Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a JK Rowling, los conocidos y desconocidos.
Summary: Huir de casa era la única opción. Sin embargo, no había contemplado las desventajas que una señorita solitaria podía vivir en las calles de Londres, ni las consecuencias ventajosas que tan horrorosa situación podía atraer. RW/SM—AU—
Gracias por la oportunidad. Sé que muchas prefieren un fic situado en época actual y con magia, es por eso que en el capitulo anterior puse una advertencia al principio. Así que si leyeron y no les agrado no es todo mi culpa ;)
Capitulo 2:
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Scorpius Malfoy, conde de Tyrone, miro con curiosidad a la pelirroja. ¿De dónde había salido esa joven criatura? Dios, le había gritado.
A él.
Y a Scorpius nadie le gritaba, ni siquiera de niño su madre le había gritado.
Sin embargo, esa jovencita recién salida del cuarto de niños se atrevía a enfrentarlo, ni más ni menos que alzándole la voz. Hasta sintió ganas de reír.
Pero no, no podía hacerlo.
A pesar de su atrevimiento, la joven acababa de salir de una casi violación.
Scorpius miro sus manos, el golpe al violador le había brindado moretones y un poco de sangre, además de una agradable satisfacción temporal; era tanta la furia que había sentido cuando fue testigo de la vulnerabilidad femenina, que la fuerza ejercida en el hombre fue tan intensa que el individuo había volado literalmente por los aires. Sin duda, ese desgarbado no aparecería nuevamente por Hide Park. Y bien merecido se lo tenía, a una joven inocente no se le hacía eso y menos a…
No quería pensar en ello.
Rose Weasley…si hasta sintió un revoltijo en su estomago cuando le había soltado el nombre.
Suspiro y miro hacia la joven. Esta observaba con mucho interés un caballo blanco que se encabritaba de vez en cuando.
Era hermosa, sin duda.
Y su padre estaba en lo cierto. Maldita sea, su padre nuevamente tenia la razón. Sintió ganas de golpear un árbol o lanzarse a por el caballo. Quizás le diera unos buenos golpes con las patas. Su padre no lo extrañaría, y él…bueno si él tenía suerte se encontraría pálido e inmóvil en la bóveda familiar.
Scorpius se entretuvo por unos instantes con imaginaciones poco favorecedoras para su padre. Para él era un entretenimiento diario crear estrategias mentales sobre como destruir a Draco Malfoy, que por unos momentos olvido donde se encontraba. Sin embargo, un movimiento tembloroso le hizo recordar a la atrevida joven que se encontraba a su lado.
La miro por unos instantes y se dijo a sí mismo: Idiota.
Rose temblaba de frio.
La noche estaba fresca y el frio ingles ya calaba hasta los huesos a esas horas. Hizo una mueca y se apresuro a sacarse la capa. Prefería enfermarse él, que dejar a una respetable señorita sin cobijo.
—No creerá que le recibiré eso…
Scorpius frunció el ceño y la miro atentamente.
—Eso se llama capa y es para abrigarla—le explico con socarronería.
Rose levanto una ceja. Dios ¿Ella podía hacer eso? Nunca se había encontrado con una señorita de sociedad que lo hiciera. Reprimió una sonrisa.
—Y se que se llama capa, mi lord. No soy estúpida.
No, claro que no. Quiso decirle. Sin embargo, pensó que soltar algo como aquello en esos momentos, sería darle la razón a sus insensatas acciones. Suspiro y dejo la capa sobre la banca. No obligaría a Rose a ocuparla…y dependía de ella si deseaba morirse de hipotermia.
—Supongo que dejara que la acompañe a casa—le dijo Scorpius.
—Supone mal, mi lord. No volveré a casa…
El conde la miro con tranquilidad por unos segundos. Respiro una vez, luego otra y se atrevió a mirarla a los ojos y…
Sus ojos eran increíblemente azules. Por supuesto, hace rato había notado el color. Sin embargo, la cercanía y el matiz desafiante era…absolutamente atrayente.
El suspiro irritante de la joven le trajo de vuelta a la realidad.
—Usted volverá a casa-le dijo con voz tranquila y monótona.
—Mi lord, usted no comprende si vuelvo, ella…
—Yo iré con usted—le soltó con rapidez.
Pondría a esa mujer en su lugar. Y ya se inventaría algo—en el camino—respecto a la escapada de Rose.
—No necesito que nadie me defienda, mi lord. Sola puedo solucionar…
Scorpius retuvo una maldición. Dios, aquella criatura era irritante.¿ Es que no comprendía que en las solitarias calles de Londres podía ser juguete de un hombre peligroso? Ciertamente, a las jóvenes de la alta sociedad les faltaba una introducción al peligro callejero. No sabían nada de nada. Bueno, quizás si sabían bordar y comprar cintas adecuadas para sus cabellos. Pero aquellos conocimientos carecían de importancia. Ahora solo importaba que la obstinada joven le obedeciera.
—Vendrá conmigo y punto. No se diga más.
Rose pestaño una, dos, tres veces…y corrió.
Esta vez el conde no retuvo una maldición, sino que la repitió cientos de veces.
Y la siguió. Al mismo paso.
La condenada corría rápido. Exageradamente rápido.
Tomo una bocanada de aire al momento que sorteaba a unos arbustos y setos. La roja cabellera de la joven, se alzaba como fuego ondeante al viento, a un par de metros por delante. Scorpius fue consciente de que era objeto de un extraño ritmo, sus piernas se movían al son de las campanas de la iglesia que en ese momento indicaban la hora. Sin embargo, su mente se encontraba enfocada en una sola cosa.
Rose. La rebelde Rose.
La joven parecía un apetitoso pastel móvil. Era muy atlética y se movía con gracia, a pesar de llevar un pesado vestido. No pudo evitar preguntarse si la joven se movería de la misma forma en otras circunstancias. Quiso golpear su pie contra la roca que recién había esquivado. Maldita sea, su mente se hallaba confabulada con su padre, sino era imposible que…
Rose ya no corría entre la espesura de los arboles.
Scorpius se detuvo en seco y busco frenéticamente un trozo del vestido rosa o una hebra de cabello roja. No se encontraba nada allí. Salvo…que Rose se había escapado y él era el culpable. ¿Pero en qué momento había desaparecido? Él solo había mirado por un segundo una roca y al otro…
Una maldición se oyó desde las sombras de un arbusto.
Scorpius se acerco rápidamente hacia el lugar. Quiso reír, pero se contuvo a tiempo.
Rose se hallaba con el vestido más sucio y arrugado que hacía unos minutos y su cabello…parecía un nido de pájaros. Se relamió los labios; a pesar del desastroso aspecto, la joven se veía… encantadora o quizás lo más apropiado pensó, era…encantadoramente espantosa.
—Vamos, mi lord. Ríase de mi desgracia…
A Scorpius no le falto que se lo repitieran. Comenzó a reír como un desquiciado. Dios, aquella criatura era graciosa, pero muy graciosa. En realidad, debía trabajar en el circo que se instalaba el fin de semana en la ciudad. Seguro que un número de la joven en paños menores con aquel sutil peinado seria la sensación de la temporada, pensó. Frunció el ceño, ¿Había pensado paños menores?
—Señor, creo que basta con reírse de mi—le dijo Rose con vocecita suave pero determinante.
—Scorpius—le contesto él—llámeme Scorpius.
Se acerco a Rose, le tendió la mano y por segunda vez en la noche, la levanto del suelo. Era tan ligera como una pluma.
La joven le miro fijamente y luego movió la cabeza. Scorpius sintió la urgencia de saber que pensamientos cruzaban por su cabecita colorada.
—Mi lord, no creo que sea adecuado que nos tuteemos…
—Yo creo que es lo más adecuado, mi lady—le interrumpió divertido.
La joven apretó los labios, haciendo una línea perfecta.
—No se enfade. Se ve mucho más bonita con una sonrisa…
—Pues no me apetece sonreírle—le espeto la joven.
Scorpius esbozo una sonrisita socarrona y se acerco más de lo permitido a ella.
—Lo digo en serio. Debería sonreír más seguido—le dijo con voz aterciopelada.
La joven dio un respingo y se removió incomoda.
Scorpius sonrió internamente. Ninguna joven se resistía a sus seducciones. Y la obstinada jovencita no era la excepción.
—Mi lord, no acostumbro a sonreír por nada. Y usted señor, no es gracioso ni lo suficientemente importante para que yo dedique una de mis escasas sonrisas.
La sonrisa interna se desvaneció tan rápidamente como apareció. Rose no le hablaba mirando el suelo como una intimidada jovencita, sino que le miraba atentamente. Y no solo eso. Se había acercado aun más. Y los escasos centímetros que les separaban se le antojaron insoportables.
Dios, aquella criatura era un peligro para su cordura. Por primera vez en la vida quedo sin palabras. Y estaba seguro que ninguna frase ingeniosa saldría a flote en momentos como aquel. El cálido aliento de la pelirroja en su oído, el sensual rizo sobre su cuello de cisne y el aroma que desprendía su cabello, eran una exquisita pero excitante e intolerable tortura.
Finalmente, gracias por los reviews a : Pottersita, alnox2612 y Affy bp
Y también a las demás chicas por los alertas y demases! :)
