Notas de autor: Hola amiguitos, aquí estamos de vuelta con un nuevo capítulo de su telenovela favorita. Nos pone bien contentas que esta versión de Matt les guste, así debería ser siempre verdad (?), para este capítulo tenemos un par de recomendaciones que dar: favor de recargarse en algo y tengan cerca un vaso de agua, para las sustos. Gracias por su comprensión, nos vemos abajo.
Disclaimer: Digimon no nos pertenece. ¿Qué habremos hecho mal para semejante castigo?
No hay otro hombre
Capítulo ll: La sentencia de tu corazón es él
—Vaya… —expresó Tai, provocando que la pelirroja volteara. Él tomó su mano y la alzó para que pudiera girar sobre sus talones y de ese modo apreciarla mucho mejor. —Pero que linda está la dueña de casa.
Sora sonrió fingiendo altanería. —Como siempre. —comentó.
—¿Qué haces para estar así de sexy siempre?
Ella mantuvo su sonrisa y enarcó una ceja y Tai le guiñó un ojo con galanura.
—Paren de estarse coqueteando ustedes dos, ¿quieren?
—¿Coquetearnos? ¿Tan obvios somos? —preguntó el moreno ante la petición de su hermana. Además soltó la mano de la pelirroja para situarla esta vez en su cintura.
—Kari, por favor, Tai es como mi hermano.
—Sí, pero no es tu hermano, es mi hermano.
—Y en ese caso, sus coqueteos serían incestuosos. —comentó ahora Yolei.
—No nos estamos coqueteando.
—No intentes ocultarlo, Sora, nos descubrieron.
—¡Lo sabía! Son un par de inmorales. —volvió a reclamar la de anteojos. Ella tenía un don, y ese era hacer una tormenta en un vaso de agua.
—Amiga, relájate… déjalos vivir su amor tranquilos.
—¿Qué amor, Mimi? Dejen de hablar estupideces, ¿quieren?
—Pero mi amor, ¿qué tiene de malo? —preguntó Tai abrazando a Sora por la espalda. Ella le volteó hasta encontrar sus ojos sonrientes.
—Y tú, no me ayudes tanto.
Él simplemente sonrió, acercó sus labios hacia su mejilla para proporcionarle un tierno y suave beso, antes de dirigirse hacia el refrigerador en busca de una cerveza y salir de la habitación de la que las chicas se habían apoderado: la cocina. Primero pensó que tal vez se sentirían a gusto ahí, después de todo, es la cocina… Pero luego lo vio todo claramente, estaban ahí porque en ese lugar se encontraba toda la dotación de alcohol.
La pelirroja observó a su amigo caminar hacia la sala y sentarse en uno de los sillones a charlar con Izzy y Joe, en tanto ella sacó del bolsillo de su pantalón una cajetilla de cigarrillos y un encendedor, extendió la cajetilla hacia sus amigas, siendo Mimi la única que tomó uno y lo llevó a su boca, acercó el encendedor hacia la castaña y cuando ya había encendido su cigarro, encendió el de ella.
—No entiendo como pueden fumar tanto. —Yolei había comenzado a reclamar nuevamente, esta vez producto del sucio vicio que tenían sus amigas.
—No más que tú en la universidad, querida amiga. —comentó Mimi, apoyada por su mejor amiga.
—Es cierto, parecías chimenea en tus tiempos universitarios.
—No recuerdo eso. —dijo ella haciéndose la loca.
—Tú recuerdas las cosas según tu conveniencia solamente…
—¡Error! Yo recuerdo las cosas tal y como pasaron, queridas amigas, si no, no sería la gran abogada que soy ahora.
Sora alzó sus cejas, en tanto ambas castañas rodaron sus ojos, sin saber qué hacer, más que sonreírle a su siempre tierna y dulce amiga, bien sabían también que si osaban tan siquiera contradecirla, probablemente no vivirían para contarlo.
Supo que habían tenido la misma idea tan sólo con verse a los ojos, estaban tan complementados que no les bastaba más para saber lo que querían.
Sora le sonrió a distancia antes de darle la última calada a su cigarrillo, apagarlo en el cenicero y expulsar el humo por su boca para luego comenzar a caminar. Tai, por su parte, dejó de lado la charla con sus amigo y siguió a la pelirroja con la vista, le dio un largo sorbo a su cerveza y se dispuso a caminar, sin importarle las preguntas de sus amigos sobre qué hacía o adónde iba, le daba lo mismo, sólo tenía una cosa en su mente que lo cegaba del resto.
Entró al baño que se encontraba al interior de la habitación de la pelirroja y antes de que cerrara la puerta completamente, ya tenía unas delicadas manos sobre sus hombros, giró sobre sus pies, antes que nada se aseguró de cerrar la puerta con el seguro y procedió a atrapar a la pelirroja entre sus brazos y besarla con pasión. Bajó sus manos hasta llegar a sus muslos para luego alzarla en el aire y subirlas hasta la base del lavamanos para continuar repartiendo caricias en su cuerpo sin descuidar ni por un segundo los besos hacia ella.
Entre risas caminó hacia la puerta, ya que no tenía ni la más mínima idea de donde se había metido la dueña de casa, ahora esa labor la tenía que hacer él.
Tenía sumo cuidado de no tirar la valiosa cerveza que cargaba con su mano izquierda, medio tambaleante, llegó al fin y abrió para encontrarse del otro lado a una sonriente joven.
—¡Hola! —saludó alegre la chica de cabello claro y ojos verdes.
—Hola… —respondió dudoso.
No tenía ni la más mínima idea de quien era aquella muchacha, se suponía que ahí se encontraban sus amigos cercanos, y esa pregunta seguía rondando su cabeza, ¿Quién mierda era esa chica?
—Eres Matt Ishida, ¿no es así?
—Sí… ¿Y tú eres…?
—Ay, lo siento, soy la novia de Taichi, él me ha hablado mucho de ti. Es un gusto conocerte.
Matt asintió sin muchas ganas.
Era la supuesta novia de su amigo, y él ni siquiera se lo había dicho… Cada día afirmaba que Tai era un tonto, pero ahora era un tonto que tenía gustos por las jovencitas.
—Supongo que Tai está por ahí, ¿no?, ¿puedo pasar?
—Claro, adelante. —invitó él haciéndose a un lado para que ella entrara al departamento.
Seguramente el imbécil de su amigo la había invitado y ahora se estaba escondiendo de ella. Suspiró y luego cerró la puerta, volvió a la cocina a buscar más hielo para su cerveza. Escuchó una risa que lo llevó al cielo y más allá, a un lugar hermoso, remontándolo al hermoso pasado.
Mimi sin duda tenía una voz y una risa inconfundibles para él, casi las consideraba como un sonido celestial.
Reía animadamente con Yolei y Kari, contando quizás qué anécdota que sólo ellas podían entender y encontrar graciosa, pero si eso era suficiente para escucharla reír, bien lo valía.
Se quedó observándola por unos instantes, viendo como movía sus manos explicando algo, todo en cámara lenta para él, hasta que Akira, uno de sus amigos pasó su brazo por su hombro y lo empujó levemente, obligándolo a hacer malabares casi para no botar el vaso. Hasta ahí duró su admiración por la castaña, luego se fue con su amigo a fumar al balcón.
Mimi por su parte miró de reojo al rubio, ya más tranquila porque al fin había dejado de sentir su mirada sobre ella.
Suspiró y le dio un sorbo a su ron con coca-cola.
—Chicas, ¿han visto a Tai? —preguntó Tetsu.
—Lo vi entrar a la habitación hace un rato —respondió Kari. —, debe estar en el baño.
—Gracias.
Mimi siguió al castaño con la mirada, caminó como si fuese a la habitación de su amiga y tocó la puerta de un pequeño cuarto que sabía que era el baño.
—Tai, ¿estás ahí?
—Eh… Sí.
—Llegó tu novia.
—OK, salgo enseguida.
Y ya habiéndole avisado a su amigo se fue al balcón, seguramente a fumar junto a Matt y Akira.
Mimi, como que no quiere la cosa, siguió observando sigilosamente hacia la puerta del baño. Salió Tai, arreglándose sin una respuesta positiva su rebelde cabello, y luego caminó hasta la sala, vio a su noviecita y se apuró en abrazarla y besar apasionadamente sus labios.
La castaña alzó levemente sus cejas y torció sus labios, no quería ver más. Se dispuso a darle un nuevo trago a su bebida, fue entonces cuando notó a su amiga salir del baño, el mismo de donde había salido Tai hace unos instantes. ¿Cuándo había entrado? Sabía que su amiga a veces actuaba como un hombre, pero, ¿tanto así para demorarse tan poco en el baño?
No necesitaba a más personas que sus mejores amigas para tener una linda y divertida despedida de soltera.
Además, con el pase de los años, perdió viejas amistades y solo sobrevivieron las verdaderas. Y otra cosa, que era factor, era el hecho con la gente que se estaba involucrando últimamente. Todos mayores que ella, las esposas de los amigos de su futuro marido eran al menos quince años mayor que ella. Era obvio que no entraban en la forma en que ella y sus amigas querían despedirla del mundo de la soltería.
Porque sí, ella Mimi Tachikawa, se despedía del mundo de la soltería. Para unir su vida a la de un hombre mayor que ella.
Los planes de la boda se vieron adelantados, ya que el padre de Roujin había enfermado. Por eso, en menos de dos semana tenía que tener todo: fiesta de compromiso, despedida de soltera y boda. Y con el ritmo que llevaban, ya estaban dos de los compromisos, faltaba el más importante.
—¡Fondo! —gritó Yolei, apoyando a que Mimi terminara de beber ese tarro de cerveza de un solo trago.
Sora estaba en lo suyo, bebiendo compulsivamente.
—¿Saben quién es bien mamón? —habló una muy alcoholizada Yolei.
—¡KEEEEEN! —gritaron las tres al mismo tiempo. Soltando, a la vez, una enorme carcajada.
—Cree que con mandarme rosas todos los días me va a amarrar. Pero ¡No! —claudicó con firmeza.
—Amiga, los hombre son unos imbéciles —dijo con un poco de rencor la pelirroja, quien era la que más resistencia tenía —pero Ken vale la pena, deberías darle una oportunidad antes que se canse.
—¿Y tú, Sora? —preguntó Yolei —¿Hasta cuándo nos vas a hacer tías?
—Ahorita, con el primer hombre guapo que se me cruce —río ella, contagiando a sus amigas.
—Bien, bien —exclamó Mimi —no olviden que estamos aquí porque me les caso jijiji.
—Te nos casas con un viejito —se burló Yolei —pero viendo el lado positivo, no tiene familia y es rico. ¡Te quedarás con todo el dinero!
Las risas nuevamente se apoderaron de la mesa.
—Dime Mimi, ¿Qué tal es el viejito en la cama?
—¡Yolei! —regañó la castaña, que borracha y todo, pero aún tenía pudor.
—¡¿Qué?! —se hizo la inocente —¡Larga vida al abuelo Roujin...! —de pronto Yolei se sentó y miró a su amiga de forma acusadora.
—Momento... ¿Dónde queda Yamato? —se cruzó de brazos, analizando con algo de enojo la vida sentimental de su amiga.
—Si quieres le llamo y le pregunto —dijo desganada.
—¡Sí! —gritó eufórica la de cabellos morados —el mamón es Ken, el viejito es Roujin y ¿Yamato?
—Tienes razón —la pelirroja tomó el celular de la castaña y buscó el número del susodicho, le marcó y después pegó el teléfono a la oreja de la castaña. Dejándola sin saber qué decir.
—Si... Este... ¿Hola? —cuestionó temorosa la castaña al oír esa voz que hizo que el alcohol se le subiera rápido a la cabeza y terminara por olvidar por qué le hablaba y lo que es peor, con quién hablaba —¿quién habla?
—Yamato —se escuchó una voz masculina del otro lado del teléfono.
—¿Yama qué? ¿Yamato? —abrió los ojos —¡MAAAAT! ¡AAAH! —arrojó el teléfono y salió corriendo de ahí, estaba en pánico.
La llamada se cortó dejando a un muy confundido Yamato. Mimi estaba totalmente ebria, de eso no tenía dudas. Pero, primero tenía que terminar esa charla pendiente con su amigo.
Nuevamente guardó su teléfono celular dentro del bolsillo del pantalón.
—A ver, déjame ver si te entendí —se llenó de paciencia para no estrellar su puño en la cara de su mejor amigo —siempre, siempre has sido un chismoso. Pero, ¿Por qué mierda no me dijiste que Mimi se iba a casar, eh?
Tai rodó los ojos. Sin duda la castaña seguía siendo muy importante para su amigo.
—¿Y qué si no te lo dije? —dijo tranquilamente —ustedes ya no son nada. No te incumbe.
Matt respiró profundamente, para serenarse. —¿Cómo mierda no me va a importar?
Tai sonrió de medio lado. Encantado de ver cómo su amigo perdía la poca paciencia que tenía cuando de la castaña se trataba.
—Mira imbécil. Todo ocurrió tan de repente, en menos de una semana Mimi dijo ¡Me voy a casar! —imitó la voz de la castaña —y cuando menos lo esperé ya estaba en su fiesta de compromiso.
—Igual, debiste habérmelo dicho —replicó frustrado.
Tai siempre le informaba de todo, le contaba cosas hasta se su antiguo vecino y seguía sin comprender por qué calló esa información tan importante.
—¿Te molesta que ella haga su vida? —desafió Tai —que yo sepa tú tuviste varias novias luego de que terminaste con ella. Por qué Mimi no tiene el derecho de hacerlo.
—¡Porque es completamente diferente!
Taichi arqueó una ceja. —Es diferente porque...
—Simplemente es diferente —sentenció desviando la mirada.
Ya se había montado en esa actitud de terco. Aunque realmente no necesitaba decirle nada, era su amigo y lo conocía muy bien. Sabía lo que cruzaba por su mente en estos momentos y lo mal que se podía sentir.
—Espera a que conozcas a su prometido.
—No me digas que es un imbécil —no le importaba molerlo a golpes con tal de defenderla.
Tai río, comprobando aún más, sus teorías. —Es un anciano...
—¡Qué mentira! —si su amigo pretendía subirle el ánimo, pues lo logró.
¿Mimi con un anciano? ¡Por favor!
—Conociéndola, no lo creo.
—Como quieras —alzó los hombros, mucho hizo con informarle.
De pronto el teléfono celular de Matt comenzó a sonar, interrumpiendo la plática. El rubio cuando leyó el nombre de quién lo llamaba en la pantalla del celular ladeó los labios.
—Sí, ¿Bueno?
—¡Matt! —exclamó la chica, aturdiendo al rubio —sí, estoy algo borracha.
—¿Qué ocurre? —se imaginaba que la chica estaba presa por conducir en estado de ebriedad, aunque no entendía por qué le llamaba a él.
—¿Te apetece venir a beber con nosotras? —él en un principio se negó —pero ¿Por qué? Está Mimi, completamente borracha y algo sensible. Ya sabes. ¿Qué dices?
—¿Dónde están?
Yolei sonrió y dio el nombre del lugar. Pidiendo que no se demorara en llegar.
—¡VENTE EN MOTO!
Fue lo último que escuchó de la chica, antes de cortar la llamada y metió el celular a su bolsillo.
—¿A dónde vas?
—Ya te imaginarás.
Fue lo último que dijo antes de salir.
Yolei dejó el celular a un lado y sonrió triunfal.
—Vengan esos cinco —alzó la mano esperando que la de la pelirroja chocara la suya.
Yolei sonreía como niña pequeña. La travesura del mes ya la había hecho, por lo que la risa pícara no iba a borrarse de sus labios por un buen tiempo.
Dentro del baño Mimi estaba en crisis existencial. Caminando de un lado a otro, golpeándose mentalmente por haber sido tan tonta, si torpe era sin una pizca de alcohol en sus venas, ahora con éste corriendo, como que todo se triplicaba.
Minutos después... Cuando se dignó a salir del baño se encontró con una escena muy agradable, sus amigas riendo de lo más lindo, ella debía hacer lo mismo, era su celebración, supuestamente.
Apoyó su frente en la palma de su mano, frustrada.
—En qué estaba pensando. Apenas a mí se me ocurre llamarle a éste. Y él muy tonto que me contesta —se lamentó en voz alta.
Mimi esperó respuesta de sus amigas, pero no la tuvo. Extrañada alzó la vista, para encontrarse con la mirada azulada de Yamato.
—¡¿Y tú qué haces aquí?! —gritó escandalizada.
—Oh, si quieres me voy.
—¡Nooooo! —lloriquearon sus supuestas amigas.
. . .
Apenas y podía mantener el equilibrio y para su mala suerte, para salir de ese bar tenía que subir unos escalones. Iba pegada a la pared, que era su soporte. No quería ni quitarse los tacones, eso jamás.
Podía estar borracha pero seguía siendo una dama muy digna. Sus amigas la habían dejado atrás, claro, ellas sí se deshicieron de sus tacones y Sora no iba tan ebria, la pelirroja toleraba mucho el alcohol.
Mientras ella se encargaba de Yolei, ella iba mandado al diablo la ayuda de Matt, que pese a eso, se mantenía a su lado. Ella manoteaba al sentir que se aproximaba, más ibas cuidándose de él que del piso que se le movía por completo. Y en un mal paso estuvo a nada de besar el piso, de no ser por el rubio, que la sostuvo.
Ahora estaba ella, recargada a la pared, muy cerca de él. Miró sus ojos azules, se sumergió en ellos. Matt se acercó a ella, tanto que su cálido aliento chocaba con su rostro. El rubio recargó su frente a la de ella, que sin resistirlo entreabrió los labios. El chico fue rozando con su nariz el rostro de Mimi, descendiendo lenta y dolorosamente, para su gusto.
No lo soportó más. Agarró el rostro del rubio e hizo que la distancia de sus labios desapareciera. Lo besó como hacía años no lo hacía, lo besó como se le antojó y él correspondió como se le dio la gana.
Era un beso urgido y buscando. Que se fue profundizando conforme avanzaban los minutos, ella ladeó su cabeza un poco buscando el ángulo perfecto. Mientras abría sus labios, dándole permiso de explorar toda su boca.
Porque a esas alturas, él importaba más que nadie.
Y es noche, además de él y de ella, importaba la pasión acumulada a lo largo de cuatro años. Qué importaba su compromiso, ciertamente ni pensaba en eso. Por ahora, solo quería saciar su hambre. Dejar que se la coman a besos, retorcerse con cada caricia y sentir su cuerpo sobre el suyo.
. . .
Cuando cayeron en la cama, él acarició lo largo de las blancas y finas piernas de Mimi, sintiendo el ardor de cada rincón de su piel. Y mientras sus manos ascendían, tratando de quitar la molesta falda que llevaba puesta, ella besaba su cuello.
Con impaciencia se despojó él mismo de su ropa, volviendo a besar con frenesí los labios de la castaña. La chica clavó sus uñas en la espalda del rubio, al tiempo en que sus lenguas chocaban y se repartían pequeños mordiscos en los labios. La mano de Matt comenzó a inmiscuirse por debajo de su blusa, subiendo desde la cintura hasta uno de sus senos para apretarlo con fuerza, la castaña reprimió un gemido, el rubio prefirió cambiar la estrategia y comenzó a masajear suavemente.
Mimi no lo soportó más y con todo su pesar, se separó de los labios de él, para despojarlo de una maldita vez de toda su ropa. Acarició su fornido pecho, apretando su cuerpo contra el de ella, logrando que una corriente eléctrica paseara por toda su espina dorsal. Al son, de que él imitaba a sus movimientos, para deshacerse de la blusa y del sujetador de la castaña. Y una vez libre, abrió las palmas de sus manos y agarró los senos de su amada, palpándolos por completo.
Para recordar viejos tiempos, la castaña llegó a apoderarse del lóbulo de la oreja del rubio, para lamerlo, besarlo y morderlo. Provocando un gruñido totalmente audible en el rubio. Gozó de eso.
Él besó sus senos, hizo lo que quiso con ellos. Ella solo arqueaba la espalda, disfrutaba, gozaba y jadeaba como en los viejos tiempos.
Sus cuerpos se extrañaban y esa era una prueba de ello.
El rubio aulló al sentir la mano de la castaña en su miembro. Era el momento. Los dos estaban completamente excitados, arrojaron lejos la poca ropa que les quedaba, para acomodarse mejor, ella abrió un poco sus piernas, haciéndole espacio al rubio, quien besó fugazmente los labios de la castaña para adentrarse en ella, primero de forma suave y tierna. Después, las embestidas fueron tomando fuerza, porque la pasión, el calor, el ritmo y los movimientos de sus cuerpos así lo requerían.
Porque conforme él entraba y salía, ella gimoteaba de placer. No pensaba en nada más que en él. Bendijo la hora en que le llamó y terminó por ir al bar, bendijo el día que regresó y lo bendecía a él por volverla loca.
La disfrutaba en todos los sentidos. Era su gran amor, comprometida con otro, pero seguía siendo suya. Y esto era una gran prueba de ello. Mimi lo había buscado con urgencia y ardor y él solo se dejó encontrar. La había extrañado y sentía morir si no la tenía así de cerca.
Y así, sumidos en sus más profundos recuerdos, durmieron juntos...
En la noche poco importó que ella fuera una mujer a nada de casarse, que en su despedida de soltera cometió un desliz con nada más y nada menos que con Matt. No le importó en nada que la besara, la tocara y la hiciera suya, es más hasta quería que eso pasara. Pero ahí tenía alcohol en las venas. Y ya con los rayos de sol pegando en su cara y con la resaca de la noche anterior, eso estaba por cambiar.
—Mierda. Qué hice, qué hice, qué hice —susurró viendo su cuerpo, totalmente desnudo y viendo al rubio, en las mismas condiciones, a un lado de ella.
Boca abajo, dormido. Se miraba tan sexy, con su musculosa espalda brillando con los rayos de sol, filtrados por la ventana.
Mierda. No era tiempo de, volver a caer en lo mismo. Pero no, se quedó anclada a la imagen de semi-dios del rubio.
Agitó su cabeza, sacando los pensamientos impuros y se levantó, o eso intentó hacer. Pero la sorpresa fue que el rubio la retuvo con un brazo.
Le sonreía.
—¡No me veas! —le ordenó totalmente roja.
—Luego de lo de anoche, debes estar muy cansada. Ven, vamos a dormir —la jaló hasta volverla a acostar a un lado suyo.
La abrazó y le dio un beso en el hombro. —Buenos días princesa —dijo coqueto.
Tragó saliva. Sentía morir. En primera de arrepentimiento. En segundo lugar porque no se quería levantar, quería quedarse ahí para siempre.
Solo fue un desliz. Ella iba a casarse muy pronto. El pasado no tenía por qué volver.
Estiró su mano y logró alcanzar su celular, por qué estaba ahí, quien sabe, pero pudo teclear un mensaje de auxilio para su mejor amiga. Decidió que ese era su castigo, despegarse lo más pronto del rubio, vamos eso sí que era una gran tortura, una muy dolorosa.
Tan pronto como su amiga se lo pidió, salió en su auxilio.
Ahora se encontraba afuera del lugar indicado por la castaña, estacionada frente al gran hotel con los intermitentes puestos para no tener problemas con la ley.
De pronto volteó su mirada hacia la derecha, fue entonces cuando la vio corriendo lo más rápido que sus altos tacones se lo permitían. Prefirió cubrir su rostro y ver hacia otro lado para que su amiga no le reclamara por estarse riendo de ella. Finalmente se subió al auto hecha un manojo de nervios, respiró profundo un par de veces y la vio, aun riéndose de ella.
—¿Por qué te quedas parada? ¡Acelera! —ordenó la castaña.
Sora quitó el freno de mano, movió la palanca de cambios y comenzó a acelerar gradualmente.
—¡Más rápido!
—Ya, ya… —la calmó Sora, volteó hacia ella por unos segundos y volvió la vista al camino con una sonrisa picarona en su rostro. —No lo puedo creer… Mimi Tachikawa, te creía una blanca paloma.
La castaña cubrió su rostro con ambas manos y se encogió en el asiento.
—¿Te lo serviste? —preguntó sin pudor.
—Sí, es decir, ¡NO! Ay no sé… Más o menos.
—¿Más o menos? No te puedes servir a alguien "más o menos" Mimi.
—Ay, está bien, sí… —luego de su confesión escuchó a Sora emitir un agudo grito de emoción. Ella presionó con más fuerza sus ojos, sentía vergüenza consigo misma, y en cambio Sora casi la felicitaba. —No sé qué me pasó, yo no soy así.
—Lo sé.
—Soy una tonta…
—No, Mimi, no eres una tonta, son cosas que pasan, la vida sigue, estás bien, relájate…
—¡Ni se te ocurra contarle sobre esto a Yolei!
—¿Estás loca? Tú sabes cómo es ella, pondrá el grito en el cielo.
—Gracias…
Sora nuevamente dirigió la vista hacia su amiga, que no podía más del remordimiento, mordió su labio inferior y se atrevió a preguntar. —¿Y?
—¿Y qué? —habló correspondiendo a su mirada.
—¿Cómo estuvo?
La castaña suspiró por lo bajo y miró al frente.
¿Cómo estuvo? ¿Cómo más?
Sora notó como Mimi formaba una sonrisa en sus labios.
—¡PERFECTOOOOOOOOOOOO! —gritó ella con todas sus fuerzas, seguida de las risas de la pelirroja. —¡Había olvidado lo excelente que es en la cama este hombre!
Era completamente a aburrido verse rodeado de ancianos. Pero todo sea por la causa.
Si estaba presente, en esa comida elegante y aburrida eran por cuestiones de trabajo y como profesional tenía que estar ahí, rodeado de gente estirada y muy influyente. El cambio de compañía disquera le obligaba a conocer a la gente que conformará su equipo de trabajo. El objetivo de esa elegante comida, era que le iban a presentar a sus futuros productores y terminar de ajustar los últimos detalles del contrato.
Pero aunque su nuevo futuro dependiera de esa desabrida comida, le era imposible no aburrirse. Estaba rodeado de viejos con trajes elegantes, con portafolios y con mujeres, que suponía eran las esposas de ellos, de la misma edad.
Los únicos que eran de su mundo, eran sus compañeros de banda, pero como siempre, ellos estaban ateniendo a si familia. Él era el único solo, en el mundo, viendo a los viejitos importantes y acaudalados con sus esposas viejas pero con ropas muy finas y a sus compañeros, con sus bebés en brazos o con sus esposas a punto de dar a luz.
Todo por madurar demasiado tarde. En momentos como ese las palabras de aquella castaña, ahora, comprometida, perforaban con más fuerza su mente y oprimían, sin piedad, su pecho.
—Yamato —el representante de éste fue quien lo sacó de sus pensamientos.
El rubio alzó la vista y lo vio fijamente. —El señor Kobayashi ha llegado —ese era el nombre de su futuro —recuerda, estamos a nada de firmar este importante contrato.
Yamato asintió, totalmente cansado de todas las indicaciones que les daba. Él mejor que nadie, sabía que esto era un juego, que no podía echarlo a perder por un descuido.
—No te preocupes Sato. Hemos trabajado tanto por esto, que me es imposible desperdiciar esta oportunidad.
Él sonrió con la determinación del rubio, han trabajado tanto tiempo juntos que cree en lo que dice. Esta oportunidad no iba a ser desaprovechada.
—Esos que ves ahí son el señor Kobayashi y su futura esposa —señaló con discreción.
Poco pudo apreciar si estaban de espaldas a él. Un hombre alto y al parecer una mujer joven, con buen cuerpo. Se le hacía familiar.
—Señor Kobayashi —habló Sato, haciendo que la pareja se volteara —le presento a Yamato Ishida.
El hombre sonrió ampliamente, haciendo que su bigote se levantara por completo. Era alto, imponente y apuesto, pese a tener como cuarenta años. Y la mujer que lo acompañaba era lo mejor.
Matt entrecerró los ojos, viéndola sin titubear. Ella en cambio se sonrojó y desvío la mirada. Estaba tratando de esconderse de sus ojos, refugiándose en el brazo de aquella reliquia.
Era Mimi. Mimi era la prometida de su futuro, ahora quien sabe, jefe.
Aquí tienen el segundo capítulo. Esperemos que les haya gustado. Leyendo sus reviews, hubo muchos donde estaban preocupadas porque parecía que a Matt no le importaba el compromiso de Mimi, ya vieron que sí le importó y le va a importar más en los próximos capítulos:D
Por cierto: pero qué final y lo que falta. Espero que no se hayan muerto de la impresión y qué les guste ese embrollo.
Gracias por agregar a sus favoritos y comentar.
Agradecimientos especiales a: Taishou, esperamos que este capítulo siga siendo prometedor y las expectativas no caigan. Dime quién no se derretiría con semejante macho :L. A Izzie, ya ves, no hay de qué preocuparse, a nuestro Matt sí le importa y mucho Mimi. Esperamos que este capítulo te guste igual que el otro, gracias por tu apoyo y créeme que Matt no tiene planes de boicotear nada, digamos que es un chico confiado de su sensualidad. Mimatoxlove, Aquí tus dudas se despejaron en primera porque a Matt si le importó, respira tranquila y la segunda porque ya sabes cómo reaccionó con lo del viejito xDD ya verás en los próximos capítulos que referencia le hace. Y qué tal las sospresitas, que te dimos en el capitulo pasado, algún día haremos algo diferente con el taiora xD. Takari95, te diremos algo importantísimo: Mimi quería estabilidad, pero como dice el sunmary: la balanza pesa más de un lado cuando regresa Matt. Asi qué, crees qué pasara. Obvio, ya se perdió el equilibrio que buscaba 8-) gracias por comentar jijiji, morimos por saber qué opinas de este capítulo. Por cierto, Matt, eso queríamos hacer, que se enamoraran de su actitud tan coqueta! Adrit126, quién se le puede resistir a un chico como Matt. A nosotras también nos tiene babeando con su actitud. Este viejito, no dará mucha lata, no te preocupes. Y sí, diste en el clavo con Mimi. Summerlilies, gracias por tu comentario, esperamos que esté capítulo siga narrado así como te gusta :D nos esforzamos para eso. Y por último a Ali, gracias por seguir nuestras historias. A ti también te gustó esta versión de Matt, es un hitazo, eso queríamos. Bueno, te digo que la actitud de Matt es clave para esta historia. Esperamos ansiosas tus comentarios y obvio que te siga gustando la historia. :D
A ti también, que agregaste a tus favoritos, seguiste o simplemente leíste. Gracias.
Nos leemos queridos~~
