Segundo capítulo. Fic muy alejado del canon de Dioses y Héroes, muy muy alejado, por el solo morbo de ver a estos dos personajes juntos.
Dedicado con mucho cariño para RebeMarauder. Gracias por acompañarme desde que intercambiamos números. :')
Disclaimer: Christian Stark pertenece a Rebe Marauder y el syot a Dioses y Héroes.
02. Christian Stark x Lev Abercowney.
–No te conviene matarme –dije, en el suelo. el enorme tipo tenía una maza con pinchos en su mano y sus ojos negros parecían fieros. Iba a matarme, parecía.
el tributo masculino del distrito 10 resopló, alzando su maza. Maldita suerte, que hizo que aquel terremoto me alejara de mis aliados. Maldita mala suerte mía que le lancé mi único cuchillo, que todavía tenía clavado en el brazo.
–Quedamos dieciocho tributos ¿dónde están tus aliados? –Pregunté, con una sonrisa–: la… Troya Fein. Esa mujer, Alejandría se la dará. El otro rubito. El niño pequeño. ¿por qué de pronto estás solo?
Él bajó un momento su maza, lo que me sirvió para incorporarme y ponerle la zancadilla. Cayó sobre mí, por suerte la maza estaba lejos de mi cara. Nos debatimos en el suelo. él sangraba profusamente del brazo. Sentí su calor, era enorme y demasiado fuerte, su pelo largo y oscuro olía a sudor. Como el mío, supongo. Puse las manos en torno a su cuello para asfixiarlo, pero él acercó su cara a la mía y me mordió la mejilla, haciéndome sangrar. Grité de dolor y le pateé.
–Maldita sea… que no nos conviene… pelearnos –resollé–: escúchame, bruto sin cerebro, escúchame un momento.
–…Traicionarme –él musitó, con los dientes apretados–: piensas que baje la guardia para matarme.
Me ardía la mejilla, pero intenté mantener la mente clara. No iba a volver con mis aliados, me iban a tomar por débil. Además, Mikah se volvió loca, me daba mal rollo estar con ellos ya. Prefería ir por mi cuenta, o en el mejor de los casos, con este grandote de rizos negros.
–No te voy a traicionar, que yo también estoy solo –cuando sonreí, la mejilla me ardió–: escúchame, podemos ayudarnos. Una alianza.
–Intentaron matarme –mmurmuró él en una letanía–: Clemont… yo lo terminé mat… él quería…
Le di un puñetazo, tratamiento bájate de las nubes marca Jerry Stark. Fue en el pómulo, un derechazo no demasiado suave. Él ni se tambaleó, supongo que fue entonces cuando descubrí que este paleto del 10 me gustaba.
–¡Cálmate! Por Dios –dije, relajado–: tienes dos opciones, zanjar esto aquí hasta que uno mate al otro, que probablemente sea yo a ti, o aliarnos por un tiempo. Tengo hambre y no sé cazar.
El tipo del 10 me miró con los ojos entornados. Mi puñetazo le sirvió para sacarle del estado de shock. Ahora sé qué era la sangre que manchaba su traje de tributo, era de su ex aliado muerto. tomó su maza, la sopesó en la mano y me volvió a observar. No quería morir, pero no hice ningún movimiento, a los de distritos no profesionales les cuesta más matar. Y este tipo parecía de mucho músculo pero corazón blando. Al final, como supuse, bajó la maza.
–De acuerdo, Golden –dijo.
Fuimos en busca de comida y refugio, mientras yo intentaba sonsacarle de dónde había sacado mi primer nombre y diciéndole que por la santa madre, no volviera a llamarme así en su vida. Lo odiaba, era pretencioso y estúpido, muy distrito 1. Él sonrió y me dijo que lo vio por televisión en las cosechas. Pensándolo bien también vi el suyo en su momento… pero lo olvidé. Quizá ni pensaba en eso. Estaba pensando en los armarios capitolinos, en todo lo que tenía a mi disposición para hacer. Poco me importó el tipo fuerte del distrito 10.
–Lev –dijo, con su voz ronca y viril–: Lev Abercowney.
Me tendió la mano, y por poco me echo a reír. Este tipo tenía la facha y nada más, era una ternura. Le estreché la mano, mirándolo algo hacia arriba. Si bien soy alto, este me gana por un poco. Así nos hicimos aliados.
….. …..
–Abrázame, hace frío –Dije, escondiendo una sonrisilla.
Los vigilantes han bajado la temperatura, tal vez a propósito. Nos hemos enfrentado contra mutos y asesiné a una chica, la del distrito 9, dio una pelea decente para no ser profesional pero en fin, está muerta. Ahora estamos en una cueva húmeda con poca comida en el cuerpo. Y estoy algo caliente, si alguien me perdona la indiscreción. Da lo mismo ser indiscreto de todos modos, pero bueno.
–Claro –Lev se me acercó, sonriendo también, y me abrazó. Su pelo aún olía a sudor y su boca a unas hojas de menta, que había masticado, para el estómago, dijo.
Me giré para quedar frente a frente y lo rodeé con mis enormes brazos. sonreí de medio lado.
–¿Te gusto, Lev? –Pregunté sin tapujos.
Él se echó a reír, dándome una palmada en la espalda.
–Claro –respondió–: y es un lugar perfecto para que nos hagamos de todo, pero no quiero dar porno en directo. Además, me está viendo mi hermana.
Me reí tanto que se me cayeron algunas lágrimas y mocos, siempre abrazado a él, recargado contra su enorme pecho. Lev también se rió locamente, importándonos poco que todavía quedásemos diez personas, entre ellos tres de mis antiguos aliados, y algún que otro niño pequeño.
–Tú también me gustas –reconocí–: le hubiese dado un puñetazo a cualquiera que me llamase Golden. Lo odio.
Lev pasó su enorme y callosa mano por mi pelo, en un gesto bastante tierno. Por alguna razón, eso llegó al fondo de mi ser, cínico y lleno de bromas y más bromas para tapar un sufrimiento más profundo. Lev acariciaba torpemente, con rudeza, pero sentía cada toque y mátenme, porque tengo lágrimas en mis ojos como el hielo.
–Es lindo nombre, no te acomplejes –dijo–: lamento… Golden… debo salir de aquí. Tengo que hacerlo. Sino mi hermana se morirá de hambre y yo…
Este tipo estaba aquí, arrojado al foso por su propio distrito y con una madre enferma y una hermanita menor. Viéndolo así, el egoísta de Jerry enviándome aquí por el puto honor es un asco. Diría que Lev merece vivir más que yo si no se tratase de mi vida. Y yo soy el más importante, para mí.
Lo abracé con más fuerza, acercando mi rostro al suyo y besándole la boca, para que dejase de pensar en cosas tristes. Lev me respondió el beso con algo más de inexperiencia, he besado tantas veces y a tantas personas distintas… pero él, aquí cerca de la muerte, es diferente. Lev sabe a menta, a fuerza, a valor y a despedida. Maldigo haberlo conocido aquí y ahora, sé que él y yo hubiésemos congeniado bien. Cuando nos separamos, él besa mis heridas, ya cicatrizantes, de la mejilla, donde me había mordido días atrás.
–No pensemos en la muerte ahora –me susurró, con la respiración entrecortada. Eso, escuchar su tono ronco y excitado, me puso a mil. Lástima que no podamos hacer nada aquí, ¿o sí podemos?
–Tengo ganas de hacértelo… muy duro –susurré. Él me dio un golpecito y yo me reí–: te juro que no pienso en la muerte ahora.
Cuando nos besamos de nuevo, es más salvaje y lleno de urgencia. Vamos a morir, en el peor de los casos ambos y en el un poco mejor, uno de los dos, pero ahora solo pienso en lo mucho que me gustaría besar a Lev por todo el cuerpo y que me haga lo mismo, hasta volvernos locos.
Tal vez el vigilante jefe esté dormido, porque nos dejan. Santa madre, nos dejan, me dejan hacerle de todo.
