Aún consciente, la jefa de la Garra Invernal notó un lecho duro y frío bajo su espalda. Trabajosamente, sus pulmones se llenaron de una bocanada de aire gélido. Permaneció inmóvil hasta que pudo respirar con normalidad, lo que le permitió centrarse en su siguiente problema: la flecha de hielo profundamente hincada en su hombro izquierdo. Con su mano derecha trató en vano de quebrarla, mas le resultó imposible al comprobar que no solo era incapaz de romperla, sino que incluso a través del cuero de sus guanteletes su frío le entumecía la mano.
Los gruñidos y resoplos de su montura a unos diez metros sobre ella, fuera de la grieta, le dieron una nueva idea.
-¡Ve a buscar ayuda, Bristle!-Ordenó, alzando la voz todo lo que su estado le permitía.
Al punto pudo oír a su fiel montura alejarse al trote de la abertura.
No muy lejos de ella, Ashe apenas era capaz de discernir qué ocurría ante ella. Todo daba vueltas, su costado le quemaba a causa de las heridas, y en la zona en la que recibió la embestida notaba un dolor insoportable. Sus ojos empezaban a anegarse en lágrimas de pura agonía cuando vio algo moverse ante ella. Allí estaba Sejuani, levantándose y dirigiendo su glacial mirada directamente a su enemiga. Presa del pánico, la joven trató de arrastrarse de espaldas en la dirección contraria y poner entre ellas algo más de espacio, pero la jefa logró ponerse en pie definitivamente, haciendo caso omiso del dolor que le causaba la flecha que aún se alojaba en su carne.
-Y la liebre se arrastra, malherida. Sus huesos rotos, su sangre derramada, pero ella sigue huyendo del lobo-Se burló con aire de suficiencia.
Cerró la distancia que las separaba y se agachó ante la malherida Ashe con una sonrisa victoriosa dibujada en su rostro. Su yelmo yacía en el suelo de la brecha, con lo que sus níveos cabellos desordenados le conferían un aspecto salvaje. Agarrando a la chica de un tobillo tiró de ella hacia sí, luego la tomó del vestido y la levantó del suelo sin apenas esfuerzo.
-Levántate-Dijo sosteniéndola contra la pared. Los pies de la joven no tocaban el suelo. -Así...quiero ver bien tu cara cuando te rindas ante mí.
-Eso...no sucederá-Consigue decir la otra, respirando a duras penas.
-Bristle traerá a mis guerreros hasta aquí, y una vez fuera de esta grieta te obligaremos a ceder el trono a aquellos que sí merecen gobernar Freljord.
Ashe logró aferrar con su mano la flecha de hielo que estaba clavada en el hombro de su enemiga y entonces la retorció, con lo que Sejuani notó una nueva punzada de dolor en la herida.
Soltó a su rival mientras ella misma caía sobre sus rodillas, presa de aquel agónico dolor que se extendía desde su hombro a lo más profundo de su ser. Podía notar los pequeños fragmentos helados que se habían desprendido de la punta hincarse aún más en su carne, congelándose nuevamente y sometiéndola a una tortura que ya habría hecho que cualquier otro se hubiese desmayado por el dolor.
-¡Zorra sin honor!-Bramó la jefa.
Sabiendo que ahora tenía la iniciativa, la joven volvió a hablar.
-Sacaré esa flecha, con una condición.
-Jamás aceptaré nada de lo que me digas-Masculló la berserker acercándose a su enemiga y rodeando su cuello con sus fuertes manos, lista para darle muerte de una vez por todas.
-Mátame, y tú morirás antes de que alguien llegue, congelada o desangrada. Déjame salvarte y podremos hablar como personas y no como animales-Dijo Ashe mientras su cuello era constreñido más y más.
-Sácame esto y me pensaré no aplastar tu cabeza bajo las pezuñas de Bristle- Amenazó, aminorando la presión.
-No tiene que ser así siempre, podemos hablar.
-Solo los cobardes hablan. Actúa o cállate.
Ella asintió, convencida de que de momento no iba a conseguir nada de la otra.
-Siéntate y apóyate en la pared-Ordenó la adolescente.
Ella obedeció a regañadientes, pero manteniendo una mano en su cuello, lista para aplastar su tráquea a la menor señal de peligro. Cuando Sejuani estuvo sentada contra la pared de hielo, Ashe se sentó en sus muslos y se inclinó sobre ella para examinar la herida. Con un rápido movimiento, quebró el astil de la flecha, lo que provocó una nueva descarga de dolor y que la férrea mano de su enemiga se cerrase un poco sobre su cuello.
-Cuidado con lo que haces, ramera-Dijo ella, jadeando y cerrando los ojos a causa del dolor.
-Sabes lo que tengo que hacer ahora para sacarla-Murmuró la chica, temerosa de su reacción.
-Hazlo de una vez-Asintió la otra.
Lentamente, desabrochó los cierres y hebillas de la armadura de la mujer. Luego, tiró suavemente del borde de su traje para dejar al descubierto la herida, dentro de la cual permanecían la punta de la flecha y una pequeña parte del astil. Intentó concentrarse, a pesar de su propio dolor, y sus hábiles manos estudiaron con detenimiento el orificio.
-Tengo que saber que no me matarás si lo hago-Declaró.
La mano que antes amenazaba su garganta pasó a posarse en su muslo, pero aún notaba la tensión que invadía a la mujer a la que intentaba ayudar. La jefa parecía visiblemente incómoda ante el hecho de que su pecho esté casi al descubierto, pero no hace ningún movimiento.
-¿A qué esperas? ¿Te perturba ver sangre de cerca por una vez en tu vida?-Se burló entonces.
-¿Qué es lo que odias tanto de mí?-Inquirió la joven mientras seguía palpando alrededor del agujero de entrada del proyectil.
La respuesta llegó cargada de rabia, pero su tono parecía más dolido que airado.
-Odio en lo que te has convertido. Odio en lo que conviertes a mi pueblo, nuestro pueblo. Odio que de la misma tierra que me dio a luz haya salido un adalid de la debilidad como tú, dispuesta a tener trato con los forasteros y...
Se interrumpió cuando, sin previo aviso, Ashe introdujo sus dedos la herida y empujó la punta de flecha hacia adelante para hacerla salir por el otro lado. La forma de la punta haría que sacarla hacia atrás solo desgarrase aún más la carne, así que tiene que salir de frente, atravesando un poco más de músculo. La mano de Sejuani se cerró sobre su muslo con violencia, haciendo que la chica por poco perdiera la concentración. Sitió cómo la antes fuerte líder se quebraba en un rugido de agonía que retumbaba en las paredes que las rodean.
-Abre la boca-Ordenó.
Sejuani obedece, cegada por el dolor que sufre mientras la punta helada se abre paso. La adolescente colocó su antebrazo entre los dientes de la jefa.
-Muérdelo- Añadió.
Apretar la mandíbula aliviaba en parte el suplicio. Ejerció tanta presión con los dientes que la piel de la joven casi se rasgó incluso a través de su brazal de piel, mas no le importaba. Un último empujón y la punta salió definitivamente por el otro lado. Retira su antebrazo y, sin importarle ya lo que pase, se deja caer pesadamente contra su rival, con su frente apoyada en la de ella. La arquera rasgó entonces la tela del bajo de su vestido y la usó para detener la ya de por sí leve hemorragia.
Ambas jadeantes tras el esfuerzo, ambas manchadas con la sangre de la líder de la garra invernal. Su piel estaba perlada en sudor, a pesar del frío reinante. Se miraban mutuamente a los ojos, separadas por unos centímetros, tan cerca que sentían el cálido aliento de la otra en sus respectivos labios.
-¿Qué es lo que odias tanto de mí?-Preguntó la más joven de nuevo, aún falta de aliento.
-Odio...en lo que te has convertido...odio...lo que representas...-Recitó la mujer.
-¿Siempre ha sido así?-Insistió.
-No...-Murmuro entre dientes Sejuani, que recobraba su furia inicial a medida que se recuperaba de la intervención.
-¿Tiene que ser siempre así?-Preguntó Ashe, rodeando el rostro de su enemiga con las manos y cerrando los ojos.
-Te odio...-Susurró la jefa, sucumbiendo al fin.
Sus labios colisionaron en un beso hambriento y pasional en el que ambas trataban de imponerse a la otra por la fuerza, pero pronto la mayor tomó el control. Las manos de la chica despeinaban la melena blanca como la nieve de Sejuani, pero ésta no estaba dispuesta a permitir a aquella niña tomarse tantas confianzas.
Con férrea determinación, tomó a Ashe de las muñecas y luego mantuvo sus brazos a la espalda de esta, inmovilizados. Sus forcejeos no hicieron sino animarla a seguir con su juego.
-No oses tocarme con tus débiles manos-Ordenó inclinándose hacia delante, cosa que lanzó a la otra contra el suelo.
En un instante la berserker estaba sobre ella, aprisionándola contra el hielo. Con una sola mano, sujetó ambos brazos de la adolescente por encima de su cabeza, mientras que la otra la usaba para separar sus piernas y así poder colocarse entre ellas. Ahora Ashe yacía indefensa bajo su voluminoso cuerpo. Aunque intentó revolverse al principio, pronto supo que no sería capaz de escapar a las garras de su enemiga. Tras un nuevo beso en el cual Sejuani dejó clara su dominancia, descendió poco a poco, trazando un camino por la piel de la arquera a base de mordiscos y besos. Succionaba aquí, mordía allá y lamía acá, arrancando suspiros y algunos estremecimientos en su prisionera, la cual sintió cómo el placer que le proporcionaban se juntaba con el dolor que sufría a causa de sus heridas.
El peso en sus costillas también le provocaba un gran dolor, mitigado en parte por las poco tiernas caricias que ahora hacían descender los tirantes de su vestido. Sintió que la jefa le liberó las manos y, en un acto reflejo, trató de acariciar el cabello de Sejuani. Quería pasar sus manos por su pelo, su rostro...
-He dicho que no me toques-Le recordó la mujer, haciendo una leve presión en su costado con las yemas de los dedos.
La repentina punzada de dolor la convenció de que era mejor obedecer y mantener las manos sobre la cabeza. Casi no logra contenerse cuando notó los labios de su captora jugar con uno de sus pechos. También notó cómo ella sonreía con malicia contra su piel tras haberle arrancado un pequeño quejido con un suave mordisco en la cúspide de uno de sus senos. Una mano sigilosa comenzó a tentar entonces por debajo de su falda, acarició la parte interior de sus muslos y se posó en su sexo.
Muy lentamente, Sejuani frotaba su mano contra su intimidad, jugando a la vez con sus pechos. Los suspiros se tornaron gemidos, cada uno de los cuales acompañado de satisfacción y sufrimiento a partes iguales. Tortuosamente lenta, la mujer empezó a descender plantando besos y pellizcos sobre la delgada figura de la arquera. Le llevó lo que a Ashe le parecieron horas llegar hasta su abdomen, y aún más empezar a alcanzar su ya humedecida entrepierna.
-Sejuani...-Murmuró ella, casi suplicante.
Su lengua trazó sobre su piel el corto camino que la separaba ya de su meta. Cuando al fin llegó, no se hizo más de rogar. Se quitó los guantes rápidamente, y a la lengua la acompañó un dedo en su acometida. Su espalda se arqueó bruscamente, de su boca saliendo un quejido lastimero.
El mundo pareció detenerse en aquel instante para ella. Sejuani añadió un segundo dedo, comenzando un movimiento rítmico mientras su no menos experta lengua hacía a Ashe temblar y estremecerse a cada movimiento.
Sin poder contenerse más tiempo, sus manos se aferraron con fuerza al cabello de Sejuani, la cual se detuvo en el acto. Alzó la vista para mirarla a los ojos, con aquella sonrisa depredadora aún en su rostro.
-Por favor...-Suplicó la chica, ya con lágrimas rodando por sus mejillas.
La jefa chasqueó la lengua, pero toleró el contacto y volvió a poner en marcha su encanto.
A medida que llegaba al clímax, todo dejaba de tener sentido para la joven. Todo lo demás dejó de importarle a medida que se acercaba más y más.
-Eres débil-Dijo la otra en tono de reproche.
-Sí-Asintió ella, temerosa de hacerla enfadar de nuevo.
-Eres una niña mimada que no debió enfrentarse a mí en una guerra-Prosiguió, clavando profundamente las uñas de su mano libre en el muslo de su presa.
-Lo soy-Asintió otra vez, ya casi al borde del abismo.
-Debiste dejar que otros se hiciesen cargo de lo que no sabías manejar, ¿verdad?-Atacó de nuevo la jefa.
-¡Sí!-Se oyó a sí misma chillar, coincidiendo con una de las acometidas,
Casi estaba ahí, tocando el cielo. Solo necesitaba que Sejuani consintiera en acelerar el ritmo para permitirle alcanzarlo.
-Se...Sejuani...-Imploró con voz temblorosa.
-Suplica.-Le ordenó la jefa, deteniéndose súbitamente.
-Te lo suplico... Por favor... Dámelo...-Cedió finalmente la arquera, desmoronándose por completo.
-Por fin te rindes ante mí-Rió la otra.
Poco después, una descarga de emociones se abre paso a través de su cuerpo y la hace tirar del cabello de su captora y arquearse balbuceando cosas incoherentes, con el rostro bañado en lágrimas y el cuerpo dolorido, pero al mismo tiempo más en paz que nunca. Cuando al fin volvió en sí, sintió cómo Sejuani salió de su interior y subió para mirarla cara a cara, con sus rostros una vez más el uno frente al otro.
-Te has rendido-Le susurró la jefa con su tono de superioridad, aunque por algún motivo la victoria no se sentía tan bien como esperaba.
Ashe, cuyas manos seguían entrelazadas con la corta melena de la jefa, asintió lentamente.
-Lo sé-Confirma ella.
Tras esto, las dos volvieron a fundirse en un beso, más frío que los anteriores. Cuando se separaron, las dos se miraron a los ojos unos instantes para luego decir al unísono, más en un intento de convencerse a sí mismas que guiadas por lo que verdaderamente sienten:
-Te odio.
