Capítulo 2. Te amo
Harry la tomó por la nunca acercándola milímetro a milímetro a sus labios. Ambos deseaban ese beso, no sabían por qué si siempre se habían visto como hermanos, sólo era la necesidad de fundirse en entregándose totalmente en un apasionado ósculo.
Y ahí estaban los dos, fundidos en un beso de ensueño, el mundo no importaba, sus conocidos no existían, lo único importante del momento eran ellos dos, lo demás, podía terminar en ese momento mientras ellos estuvieran juntos todo estaría bien. Ese beso les daba la paz que tanto habían buscado.
Después de un tiempo, bien pudieron ser segundos o milenios, Hermione se separó, no es que no quisiera estar ahí, es que no debía hacerlo. Harry era su amigo, su mejor amigo y apenas hacía unas semanas había terminado con Ginny, la distancia de ella en el colegio y él en Londres, los habían distanciado, ella había decidido que lo mejor sería poner fin a esa relación, además ella ya no estaba tan interesada como creía en "el niño que vivió", por alguna extraña razón ahora ella se interesaba en una serpiente, un chico rubio y sexy.
-No, Herms –dijo Harry cuando sintió que la chica se retiraba, la jaló un poco del brazo e hizo que cayera al suelo, esta vez, quedando ella debajo de él.
Harry comenzó a besarla por el cuello, la deseaba, deseaba hacerla suya fundirse en uno solo pero ella no se lo permitió, lo empujó y se levantó rápido.
-¡Qué estas… qué estábamos por hacer! –dijo escandalizada la castaña aún con la respiración agitada por la excitación del momento y cierto rubor en la mejillas denotando que no lo había pasado del todo mal –Creo que es mejor que te vayas Harry, mañana comienzas como Auror y yo con mi primer día laboral. Hasta mañana –dijo casi jalándolo hasta llegar a la puerta dejándolo sin oportunidad de réplica.
-Pero Herms… -no pudo terminar la frase, Hermione le había cerrado la puerta en las narices.
No le quedó más que aparecerse en su departamento en Prince's Square (había decidido que hasta no encontrar un hechizo que lograra quitar a la señora Black de la pared, no viviría en Grimmauld Place) y tomar una buena ducha de agua fría. Ver a su amiga así, en ese camisón, sentir sus senos sobre su pecho, sus sexos tocándose salvo por la tela que los separaba, el beso… ese beso. Nunca había sentido algo así con nadie, ni con Ginny, a la que creía haber amado siempre.
Eso que comenzó como un roce de labios y que poco a poco ella dejó que el chico introdujera la lengua en su cavidad bucal. Eso que jamás pensó tener con su mejor amiga. Se metió a la ducha pero todas las sensaciones que había tenido hacía unos momentos evitaron que se recuperar pronto, el recuerdo de aquello sólo lograba que la deseara más, que le hirviera la sangre, necesitaba dejar de pensar en Hermione como mujer, tenía que volver a verla como a una amiga, hermana.
Por su parte, Hermione se encontraba en un dilema similar. Lo que sucedió con Harry le había gustado y mucho, pero no se podía permitir tener esos pensamientos tan pecaminosos hacia su mejor amigo. Era algo como incesto. Trató de dormir pero no pudo, en su mente sólo se revivían los últimos minutos de la noche, cómo Harry la tomo por la nuca y acercó sus labios, sentir cómo su miembro crecía cada vez más y que eso en vez de incomodarle le gustara. Estaba mal. Pero tal vez sólo era por los nervios que sentía, a fin de cuentas los el estrés se manifestaba de diferentes maneras y a ella se le había presentado en forma de atracción por su mejor amigo. Sí, tenía que ser eso, pensó. A otro día todo sería como antes… eso esperaba ella, ¿realmente sería así?
Pasó tan mala noche pensando en Harry y sus sentimientos hacia él que cuando menos lo sintió, apenas si le quedaba el tiempo justo para bañarse y comer una tostada. En menos de 30 minutos ya estaba entrando por una de las chimeneas (su apartamento tenía conexión con la red Flu del ministerio). Corrió hasta los elevadores y se metió sin mirar quién ya se encontraba dentro.
-¡Hola Herms! –La voz que menos quería escuchar en ese momento la saludaba a sus espaldas.
-¡Hola, Harry! ¿Al cuartel general de Aurores? –Volteó a saludar a su mejor amigo. Así comprobaría que lo que había sentido la noche pasada sólo era un reflejo nervioso.
Gran error. Harry estaba ahí, con su chamarra de cuero negro y la insignia de Auror pasante en el lado izquierdo, unos pantalones vaqueros, las gafas negras y redondas que le quedaban un poco torcidas, sus ojos color esmeralda, la camisa con los primeros botones desabotonados lo que permitía ver parte de su torso… en fin, era un hombre muy atractivo, pero lo que lo hacía ser endiabladamente sexy era la combinación de esa sonrisa pícara y el negro cabello despeinado, ambos heredados de James, su padre.
-Así es, querida amiga –le sonrió amistosamente a Hermione
Harry observó a la chica que iba frente a él, llevaba un hermoso vestido negro, sin mangas, con un escote muy ligero y de largo apenas un poco arriba de las rodillas, combinado con unas hermosas zapatillas del mismo color. Saco rojo y un lindo peinado que recogía el cabello pero a la vez le dejaba la melena suelta. Su amiga era realmente sexy, ¿cómo no se había dado cuenta antes de esos encantos? Ni él lo sabía. Sólo sabía que cada vez le atraía más y no faltaba mucho para que sus instintos se apoderaran de él e intentaran besarla.
-Por ser tu primer día en el ministerio te acompañaré a tu piso, no quiero que te pierdas entre tanta gente y oficinas.
-Me parece perfecto –sonrió la castaña.
Cuando llegaron al 5to piso, Harry le indicó que bajaran, le extendió del brazo y caminaron por los largos pasillos que conducían hasta el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas. Al llegar a la puerta en la cual Hermione comenzaría con una nueva etapa de su vida, Harry la abrazó, trató de que ese abrazo fuera de amigos pero no lo consiguió. Sentía un millón de emociones al tenerla así, decidió que lo mejor era separarse y dejar que su amiga comenzara ese gran día. Le dio un beso en la mejilla pero por alguna extraña casualidad, o tal vez la chica lo había hecho intencionalmente, tal vez él lo había hecho sin querer, no lo supieron. Sólo se dejaron llevar por el momento y se volvieron a unir en un beso que los llevó al paraíso de ida y vuelta, se sentían en las nubes, ninguno de los dos quería separase, era la mejor sensación del mundo.
Hermione supo en ese momento que lo que sentía por Harry no era producto del estrés, era algo que había reprimido durante ocho años de conocerlo.
-Te amo –Se aventuró a decir Harry sin siquiera separar un poco los labios de los de Hermione. En verdad lo sentía pero no sabía cómo se lo tomaría su hasta entonces, mejor amiga.
-Yo también te amo, Harry. Creo que siempre te he amado. –Su alma se sentía en paz como hace mucho tiempo se había sentido –Quisiera quedarme aquí un buen rato más. –Dijo ella con una gran sonrisa.
-Igual yo, amor. Pero por el momento tenemos que separarnos, no creo que quieres llegar tarde en tu primer día y yo tengo que apresurarme a la práctica de pasantes, no querrás que en unos años no tenga medios para sostener nuestra casa ¿o sí?
-Claro que no, cariño.
Se despidieron con un tierno y dulce beso. Ese sería un excelente día. Comenzaban una nueva etapa, tanto profesional como sentimentalmente, y la comenzaban con el pie derecho.
Hasta aquí el segundo capítulo. Gracias por leer, seguir y comentar.
Espero que lo disfruten.
Saludos
MonsePotter =)
