Disclaimer: Nada en el universo de Harry Potter es de mi propiedad.
Aviso: Este fic participa del reto "En tiempos de guerra" del foro "La Sala de los Menesteres.
Full circle
Acto II: Omega
¿Cómo es que Harry Potter sigue con vida?
Esa era la pregunta más acuciante dentro de la mente de Lord Voldemort mientras la batalla rugía de manera ensordecedora alrededor de él. Maleficios volaban de un lado a otro en una confusa sinfonía de colores, luces y gritos. El suelo se estremecía de vez en cuando a causa de la furiosa pelea de los gigantes. Cada vez más cuerpos regaban los terrenos de Hogwarts, de Mortífagos y defensores por igual. Pero Voldemort sólo tenía ojos para la persona frente a él, una persona que se suponía que debía estar muerta.
—¿Te gustaría saber algo, Tom, antes que cometas otro error garrafal?
Voldemort sentía sus entrañas llenas de lava candente al escuchar semejantes palabras de ese persistente y odioso Potter. ¿Cómo demonios se atreve a decirme esas cosas?
—¿Te atreves…?
—¡Sí, me atrevo! —desafió Harry, sin el miedo de sus padres ensombreciendo su cara—. ¿Quieres saber por qué tus maleficios no funcionan? ¿Quieres saber por qué no has matado a ningún enemigo tuyo en esta batalla?
Ese idiota se está burlando de mí. Voldemort, entre tanta rabia y frustración, se dio cuenta que Potter tenía algo de razón. ¡Pero yo maté a Snape! ¡Y él mató a Dumbledore! ¡Yo soy el auténtico dueño de la Varita de Saúco! ¡Yo, y nadie más!
—¡Yo, Lord Voldemort, he hecho cosas que Dumbledore no se atrevió a hacer! ¿Y sabes por qué? ¡Porque era débil, demasiado débil para decidirse a buscar el poder!
—¡Quizá Dumbledore sabía más que tú y por eso nunca lo hizo! —replicó Harry, todavía desplazándose en círculos frente a Voldemort—. ¡Tampoco te diste cuenta que Snape, el hombre que mataste para ganarte la lealtad de la Varita de Saúco, nunca fue tu espía! ¡Comenzó a trabajar para Dumbledore cuando supo que tratabas de matar a Lily!
Voldemort no dijo nada. La batalla todavía seguía su curso… y todavía sentía las cenizas del acceso de rabia que lo asaltó cuando Bellatrix Lestrange cayó sin vida a pocos metros de él.
—¡Nunca has podido entender lo que es el amor Tom! —seguía gritando Harry, y Voldemort sintió otra vez esa sensación como de escuchar uñas rasgando una pizarra. Ya estaba harto del omnipresente amor—. ¡Por eso nunca supiste lo que sentía Snape por Lily! ¡Por eso nunca supiste de su deserción!
—Sólo estás demorando lo inevitable, Harry Potter —dijo Voldemort al fin—. Esta vez, no habrá nadie que te salve de tu total destrucción.
—No habrá nadie —dijo Harry, más calmadamente que hace segundos atrás—. Pero la varita que tienes en tus manos, Tom Riddle, nunca fue de Snape.
—¡YO LO MATÉ!
—¿No lo entiendes? Dumbledore acordó su muerte con Snape. Nunca fue derrotado, así que la varita nunca podría haber sido suya.
—¡PATRAÑAS, POTTER! ¡NADA DE LO QUE DIGAS EVITARÁ QUE MUERDAS EL POLVO!
—Pero ese no es el punto, Tom —dijo Harry, la varita de endrino apuntando sin vacilar a su enemigo—. Alguien derrotó a Dumbledore antes que Snape lo asesinara.
Esta vez Voldemort se dio la licencia de pensar en las palabras de su némesis. Aun en el fragor de la batalla, no podía dejar nada al azar, no cuando se trataba de Harry Potter. Pero no alcanzaba a imaginar quién más pudo haber obtenido la Varita de Saúco antes que Snape. No obstante, las palabras de Potter eran vacías, así como sus esperanzas de sobrevivir.
—Poco importa quién haya derrotado a Dumbledore. La varita es mía, la obtuve yo en contra de la voluntad de su último dueño y ustedes están al borde de la aniquilación más absoluta. ¡Todos van a morir!
—¿Y si te digo que fue Draco Malfoy quien desarmó a Dumbledore? ¿Y si te confieso además que desarmé al pobre Draco en la Mansión Malfoy?
Voldemort sólo podía saber que Potter estaba hablando por el movimiento de sus labios. No escuchaba ninguna palabra. Las palabras no lo iban a ayudar a sobrevivir. Era tiempo de completar el círculo de una vez por todas, cumplir los términos de la profecía y finiquitar de una vez el asunto que ya llevaba más de quince años molestándolo, atormentándolo. Ya no tenía sus preciados Horrocruxes, pero su habilidad mágica estaba más allá de todo lo conocido.
—¿Sabe la varita que tienes en tu mano, Tom, quién fue su último dueño? Si es así —Harry hizo una pausa para dejar caer la bomba sobre su archienemigo—, entonces yo soy el auténtico dueño de la Varita de Saúco.
Voldemort miró a su alrededor. Aquella era la oportunidad de acabar con Harry Potter de una vez por todas. Tenía todo a su favor, aunque sus Mortífagos cayeran como moscas en el campo de batalla. Sabía que si mataba a Potter, la balanza del poder se inclinaría en la dirección correcta, no importando si sus enemigos ganaban la guerra. Tenía en sus manos la varita más poderosa del mundo, habilidad mágica sin paralelo y una determinación maquiavélica. ¿Y qué tenía Potter?
Amor.
Eso era todo.
No significaba nada.
Voldemort enarboló su varita y pronunció las terribles palabras que enviarían a Harry Potter a un lugar del que jamás podría regresar, mientras que su contrincante también alzaba su arma y gritaba al aire de la mañana unas palabras que Voldemort no escuchó.
Y, como la primera vez, su mundo se vino abajo. Pero, a diferencia de la primera vez, ese fue el fin.
¿Comentarios? ¿Críticas? ¿Elogios? ¿Crucifixiones?
