Trágame Nieve
Capítulo 2: Los Ensayos.
9:30hrs.
Todos habían llegado, menos Cuddy y House.
—¿Qué pasará con Cuddy? —se preguntaba Wilson consultando su reloj. —Es raro que llegue tarde.
—Probablemente tuvo más papeleo que de costumbre —sugirió Cameron.
—Ahí viene… —dijo Chase malhumorado pasándole 50 dólares a Foreman, quien los recibía con una sonrisa.
—¡Hey! ¿Usted dos estuvieron apostando? —preguntó Cameron en tono de reproche.
—Sí y no me lo recuerdes que acabo de perder —gruñó Chase.
—¿Qué apostaron? —preguntó Wilson, justo cuando Cuddy salía.
—¿Y House? —preguntó enojada.
—No sabemos.
—Wilson, acompáñame a buscarlo.
Wilson quería saber qué era lo que habían apostado Chase y Foreman, así que para sacársela, dijo:
—Que te acompañe Cameron. Seguro que preferirá sentirse acosado por una mujer a que por un hombre.
Cameron lo miró enojada.
—Como sea —suspiró Cuddy, irritada. —Vamos Cameron.
Y cuando estuvieron lejos…
—Yo creía que ella sabía mejor que nosotros dónde estaba House —comentó malhumorado Chase, cruzando los brazos.
—¿De qué hablas?
—Chase apostó a que el atraso se debía a que los dos estaban muy ocupados… ya sabes, House diciéndole a Cuddy que aceptaría a base de alguna cosa indecente. Yo pensaba que no pasaría nada, pues Cuddy no andaba de muy buen humor y por lo visto tampoco ha mejorado.
—¡Han apostado por si estaban tirando o no!
—Bueno, no había para que decirlo tan explícitamente.
Mientras Cameron y Cuddy…
—¿Dónde crees tú que pueda estar?
—¿Por qué tendría que saberlo yo?
—Trabajas con él. Además parece que te gusta. Generalmente, quien siente eso tiene un sexto sentido con respecto a esa persona.
—Usted es su jefa. Es más lógico que usted sepa los lugares que frecuenta en el hospital. Además usted suele seguirle la pista todo el tiempo…
—¿Perdón? Tengo mejores cosas que hacer.
—Bueno, mientras no la ocupe algún benefactor, socio, papeleo, llamada, o cita el resto del tiempo queda para ir a "vigilar" a House…
Cameron parece que algo más iba a decir, pero se detuvo, pues se dio cuenta que había llegado demasiado lejos. Nunca había tenido más que una bien marcada relación jefa-empleada con Cuddy y ahora le estaba diciendo cosas casi sin pensar… Cuddy la frió con la mirada.
—Él es mi empleado y debido a su rebeldía me obliga a velar por que esté cumpliendo su traba… —sonó su celular. —¿Aló? Wilson, ¿Qué pasa?… Oh… ¡¿Qué está ahí?! Y… ¿qué?… ¡No! No dejes que se lo quite. Tengo que ver eso… —comenzó a correr a la entrada, pero Cameron no se movió —¿y tú no vienes?
—¿House?
No lo podían creer… Ante sus ojos Gregory House estaba vestido hasta con la peluca de la bella durmiente.
—No pidan que me afeite, eso sí… ¿A quién llamaste Jimmy?
—Tranquilo. Pero, ¿tanto y tan rápido te bajó la caridad?
—Quería darle un susto a Cuddy, pero veo que no está.
—¡Wow! Creo que lo he visto todo. Y el susto ya me lo has dado House —exclamó Cuddy anonadada, apenas salió.
—Quería ver si el fetichismo te excitaba. Últimamente andas de muy mal humor…
—Digamos que te ves "linda", pero a mí me dan nauseas.
—Nah. Yo me siento bien, creo que encontré mi verdadero yo.
—¡Dios mío!
—Bien. Estamos demasiado atrasados con respecto a nuestros planes. ¿Dónde ensayamos? —terció Wilson.
—¿En la casa de alguien? —sugirió Cuddy. Todas las miradas se clavaron en ella, como sugiriendo algo que ella comprendió a la perfección. —Oh, no. ¡No, no, no! Ni lo sueñen. En mi casa no.
—Vamos, Cuddy. No seas egoísta. Además piensa: Cameron y Chase viven en departamento, los vecinos llamarían a la poli con todo el ruido que meteremos. Wilson tiene a su esposa poniéndole los cuernos, no la vamos a ir a importunar. Foreman vive demasiado lejos. Mi casa es un desastre y no tengo suficientes sillas para todos. La única que tiene una cómoda casa con una amplia sala de estar y que nos puede atender como reyes que somos, eres tú.
—No House. Usa los argumentos que quieras. ¡Me la dejarán echa un chiquero! Yo mañana tengo… cosas que hacer, y todo el trabajo del hospital no me va a dar tiempo para ordenar.
—Contrata a una asistenta. Y por último, "cosas que hacer" entenderá que tuviste otras cosas que hacer.
Cuddy lo fulminó con la mirada y luego suspiró, como para aguantar un poco más.
—Cuddy —llamó su atención Wilson —, además tú eres la directora del hospital, es el benefactor que tú quieres complacer…
—¡Pero ese dinero nos ayudará a todos!
—Sí, sobre todo a los que se quieran recrear la pupila contigo.
—House, cállate.
—Cuddy, yo prestaría mi casa, pero si lo que dice House sobre mi esposa es cierto, prefiero no enterarme aún.
—¡Que sórdidos son ustedes!
—¿¡Y tú!?
—¡Ay! Ya son diez para las diez. Así como vamos… ¡Está bien! Vamos a mi casa. Todo sea por no perder más tiempo.
En casa de Cuddy…
Cuddy había ido por unos cafés y unas galletas para pasar el rato mientras ensayaban. Dejó la bandeja en la mesa y notó algo raro:
—¿Dónde está House?
—Cuando te fuiste a hacer el café, dijo que iba al baño.
—¿Y tú le crees? ¡HOUSE! ¡CIERRA EL CAJÓN DE MI ROPA INTERIOR Y VEN AHORA MISMO! —gritaba mientras iba a su pieza. —¿Qué haces con eso en la cabeza?
—Es bonito.
House se había puesto una tanga de tul roja en la cabeza (o también lo que se califica como ropa interior sexy).
Cuddy se adelantó a quitárselo de la cabeza y sacarlo de la pieza.
¡Pero no contaba con la astucia de House!… Se había escondido en las mangas algunas lencerías y las dejó sobre la mesa junto a las galletas y el café.
—¡HOUSE!
Cuddy comenzó a recoger su lencería pidiendo disculpas y se dispuso a ir a dejarla a su habitación. Entonces, como un niño chico y con una sonrisa victoriosa, House sacó de su pechera una tanga negra especialmente pequeña y la meneó como una bandera ante los ojos desconcertados y avergonzados de los demás. Pero Cuddy pareció darse cuenta, pues se paró tras él con los brazos en jarra y luego le quitó la tanga que agitaba y con ella le pegó en la cabeza y se marchó muy roja a guardar su intimidad.
—Tienes que guardar el tesoro y no regocijarte antes —le susurró Wilson a modo de sugerencia.
—Mmm… Yo sólo quería ver si me prestaba una de sus tanguitas, como ahora soy la princesa, no sé, quería sorprender al príncipe —y miró coquetamente a Chase.
Chase puso cara de espanto y respondió:
—En Cuddy deben ser excitantes, pero en ti… repugnantes.
—No me subestimes sólo por no tener "esos" atributos.
—¿Podrían dejar de hablar de mí y concentrarnos a lo que hemos venido?
—No hablábamos de ti, hablábamos de tu tanga, de tus corpiños y lo que se rellena con ellos, lo demás no nos interesa.
—Toma tu guión —le gruñó cortante, lanzándoselo por la cabeza.
—¡Uy! Que modales. ¿Seguro no eres travesti? Algunos de tus genios de macho cabrío te quedaron impregnados.
Cuddy lo miró asesinamente.
*ENSAYANDO*
—El narrador será el sr. Smith. Así que nos saltamos esa parte. Comenzamos con las hadas regalándole sus virtudes —explicó Cuddy.
—¡Oh! Mi pequeña y adorada niña. De mí recibirás el don de la belleza, tanto interior como exterior. No habrá en este reino niña más hermosa ni más dulce que tú — recitó Cameron, como el hada roja, echando un vistazo a House y se sintió muy patética diciendo tales cosas.
—Yo te daré el don, princesita mía, de la música y la pintura. Sabrás reflejar tu alma en cuanto instrumento toques, en cuanta canción cantes, en cuanto cuadro pintes…
Foreman miró a Cuddy que tomaba una taza de café, para indicarle que debía ella haberlo interrumpido. Cuddy se disculpó, dejando el café a un lado y comenzó a decir sus parlamentos:
—Que descortés por parte del rey no haberme invitado al bautizo de su hija. Pero, para que no crea que soy rencorosa, permítanme hacerle un regalo a mí también. Princesita, yo te regalaré algo muy especial: cuando cumplas 15 años te pincharás el dedo con aguja y morirás.
—Cuddy, aquí dice que debes salir con una malvada carcajada. Quiero oírla —molestó House.
—Quiero que sea una sorpresa. Vamos Wilson, te toca —cortó Cuddy.
—¡Oh! Malvada ha sido esta bruja, pero no te preocupes princesita. Aún queda mi don para ti y aunque no puedo revertir el hechizo, sí puedo darte una esperanza. No morirás, pero dormirás por cien años, hasta que el beso de amor de un príncipe te despierte.
—Ahora habla el narrador de cómo se prohibieron las agujas y eso. House, viene tu parte —terció Cuddy.
—¡Oh! ¡Qué linda margarita he encontrado! Buscaré otras dos para regalárselas a mis hadas madrinas. Y un par de rosas para mis padres estaría bien…
House, de Aurora, habló con voz estúpida, enarcando una ceja.
—¡Oh! ¡Qué flor más bella ven mis ojos! Disculpe señorita… —Chase, de príncipe, cantó con voz monótona.
—¿Me habla a mí? —chilló House.
—Sí, bella señorita. ¿Podría conocer su nombre?
—Lo siento precioso, pero te advierto que no soy fácil, no me conquistarás…
—¡HOUSE! —bramó Cuddy.
—Ya mami, no te me pongas así. Sólo quería dejarle bien claro a este patudo con quién se estaba metiendo.
Después de convencerse de que Cuddy estaba bien molesta, continúo:
—¡Debo irme! ¡Adiós! ¡Ay!
—¿Dónde te habías metido, Aurora? —cuestionó Cameron, en su papel.
—Me perdí. ¡Voy a ir a buscar agua al pozo! —House seguía poniendo esa voz irritante, con la que todos entrecerraban los ojos.
— Cuídate, cariño —Wilson enarcó una ceja. —¿Es imprescindible que tenga que decir "cariño"?
—El guión lo escribió es sr. Smith, por favor no hagamos reproches. Para bien del hospital, hagamos todo al pie de la letra —pidió Cuddy.
Wilson, Cameron y Foreman pusieron cara de circunstancias, recordando sus parlamentos anteriores.
—¡Que pesado está esto! Ya… ¡Ahí está! —dijo "Aurora".
House empezó a escudriñar a un punto más allá de las cortinas corridas de Cuddy.
—¿Qué haces? —preguntó Chase.
— Miro hacia el lugar donde está la silla en la que una mujer ha dejado un vestido que estaba cosiendo. Como dice mi acotación.
—Esa mirada era más como si estuvieras fisgoneando en la casa de al frente —reprochó Cameron.
—¡Nah! Creo que en esta casa aún se pueden ver cosas interesantes —y miró el escote que tenía al lado derecho.
—¡Hey! —exclamó Cuddy, y se tapó con la hojas.
—¿Podríamos continuar? Ya son pasadas las 10:30 y de aquí a mi casa me hago al menos una hora —se quejó Foreman.
— House, termina con tu parte y dejémoslo en cuando te absorbes en tu sueño eterno —ordenó Cuddy.
—¡Wow!, jefa. ¿Qué piensas hacer después?
Cuddy comenzó a perder la poca paciencia que tenía y lo miró tan asesinamente, que House optó por continuar:
—¡Que bello vestido! ¿Señora? ¿Hay alguien? Mmm… Parece que no. ¿Se enojará mucho si le doy un par de puntadas?… ¡Ay! ¡Oh, me he pinchado! Oooh…
Se puso de pie frente al sillón.
—¡Ya, ustedes! Jimmbo, bruja, corran sus lindos culitos para tener mi coma disociativo.
*FIN ENSAYO*
—¡Ay! ¡House! —gruñó Cuddy, levantándose junto con Wilson.
—Cuddy —dijo Wilson —, yo me voy, por lo que dijiste. Además mi esposa…
—Sí, sí, vete.
—Nosotros también nos vamos —habló la vocera Cameron.
—Muy bien. Mañana nos vemos. Y pediré que hagan más temprano el aseo a la sala de reuniones para que nos quedemos en el hospital y evitar esto. Además creo que pediré guardias, para que no circule nadie por ese pasillo y no nos vean.
—Bueno. Adiós —dijo cada uno.
Cuddy cerró la puerta, pero aún quedaba un "cachito".
—House, vete a tu casa…
No hubo respuesta.
—House —remarcando cada letra empezando a perder la paciencia que tenía de reserva.
Silencio.
—Si lo que quieres es que te despierte con un beso, olvídalo. ¡Vamos! ¡Quédate ahí! Disfruta de mi sofá. Se me hace que es más cómodo que tu cama.
Y se marchó a su pieza. Allí se cambió de ropa. Luego pasó al baño y cuando se disponía a cerrar la puerta con llave para resguardar su integridad, si es que el tipo no pensaba moverse de su casa, notó un bulto en su cama. Con una ceja enarcada escépticamente habló:
—¿Ahora la bella durmiente, aparte de fea, es sonámbula?
Silencio.
—House. Me estoy cansando de ti. Ahora sí te saco a patadas y no sólo a empujones, como en mi oficina, si no mueves tu real trasero de mi cama, que está contaminándose con tu fetichismo, te juro que… ¿House?
Se acercó a la cama… ¿roncaba?
—¡Hey! Despierta —gritó zarandeándolo.
—No… Cuddy… el látigo no… por favor —balbuceó.
—¿De qué hablas?… ¡Ay! —se reprendió al darse cuenta de que aún dormía. —Ni un camión pasándote por encima te despertaría, ¿cierto? Pero para que no dudes de mi fusta…
Con una sonrisa maliciosa fue hasta la cocina para llenar una olla con agua y regresó a la pieza para empujarlo cama abajo, primero por la cabeza y alejándolo un poco de la cama…
—¡Como tienes el sueño pesado! Vemos qué tal está este gato con el agua —y le lanzó la olla a la cara.
—¡Bruja maldita! ¿Me quieres ahogar? —tratando de componer el aire y escupiendo el agua tanto por boca como por nariz. —¿Ves que el sado maso se te da de perilla?
—Lo único que quiero es que salgas de mi pieza, porque si no quieres irte a tu casa, dormirás en el sofá y yo bien encerradita aquí, que no quiero que te vayas a aprovechar de mí. Además, ya estaba bueno que te dejaras de hacer el "feo durmiento" sonámbulo. Ya, sal de mi pieza. Afuera está el baño y hay toallas. No necesitas nada de esta pieza.
House se incorporó.
—Hay algo que podría necesitar, de no ser que me da julepe admitir que me excita el diablo en ropa de seda —y salió cojeando en busca de su bastón que debía estar en el salón.
Cuddy se quedó boquiabierta, ¿era una ironía completa para sacárselas o una ironía a medias y hablaba en serio?
De su ensimismamiento sólo la sacó el portazo que el hombre propinó a su puerta y el arrancar de su moto luego.
Se acercó a al living y notó que House había dejado el disfraz de bella durmiente allí: el vestido rosa, la peluca rubia, la diadema. Miró por la ventana como para cerciorarse de que el tipo se había ido y cogió las cosas y las llevó a su cuarto.
Se preguntaba qué tal le vendría una cabellera rubia. Tomó la peluca dispuesta a probársela, pero se sintió estúpida y desistió antes de posarla sobre su cabeza. Pero estaba aburrida y quería saciar su curiosidad así que volvió al acto y se la puso: se la sacó casi al instante, no se gustó rubia, al menos no tan rubia; sentía que lo único que le faltaba era la carterita para girarla en su muñeca y decir "100 la hora". ¿Cobrarán eso?
Sacó una bolsa y metió todas las cosas para devolvérselas a House.
Y hablando de House… Si tuvo las patas para venirse en moto hasta su casa con ese modelito, ¿qué le impedía ahora hacer lo mismo? Tal vez era porque antes venía acompañado por cinco autos más y avergonzaba más a sus acompañantes que a él mismo. Porque dudaba mucho que se hubiese cohibido por la conversación anterior que tuvieron a que se fuera… Si es que se le podía llamar conversación.
Se miró al espejo para ver su conjunto de seda e imaginó que si House realmente se refería a ella (eso era bien seguro), lo único que faltaría sería la cola y los cuernos… y tal vez que el atuendo fuese rojo…
—¡Mierda! No debí haberle dicho eso anoche.
—¿Qué le dijiste, House?
—Nada, Jimmy. Al menos nada que tus castos oídos puedan oír.
—¡Vamos, House! He escuchado los comentarios más pervertidos y antimoral de tu parte hacia Cuddy, así que… ¡suéltala!
—¿Te fijaste en cómo anda vestida?
—A ver… —miró al techo como recordando el atuendo de Cuddy de esa mañana —Una falda aflautada a la rodilla con un tajo por delante y otro por detrás, conjunto de una chaqueta bien bonita, pero como las de siempre en rojo italiano. Y un top de tiritas floreado en blanco, rojo y rosa. Sus taquitos de siempre… Nada fuera de lo normalmente exhibicionista en ella, cuando anda de ganas de mostrar.
—Sí. Bueno inspira al diablo con todo su conjuntito, desde sus zapatos de alto tacón, hasta ese peinado que resalta sus bucles y su traje y… un detallito que pasaste por alto: en su apretadísima falda no se marcaba su tanga.
—¡Muy observador y muy inspirado esta mañana, House!… —lo escudriñó un momento.
—¿Qué? ¿Pretendes psicoanalizarme ahora mirando mi alma?
—No, esa se la llevó Cuddy… O al menos la imitación barata, porque no sé si la tuviste alguna vez. Dime: ¿tanto te gusta el culo de Cuddy?
—¿Qué culpa tengo yo que ella ande así, provocando? ¡Hombre! ¡Que no soy de hierro! ¡Igual una parte de mí es débil! Y creo que sabes que no me refiero a sentimientos exactamente… ¡Greggo es débil! Bien —dijo levantándose de la silla —, me voy a que el demonio me dé mi dosis de vicodinas, que he estado tratando de racionalizar, pero ya me está jodiendo la pierna. Esto de hacer pactos con Satán… ¡Ahora entiendo porque muchos prefieren a Dios!: ¡Este tío es muy tramposo! Se viste de tía sensual y más encima me tortura… ¡Mierda! Mi pierna.
—Bruja. Vengo por mi dosis.
—Está encima de la mesa —indicó sin levantar la vista de su papeleo. House se acercó y la tomó. —¡Oye! Por cierto. Encima del sillón hay una bolsa que te pertenece: es el traje que se te quedó ayer en mi casa.
—No te preocupes. Tómalo como mi obsequio de Navidad.
Salió cojeando, pero Cuddy volvió a llamarlo.
—House. Con respecto a lo que me dijiste ayer…
—¿Le sigues dando vueltas? Yo creía que con el trajecito ya te bastaba. Además si lo dije es porque lo pienso: ¡eres el diablo, Cuddy! Aunque en una fachita que cualquiera querría irse al infierno. Pero no te preocupes tanto por mis palabras, son los comentarios de un nene de pecho comparados con los que hacen el resto de los médicos. ¡Y si escucharas a las enfermeras! Vamos a tener que cobrarles los derechos de nombre por la película porno que se inventan en los ratos libres. Aunque también deberías ser un poco menos histérica. ¿Te cuanto un secreto? Wilson me ha contado que a los niños de oncología, cuando no quieren dormir, les cuentan la espeluznante historia de que si no duermen, vendrá la directora de este hospital y se los comerá. Y yo mejor me voy antes de que me pase lo mismo.
Y salió lo más rápido que su cojera se lo permitió.
Cuddy lo miró furiosa marcharse, pero recordando sus palabras, prefirió ni gritarle ni salir tras él a golpearle.
*ENSAYANDO 2º PARTE*
—El narrador habla largo aquí. Contando que las hadas han dormido a todo el reino y bla, bla, bla… Luego que pasan los 100 años y que despiertan al principito. Chase viene tu parte —indicó Cuddy.
Chase suspiró resignado y comenzó:
— Me han contado que una bella princesa duerme en este castillo rodeado de espinos. ¡Seré quien la rescate! Como cuentan los aldeanos del otro reino, la princesa debe ser despertada con un beso de su profundo sueño. ¡Yo lo haré!
—¿A dónde crees que vas hermoso príncipe? —Cuddy tenía unas ganas enormes de meter su cabeza entre sus rodillas y apretarse los oídos hasta no escuchar las tonterías que debía decir.
—¡Oh! Malvada bruja. Me habían contado que tú la custodiabas, pero no lo creía, ahora veo que es cierto.
—Sí. Y por eso deberás combatir con mis hechizos antes, príncipe.
—¿Qué? ¡Oh! ¿Dónde has ido, bruja? ¡Vuelve! Oh, bien. Cortaré estos espinos. ¡Tomen! ¡Tomen!…
—¡Venimos a ayudarte príncipe! ¡Tomen espinos! —Foreman dijo sus parlamentos, como preguntando.
—¡Gracias! —murmuró Chase.
—Hemos llegado a la entrada —gritó Cameron.
—¿A dónde creen que van? Primero deberán vencerme a mí —recitó Cuddy.
— ¡Oh! Malvada —Wilson se puso colorado al decir eso.
—¡Pelea conmigo! —exclamó Chse.
—Un gusto —farfulló Cuddy.
Un momento de silencio.
—Quedaremos muy debilitadas si usamos ese hechizo, pero es la mejor manera de acabar con esto y de que el príncipe pueda ir a rescatar a Aurora —Cameron se había metido en su papel a esas alturas..
—Hagámoslo de una vez —pero Foreman aún no se sentía el hada azul..
— "Sonrisa y una flor, que esta bruja se llene de amor" —las "tres hadas" rezaron al unísono, Cameron y Wilson sobrellevándolo con dignidad, pero Foreman no lo soportabaa.
—Cuddy —interrumpió House —, aquí dice "la bruja cae al suelo". ¡Vamos! Y que se te suba la faldita.
Cuddy lo miró asesinamente.
—¡Uy!... —House buscó una excusa para no seguir mirando a Cuddy. —Epss… Foreman, ¿dirás esas cosas de niña? De Cameron es natural y Wilson es capaz de hacer cualquier cosa por niñitos carentes de afecto.
—House… —moduló Wilson en tono de advertencia.
—¿Podemos continuar? —terció Chase. —Son casi las doce. El caso de esa hipocondríaca nos tuvo demasiado ocupados.
—Sí, por favor —suplicó Cameron y miró a Chase cómplice.
Cuddy asintió y continuó con su parte:
—¿Qué me ha pasado? ¡Ay! Mi cabeza. Disculpa, apuesto príncipe, ¿podrías decirme dónde estoy?
—En el castillo donde la más bella princesa duerme por tu culpa —dijo el príncipe.
—¿Por mi culpa?
—¡ Maldición!—graznó House. —Hasta en obras de teatro Cuddy debe tener ese maldito sentimiento de culpa. La acotación dice que debes decirlo en tono trágico. O sea ese que usas cuando quieres auto-aborrecerte.
—House, cállate y terminemos de una vez —gruñó Cuddy.
Chase rodó los ojos y prosiguió sus líneas:
—Sí.
—Pareces estar muy seguro. Dime tú, ¿cómo puedo remediarlo? No quiero ser la culpable de que tan bella princesa no pueda ver la luz del día —contestó la "bruja".
—Despiértala.
—Eso haré. "Que la bella princesa que en esta torre duerme, despierte y se encuentre con el que en sueños amó".
—Iré a verla —exclamó el príncipe.
—Bruja, ¿de verdad has hecho eso? —preguntó el hada roja.
—¿Por qué dudas de mí?
—Eres otra persona. ¡Eres buena!
—Siempre he sido buena.
—¡Y que buena que está! —exclamó House.
—¡House! —chilló Cuddy, molesta.
—Perdón… Buena o no, nunca dejarás de ser el diablo.
Cuddy dio un gruñido, pero su mirada decía más.
—Mi príncipe amado, ¡has venido por mí! —gritó House más agudo que en en parlamentos anteriores.
—Sí, mi hermosa flor. ¡Eras tú! Por ti he venido.
—¿Todos celebran y viven felices para siempre? —inquirió Foreman, incrédulo.
—Eso dice —afirmó Cameron.
—Bien —Chase, levantándose —creo que hemos terminado.
*FIN ENSAYO*
—¿Estará bien así, Cuddy? —preguntó Wilson.
—Bueno. El sr. Smith dijo que tenía una modificación. Esta era, que la bruja se redimía.
—Eso sólo pasa en los cuentos de hadas —comentó House en tono insinuador, mirando a Cuddy.
—Para tu desgracia —y le sonrió sarcásticamente.
—¿Bajamos? —sugirió Chase, un tanto apresurado.
—Cálmate, Chase, Cameron todavía está aquí. Dejémoslos que se vayan, antes de que Chase empiece a caminar raro —ironizó House.
Los dos aludidos se sonrojaron y salieron despidiéndose y comprometiendo su presencia para el otro día.
—No tuviste que besar a House al final —comentó Cameron.
—Probablemente el viejito quería una obra más amistosa que romántica para sus niñitos.
—¡Igual es lindo! —y lo cogió del brazo como una niña pequeña, toda sonriente.
