Thanks for the memories

Disclaimer: Los Pingüinos de Madagascar y sus personajes no nos pertenecen, son propiedad de sus respectivos autores. KovatePrivalski97 y Umeki-Nara sólo escriben por diversión y entretenimiento, sin ánimo de lucro.

Resumen: Porque Kowalski aprendió de Skipper más que técnicas de combate y estrategia. Pero el alumno siempre supera al maestro, ¿no? A menos que el maestro se enamore.

ADVERTENCIAS: Este capítulo contiene Lime y Slash (relación chicoxchico). Por favor, si no te gusta, no leas.

¡Bienvenidos, bienvenidos! Tú, que acabas de abrir este fic, estás a punto de leer el primero de muchos fics que haremos juntas. ¡Esperamos de corazón que lo disfrutes! Sin más que decir, continuemos.

Por cierto; ringo-tensai y Lorena Matsuoka, ¡gracias por sus comentarios! ¡Y también a quienes leyeron pero están ahí, de incógnito! Y a los que nos pusieron en Favoritos, ¡muchas, muchas gracias!


—Muy bien, Kowalski. Muy bien—aplaudió brevemente el capitán—. Parece que tu resistencia a las actividades físicas mejoró con el tiempo, soldado.

—Muchas cosas de mí mejoraron, capitán—opinó, aún jadeando un poco.

Se había enfrentado a Private y Rico al mismo tiempo. Y pese a haber sido vencido, tenía que admitir que Skipper era un oponente muy fiero. Al menos le había mantenido el ritmo durante media hora, suficiente tiempo para declarar empate y terminar el encuentro.

—¡Formación!—vociferó el capitán, ignorando el hecho de que Kowalski además le había guiñado el ojo. Sus soldados hicieron una fila frente a él y se mantuvieron firmes—. De acuerdo, ahora continuaremos con el entrenamiento normal. Kowalski, estás sudando mucho, sí quieres descansa.

—No será necesario, señor. Sólo intentaré refrescarme—dijo éste, empezando a desabrocharse la camisa.

—¡Hola, vecinos!—una figura aterrizó astuta y ágilmente entre los soldados y Skipper. Sonrió ampliamente.

—¡Cola Anillada, lárgate!—dijo éste. El cuerpo de su vecino se interponía entre su panorama. Éste le restó importancia y lo hizo bufar—. ¿Qué quieres ahora?

—Mort hizo un desastre en el baño y toda la casa apesta. Maurice está limpiando pero no pude soportar el edor—dijo frunciendo el ceño.

Giró su vista hacia los soldados y se quedó mirando especialmente al nuevo.

—Hey, a ti no te recuerdo—sonrió ladinamente.

—Debe ser porque llegué ayer—murmuró el teniente, correspondiéndole la sonrisa y deshaciéndose de su camisa—. Ignacy Kowalski.

El visitante observó un instante la mano que Kowalski le extendía, y luego lo miró a él. Lo miró un poco demasiado.

—Julien—ignoró su mano, y se acercó para depositar un beso en cada una de sus mejillas rápidamente. Al ver las expresiones sorprendidas de todos a su alrededor, rió un poco—. De dónde yo vengo, Madagascar, saludamos así, monjitas.

—Pues no estamos en Madagascar—masculló Skipper, cruzándose de brazos frente a él—. Y será mejor que te largues. Ahora.

—Oh, por favor. ¡Sólo observaré! Empiezo a interesarme en eso del ejercicio—afirmó, sonriendo autosuficiente.

El líder rodó los ojos y asintió, sabiendo que de lo contrario seguiría interrumpiendo su progreso.

—¡Sí, gracias monja!—sonrió y se sentó a un lado de donde se encontraban los soldados. Sin apartar la vista del teniente.

—A mí nunca me ha saludado así—murmuró el más joven de la unidad, recibiendo un rápido estate-quieto por parte de Rico—. ¡O-Oye...!

—Muy bien, muchachos, quiero cincuenta abdominales, ¡ya!

Para cualquier persona normal, aquello sólo era una simple rutina de ejercicios.

Para los únicos dos hombres que observaban, era lo más parecido a un truco de hipnosis.

Sin dudas Rico y Private también cumplían la orden, pero no recibían mucha atención en realidad.

El primero en terminar fue Rico, y el segundo, Private. Los dos decidieron quedarse a un lado, sin mucho más que hacer.

Sin embargo, Kowalski parecía ir más despacio. Como en cámara lenta. O al menos, eso le pareció a Skipper. Y a Julien, también.

El líder tuvo que obligarse a retirar la mirada, cuando entre una y otra abdominal, logró entrever la sonrisa torcida del teniente. Él sabía lo que hacía y por qué lo hacía. Estaba haciéndose desear.

—Kowalski, ¿p-por qué la demora?—masculló, entrecerrando los ojos.

—¡Déjalo ser!—intervino Julien. Pero el teniente se detuvo, le faltaban dos.

—Así se moldean mejor los músculos y dada la lentitud supone una mayor resistencia a la presión—explicó, el teniente—. Meramente estratégico.

—Entonces termina—suspiró, sin perderse de cada trozo de piel que tenía a la vista. Cuando el teniente lo hizo y se levantó, titubéo un poco—. Ahora, quiero que cada uno suba hasta el techo.

Los soldados se miraron entre sí por lo fácil de la orden.

—Usando sólo una pierna y una mano.

—Eso es virtualmente imposible—murmuró Kowalski, y se quedó allí observando la casa, trazando un plan mentalmente

Por su parte, Rico fue el primero en acatar la orden, sonriendo confiado. Él sabía perfectamente que la casa contaba con mecanismos de defensa bastante violentos, y también sabía exactamente dónde se escondían las trampas. Él mismo las había instalado.

Desgraciadamente, Private sabía de aquellos obstáculos, pero desconocía su localización. Comenzó a trepar con mucha dificultad, pero al aferrarse con su mano a uno de los ladrillos, éste se propulsó hacia adelante. El muchacho cerró sus ojos y esperó la caída, que no llegó.

Sintió la mano de Rico cerrarse sobre su muñeca, sosteniéndolo.

—Usaron ambas manos—señaló Skipper, justo cuándo el ladrillo de la pared caía a sus pies—. ¡Fallaron!

Mientras el sargento ayudaba al cadete a bajar, más preocupado por su bienestar que por haber fallado, el líder se volvió hacia Kowalski.

Frunció el ceño cuando lo vio en el mismo lugar, analizando la casa muy atentamente.

—¡Muévete, Kowalski!—apresuró. Y el teniente le miró, algo perdido, pero asintió.

Skipper sintió algo extraño en el estómago cuando el teniente se acercó a la casa y colocó el pie izquierdo encima de un escalón.

No creí que fuera zurdo, pensó, divertido. Pero al verlo utilizar la mano derecha para sostenerse de un ladrillo, sonrió con picardía. ¿Ambidiestro?

Kowalski logró aferrarse a otro ladrillo cuando vio que éste se hundía de nuevo en la casa. Suspiró angustiado y continuó escalando.

Estaba a nada de llegar, y Skipper se permitió sonreír con orgullo, y mirando su bien formado cuerpo.

—¡Eso es!—vociferaron él y Julien.

Se miraron extrañados. El teniente giró la cabeza y le sonrió al vecino, causando que Skipper frunciera el ceño.

Y como si fuera karma, el ladrillo donde apoyaba su pie y su mano, cayeron. Y él con ellos.

Lanzó un gritito agudo, digno de una adolescente que recibía la corona de Reina del Baile en la secundaria. Un alarido que no coincidía con su aspecto varonil. Pero no gritó en vano. Los ladrillos cayeron sobre su brazo izquierdo. Y rompieron sus huesos.

—¡Kowalski!—sin poder evitarlo, el líder se apresuró a llegar a su lado. Bufó al ver lo ocurrido—. ¡Rico, primeros auxilios!

El sargento asintió sólo una vez, y se adentró en la casa rápidamente. Private se acercó a Skipper, y éste le señaló a Julien con un movimiento de su cabeza. Quería que se fuera.

Cuándo el cadete se acercó al vecino, éste se negó a marcharse, mostrándose preocupado.

—¡No me iré!—espetó, acercándose con aires de grandeza y viéndolo con el ceño fruncido—. ¡Mira lo que has logrado con tus tontas órdenes, monja!

—¿Yo? ¡Todo estaba bien! ¡Él está entrenado para esto y más! ¡Fuiste tú quién lo distrajo!

—¡Tú tambíen lo hiciste! Míralo, le rompiste su bracito—se inclinó hasta quedar a la altura del teniente.

Private parpadeó confundido, viendo a Julien y a Skipper. ¿Estaban peleándose por Kowalski? Sonrió divertido.

—S-Skipper...

—¡¿Qué?!

—¡Maldición, e-estás apretándome el brazo...!

El líder se dio cuenta de que en su enfado, apretaba con fuerza lo que tenía en sus manos, es decir, el brazo roto de Kowalski. Lo soltó, un poco apenado.

—¡Ay, mejor apártate!—Julien también se arrodilló junto al teniente, mirándolo con aprehensión—. Pobre monjita herida...

Skipper chasqueó la lengua ante el tono empalagoso de Julien, pero Kowalski sólo rió un poco, justo cuándo Rico regresaba junto a ellos.

Se levantó y se dirigió a Rico.

—Ya sabes cómo curarlo, soldado—sonrió de lado—. Ponte Rico con él.

El sargento asintió, mirando al teniente ser mimado por Julien. Y su sonrisa se volvió tenebrosa.

Skipper rió un poco y se encaminó hacia el hogar, vociferando que el entrenamiento había terminado y que podían descansar.

Desde la cocina, pudo escuchar los gritos del teniente a causa de Rico. Sonrió internamente, sirviéndose café. Y se encerró en su oficina, hasta muy tarde.

Cuando salió, sólo Kowalski, con el brazo enyesado, estaba leyendo una revista científica.

El teniente parecía no haberlo escuchado llegar, porque se mantuvo concentrado en su lectura. El líder se acercó, y silenciosamente, se sentó a su lado en el sofá.

—¿Estás mejor, soldado?—cuestionó, mirándolo de reojo

—Sí—contestó secamente, sin apartar su vista de su revista—. No duele tanto.

—No tienes que actuar conmigo, Kowalski. Sé que te duele como el demonio.

El aludido bufó, y dejó su revista, volviéndose para mirarlo.

—Me duele, Skipper—murmuró, encogiéndose de hombros—. ¿Contento?

Pero Skipper no lo estaba. Las primeras tres palabras del teniente le traían malos recuerdos. Por eso suspiró, apartando la vista.

No vio la sonrisa casi vengativa en el rostro del teniente.

—Por cierto, lindo espectáculo el de hoy en la tarde—dijo el teniente, pero el capitán tenía la mirada perdida.

—Siempre te dolió—comentó distraídamente el capitán cuando el teniente regresó a su lectura. Kowalski borró su sonrisa, incómodo.

Skipper se revisó por última vez en el espejo. Según su nueva pareja, irían a un restaurante. Pero él definitivamente no pagaría comida tan cara cuando lo único que quería era sexo. Ya vería cómo arreglárselas.

Caminó por los pasillos, mirándose de cuando en cuando para verificar que su aspecto estuviera pulcro y masculino. Pasó de largo de un pasillo, pero segundos después regresó sobre sus pasos.

Había un par de cadetes golpeando a un tercero en el piso.

—¡Suficiente! ¡Largo!—vociferó acercándose a largas zancadas.

Logró identificarlos, como dos de sus ex-parejas sexuales. Pero en el piso, hecho un ovillo, estaba ese niño de lentes.

—¿Estás bien?—cuetionó, viendo a ese niño que siempre lo interrumpía, ahora lo hacía de nuevo, pero esta vez en verdad no era a propósito.

—Me duele, señor...

—Eso parece...—murmuró, notando que tenía un ojo morado e hinchado. Levantó la vista, y vio a los dos agresores huir corriendo—. ¿Qué pasó, niño?

—Nada, n-nada—intentó levantarse, pero las piernas le fallaron, y tuvo que aferrarse al teniente—. Lo siento.

Skipper no respondió, pero lo ayudó a levantarse. Hizo una mueca.

—¿Por qué te golpeaban?—insistió, frunciendo el ceño

El muchacho suspiró, acomodándose sus gafas, sin mirarlo.

—No l-lo sé, señor. Creo que simplemente me odian.

—¿Ha ocurrido otras veces?—cuestionó seriamente. El cadete tímidamente asintió, limpiándose el hilito de sangre que brotaba de su boca—. Sucede seguido, ¿cierto?

El cadete no respondió. Y Skipper regresó su mirada hacia el final del pasillo, donde sus agresores intentaban en vano esconderse. Titubeó un momento y se encogió de hombros.

Al fin que esa noche ni tenía tantas ganas, intento convencerse.

—Te llevaré a tu habitación y me quedaré contigo. Sólo esta vez, ¿de acuerdo?—murmuró en su oído. De todos modos, su actual pareja ni le interesaba tanto. Y eso sí era verdad.

—No—el cadete se esforzó por alejarse de él rápidamente—. Disculpe, señor, pero n-no.

—Oh, sí.

—No.

—¿Por qué?

Skipper sabía que era una pregunta tonta, y ya se esperaba un discurso moralmente correcto sobre lo mal que estaba acostarse con cadetes.

Pero se sorprendió cuando el menor lo miró por fin, con el ceño algo fruncido.

—Porque no quiero ni necesito su lástima, señor—espetó secamente.

Sonrió levemente, admirando al cadete. Pero negó con la cabeza, acercándose a él.

—Chico, tus agresores están detrás de esa pared, esperando a que yo me largue. No estoy preguntándote, lo haré.

El cadete tembló un poco, pensando en las pocas posibilidades que tenía de ganarles a esos cadetes en una carrera hasta su habitación. Bufó molesto y asintió, más enojado que aliviado.

—Pero usted estará lejos de mi cama, señor.

Skipper rió entredientes y metió las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Claro, te lo prometo—dijo con sarcasmo.

Con una última mirada al lugar dónde se escondían los otros dos cadetes, suspiró y guió el camino hasta su habitación.

Caminó totalmente callado, sin mirar ni una vez a quién lo acompañaba.

Sin embargo, Skipper sí lo observaba. Notó que tenía el cabello rizado, y que unos cuántos rizos le caían desordenadamente sobre su rostro. También que aunque sus gafas eran enormes y anti-estéticas, cubrían unos profundos ojos azules.

Al llegar a la habitación del muchacho, notó que de alguna forma poco usual, le resultaba adorable. Fue entonces cuándo quiso darse una bofetada.

No podía pensar que ése chico era atractivo. ¿O sí?

El cadete titubeó un poco y cerró la puerta con seguro, causando que Skipper sonriera levemente. El pequeño fue hasta su closet y sacó un par de mantas, una almohada y algo de ropa.

—Ten—le brindó. Era ropa bastante grande, que no le quedaría ni en broma al delgado cadete—. Póntelo y... recuéstate—dijo señalando la cama.

Skipper arqueó las cejas, extrañado.

—¿Y dónde se supone que dormirás, niño?

Señaló la cama improvisada que empezaba a hacer en el piso. Skipper negó.

—Hace frío. Tú duérmete en la cama y yo ahí.

—P-Pero...

—Ahora ve a ponerte la pijama, niño.

—¡P-Pero es mi habitación!

—No miraré—aseguró, sonriente

El muchacho lo miró con desconfianza, y negó con su cabeza.

—Dormiré con el uniforme, por hoy—sentenció, dejándose caer sobre la cama, cansado

—Oh, ¿no confías en mí?—bromeó el mayor, sonriendo ladinamente. Recibió una mirada incrédula por parte del muchacho, y rió por lo bajo—. De acuerdo, de acuerdo. Yo sí confío en ti, y para demostrarlo...

Comenzó a desabotonar su camisa para usar la ropa que el cadete le había entregado. Sonrió torcidamente cuando notó que el muchacho lo miraba fijamente, sonrojado hasta las orejas.

Dejó que la prenda cayera en el suelo e ignorando la ropa que el cadete le había dado, empezó a desabrocharse el cinturón y el pantalón. Dejó que éste resbalara por sus piernas, regocijándose con ver al cadete sudando por el nerviosismo.

¡Hasta sus lentes se habían empañado! Kowalski rápidamente se los quitó para limpiarlos, pero Skipper se los quitó.

—¡O-Oye...!—se arrodilló en la cama, intentando alcanzar sus lentes. Pero Skipper le tomó del rostro y sonrió, acercándose al cadete.

—¡No los necesitas!—acusó, cuando se percató que el chico no entrecerraba los ojos para ver mejor. Sonrió aún más, viendo esos ojos. Esos estúpidos lentes los cubrían.

—¡Son de lectura y me ayudan mucho! ¡Dámelos!

Forcejeó, y terminó cayendo encima del capitán, ambos en el suelo. El cadete empezó a respirar entrecortadamente al colocar sus manos en el pecho del mayor. Sus caderas se rozaron. Y recordó que Skipper estaba en calzoncillos.

El muchacho quiso levantarse, pero el teniente lo retuvo allí, viendo su expresión nerviosa.

—¿Por qué?

—¿Huh?

—¿Por qué usas gafas que no necesitas?—cuestionó sinceramente, devolviéndole dichas gafas—. ¿Necesitas los braquets de tus dientes, acaso?

El cadete las tomó, e hizo ademán de colocárselas. A último momento, desistió.

—No—susurró, por unos momentos olvidando la extrema cercanía que compartían—. Pero no quiero ir a que me los quiten. Me aterran los dentistas.

Skipper rió entredientes ante el tono intencionalmente tembloroso del chico, y éste sonrió un poco.

—Oye, niño.

—Dime.

—¿Te levantarás, o estás demasiado cómodo?

Kowalski volvió a sonrojarse enormemente y estuvo a punto de disculparse, pero al ver la confianza con la que el teniente lo tomaba, sonrió algo burlón.

—Estoy cómodo, la verdad—asintió.

Skipper rió, encantado con ése chico. Se enderezó un poco, y al acercarse tanto al cabello del chico, pudo olfatear su champú. Hipnotizante.

Retuvo un poco más al niño y enterró la nariz en su cabello, descendiendo por su cuello. No era raro que él se embelesara, simplemente lo hermoso lo llamaba y él respondía.

El cadete cerró los ojos, extrañado. No estaba acostumbrado a ese tipo de acercamientos. Pero Skipper era un experto en hacer sentir bien a las personas con su tacto.

—Oye, eres bastante agradable de sentir—ronroneó, recostándolo en la cama improvisada. Sonrió al verlo tan tímido.

Kowalski tragó saliva y le evitó la mirada al mayor. Era la primera vez que tenía un contacto de ése tipo y tenía... tanta curiosidad.

—N-No creo que sea... una b-buena idea—jadeó cuándo el mayor volvió a respirar el aroma de su cuello—. En serio...

Skipper rió por lo bajo, y se apartó un poco, sólo para mirarlo.

—Yo tampoco creí que fuera buena idea, niño...—murmuró, acercándose a su rostro lentamente—... hasta hace unos momentos.

Supo que el menor replicaría, por lo que unió sus labios precipitadamente. Lo sintió tensarse enseguida, y esperaba que lo empujara para apartarlo.

Pero el cadete logró sorprenderlo cuando lo tomó del rostro e intentó mover sus labios junto a él, entre tímido y confiado. Lo cierto era que la curiosidad y excitación que le causaba la situación lo estaban cegando. Y no quería arruinarlo.

Skipper hundió los dedos en el cabello del menor y empezó a acariciar, relajando considerablemente al menor. Kowalski se aferró a su espalda y comenzó a acariciar su piel.

Lanzó un jadeo cuando las manos de Skipper descendieron y se colaron en el interior de su ropa. Una jugueteaba en su estómago y la otra jugueteaba con la mente del menor, haciendo ademanes de introducirse en su ropa interior.

—S-Señor...

—Dime Skipper—murmuró en su oído, y lo succionó, haciendo estremecer al niño.

—S-Skipper.

Se enderezó, y Skipper creyó que esta vez el niño lo reñiría y alejaría, Pero no. El cadete lo ayudó a deshacerse de su camisa y volvió a abrazarse a él.

El muchacho hundió sus uñas en la piel de su espalda, cuando la mano del mayor se decidió por fin y se introdujo en su ropa interior.

El teniente, satisfecho por su reacción, se dedicó a mordisquear su cuello con tranquilidad mientras creaba un ritmo pausado en los movimientos de su mano, como si fuera una rutina. Porque para él, lo era.

—Skipper...—suspiró el menor, arqueando su espalda y cerrando sus ojos

Por un momento, una milésima de segundo, Skipper sintió culpa. Culpa por estar actuando como si el chico fuera otro de sus juguetes, mientras que para el muchacho, obviamente no era así.

Intentó dejar de pensar en ello. Y cada gesto que provocaba en el pequeño con sus caricias, lo ayudaba bastante.

Las manos inexpertas del más pequeño se movieron por su cuerpo, haciendo que Skipper cerrara los ojos y disfrutara del tacto. Una vez Manfredi le dijo que tener sexo con un virgen era de lo mejor, porque pese al no-sentimiento, se sentía cierta conexión y consideración con la pareja.

Era mutuo. Y las caricias te excitaban aunque fueran las primeras de esa persona.

Y lo entendió, pese a haberse reído en ese instante de su amigo. Miró al pequeño debajo de él. Y volvió a besar sus labios, ahora más lento.

Quiso detenerse, estaba a nada de terminar pero sintió que podía evitarlo. Pero las manos del cadete atraparon su miembro y empezaron a acariciar. Como Manfredi dijo: de lo mejor.

Fue la primera vez que Skipper detuvo a su pareja cuando ésta colocó las manos en su miembro para estimularlo. Le sonrió al chico, sintiendo que no resistiría en realidad.

—Eres virgen, ¿verdad?—preguntó, y el niño pareció caer en cuenta también de lo que había estado a punto de hacer, porque perdió color y asintió. Skipper suspiró—. Vamos a dormir, niño.

El más bajo titubeó.

—Puedes terminar—concedió, llevando ahora su mano a su propia excitación, uniéndola con la del teniente—. P-Pero no dentro de mí, claro...

—No—sentenció, apartando su mano definitivamente. Vio la expresión casi decepcionada del muchacho, y sonrió otra vez—. En serio...

Y con unos últimos y rápidos movimientos de su mano, sintió que el chico estallaba, soltando un gran suspiro.

Dejándose caer sobre aquella cama improvisada, y ahora desordenada, Kowalski lo miró con los ojos entrecerrados, algo confundido.

—¿P-Por qué...?—jadeó, intentando respirar con normalidad—. Y-Yo...

—Porque quiero terminar... pero dentro de ti—le ronroneó, acariciando su rostro suavemente. Al ver la expresión de susto que puso el muchacho, no pudo contenerse y rió—. Algún día, niño. Algún día.

Kowalski titubeó y le evitó la mirada. Se levantó y recostó en la cama. Skipper no le tomó importancia, pero cuando el cadete se quedó mirándolo por largos segundos, se extrañó.

—Ven.

—¿Eh? Oh, no, no creo que sea buena idea.

—Ven...—repitió—. No me dormiré hasta que tú lo hagas.

—Buen intento. Pero apuesto a que mi insomnio no lo vencerás—dijo al posicionarse a su lado. Se recostó y cubrió a ambos con las mantas de la cama.

El cadete ladeó la cabeza.

—Apuesto a que sí—se recostó y empezó a acariciar el rostro del mayor, destensándolo.

Skipper cerraba poco a poco los ojos, sintiéndose repentinamente cansado.

—Oye, niño...

—¿Sí?

—En verdad tengo buen gusto. Me fijé en ti—sonrió divertido, y se quedó dormido.


¡Eso ha sido todo, por ahora! Esperamos lo hayan disfrutado. La verdad nosotras disfrutamos escribiéndolo.

Si te gustó, deja rw. Si no te gustó, deja rw.

¡Saludos!