¡Hola!
Gracias a Pecas, Roxy Everdeen y Emily por los reviews del capítulo anterior.
En respuesta a Pecas: Y si fueras una sádica sin remedio tampoco tendría mucha importancia. Yo a veces lo soy. Y también me gustan los fics ambientados cuando Hogwarts no es Hogwarts; se respira un sentimiento de tensión propicio para que pueda florecer cualquier cosa.
En respuesta a Emily: Que sea descendiente de Helga hace que todo sea más lógico, porque él no tiene cualidades de Hufflepuff, así que no hubiera ido a esa casa a no ser que se lo hubiera pedido por la presión de su familia.
Dolor y disculpas
Zacharias nunca estará completamente seguro de cómo, después de que Amycus Carrow se ensañe con él de esa manera, logra llegar a su habitación sin desmayarse antes. Está agotado, dolorido y se siente increíblemente humillado. Tanto es así, que cuando amanece ni siquiera el despertador logra levantarlo. Al final, Ernie Macmillan lo apaga y le sacude el hombro con el brazo extendido, como si se fuera a contagiar de la forma de ser del rubio si se acerca demasiado a él.
-Piérdete-gruñe. Sus músculos protestan por el zarandeo.
-¿No piensas ir a clase?
-¿Tú qué crees?-replica Zacharias, a quien le duele absolutamente todo-. Lárgate y déjame en paz.
De modo que Ernie se va, murmurando por lo bajo algo sobre que la antipatía no lleva a ningún lado. Zacharias no se siente culpable. Ahora que él ha comprobado en su propia piel lo que pasa a quienes contradicen a los Carrow, los que siguen dando problemas al profesorado le parecen aún más gilipollas. ¿Es que no tienen instinto de supervivencia? Menudos imbéciles.
Cierra los ojos con fuerza y se gira hasta quedar boca abajo. Le duele muchísimo cada célula de su cuerpo. Y eso que ya han pasado casi ocho horas desde que Amycus Carrow utilizase la maldición cruciatus contra él. Y cada vez que inspira siente como si miles de agujitas se clavasen en sus pulmones. Además, le duele la garganta de lo que gritó anoche.
Recuerda entonces que, mientras él se retorcía de dolor, le llegaban los chillidos de Padma unos pasillos más allá. Y que eso le hacía casi más daño que la propia maldición. Cuando, después de lo que le parecieron siglos, la muchacha dejó de gritar, él se sintió mucho mejor, aunque su tortura se prolongó algo más.
Zacharias quiere morirse. Seguro que sería menos doloroso que la agonía que lo recorre por dentro. Pero su instinto de supervivencia se impone a su voluntad. Pasa la mañana sumido en una duermevela nebulosa, perdido entre los recuerdos de la noche anterior, que se asemejan a una pesadilla, y la visión del dormitorio vacío, todo ello aderezado con los gritos de Padma Patil repitiéndose una y otra vez en su mente. Casi agradece no ser capaz de permanecer mucho tiempo consciente y perder el conocimiento cada poco rato; al menos dormido no puede ser torturado psicológicamente. Finalmente, cerca de las doce del mediodía, logra caer en un sueño completamente vacío.
-¡SMITH!
El muchacho da un respingo cuando la voz lo despierta, recordándole el dolor que siente por todo el cuerpo y que, por suerte, ahora parece menos intenso. Parpadea y descubre a Susan Bones, Hannah Abbott, Justin Finch-Fletchey y Ernie Macmillan de pie junto a su cama. Tres de ellos lo observan con un odio que Zacharias está seguro de no haber hecho nada para merecer. Excepto Hannah, cuya mirada es sólo de extrañeza.
-Buenos días-los saluda en tono irónico. Sin embargo, la voz le tiembla a causa de la debilidad. No ha desayunado. Y sigue queriendo morirse.
Apenas lo ha dicho, Macmillan lo agarra por el cuello del jersey y lo levanta hasta que queda a su nivel, estampándolo en la pared. Zacharias prefiere no comentarle lo mucho que le duele todo el cuerpo y se limita a mirarlo con cierta curiosidad. ¿Por qué está ese idiota tan cabreado con él? Hoy no ha tenido tiempo ni ganas (ni energía) para molestarlo.
-Delataste a Padma-dice con los dientes apretados. No ha estado tan enfadado desde que Vincent Crabbe torturó a su novia (léase Susan Bones) con la cruciatus.
Algo se remueve en el interior de Zacharias al escuchar el nombre de la muchacha. Aparta los ojos castaños de Ernie, recordando de nuevo sus gritos. Es como una pesadilla. Y él no pudo hacer nada para evitarlo, y para colmo fue lo suficientemente imbécil como para dejarse atrapar por ese cabrón de Amycus Carrow.
Pero sí hay algo que tiene claro:
-No delaté a nadie-le asegura-. No es mi culpa que Alecto la pillase anoche-intenté impedirlo, quiere gritarle. Intenté impedirlo y por ello estoy ahora así. Las lágrimas acuden a sus ojos sin que él pueda hacer nada para evitarlo. Clava la vista en el suelo para evitar que sus compañeros se den cuenta.
-¿Y entonces por qué sabes que fue Alecto quien la pilló?-inquiere Justin. Zacharias piensa, por un brevísimo instante, en decir la verdad, pero luego decide que es mejor callarse-. Porque tú se lo dijiste, chivato de mierda.
-Yo no…-Zacharias intenta explicarse de nuevo, pero Ernie vuelve a la carga:
-No lo niegues. Padma nos dijo que ayer la oíste hablando con Lisa sobre lo que iba a hacer anoche y te pidió que no dijeras nada. Y curiosamente anoche la pillan. Admite que te chivaste, Smith. Vas a tu bola y te importamos una mierda el resto.
-¡Eso no es cierto!-protesta Zacharias. Su tono se asemeja por un momento al de un niño pequeño y caprichoso, pero le da igual. No va a consentir que Macmillan vaya por ahí diciendo semejante ridiculez-. ¡Jamás la hubiera delatado, ni a ninguno de vosotros! ¡Pero Alecto…!
-¿Alecto qué?-pregunta Ernie. Zacharias no responde, sino que sigue con la mandíbulas apretadas, tratando de no llorar por el dolor, no sólo físico, que lo tortura-. Deja de culpar a los demás, Smith. Todos sabemos que has sido tú.
-¡Vale ya!
Zacharias mira hacia el lugar de donde proviene el sonido, sólo para encontrarse a Hannah Abbott, que mira con furia a Ernie. La muchacha se acerca con decisión a los dos chicos y logra liberar el cuello del jersey de Zacharias. Lo ayuda a sentarse en la cama y se da la vuelta para encarar a sus amigos.
-Hannah, ¿me explicas qué…?
-¿Es que no lo veis?-le recrimina ella-. ¡Él no ha delatado a Padma! Además, Ernie, te estás pasando. ¿No te das cuenta de que está enfermo?
Extrañado por la actitud de su amiga, Ernie escudriña con detenimiento a Zacharias, que a su vez observa boquiabierto a Hannah, sin importarle que el zarandeo de Macmillan haya hecho que se maree. Definitivamente lo que está pasando no es normal. Nadie, en los casi dieciocho años de vida del joven, lo ha defendido jamás de otros. Él siempre se saca las castañas del fuego solito.
-A lo mejor se ha puesto malo de remordimiento-dice, dirigiéndole una mirada de desprecio a Zacharias. Dicho esto, se da la vuelta y sale del dormitorio. Tras unos segundos de duda, Susan y Justin lo siguen, dirigiendo una mirada extrañada al rubio.
Hannah Abbott, en cambio, se queda en el mismo lugar y observa a Zacharias tumbarse de nuevo en la cama y cerrar los ojos para intentar olvidar lo que acaba de pasar. Sobra decir que el muchacho no tiene éxito alguno en su empresa. Después de morderse el labio con nerviosismo, la joven se sienta en el borde de la cama.
-¿Qué te pasó anoche?-pregunta con una dulzura que pocas veces han usado para dirigirse al rubio.
Zacharias Smith no sabe por qué ahora, por qué a ella, pero de alguna forma necesita desahogarse, y eso pasa por contar lo ocurrido a alguien. Y amigos, lo que se dice amigos, el rubio no tiene muchos, por no decir ninguno. Pero Hannah es de ese tipo de persona que inspira confianza nada más verla, que hace que uno sepa que no va a utilizar su confesión para hacer daño.
De modo que se lo dice. La conversación que oyó, la amenaza de Alecto y su decisión casi kamikaze de intentar prevenir a Padma de alguna manera. Y Amycus.
-Pero claro-concluye con amargura-. Ninguno de tus amiguitos va a creerse que Zacharias Smith puede preocuparse por algo más que sí mismo.
Hannah sacude la cabeza.
-Yo te creo-le asegura-. ¿Te gusta Padma?
Las mejillas de Zacharias, pálidas desde su encuentro con Amycus, enrojecen por primera vez.
-No-no obstante, sabe que miente. Nunca le ha gustado engañarse a sí mismo, y lleva pensando en Padma desde mucho antes de escucharla hablar con Lisa sobre su escapada nocturna. De hecho, ya temió por ella la primera vez que la vio negarse en clase a usar la cruciatus con Terry Boot y Alecto estuvo a punto de ordenar que el proceso se hiciera a la inversa; por suerte, sonó la campana justo a tiempo, de forma que esa loca no pudo saciar su sed de sangre en aquella ocasión. Sí, a Zacharias Smith le gusta Padma Patil. Tampoco puede ser tan malo.
Hannah suspira.
-Hablaré con los chicos para que no la tomen contigo-decide. Zacharias la mira con alarma-. No, no diré nada de esta conversación-le asegura-. Pero como dejemos las cosas tal y como están, te lincharán cuando menos te lo esperes. Sobre todo Parvati, menudo cabreo tiene.
Zacharias se da la vuelta y entierra la cara en la almohada. De momento, está demasiado cansado como para pensar en su reciente descubrimiento sobre Padma Patil. De modo que simplemente se queda quieto, y sonríe unos segundos antes de que su amado sueño vacío se apodere de él.
A Padma ya se le ha pasado casi todo el dolor de la maldición cruciatus. Por suerte. Ayer fue el día más doloroso de toda su existencia.
Y todo por culpa de Smith. Porque seguro que fue él quien lo dijo, quien advirtió a Alecto de que ella estaría ahí para hacer la pintada; se la puso en bandeja a esa asquerosa gárgola. Y ella también fue idiota. Porque podría haberlo dejado para otro día, pero pensó… pensó que quizá ese Hufflepuff egoísta y bocazas no la delataría. Y, visto el resultado, se equivocó.
Cuando baja a desayunar, Parvati está a punto de asfixiarla de la fuerza de su abrazo; realmente se asustó mucho. Si Padma se ha hecho la fuerte ha sido sólo por su hermana y por nadie más.
Sin embargo, cuando está sentándose a la mesa de Ravenclaw descubre a Zacharias Smith en la de Hufflepuff, en un rincón, solo, mordisqueando una tostada con la mirada perdida en el infinito. A Padma le parece que tiene ojeras. Que se joda, piensa con rencor. Por chivato.
Ella desayuna abundantemente, ya que ayer no tuvo apetito y apenas se metió nada en el cuerpo, y sólo entonces se le ocurre volver a mirar a Smith. Aún sigue con la misma tostada en la mano, y apenas si ha avanzado unos centímetros. Justo en ese momento, el rubio clava los ojos en ella.
Algo en el interior de Padma se rompe al ver esos iris castaños tan vacíos y desprovistos de brillo. Zacharias sólo la mira durante un instante, pero es suficiente para que Padma identifique en ellos dolor. Y tal vez arrepentimiento. Y deja de sentirse tan bien por el hecho de que no haya dormido.
Entonces se cuela en su mente un recuerdo. Cree que hubo un momento, mientras Alecto la torturaba, en que oyó cómo otra persona gritaba al mismo tiempo que ella. Padma no sabe quién era; de hecho, ni siquiera está segura de que fuera real y no alguna treta de su cerebro para hacerle sentir que no era la única que estaba en esa situación. No obstante, algo en su interior le dice que sus oídos no le fallaron. ¿A quién más torturaron los Carrow la otra noche?
-Padma, ¿me oyes?
-¿Eh?
La muchacha descubre entonces a Lisa Turpin mirándola con exasperación. Intenta recordar de qué trataba la conversación, sin éxito. Se muerde el labio; una de las cosas que más odia su amiga es que la ignoren cuando habla.
-Decía que Hannah me ha dicho que Smith lo siente.
Padma arquea las cejas con frialdad.
-Créeme, yo lo sentí más que él-murmura con rencor-. Podría haber pensado eso antes de delatarme, el muy capullo…
-Hannah dice que él le ha dicho que no sabe por qué lo hizo, pero que se arrepiente. Y también que puede que venga a pedirte perdón.
La muchacha aprieta los dientes con rabia. No puede creerse que Smith pretenda parecer un santo después de ser el culpable de que aún le duela (aunque menos) todo el cuerpo. Es un chivato de mierda, y ni todas las disculpas del mundo van a cambiar eso. Jamás. Si una persona es imbécil, lo va a seguir siendo por muchas veces que se arrepienta de ello.
-Te juro que como se me acerque le arranco la cabeza-murmura.
Zacharias intenta armarse de valor para lo que va a hacer. Supone que, después de haber sufrido la maldición cruciatus, pedir disculpas es pan comido, pero no es así. Porque realmente le importa que la persona a la que va a pedir perdón se contente con ello o no. Porque Padma Patil le gusta. Y porque no quiere que crea lo que no es.
Se acerca a ella cuando la ve saliendo del Gran Comedor; no obstante, se detiene a unos metros de la muchacha, ya que sus amigos, situados a ambos lados de ella, lo fulminan con la mirada.
-Padma, ¿puedo hablar contigo?-pregunta en voz baja.
Al principio está convencido de que la muchacha va a soltarle un firme y rotundo no. La mira a los ojos, intentando dilucidar sus sentimientos, pero entonces algo en ellos cambia. Padma se muerde el labio y lo mira, y luego se gira para echar un vistazo rápido a sus amigos.
-Pero rápido-al ver que Terry Boot está alzando su varita hacia Zacharias, agrega-: No, yo me las apaño sola-lo tranquiliza.
Zacharias echa a andar alejándose de los dos muchachos. Escucha los pasos vacilantes de Padma tras él, pero no se detiene hasta asegurarse de que están en un lugar en que nadie pueda oírlos. Va a decirle la verdad, aunque no quiere que nadie más la sepa. El motivo de esa decisión es desconocida para el joven.
-No les dije nada a los Carrow-le asegura-. Sólo…-se muerde el labio-. Mira, Alecto también os oyó hablar a ti y a tu amiga, Turpin-explica-. Y me dijo que si intentaba disuadirte, yo pagaría las consecuencias…-agacha la cabeza, sintiéndose culpable.
La muchacha arquea las cejas, y Zacharias comprende que no lo ha creído. No la culpa. Sabe que ningún alumno confía en él. Aunque nunca le había importado hasta ahora.
-Sí, claro. Y todas las noches de luna llena te escapas al bosque a montar en unicornio sobre un arcoíris. Smith, que no me chupo el dedo. Y no es necesario que te inventes todo eso para justificar lo que has hecho; sólo consigues que te aguantemos menos.
-Pero yo…-Padma se da la vuelta y echa a andar para reunirse con sus amigos, y el "fui a buscarte para que no lo hicieras" se pierde en el aire que se escapa entre los labios de Zacharias.
La observa alejarse, desolado. No es justo. Pero tampoco es correcto lo que hizo. Debería haberla advertido, aunque luego él se hubiera llevado la cruciatus. Sin embargo, consiguió hacer el combo, lo que parecía imposible: logró ingeniárselas para que sufrieran los dos.
Zacharias Smith se termina de convencer en ese momento de lo que sus compañeros llevan años diciéndole: es completamente idiota.
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