Hola, es nueva historia, y no es completamente mía es una adaptación parcial del libro beautiful disaster, demos gracias a su maravillosa autora, y espero les guste.
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Todo en la habitación gritaba que no yo no pertenecía aquí. Las escaleras estaban en ruinas, la gente estaba apretada hombro contra hombro, y el aire era una mezcla de sudor, sangre y moho.
Las voces se arremolinaban mientras gritaban números y nombres una y otra vez, los brazos se agitaban y se hacían gestos para intercambiar dinero y comunicarse a través del ruido. Me sumergí entre la multitud, siguiendo de cerca a mi mejor amiga.
— ¡Guarda bien tu dinero en tu billetera, Mary! —Me gritó Alya. Su amplia sonrisa brillaba aún en la penumbra.
— ¡Quédate cerca! ¡Empeorará una vez que comience! —gritó Nino por encima del ruido. Alya tomó su mano y después la mía mientras Nino nos dirigía a través del mar de gente.
El balido agudo de un cuerno de toro sonó en el aire lleno de humo. El ruido me sobresaltó, haciendo que saltara, buscando el origen de estallido. Un chico estaba parado en una silla de madera, sosteniendo un fajo de billetes en la mano, el cuerno en la otra. Él mantenía el plástico en los labios.
— ¡Bienvenidos al baño de sangre! Si estás buscando Economía 101… ¡Estás en el jodido lugar equivocado, mi amigo! Si buscas el Círculo, ¡Esto es akuma!
Mi nombre es Kim, yo hago las reglas y dirijo la pelea. Las apuestas terminan una vez que los oponentes estén en el suelo. No se permite tocar a los combatientes, no ayudarlos, no cambios de apuestas, y no entrar en el cuadrilátero. ¡Si rompen estas reglas, se les partirá la madre y serán retirados de aquí sin su dinero! ¡Eso las incluye a ustedes, señoritas! ¡Así que no utilicen sus puterías para estafar al sistema, muchachos!
Nino negó con la cabeza. — ¡Jesús,Kim! —gritó al maestro de ceremonias sobre el ruido, claramente desaprobando la elección de palabras de su amigo.
Mi corazón latía en mi pecho. Por el extraño lugar en el que me había metido, el circulo mejor conocido como "Akuma" era un centro con un grupo de luchadores y como regla del lugar todos portaban un sobrenombre y mascara para así evitar más problemas, el luchador que más destacaba se hacía llamar chat Noir, y como su nombre decía usaba un traje de gato Negro.
Todas las chicas que se encontraban en el lugar tenían ropas algo extravagantes y algunas usaban máscaras, y se mostraban de una manera descarda con los chicos. Con un suéter de cachemir color rosa y mis pendientes de color negro, me sentí como una mojigata. Le prometí a Alya que podía enfrentar todo lo que se nos pusiera enfrente, pero en la zona cero sentí la necesidad de agarrar sus delgados brazos con ambas manos, y obligarla a irnos. Ella no me pondría en peligro, pero estar en un sótano con cincuenta o más chicos universitarios borrachos, no estaba exactamente segura de nuestras posibilidades de salir ilesas
Después de que Alya conociera a Nino en la clase de orientación de primer año, ella con frecuencia lo acompañaba a las luchas secretas en los sótanos diferentes de la Universidad de notre patria sacré. Cada evento se llevaba a cabo en un lugar diferente, y se mantenía en secreto hasta una hora antes de la pelea.
Debido a que yo pertenecía a un círculo un poco más tranquilo, me sorprendió saber de un mundo subterráneo notre patria sacré; pero Nino lo sabía aún antes de haberse matriculado. Se rumoreaba que Adrien agreste el compañero y primo de Nino era Chat Noir, claro que solo se trataba de rumores, nadie lo había comprobado, aun. Aunque yo empezaba a sospechar que era verdad, solo de esa manera se podría explicar que Nino supiera todo sobre el círculo.
Kim llevó el cuerno de toro nuevamente a sus labios, y los gritos y el movimiento escaldaron a un ritmo febril.
— ¡Esta noche tenemos un nuevo retador! ¡El luchador estelar universitario de notre patria sacré, the mimo!
Los gritos siguieron, y la multitud se apartó como el mar rojo cuando the mimo entró en la habitación. Un espacio circular fue formado, y la multitud silbó, abucheó y se burló del rival. Él saltaba, sacudía el cuello hacia atrás y adelante; su rostro severo y concentrado. La multitud se calmó y luego mis manos se alzaron a mis oídos cuando la música sonó por los grandes altavoces en el otro lado de la habitación.
— ¡Nuestro siguiente combatiente no necesita presentación, pero porque me asusta hasta la mierda, lo haré de todos modos! ¡Sacudan sus botas, chicos, y quítense sus bragas, señoritas! ¡Les presento a Chat Noir!
El volumen explotó cuando chat noir apareció en una puerta de la habitación. Él hizo su entrada, sin la parte de arriba de su traje,solo con su pantalón de spandex color negro, las garras y el antifaz, relajado y natural. Echó a andar hacia el centro del círculo, como si se estuviera presentado a otro día en el trabajo. Los músculos se extendían bajo su piel tatuada mientras él chocó sus puños contra los nudillos de the mimo. chat se inclinó y le susurró algo al oído a the mimo, y el luchador luchó por mantener su expresión severa. The mimo se puso cara a cara con chat y lo miró directamente a los ojos. La expresión de the mimo era asesina; chat se veía ligeramente divertido.
Los hombres tomaron unos pasos hacia atrás, y Kim sonó el cuerno. The mimo tomó una posición defensiva y atacó a chat noir.
Me paré sobre la punta de mis pies cuando perdí mi línea de visión, apoyándome de lado a lado y los hombros se estrellaban contra mí, rebotándome de un lado a otro como pelota de ping pong. La parte superior de la cabeza de the mimo y chat noir se hizo visible, por lo que continúe abriéndome camino hacia adelante.
Cuando finalmente llegué al frente, the mimo cogió a chat noir con sus gruesos brazos y trató de tirarlo al suelo. Cuando the mimo se inclinó con el movimiento, chat noir estrelló su rodilla contra la cara the mimo. Antes de que the mimo pudiera evitar el golpe, chat noir lo atacó; sus puños hicieron contacto con la cara ensangrentada de the mimo una y otra vez.
Cinco dedos se hundieron en mi brazo y me eché hacia atrás.
— ¿Qué demonios estás haciendo, Mary? —dijo Nino.
— ¡No podía ver desde allí! —grité.
Me volví justo a tiempo para ver a the mimo tirar un puñetazo. Chat noir se giró, y por un momento pensé que había evitado otro golpe, pero hizo un círculo completo, estrellando su codo derecho en el centro de la nariz de the mimo. Sangre roció mi cara y salpicó la parte superior de mi suéter. The mimo cayó al suelo de cemento con un ruido sordo y en un breve instante la habitación estuvo en completo silencio.
Kim lanzó una tela roja cuadrada sobre el cuerpo quieto de The mimo y la multitud estalló. El dinero cambió de manos una vez más y las expresiones se dividían entre petulantes y frustradas.
Me empujaron un poco con el movimiento de ida y venida. Alya llamó mi nombre en algún lugar de la parte de atrás, pero yo estaba fascinada por el camino rojo de mi pecho a la cintura.
Tenía mucho que no veía y sentía adrenalina en mi sangre, por un momento pensé en que ... mis pensamientos fueron interrumpidos por un par de pesadas botas negras que se pararon frente a mí, desviando mi atención hacia el suelo. Mis ojos viajaron hacia arriba; pantalones manchados de sangre, un par de cincelados abdominales, un desnudo y tatuado pecho empapado de sudor y, finalmente, un par de ojos cálidos color verde y una extraña pupila rasgada. Alguien me empujó por detrás y chat noir me tomó por el brazo antes de caer hacia adelante.
— ¡Hey! ¡Aléjate de ella! —gruñó chat noir, empujando a cualquiera que se me acercara. Su expresión severa se convirtió en una sonrisa al ver mi camisa, y luego secó mi cara con una toalla—. Lo siento mucho, princesss- mi nombre lo termino de decir como si estuviera siseando, como si en realidad fuera un gato.
Kim dio unas palmaditas en la parte detrás de la cabeza de Chat noir. — ¡Vamos, Chat! ¡Tienes un poco de dinero esperando por ti!
Sus ojos no se apartaron de los míos. — Es una lástima sobre el suéter. Se ve bien en ti. —En el momento siguiente se vio envuelto por los fans, desapareciendo de la misma manera en la que había llegado.
— ¿Qué estabas pensando idiota? —me gritó Alya, tirando de mi brazo.
—Vine aquí para ver una pelea, ¿no? —Sonreí.
—Tú ni siquiera deberías estar aquí, Mary, —me regaño Nino.
—Tampoco Alya —le dije.
— ¡Ella no trata de meterse en el círculo! —Frunció el ceño.
—Vámonos.
Alya me sonrió y me limpió la cara. —Eres un grano en el trasero, Mary. ¡Dios, te quiero! —Ella enganchó su brazo alrededor de mi cuello y nos dirigimos hasta las escaleras y hacia el coche.
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Alya me siguió hasta mi habitación y luego saludo de mi compañera de cuarto, Rose.
Inmediatamente me quité la chaqueta con sangre, arrojándola al cesto de ropa sucia.
—¿¡que te paso!?. ¿Dónde has estado? —preguntó rose desde su cama.
Miré a Alya, quien se encogió de hombros. —Sangrado por la nariz. ¿Nunca has visto una de las hemorragias nasales de Marinette?
Rose sacudió la cabeza mientras se levantaba para acercase, para ver si me podía ayudar.
—Oh, lo harás. —Ella me guiñó un ojo y luego cerró la puerta detrás de ella. Menos de un minuto después, mi celular sonó. Por costumbre, Alya me enviaba un mensaje de texto después de haber dicho adiós.
Pasaré la noche con nino, te veo mañana princesa del cuadrilátero.
Miré a rose, quien me veía como si mi nariz se desangraría en cualquier momento.
—Ella estaba bromeando —le dije.
Rose suspiro aliviada y luego miró hacia el desorden de libros sobre su colcha.
—Creo que voy a tomar una ducha —le dije, agarrando una toalla y mi bolsa de baño.
—Alertaré a los medios de comunicación —bromeó rose, manteniendo su cabeza hacia abajo.
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Al día siguiente, Nino y Alya se unieron a mí para el almuerzo. Tenía toda intención de sentarme sola, pero a medida que los estudiantes invadieron la cafetería, las sillas a mí alrededor estuvieron llenas por los hermanos de fraternidad de Nino o los miembros del equipo de fútbol americano. Algunos de ellos estuvieron en la pelea, pero ninguno mencionó mi casi espectáculo en el cuadrilátero.
—Viejo —dijo una voz.
Nino asintió con la cabeza, y Alya y yo volteamos para ver a Adrien (primo y compañero de apartamento de Nino) tomar asiento al final de la mesa. Fue seguido por dos voluptuosas chicas usando camisetas de una de la hermandad de la universidad. Una de ellas se sentó en el regazo de Adrien y la otra se sentó junto él, acariciando su camisa.
—Creo que he vomitado un poco en mi boca —murmuró Alya.
La rubia en el regazo de Adrien se volvió hacia Alya. —Te he oído, puta.
Alya tomó su rollo y lo arrojó al final de la mesa, rozando la cara de la chica. Antes de que la chica pudiera decir otra palabra, Adrien dobló sus rodillas, enviándola al suelo.
— ¡Ay! —Chilló, mirando a Adrien
—Alya es mi amiga. Necesitas buscar otro regazo, Aurore.
— ¡Adrien! —Se quejó ella, poniéndose de pie.
Adrien volvió su atención a su plato, ignorándola.
Ella miró a su hermana y resopló, después las dos se fueron de mano en mano.
Adrien guiñó hacia Alya, como nada hubiese pasado, llevándose otro bocado a la boca. Fue entonces cuando me di cuenta de un pequeño corte en su ceja. Él intercambió miradas con Nino y luego comenzó una conversación con uno de los chicos de fútbol frente a él.
Aunque los estudiantes en la mesa habían disminuido, Alya, Nino y yo nos quedamos a hablar sobre nuestros planes de fin de semana. Adrien se levantó para irse, pero se detuvo en nuestro extremo de la mesa.
— ¿Qué? —preguntó Nino en voz alta, llevándose la mano a su oído.
Traté de ignorarlo lo mejor posible, pero cuando miré hacia arriba, Adrien me estaba mirando.
—Ya la conoces, Viejo. ¿La mejor amiga de Alya? Ella estaba con nosotros la otra noche —dijo Nino.
Adrien me sonrió en lo que supuse era su sonrisa encantadora. Él emanaba sexo y rebeldía con su pelo dorado casi al cuello y brazos tatuados, y yo puse mis ojos en blanco en su intento de coquetearme.
— ¿Desde cuándo tienes una mejor amiga, Aly? —preguntó Adrien.
—Desde tercer año de secundaria —respondió ella, apretando sus labios juntos mientras tenia una sonrisa de complicidad—. ¿No recuerdas, Adrien? Tú arruinaste su suéter.
¿Arruinar mi suéter?, el único que había arruinado mi suéter había sido chat noir
Adrien sonrió de medio lado—Arruino una gran cantidad de suéteres.
—Asqueroso —murmuré.
Adrien hizo girar la silla vacía a mi lado y se sentó, apoyando sus brazos delante de él. —Así que tú eres princess, ¿eh?
Vaya forma estupida de conocer la identidad de un luchador de akuma, rodé los ojos, al comprobar que los rumores eran ciertos, pero tampoco es como si hiciera mucho para esconderla, me pregunto ¿cómo es que aún no se habían dado cuenta?
—No —le espeté—. Tengo un nombre.
Parecía divertido por la manera en que contesté, lo que sólo sirvió para enfadarme más.
— ¿Y bien? ¿Cuál es? —Preguntó.
Di un mordisco por última vez a la manzana, haciendo caso omiso de él.
—Entonces es princess —se encogió de hombros.
Miré a Alya y luego me volví hacia Adrien. —Estoy tratando de comer.
Adrien se preparó para el desafío que se le presentaba. —Mi nombre es Adrien. Adrien Agreste.
Puse los ojos en blanco. —Sé quién eres.
—Lo sabes, ¿eh? —dijo Adrien, levantando la ceja herida.
—No te hagas ilusiones. Es difícil no darse cuenta cuando cincuenta borrachos están gritando tu sobrenombre.
Adrien se sentó un poco más derecho. —Vaya, lo has descubierto. —Puse los ojos nuevamente en blanco, no parece sorprendido y Adrien se echó a reír—. ¿Tienes un tic o algo?
— ¿Un qué?
—Un tic. Tus ojos no dejan de moverse. —Se echó a reír otra vez cuando me miró—. De hecho, esos son unos ojos increíbles —dijo, inclinándose pocos centímetros hacia mi cara—. ¿Qué color son? ¿Azules?
Miré a mi plato, dejando que los largos mechones de mi cabello azabache crearan una cortina entre nosotros. No me gustaba la forma en la que me hacía sentir cuando estaba tan cerca. No quería ser como las otras chicas en notre que se ruborizaban en su presencia. No quería que me afectara de esa manera para nada.
—Ni siquiera pienses en eso, Adrien. Ella es como mi hermana —advirtió Alya.
—Aly —dijo Nino—. Acabaste de decirle que no. Ahora no parará.
—Tú no eres su tipo —continuó ella.
Adrien fingió estar ofendido. — ¡Soy el tipo de todas!
Miré hacia él y sonreí.
— ¡Ah! Una sonrisa. No soy un podrido bastardo después de todo —guiñó un ojo—. Fue un placer conocerte, princesa. —Caminó alrededor de la mesa y se inclinó al oído de Alya.
Nino lanzó una papa frita a su primo. — ¡Quita los labios de la oreja de mi chica, viejo!
— ¡Me retiro! ¡Me retiro! —adrien mostró sus manos en un gesto inocente.
Unas chicas siguieron detrás de él, riendo y pasando sus dedos por su cabello para llamar su atención. Él abrió la puerta para ellas y casi gritaron de deleite.
Alya se echó a reír. —Oh, no. Estás en problemas, Mary.
— ¿Qué te dijo? —pregunté, cuidadosamente.
—Él quiere que la lleves a casa, ¿verdad? —dijo Nino.
Alya asintió y él negó con su cabeza—. Eres una chica inteligente, Marinette. Te lo digo ahora, si caes en su juego y terminas enojada con él, no llegues a tomártelo en contra Alya y yo, ¿De acuerdo?
Sonreí. —No voy a caer en su juego, Nino. ¿A caso parezco a una de esas Barbie para ti?
—Ella no caerá en su juego —le aseguró Alya, tocando su brazo.
—Este no es mi primer rodeo, Aly. ¿Sabes cuántas veces ha jodido las cosas para mí, porque él duerme con la mejor amiga? ¡De pronto es un conflicto de intereses salir conmigo porque es fraternizar con el enemigo!
Te lo digo, Mary, —me miró—, no le digas a Aly que ella no puede salir conmigo porque caíste enamorada por los coqueteos de Adrien.
Considérate advertida.
—Innecesario, pero se te agradece, —le dije. Traté de asegurarle con una sonrisa, pero su pesimismo se veía impulsado por los actos de Adrien.
Alya me saludó con su mano, yéndose con Nino mientras yo caminaba a mi clase.
Entrecerré los ojos ante el sol brillante, agarré las correas de mi mochila. notre patria sacré era exactamente lo que esperaba; desde las pequeñas aulas hasta las caras desconocidas. Era un nuevo comienzo para mí; finalmente podía caminar a algún lugar sin los susurros de los que sabían—o creían saber—acerca de mi pasado. Yo era indistinguible como cualquier otra estudiante de primer año en su camino a clase; sin miradas, sin rumores, sin lastima o criterios. Sólo la ilusión de lo que yo quería que ellos vieran: vestida de cachemira, sin sentido alguno, Marinette Dupain-cheng.
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¿Qué tal? Será que se merece un comentario
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