía estar pesado ese pingüino.

-Bueno, pensé que le harían honor a nuestro nombre. Después de todo somos "Kotei Pengin"- les decía la Otonashi a sus amigos.

-Pues no los quiero en nuestra primera presentación- tachó Fudou.

-¿Qué?. ¿Por qué?- exigió saber la Otonashi.

-Están muy de niña- tachó el mohicano sin darse cuenta de sus palabras, pero Sakuma que sí que puso atención sabía que su compañero había metido la pata hasta el fondo.

-Esto no es bueno…- murmuró para él mismo observando a Haruna que iba a su lado a punto de estallar.

-¡¿CÓMO QUE DE NIÑA?!- explotó la peliazul y el del mohicano le miró un poco aterrado.

-¿Dije de niña?. Bueno, no era exactamente lo que quería de decir- se excusó calmadamente-. Es que admítelo: No son para una banda de hombres.

-¿HOMBRES?. ¿ME VISTE CARA DE MARIMACHO?- gritaba la chica muy enojada.

-¡NO LO DECÍA DE ESA FORMA!- estallaba ahora el del mohicano enojándose porque su amiga no entendiera su punto.

-¡Calma chicos, calma por favor!- les pedía Sakuma mirándoles avergonzado y poniéndose en medio para separarlos-. Podemos resolver esto como personas civilizadas.

-¿Personas…?- repitió Haruna.

-¿…Civilizadas?- completó Akio.

-Lleguen a un trato- les sugirió el del parche-. Haruna no llevará esos parlantes…

-¿Cómo?- interrumpió la chica mirándo feo al peliplateado.

-A cambio de que tú, Fudou, hagas algo que ella quiera- completó rápidamente.

-¿Algo que quiera?. ¿Estás de broma?- alegó mirándole igual de feo que su amiga y compañera.

-Vamos, seguro que esos parlantes los compró con su propio dinero y ambos sabemos que no está pasando por buena situación. Seguro le costó reunir la cantidad suficiente para pagarlos- le recordó Sakuma y Fudou inmediatamente relajó su mirada y suspiró.

-Había olvidado ese detalle- reconoció ahora hablando un poco más comprensivo.

Y es que el padre de Haruna, quién era el sustento de la familia, había sido despedido a principios de Febrero por recorte de personal. Además, para alguien de la edad del señor Otonashi era todavía más difícil tratar de encontrar un buen empleo en Japón ya que siempre trataban de privilegiar a los jóvenes y la bolsa de trabajo nunca parecía tener un puesto disponible por lo que apenas cada dos semanas el pobre iba a entrevistas de trabajo donde no conseguía tener éxito. Lo bueno es que tenía un poco de dinero ahorrado pero sólo les alcanzaría durante tres meses mientras vivieran al mínimo y con lo que rigurosamente necesitaran.

-Haruna…- comenzó a decir el del mohicano sintiéndose un tanto culpable por no recordar su situación económica-. No lleves esos parlantes, será nuestra primera presentación ante un público que no sea de nuestra escuela y quiero que dejemos una buena primera impresión- le pidió esperando su comprensión-. Si quieres llévalos en otra ocasión pero no en ésta. ¿Está bien?

-Está bien- suspiró resignada-. ¿Pero me lo compensarás, cierto?

-Sí, por qué no- suspiró girando la cabeza de medio lado-. ¿Qué quieres a cambio?

-Tocar algo Pop- tachó Haruna.

-¿Pop?- repitió Fudou sin creer lo que había escuchado-. ¡Haruna!. ¡Kotei Pengin no toca música Pop!- le exclamó viéndola feo pero eso no asustó a la chica.

-Pues si quieres que te perdone por no usar mis parlantes, tendrás que hacer eso- le tachó firmemente. Y después de que Fudou murmuró un par de cosas para sí mismo y de un pequeño debate mental acabó mirándola resignado.

-Está bien. Pero será la única canción pop que tendremos- expresó con mala cara.

-¡Gracias Akio!- le sonrió por fin la chica y es que desde que habían formado la banda que quería tocar algo diferente y más acorde a lo que le gustaba.

-No puedo creer que haya accedido a eso- comentó por lo bajo con un tic en el ojo.

-¡Hiciste lo correcto amigo!- le felicitó Sakuma colocándose a su lado para dejarle unas amistosas palmaditas en el hombro.

-Apártate si no quieres morir, Sakuma- le gruñó al chico del parche y éste en respuesta se alejó un tanto asustado.

Después de aquella conversación, Haruna se fue directamente a su salón que quedaba en el segundo piso, ni Akio ni Sakuma le siguieron pues como ambos estaban en último año sus salones se encontraban en el tercer piso. Apenas entró al salón 2-1, pudo apreciar el típico barullo de cada mañana cuando sus compañeros de clase se juntaban entre los que se conocían para charlar un rato. La peliazul fue inmediatamente a su asiento que quedaba cerca de la ventana, dejó sus cosas en la mesa y se sentó en su pupitre para luego exhalar un resignado y largo suspiro.

-¡Vaya mañana!- exclamó para sí misma-. Ojalá y aparezca pronto un baterista aceptable. Espero al menos a papá le haya ido mejor que a nosotros.

-¡Buenos días!- exclamaron un par de voces a su lado y la ojiazul se volteó para encontrarse con una chica pelirroja y un muchacho de cabellos blancos.

-¡Touko!. ¡Shirou!. ¡Buenos días!- les saludó jovialmente mientras la muchacha tomaba asiento en el pupitre que estaba delante del de la Otonashi y el chico tomaba asiento en el que estaba a sus espaldas.

Touko Zaizen era una chica que había conocido en secundaria y con la cual se hicieron muy amigas rápidamente sobretodo porque a ella le encantaba tanto el fútbol como Haruna por lo que iban juntas de vez en cuando a jugar a la cancha junto a la ribera del río cuando estaban aburridas. En cambio, a Shirou Fubuki lo conoció cuando entró en preparatoria y si algo caracterizaba a Shirou era su semblante amable y calmado, lo cual era todo lo contrario a su hermano gemelo que iba en el salón 2-2. Atsuya Fubuki era nada más un muchacho que aparentaba ser rudo aunque en realidad sólo era infantil, lo peor es que era el mejor amigo de Kogure (el vecino de Haruna) y cuando estaban en la preparatoria era extremadamente raro no verlos juntos.

-Supe que hoy harían la audición para el nuevo baterista. ¿Cómo les fue?- soltó Touko sin más.

-Eh… bueno…- Haruna trató de mirar a otro lado tratando que no se le notara el desánimo por ese tema, sin embargo el temple pudo con ella y acabó bajando la cabeza resignada.

-Parece que no les fue muy bien- dijo Shirou con algo de pena.

-Creo que no debí preguntar- dijo rápidamente la pelirroja a modo de disculpas y algo apenada.

-Si quieres puedo aprender a tocar la batería, no puede ser tan difícil- le sugirió el peliblanco sonriéndole.

-A Genda le tomó ocho meses perfeccionarse y tenemos la presentación la próxima semana- dijo Haruna algo triste.

-¿Tan difícil es?- se sorprendió el chico-. Y eso que yo siempre veo que la tocan como si no hubiera que hacer nada en especial.

-¿Y si tocan sin baterista?- sugirió Touko.

-Imposible, necesitamos que alguien lleve el ritmo de las canciones- declaró la peliazul.

-¿Pero tu órgano no tiene ritmos grabados?- preguntó de repente el peliblanco.

-De que los tiene los tiene, pero no son del tipo que Akio busca y él es el que compone la música después de todo, ya saben que a él le va el ritmo pesado- decía Haruna.

-Bueno, si en algún momento me entero de alguien que sepa tocar la batería le haré saber que tu banda sigue buscando a alguien- le sonrió el chico.

-Gracias Shirou- le dijo la chica enseñándole una sonrisa tan dulce que le hizo sonrojarse.

Pero el feliz momento, tenía que ser interrumpido…

-¡Ribit!- escucharon los tres amigos y bajaron la vista para ver como una enorme ranota, de quizás veinte centímetros, croaba tranquilamente mientras estaba sentada en el pupitre de Shirou. Al principio no dijeron nada del shock de haber visto aparecer al anfibio ahí de la nada, pero cuando éste volvió a croar-. ¡Ribit!

-¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!- gritaron los tres al mismo tiempo del susto y la rana, en respuesta al miedo, saltó a la cabeza de Touko quién empezó a gritar aún más fuerte y a correr por el salón presa del pánico.

-¡Quítenmela!. ¡Quítenmela!. ¡Quítenmela!- rogaba sin dejar de correr pero todo era en vano pues los chicos y chicas se apartaban por inercia ya fuera por el miedo a la enorme rana o simplemente para que la chica no les atropellara.

-¡Touko, trata de calmarte!- le pedía Shirou sin conseguir resultados pero entonces empezó a escuchar unas extrañas risas en una esquina apartada del salón-. Debí imaginarlo- suspiró resignado.

-¡Ayuda!. ¡Que alguien me ayude!- seguía pidiendo la pelirroja y de pronto un escobazo pasó volando por su cabeza mandando a volar a la rana hasta el escritorio del profesor.

-¡Y es un Home Run!- exclamaba Haruna aun con la escoba en sus manos.

Cuando ya no sintió a la rana en su cabeza, Touko simplemente se relajó en el suelo exhalando una bocanada de aire aliviada al tiempo que todos los chicos y chicas del salón aplaudían a la Otonashi por su valiente actuación.

-¿Estás bien amiga?- le preguntó acercándose a la pelirroja y extendiéndole una mano.

-Sí, gracias a ti- le agradecía Zaizen tomándole de la mano para poder ponerse en pie

-¡KEROKERO!- escucharon entonces mientras veían como un conocido chico de segundo de otro salón, de baja estatura y de puntiagudo cabello azul corría hasta el escritorio del profesor a donde había quedado la rana-. ¿Sigues vivo?. ¡Respóndeme amigo!- le rogaba tomando con cuidado a la rana.

-¡Ribit!- croó el anfibio y el chico saltó de alegría al ver que seguía bien.

-¡QUE BUENO!. ¡NO TE PASÓ NADA!- decía felizmente el muchacho.

-Tú…- escuchó a alguien gruñir a sus espaldas-. Así que esa cosa es tuya, Kogure- seguía gruñendo, el mentado se dio la vuelta para encontrarse cara a cara con su amiga y vecina Haruna.

-Así es, se llama Kerokero. Se coló en el equipaje de mis padres cuando volvieron ayer de Estados Unidos- decía Kogure como si estuviera orgulloso-. ¿No te parece lindo?

Y antes de que alguien pudiera decir algo más…

¡PAAAAAAAAAAAAAAAF!

Y un enorme chichón apareció en la cabeza de Kogure, producto de un golpe que la Otonashi le mandó, donde ahora se sentó la rana Kerokero.

-¡Qué dolor!- se quejaba el chico llevándose las manos a la cabeza.

-¡Pues te lo mereces!. ¡Tu rana nos dio un susto de muerte!- le gritó la peliazul.

-No actuó solo- decía la voz de Shirou a sus espaldas, Haruna se dio la vuelta y pudo observar como traía agarrados del cuello del uniforme a dos chicos extrañamente pelirosados, uno de ellos muy parecido a Shirou y el otro moreno y usando unos goggles para el agua sobre su cabeza.

-¡Suéltame Shirou!- reclamaba el chico que era parecido a él.

-Si nos sueltas te enseño a surfear. ¿Qué dices?- decía apenado el otro.

Entonces, a ambos les recorrió la sensación del miedo al ver como Haruna y Touko les observaban con cierta rabia contenida.

-¿Atsuya…?- gruñía la peliazul.

-¿Tsunami…?- gruñía la pelirroja a su lado.

-¿Estaban confabulados en esto?- gruñeron las dos al mismo tiempo mientras se acercaban peligrosamente a los atrapados chicos.

-¡FUBUKI, SUÉLTAME!. ¡TOUKO ME VA A MATAR!- suplicaba el moreno tratando de huir pero el peliblanco lo tenía bien sujeto.

-¡NO SEAS UN MAL HERMANO!. ¡SHIROU!- rogaba el otro también tratando de huir en vano.

Y cuando las clases comenzaron diez minutos más tarde, el trío compuesto por Atsuya Fubuki, Jousuke Tsunami y Yuuya Kogure estaban en el salón de clases 2-2 que era diferente al que iban Haruna y sus amigos. Y, además, ninguno de sus compañeros e incluso la profesora en turno podía dejar de mirarles de vez en cuando con cierta pena al verles como les quedaron de hinchadas las caras por la paliza que recibieron de parte de las enojadas chicas. En tanto, la sobreviviente rana Kerokero, croaba feliz con su cabeza apenas saliendo por la mochila de Kogure.

Después de aquel incidente, todo transcurrió con normalidad como si fuera cualquier otro día de clases común y corriente. Así fueron las cosas hasta que fue el final del día.

-Nos vemos mañana Touko- se despidió de su amiga quien ya tomaba sus cosas para irse.

-Hasta mañana, Haruna- se despidió la pelirroja haciendo un ademán y luego abandonó el salón.

-Oye Shirou. ¿Volvemos a casa juntos?- le ofreció a su amigo que estaba terminando de guardar sus cosas abultadamente en su mochila.

-Lo siento, pero esta semana me toca servicio- dijo en un tono triste.

-¡Qué lástima!- suspiró triste ella también.

-Pero si quieres puedes esperarme, trataré de no demorar. Y para que no te aburras podemos charlar un rato- le ofreció el chico pero no contó con que Haruna le miraría con cierta comprensión.

-Descuida- le sonrió-. Además tengo que llegar temprano para saber cómo le fue a papá en su entrevista.

-Está bien, entiendo- le sonrió él a su vez-. ¡Entonces te veré mañana!- se despidió.

-¡Hasta mañana!- se despidió a su vez la peliazul mientras tomaba sus cosas y salía del salón, sin notar siquiera como Shirou la miraba irse con algo de tristeza.

-Será en otra ocasión…- suspiró para sí mismo.

Muchos chicos y chicas salían por el portón principal cuando Haruna abandonaba el edificio. Pero antes de irse se quedó un momento observando a los del club de fútbol soccer que mantenían un partido de entrenamiento. Desde pequeña siempre le había parecido lo máximo, pero sabía bien que una mujer no tenía mucho futuro si se dedicaba a ese deporte. Claro que cada vez que podía iba a jugar con Touko y Akio en la cancha junto a la ribera, sobretodo con éste último porque según el muchacho eso le ayudaba a pensar. Entonces observó como el portero, un chico de cabello castaño y con una banda a la cabeza, atrapaba un fuerte chutazo que le habían enviado directamente. Bajó la cabeza con una sonrisa nostálgica y pronto volvió a seguir su camino.

-No te distraigas, Haruna. Ya debes irte a casa- se dijo a sí misma mientras daba la vuelta y salía por el portón principal.

Su casa no quedaba muy lejos, sólo eran diez minutos si tomaba el autobús. Pero como la familia pasaba por malos momentos económicos, la semana de Haruna tuvo que ser reducida a lo estrictamente necesario como para llamar desde un teléfono público cuando lo necesitara (porque tuvieron que sacar los teléfonos móviles de la casa debido al coste), aunque también era para usarlo por si necesitaba algún útil escolar de última hora. Por eso mismo, la chica tenía que ajustar continuamente lo que recibía para hacerlo durar y con suerte ahorrar unas pocas monedas para el final de la semana. Exhaló un largo y amargado suspiro cuando se dio cuenta que debía ahorrar y en cuanto vio la parada del autobús la obvió y siguió de largo.

-Es tan aburrido volver a casa sola- se dijo para sí misma, y vaya que lo era porque caminando los 10 minutos que duraba el camino a casa en autobús se convertían fácilmente en unos largos 45 minutos, pero debía hacerlo porque para su mala suerte un viaje en autobús consumía la cuarta parte de toda su semana-. ¡Cuántas ganas tengo de comerme un pudín!- se relamía la chica pensando en aquel postre que tanto le gustaba, pero de inmediato movió la cabeza bruscamente de lado a lado para volver a la realidad-. ¡No, no, no!. ¡Debes resistir a la tentación, Haruna!. ¡Debes ahorrar hasta que papá consiga un trabajo!- se decía con aire decidido-. ¡Pero aun así tengo muchas ganas de comer pudín!- se quejaba al aire haciendo pucheritos.

Iba pasando por una plazoleta que indicaba la mitad de camino hacia su casa y, sin que ella lo supiera, unos muchachos de mala pinta que estaban sentados en una banqueta la observaron detenidamente. Al verla tan desprevenida y hablando para sí misma, los chicos intercambiaron miradas maliciosas e inmediatamente se acercaron hasta quedar frente a la chica interrumpiendo su caminata.

-¿Eh?- se sorprendió la peliazul al notar que unos muchachos que desconocía irrumpían en su camino. Observó que uno era alto y rubio, mientras que el otro era bajito y regordete, ambos vestían uniformes de preparatoria y no parecían tener cara de buenos amigos.

-Vaya, vaya. ¿Pero que hace una lindura como tú caminando tan solita?- decía el más alto arrastrando las palabras.

-Sí, no es buena idea ir sola por ahí sin compañía- le secundó el regordete.

-Disculpen, ando con algo de prisa- trataba de excusarse-, así que si no les importa…

-No te preocupes, no te haremos perder mucho tiempo- seguía insistiendo el rubio.

-De… De verdad son muy amables, pero ya…- en eso Haruna miró hacia atrás por si había alguien a quien gritar por ayuda pero en vez de eso visualizó a unos pocos metros dos contenedores de basura y se le ocurrió una idea-… lo siento pero ya debo irme. Adiós- se despidió rápidamente y salió huyendo.

-¡Yasui se nos escapa!- exclamó el regordete.

-¡Vamos por ella Usui!- exclamó el otro y ambos salieron a perseguir a la peliazul.

Haruna, que ya había prevenido esto de antemano, sin parar de correr miró un poco por detrás de su hombro para asegurarse que los muchachos de mala pinta la seguían y así era. Aceleró un poco más para llegar a los tarros de basura y lo hizo justo a tiempo, tiró uno al suelo y le dio una fuerte patada para mandarlo rodando y su idea tuvo buenos resultados porque ambos muchachos fueron impactados con el bote y cayeron de cara al suelo.

-¡Eso es!- exclamó para sí misma pensando que había ganado, pero no contó con que los chicos se recuperarían rápido-. ¡Ay no!- exclamó algo asustada.

-¡Vas a paga por eso!- le gritó el rubio y salió a perseguirla secundado de su compinche.

Del susto, Haruna les arrojó el otro bote de basura que había del mismo modo que el otro pero ninguno de los dos muchachos volvieron a caer en el mismo truco, el cual lograron esquivar saltándolo para luego ir a perseguir a su presa. Sin pensarlo dos veces, la Otonashi huyó tan rápido como le daban sus pies zigzagueando por calles cortas y metiéndose por callejones con tal de perder a eso tipos.

-¡REGRESA ACÁ!- le gritaba el regordete.

-¡CUANDO TE ATRAPEMOS TE DAREMOS UNA LECCIÓN QUE NO OLVIDARÁS!- le gritó esta vez el rubio.

-¿Por qué me tiene que pasar esto?- pensaba para sus adentros la chica cuando de pronto dobló en la siguiente esquina y se le ocurrió otra idea cuando vio una camioneta estacionada.

-¡Se fue por ahí Yasui!- apuntó el regordete.

-¡Que no escape!- decía el otro.

Sin embargo, cuando doblaron la esquina…

-¿Eh?- exclamaron al unísono cuando comprobaron lo imposible.

-¿Desapareció?- decía Yasui con cierta sorpresa en su voz-. ¿Pero cómo lo hizo?. ¡No iba tan rápido!

-¡No puede ser!. ¡La hemos perdido!- exclamó un frustrado Usui.

Y, unas pocas cuadras más adelante, iba andando una camioneta con cierta pasajera no identificada que iba sentada en su parte posterior.

-¡Uf, parece que al fin los perdí!- suspiró aliviada al ver que aquellos extraños tipos ya no la seguían, sin embargo…- ¡Ay!- exclamó adolorida, la camioneta se había detenido bruscamente, lo cual había hecho que perdiera el equilibrio y se cayera de lado golpeándose en el brazo derecho.

-¡Oye tú!- le reclamó entonces la voz del conductor quien se bajó a regañarla en cuanto la había visto por el espejo retrovisor-. ¡Si no te bajas de mi camioneta en este instante llamaré a la policía!- le dijo en un tono que daba miedo.

-Lo… Lo siento- se disculpó la peliazul rápidamente al tiempo que se bajaba.

-¡Y no quiero volver a verte otra vez en mi camioneta!- le advirtió antes de volver a subirse de nuevo al vehículo para arrancarlo de ahí y perderse en la distancia.

-¡Si que tienen malas pulgas algunas personas!- comentó la chica al aire, pero decidió hacer caso omiso y seguir su camino, no obstante notó de inmediato que algo no estaba bien-. ¿Dónde estoy?- se preguntó al ver que había terminado en un lugar que no conocía-. De acuerdo, no te desesperes Haruna. No te has perdido, es sólo que has tomado una dirección diferente a la que tomas siempre. No estás perdida- trataba de convencerse para no entrar en pánico-. Sólo… sólo debo encontrar la calle principal y ya, nada del otro mundo.

Pero por más que buscó y buscó no encontraba ninguna calle que se le hiciera conocida, además que tampoco encontraba a nadie que le pudiera ayudar dándole indicaciones. De verdad que no quería desesperarse aunque le preocupaba el hecho de que regresaría con varios minutos de retraso.

-¿Y si tomara un taxi?- pensó al tiempo que sacaba el dinero de su semana que traía al bolsillo-. No. ¿Qué estoy haciendo?. No puedo desperdiciar mi semana en algo como un taxi. Seguro encontraré otra forma- miró a su alrededor y pronto halló su salvación: Un teléfono público-. ¡Me salvé!- exclamó de alegría e inmediatamente sacó unas monedas en cuanto se acercó al teléfono y las introdujo en él. Sin pensarlo marcó al móvil de Akio, él siempre la sacaba de cualquier lío sin que sus padres se enterasen-. Por favor, contesta Akio. Contesta- rogaba la chica, pero…

-Habla Akio Fudou y lo siento, no puedo contestar en este momento- decía la grabadora de voz del otro lado del auricular-. Por favor deja tu número y tu mensaje después de la señal y quizás te llame. Quién sabe- terminaba de decir con un tono sarcástico.

-¡Vaya momento en el que no puedes contestar Akio!- se quejó la peliazul colgando de mala manera antes de que sonara la señal y perdiera sus valiosas monedas en la llamada. Las recuperó por donde caía el cambio e iba a intentar llamar a Touko quien seguro ya debía haber llegado a su casa, pero en ese instante una extraña y fuerte brisa pasó a su alrededor haciéndole ondear tanto la falda como el cabello-. Se está levantando viento, espero que no se venga una de esas lluvias sorpresivas de primavera- deseaba al tiempo que colgaba el auricular y se decidía a seguir camino para ver si ahora encontraba un taxi, por último le pediría dinero prestado durante la semana a Akio y a Sakuma, sabía que no se lo negarían por mucha vergüenza que le diera el pedírselos. Caminó con algo de prisa a la esquina cuando de pronto vio aparecer a alguien que doblaba hacia ella, Haruna pensó por un instante que al fin había encontrado a alguien que podía darle una pista de dónde se encontraba, pero no sabía cuan equivocada estaba.

Miró con atención al muchacho que ahora caminaba torpemente y cabizbajo en su dirección, no se veía en muy buen estado, de hecho se le observaba bastante deplorable. Daba la impresión de ser de su edad, llevaba su rastado cabello peinado en una apretada coleta, usaba unas gafas goggles que le cubrían sus ojos y lo que más se le hizo extraño era que tenía puesta algo que pudo reconocer como una larga capa roja que se sujetaba a la altura del cuello. Además estaba totalmente cubierto de polvo de pies a cabeza como si se hubiera metido en un basurero o algo porque en realidad que venía bastante sucio. Por el uniforme que llevaba puesto se dio cuenta que era alguien de la Preparatoria Teikoku, el establecimiento educacional más importante de la ciudad, el cual se caracterizaba por sus extremadamente difíciles exámenes de admisión la cual era la única manera de entrar con una beca si no eras rico, porque también se llevaba la mala fama de ser la escuela con la mensualidad más cara de todo el país.

-¡Oye!. ¿Te encuentras bien?- atinó a decirle la Otonashi, en respuesta el extraño muchacho levantó un poco la cabeza para observar a la dueña de aquella voz que le llamaba y cruzaron miradas por unos segundos.

-Maldito… destino…- murmuró tan bajito el de gafas que no pudo ser escuchado por la chica y luego…

Sólo se desplomó de cara al suelo a unos pocos metros de Haruna.

-¡OYE!- le gritó preocupada acercándose hasta él, se agachó a su lado y comenzó a zarandearlo-. ¡Oye, despierta!. ¡Despierta!- le pedía sin conseguir resultados-. ¡Por Dios!. ¿Y ahora qué hago?- se preguntó tratando de no entrar en pánico-. Piensa Haruna, piensa… no puede haber salido de la nada, así que seguramente debe tener algún número al cual puedas llamar para que vengan a buscarlo- se decía a sí misma pensando que había dado con el clavo, pero como no traía ninguna mochila o bolso con él decidió buscarle en sus bolsillos para ver si encontraba aunque sea un móvil que tuviera el número de su casa para llamar a su familia y vinieran a recogerlo.

-¿Qué… Qué haces?- dijo de repente el chico aunque fue tan de improviso que asustó un poco a la peliazul.

-¿Seguías despierto?- se sorprendió-. Disculpa si revisaba tus bolsillos, es que te caíste tan de repente que pensaba que te habías desmayado y sólo quería ver si tenías algún número de teléfono al cual…

-¡Ya cállate!. ¡No des tantas excusas!- le reprendió interrumpiéndola y haciendo el amago de levantarse, aunque volvió a caerse al suelo nuevamente porque le fallaban las energías-. ¡Maldición!- se quejó.

-¡Ten cuidado!. ¡Si haces esos movimientos tan bruscos es obvio que no te podrás parar!- le reprendía ella ahora-. Ven, te ayudo- le ofreció tomándole por debajo de los brazos para poder al menos ayudarlo a sentarse y fue cuando lo levantó del suelo que se dio cuenta de lo que no esperaba: Una hilera de sangre que iba desde el lado derecho de la cabeza del chico y que ya había recorrido su mejilla hasta llegar al mentón del cual, al no haber más camino, caía una que otra gotita de sangre-. ¡Santo cielo!. ¡Estás herido!- atinó a decir con preocupación.

-No… no es nada. Déjalo así- trató de decirle el de las gafas pero Haruna no se lo tomó a bien.

-¿Qué te deje así?. ¡Debes estar bromeando!- le regañó-. Llamaré a una ambulancia, quédate aquí un momento- le pidió para tratar de irse al teléfono público y llamar a las emergencias, pero…

-No…- la detuvo el muchacho alcanzando a tomarla de un brazo para que no se fuera-. No quiero ir… a un hospital- le logró pedir con algo de dificultad.

-¡Pero estás herido!- le insistió la peliazul.

-Aun así… no me lleves- le pidió nuevamente el muchacho.

Haruna entonces entró en un pequeño debate mental. No podía dejarlo ahí a su suerte y si no recibía tratamiento de inmediato aquella herida podría infectarse, pero el muy cabeza dura se negaba a ir a un hospital. Sin embargo, ella no era quien para juzgarle si apenas lo conocía de hacía cinco minutos, por lo que pensó que tendría sus razones para no querer recibir asistencia.

-Está bien, no te llevaré a un hospital- le dijo al muchacho-. Pero necesitas que te curen esa herida, así que te llevaré a mi casa. ¿Eso está mejor para ti?- le dijo sin más y observó como el chico bajaba la cabeza en un claro gesto de afirmación-. Con eso me basta- tachó la peliazul al ver el gesto y tan rápido como pudo fue a detener un taxi que pasaba por esos momentos cerca de allí.

Cuando se subieron al vehículo Haruna solo tuvo que dar la dirección de su casa y el conductor inmediatamente supo a donde ir. Les costó alrededor de cinco minutos volver a la calle principal y fue entonces cuando la chica se sorprendió de todo lo que había recorrido sin darse cuenta.

-¡Cielos!. ¡Sí que puedo correr mucho cuando me lo propongo!- se dijo a sí misma. Notó entonces que el muchacho iba presionándose la herida de su cabeza con la mano para que no le siguiera sangrando tanto y no lo pensó dos veces para sacar un pañuelo deshechable que traía en su bolso-. Toma, así no tendrás que ensuciarte la mano- le dijo ofreciéndole el pañuelo.

-Gracias- fue lo único que pronunció el de gafas tomando el pañuelo que le ofrecían y llevándoselo ahora a su cabeza, Haruna sólo sonrió en respuesta.

De ahí en adelante no hablaron de nada sino hasta que llegaron finalmente al hogar Otonashi. La carrera completa había salido 900 yens lo cual fue un golpe bajo para la humilde semana de tan sólo 1.000 yens de la muchacha.

-Adiós a mi semana- pronunciaba tristemente para sí misma mientras veía al taxi alejarse y luego observaba la mísera moneda de 100 yens que había quedado en su mano.

-¿Qué dices?- preguntó el chico quien al parecer había alcanzado a escucharle algo.

-No es nada, no es nada- le decía un tanto apenada haciéndole señas con las manos de que la ignorara-. Vamos adentro, que hay que curarte esa herida- le dijo rápidamente para cambiar el tema, lo tomó de un brazo y le animó a entrar-. ¡Ya estoy en casa!- anunció la chica entrando por la puerta pero sólo fue recibida por el mismo silencio-. ¿Mamá?. ¿Papá?. ¿Hay alguien en casa?- preguntó pero nadie respondió-. Seguro deben haber salido- concluyó antes de jalar un poco del brazo al extraño muchacho-. Vamos entra, pero quítate los zapatos que mi mamá es muy estricta con la limpieza de la casa- le decía mientras se quitaba sus propios zapatos y lo mismo hizo el muchacho con los suyos.

Después de eso fueron hasta el baño que se hallaba en el primer piso, donde el de las gafas se sentó en el excusado mientras que Haruna se dedicaba a sacar el botiquín que estaba guardado en una cajonera para empezar a darle los primeros auxilios. Llenó a su vez el lavamanos con agua caliente la cual planeaba usar para limpiarle la herida primero.

-De acuerdo, empecemos. No puede ser tan difícil- pensaba en voz alta-. Déjame ver esa herida- le pidió y, sin decir nada, el de gafas se quitó el pañuelo con el cual se apretaba para dejar la herida en su cabeza al descubierto-. Por Dios, sí que se ve fea- opinó para luego remojar una toalla en el agua caliente del lavamanos y empezar a limpiarle por los alrededores lo cual no sería nada fácil ya que la herida en cuestión nacía un poco arriba de la oreja del de rastas.

-¡Con cuidado!- se quejó de dolor.

-Lo siento- se disculpó rápidamente la chica y volvió a limpiar.

-Duele…- gruñía tratando de aguantar.

-Resiste un poco, trataré de limpiar tan rápido como pueda- le dijo la chica, sin embargo era un poco difícil de hacer aquello ya que parte del cabello del muchacho también estaba ensangrentado por lo que tenía que limpiarlo y apartarlo de la herida para impedir que se le infectara-. ¿Cómo te la hiciste?

-¿Qué?- preguntó curioso como si no hubiera entendido bien.

-Me refiero a la herida- se explicó la Otonashi-. ¿Te cayó algo encima?

-No te lo puedo decir- le tachó con seriedad.

-¿Y eso por qué?- preguntaba curiosa.

-Porque es mejor que no lo sepas- explicó serio-. Créeme, a veces es mejor ser feliz viviendo en la ignorancia que conocer una verdad que te afecte.

-Sí que eres rarito- sonrió un poco la chica.

-¿Y tú no?- le rebatió él-. Llegas y ayudas a un desconocido, y hasta lo invitas a pasar a tu casa.

-Sólo es una acción de buena fe- se defendió aun hablando con amabilidad-. Digo, si tú me hubieras encontrado así, ¿no habrías hecho algo similar?- pero no recibió ninguna respuesta de parte del chico-. Entiendo, no eres del tipo que se acercaría ayudar- suspiro algo triste.

-No es eso- empezó a decirle.

-¿Entonces?

-Olvídalo- suspiró él y una vez más se volvió a desatar el silencio.

Cuando Haruna terminó de limpiarle por los alrededores de la herida comenzó a limpiarle la sangre que le había caído por el rostro y que ya empezaba a coagularse. Limpió por los alrededores de su frente, mejilla y mentón hasta que por fin le sacó toda la sangre de la cara excepto una parte.

-¡Espera!. ¿Qué haces?- le cuestionó al ver que haría el amago de sacarle las gafas.

-Sólo quiero comprobar que no se haya colado la sangre por debajo- se explicó pero de inmediato notó una expresión desconfiada en el chico-. ¿No confías en mí?- preguntó con un poco de deje de tristeza en su tono, pero inmediatamente y para su sorpresa lo vio relajarse.

-Está bien, pero me las sacaré yo- le dijo y sin más se las quitó con mucho cuidado de no pasarse a llevar su herida y dejar al descubierto sus ojos que eran de un intenso color rojo.

La peliazul se le quedó viendo durante un momento, un tanto extrañada.

-¿Sucede algo?- le preguntó al ver que la muchacha se había quedado quieta en su sitio.

-No, no es nada. Es sólo que me sorprendí un poco- se excusó un tanto nerviosa y volviendo a su labor de limpieza pues se había dado cuenta que efectivamente tenía manchado el ojo con sangre-. Quiero decir, no todos los días encuentras a alguien con una extraña coloración en los ojos- sin embargo, al decir aquello, observó como la mirada del de rastas se clavaba en la suya como si fuera un puñal-. Esto, yo… no quería ofenderte- se apresuró a decir algo avergonzada-. Quiero decir, no digo que se te vean mal ni nada… de hecho creo que se te ven bien, aunque te ves algo intimidante y…- pero pronto calló porque empezó a ver como él empezaba a reír con mesura.

-¿Es que nunca te callas?- decía divertido y la chica se sonrojó en respuesta.

-Perdón si hablo mucho- dijo avergonzada.

-Descuida- fue lo único que pronunció.

Terminada la limpieza de la sangre, la chica procedió a desinfectar la herida aplicando un poco de antiséptico con un algodón. A continuación le aplicó un poco de yodo para que sanara más rápidamente, después sacó un trozo de venda y empezó a colocársela alrededor de la cabeza para vendarle.

-¡Ya está!- declaró cuando terminó su trabajo.

-Eres una buena enfermera- declaró el chico a modo de felicitarla.

-Sólo hice lo mejor que pude- sonrió ella-. Ahora espero que tengas más cuidado para no volver a lastimarte así…

Pero sus palabras fueron interrumpidas por lo último que imaginó. En un rápido movimiento que no se esperó, el chico la jaló de un brazo hacia él, le agarró por detrás de la cabeza y la besó en los labios, en un beso corto de tan sólo unos segundos pero lo suficiente como para dejarla desconcertada.

-¿Qué?- fue lo único que atinó a decir cuando sus neuronas volvieron a funcionar.

-Es mi forma de darte las gracias- le explicó como si fuera lo más obvio.

-¡PERVERTIDO!- exclamó Haruna totalmente ofendida, trató de propinarle una bofetada pero no contó con que adivinaría su movimiento y acabaría con la muñeca apresada-. ¿Cómo?- se cuestionó al verse capturada por él y es que hasta entonces si debía de darle su merecido a otro chico, como en el caso de Kogure, nunca había fallado, nunca hasta ahora.

-¿No te ha gustado mi agradecimiento?- le cuestionó como si no comprendiera la reacción de ella.

-¡Qué agradecimiento ni que nada!- le volvió a exclamar ahora tratando de propinarle una patada, pero nuevamente volvió a adivinar su movimiento bloqueándolo con su propia pierna.

-Sí que eres ruda- decía divertido y a continuación la rodeó por la espalda con el brazo que tenía libre-. Pero yo también puedo serlo si quiero.

-¿Qué?- fue lo último que alcanzó a decir antes de que su boca fuera nuevamente callada por otro beso.

Trató como pudo de soltarse de su agarre, pero aquel chico la tenía firmemente atrapada y de tal forma que le impedía moverse para tratar de propinarle otro golpe. Sin dejar de besarla comenzó a hacerla retroceder hasta dejarla pegada a la pared del baño y así tuviera menos libertad de movimiento.

-¿Qué pasa?. ¿No te gusta?- le preguntó entonces el de rastas mirándola a los ojos.

-¡No!. ¡Ya suéltame!- le replicaba en vano-. ¡AUXILIO!.¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!- comenzó a gritar deseando que al menos los vecinos la escucharan y vinieran en su ayuda.

-¡Cállate!- le reclamó el chico empujándola contra la pared para que entendiera aquella intención-. Todo es en vano. Sería tonto que alguien viniera ayudarte- le decía en un tono tan serio que llegaba a oírse maligno-. Ten por seguro que si alguien me interrumpe ahora, lo voy a matar- tachó como si lo estuviera diciendo en serio y dedicándole una fulminante mirada a los ojos de la peliazul.

-¿Pero qué locuras dices?- le cuestionó ella antes de ver como se le avecinaba el rostro de aquel muchacho nuevamente, cerró los ojos apretadamente esperando a que se viniera otro beso que no quería pero en vez de eso sintió como recibía un mordisco en el cuello-. ¡NO!. ¡ESPERA!- gritaba al sentir los dientes del chico provocándole algo de dolor y cosquillas, pronto comenzó a sentir como empezaba a pasar su lengua la cual fue subiendo lentamente por el borde de su rostro hasta llegar al lóbulo de su oreja derecha el cual comenzó a degustar-. ¡YA BASTA!. ¡DETENTE!- seguía gritando.

No importaba cuántas veces se lo pidiera, las intenciones de él parecían estar lejos de parar lo que le hacía. Comenzó a arrepentirse de haber traído un extraño a la casa, aunque sus padres siempre le habían repetido una y otra vez que nunca hablara con desconocidos le era imposible evitar su buena voluntad, no podía creer que por tratar de ayudar a un herido hubiera acabado todo así. Y mientras pensaba eso ocurrió lo peor, empezó a sentir como las manos del muchacho se colaban hasta su blusa comenzando a desabotonarla para luego abrirla de golpe, dejando ver que sólo una única prenda, más específicamente un sostén color rosa, era lo único que tapaba la vista a sus senos. Se deleitó durante unos segundos apreciando el cuerpo de la chica que tenía delante sin poder evitar apartar su mirada sino hasta que escuchó un sollozo provenir de ella.

-Ya basta…- le suplicaba al tiempo que unas lágrimas se empezaban a ver en sus azules ojos-. Por favor… te lo suplico…- sollozaba sin poder evitar que su llanto comenzara a caer por su rostro.

Observó que el chico la miraba a los ojos con seriedad y no pudo evitar sentir miedo al ver cómo le veía con tal firmeza que lograba intimidarla, le sorprendía mucho ya que su amigo Akio también podía colocar una mirada así de intimidante pero nunca le había dado miedo, no así como ocurría ahora. Entonces vio como el muchacho suavizó la mirada y cerró los parpados relajadamente al tiempo que bajaba la cabeza dando la impresión de que estaba arrepentido.

-Lo siento- lo escuchó pronunciar y no pudo evitar abrir los ojos de la sorpresa al pensar que le hubiera hecho caso.

-¿Entonces… te vas a detener?- pregunta tonta, lo sabía. Pero estaba tan nerviosa que ni siquiera analizó lo que decía.

Y en otro movimiento que no se esperó, sintió como los brazos de él la rodeaban con firmeza dejándola pegada a su cuerpo y sin poder evitar sonrojarse ante aquel acto. Podía sentir como la suave tela de su uniforme rozaba lo que había quedado de su piel desnuda. Alzó la vista para verle directamente a sus rojizos ojos dejando ver que estaba completamente confundida ante lo que estaba pasando ahora y vio como la boca del chico se acercaba hasta quedar a la altura de su oreja.

-Será mejor en otra ocasión- le susurró al oído.

Y aquellas palabras fue lo último que escuchó antes de sentir un fuerte golpe por detrás de su hombro y por alguna razón que no entendía comenzó a invadirle un sueño tan profundo que no pudo evitar caer dormida en los brazos del muchacho, quien alcanzó a tomarla tan firmemente como pudo para evitar que cayera al piso.

-0-0-0-

Y al día siguiente…

El sol empezó a brillar fuertemente aquella mañana de Abril, los pajaritos canturreaban alegremente por fuera del hogar Otonashi. Los rayos matutinos comenzaron a colarse por la ventana de Haruna como cada mañana indicándole que ya era hora de despertar. Abrió torpemente los ojos sintiéndose desorientada durante unos momentos.

-¿Es mi habitación?. Pero… ¿No estaba en el baño?- se preguntó mirando a su alrededor, se sentó dándose cuenta que estaba en su cama y se llevó las manos a la cabeza que por alguna razón le dolía endemoniadamente-. ¿Cómo fue que llegué aquí?. No recuerdo haber venido a mi habitación… acaso él…- pero pronto se calló y apreciaba sorprendida que llevaba puesto el pijama-. Pero llevo el pijama puesto- y a continuación observó su reloj que estaba en la mesita de noche y comprobó que eran apenas las 7:20 de la mañana-. Y ya es casi hora de levantarse. ¿Habrá sido un sueño?- se preguntó a sí misma, pero entonces, como andaba con todos los sentido en alerta, escuchó algo raro que venía de su armario-. ¿O quizás no lo fue?- susurró desconfiadamente.

Cogió la almohada y se levantó lo más silenciosa que pudo para que no la escuchara quién fuera que se ocultara. Caminó despacio hasta llegar a la puerta corrediza del armario y la abrió de un solo tirón.

-¡YA TE TENGO, PERVERTIDO!- gritó a todo pulmón mientras le mandaba unos feroces almohadazos al que se hallaba oculto.

-¡AY, HARUNA!. ¡YA BASTA!. ¡YA ENTENDÍ!. ¡AUCH!. ¡BASTAAAAAAAAAAA!- gritaba como loco un conocido chico de cabello puntiagudo.

-¿Kogure?- preguntó debido a la sorpresa-. ¡Kogure!. ¡Nunca me había alegrado tanto de verte!- exclamó alegre yendo a abrazar al chico.

-¿Me perdí de algo?- preguntaba confuso al ver la reacción de su amiga.

-Disculpa el golpe, es que creí que eras otra persona- se disculpó avergonzada.

-¿Otra persona?. ¿Es que ahora otro te va a despertar por las mañanas?- se quejaba aun algo adolorido mientras salía del armario.

-Ya te he dicho varias veces que no necesito que me despierten- le decía sin poder evitar revolverle los cabellos al chico-. Y a propósito, ¿Qué hacías en el armario?

-Pues ya ves que vine a despertarte, pero hoy como nunca tenías el sueño pesadísimo. Y ya que ayer me regañaste por quedarme dormido en tu cama pues me vine aquí- le explicó.

-Sí, y veo que para variar no te quitaste los zapatos- indicó Haruna con la mirada las pisadas lodosas que iban desde su ventana hasta su cama y luego al armario-. Acabo de darme cuenta que si las hubiera visto antes me habría dado cuenta que eras tú.

-Lo siento, siempre se me olvida quitármelas- se rió avergonzado.

-¡NO OTRA VEEEEEEEEZ!- se escuchó gritar la ya conocida voz de la señora Otonashi que había entrado a la habitación de su hija y había observado el piso con nuevas huellas de lodo-. ¡YUUUUUUUUUUUUUUUYAAAAAAAAAAAA!- exclamó a todo pulmón entrando con la escoba en mano.

-¡AY MAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!- gritaba el chico al tiempo que trataba de esquivar los escobazos de la señora Otonashi.

-¿POR QUÉ TODAS LAS MAÑANAS SIEMPRE ES LO MISMO?. ¡UNO DE ESTOS DÍAS LE VOY A DECIR A TU MADRE QUE TE ROMPA EN MIL PEDAZOS ESAS ZAPATILLAS!- gritaba la señora tratando de propinarle aunque sea un escobazo, sin éxito alguno ya que el chico de alguna u otra forma lograba esquivárselos. Haruna sólo se quedó viéndolo un tanto avergonzada aunque aliviada de habérselo encontrado a él y no al otro muchacho, aunque sabía que había sido un sueño tenía la impresión de que había sido un tanto real.

-0-0-0-

Casi una hora más tarde, Haruna había llegado a la preparatoria para juntarse nuevamente en el salón de música con sus amigos Akio y Sakuma, y seguir con las audiciones para el nuevo baterista. Sin embargo, como nadie se presentó esa mañana, aprovecharon de conversar para matar el tiempo antes de entrar a clases y la Otonashi no halló nada mejor que contarles su extraño sueño a sus dos amigos ya que sabía que la iban a escuchar.

-A ver si entendí bien- decía el del mohicano tratando de aparentar seriedad pero era claro que iba a estallar en carcajadas en cualquier momento-. ¿Dices que soñaste con un chico, con el cabello en rastas y que usaba gafas goggles?

-Y no te olvides que también llevaba una capa- le completó Sakuma a su lado también tratando de aparentar seriedad.

Entonces ambos muchachos no pudieron más y acabaron riéndose a carcajada batiente al mismo tiempo.

-¡JAJAJAJA!. ¡SÍ QUE TIENES IMAGINACIÓN, HARUNA!- decía Fudou sin dejar de reír.

-¿Y MÁS ENCIMA CON CAPA?. ¡JAJAJAJAJA!. ¡NI QUE FUERA SUPERMAN!- reía también el del parche.

Y la pobre chica no podía evitar sonrojarse de la vergüenza, si es que con estos amigos no necesitaba tener enemigos.

-¡YA CÁLLENSE LOS DOS!- les exclamó ofendida.

-¡Oye Fudou!. ¡Mira esto!- le llamó Sakuma para que lo viera y a continuación se quitó la chaqueta del uniforme quedando sólo con la camisa puesta y se amarró las mangas alrededor del cuello dejando que la chaqueta ondeara por detrás de su espalda casi pareciendo una capa-. ¡Soy el chico del sueño de Haruna!. ¡Y ahora volaré!. ¡Zuuuuuuum!- interpretaba para sus amigos extendiendo los brazos y simulando como si estuviera volando en papel de superhéroe.

-¡JAJAJAJA!. ¡QUÉ BUENA REPRESENTACIÓN SAKUMA!- reía el de ojos verdes que ya le dolía el estómago de tanto reír, pero…

¡PAAAAAAAAAF!

Una ofendida y avergonzada Haruna les pegó a ambos dejándoles un enorme chichón a cada uno en su cabeza.

-Está bien… me excedí- se disculpaba Sakuma sobándose la cabeza.

-¡No tenías por qué pegarnos tan fuerte!- se quejaba Akio también sobándose.

-¡Se lo merecen por idiotas!- les reclamó la muchacha totalmente roja de la vergüenza.

-¡Ay vamos!. ¿Es que no soportas una broma?. Además el tipo ni siquiera era real- le recordaba el ojiverde.

-Precisamente… ese es el problema…- susurraba apenas la chica y sonrojándose un poco más.

-¿El qué?. ¿Qué tu novio imaginario haya sido sólo un sueño?- preguntaba el del parche pero pronto notó como la chica le miraba con cierto enfado-. Era un decir, Haruna. No te enojes conmigo- se disculpó rápidamente y con una gotita bajándole tras la cabeza.

-¡Ustedes dos son imposibles!- se quejó la peliazul y a continuación trató de relajarse para explicarles bien la situación a sus amigos-. Trato de decirles que el problema en específico es que, a pesar que fue un sueño, lo sentí como si fuera real.

-Sí claro, y un tipo como ese existe en la realidad- decía Fudou con un deje de sarcasmo-. ¡Sólo fue un sueño!. ¡En la vida diaria no ves caminando por la calle a tipos usando capas y goggles como si nada!

-Claro, a menos que haya una convención de anime y manga cerca. A veces algunos van disfrazados a ellas- comentó Sakuma-. Aunque sería raro porque ese tipo de eventos suelen hacerlos en fines de semana y no a principios de ésta.

-Bueno, viéndolo así, puede que sí haya sido un sueño- les aprobó Haruna tratando de tomarse en serio lo que le decían, aunque todavía tuviera la impresión de que ambos se equivocaran y todo lo ocurrido el día anterior hubiera sido cierto-. Sin embargo, aún me preocupa el que no recuerde absolutamente nada de lo que hice antes de ponerme a soñar.

-¡Eso es fácil!- dijo rápidamente el del mohicano-. Sencillamente venías muy cansada de tanto caminar, por inercia te pusiste tu pijama y te acostaste en tu cama, así de simple.

-¿Caminar?- repitió la Otonashi al tiempo que una idea se le venía a la cabeza-. ¡Claro!. ¿Por qué no lo pensé antes?- exclamó con alegría al tiempo que iba a buscar su monedero que estaba guardado en su bolso-. Si todo lo que viví fue real y no un sueño, entonces debería tener sólo 100 yens para esta semana.

-¿Eh?. ¿Y en qué te gastaste todo?- le cuestionó Sakuma.

-Tomé un taxi porque me perdí, y sólo me quedaron 100 yens cuando pagué- le comentó la muchacha mientras sacaba el monedero que ya lo había encontrado-. Es la hora de la verdad- declaró al tiempo que tanto ella como sus amigos miraban con atención el monedero para comprobar que tan cierto era todo. Haruna lo abrió lentamente y gran sorpresa se llevó con lo que encontró-. Es… ¿Mi semana?- cuestionó sin creérselo observando ahora el billete de 1,000 yens que sostenía en su mano-. Entonces, todo fue…

-¡Qué fue un sueño, Haruna!. ¡Ya convéncete!- le regañó Akio.

-Fudou tiene razón, Haruna. Además acabas de comprobar que hasta tu semana sigue en su lugar- comentó el del parche.

-¿Pero entonces por qué no recuerdo el minuto en el que me recosté y el momento en que empezó el sueño?- les dijo mirándoles con seriedad-. ¿Además, por qué me quedaría dormida tan temprano?. Mi papá tuvo entrevista de trabajo ayer y quería llegar lo más pronto posible para saber cómo le había ido. No me creo que haya sido capaz de ir a dormirme sin siquiera preguntárselo.

Ante aquel comentario ni Fudou ni Sakuma supieron qué decir, se miraron mutuamente dándose cuenta que ambos se habían quedado sin palabras.

-Bueno… creo que en eso llevas un poco de razón- dijo seriamente el del mohicano-. Viéndolo de esa forma sería raro que te comportaras así- acabó admitiendo.

-Y a todo esto… ¿Cómo le fue a tu papá en la entrevista?- preguntó de improviso el del parche para cambiar el tema.

-Otra vez fue un fracaso- dijo exhalando una resignada bocanada de aire-. Se lo pregunté esta mañana cuando desayunábamos. Aunque se veía bien cuando me lo dijo sé que en el fondo sólo trataba de no preocuparme.

-Ah, entiendo- decía llevándose una mano atrás de la cabeza en señal de apenamiento-. Lo siento, no debí preguntar- se disculpó.

-Descuida Sakuma, ya encontrará trabajo, sé que lo hará- decía la Otonashi con aire seguro.

-Bueno, al menos no pierdes los ánimos- le guiñó un ojo Akio y la peliazul sólo le dedicó una dulce sonrisa en respuesta.

Después de aquello, los siguientes días para Haruna trascurrieron en absoluta normalidad: Acudía a clases, hablaba y conversaba con sus amigos y regresaba a casa sin tener problema alguno; así es, todo absolutamente normal. No obstante, en ciertas ocasiones cuando alguna lección que apuntaba durante las clases estaba algo aburrida, se ponía a pensar en aquel extraño muchacho de sus sueños y para su propia sorpresa las escenas que le venían a la cabeza no eran precisamente las más inocentes que había pasado con él.

-¡Ya deja de pensar en ese idiota, Haruna!. ¡Además, ni siquiera es real!- se regañaba a sí misma mentalmente cuando se daba cuenta que volvía a recordarlo.

Los días seguían pasando y todo parecía en su lugar, Kogure seguía yendo a su casa como cada mañana y recibiendo una lección de la señora Otonashi por no quitarse los zapatos, las audiciones para el nuevo baterista seguían sin dar frutos y el extraño muchacho no volvía a aparecer. Siempre que se iba camino a la escuela, así como cuando se regresaba, trataba de ponerle atención a cualquier estudiante que se le cruzara en su campo de visión, como si quisiera encontrarlo para cerciorarse que no lo había soñado, porque a pesar de que todo indicaba que debió ser producto de su imaginación todavía se negaba a creerlo.

Así fueron las cosas hasta que pasó exactamente una semana después de aquello. Ese día, su amiga Touko pasó a buscarla y ambas se fueron juntas a la preparatoria.

-Es raro que pases por mí, Touko- empezó diciendo Haruna-. ¿Te volviste a pelear de nuevo con Tsunami?

-¿En serio soy tan obvia?. ¡Vaya!- suspiró desganada-. Pues sí, ayer tuvimos una discusión porque el muy tonto pensaba irse a visitar a sus familiares en Okinawa durante la Semana Dorada y ni siquiera pensó en llevarme. ¿Te das cuenta?

-Bueno, siempre ha sido así de despreocupado- decía Haruna sintiendo un poco de vergüenza ajena.

-¡Pero justo en la Semana Dorada pensaba dejarme sola!. ¡Es como si se le hubiera olvidado que nos hicimos novios precisamente en ese tiempo!- se quejaba la pelirroja-. ¡No puedo creer que vayamos a cumplir un año de estar juntos y todavía se comporte como si fuera un niño!

-¿Pero aun así te gusta, no?- le cuestionó Haruna sonriéndole con amabilidad.

-¡Pues claro, de lo contrario ya lo habría terminado!- indicó Touko segura de sus palabras-. Podrá ser un cabeza hueca y un inmaduro, pero debo de admitir que es muy dulce. Y tú ya me conoces Haruna, sabes que no soy de buen genio y me enojo con facilidad, pero a pesar de todo, sin importar de cuan malhumor esté, él siempre me recibe con una sonrisa y me hace reír y… ¡Ay, cómo quiero a ese tonto!- suspiró la chica perdida en ilusiones al darse cuenta de lo que estaba diciendo y la peliazul en respuesta sólo pudo reír con mesura-. ¡Pero a veces me hace enfadar tanto que tengo ganas de retorcerle el cuello!- agregó en un tono enfadado y haciendo ciertos gestos con las manos como si simulara estrangular a alguien invisible y la Otonashi no pudo evitar verla con vergüenza ajena.

-Vaya…- fue lo único que pudo decir la peliazul sin dejar de reír avergonzada.

-¡HARUNA!. ¡TOUKO!- escucharon a sus espaldas y ambas chicas voltearon a ver como un muchacho de cabellos blancos se les acercaba-. ¡Buenos días!- saludó el recién llegado a las chicas.

-¡Buenos días, Shirou!- saludaron las dos al unísono.

-¿Y Atsuya no viene contigo?- indicó la peliazul observando que su hermano gemelo no se hallaba con él.

-Se levantó muy temprano en la mañana, y algo le oí sobre "darle la bienvenida al chico transferido" antes de que saliera de la casa- les informó a sus amigas.

-¿Piensa hacerle una broma al chico transferido?. ¡Qué infantil!- regañó Touko-. Seguro que también estará metido Kogure, esos payasos siempre andan juntos para todas sus bromas- seguía diciendo con cierto aire de enfado.

-¿Un chico transferido?- repitió Haruna de pronto logrando que sus amigos la miraran raro.

-¡Por Dios, Haruna!. ¿Es que no has escuchado los últimos rumores?. ¿Sobre que llegará un estudiante nuevo que se cambió a nuestra escuela a última hora?- le regañó su amiga.

-Sí, algo escuché la semana pasada- reconoció la Otonashi-. Pero sólo creí que eran rumores así que no les tomé atención.

-Atsuya al menos me confirmó que todo es cierto y llegará hoy- decía Shirou con su típica amabilidad-. Además dice que quién se cambia a nuestra escuela es un estudiante de la Preparatoria Teikoku.

-¿Teikoku?- repitió Haruna acordándose nuevamente del muchacho de sus sueños.

-¡Así es!. ¡Como tu amigo imaginario!- decía la pelirroja como si le hubiera adivinado el pensamiento, después de todo ya le había contado a ella y a Shirou acerca del sueño y del chico misterioso que aparecía en él, aunque claro omitiendo aquellas partes que no podía contarles por ser demasiado subidas de tono-. ¿Y si fuera él?- cuestionó de repente logrando que todas las tonalidades del rojo subieran al rostro de la Otonashi.

-¿Cómo se te ocurre?. ¡Está claro que fue sólo un sueño y nada más!- reía nerviosa la peliazul.

-¿Y cómo se llamaba?- preguntó Touko.

-¿Nombre?- repitió Haruna un tanto nerviosa-. Eh, bueno…

-Creo que no se lo preguntó- sonrió el peliblanco.

-¡Y a quién le importa si tenía nombre o no!. ¡Fue un sueño después de todo!- tachaba con la cara ruborizada.

-¡Pero cómo tan despistada, Haruna!. ¿Y si ese chico existiera en la realidad?- le regañó su amiga.

-Aunque me cuesta imaginarme a uno que le guste usar goggles y capa en público- indicaba Shirou con cierto aire pensativo-. ¿Acaso soñaste con alguien así porque te gustan los chicos extravagantes?- le preguntó directamente a su amiga y la cara de ésta se volvió aun más roja que ya casi parecía un tomate.

-¿Po… Podríamos cambiar el tema?. ¿Por favor?- les suplicó la peliazul y es que ya estaba avergonzada a más no poder.

-Está bien, no hay problema- le sonrió Zaizen comprendiéndola-. Aunque es extraño que alguien se transfiera de escuela a estas alturas. Y además de un lugar tan especial como el Teikoku. A mí se me hace que lo expulsaron por rebelde y por eso se vino a una preparatoria pública como la de nosotros- opinaba la chica.

-Mejor no juzguemos sin antes conocerlo- opinó el peliblanco-. Aunque sea quien sea, espero tenga buen humor. No confío mucho en Atsuya cuando sale temprano de casa, siempre que lo hace es sólo para hacer bromas.

Entonces, se percataron que ya habían llegado a la escuela aunque había cierta conmoción en la puerta principal. Se estaba estacionando una limusina negra delante de la entrada a la preparatoria y un tumulto de estudiantes se arremolinaban junto al vehículo como si esperaran ver salir a una estrella de cine o algo parecido.

-¿Y ese auto tan grande?- preguntó al aire la Otonashi-. Nunca había visto uno así por aquí.

-¿Será del estudiante transferido?- cuestionó Shirou a su lado.

-No puede ser…- susurraba Touko-. ¿Entonces el chico transferido es un ricachón rebelde?- cuestionó anonadada.

-No opines sin antes haberlo conocido, Touko- le recordó su amiga.

-Buenos días- escucharon un par de voces a sus espaldas el grupo de amigos.

-¡Akio!. ¡Sakuma!. ¡Buenos días!- saludó la Otonashi a sus compañeros de banda.

-¿Y esa limusina?- indicó Sakuma.

-Parece que es del chico transferido- le informó Haruna.

-¿Y esa cosa tan grande será para cubrir algún complejo?- sonrió el del mohicano con sarcasmo.

-¡Akio!- le regañó la peliazul y el chico no pudo evitar soltar una risa al verla reaccionar así.

Entonces se empezaron a escuchar los gritos de las emocionadas chicas indicando que alguien se bajaba de aquel automóvil.

-Creo que el nuevo al fin hará su aparición- comentó Sakuma-. Me pica la curiosidad de saber quién es- dijo y se fue a ver hasta donde estaba el tumulto y por inercia los demás le siguieron.

Lograron colocarse en un lugar que al menos les permitía ver un poco mejor, desde el cual observaron con curiosidad como el chofer se bajaba del asiento del conductor y a continuación iba hasta la puerta del pasajero, la cual abrió dejando a la vista al nuevo estudiante.

-¡No puede ser!- susurró Haruna-. ¡Es imposible!- seguía susurrando cuando de pronto vio al nuevo estudiante bajarse del vehículo y unos gritos de chicas emocionadas se oyeron cuando lo vieron en persona. No había duda de que era guapo y más encima rico si es que venía en una limusina, no era extraño que se emocionaran de sobremanera, después de todo cumplía con aquellas dos importantes condiciones. Sin embargo, lo que no pudo pasar desapercibido para el grupo de amigos fue sin lugar a dudas sus singulares características.

-¿Un muchacho…?- empezó Touko.

-¿Con cabello a rastas…?- le siguió Akio.

-¿Goggles…?- continuó Shirou.

-¿Y capa?- completó Sakuma.

-¡ES EL AMIGO IMAGINARIO DE HARUNA!- exclamaron los cuatro al mismo tiempo e indicando al chico nuevo con el dedo sin poder evitarlo, no obstante lo habían dicho tan fuerte que acabaron opacando los gritos de las chicas que gritaban entusiasmadas en un principio y un tenso silencio se generó.

-¿Eh?. ¿Por qué todos me miran así?- preguntó de repente la peliazul al notar que todas las miradas se cernían sobre ella.

-¿De verdad es él, Haruna?. ¿O yo también estoy imaginando?- le preguntó Touko de improviso.

-¡No, eso no sería posible!. ¡Fue un sueño!- tachó sonrojada la Otonashi.

-Pues tu sueño me está pareciendo demasiado real- opinó el del parche en el ojo observando con atención al chico de la capa que venía acercándose con el bolso al hombro y con cierto aire de indiferencia, como si no le importara el cambio de ambiente que se había generado. Siguió su camino y pasó por delante del grupo de amigos sin siquiera voltear a ver a Haruna como si de verdad nunca se hubieran visto.

-¡OYE!- le gritó de pronto la peliazul y observó que el chico detuvo su camino volteando un poco la cabeza para mirarla de soslayo-. Esto…- tragó saliva nerviosa y es que de alguna manera ver materializado al chico con el que soñó le parecía un poco macabro, casi como si lo hubiera visto salir de una tumba-… Tú… ¿Tú sabes quién soy?- logró preguntarle finalmente.

El muchacho se volteó por completo para mirarla fijamente a través de aquellas gafas y por extraño que pareciera, Haruna casi podía sentir que la fulminaba con la mirada a pesar que no podía verle los ojos pues aquellos extraños goggles se los tapaban.

-¿Qué quién eres?- repitió calmadamente y a Haruna le invadió un escalofrío al volver a escuchar que tenía la misma voz-. Pues, pareces una jovencita algo despistada. Porque no recuerdo haberte visto en toda mi vida- le tachó sin más-. Así que si me disculpas, tengo una clase a la cual asistir- dijo con parquedad para dar la vuelta y seguir su camino

-¡Espera!- volvió a insistir corriendo hacia él e interponiéndose en su camino para la sorpresa de todos los que observaban la escena.

-¿Vas a seguir molestando?- le cuestionó sonando un poco antipático.

-Soy Haruna Otonashi, mucho gusto- dijo sin más y bajando un poco la cabeza a modo de reverencia.

-¿Eso era todo?- preguntó como si no fuera la gran cosa-. ¡Mph, vaya que eres molesta!- bufó el de rastas tratando de ponerse de nuevo en marcha para entrar al edificio principal aunque la chica seguía sin dejarle avanzar-. ¡Muévete!. ¡Qué voy a llegar tarde!- tachó un poco molesto.

-¿No te vas a presentar?- le enfrentó la Otonashi mirándolo con firmeza-. Ya te dije mi nombre, quiero saber el tuyo- le explicó.

-¿Para eso hiciste todo este teatro?. ¡Sí que eres especial!- se burló el de gafas-. Me llamo Yuuto Kidou. ¿Contenta?- tachó molesto.

-¿Kidou?- repitió la peliazul.

-Sí, no es un apellido muy común- explicó como si le molestara el decirlo-. Y ahora, si ya no tienes nada más que decir, quiero irme de aquí- dijo parcamente mientras pasaba por el lado de la Otonashi y seguía su camino al edificio principal.

Y cuando esa escena pasó, todos los que estaban reunidos observando comenzaron a murmurarse entre ellos, como si no dieran crédito de lo que habían visto.

-Y Haruna… ¿Es él o no?- le preguntó Touko acercándose un tanto preocupada a su lado cuando aquel muchacho con gafas y capa se había perdido de vista.

-Yo… no estoy segura- admitió la peliazul con cierto deje de tristeza.


¡Y fin del Capítulo 1!

Me van a perdonar por dejárselas hasta ahí, sobretodo con todo lo que ya se propone a venir en el siguiente episodio. Lamento si me excedí un poco en la escena de Kidou y Haruna (ustedes sabrán cual si es que han leído todo el fic), aunque yo ya les había advertido de antemano en el prólogo que puedo ser algo cruda para escribir cuando quiero serlo y creo que una historia que trata un tema como la mafia lo mínimo es hacer un buen relato sin importar si se debe ser un poco explícito.

Por cierto, ya revisé bien la lista de episodios que seguiré y después de dar cierto orden a los acontecimientos esta historia se convertirá en categoría M a partir del Capítulo 4. Ahora si quieren darse cuenta del por qué pues tendrán que mantenerse atentos a las actualizaciones. ;)

A continuación les dejo el Glosario con los términos y aspectos culturales que se vieron en este episodio. Y al final del Glosario podrán encontrar los reviews respondidos hasta el último que me llegó hoy Domingo 16 de Junio.

Glosario:

Control de Armas en Japón: El control de armas de fuego en Japón es el más estricto del mundo democrático. Las leyes sobre armas empiezan estipulando "Nadie poseerá un arma de fuego o armas de fuego o una espada o espadas", y se conceden muy pocas excepciones. La propiedad de armas es minúscula, al igual que los crímenes con armas. Incluso los oficiales de la policía japonesa sólo pueden portar una sola pistola y ni siquiera la pueden usar fuera de su horario de trabajo, de hecho deben dejarlas en la comisaría cuando se retiran a sus hogares.

Mafia Japonesa: También conocidos vulgarmente como Yakuza, la cual es temida en todo Japón. Aunque en este fic no se propone ocupar ese término en específico ya que si no se redundaría a llamar así a todos los que pertenecieran a una mafia incluso si son distintas, por lo cual he decidido nombrarlas simplemente como se llamarían entre ellos: Como un Clan. En la realidad ellos se hacen llamar clanes porque su organización se derivó de los códigos de los samuráis pero mucho más estructurados y fortalecidos; todo el clan se considera una familia donde se profesa la fidelidad absoluta a la banda, el ultranacionalismo, la obediencia al mayor rango y su estricto y brutal código de honor. A finales del siglo XIX y al iniciarse el XX tenían el control de las apuestas, el contrabando, lavado de dinero, los espectáculos, la especulación de bienes inmobiliarios, la extorsión y el tráfico de drogas y armas. Además, después de la Segunda Guerra Mundial ciertas bandas de ideología ultraderechista comenzaron a operar y extorsionar dentro de grupos políticos. Actualmente también tienen control en el comercio sexual e incluso se ha especulado que tienen influencias en el mundo artístico (cine, música y arte).

El inicio de la escuela: A diferencia de la mayoría de los países del hemisferio norte que suelen comenzar el año escolar en Septiembre, en Japón el año escolar empieza sí o sí en el mes de Abril a las tres semanas después del Día de Primavera (que cae el 20 de Marzo y es un día feriado por defecto). El primer día de curso comienza siempre 21 días después de ese feriado y ese periodo que hay entre el fin del curso y el inicio de las clases se les conoce como "Vacaciones de Primavera", las cuales personalmente no llamaría de "vacaciones" ya que muchas veces dejan tarea para estos días en casi todas las asignaturas las cuales son posteriormente evaluadas al inicio del curso nuevo y comprenden la primera calificación del año (sí, así son de cabrones los japoneses). u_uU

"FuSaku": En realidad este es el término real por el cual se llama al emparejamiento de Fudou y Sakuma en Japón. Generalmente son las chicas a las que se les ocurre ponerle nombres a los emparejamientos lo cual se hace generalmente tomando la mitad de los caracteres japoneses con los que se llama con mayor frecuencia a uno de los involucrados y completando con la mitad de los caracteres del otro involucrado. En parejas heterosexuales se suelen colocar en primer lugar la mitad de los caracteres del nombre por el cual se llama con más frecuencia al chico (ya sea el nombre de pila o el apellido) y se completa con la mitad de los caracteres por el cual se llama más frecuentemente a la chica. En el caso de Kidou y Haruna, por ejemplo, el nombre con el que se conocería su emparejamiento sería KiHaru. Mientras que en el caso de parejas ho-mo-se-xua-les (como lo que trata de aparentar Sakuma con Fudou) el que va primero es el que podría considerarse el más masculino de la relación (por así decirlo) y el que va después sería el que viene a ser como la contraparte femenina. Y la chica que nombra a la pareja de FuSaku toma a Sakuma como si fuera la contraparte femenina de esta pareja quizás debido a su comportamiento que demuestra ser más cariñoso de lo que es Fudou con él. n_nU

Hacer el Servicio: Esto no he podido corroborarlo del todo (al menos por internet), sino que un maestro que tuve que era japonés nos obligaba a mí y a mi grupo a hacer lo que él llamaba como "el servicio". En definitiva, hacer el servicio es encargarse de ordenar el aula, limpiar las mesas rápidamente, observar que a nadie se le haya quedado nada (y en caso de que sí hay llevar las cosas a donde se dejan los objetos perdidos), limpiar el pizarrón y los borradores y también cambiarle el agua a las flores (sip, es común que hayan flores en las aulas de las escuelas japonesas). En síntesis, hacer el servicio es encargarse del orden del salón y éste es llevado a cabo por un mismo estudiante durante toda una semana y luego a la otra le sustituye el siguiente estudiante que le sigue en la lista de clases. Esto lo hacen, según me había explicado mi maestro, para fomentar en los estudiantes la pulcritud y las ganas de querer mantener un espacio limpio y ordenado de trabajo.

Semana Dorada: Mejor conocida en Japón como "Golden Week" y es un término japonés que se refiere a una semana que se suele dar de vacaciones porque comprende un conjunto de días festivos nacionales que se celebran casi seguidamente. En definitiva, los días festivos son:

29 de Abril: Día de Showa

3 de Mayo: Día en Memoria de la Constitución

4 de Mayo: Día del Verdor

5 de Mayo: Día de los Niños

Cómo pueden ver, en Japón no se suele celebrar el Día del Trabajador que internacionalmente está estipulado el 1 de Mayo, aunque muchas compañías igual les dan el día libre a sus trabajadores cuando llega esa fecha en específico, aunque en realidad no se lo reconoce como un verdadero feriado nacional japonés. Y aunque en los días 30 de Abril y 2 de Mayo tampoco se celebra nada suelen darlos libres o, como bien algunos conocen coloquialmente, como "Feriados Puentes".

...

Respuestas a Reviews:

Chao Ling-Yin: Sip, ya me di cuenta que fuiste la primera en dejar review chica mala xD. Y sip, en este fic Yuuto se parece a su padre porque aquí es hijo biológico por la trama de la historia y que pronto se irá desvelando poco a poco. Y sí, tambíén tiene los ojos de color rojos como Yuuto, y no sé quién será el líder del Dorado porque no he visto la saga de GO. Lo único que puedo decir es que en los próximos episodios se irá desvelando un poco más acerca de los ojos rojos y del significado que tienen para los que están dentro del Clan Kidou.

Guest (Anónimo): De aquí en adelante les voy a pedir que si van a dejar reviews anónimos al menos traten de firmar con un apodo. ¡Qué bueno que te haya gustado la historia!. Ahora espero que te guste el Capítulo 1 y espero no te decepcione.

Yami Leena:
Bueno, aquí ves que Haruna sigue viva pero no parece recordar a su hermano de nada. Ahora si quieres saber el por qué sigue viva pues tendrás que seguir atenta al fic y ver cuando sale el siguiente capítulo ;). Y si te había gustado el "Kidou Malote" como dijiste, espero que verlo acá te haya dejado con ganas de más. Porque se viene más... n_n

Nino San:
Hola amiga, sé que estás aquí exclusivamente porque es una historia mía. La buena suerte es que al ser universo alterno no es necesario estar familiarizado con el contexto original de la serie. Espero que te sientas atraída por los personajes y cada vez te envuelva aun más la historia ya que siempre tengo presente que si hay algo que te gusta de mi forma de escribir es cuando relato lo más crudamente que puedo. Espero que esta historia cumpla con las expectativas que esperas.