CAPITULO 2
"Mi peor pesadilla favorita"-Realmente... - rió Harry casi sin aire, mientras entraban a Grimmauld Place luego de una gran travesía por Londres que les duró casi toda la jornada-... un gran día... gracias Sirius...- sonrió- ... pero te lo agradecería mucho más si dejas de hacerme reír tanto o lo vas a lamentar- le dio un empujón amistoso y ambos caminaron es silencio delante del retrato de la Señora Black hasta llegar a la cocina. Harry sirvió un poco de jugo de naranja en dos vasos y les coloco tres cubos de hielo a cada uno.
-Gracias, cachorro, eres adorable.- sonrió Black- Cuando te hagas mayor colgaré tu cabeza en el pasillo, con todos los honores.
El jugo que Harry estaba a punto de tragar fue despedido por cada minúsculo orificio que dejaron sus labios al reírse, manchando su barbilla y su playera.
-Tú vas a limpiar esto- rió quitándosela, aventándola contra el pecho de su padrino mientras se sentaba en una de las sillas.
-Con gusto, ahijado.- Sin pensarlo siquiera, porque si lo hubiese hecho lo habría evitado, se convirtió en el gran perro negro, y saltando hacia él, con las patas en su torso, repasó su áspera lengua por el cuello y el pecho del chico.
Pronto el perro ganó el control sobre el hombre, al sentir el sabor del muchacho, que despertaba sus instintos. Apretó el cuello con sus dientes, sin lastimar, pero queriendo marcar.
De repente olió un perfume que lo paralizó.
Iba unido a otro sentimiento, el de la propiedad y la protección. Olisqueó el pelo. Saltó al suelo y gruñó. Ladró tres veces, furioso. Pero alejarse del olor calmó al perro, y el hombre pudo tomar el control. Viendo a Harry mirarlo asustado, dio media vuelta, huyendo, sin volver a tomar forma humana.
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Harry sentía el agua tibia golpearle la espalda. Terminó de enjuagarse la cabeza y ubicó el rostro bajo las gotas. Se sentía tan extraño. Demasiado. Como si se estuviese mintiendo a sí mismo de algo que estaba a plena luz del día delante de sus ojos.
Tratando de dejar de pensar, tomó la toalla y se la envolvió en las caderas, y salió del baño, pasando la puerta detrás de la cual Sirius estaba encerrado hace varios minutos, entrando a la contigua, que era la que su padrino le había dado como suya. Secó su cuerpo y se colocó los boxers negros y la suave camisa del pijama blanco que simplemente adoraba.
Se mordió el labio inferior, pensando que la relación con Sirius estaba siendo demasiado extraña últimamente, hasta lejana por momentos. Habían muchas veces en que los dos quedaban en silencio o que decían cualquier estupidez para evitar esa situación.
Sentado en la cama se cubrió los ojos con las manos frías. Ni siquiera había intentado dormir y ya le estaba doliendo la cabeza.
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Sirius se había quedado sentado en un rincón de su habitación, desnudo, mojado después de la ducha fría que se había dado para calmarse. Hacía rato que no pensaba en nada. Se limitaba a calmar su espíritu, tan efusivo que siempre le obligaba a actuar antes de pensar. No podía seguir así. Daría algún paso en falso y perdería a Harry. Y no podía perderlo. Era lo único que le quedaba.
Entonces sintió tres golpes secos en la puerta de su habitación. Y luego de unos segundos la voz firme pero calmada de Harry diciendo:
-¿Puedo pasar?
-Harry... - no se dio cuenta de su estado. Pensar que podía perder a su chico, y escuchar su voz era como si te lanzaran una cuerda a través del velo.
-¿Puedo pasar?- repitió el muchacho al otro lado de la puerta. Estaba nervioso y no sabía por qué, humedeciendo sus labios a cada segundo, con la mano en el picaporte pero sin bajarlo.
-Pasa, cachorro.- se levantó, y se cubrió con una de sus batas de terciopelo negro. Abrió la puerta. Su Harry le miraba, tan tierno, tan deseable. Tan inalcanzable.
-Eh... Sirius... - balbuceo, y al instante sus mejillas se tornaron sonrosadas y bajó la mirada, maldiciéndose por haber tocado la puerta.
-¿Otra pesadilla?.- Sirius conocía muy bien a su ahijado, y sabía de sus agitadas noches.- ¿Quieres pasar? Quédate si quieres. ¿Te apetece una taza de chocolate caliente?. Me parece que nos hemos saltado la cena. Otra vez. Te sentará bien tomar algo caliente.
Harry asintió con la cabeza, mirando un horizonte perdido. ¿Pesadillas? Demonios que ni siquiera había intentado pegar un ojo. Viendo a Sirius salir de su habitación se sentó al borde de la cama, y subió las piernas a ella, abrazándolas, quedando en posición fetal.
Sirius subió con dos tazas humeantes de chocolate. Se encontró a Harry en la cama, en una posición adorable. Le daba ganas de abrazarlo. Besarlo.
-Toma Harry, esto te sentará bien.- le tendió la taza, y se sentó en una silla que acercó a Harry. Apoyó los pies en la cama, y saboreó el chocolate y la vista.
Harry tomó el primer trago y sintió la misma sensación de cuando comía chocolate luego de ser atacado por un Dementor. Notó el calor ir por sus venas, y cerró los ojos, concentrándose.
-Sirius... - susurró alzando por primera vez la mirada a él-... en serio lamento lo de anoche...
-Los dos tenemos cosas que lamentar, Harry. No estamos pasando una buena época. Pero juntos lo superaremos todo. Sabes que puedes confiar en mi, ¿Verdad Harry?
-Eh... sí... - bajó la vista, no sabía que decir. Realmente admiraba la forma en que Sirius desviaba los temas y lo volvía todo tan simple, como si lo fuera. Juntando aire, soltó-... Sirius ¿estuviste celoso de Oliver hoy?
¿Tan evidente fue?
-Te veo... tan sensible, Harry. No quiero que nadie te haga daño.- Ni que ponga sus manos sobre ti. Ese privilegio es mío.
Los labios del muchacho permanecieron separados unos segundos, sin que una palabra pudiera formarse.
-Oliver no era una amenaza, es mi amigo, lo conozco.
-Perdóname Harry.- asintió el hombre- Yo no lo conocía. Pero si te ha molestado intentaré no acercarme cuando estés con tus amigos- se sentía terriblemente celoso. Parecía que Harry defendía al jugador de Quidditch, que le molestaba que les hubiera interrumpido. A lo mejor querría haber hablado más con el chico. Claro, con alguien de su edad se sentiría mejor, después de estar todo el día encerrado con un viejo amargado.
Harry bajo la vista. Sus ojos estaban húmedos y no sabía por qué. La situación era tan extraña. Su padrino parecía rencoroso. Tan frío. Tan infranqueable. Un lado de él que jamás había visto. Solo quería que Sirius se acercase y lo abrazara como siempre lo hizo.- ¿Por qué me ladraste?- susurró luego de tomar un trago de chocolate.
-Cosas de animales, Harry.- sonrió él tomando un trago- No le hagas caso, no volverá a pasar. Mi perro es muy protector contigo. Pero entiendo que necesites tu espacio, tus amistades. No te voy a impedir que salgas Harry, es normal que te relaciones con gente de tu edad. - Aunque me rompas el corazón.
Harry lo miró por unos segundos en silencio, y luego susurró.
-Deja de evadirme, Sirius...
Sirius quedó en silencio. No quería evadirle. Quería meterse en la cama con él, quitarse la bata y abrazarle, para sentir su piel en contacto con la suya. Pero es que estando como estaba, con los sentimientos a flor de piel, lo mejor era evadirle.
-No lo hago, Harry. Estoy aquí para ti, para lo que necesites.- soltó un suspiro. Quizás hacia falta de un poco del verdadero Sirius a todo eso- Solo es que creo que no puedo darte todo lo que necesitas. Aunque me gustaría hacerlo... créeme, cachorro.
El muchacho sonrió, algo apesadumbrado. Dejó la tasa vacía en la mesita de noche y se volvió a su padrino tomando la suya-... creo que es hora de dormir... - asintió sonriéndole cariñosamente-... déjame ir a lavar esto...
-No te preocupes, puede esperar a mañana. Creo que necesitas descansar.- asintió poniéndose de pié- Si duermes mejor aquí, quédate. Yo puedo dormir en tu cama. Después de tantos años en Azkaban me duermo aunque sea en el suelo.
Harry sonrió, sintiendo las mejillas arderle ante lo que iba a decir.
-Me hace... mejor dormir aquí porque estoy contigo...
Sirius se quedó sin habla. Entendía que el calor humano calmaba las pesadillas, pero para él iba a ser muy duro. Sonrió al chico y sin decir nada se metió en la cama. Sin quitarse la bata, por suerte recordó a tiempo que debajo no tenía nada...
-No me molesta que duermas desnudo, Paddy...- sonrió Harry metiéndose bajo las sabanas a su lado-... no creo que sea muy confortable para ti dormir con eso.
Maldita mi suerte. Sí que le importará si nota que me endurezco al notarle cerca. Bueno, la otra noche no se dio cuenta. Solo es cuestión de mantenerse lejos.
Se quitó la bata, cubierto por la sábana, y se aseguro de mantener una distancia prudencial con el chico.
Harry cogió la varita que estaba en la mesita de noche y susurró-... Nox... - haciendo que el cuarto quedara iluminado por la luz de luna que entraba por la ventana-... buenas noches, Paddy... - musitó en un suspiro.
-Buenas noches, cachorro.- Espero que duermas bien, Harry, porque yo no voy a poder cerrar los ojos. Se giró dando la espalda al muchacho, para no caer en la tentación de mirarlo bajo las sábanas.
Harry cerró los ojos. Ver a Sirius dándole la espalda no le pareció muy alentador. Aunque durmiesen juntos (Dios, que extraño sonaba eso), se notaba una tensión extraña, una lejanía.
Intentó dormir por varios minutos que le parecieron interminables, y terminó por pasar unos cuantos más mirando la ventana, los doseles de la cama, la silla de Sirius... la espalda de Sirius. Abatido, se acercó a su padrino, tratando de no tocarlo por si estaba dormido, y susurró cerca de su oído-...Paddy... ¿duermes?
-No, Harry, todavía no.- Como si pudiera. Empezaba a obsesionarse tanto con la compañía que había empezado a aspirar su aroma. Su cuerpo se estaba calentando por el perfume de Harry, y eso que aún no estaba convertido en perro.
-¿Puedo abrazarte?- Demonios, ni siquiera sabía por qué lo preguntaba. O quizás sí: aquella falta de cariño de su padrino lo estaba matando.
Sirius se giró, abriendo sus brazos. Acunó a su chico, arqueado para que no todo entrase en contacto. Su pequeño lo necesitaba y él no quería asustarlo con su irracional deseo.
Harry cerró los ojos, sintiendo aquella calidez tan deseada, el abrazo paternal que tanto necesitaba. Rozó su mejilla en el suave pecho de Sirius, y apoyo mansamente la mano sobre éste, respirando calmadamente sobre la cálida piel.
Sirius acarició el pelo del muchacho, aspirando su aroma. Se fue relajando, igual que su erección. Lo sentía tan inocente en sus brazos, tan necesitado de cariño, que su lujuria se perdió.
-Te amo, Paddy... - escapó suavemente de sus labios. "Como un padre, sí" trató de decirse a sí mismo. Aunque actualmente ni él estaba seguro de eso.
Sirius pensó que se había dormido y estaba soñando.
-Yo también, Harry, yo también...
-¿En verdad?- susurró el muchacho alzando la vista hacia él. Notando que sus labios estaban muy cerca. Sirius salió del duermevela, dándose cuenta que había hablado demasiado.
-Claro, cachorro.- Intentó que su tono sonara paternal.
La mano del muchacho subió por el pecho, acariciando el cuello con la yema de los dedos hasta llegar a los labios. Dios, sí. Deseaba besarlo de nuevo. Deseaba hacerlo. Aunque no debiese.
Cerrando los ojos, elevó un poco más la cabeza, y bajando los dedos que aquellos labios dio una suave y corto beso sobre ellos.
Sirius se sintió en el cielo con el dulce roce de aquellos labios. Debía contenerse, el chico solo buscaba cariño, había sido un beso casto, seguro.
Harry cerró los ojos. Y rogó que su padrino se acercase aún más a él. No era el beso que quería. Quería el beso de la noche anterior. Quería sentirlo. Y volviendo a acariciar aquellos labios, susurró-...Sirius... ¿te molestarías conmigo si vuelvo a besarte?...
Y él sintió derretir. Era tan tierno, pidiéndolo con esa voz.
-Claro que no, cachorro- acercó su cara, para ofrecerse. Se sentía en el borde de un abismo. Si notaba el calor de sus labios en los suyos otra vez no sabía si podría contenerse.
Harry suspiró mansamente, cerrando los ojos, y no tuvo que acercarse demasiado hasta que sus labios encontraron los de Sirius, tan cálidos y perfectos. Los rozó suavemente, acariciando unos belfos con los otros, y algo temerosa, su lengua se inmiscuyó entre ellos, acariciando los de su padrino, mientras sus manos temblaban contra el firme pecho.
Y Sirius temblaba bajo esas manos. Eso no era nada paternal. Notaba como la lengua de Harry lamía sus labios. No pudo evitar asomar la suya, para probar la caricia de aquella lengua tan deseada.
El muchacho gimió inconscientemente al sentir la lengua de su padrino acariciarlo, y una de sus piernas desnudas rozaron las de Sirius. Y él se tensó al sentir el contacto. Maldecía en su mente. Estaba erecto, otra vez, y no quería asustar a Harry.
Aunque el beso que se estaban dando no era nada inocente.
Separándose de sus labios para respirar, sosteniendo el rostro de Sirius con las manos, el muchacho jadeo un -... lo siento... - muy débil.
-No lo sientas, Harry. Yo no lo he sentido, en absoluto. Todo está bien, estamos los dos.- No sabía qué decir para calmar al chico. Quería pedirle que siguiera besando sus labios, pero lo único que podía hacer era seguir diciendo incoherencias.
-Todo... esta bien... - susurró el muchacho antes de volver a sus labios. La sensación de besar a Sirius era adictiva. Se sentía querido en aquel momento. Protegido. Se animó un poco más y rozó con los dientes el labio inferior, separando luego los suyos aun más, permitiendo una mayor unión. Sus manos acariciaban moviéndose cortos centímetros sobre el pecho de su padrino, y una de sus piernas se deslizó entre las otras dos de Sirius.
Sirius gimió ante el contacto tan íntimo. Harry besaba realmente bien. Excelente. Maldición! Acariciando su pelo lo atrajo más cerca de él. Sus sueños se estaban haciendo realidad...
El muchacho soltó un gemido contra sus labios. El pecho y abdomen de ambos estaban unidos, pero por la curvatura de la espalda aun no podían sentir sus erecciones. Sí, las de ambos, pues Harry no entendía por qué pero aquello había pasado de ser algo fraternal a ser una excitante situación con... con Sirius... ¡demonios!- ... esto... esto no esta bien... - jadeó casi sin aire, separándose de él violentamente.
Sirius intentó recuperar el aliento, junto a la cordura. Realmente su deseo contenido durante tantos días le había hecho olvidar que seguía siendo su inocente ahijado, aunque hubiese correspondido a sus caricias y sus besos. Claro, era adolescente, había reaccionado tan solo por sus hormonas, no porque realmente lo deseara...
En silencio Harry quedó mirando el techo, al igual que su padrino, sin volverse a él. Las manos le temblaban. Aun sentía la sensación de la piel de Sirius en sus piernas. Aún tenía una palpitante erección bajo sus boxers.
Cerró los ojos. Dios, debía dormir, hacer que "la mañana siguiente" llegara cuanto antes, pues de día parecían olvidarlo todo.
Sirius estaba agotado. Esa situación no podía continuar. Cada vez deseaba más a su ahijado, y cuanto más probaba más se encendía y más ansiaba. Pero debía calmarse, o Harry se iría de su cama. Al menos sentirlo respirar a su lado era más que nada.
Harry volvió a abrir los ojos. Deseaba poder leer la mente de Sirius para saber si había aceptado aquel beso porque quería o solo porque él se lo había pedido. No podía quedarse acostado, no podía dormirse, quería estar cerca de Sirius... Bajo las sabanas desató la camisa de su pijama, abriéndola para dejar su pecho desnudo, y tomando la mano de su padrino la colocó sobre su pecho.
Sirius no se atrevió a mover su mano. Notaba el pecho de Harry moverse debajo por sus respiraciones, pero no quería reaccionar por miedo a asustar al chico de nuevo. Se conformaba con sentir el calor de su piel...
-Acaríciame... - susurró él sin mirarlo, con la vista clavada aún en el techo, con la respiración inconstante, con su mano sobre la de Sirius, la cual guió suavemente por su piel, dejándola luego libre.
Sirius se maldijo por estar haciendo que aquello ocurriese. No sabía si era un sueño o una pesadilla. Porque temía las consecuencias. Pero no se podía negar ante una petición así.
Dejó que su mano se deslizase por el suave pecho del chico, como tantas veces había hecho en su imaginación. Subió acariciando las clavículas, descendió por uno de los lados, pasando sobre uno de los tensos pezones, sin detenerse en él. Bajó por su esternón hasta el abdomen. Y se dio cuenta de haber llegado demasiado lejos, cuando intuyó el vello que nacía bajo el ombligo. Subió rápidamente la mano, esperando que Harry no notase cómo temblaba.
Sintiendo las mejillas arderle, el muchacho tomo la muñeca de su padrino, e hizo deslizar la mano hasta aquel punto del que se había alejado, y que a Harry le hizo temblar al acercarse. Se detuvo sobre los vellos unos segundos, y luego, tomando aire, la hizo bajar.
Sirius tembló ante la invitación. Realmente se había quedado dormido, y sus sueños se estaban realizando. Acarició la erección de Harry, por encima del boxer, temiendo ir más allá. Notó que la humedad había mojado la ropa interior, y eso lo excitó aún más. Si era posible. Por Merlín, podía notar cómo palpitaba la erección de su ahijado bajo su mano.
El muchachito arqueó la espalda ante el contacto, cerrando los ojos. Y los abrió volviéndolos a Sirius. Una sonrisa entre cariñosa y excitada se dibujó en sus labios, y su mano izquierda acarició las caderas de Sirius y se movió un poco más, hasta pasar la yema de sus dedos por sobre su cálida erección.
Sirius se sintió morir al notar el roce de los dedos de Harry sobre su erección. La tímida sonrisa le animó a dar un paso más, y sin pensarlo mucho introdujo su mano en el interior de los boxers, notando la calidez y la dureza del miembro de su niño.
Aún mirándolo, Harry mordió su labio inferior y sus ojos se entrecerraron, y ante aquella exquisita sensación presionó aun más la yema de sus dedos contra la erección de su padrino, sintiendo la forma de los músculos bajo la fina piel, las elevaciones de las arterias en su suave superficie.
Sirius gimió, torturado por la caricia de Harry, queriendo notar más, pero a la vez queriendo alargar el momento, porque sabía que no duraría mucho en ese estado de excitación. Empezó a masturbar al chico, lentamente, casi como una caricia al principio, probando.
Harry apretó los ojos, y sus labios se separaron, tratando de aspirar algo del oxígeno circundante. Como respuesta afirmó sus dedos alrededor de aquella palpitante erección, mucho más grande que la suya sin duda, y comenzó a moverlos, llevando la mano hacia atrás y hacia adelante, recorriendo la mayor parte de aquella extensión.
¡Oh, demonios! Si Harry seguía jugando con su erección, dentro de poco no podría pensar, y ni siquiera mover su mano. Se volteó, estirándose encima del muchacho, apretándose contra él, rozando sus erecciones.
-Harry, dime que no estoy soñando... - suplicó. Necesitaba escucharlo de sus labios.
-Es... esperaba que tu me lo digas... - balbuceó el muchacho con el corazón latiéndole a mil ante el rápido movimiento de su padrino y el reciente roce de sus cuerpos.
-Yo creo que estamos muy despiertos, Harry- y como para corroborarlo abarcó las dos erecciones con su mano. Entre la presión de su mano, de los dos miembros y de sus cuerpos, siguió masturbando a Harry, disfrutando él mismo a la vez.
-Oh... - gimió el muchacho tirando la cabeza hacia atrás, volviéndola luego, casi clavando su mentón entre sus clavículas, moviendo las caderas al ritmo que el hombre marcaba. Sus manos subieron y lo tomaron del rostro, y acarició ansiosamente los separados labios con la lengua, buscando que lo besara.
Sirius correspondió con su lengua, sin dejar de moverse, lamiendo los labios de Harry que se le ofrecían, esta vez sin reservas.
Viendo que el contacto era apremiante, Harry bajó las manos y rodeó la espalda de su padrino con sus brazos, sintiendo los exquisitos movimientos sobre su erección, las palpitaciones de las de ambos. Separándose de aquellos labios bajó la vista, observando como los dos miembros eran masturbados, uno contra otro, ambas cabezas enrojecidas y empapadas de gotas de presemen, y soltó un gemido-...oh... dios...
Sirius no pudo aguantar más la tensión sexual que contenía desde la noche anterior. Escuchar a Harry en su propia excitación fue su punto de no retorno. Con la cabeza enterrada en la almohada, a un lado del cuello Harry, gimió su éxtasis, liberándose entre su mano y el miembro de su deseado ahijado.
El muchacho sintió como sus músculos se contraían ante los gemidos de su padrino en su oído y los movimientos acelerados de su mano sobre la erección de ambos.
Era un orgasmo.
Un orgasmo con Sirius.
Uno de los mejores en toda su vida.
Cuando pudo volver a respirar sintió la calidez del hombre sobre él, la humedad entre las caderas de ambos, y de su garganta sólo salió un bajo-... Sirius... - casi en un susurro en el oído del hombre.
Sirius se sintió en la gloria al oír su nombre en los labios de Harry. Era como si lo oyese por primera vez, con ese tono de entrega y aceptación que había llegado a soñar.
-Harry, mi Harry... - Porque así lo sentía, suyo, después de tenerlo entre sus manos, íntimo, caliente.
-Creo... creo que debemos dormir... - susurró acariciándole la espalda-... o limpiarnos primero... - rió ilógicamente.
Sirius entendió la vergüenza del chico ante la nueva situación, y sin decir nada cogió la varita y con un hechizo borró las huellas del pecado cometido. Se tumbó a su lado, y levantó el brazo, ofreciéndole su pecho para recostarse. Quería sentirlo cerca, para comprobar que no había sido un sueño.
Sin decir nada el muchacho se acercó a él y se acostó a su lado, colocando la mano sobre el pecho de su padrino, sintiendo el ritmo de los latidos de su corazón hasta quedar dormido.
