Capítulo 2: Encuentros
-¿Qué tal? ¿Ha habido suerte esta vez?
-Nada- suspiró abatido el recién llegado-. A este paso estaré más cerca de cobrar la jubilación que una miserable nómina laboral...
Desde uno de los extremos de la mesa, Sirius Black bajó el periódico que estaba leyendo dejando ver unos profundos ojos grises y una sonrisa en los labios. Por mal que le fueran las cosas él no se resignaba a que le quitaran aquel gesto tan característicamente suyo. Sin duda, Azkaban había dejado una huella imborrable en él, pero aún así estaba dispuesto a ocultar aquellos años de sufrimiento para conseguir animar a su buen amigo Remus J. Lupin.
No obstante, y por el contrario, su compañero de correrías adolescentes se limitó a dejarse caer sobre la silla más cercana para coger el periódico que el animago había dejado encima de la mesa.
Sirius suspiró...
-Venga, anda, anímate. Tampoco era el cargo de Ministro y estoy seguro de que te iban a pagar una miseria.
-Una miseria sería algo.
-Ya encontraras otra cosa. ¡Eras el mejor de la clase! Premio anual, prefecto, delegado...
-Licántropo.
'Ya empieza otra vez...' pensó Sirius con resignación.
-Vale, tú ganas- dijo renunciando a todas sus tácticas conocidas para subirle la moral. Cuando se ponía en ese plan era mejor dejarle-. Pero dame el periódico que lo estaba leyendo yo primero- alegó irguiéndose y arrebatándole de un manotazo la lectura.
Remus resopló molesto y se levantó del asiento para coger una taza y prepararse un café. No había pegado ojo en toda la noche, una señal más que concisa de que la luna llena no andaba muy lejos por el firmamento. Todas sus desgracias eran culpa de esa maldita luna que no le dejaba hacer una vida normal como al resto de la humanidad.
Mientras ponía la cafetera al fuego, pudo ver que Sirius le miraba por encima del periódico. Remus sabía que Sirius solo se preocupa por él, era algo normal ya que era el único amigo que le quedaba de su infancia. Pero Remus no quería su compasión... ya tenía bastante con la suya propia.
-Hoy viene la chica nueva, ¿no?- preguntó para cambiar de tema y dejar que sus fantasmas se esfumaran.
-Sí, y tiene nombre...-dijo Sirius- Y un nombre bastante raro, debo añadir.
-¿No sería una de tus conquistas?- alegó Remus con una sonrisa picara en los labios
-¡Pero que dices! Me apena que tengas esa idea de mí, Lunático- inquirió fingiéndose dolido-. Es Nymphadora Tonks, la hija de mi prima Andromeda. Era solo una niña cuando la vi por última vez, justo un día antes de ser llevado a Azkaban... Seguro que ya ni siquiera se acuerda de mí. ¿Nunca te la presenté?
-Sí, claro. Te acompañé a verla cuando nació. Después no volví a saber nada más de ella, excepto por lo que tú me contabas.
-Pues haber si hoy se digna a venir. Ya lleva semanas retrasando su primera reunión.
-Seguro que está nerviosa. No todos los días ingresas en una sociedad secreta que intenta luchar contra el mal y la ineptitud del Ministerio a la vez.
Sirius le dio la razón con la mirada.
A pesar de sus intentos por disimularlo, Remus no podía ocultar que sentía bastante curiosidad por conocer a la tal Nymphadora Tonks. Últimamente no dejaba de preguntarse porqué Dumbledore había querido en la Orden del Fénix a una joven recientemente graduada en la academia de aurores y sin ningún tipo de experiencia en lo referente a los Mortífagos.
Sin duda, debía haber algo en ella difícil de ver a simple vista...
-Ha llegado tu momento. Espero, por tu propio bien, que no nos defraudes.
-Me importa muy poco lo que me pase a mí. Si no fuera por vuestros chantajes ya le habría dicho a Dumbledore hace tiempo todo lo que sé.
-Pero si lo haces, ya sabes lo que puede pasar... Así que procura resultar convincente y ganarte la confianza de todos y cada uno de los que estén allí. No olvides utilizar la Oclumancia en todo momento, especialmente cuando esté presente Dumbledore. No es que seas un prodigio en esa materia, pero espero que te esfuerces más de lo que lo has hecho hasta ahora.
-No es culpa mía... Hemos tenido muy poco tiempo. Deberías haberme dado más clases...
-¡Se acabó el tiempo para ti! Esta vez no volverás a escaquearte... Ahora voy a entrar, cuenta diez minutos y hazlo tú después, ¿entendido?
-...Entendido.
Nymphadora Tonks vio como su antiguo profesor de pociones y ahora compañero de fechorías, además de su niñera, se alejaba de los matorrales donde había estado dándole instrucciones y se dirigía hacia el número 12 de Grimmauld Place para fingir una vez más su indudable lealtad a Dumbledore.
Tal vez a él le resultara fácil esa tarea, pero no a Tonks. Hacia semanas que las piernas no paraban de temblarle al pensar en la cantidad de magos y brujas altamente cualificados que se congregaban en el cuartel. Ojoloco Moody, por ejemplo, había sido el mejor auror que había pasado por el Ministerio en muchos años y por eso se había ganado la total admiración de la joven. ¿Cómo iba a poder engañarle a él? Y eso si no hablamos de su primo Sirius... Doce años en Azkaban es tiempo más que suficiente para conocer que clase de personas son sus compañeros de celda. ¿Qué cara se le pondría si descubriera que su pequeña Nimphy era una Mortífaga?
Siempre le tuvo mucho aprecio. Nunca se cansaba de jugar con ella en el jardín de su casa. Nada hacía sospechar que sería llevado poco tiempo después a Azkaban por haber traicionado a sus amigos. Aquella Tonks se negaba a creerlo y prefirió conservar en su corazón al Sirius que la trataba con cariño y que le daba golosinas sin que su madre se enterara. La noticia que el propio Señor Tenebroso le dio sobre que Sirius Black era inocente y estaba oculto en el cuartel, fue la mejor que pudo darle a pesar de todos los horribles sucesos que estaba experimentando.
Pero no era el momento de flaquear. La vida de sus padres dependía de ello.
Tonks se levantó con decisión, se subió la manga de la camiseta y con gran esfuerzo hizo que su Marca Tenebrosa desapareciera de su antebrazo izquierdo. El tatuaje desapareció, pero le quedaba un tono rojizo, algo parecido a una quemadura en donde antes estuvo la Marca. Luego se bajó la manga de nuevo. No serviría de mucho, pues la siniestra marca volvía a aparecer a la hora, pero era mejor prevenir que curar y si se acordaba de volverla a ocultar a la hora dada nada habría que lamentar. Después volvió su pelo de un color rosa chicle, como antes acostumbraba a llevar y, finalmente, se encaminó hacia el cuartel...
En cuanto pronunció las palabras 'número 12 de Grimmauld Place', una maltrecha puerta salió de la nada entre los números 11 y 13, y de inmediato aparecieron unas sucias paredes y unas mugrientas ventanas. Era como si, de pronto, se hubiera inflado una casa más, empujando a las que tenía a ambos lados y apartándolas de su camino.
Tonks subió los desgastados escalones de piedra sin apartar los ojos de la puerta que acababa de materializarse. La pintura negra estaba estropeada y arañada, y la aldaba de plata tenía forma de serpiente retorcida. No había cerradura ni buzón.
La joven sacó su varita y dio un golpe en la puerta. Tonks oyó unos fuertes ruidos metálicos y algo que sonaba como una cadena. La puerta se abrió con un chirrido...
Cruzó el umbral y se sumergió en la casi total oscuridad del vestíbulo. Olía a humedad, a polvo y a algo podrido y dulzón; la casa tenía toda la pinta de ser un edificio abandonado.
En esos momentos no había nadie en el vestíbulo, de modo que la joven dejó vagar su vista por la inmensa casa. En un instante miró hacia arriba para contemplar la gran lámpara de cristal polvorienta que colgaba del techo y sin darse cuenta, sus pies se fueron encaminando hacia atrás para captar una visión más amplia... Sintió como sus pies se topaban con algo y, después...
-¡Ay!- gimoteó Tonks completamente tendida en el suelo.
Sin que le diera tiempo a reaccionar, la joven oyó un débil silbido, y entonces unas anticuadas lámparas de gas se encendieron en las paredes y proyectaron una luz débil y parpadeante, sobre el despegado papel pintado y la raída alfombra sobre la que se encontraba tumbada...
-¿Te encuentras bien?
Instintivamente, Tonks se intentó incorporar del suelo. No quería que nadie la viera en esa posición. Pero un fuerte dolor en uno de sus tobillos la hizo desistir de su empeño. ¿Por qué siempre tenía que hacer el ridículo delante de alguien?
-Espera, no te muevas.
Un hombre de ojos color miel y pelo castaño se arrodilló a su lado algo preocupado. A simple vista parecía mayor que ella y tenía unas marcadas ojeras por debajo de sus bonitos ojos dorados.
Por alguna extraña razón, Tonks no lograba articular ningún tipo de disculpa o, simplemente, pronunciar alguna palabra en presencia de aquel hombre. Algo extraño en ella que no solía callar ni debajo del agua.
Remus cogió con cuidado la pierna de la chica y le quitó lentamente el zapato del pie lastimado. Tonks se estremeció al sentir el contacto de sus suaves manos tocando con delicadeza su piel en busca de alguna fractura. La chica dejó a un lado el dolor que le causó la caída para dejarse llevar por los atentos cuidados que le proporcionaba aquel desconocido. Ya ni siquiera le dolía.
-Tienes roto el tobillo. Por suerte no es difícil de arreglar.
Remus cogió su varita del bolsillo de su pantalón y pronunció un hechizo sobre el talón de la joven. Tonks notó la mejoría al instante.
-¿Mejor?
Ella asintió con timidez algo avergonzada por sus anteriores pensamientos. Remus le dedicó una sonrisa y un ligero rubor se fue haciendo visible en sus mejillas...
Por su parte, Remus no podía apartar la vista de aquella chica. Había algo en ella que le impedía apartar sus ojos de la misteriosa joven... Era como si le hubiera echado la maldición Imperius y su cuerpo no pudiera obedecerle. Aún así, él intentaba por todos los medios posibles aparentar tranquilidad. Lo último que quería era que pensara que era algún tipo de pervertido, pues no había que fijarse mucho para saber que ella era mucho más joven que él. Pero a pesar de ello, Remus seguía contemplado a aquella muchacha de pelo rosa que había aparecido tumbada en mitad del vestíbulo todavía con una de sus manos puestas sobre su pierna... Cuando se dio cuenta de ese pequeño detalle decidió apartarla cuanto antes un tanto avergonzado.
Tonks sentía que su corazón latía con mayor intensidad. No podía negar que aquel hombre le llamaba la atención de una manera muy especial, y eso, que ni siquiera sabía su nombre.
Justo en ese momento, estaban tan ensimismados, el uno con el otro, que no se percataron que alguien los vigilaba desde atrás.
-Lo que hay que ver...-dijo la voz de Snape con desprecio-. Ni siquiera te ha dicho una palabra y ya te tiene a sus pies.
Ambos se sobresaltaron por la intromisión y Remus se levantó al instante separándose rápidamente de ella mientras Snape le sonreía con malicia.
-Mira, entiendo que un ser como tú no pueda controlar sus instintos animales, pero debería darte vergüenza aprovecharte de la ignorancia de una jovencita- prosiguió-. Veo que sigues llevando muy mal lo de ser un marginado y que nadie quiera estar cerca de ti, Lupin.
Remus le echó una mirada fulminante. Sin embargo, la veracidad de sus palabras le obligaron a bajar la mirada. No podía dejar de sentirse culpable por lo ocurrido... ¿Qué clase de primera impresión le había dado?
Tonks miró con aprensión su bochorno. Sabía que Snape despreciaba a todo el mundo, ¡pero él no le había echo nada para que le humillara de esa manera!
-¿Y tú no sabes que está mal espiar a la gente?-inquirió ella todavía sentada sobre la alfombra.
-Señorita, si no hubiera sido por mí ese animal ya se habría abalanzado sobre usted.
-Ja! Para tu información diré que me asusta más lo que yo sería capaz de hacerle a murciélagos de nariz prominente que se inmiscuyen en asuntos que no le incumben.
Snape aun tuvo tiempo de lanzarle una profunda mirada de advertencia, cuando la joven declinó esa amenaza enseñándole la lengua de manera infantil. Aquello terminó por sacarle de sus casillas; de no haber estado Lupin presente, de buena gana le hubiera enseñado una lección de modales a golpe de varita, pero por desgracia eso tendría que aplazarse. A continuación se marchó del lugar bastante enojado. Desde luego la forma con la que se estaba ganando la confianza de los miembros de la Orden no le gustaba para nada. Más aún si era a costa de insultos dirigidos a su persona.
Remus se quedó boquiabierto viendo como Snape se marchaba obedeciéndola sin hacer ademán de rechistar. Cada vez le caía mejor aquella chica.
-¿Me ayudas a levantarme?- le preguntó ella con una sonrisa.
-Ah...Sí, claro... Discúlpame- balbuceó Remus tendiéndole una mano-... Gracias por haber dado la cara por mí delante de ese desagradecido.
-No tienes porqué dármelas. No soporto a la gente hipócrita que se mete con los demás sólo para divertirse.
Remus se quedó atónito. Sin duda esa chica le caía muy, pero que muy bien...
Ambos percibieron en los segundos que estaba durando aquel silencio que su espacio había sido invadido imperceptiblemente el uno por el otro, extrañándose por igual, al comprobar que ante ese hecho no se sintieron indiferentes. Era sin duda uno de esos extraño momentos en la vida en que se encuentra en el universo a una persona con la que sientes una afinidad inusitada, y fue en ese preciso instante cuando de nuevo se vieron inesperadamente interrumpidos...
-¿Nimphy?
Sirius entró en el vestíbulo sin fijarse siquiera que estaba interrumpiendo algo fuera de lo común. Por su parte, Remus se separó inmediatamente de ella como si su amigo se tratara de un padre posesivo con derechos sobre la joven.
-¡Sirius!- exclamó Tonks tras recuperar la compostura.
La joven corrió a abrazarle.
-Nimphy, adoro que seas tan efusiva, pero... me estás asfixiando.
-Ay, lo siento- dijo ella mientras aflojaba un poco los brazos-. Es que me alegro tanto de verte...
-Y yo a ti pequeña. Aunque ya no eres tan pequeña que digamos.
-¿Y que esperabas? Han pasado catorce años- inquirió Tonks mientras se apartaba para verle mejor-. Tú también has cambiado mucho...
-¿Para mejor o para peor?- preguntó con tono insinuante y algo presuntuoso.
-Pues... No sé...
Tonks rió al ver la cara de enfado que estaba poniendo su primo y, a continuación, él también sonrió. No había cambiado nada, seguía sin poder enfadarse con ella.
Sirius miró un instante por detrás de ella y vio que Remus estaba un poco distante.
-Ya he visto que os habéis conocido, ¿verdad?
Sirius notó que Tonks se ruborizaba. ¿Pero que le pasaba a esa chica?
-En realidad, no nos han presentado- dijo Remus acercándose hacia ellos con una cálida sonrisa.
-Bueno pues, Nimphy, te presento a mi amigo Remus J. Lupin. Remus, ella es Nymphadora Tonks.
La joven fulminó con la mirada a Sirius...
-Pero prefieren que la llamen Tonks- añadió rápidamente.
-Encantado de conocerte, Tonks- saludó amablemente Remus.
-L-lo mismo digo, Lupin...
Remus se acercó a ella para darle dos besos. Sin embargo, ambos se encontraban tan nerviosos que no conseguían ponerse de acuerdo acerca de cual iba a ser la primera mejilla en ser besada...
Sólo fue un instante, apenas un roce en sus labios para que quedara grabado a fuego en la memoria de ambos.
Sirius rió disimuladamente ante la escena. Resultaba bastante gracioso ver a su mejor amigo sonrojarse como un adolescente y, más aún, a Tonks con una mano en los labios y un gesto de disculpa.
Por Merlín que parecían un par de enamorados. Un momento... No, no podía ser... ¿O sí?
-¿Qué tal si vamos al salón?- preguntó Remus volviendo a la realidad-. Dumbledore estará a punto de llegar- añadió.
En ese momento apareció por la puerta de la cocina una mujer pelirroja. Al ver a la joven la sonrió amablemente:
-Bienvenida, querida. Tú debes ser Nymphadora...
-Tonks, llámeme, Tonks.
-Oh, como quieras. Yo soy Molly Weasley.
Molly se acercó a ellos y miró con desaprobación a Sirius y Remus, aunque más a Sirius que a Remus.
-¿Qué hacéis aquí en el vestíbulo? ¿Es que ni siquiera la habéis invitado a pasar dentro?- inquirió la Señora Weasley- Ven, querida. No seas tímida yo te presento a los demás. En fin, perdónales son hombres...- añadió en tono confidencial mientras la guiaba hasta el salón.
-¡Lo he oído!- exclamó Sirius.
Mientras tanto, Tonks no paraba de mirar hacia atrás al tiempo que iba caminando hacia el salón. Las palabras de advertencia de Snape acerca de Remus J. Lupin llegaron a su mente más nítidas que nunca:
'No lo subestimes. Es más listo de lo que parece. Extremadamente peligroso... Licántropo'
Sin embargo, no era ese el motivo por el que le miraba... No parecía tan peligroso. De hecho no se parecía en nada a la idea que tenía sobre los Hombres Lobo.
Cuando se hubo alejado, Sirius se fijó en que su amigo seguía mirando la puerta por la que se acababa de marchar Tonks. Y, por su parte, Remus se dio cuenta de que el animago estaba demasiado callado...
-¿Qué?
Sirius tenía levantada una ceja y le miraba como si quisiera adivinar sus pensamientos. Después le sonrió de una manera lasciva...
-Con que el lobo feroz quiere comerse a caperucita rosa, ¿eh?
-¿Pero que dices? Mira, Sirius, no te ofendas, pero tantos años en Azkaban te ha afectado al juicio.
-¡Mi mente sigue funcionando a las mil maravillas! Mira, os he visto de la manita en medio del vestíbulo y luego el numerito ese del beso... ¿Me vas a negar la evidencia, Lunático?
-¡Pero si ni siquiera la conozco!
-¿Y la primera impresión? Porque, madre mía, cómo se nos a puesto la pequeña Nimphy en catorce años... Si no fuera mi prima...
-¡Sirius!
-Ya, ya sé... Tú la viste primero.
Remus suspiró. Era más que obvio que cuando Sirius se ponía en ese plan lo mejor era dejarle. De todos modos, no podía dejar de pensar en ella. Quería conocerla, saber más de ella... Pero eso no significaba nada, ¿verdad?
Sirius era consciente de lo que pasaba por la mente de su amigo. Eso le alegraba, pero también le preocupaba.
-¿Pero qué hacéis ahí? ¡Vamos! La reunión ya ha empezado- dijo la voz de Ojoloco desde el fondo del salón-. ¡No bajéis la guardia ni aunque estéis en el cuartel! Nunca se sabe lo que puede pasar.
'Y que lo digas...' pensó Remus ensimismado.
N/A: Perdón por la tardanza, pero es que mis otras dos historias me tienen completamente absorbida. Ojalá que la espera haya merecido la pena para todos vosotros y que me lo hagáis saber por vuestros Reviews (ya sabéis: comentarios, críticas, lo que queráis.)
Muchas gracias a todos los que siguen este FF, en especial a:
Piper-Tonks, ILoveWeasleys, BiAnK rAdClIfFe, Piper Lupin y YoLa-TonKs
Espero que sigáis mandándome vuestros maravillosos comentarios. ¡Hasta otra!
PD. Sí, la teoría la leí en HarryLatino. Y la contrateoría a mí también me pareció mucho más creíble IloveWeasleys.
Saludos:
Sisa Lupin
