Disclaimer: Ni Soul Eater ni sus personajes me pertenecen. Lo único que es de mi propiedad es la trama y los personajes inventados. Solo espero que no me demanden por escribir este fanfic. Soul Eater pertenece a… eh… ¡Oia! Se me olvido el nombre. Bueno, ustedes saben.

Titulo: Kieru.

Autor: TakanashiYomi.

Summary: Su mente no funcionaba como las demás. Porque la de ella no la dejaría vivir. Literalmente. "¿Debería saltar?". "Realmente lo estaba considerando". "Desde ese día he estado así". "¿Sientes que quieres desaparecer otra vez?" / KidxOc.

Clasificacion: K+.

Fandom: Soul Eater.

Género: Romance y Hurt/Comfort.

Nota de la autora: Los que están leyendo esto, significa que llegaron al capítulo dos (*insertar un "no me digas" aquí*), y se los agradezco (:D). Lamento haberme tardado, es que por unos problemas, me quede sin internet en mi casa. ¡En este momento le estoy robando al Wifi al vecino! Pero ustedes: Shhh…

.

.

.

Chapter 2:
"¿No te puedes tomar nada enserio?"

.

.

Bien, genial, ¡esplendido!

Porque, ¿Qué podía ser mejor que tener que entregar un trabajo sobre alguna cultura para exactamente dos semanas, tener que hacerlo con una completa desconocida, y que esta llegue dos horas tarde para hacerlo? Habían quedado que, ese día, Aya estaría a las 14:00 en la casa de Kid, pero ya eran las 16:04, y todavía no había llegado.

Liz estaba con Kim en la habitación que compartía con Patty, haciendo su respectivo trabajo. Y Patty, seguramente las estaba observando. Había estado una hora en la casa de Ox Ford, pero este le propuso hacerlo él mismo, y luego pondría el nombre de Patty junto al suyo. Propuesta que Patty no tardo en aceptar.

En ese momento, seguramente Liz y Kim ya llevaran unas dos o tres páginas de las cincuenta que pidió el profesor Stein. Más de uno de los alumnos, protesto, ganándose un castigo del amante de la disección.

Tamborileo los dedos sobre la mesa del comedor, exasperado. ¿Qué demonios había estado haciendo Aya? ¿Se habría perdido? Finalmente soltó un suspiro de alivio cuando el timbre resonó en toda la mansión.

Se levanto, apresurando el paso en dirección a la puerta. Tomo el picaporte en sus manos y lo giro. Una mezcla de enfado y sorpresa se formo en su rostro.

Aya vestía una remera rosa manga larga, con un cuadro de líneas blancas y negras alternadas; una falda color rojo, zapatos marrones y su cabello estaba atado en dos trenzas cortas. ¿Acaso este estaba más largo?

Pero, vamos. ¡La chica se veía completamente simétrica!

–¿Tú cabello está más largo? –preguntó el chico, con una ligera sonrisa y arqueando una ceja.

–Un poco –contesto la otra, acariciando sus trenzas–. Ha pasado un par de días desde que nos vimos, y creció rápidamente.

–Oh… –pero la sorpresa y la felicidad que le producía la simetría le duro poco–. ¡Un momento! ¡¿Dónde estabas?! ¡Tenias que estar aquí hace dos horas! ¿¡Que parte de "puntualidad" no entendiste!? –simetría, puntualidad, perfección. Cosas que Kid amaba.

–Me quede dormida –fue la respuesta de la otra, dejando a Kid perplejo, sin habla y con muchas cosas que decirle–. ¿Puedo entrar?

Antes de que Kid pudiera hacer algo, la chica entro a la casa, pasando por el espacio que quedaba entre Kid y la pared. Kid volteo la cabeza, y vio como Aya se acomodaba en uno de los sillones de la sala.

–Entonces, ¿comenzamos?

Kid cerró la puerta, frunciendo el ceño. Comenzó a caminar hacia donde se encontraba la chica, y la miro con enojo.

–Bien, ¿sobre qué cultura quieres hacer el trabajo? ¿Los Lowdygren, o con los Passka (N/A: Hahaha, los dos me lo invente, porque no encontré culturas que adoraran a la simetría xD)? A ambos le gustaba la simetría, asique es mejor que seas tú la que decida, ya que…

–Decide tú –interrumpió la otra, levantándose. Antes de que él pudiera decirle algo, esta comenzó a caminar hacia la puerta de las otras habitaciones–. Preparare té.

–¡Oye, que esta no es tú casa! –Alcanzo a gritar Kid antes de que la chica se perdiera detrás de la pared que comunicaba a un pasillo con varias puertas–. ¿Siquiera me escucho? –suspiro Kid, desanimado.

•••

A ver, a ver, a ver. ¿Por qué una completa desconocida se paseaba en su casa como si nada, no lo ayudaba en un trabajo que debían hacer juntos, y encima preparaba té con cosas que nunca le había pedido? Era interesante el no saber el porqué. Pero el té que preparaba era delicioso.

–¿Se puede saber porque actúas en MI casa como si fuera tuya? –preguntó, con un leve tic en una ceja, dándole un sorbo al té de hierbas que Aya había preparado.

–¿Tiene algo de malo? –preguntó la otra, ladeando la cabeza.

–¡Claro que sí! ¡No puedes pasearte en la casa de los otros como su fuera tuya! ¡Qué tanta confianza no es buena!

La chica lo miro fijamente durante un par de segundos, poniendo incomodo a Kid. Sentía que sus ojos marrones penetraban en lo más profundo de su alma, cohibiéndolo. Finalmente, Aya cerró los ojos y la sensación que sentía Kid desapareció. Un suave y desinteresado "Oh", fue todo lo que salió de los labios de la chica.

Finalmente, decidieron –más bien tendría que decir "decidió", puesto que a Aya le daba igual– que harían un reportaje de los Passka, y se pusieron a trabajar.

Se mantuvieron unos minutos en silencio, mientras buscaban información en los libros que Kid había traído. El silencio se volvió incomodo, pues a Kid no le parecía agradable tener a una desconocida –¡Vamos! ¡Que había aparecido en el Shibusen de un día para otro!– en su casa. Pero, cuando la miro de reojo, se dio cuenta de que eso no le preocupaba en absoluto a la chica. Leía tranquilamente el libro, con sus oscuros ojos marrones clavados en el. Si tan solo la conociera un poco mejor, tal vez no le parecería tan incomodo…

–Eh… –un suave susurro rompió sus pensamientos. Alzo la vista, y esta vez, los oscuros ojos marrones de Aya estaban clavados en él–. Ehh… Kif… No, Dik… Eso no… ¿Keid?

–¡Es Kid! –corrigió el mencionado, frunciendo el ceño. ¿Conocerse mejor, decía? Al demonio, ya la trataría como una "Soul" femenina.

–¡Eso! –Sonrió la chica, golpeando su puño izquierdo contra su palma derecha–. Kid, ¿crees que esto esté bien? –preguntó, extendiendo un papel escrito a mano.

Kid lo tomo en sus manos y lo vio, sorprendido. ¿En qué momento lo había escrito? Ni siquiera se había dado cuenta. Y, a decir verdad, no lo hacía mal. Parecía que todas las palabras habían sido seleccionadas cuidadosamente, como si fuera un libro importante lo que debía entregar, y no un reporte para la... Un momento…

–¿Qué demonios es esto? –preguntó el chico, señalando una criatura con los brazos torcidos, orejas torcidas, piernas torcidas, ojos bizcos, sonrisa de tiburón y ropa de de foca amorfa (¿?).

–Un Paka –contesto la chica, siendo corregida rápidamente por el chico–. Me ha quedado mejor que muchos de los otros dibujos que he hecho…

–Esto parece un cerdo disfrazado de vaca y tragado por una foca –contesto el chico, mirándola con toda la seriedad con la que era posible en esas situaciones.

–Uy, que rudo. Voy a prepararme un sándwich –dijo Aya, para luego levantarse y dirigirse a la cocina.

Kid se sostuvo la sien con el pulgar y el índice, suspirando. Bueno, ella no era nada con lo que no hubiera lidiado antes.

•••

En ese momento, seis horas después de lo del sándwich, Aya salía tranquilamente de la casa de Kid. Y, en esas seis horas, solo habían hecho seis hojas de las cincuenta que había pedido el profesor Stein. ¡Solo seis! Pero bueno, no era de extrañar. Luego de lo del sándwich, Liz había bajado para buscar algo para comer para ella, su hermana y Kim. Al ver a Aya, se pusieron a hablar. Y digo hablar porque los monosílabos también son palabras. Luego de una hora de eso, Liz se fue, arrastrada por Kim. Y cuando Kid pensó que, finalmente, podrían hacer el trabajo en paz; a Aya se le había ocurrido no querer hacer nada. Y Kid se había pasado el tiempo restante haciendo el trabajo solo como un idiota.

Pero en compensación, Aya copiaría todo el próximo día que se juntaran. Aunque a esta no pareció importarle.

–Me la he pasado bien –dijo la chica, más por amabilidad que por otra cosa.

–Yo no, no vuelvas –contesto Kid. Ese día su amabilidad y caballerosidad se habían ido a freír espárragos–. Solo tienes permitido entrar cuando estés más simétrica.

–Pero si me visto muy simétrica, te enamoraras de mi.

–No lo hare –Kid se sonrojo imperceptiblemente por aquellas palabras.

–Si estás seguro –susurro Aya–. Ya arreglamos hecha y hora, así que ese día preséntate en mi casa, puntual.

–¡No eres quien para hablar de puntualidad!

Como toda respuesta, Aya le dio una sonrisa irónica, y salió por la puerta que comunicaba al exterior de la mansión.

Pero, antes de irse, la chica se dio la vuelta, y sus ojos marrones se clavaron en los dorados de él. La sensación que había tenido Kid la primera vez comenzó a invadirlo, y se esfumo como el aire luego de que Aya apartara la mirada. Acaso ella estaba… ¿triste?

No podía preguntárselo: la de cabello trenzado había desaparecido en la oscuridad de la noche.

•••

Volvía a caminar por aquel puente, aquel que tenía que cruzar todos los días si quería regresar a su casa. Aun no sabía las sensaciones que este le provocaba. ¿Tristeza o enojo? ¿Miedo o rabia? Aunque tal vez estaba agradecida con él: con aquel frágil y viejo puente de madera…

Su reflejo no se veía en aquellas turbias aguas, que se encontraban debajo del objeto anteriormente nombrado. Ennegrecidas por la oscuridad de la noche, se veían tétricas y sombrías.

Un súbito pensamiento invadió su mente, asustándola de repente. Sacudió la cabeza, tratando de hacerlo desaparecer. No debía. No tenía. No quería ser como mamá.

Soltó un gran suspiro de alivio cuando ese negruzco pensamiento desapareció de su mente. ¿Estaba asustada? ¿Porque?

Apartando su vista de las lúgubres aguas, Aya siguió su recorrido por aquel puente de madera.

.

.

Fin chapter 2.

.

.

.

Nota de la autora: Realmente, gracias a los que llegaron hasta el final de este capítulo, y espero que lean el próximo. Por favor, dejen reviews, así yo se que les está gustando y puedo continuarlo. Además, escribir uno no cuesta nada. Solo tiempo, y si leíste esto es que tienes de sobra (no me tengo mucha autoconfianza :c).
Bueno, me alegra que mi vecino todavía no se haya dado cuenta de que le estaba robando el Wifi. Y espero que asi siga, porque no hay pinta de que vaya a dejar de hacerlo pronto. Lo siento, vecino.

¡De pie!

¡Saluden!

¡Aye!