Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Saga/Máscara de Muerte.

Capítulo 2. Odio al odio

Máscara de Muerte gritó, con tanta rabia que Saga reculó atemorizado, Máscara se lanzó sobre él sin darle tiempo a reaccionar, atacándole a puñetazos y patadas, furioso, gritándole, tan lleno de odio que el templo de Cancer resonaba con su cosmos.

- ¡¿Cómo te atreves?!

Saga sintió el sabor de la sangre en la boca, recibió un golpe, y otro, y otro.

- ¡TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO!.

Máscara atacaba como poseido, Saga apenas podía reaccionar para evitar los golpes, los ojos de su enemigo estaban enrojecidos, lo que convinado con su natural tono carmesí los convertía en pozos de rojo sangre. Un demonio.

Solo con un enorme esfuerzo consiguió Saga agarrar las manos de Máscara y volver las tornas poniéndose él sobre Máscara. El otro hombre se revolvió como un animal salvaje acorralado, moviéndose con tanta violencia y descontrol que casi parecía un doloroso ataque epiléptico. Saga tuvo que usar toda su fuerza para contenerle.

- ¡Te mataré!

El resto eran gruñidos y amenazas ininteligibles.

- ¡Máscara, ya basta!. ¡Cálmate!

Poco a poco la resistencia comenzó a ceder... los temblores de ira de Máscara comenzaron a remitir y finalmente quedó tumbado en el suelo, quieto, respirando agitadamente pero sin resistirse más. Miraba a Saga a los ojos y este tragó saliva al comprobar que en algún momento Máscara había empezado a llorar. Lágrimas silenciosas que dejaban regueros brillantes, la tristeza era tan grande como el odio.

- Tu mataste a Ares...

Como un mazazo. Saga soltó los brazos de Máscara y se apartó, poniéndose en pie temblorosamente. ¿Matar a...?. Máscara le había atacado por venganza... por haber matado a Ares, por haber destruido esa parte de sí mismo... que Athena le ayudara.

- Máscara de Muerte, escucha...

- Tú lo mataste...- Máscara se volvió hacia un lado, apartándose de Saga, sin levantarse del suelo, ocultando su rostro con las manos.- Tu lo mataste...

Se encogió sobre si mismo en posición fetal, sus hombros temblaban delatando que ocultaba sus sollozos.

- Tú me lo quitaste...- Murmuró de forma casi inaudible.

Saga retrocedió, Máscara de Muerte guardaba luto por su amante muerto, Ares. Y consideraba a Saga su asesino... y tenía razón al hacerlo. No cabía duda de que había sido un gran error venir.

¿Qué iba a decirle?. ¿Qué lo sentía?. No, por supuesto que no lamentaba haber acabado con su lado oscuro, la presencia de Athena y el valor de sus caballeros de bronce le había dado la fuerza que necesitaba para expulsar para siempre la oscuridad que había crecido en la armadura de Géminis, lo que siempre había deseado, acabar con aquel monstruo asesino y traidor, recuperar su cuerpo para poder salvar algo de su honor.

No podía decirle que lamentaba la muerte de Ares.

Debía haber supuesto algo así. Ares y Máscara de Muerte habían compartido mucho, demasiado, habían sido amantes durante... cielos, habían sido amantes durante siete años, siete años de relación, aunque fuera una extraña y en demasiadas ocasiones abusiva relación. Ares había dedicado años de esfuerzo a convertir a Máscara en su proyecto personal, te castigo cuando me decepcionas, te premio cuando me agradas... durante siete largos años. La obsesion que habían sentido el uno por el otro había sido extraña pero real y recíproca.

Los recuerdos le asaltaron y Saga retrocedió, sintiendo cada uno de los golpes que Máscara le había propinado, no eran poca cosa, su pómulo estaba hinchándose y le enturbiaba la visión en el ojo, por no hablar de las inflamaciones y contusiones que empezaban a dejarse notar pasado el calor inicial del golpe.

- Tengo que irme...- Murmuró, aunque sospechaba que Máscara ya no le escuchaba.

Había sido un error venir aquí. Un grave error.


Máscara de Muerte logró calmar los sollozos e inmeditamente se sintió inundado de vergüenza. Nunca había llorado delante de nadie... de hecho nunca había... no recordaba la última vez que había llorado... debían haber pasado años desde la última vez que había perdido el control de esa manera.

Y delante de Saga. Máscara se secó el rostro con violencia, casi golpeándose. Idiota. Pero no había podido evitarlo, por un segundo, por un instante, cuando había sentido su cosmos, había abierto la puerta como una exhalación, había estado tan seguro de que era Ares, en un momento había estado convencido de que era su Ares, su amante, su lider, su dios... aquel rostro era tan parecido... ¡era igual, después de todo era el mismo cuerpo!. Por un segundo había creido que Ares había vuelto, que estaba allí, ante él.

Pero después había comprendido que no era así, que no era Ares, era Saga, el asesino de Ares. Él lo había matado, él le había arrebatado a la única persona con la que se había sentido completo y cercano.

Sé que lo harás, lo sé, en tí confio, siempre en tí.

Él que había confiado en él, él que había visto su valia, él que le había confiado el mayor de los secretos... Ares... el único hombre de su vida. A su lado siempre se había sabido especial, único y precioso. Nadie le había tratado así, jamás. Con Ares se había sabido necesario, Ares le necesitaba.

Y ahora ya no existía, y jamás volvería a ser tan especial para nadie.

- Ares...

Jamás. Jamás perdonaría a Saga por lo que le había hecho. Se vengaría. Que no le cupiera duda alguna de que pagaría caro por su dolor.


El campo de entrenamiento reservado a los caballeros de oro solía estar vacio. No obstante hoy tres caballeros de oro estaban allí haciendo uso de él. Aiola de Leo, Shura de Capricornio y Saga de Géminis estaban allí, ejercitándose. Aiola y Shura practicaban el uno contra el otro, en un entrenamiento que a ojos de los demás parecía un combate de titanes pero para ellos era un encuentro amistoso. Saga estaba mas alejado, practicando solo, luchando contra enemigos imaginarios o mas bien contra fantasmas del pasado.

Ahora que no había enemigos contra los que luchar... tenía demasiado tiempo para pensar, demasiado tiempo para recordar. Si cerraba los ojos podía ver el pasado, todo lo que había visto con aquellos ojos rojos que eran los de Ares.

Máscara de Muerte en el balneario del patriarca, lavandose la sangre seca, pasando la esponja sobre sus fuertes músculos mientras dejaba que le contemplase, mirándole de vez en cuando mientras le hablaba de lo acontecido en la misión. Máscara inclinándose ante su trono, Máscara apoyado sobre una mesa sin disimular su aburrimiento en el invernadero, con el pelo aplastado por la humedad y rascándose los primeros indicios de barba de los diecisiete años.

- ¿Por qué cuidais vos mismo las plantas?

- Si lo hago yo mismo crecerán tal y como yo deseo.

- Podríais indicar a otro que lo hiciera a vuestro gusto.

- No sería lo mismo, no crecería exactamente tal y como me gustaría. No conocería el tacto de mis manos y al crecer por completo no me reconocería.

- Es una planta, lord Ares, no tiene mente.

- No hablaba de la planta, mi caballero.

Y Mascara de Muerte se había abrazado a su cintura, después habían ido al balneario a lavarse el sudor y la humedad impregnada a la piel por el calor del invernadero, se habían lavado el uno al otro y pronto el contacto se había vuelto íntimo, Ares había poseido a Máscara con intensidad, devorando a su siervo como el fuego devora la madera.

Podía rememorar cada caricia, cada gesto, cada gemido, cada penetración, las veces que habia sido gentil, las veces que había sido cruel... todas... Abrió los ojos y tuvo que sentarse sobre uno de los bancos de piedra para calmar la vorágine de recuerdos que le había asaltado... por no hablar de la calentura.

- Parece que has entrenado duro¿quién te dió esos golpes?

Saga alzó la vista, Mü tenía motivos para pensar que había entrenado duro, el golpe en su mejilla estaba hinchado y amoratonado, tenía marcas de otro golpe en la mandíbula, que aun le dolía al masticar, y si no hubiera llevado camiseta podrían haber admirado otros golpes en su pecho y costados. Máscara de Muerte se había desfogado con él.

- Me los merecía.- Se limitó a contestar.- ¿Has venido a entrenar?

- Un poco, si quieres la paz preparate para la guerra.

Ciertamente. Saga asintió y volvió su atención a Shura y Aiola, los caballeros estaban practicando el ataque y la evasión, concentrandose en aumentar su capacidad de acción y reacción. Estaban dando lo mejor de si mismos, desde luego.

- Pareces turbado.

- ¿Cómo no estarlo?.- Saga se echó el pelo hacia atras.- El pasado me persigue, las cosas que hice...

- No las hiciste por tu voluntad, Athena te ayudó a exorcisar ese mal dentro de tí, debes perdonarte. La dualidad de la armadura de Géminis...

- Lo sé, lo sé.- Acortó Saga.- Pero recuerdo todo como si lo hubiera hecho yo mismo, en mi memoria apenas hay diferencia entre Ares y yo.

- Medita, busca tu centro, haz las paces contigo mismo. Nosotros ya te hemos perdonado, solo quedas tú.

Mü puso una mano sobre su hombro con compañerismo. Saga se sintió un poco mejor, pero poco más.

- Hay alguien que no me ha perdonado, y mucho me temo que no me perdonará.

- ¿Quién?. Todos comprendemos...

- Máscara de Muerte. Jamás me perdonará, no te imaginas lo mucho que me odia.

- El caballero de Cancer odia a todo el mundo.- Replicó Mü.- A sus ojos todos somos sus enemigos o rivales, no le tengas en cuenta su caracter.

- Soy el motivo de su luto.

El caballero de Aries se quedó callado unos instantes, consternado.

- No comprendo... ¿eres el motivo... ?

- La persona por la cual se ha recluido en ropaje negro en su templo... la maté yo.

- No seas absurdo, Saga, debes comprender que no eras tú, era Ares, si incluso se puso un nombre distinto al tuyo. Máscara de Muerte también debería comprender eso.

Saga no se molestó en corregirle. No se atrevía a decir más. ¿Cómo iba a decirles que Ares y Máscara de Muerte habían sido amantes?. No podía decirles que Máscara aun quería seguir a aquel hombre muerto, al traidor Ares, eso pondría en un aprieto al caballero de Cancer, que ya estaba en una situación delicada por sus anteriores actos de traición, como Afrodita.

No, ya le había hecho suficiente daño.

- Maté a una persona que Máscara apreciaba mucho, Mü.

- Entonces es natural que ahora esté dolido, pero el dolor se calmará y comprenderá que no fue culpa tuya. Dale tiempo para llorar esa muerte, no creo que Máscara sea tan sentimental como para sufrir largo tiempo.

No. No lo era. Pero Máscara si que era el tipo de hombre capaz de transformar todo su dolor en odio, y siete años de veneración podían convertirse en un odio muy poderoso.

Y si Saga quería perdonarse a sí mismo antes tenía que sanar todo el daño causado por Ares, y eso incluía todo el daño que había ocasionado a Máscara de Muerte, le debía una satisfacción por cada manipulación. Era culpable de la caida del caballero de Cancer, era una terrible carga.


Afrodita no osó entrar en el templo de Cancer, debía respetar el luto de Máscara, solo quería acercarse para comprobar que su amigo estuviese bien. No creía que fuese a cometer ninguna estupidez, pero¿quién sabía?, morir dos veces podía afectar mucho a la mente. Afrodita desde luego tardaría en recuperar la seguridad en sí mismo.

Para su sorpresa Máscara salió del templo para recibirle, llevaba una capa negra con su capucha, pero también su armadura de oro, al parecer iba a llevar el luto a medias.

- Afrodita.

- Máscara, me alegro de ver que dejas el luto... un poco.

- Me aburro ahí dentro.- Máscara se encogió de hombros sin darle mas importancia.- Ya han pasado cuatro semanas y media, no aguanto más ahi encerrado.

- ¿Estas bien?

- Si. Perfectamente, quería estar solo, el luto era solo una excusa.

Mentira. Pero Afrodita no se lo hechó en cara. Había sido testigo de la historia de Ares y Máscara, no iba a criticar a su amigo por sufrir la muerte del falso patriarca. Si es que podía hablar de muerte al no haber un cadaver... Máscara ni siquiera tenía una tumba a la cual presentar sus respetos, a no ser que dejara flores a los pies de Saga. Debía ser muy duro.

- ¿Me he perdido algo estos días?

- Nada importante, organizando y arreglando los desastres causados por la guerra, pero nada urgente.

- Bien.

- El patriarca Dohku preguntó por tí, tuve que decirles que estaban en luto.

- ¿Se quejaron por ello?

- Apenas, al final Dohku ordenó respetarlo.

Máscara de Muerte asintió satisfecho, detestaba a Dohku, pero el viejo patriarca... o joven segun pensases en su edad o su aspecto, era un lider legal, parecía que vivir cientos de años le hacía a uno tolerante y comprensivo en extremo. Lo que no hacía que Máscara le detestara menos.

- Por lo demás todo está en orden, los sucesos de la batalla de las doce casas han sido dejados atras. Desde que Athena nos declaró perdonados por sacrificarnos en el muro de las lamentaciones todos somos caballeros de oro de pleno derecho.

Eso ya lo sabía, pero Máscara dejó que Afrodita lo dijera para calmarse a sí mismo, el caballero de Piscis había sufrido mucho temiendo ser depuesto o dejado a un lado. No había mayor temor para Afrodita que... desaparecer, dejar de ser admirado. Pocos sabían lo delicada que era en realidad la autoestima de Afrodita siempre aterrado ante la opinión ajena, demasiado sometido por su propia belleza.

- Perfecto.

- Máscara¿estas seguro de que estas bien?. Si quieres hablar...

- Estoy perfectamente, Afrodita. Quería estar solo, no tenía ganas de aguantar criticas estúpidas, eso es todo, con esta estúpidez del luto me dejarán espacio, es cuanto quería.

- Está bien.- Afrodita le dió una palmada en el hombro.- Pero pon cara triste si alguien se te acerca, no se hace luto una sonrisa de tiburón.

Máscara rió, aunque no había auténtico humor en esta, ni siquiera su clásico humor cínico y malicioso. Disimulaba muy bien, pero no lo suficiente para quien le conocía tan bien como Afrodita.

- ¿Qué piensas hacer ahora, Máscara?

- Lo de siempre, pasearme, dar miedo... no tengo nada mejor que hacer.

Afrodita asintió, esperaba que Máscara se recuperase pronto. Se marchó mas tranquilo, sabiendo que al menos Máscara no estaba consumiéndose a si mismo en su soledad o volviéndose loco por la estancia en el infierno.


Máscara abandonó la explanada de su templo para dirigirse a los campos de entrenamiento, necesitaba estirarse, entrenar, o incluso mejor, buscar pelea. Apartar a Saga de su mente... y a Ares. Tenía los nervios destrozados después de la trifulca con Saga, los deseos de venganza no bastaban para calmarle. Cuando pensaba en Saga su cara le llevaba inmediatamente a Ares... era horrible.

Al llegar a los terrenos de entrenamiento encontró al objeto de su odio, Saga y Mü estaban sentados en uno de los bancos que rodeaban la plataforma circular, charlando amistosamente.

Esa sonrisa... Saga era tan diferente de Ares pese a ser el mismo cuerpo, parecía imposible que hubieran sido fisicamente el mismo, eran diferentes mas allá del cambio de pigmentación en ojos y cabello. Saga tenía un gesto gentil, lleno de nobleza, su autoridad era obvia, pero en un sentido más amable. Y ahora había en él un toque melancólico.

Máscara intentó buscar un rastro de Ares, una sonrisa cruel, un brillo rojizo en sus ojos, un deje de imperiosa tiranía... pero no encontró nada. Nada en absoluto. Aquel era Saga, el amable y seguro Saga, el honorable caballero de Géminis que surgía de las cenizas de la oscuridad para volver a ser un leal siervo de Athena.

Mü se percató de la llegada de otro caballero de oro y se volvió, hablando del rey de Roma, Máscara de Muerte había llegado. Saga también lo percibió y siguió su gesto. Se miraron en silencio, Saga y Máscara, no pronunciaron palabra. Saga aguardó, esperando lo que Máscara quisiese decir, pués él no encontraba su voz. El caballero de Cancer no dijo nada, dejó traslucir sus sentimientos en su expresión y su cosmos y a continuación dió media vuelta para volver sobre sus pasos.

Solo cuando Máscara hubo marchado escaleras arriba, Mü se dirigió a Saga.

- Realmente te odia, nunca le había visto mirar así a alguien.

- Si... lo sé.

- Entonces ten cuidado. Máscara de Muerte no duda un solo instante en acabar con cualquiera que le desafie. Eres mas poderoso que él, por eso se contiene, pero dudo que eso le detenga mucho tiempo.

- Lo sé.

Lo sabía bien. Los ojos rojos no habían dejado lugar a dudas. Nada ni nadie calmaría el odio de Máscara de Muerte.


Nota de la autora: Espero haber definido bien lo que había sido la relación entre Ares y Máscara. Realmente tengo las cosas complicadas con un Saga/MM, esto me va a traer muchos dolores de cabeza, pero valdrá la pena.

Gracias por el review y todos los anteriores AndreaZathor, eres la mas rápida dejando reviews : ).