Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece.

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Era media semana, todo iba saliendo viento en popa para tranquilidad de Saga, el dios parecía estar a gusto, disfrutaba de la compañía de su tía, la tranquilidad del pueblo y siempre traía una sonrisa en el rostro.

Aquella tarde, todos estaban reunidos en un gran comedor a petición de la diosa, ya que quería que todos convivieran, había olvidado lo lindo que era su primo.

—Entonces, ¿el tío Hades ya no volverá a interferir?

—Así parece, logramos derrotarlo por completo.

—Prima, ¿de verdad no te mortifica estas luchas sin sentido? No sé como el tío Zeus puede estar tan campante mientras todos los dioses se van unos contra otros.

—Eros, querido, ¿será que has madurado? No te olvidas que tú todavía estás en...

—No lo digas, prima, no menciones a ese cretino... Además, es diferente.

—Ese cretino, también es tu tío y te recuerdo que es mi hermano.

—Pero no es Artemisa y a ti tampoco te cae en gracia, tía.

—¿Por qué a veces le dices tía y a veces prima?—no pudo contener la pregunta, Seiya.

—Athenea, ¿qué tus guerreros no saben de modales? Que forma de dirigirse a un dios. Y sí supieras un poco de la era del mito, no estarías haciendo preguntas estúpidas. Zeus y Afrodita, son hermanos, por ende Athenea es mi prima, pero ella y Ares son hermanos, así que también es mi tía.

—Vaya, que incestuosos son los dioses—dijo Seiya—hacen que todo sea muy confuso. A decir verdad, tu imagen me sorprendió, siempre pensé que...

—Seiya—interrumpió Saga—, acompáñame un momento por favor—pidió tan amablemente que el Pegaso tembló.

—Disculpa—Habló la diosa—¿qué decías sobre tu problema con Apolo?

—Bueno, como te iba diciendo, es diferente, ese cretino y yo rara vez nos metemos con la humanidad, pero tu con el tío Poseidon y el tío Hades, digo, ellos deben de estar enfermos para querer dominar el mundo, ni Zeus llega a tanto. Y digo, ¿cómo es que Poseidon no te perdona lo de Atenas?

—De la misma manera en que tú no...

—Pero Saga, es que de verdad yo pensaba que usaba pañal—Se escuchó la voz de Seiya nuevamente.

—¿Disculpa?

—Que-querido, por favor—Athenea sabía que debía hacer algo—Es que ya sabes como son los humanos—le sonrió.

—Unos tontos, tienes razón prima.

Saga le torcía el brazo a Seiya para que de una vez se callara, mientras los dioses conversaban sobre sus conflictos con otros dioses. Para su tranquilidad, el muchacho no volvió a decir nada.

Finalizada la reunión todos tomaron rumbos diferentes, en tanto el dios paseaba por el Santuario de su tía-prima cuando la conversación de unos jóvenes llamó su atención y de uno de ellos reconoció al irrespetuoso.

—¿Qué se cree? Mira que llamarnos tontos.

—Es un dios.

—¿Y qué? Saori también lo es y no por eso anda insultandonos.

—Pero ella tiene más tiempo conviviendo con la humanidad.

—Para ser el dios del amor, me parece que no sabe nada, es un cretino, igual que todos los dioses y no trates de negarlo, qué también lo piensas Hyoga.

—Creo que todos lo pensamos, pero qué hacemos, es un dios y el sobrino de nuestra diosa.

—Vamos, ¿y apoco ustedes no se imaginaron a un tipo con alitas, pañales y flechas?

—La verdad sí, me da risa solo imaginar a ese tipo tan serio, haciéndola de cupido—risas.

—Es que no tiene la pinta, ni los modos para ser dios de lo que dice ser...

—Es tan estirado como Hades, Poseidon, Tanathos e Hipnos. Sólo que menos temible, no sé de qué se preocupan.

—Así que soy un estirado como mis tíos, pero menos temible, ¿eh?

—Señor, Eros, nosotros...

—Nosotros no le tenemos miedo—concluyó Seiya.

—¿Ah, no?—El dios sonrió—bien, me alegra que así sea.

El dios se dio la vuelta y continúo con su paseo, preguntándose como haría pagar su impertinencia a esos mocosos; no quería como enemiga a Athenea, era difícil mantener amistades en el Olimpo. Su padre le había pedido que hiciera algo en contra del Santuario, pero sí complacía en totalidad a su padre, ahora sí que Afrodita no lo perdona. "Hm, ¿qué hacer?"

Estaba acercándose al salón patriarcal y escuchó voces y risas, "debería dejar de escuchar a escondidas" pensó, pero su curiosidad pudo más.

—No, pero ya en serio—escuchó la voz de su tía—No se confíen, Eros no es totalmente inofensivo.

—Vamos, Saori. ¿Qué puede hacernos? Ya nos enfrentamos a dioses reales.

Se estaban riendo de él, no lo podía creer y su tía les estaba siguiendo la corriente e incluso permitía que la tratarán como a una igual, tal vez Artemisa tenía razón y se estaba humanizando demasiado y él, no lo iba a permitir, no señor.

—Con que no soy un dios de verdad, ¿eh?

—Eros, nosotros...

—Querubines, en posición.

Sus dos guardias se pusieron a lado de él, los caballeros se prepararon para el ataque; pero lo que vieron los dejó atónitos, un haz de luz iluminó en su totalidad el Santuario, atravesando a todos sus habitantes. Para cuando pudieron reaccionar, Eros sonreía complacido, pero al no ver daño alguno permanecieron en su puestos, el dios se giró para dirigirse a su habitación sin decir palabra.

—Eros...—lo llamó Saori.

—Buenas noches, querida prima.

El resto de santos llegaron a la gran sala alarmados, veían el rostro preocupado de la diosa contrastando la sonrisa burlona de los bronceados, Saga se adelantó instigado por sus compañeros.

—¿Qu-qué pasó?—preguntó con miedo—vimos un montón de flechas dispersandose por el Santuario, ¿acaso hay..?

—Problemas—fue la escueta frase de Saori.

—¿Problemas? Pero sí las flechas ni nos hicieron nada—dijo Hyoga.

—¡¿Hicieron enojar al dios del amor?!—Milo estaba alarmado—¿qué no nos hizo nada?, ¿acaso crees que esas flechas eran para iluminar el cielo?

—Estamos perdidos—volvió hablar Saga— Princesa, ¿usted..?—Saori, negó.

—A mi también me atrapó.

Los santos de oro pusieron expresión de pánico, los de bronce no sabían por qué Saori y los otros estaban espantados, no había pasado nada, ellos no notaban nada anormal, así qué...

—Será mejor que vayamos a descansar, mañana vamos a necesitar muchas energías y fuerza de voluntad si queremos que el Santuario siga de pie—dijo Saori, con pesadez y todos asintieron y comenzaron a salir.

En la habitación solo se quedaron el Patriarca Shion y Dohko, que seguramente hablarían de lo sucedido y como remediarlo, al menos esperaban que el ataque del dios fuera algo que aumentara paulatinamente y no algo que desatara el caos de manera inmediata.

Los 4 de bronce no se quedaron tranquilos con eso último y corrieron tras los santos de oro para preguntar de que se estaban perdiendo, pues no entendían nada. Tras preguntar Milo, río con fuerza; Camus, los miró con odio; Shura, parecía que en cualquier momento haría uso de Excalibur; Saga y Kanon los miraba como si fueran idiotas (que tal vez lo eran, después de todo); Death Mask, estaba dispuesto apoyar a Shura; Aioria, Airos, Mu, Aldebaran y Shaka, con resignación.

—Verán—Shaka tomó la palabra, porque sino algunos compañeros los mataban—Como Saga explicó, Eros es el dios del amor, la atracción sexual y el sexo, con todo lo que eso conlleva, relaciones conflictivas, celos e incluso desamor, el dios puede hacer que te enamores pero también que la persona amada te desprecie...

«Se les mencionó que Apolo fue víctima de la venganza de Eros; hizo que se enamorara perdidamente de la ninfa Dafne, disparando una de sus flechas que lo hicieron amarla locamente, en cambio a ella, le disparó una que le hacía despreciar el amor, especialmente el de Apolo. Desesperada, Dafne le pide ayuda a su padre, el Rio Ladón, él accedió y la convirtió en un árbol de laurel; cuando Apolo ve que la ninfa ya no podría ser su esposa, decide honrarla y consagrarla a su persona, volviéndose el símbolo del Dios Apolo» —concluyó Shaka.

—¿Y ustedes por qué creen qué fue?—Dijo Máscara Mortal con sarcasmo.

—Espero les haya quedado claro el lío en el que nos metieron, este dios es capaz de destruir el Santuario, ¡desde adentro y sin ensuciarse!—esta vez fue Shura el que habló.

—Pero creo que exageran, yo no siento nada.

—Váyanse a dormir niños—ordenó Camus.

Los santos de oro se quedaron en la entrada del templo de Piscis, Aldebaran se recargó en uno de los pilares y con lentitud dijo:

—Maldito Pez, es el único que se escapó, ahora va ser nuestra única esperanza.

—¿Nuestra vida depende de Afrodita?—dijo Camus—que irónico... Sólo esperemos no se ponga del lado del hijo de su homóloga de nombre.

—No es tan infeliz, no se preocupen—Máscara Mortal habló—. Tal vez deberíamos dejarle una nota explicando los hechos.

Saga se encaminó adentro de su templo, era arriesgado, pero esperaba que las rosas lo reconocieran, los demás le siguieron, su vida ahora dependía del más hermoso de los 88 guerreros de Athenea.

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Espero les guste este capitulo, es una historia corta, de no más 5 capítulos.