La Bella Y la Bestia
Disclaimer: No soy dueño de RWBY o cualquiera de los elementos mencionados y referentes a su mitología. Únicamente utilizo estos elementos con el fin de entretener y sin sacar ganancia alguna.
Capitulo 2: La Bestia.
Ya había pasado un mes desde el ataque a la ciudad y todos seguían muy sensible, en especial Pyrrha, quien no había salido de su habitación desde que la trajeron del hospital. La pobre chica un no podía asimilar que había perdido a su compañero y primer amor. El recuerdo del funeral que se había hecho en honor a Jaune y los demás caídos seguía fresco en su memoria.
―――――FLASHBACK―――――
Habían pasado dos semanas ya desde el incidente con los Grimm y Cinder. Entre todos los cazadores fueron capaces de repeler a los Grimm restantes y retomar el control de la ciudad. Por donde quiera que uno pasara, podía ver escombros y manchas de sangre que no se sabía ni de quiénes eran. Los habitantes de Vale seguían asustados aterrados y alerta por cualquier otro ataque por parte de aquellas malignas bestias.
Mientras en Beacon, todos los alumnos con sus familiares y profesores estaban reunidos en el patio de la academia, donde un herido Ozpin (que habían encontrado medio muerto entre los escombros) precedía un funeral en honor a todos aquellos que habían caído presa de los Grimm.
Pyrrha había acudido para presentar sus respetos a Jaune y darle el pésame a su familia, incluso con una pierna rota, demacrada y un cuerpo magullado, la chica no se dejó vencer y acudió con el resto de su equipo. Centró vagamente su atención en Ozpin y en el monumento a los caídos que se encontraba detrás de él, en donde el nombre de Jaune figuraría por algún lugar.
―Hacemos mención especial al joven Jaune Arc, quien valientemente sacrificó su vida en bien de sus compañeros, salvando a Vale y quizás al mundo entero de un gran peligro―dijo Ozpin, respiró profundamente para calmarse un poco y continuó, omitiendo detalles importantes―. Él dio su vida para que todos pudiéramos ver un nuevo amanecer y su valentía nunca será olvidada, siendo incluso un ejemplo a seguir por todos los cazadores, novatos o veteranos, sobre lo que el bien mayor significa. Aquí en Beacon jamás olvidaremos a Jaune Arc y es por eso que me honra presentarles una placa conmemorativa con su nombre en ella, que ocupará en centro del monumento a los caídos― Ozpin sostuvo en sus manos una bella placa de color dorado, con relieves de marfil y detalles en plata, la cual colocó él mismo en el monumento. A dos metros de altura del suelo, la placa conmemorativa de Jaune se alzaba con gran brillo y en ella estaban inscritas las siguientes palabras: Jaune Arc, que tu alma vuele alto. Descansa en paz.
Ozpin se retiró del micrófono y dejó que los demás dijeran algunas palabras en honor a los caídos. Uno a uno los estudiantes pasaron al micrófono, algunos para contar anécdotas que compartieron con algunos de sus amigos, cuyos nombres se reflejaban sobre la superficie del monumento. Algunos incluso dedicaron algunas palabras a Jaune.
Ren, quien siempre había sido estoico y callado por naturaleza, simplemente dijo una oración ―Él era como el hermano que nunca tuve ―inmediatamente después, se retiró y cedió el micrófono a Nora.
―Jaune fue uno de mis mejores amigos, siempre sonriente, siempre preocupado por nuestro bienestar ―Nora no se molestó en reprimir las lágrimas que salían de sus ojos, las cuales iban acompañadas por una sincera sonrisa―Quiero pensar que Jaune está en el cielo, comiendo pancakes con jarabe de maple y esperando pacientemente a reunirse con nosotros― Nora volteó hacia la placa y la acaricio suavemente antes de marcharse.
Cuando llegó el momento de Pyrrha, esta no supo que decir. Se había quedado completamente sin palabras. Decidida a siquiera a presentar sus respetos dijo ―Jaune era mi mejor amigo, él me salvó la vida y siempre estuvo ahí para mí. Su muerte dejó un vacío que nunca podré llenar y solamente me consuela saber que murió con una sonrisa en sus labios, viendo como su sacrificio no fue en vano.
Pyrrha ya no pudo contener las lágrimas y se alejó rápidamente del micrófono. Para aquellos que pudieron escuchar entre líneas, Pyrrha había declarado públicamente sus sentimientos por Jaune, lo cual quizás fue algo duro para ella.
Mientras caminaba lejos de todo el mundo, Pyrrha se tropezó con una pareja vestida de negro, ambos rubios y de ojos azules. Los reconoció de inmediato gracias a fotos familiares que Jaune le había mostrado, eran los padres de Jaune, quienes extrañamente no estaban con sus hijas. Pyrrha volteó hacia los alrededores y vio a un grupo de siete mujeres rubias frente al monumento, las cuales dejaron flores a los caídos. Eran las hermanas de Jaune que daban el último adiós a su hermano y presentaban sus respetos a los demás.
―Es un gusto conocerte en persona, Pyrrha. Mi nombre el Helen y él es mi esposo, Geralt ―dijo la madre de Jaune, sonriendo tenuemente―. Nos alegra que tuvieras a nuestro hijo en tan gran estima. Él siempre hablaba sobre ti y lo mucho que se divertían juntos.
Pyrrha se sorprendió de que la madre de Jaune la reconociera de inmediato. No esperaba que su Jaune hubiera hablado sobre ella con su familia, aunque era de esperarse.
Helen era verdaderamente hermosa, aun con su semblante un tanto demacrado por la tristeza de haber perdido a su único hijo varón, su hombrecito. No se veía demasiado triste con la muerte de su hijo, quizás fuera porque siempre supo que podría perderlo dado el oficio que quería desempeñar o quizás solamente era una mujer muy fuerte. En sus manos sostenía la Crocea Mors y el escudo plegable de Jaune. Ella había sido quien peor se lo había tomado, puesto que le había dado la vida a su hijo y este se le fue arrebatado de la noche a la mañana.
El padre de Jaune por otra parte no reflejaba tristeza en absoluto, sus ojos no lloraban lágrimas de tristeza sino de orgullo. Él había sido el primero en negarse a que su hijo fuera cazador, pero al final tuvo que ceder. Geralt siempre quiso que su hijo heredara su oficio de herrero y se mantuviera lejos de la peligrosa vida de cazador, como él había hecho antaño. Cuando la noticia de la muerte de Jaune llegó a sus oídos, no lo pudo creer, no quería creerlo. Durante días se encerró en la forja, golpeando el metal con su martillo y derramando lágrimas de dolor por la enorme pérdida que Jaune suponía. Nunca más vería a su amado y atolondrado hijo, no podría decirle lo orgulloso que estaba de que pudiera entrar a Beacon o regalarle la espada que había estado forjando para él, la cual le daría el día de su graduación. Cuando supo todo lo que había pasado y del heroísmo de su hijo, no pudo sino llorar de felicidad al ver que el sueño de su hijo se había convertido en realidad; siempre había querido figurar entre los nombres de los héroes de la familia Arc, su padre se aseguraría de ello.
El único consuelo que le quedaba a la familia Arc, era que Jaune había muerto como un héroe, defendiendo al mundo y a las personas que tanto amó.
Entre ellos se instaló un pesado silencio, el cual fue roto una vez que Helen extendió la espada de su hijo a Pyrrha, quien abrió los ojos como platos.
―Quiero que conserves esto ―dijo Helen, tratando de calmarse para hacer todo más fácil.
―Pero… ―Pyrrha no alcanzó a terminar cuando Geralt la interrumpió.
―Él lo hubiera querido así. Crocea Mors es una espada que ha pasado de generación en generación en la familia Arc, pero ya no queda nadie que la empuñe y prefiero que la tengas tú antes que se oxide en el desván ―la voz del hombretón había sonado profunda y rasposa, una voz que no admitía replicas. Sus ojos mostraban una silenciosa petición― ¿Y quién sabe? Tal vez pueda darte suerte.
Pyrrha extendió las manos y tomó la espada, que estaba enfundada en la vaina-escudo. Aquella había sido una muestra de afecto tan grande que la dejó sin palabras por un momento. Ella como todos, sabían que el apellido Arc era de respeto, pues de allí provenían algunos de los héroes más recordados de la historia de Remnant. Crocea Mors no solo era una espada, era un símbolo de aceptación entre la familia Arc. De forma tácita, la madre de Jaune la había aceptado al darle la espada de su hijo, que antaño había sido empuñada por todos los héroes de la familia Arc desde el tatarabuelo de Jaune.
―Muchas gracias ―dijo la pelirroja, haciendo una reverencia ante los padres de su amado.
Helen se acercó a ella y la rodeó con sus brazos, con amor indiscriminado. Pyrrha se quedó quieta y cerró sus ojos, sintiendo el calor y la suave fragancia a canela que ella despedía.
―Gracias por haber querido tanto a mi Jaune ―murmuró Helen, siéndole imposible seguir conteniendo las lágrimas, que rodaron libremente por su rostro de fina porcelana.
―Él siempre estará en mi corazón ―respondió Pyrrha, susurrando sus palabras. Había captado perfectamente el doble sentido en las palabras de Helen.
Una vez que se separaron, Geralt simplemente asintió con respeto y se dio la vuelta, sujetando a su esposa por los hombros, mientras lloraban la pérdida de su hijo. Más adelante se encontraron con sus hijas y juntos retornaron a casa para seguir con sus vidas.
Pyrrha vio al grupo alejarse y pensó en que le hubiera gustado conocer a las hermanas de Jaune, luego se dirigió hacia su habitación, había muchas cosas en las que tenía que pensar y poco tiempo para hacerlo.
―――――FIN DEL FLASHBACK―――――
Y allí estaba ella, llorando aun la perdida de Jaune, abrazando contra su pecho la enfundada Crocea Mors.
Había algunas veces en las que le parecía sentir la presencia de Jaune cerca de ella u oír su voz en el pasillo. Pero ella sabía que no era él, porque había muerto en sus brazos y se había desintegrado en el aire.
Sus amigos comenzaban a preocuparse cada vez más por su estado de ánimo, no se lo habían dicho, pero era más que obvio que lo hacían. No los culpaba, ciertamente ella lucía como alguien que está a las puertas del suicidio. Por un momento había pensado en quitarse la vida, luego de reflexionar sobre que Jaune aun seguiría ahí si ella no hubiese sido arrogante al pensar que podría detener a Cinder.
Pyrrha sabía que no podía quedarse en su habitación para siempre. Ella debía de continuar con su vida por doloroso que fuera. Jaune ya no estaba y ella debía de aceptarlo tarde o temprano.
Se asomó la ventana y contempló el Bosque de Esmeralda, el cual era iluminado por la luz de la fragmentada luna y donde se había convertido en compañera de Jaune por primera vez. En aquel bosque plagado de bestias, ellos habían sellado su destino.
Al ver a la luna, Pyrrha recordó un poema que había escuchado decir a Jaune una vez mientras este observaba embelesado a la luna rota; ni siquiera se dio cuenta de quién lo observaba. Recientemente habían regresado de la misión que les había sido encomendada junto a un cazador experimentado.
Bella luna que guías mis pasos, permíteme caminar por la obscuridad sin vacilación.
Que mis enemigos teman a tu resplandor y que tu brillo acaricie el mundo entero.
Permíteme vivir otro día para vernos nuevamente, permite a este mortal observar tu fragmentada y radiante belleza en la efímera noche.
Quédate a mi lado siempre, luz de luna que guías mi camino a través de las tinieblas.
Aquella noche, Pyrrha sintió celos de la misma luna; hubiera matado porque Jaune le dedicara aquellas palabras. Ella vio una parte de Jaune que la dejó fascinada, pues ciertamente había más facetas de él que el simple "rubio bobalicón" que todos conocían. Pyrrha se sentía feliz y excitada como una niña que guarda un secreto, contenta de ser ella la única que supiera de la parte poética de Jaune.
…
Mientras tanto en el Bosque de Esmeralda, una peculiar criatura rondaba las partes más recónditas de este. Su apariencia podría describirse como la de un Beowulf con pelaje de oro y placas óseas de un pálido marfil; de ojos azules cuales zafiros y una estatura ligeramente superior a la media. Lejos de parecer una bestia demente y sedienta de sangre, se veía fiero y majestuoso. La luz de luna acentuaba su magnificencia y belleza, por la cual los más ávidos poetas hubiesen matado por retratar en una de sus obras maestras.
Varios soles habían pasado desde que apareció en el bosque, débil y desorientado; incapaz de recordar qué o quién era. Le había tomado algunos días el tomar consciencia de sí mismo y de lo que lo rodeada. Todo cuanto veían sus ojos era nuevo, pero también viejo. Todo era como sombras que se arremolinaban en su mente, bailando arrítmicamente en su mente.
La primera vez que vio su reflejo, supo que algo en él había cambiado. Algo muy dentro de sí le avisaba que lo que veía no era correcto. Sumado a todo aquello, estaban también las miradas de los que él consideraba sus semejantes, que eran bestias podridas cuya sed de sangre contrastaba con la extrema tranquilidad que él demostraba.
Él sabía que no lo querían en el bosque, pero por alguna extraña razón, tampoco se atrevían a echarlo. Los primeros días no había prestado atención a las oscuras criaturas que habitaban en derredor, pero pronto sus miradas se fueron haciendo cada vez más intensas, hasta que consiguieron relegarlo a una parte lejana del bosque. Entre ellos y él había un acuerdo tácito de no agresión.
Se detuvo por un momento para admirar la corriente del agua, tomándose también un tiempo para observar nuevamente su reflejo. Desde que se había vuelto consciente, sus conocimientos sobre el mundo se habían hecho más extensos, llegando a nombrar varias cosas que no sabía ni que existían.
Ya comenzaba a acostumbrarse a su propio aspecto, tanto así que dudaba de si verdaderamente algo había cambiado en él o simplemente se había golpeado la cabeza muy fuerte. Volteó hacia la luna y se quedó embelesado con ella; cual artista observando a su más bella musa. Luego siguió su camino en búsqueda de algún ciervo que devorar, era bien entrada la noche y comenzaba sentirse muy hambriento.
…
A la mañana siguiente, Ozpin se encontraba reunido con Qrow, Glynda y James en un edificio al norte de la academia, que serviría como su cuartel temporal hasta que su oficina estuviera reparada. Los había mandado llamar para ver cómo iban los progresos en las reparaciones de la ciudad y también para hablar de ciertos aspectos importantes.
― ¿Qué tal va todo con Cinder? ―preguntó Ozpin, centrando su atención en James.
El general Ironwood se tensó ligeramente ante la mención de aquella mujer que se las había arreglado para engañarlos a todos. No solo había hecho un destrozo en todo Vale, sino que también había hecho estragos entre las relaciones públicas de Vale y Atlas. A James y Ozpin les costó muchísimo explicar el incidente con los guardias robóticos.
―Está estable ―respondió James, en su voz se podía percibir la repulsión que sentía por Cinder.
―Aún no entiendo cómo se las arregló para sobrevivir al impacto de la caída y con la espada del joven Arc metida hasta la empuñadura en su vientre―dijo Glynda, quien había sido la que había examinado a Cinder luego de que esta fuera neutralizada por Jaune. Si no lo hubiese visto, no lo hubiese creído. Cinder tenía varios huesos rotos, quemaduras graves provocadas por el aura de Jaune y una hemorragia muy bestia. El que ella sobreviviera se lo atribuyeron a sus poderes como Doncella del Otoño.
―Por lo que supe ―respondió James―. Ella empleó una gran cantidad de aura bajo ella para usarla como colchón y evitar el impacto. Al menos es lo que dijeron los expertos. Desgraciadamente para ella, el aura de Jaune tuvo la suficiente fuerza de empuje para hacer lo que el suelo no pudo.
―Debieron terminar lo que el chico empezó ―dijo Qrow―. Esa mujer es demasiado peligrosa como para dejar que siga viva.
―No hasta que encontremos a otra candidata para que sea la Doncella del Otoño ―comentó Ozpin, puesto que no quería que los poderes de la Doncella del Otoño cayeran en malas manos como recién había pasado.
Glynda carraspeó ligeramente y decidió tomar la palabra ―Espero que estés tomando las medidas adecuadas para tenerla controlada, James ―dijo, mirando fijamente a su amigo.
―La mantenemos sedada continuamente y metida en un tubo de recuperación a medio kilometro bajo tierra. Ella no podrá escapar tan fácilmente de ahí ―dijo James, sintiéndose ligeramente ofendido de que Glynda dudara de él de forma tan abierta.
― ¿Qué hay del equipo del chico? ―preguntó Qrow, refiriéndose claramente a Jaune.
―Están devastados, pero tarde o temprano lo superarán ―respondió Ozpin.
Desde el incidente, tanto Ozpin como los demás profesores tenían un ojo puesto en el equipo JNPR. Al principio los veían llorando la pérdida de su amigo a todas horas, luego solamente sus expresiones tristes y al final parecía que iban superándolo poco a poco.
―Perder a un compañero nunca es fácil ―remarcó James, sintiendo pena por los chicos.
―Saben ―dijo Qrow, mirando al techo de forma pensativa―. Me cuesta admitirlo, pero ese chico Arc tenía más pantalones que nosotros cuatro juntos ―rió suavemente ante sus propias palabras y tomó un poco del whiskey que llevaba en su botella.
―Yo me sigo preguntando cómo hizo para superar los poderes de una doncella ―comentó James.
―Los Arc son conocidos por ser héroes ―respondió Ozpin―. Pero más que todo por poseer cantidades demenciales de aura y tener Semblanzas que se salen de lo común, incluso llegando a ser milagrosas. Por poner un ejemplo, el tatarabuelo de Jaune empuñaba a la Crocea Mors en su mano derecha, la cual podía imbuir con su propia aura y que habían apodado como "Espada de luz de luna" por su peculiar brillo. En batalla era capaz de atravesar cualquier escudo e incluso lanzar enormes ráfagas de aura hacia sus enemigos. Se podría decir que él fue un elemento crucial en el final de la gran guerra. Para ponerlo corto, los Arc son como reactores de aura vivientes. Además, las doncellas tampoco son invencibles.
―Aun así es difícil pensar que un estudiante de primer año pudiera superar, aunque fuera por unos segundos, el poder de una doncella ―dijo Glynda, mordiéndose una uña debido a la aun presente sorpresa en su rostro. Le había dado vueltas al asunto y es que todavía le era inconcebible que el peor alumno en su clase de combate pudiera vencer un poder milenario.
―Su "Feral" demostró ser una habilidad sorprendentemente efectiva ―dijo Ozpin, dando un sorbo a su té.
― ¿Su qué? ―preguntó una confundida Glynda.
Ozpin depositó su taza nuevamente en su escritorio y dio un suspiro antes de continuar―Ese era el nombre de la Semblanza de Jaune, "Feral". Bueno, eso es lo que dijo Weiss Schnee al menos.
Qrow sonrió mostrando sus dientes al oír la forma en la que Jaune había nombrado a su semblanza―Un nombre muy apropiado para sus habilidades― dijo, recordando la lo genial que se veía Jaune en su forma de Ursa y posteriormente Hipogrifo.
―Transformarse en Grimm ―murmuró James para sí mismo―. Que habilidad tan temible. Poder pasar de ser un rápido Beowulf a un poderoso Ursa o elevarse por los cielos como un hipogrifo, es algo que ciertamente no se ve todos los días.
― ¿Tú lo viste, cierto? ―preguntó Glynda, dirigiendo sus palabras hacia Qrow, quien alzó una ceja de forma interrogante, como si quisiera corroborar que se referían a él.
―Solo lo vi transformado en Ursa y en Hipogrifo ―respondió vagamente Qrow―. No podría asegurar si podía transformarse en cualquier Grimm, pero lo que vi fue suficiente para pensar que hubiese sido un gran cazador si hubiera sobrevivido.
―Por algo a los Arc les dicen los hombres milagro ―añadió Ozpin, recordando fugazmente a algunos de los más notables héroes Arc―. Desgraciadamente, todos los héroes Arc mueren jóvenes― comentó, dándose cuenta de que realmente no había un solo héroe de la familia Arc que hubiese pasado de los treinta.
Entre ellos se instaló un pesado silencio que duró varios minutos, que fue interrumpido cuando la puerta de la oficina de Ozpin se abrió, dejando ver a la persona por la cual habían estado esperando para comenzar formalmente la reunión.
―Te doy la bienvenida ―dijo Ozpin, poniéndose de pie de forma lenta y elegante, sonriendo cálidamente hacia la persona que se acercaba a su escritorio.
…
Nora y Ren se encontraban tomando el desayuno antes de partir a la ciudad para ayudar en las reparaciones. Desde el incidente, las clases fueron suspendidas para que los estudiantes pudieran ayudar en las reparaciones de la ciudad.
Luego de que Jaune los dejara, ambos hablaban muy poco y raras veces habían entablado una conversación de más de cuatro oraciones cortas. Simplemente convivían juntos a lado de Pyrrha, quien igualmente casi no hablaba con ellos a menos que fuera estrictamente necesario. Entre ellos se había esfumado la chispa que los mantenía unidos.
― ¿Quieres jarabe de maple? ―preguntó Ren, tratando de entablar conversación con su amiga.
―No, gracias ―respondió Nora por lo bajo, casi susurrando sus palabras.
Ren decidió no insistir y volvió a concentrarse en su desayuno. Si Jaune estuviera ahí, posiblemente hubiese tratado de animar a Nora con alguna broma tonta, pero él no era Jaune y no tenía ni idea de qué decir.
Repentinamente, Nora rompió en llanto y apartó bruscamente su desayuno, para luego cubrir su rostro con sus manos.
Ren se apresuró y la estrechó entre sus brazos, esperando poder reconfortarla un poco con su calidez.
― ¡Lo extraño! ―gimió Nora.
Ren acarició su cabello y le sonrió―Yo también lo extraño, Nora. Pero él no hubiese querido que nos martirizáramos así. Debemos de ser fuertes por él y seguir adelante.
A este punto, Ren luchaba contra sí mismo y su deseo de llorar aún más la muerte de su amigo y hermano.
―No puedo hacerlo. No quiero olvidarlo ―susurró Nora.
Ren suspiró largamente y buscó en su mente las palabras con las que hablaría a Nora. Quizás para unos era bastante fácil el explicar lo que la muerte de Jaune había sido, pero para ellos él era una parte fundamental de sus vidas.
―Yo tampoco quiero olvidarlo y no voy a hacerlo ―murmuró Ren, atrayendo a Nora hacia su pecho, dándole libre paso a que se desahogara con él.
Nora siguió llorando por un rato más antes de salir del comedor, siendo acompañada por Ren en todo momento.
Todos los demás presentes en el comedor decidieron no intervenir, después de todo, ellos debían aprender a sobreponerse a su desgracia, tal como otros lo estaban haciendo.
…
El Grimm dorado se encontraba correteando a un ciervo por la parte norte del bosque. Desde hacía media hora había estado siguiendo al animal sin poder atraparlo, ya que comenzó a correr tan pronto sintió su presencia entre la densa maleza del bosque.
Los demás residentes del bosque solamente pudieron captar una franja marrón y un destello dorado corriendo por el bosque.
Aquello había pasado de ser una cacería a una competición de resistencia, tarde o temprano uno de los dos tendría de cansarse y el otro aprovecharía para hacer su movimiento.
El Grimm dorado aceleró el paso y se puso justo detrás del ciervo, el cual comenzó a berrear del miedo y se apresuró aun más.
Medio kilometro más adelante, el Grimm dorado hizo una finta hacia la derecha, lo que ocasionó que el ciervo se moviera hacia el lado contrario y se metiera a una extraña formación rocosa con forma de pasillo. Había caído en la trampa del Grimm.
La formación estaba compuesta de altísimas paredes de roca, tan lisas que era imposible escalarlas sin penetrarlas con un objeto muy duro. El ciervo no podría trepar ni volver por donde había venido.
Viendo que el ciervo estaba atrapado, el Grimm redujo la marcha, tomándose su tiempo para recuperar energías y poder atrapar más fácilmente a su presa. Caminó lentamente hasta llegar al final del pedregoso pasillo, donde el ciervo se movía frenéticamente buscando una salida, mientras berreaba horrorizado en busca de ayuda; el bosque era sordo y solo apremiaba a los que fueran suficientemente hábiles como para mantenerse vivos.
El Grimm dorado se acercó más y más hacia el ciervo, hasta que este estuvo a merced de sus garras. Haberse familiarizado con el bosque le había servido de mucho, ya que podía tender trampas eficientes contra sus presas, las cuales había aprendido a cazar aprendiendo sus movimientos y reacciones.
El bosque por un momento quedó en silencio, para luego ser llenado por el grito de agonía de un ciervo, el cual se escuchó por todo el lugar. El bosque seguía siendo sordo, como si no hubiera escuchado nada.
Una vez que el ciervo estuvo muerto, el Grimm dorado procedió a cercenar su cabeza, vaciar sus entrañas y despellejarlo por completo. A diferencia de sus iguales, él prefería hacerlo de una forma más… refinada. No entendía muy bien por qué, pero una parte de su conciencia le dictaba que no debía de comerse a sus presas así. Sus presas debían ser preparadas correctamente antes de devorarlas.
Con su hambre satisfecha, el Grimm dorado procedió a hacer lo que más le gustaba: deambular por el bosque. Recientemente había descubierto que le encantaba pasearse por el bosque a cualquier hora, incluso en las zonas donde los demás Grimm lo veían mal. Aquella simple actividad lo sacaba del aburrimiento y le ayudaba a orientarse mejor en el bosque.
Pasada media hora después de que comenzó su paseo, el Beowulf dorado percibió un extraño aroma, uno que no había sentido antes o que al menos no lo recordaba. Movido por su curiosidad, decidió seguir el rastro del aroma hasta su fuente.
Caminó y siguió caminando hasta que encontró la fuente del aroma. Se trataba de una criatura temblorosa que estaba hecha un ovillo, se veía frágil y pequeña en comparación con los demás habitantes del bosque, por lo que el Grimm dedujo que se trataba de alguna criatura extranjera.
― (Humano) ―dijo para sus adentros, sorprendiéndose inmediatamente por la forma en que había podido reconocer la especie de una criatura que jamás había visto en su corta vida. Pero lo que lo sorprendió aún más, fue el ser consciente de que podía pensar con palabras y ya no con gruñidos.
El pequeño ser asomó su rostro, dejando ver que era una niña pequeña, la cual se quedó de piedra al ver a la extraña criatura frente a ella. Su madre le había contado historias sobre los monstruos del bosque, los cuales se comían a todo aquel que entrara en sus dominios. Viendo que su corta vida llegaba a su fin, simplemente se puso a sollozar por lo bajo, esperando a que al menos pudiera tener un final rápido. Al final y después de tanto llorar, terminó inconsciente.
El Beowulf frente a ella comenzó a acercársele lentamente, movido por una extraña compasión que le era nueva. Una vez que estuvo cerca de la niña, lamió su rostro de forma delicada, saboreando su dulce piel. Su parte bestia le indicaba que lo mejor sería devorarla ahí mismo, embriagarse con el sabor de su sangre bajando por s esófago. Pero otra parte de él le indicaba que eso no era correcto, que aquella pequeña y frágil criatura era prohibida. Algo en lo más profundo de su ser le instó a tomar a la niña entre sus dientes, pero no para comérsela, sino para llevarla a los límites del bosque. Si él había sentido su aroma, muy seguramente las demás criaturas carnívoras del bosque también lo habrían hecho y seguramente se dirigían hacia allí en ese preciso instante.
Caminó a paso apresurado por el bosque, tratando de evitar a los otros Grimm que lo habitaban, ya que intuía que ellos tratarían de quitarle a la criatura que llevaba en sus fauces. Se orientó lo mejor que pudo hasta que llegó a una zona a la que ninguna otra bestia se atrevía a deambular, era una zona con una enorme pared rocosa, la cual mantenía a los Grimm lejos de lo que fuera que hubiese encima.
Quizás para un Beowulf normal hubiese sido un problema escalar la pared, pero él poseía unas garras increíblemente duras y filosas, las cuales se incrustaban fácilmente en la piedra.
Le tomó alrededor de un par de minutos llegar a la cima, tuvo que tener muchísimo cuidado de que la niña no se cayera de su boca mientras subía, por lo que fue un alivio para él poder llegar a la cima tan pronto pudo. Una vez que depositó a la criatura en el suelo, observó lo que estaba más allá de la pared de piedra.
A lo lejos pudo ver como enormes construcciones se alzaban imponentes hacia el cielo, también pudo ver como varios objetos se elevaban por el cielo, yendo y viniendo de ese lugar. Por un momento se sorprendió a sí mismo pensando en dirigirse a ese lugar, pero fue sacado de su ensoñación por un grito que se escuchaba bastante cerca.
― ¡Priscilla! ―gritaba frenéticamente un hombre de cabellos canosos y atuendo de leñador, el cual buscaba frenéticamente a su pequeña nieta, la cual se había perdido desde la mañana luego de una riña que tuvieron.
El pobre hombre tenía el alma en un hilo, nunca se lo perdonaría si perdía a su nieta por una pelea tonta. Siguió caminando por la entrada del bosque hasta que pudo vislumbrar el peñasco que daba al área habitada por los Grimm, donde su quería nieta dormía plácidamente.
En cuanto la vio, el viejo corrió a abrazarla fuertemente, ocasionando que la pequeña despertara y se revolviera violentamente en sus brazos.
― ¡Tranquilízate! ¡Soy tu abuelo! ―gritó el viejo, haciendo que su nieta parara en seco al escuchar su voz.
― ¡Abuelito! ―gimió la niña, abrazando fuertemente a su abuelo, como si este fuera a desaparecer si lo soltaba― ¡Tenía muchísimo miedo!
― ¿Qué te pasó? ―preguntó el anciano, ya un poco más calmado.
La niña se sacudió la nariz y procedió a contarle todo lo que había sucedido.
―Cuando me fui de la casa corrí por todo el bosque hasta que me perdí y unos monstruos feos me persiguieron ―dijo Priscilla, mientras comenzaba a sollozar nuevamente―. Corrí mucho y los dejé atrás, pero me perdí y no supe cómo volver a casa. Después de eso me puse a llorar y otro monstruo llegó conmigo. Pero no era un monstruo malo, no me gruñó ni nada. Creo que él fue el que me trajo hasta aquí.
El viejo se quedó petrificado al oír las palabras de su nieta. Nunca en toda su vida había escuchado de un tan solo Grimm que no hubiese atacado a un humano aun teniendo la oportunidad. Decidido a salir de dudas, el viejo procedió a preguntar a su nieta como era aquel monstruo.
La niña se quedó pensativa un momento y luego dijo―Era como los monstruos que parecen lobos, pero de oro y con ojos azules como el cielo. Era muy bonito ahora que lo pienso.
Al viejo casi le da un infarto al escuchar que su nieta había estado frente a un Beowulf sin nadie que la cuidara. Segundos después, el hombre reflexionó sobre las palabras de su nieta y se dio cuenta de que era imposible que un Grimm dorado la hubiera llevado hasta, primeramente porque los Grimm devoraban humanos y luego estaba el hecho de que ningún Grimm podría trepar una pared de piedra tan grande con esa, puesto que sus garras carecían de la dureza necesaria para perforar las duras rocas. Todo lo que su nieta le contó, se lo atribuyó a su desmesurada imaginación.
Luego de unos minutos más de charla, el hombre alzó en hombros a su nieta y juntos regresaron al poblado donde residían, dejando atrás el Bosque de Esmeralda.
Antes de alejarse lo suficiente, la pequeña Priscilla volteó hacia atrás y pudo ver unos intensos ojos azules entre los árboles, los cuales se veían tranquilos e inmutables. La pequeña agitó su mano para despedirse del Grimm dorado y luego giró la vista para seguir charlando con su abuelito.
― ¿De quién te despedías? ―preguntó el viejo, sonriendo cálidamente.
―Del monstruo de oro ―respondió la niña de forma simple.
El abuelo se encogió de hombros y siguió su camino hacia el poblado, ya casi era hora del almuerzo y apostaba a que su nieta estaba tan hambrienta como él.
El Grimm dorado por su parte comenzó a bajar la pared de piedra y luego se dispuso a seguir con su paseo. Ahora que se detenía a pensarlo, se preguntaba ¿Por qué había ayudado a la niña? Nada lo ataba a ella. Nuevamente aquella parte desconocida de su psiquis le decía que había hecho lo correcto. Poco sabía esta noble criatura de lo que sus actos acarrearían para su propio futuro.
¡Hasta aquí!
Espero que les haya gustado este nuevo capítulo de "La Bella y La bestia". Este es un proyecto que realmente me apasiona y quiero llevarlo hasta el final; claro, si ustedes gustan seguir leyéndolo. Debo decir que esta vez me esforcé muchísimo para escribir un capítulo y le di varias revisiones, agregando cosas y quitando otras. Este cap tuvo algunas partes un tanto poéticas, ya que realmente quiero probar a usar metáforas y otras cosas en esta historia. Espero que no se les haya hecho pesado de leer con tanta referencia a la poesía. Solamente trato de darle un poco más de profundidad a la historia.
Quiero hacer mención especial a Afael, cuyos consejos me ayudaron a mejorar un poquito mis habilidades. Quiero agradecerle también por mostrarme lo negligente que fui al escribir el capítulo anterior. Ciertamente habían muchas cosas fuera de contexto, que eran innecesarias y solo le quitaban seriedad al drama que estaba tratando de retratar.
Esta vez cambié un poco mi forma de escribir, fijándome más en el uso de las comas y los guiones.
Afael, espero que puedas darte un tiempo para leer este nuevo capítulo y dar tu opinión acerca de él. La verdad es que no me enojé con tu comentario, verdaderamente me hubiera gustado que fuera más largo y pudieras mostrarme más de mis errores. Quiero pedirte también que no te contengas al señalar mis errores. Gran parte de mis malos hábitos al escribir se deben a que nadie antes me había dicho que hacía mal o cómo podía mejorar. Valoro grandemente su opinión y que sepas que agradezco que te tomases el tiempo para comentar qué te pareció. Igualmente deseo que puedas disfrutar de este nuevo capítulo y te des una pasada por el anterior, estuve dándole unos retoques y pienso que quedó incluso mejor.
Entiendo perfectamente el sentimiento de ver una buena historia hecha añicos por la falta de experiencia o seriedad que tienen algunos escritores. Así que como tú esperas que yo mejore, espero que también me ayudes. No me tomó mucho saber que quizás tú también quieras ser escritor o seas un ávido lector, dada la forma en que te expresas y lo bien que usas los signos de puntuación. Haciendo mención de los signos de puntuación, trate de usar un poco más el ";" en el cap, espero que me haya salido bien.
También quiero agradecer a la otra persona (cuyo nickname no recuerdo) por haberse pasado a leer esta historia, aunque fuera usando el decadente traductor de google.
You were right dude, is pretty funny read something you don´t know what it means XD.
May the moonlight shine your way.
Solo me queda desearles que pasen un buen rato y que la Luz de Luna guíe sus pasos.
Se despide, Payaso Coronado
¡Hasta la próximaaa!
