Disclaimer: Narutoes copyright deMasashi Kishimoto. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener.
El trama del ficc no me pertenece repito NO ME PERTENECE le pertenece a Enichepi quien muy amablemente me permitió la adaptación de su ficc muchas gracias nena eres súper :))
La historia es de Enichepi cualquier copia total o parcial queda estrictamente prohibido a menos que le pidan su consentimiento
Perfectamente imperfecta
Capítulo 1: Burbuja Reventada
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Mire el reloj con recelo ¿Por qué corría tan rápido cuando estabas ocupada y necesitabas más de él? Desde luego, como Vice-presidenta tenía que quedarme a trabajar después de la jornada escolar normal y eso lo hacía con dedicación, sin ninguna queja al respecto. No por nada había sido elegida con amplia mayoría de votos de los estudiantes, además que me adoraban, ¡Claro esta! También porque sabían que era útil en el puesto. Los profesores confiaban además plenamente en mi juicio.
¿Cómo no? Me sacaba los pelos porque todo saliera como debería.
Estos últimos días estaba trabajando a full. Se avecinaba el Festival estudiantil de primavera y todo tenía que estar en perfecto orden. Los proyectos debían de ser redactados sin errores para el viernes y yo era la que me encargaba de eso.
¿Y el presidente? Se preguntaran. Bueno Sora…¿cómo decirlo?. Él solo sirve para poner la cara y regalar a los profesores y estudiantes sus radiantes sonrisas. Para nada más. Es mi novio, lo sé. Pero tengo que ser sincera. Si quedo como presidente fue solo por su popularidad avasalladora. Cara bonita, cuerpo formado de capitán de futbol pero pocas neuronas. Sus notas son… deplorables que si no fueran infladas por sus puntos extras en deportes quizás ni estaría en esta preparatoria.
Así que prefería mil veces quedarme hasta tarde redactando yo los proyectos, ideándolos y poniéndolos por escrito a dejar que él lo hiciera. De todos modos si Sora lo hiciera al final tendría que re hacerlos y corregir sus múltiples errores, eso solo seria pérdida de tiempo.
Soy perfeccionista, lo sé. Pero la popularidad no se alcanza con descansitos y cosas a medias.
Colocando el último punto, del último párrafo pude respirar tranquila.
Cerré el computador, no sin antes enviarle los archivos a Ami la secretaria del centro de estudiantes. Ella era un amor, revisaba concienzudamente cada papel que le enviaba y me daba excelentes recomendaciones para mejóralas. Era la única –además de mi- que valía la pena en el centro de alumnos. La tesorera Heidi, ni hablar de ella. Solo hay una palabra que la define; Zorra. Toda la preparatoria conocía la talla y el color de su ropa interior.
Bufé.
Cerré por fin la pantalla del monitor y tome mi mochila, algo gastada por el uso, pero arreglada con estilo ( yo misma lo hacia) y empecé a caminar. Mis padres no me compraban nada, nada a menos que fuera estrictamente necesario. Decían que no valía la pena gastar dinero en alguien como yo. Pero no me importaba... porque los fines de semana trabajaba a escondidas de mis padres en una cafetería atendiendo mesas durante las mañanas. Ahí me hacia de lo suficiente como para comprarme lo necesario, digo un par de prendas al mes y algún gusto; como un helado o algo así.
Cerré la salita destinada a las reuniones del centro de estudiantes, guardé la llave en uno de mis bolsillos y me dirigí a los pasillos iluminados por la oscuridad nocturna con paso calmado. No tenía prisa por volver a casa y mis padres ni se preocupaban por mi ausencia, de hecho creo que ni la notaban.
Una de las luces centelleaba en una esquina del pasillo. Me asusté involuntariamente al ver un bulto oscuro agachado en el piso. Al acercarme más, note que era un chico que estaban en el piso recogiendo sus útiles esparcidos por el piso.
Cuando ya me hube agachado a su altura para ayudarlo y tomé un cuaderno de tapa negra de cuero en mis manos note de quien se trataba.
Era el famoso Inadaptado social Uchiha. Sasuke Uchiha. Se decía que era un chico que no le gustaba conversar o vivir entre personas. Que su vocación era ser ermitaño y tenía el celibato como meta en la vida. Se decía también que él no disfrutaba de las comodidades de la vida, que no se bañaba, que no lavaba su ropa, que no compraba ropa y mucho menos sabia lo que era un peine.
Un vagabundo en preparatoria, a pesar de ser hijo de Fugaku Uvhiha, dueño y propietario de la empresa Inmobiliaria más lucrativa de la ciudad.
Jamás me había detenido a mirarlo de cerca y es que me daba cierto temor. Sus miradas de pocos amigos cuando nos cruzábamos eran de temer, si hubiera sabido que era él quien estaba aquí hubiera pasado por alto. Pero ya estaba aquí y ni modo ser tan descortés.
Lo observé de cerca y noté; que a pesar de su vestimenta desaliñada y desteñida, de sus zapatillas sucias por el uso y su peinado desordenado. Estaba muy limpio y olía estupendamente. Su cabello estaba apuntando a todas direcciones pero desprendía un aroma a shampoo de menta exquisito y se notaba sedoso.
Daban ganas de acariciarlo.
¿Quién lo diría? Lo rumores, impartidos por quien sabe quien, en la preparatoria eran falsos. Me sentía hasta un poco culpable por ser partícipe de las bromas que a veces le decíamos a este chico.
Le extendí la mano dudosa con el cuaderno de tapa negra. Al ser levantado se le cayeron unas partituras. Él las tomó apurado y las volvió a guardar en el cuaderno que me quitó de las manos de forma poco amable. Se levantó con su mochila ya llena de todo lo que se le había caído y me miro con gesto despreciativo.
Se colgó el bolso en su brazo derecho y me agradeció escuetamente antes de pasar a mi lado, empujándome con su hombro sin darse cuenta – o quizás si – que me había golpeado.
Me giré para observarlo partir. ¡Menudo idiota!
¿Cómo se atrevía a despreciarme? ¡¿A mi? A quien todos querían y amaban. Tuve que morderme la lengua para no gritar de la frustración. Definitivamente Sasuke era el único chico de toda la preparatoria que no caía por mi perfección y eso me molestaba.
Seguí caminando sin darle importancia a la situación. Él no era nadie para impedir que los demás me quisieran. Extrañamente esto me recordó a mis padres y sus múltiples palabras que trataban de destruir mi autoestima. Lo deje pasar, no valía la pena.
Saqué mi celular para marcar a mi novio. Él me quería, me amaba y me idolatraba. Su celular me mandaba a buzón de voz, lo que me parecía muy extraño. ¿Se habrá ido a su casa ya? Imposible, siempre me esperaba después de sus prácticas y más aún cuando sabía que estaba trabajando en los proyectos del festival de primavera. Mínimo que me esperara para acompañarme a casa si le hacía todo el trabajo del centro de estudiantes.
Llamé a su casa y me contestó su padre. El señor Kouga Nihi, me daba miedo pero bueno era el padre de mi novio.
-Buenas Noches Señor Nihi ¿Esta Sora en casa? – le dije apenas me saludó y reconoció.
-No querida. Aún no ha llegado ¿Es que no está contigo? –
-No, pero no importa seguro ya está por llegar. Lo siento. Nos vemos – me despedí y mi suegro hizo lo mismo.
¿Sora…se fue? Me preocupe. Él nunca se iba sin despedirse de mi ni mucho menos sin decir adónde iba si no iba conmigo.
Aún preocupada revisé mi mochila en busca de alguna nota que quizás me haya dejado en algún cuaderno o algo. Al revisar y no encontrar nada me percaté que no traía mi Ipod conmigo.
Con la cabeza pensando en donde podía estar mi novio me devolví a la sala del centro de estudiantes. Quizás haya dejado mi ipod – que tantos fin de semanas me costó – allí. Entre y busque sin resultados, cuando salí y volví a cerrar, repase mi día y decidí ir a nuestra sala de clases a revisar mi casillero… era el único lugar donde se me podía quedar.
Los pasillos estaban solitarios pero eran mucho mejores que las paredes de mi casa. Cuando estaba por abrir la puerta corrediza de la sala 304 del segundo piso del edificio norte del instituto me di cuenta que no estaba solitaria. Había gente y por curiosidad me quede escuchando. Quien sabe quizás eran ladrones o dos profesores con ánimos calientes.
Me reí silenciosamente antes aquella posibilidad. Eso sería un buen chantaje en su momento.
-¿Estás seguro que no nos pillaran?- dijo una voz tratando de ser sensual. La reconocí al instante. Heidi, ¿Quién más? Ninguna chica tenía aquel irritante tono de voz de video porno español.
-Sí, ya no hay nadie. Además los conserjes no vienen hasta después de las diez de la noche –
Esa voz… negué incrédula. No podía ser él.
-¿Y Sakura? – susurró Heidi.
-Ella pasa toda la tarde en la sala de centro de estudiantes y se encierra arreglado los proyectos. Es una ratita de biblioteca camuflada en un cuerpo muy caliente –
¡Era Sora! Mi novio, el que decía amarme, adorarme, quererme… la única persona que yo creía que le era importante sin importar que…
Me estaba engañando y quizás desde cuándo. ¡No puedo creerlo!
- Oye Sora… no es de caballero piropear a otra cuando estas a punto de…-
- Shhh – escuché un sonido como de un beso - tú tienes un cuerpo mucho mejor Heidi y me encantas –
Cuando comencé a escuchar gemidos, fue suficiente para mi. Corrí alejándome de eso y dejando que las lágrimas inundaran el perfecto rostro que había creado para que me quisieran, para que me adoraran ¿Y que había conseguido? Traición. Sora me había utilizado, como vil muñeca de trapo y yo… yo… había dependido tanto de él.
-¡Mierda! – gemí con la garganta cerrada del dolor y los ojos inundados de las lágrimas que demostraban mi sufrimiento.
¿Es que ahora nadie me quería?
Jamás podría superar a mi hermana, jamás seria lo suficientemente buena para nadie. Nadie me valoraba, nadie me necesitaba… nadie me quería.
Sin más seguí corriendo hasta que algo me detuvo. Sin mirar me aferre a ese algo, más bien alguien y lloré en su regazo mojando su ropa en el acto. La persona que me detuvo no me consoló, ni me abrazo solo estuvo ahí mientras dejaba las lágrimas y los gemidos de dolor inundar el silencioso espacio estudiantil.
A lo lejos se escuchaban unos pasos y el sonido de algo siendo arrastrado. La persona que yo había supuesto que era el conserje, por el característico sonido de el aparato limpiador al ser arrastrado, se acercaba rápidamente. Por primera vez levanté mi rostro para encarar a la persona que había presenciado el acto más vergonzoso de mi vida -esto prácticamente podría inundar mi reputación y dejarme en la calle.
Sasuke Uchiha me miraba sin emoción. Me observaba llorar sin más y en este momento lo agradecí. Ya con los sonidos del conserje a la vuelta de la esquina, el muchacho de pelo azabache me arrastró sin delicadeza hacia una de las salas especializadas del recinto. Era el laboratorio de Biología, con sus grandes y largas mesas, sus microscopios y sus muestrarios esparcidos por algunas mesas.
Si no estuviera llorando de seguro haría una mueca de asco hacia la rana que estaba abierta en la mesa del profesor.
Mire a mi acompañante con recelo pero aún llorando. Agradecí nuevamente que haya sido él quien me haya encontrado en este estado. Como dije antes, este chico era el único de todo la preparatoria de Kiwasaki que no me idolatraba. Por lo que si me veía en esta situación de seguro su percepción de mi no cambiaria mucho. Estaría, de seguro peor que antes.
Aún estaba aferrada a su desteñido poleron, quizás era la única cosa que me mantenía en pie en estos momentos. Incluso el aroma a menta combinado con canela me relajaban al grado de detener en parte mi pequeño episodio de histeria.
Esperé a que mis gemidos terminaran para volver a abrir los ojos y volver a mirarlo. El conserje ya había pasado y aquí estaba segura que nadie nos molestaría ni nadie me vería en tal condición... tan deplorable.
Sin embargo, recordé la cara de Sora cuando me decía lo perfecta que era o cuando los demás al verme pasar del brazo del capitán de futbol me miraban con admiración, y comencé a llorar de nuevo esta vez acompañándolo de pequeños grititos ahogados en el pecho de Sasuke.
Mis padres estarían tan orgullosos de verme derrotada.
-¡Ey! ¿Qué te pasa?– Me preguntó zamarreándome fuertemente desde mis brazos. No pude responder, de mi boca solo salían monosílabos incoherentes.
-Sora…Heidi…No…– un grito desgarró mi garganta al recordar todo lo inútil que soy.
¿Dónde quedaba el amor? ¿Dónde quedaba la popularidad cuando las personas en las que confiabas y querías te engañaban de esa manera? ¿Cuándo las personas que deberían apoyarte, te destruyen a cada oportunidad que tienen?
En esta oportunidad sentí como los brazos de Sasuke se aferraban a mi espalda dándome confort y aliento. Lo aprecie, de verdad. La persona que menos pensé que podría ser mi apoyo y sostén en estos momentos me estaba abrazando.
Sin embargo eso no era cierto, el hacía todo esto por lástima y aún así no me importo. En este momento lo único que quería era sentirme querida, amaba, necesitada y deseada…
Lo necesitaba con extrema urgencia.
En un impulso que me fue imposible detener moví mis manos desde su poleron ya arrugado y mojado por mis lágrimas, hacia su cuello acariciando en el acto sus hombros y su mandíbula bien marcada. Encuadre su rostro con mis pequeñas y delicadas manos y acerqué mi rostro al suyo posando mis labios desesperados por contactos en sus labios.
Los acaricié, suspiré, intenté que abriera su boca para recibirme pero no lo logré. Me separé unos centímetros sin dejar que mis manos salieran de su lugar. Él aún tenia sus manos en mi espalda, inmóviles.
-Nadie me quiere, nadie me necesita – le dije con la voz entrecortada - Sé que soy un estorbo, la peor basura pero… por favor Sasuke, te necesito –
Volví a besarlo y esta vez noté con tímidamente me devolvía los besos en los labios.
-Te necesito, sólo por esta vez. Imagina que soy otra… Pero por favor – le rogué y eso fue el detonante para empezar.
Sus manos viajaron a mi cintura haciendo que su cuerpo y el mío quedaran casi fusionados en uno del otro.
Lo necesitaba… necesitaba sentir mediante un cuerpo que alguien me quería y me deseaba por muy mentira que fuera. Necesitaba el cariño e incluso el deseo que esto me brindaría.
Nos arrastramos hasta chocar contra una de las mesas mientras nos besábamos con desesperación. Con mis ojos cerrados pude sentir como sus manos se volvían gentiles al tocar mi piel desnuda al comenzar a levantar cada prenda de mi ropa y a dejarla en el piso. Me había quedado sentada en el borde de la primera mesa que nos topó y mis piernas habían saltado a cruzarse en sus caderas que detonaban indudablemente que me deseaba.
Alguien me deseaba y me necesitaba. Estaba feliz.
Mis labios viajaron a su cuello haciendo que él gimiera y siseara del disfrute. Con mis manos aún temblorosas por el anterior ataque de llanto le desabroche su poleron azul y se lo retiré con su ayuda. Su pantalón y nuestra ropa interior no tardó en acompañar las demás prendas, las suyas y las mías en la baldosa fría del piso del laboratorio.
Aún sin abrir los ojos y con nuestras bocas separadas, en busca desesperada de oxigeno nos detuvimos en las caricias para observarnos. Notaba como su mirada me examinaba, no depravadamente como tantas veces sentía que lo hacía Sora sino con admiración. Abrí los ojos y lo pude comprobar, jamás había visto esa mirada en los ojos de aquel chico y eso me llenó de algo tan cálido y profundo que me hizo sentir completa.
Cada caricia y cada beso habían sido tan cuidadosos que me había dejado con una sensación que yo era alguien importante. Alguien delicado.
Él solo lo hace por lástima
Después de que terminara su inspección y que yo terminara la mía – sorprendiéndome de lo hermoso que era –nuestras miradas chocaron produciendo una descarga explosiva. Volví a alargar mis manos hacia su nuca y lo atrajé hacia mi besándolo con toda la ternura que poseía, en forma de agradecimiento por lo que me estaba haciendo sentir.
Sus manos recorrían cada recoveco de mi expuesto cuerpo. Me petrifiqué cuando sus suaves dedos dieron con el lugar tan prohibido para mi; mi espalda. Lugar que escondía uno de mis más oscuros secretos.
Lo miré con recelo y miedo a que me rechazara. ¿Qué pensaría cuando descubriera que la perfecta Sakura venia dañada con una horrenda cicatriz? Luego de unos interminables segundos - para mi - él solo se dedico a besarme y con la yema de sus dedos recorrió toda la extensión de esa marca de mi piel haciendo que se erizara cada terminación nerviosa de esa zona.
Un acto tan sencillo y tan significativo para mi. No quería que todo esto terminara nunca, jamás me había sentido tan… especial.
-No traigo preservativos – me dijo mirándome fijamente y yo solo negué antes de agregar.
-No importa, me cuido – se acercó lento y sensualmente haciendo que nos rozáramos de nuevo. Cerré los ojos dejándome llevar por su calidez.
Pude sentir la punta de su miembro acariciar mis labios íntimos, incitándome a mover mis caderas para poder recibirlo. Estaba lista para eso y él estaba listo para introducirse en mi. Con un gemido ronco de ambas partes nos acoplamos en perfecta sincronía.
Las embestidas eran tan suaves y a la vez tan profundas que pude imaginar que las hacía con cariño, que de verdad lo estaba disfrutando porque lo escuchaba gemir en mi oído con cada penetración. Sus manos me afirmaban desde mis muslos y una viajo desesperada hacia el punto de nuestra unión acariciándome y haciéndome explotar en segundos.
Fue lo más asombroso que alguien me haya hecho.
Mientras el orgasmo me invadía, grité su nombre y el gimió roncamente en mi oído proporcionándome una exquisita extensión de la sensación de placer. Nos seguíamos moviendo una y otra vez, sabía que él ahora tenía que llegar a su clímax. Con mi mayor esfuerzo y ayudándome con mis manos en sus hombros me impulsé con energía moviéndome de arriba hacia abajo para poder darle algo del placer que me había brindado.
Estaba tan agradecida además.
Mi boca jugaba con la suya y nuestras lenguas se encontraban cada vez que las sensaciones lo permitían logrando un juego erótico ideal y su piel parecía quemar la mía ante el contacto tan íntimo que teníamos.
Al cabo de unos minutos en la faena, pude sentir como explotaba en mí y fue la sensación más hermosa que haya experimentado.
Me sentía querida… me sentía mujer, me sentía bien al saber que la única persona que me rechazaba en este mundo de estúpida perfección por algún extraño motivo que desconocía, o por lastima, me había demostrado en un acto íntimo que le importaba aunque sea por unos pocos segundos como para besarme y acariciarme de la forma en que lo hizo.
Solo una vez, quizás solo por deseo, quizás imaginando que era otra… pero eso en este momento me bastaba.
Después de descansar apoyados en el otro, el se separó de mi dejándome con un sentimiento de vacío en mi interior. Nuestros cuerpos sudados brillaban ante la luz de la luna que se colaba por las ventanas del laboratorio... lo observé mientras se vestía y quede embobada.
Debería sentirme la peor basura además, por utilizar a Sasuke. Pero no pude evitarlo; bajo ese halo se veía como nunca antes lo había visto. Los rumores no eran nada más que tonterías infundadas ¿Celibato? Sí, Claro.
Me vestí también cuando noté que no me miraba, por un momento lo había olvidado. Este chico, Sasuke me odiaba y yo…le había rogado que tuviéramos sexo. ¿No debería él, mínimo pensar que era una zorra ofrecida? Pero yo no tenía sexo con cualquiera, mi …con Sora fue con la única persona con la que había tenido relaciones sexuales con nadie más.
Bueno, y ahora con Sasuke.
Aceptaría su odio de ahora en adelante, aceptaría todo y le agradecería con mi vida no dejar que me derrumbara. ¿Y ahora qué? Nos despediríamos y haríamos como si nada hubiera ocurrido. Yo sé que él lo prefiere así… quizás él no quiera que lo vinculen conmigo.
Me odia.
Tomé mi mochila del piso y me acerqué a él, tímida…como nunca y es que él había conocido la peor parte de mí, la parte que jamás mostraba.
¿Quién hubiera pensado que Sakura Haruno, la chica popular, se destrozaría tanto? ¿Quién pensaría que la persona que la consoló y le ayudo fuera él?
Nadie lo pensaría.
Pero ¡vamos! Yo no soy perfecta, jamás lo he sido. Pretender a ser es diferente…mi espalda es prueba de ello.
Como dolía reconocerlo.
-Sora y Heidi me engañaban a mis espaldas. Hoy lo he sabido y eso me ha destrozado. Creí que me quería, que me amaba pero eran puras mentiras, solo estaba conmigo porque era popular y bonita ¿De qué sirve eso? De nada no es nada más que basura… como yo.- le confesé sin poder detenerme. Sasuke se merecía una explicación a mi comportamiento como mínimo.- Yo soy la que hace todo, la que da la cara, la que piensa y ¿qué me gano? Nada, nadie me quiere y nadie me respeta… ni yo misma. Soy un asco- hice una pausa sin levantar la vista - No me importa si divulgas esto después, realmente no me importa –
Mentira, si me importaba.
-No, Yo no …- susurró roncamente y algo enfadado ¿Es que siempre hablaba así?
-De verdad, No importa – le interrumpí levantando la mano - Lamento que hayas tenido que verme así y que te haya obligado a … acostarte con esta porquería– me indiqué mientras lo decía.
-Nadie me obligo –
-Pero te lo pedí lastimosamente – reí amargamente, mientras levantaba mi vista para mirarlo – Sasuke, de verdad muchas gracias. No sabes…- ahogué mis lágrimas cuanto pude – No sabes lo que significo para mí, podemos hacer como si esto nunca hubiera pasado –
Con unas míseras gotas mojando nuevamente mis mejillas, me acerqué y besé delicadamente sus labios a manera de despedida.
-Gracias- le repetí antes de irme.
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