EDITADO.

Summary: Isabella Swan, una prestigiosa doctora reconocida por salvar muchas vidas en distintos lugares del mundo. Su deber es ayudar y curar a personas enfermas, pero, ¿y su corazón? ¿Quién lo curara? Bella debe aprender a dejarse querer por las personas, pero también deberá aprender a dar el amor de la madre que lleva dentro a una pequeña que se cruza en su camino…

Disclaimer: Nunca lo aclaro, pero no está demás hacerlo. Los personajes no son míos -I fucking wish-, son de Meyer. La 'blasfemia' que están a punto de leer, sí es mía. XD

ACLARACIÓN: Si bien esta historia está en rating T, tengo pensado en un futuro escribir un pequeño lemmon. Pero descuiden, avisaré y todo.


1. Capitulo Uno

Real Love

By Ally C-B

&.

Bella POV

Entré en aquella habitación, llena de personas enfermas, algunas lastimadas, y otras acompañando a su ser querido. Me dolía en el alma ver toda esa gente tan necesitada. Definitivamente, Haití era un lugar lleno de tristeza, pobreza, y mucha enfermedad.

Cada una de las camas, estaban separadas por cortinas limpias, al menos desde que yo llegué. Me adentré en una, donde se encontraba el paciente que debía atender.

—Hola, Tom. —Saludé al pequeño niño que me miró con una hermosa sonrisa.

—¡Belly! —Saltó el pequeño con entusiasmo.

—Shh, cariño, recuerda que ya no estamos solos. —Le dije guiñándole un ojo mientras él reía.

Tom había sido uno de los pacientes más graves que tuve en toda mi carrera. Por suerte, y gracias a toda la atención que puse en él, pudo salir de la fuerte enfermedad en la que se había metido gracias al ambiente en el que se encontraba. Desde que salió del profundo coma en el que lo encontré, nos habíamos hecho muy buenos amigos, y todo el tiempo -o más bien cuando podía- iba a visitarlo. Disfrutaba de todas las historias que él me contaba -en especial cuando él se divertía contándomelas-, una y otra vez. Y por la gran sonrisa que ponía siempre, podría apostar que a él le encantaban las mías.

—¿Cómo te sientes, enano? —Le pregunté mientras caminaba hacia él y revisaba que todo estuviera en orden.

—No me quejo. —Contestó encogiéndose de hombros con sus manitos entrelazadas en su regazo. La imagen era hermosamente tierna, y daban ganas de comérselo a besos.

—¿Quieres ir a casa? —Le pregunté con una sonrisa mientras cambiaba el suero de su pequeña manita.

—¡Sí, Belly! Extraño mucho a mis papis, y a mis amiguitos. —Dijo exaltado y rezongando. —¡Aquí todos son aburridos! —Dijo frunciendo el ceño. Se veía adorable, y la escena daba gracia.

—Gracias. —Dije haciendo un falso puchero.

—¡Oh, no, Belly! ¡Tú eres asombrosa! Hablo por la señora Johnson. Cada vez que viene, tiene esa cara de perro rabioso que da miedo, y además, nunca me sonríe como lo haces tú… —Dijo dándome un tierno beso en mi mejilla, ya que me acerqué a acomodar los cables que estaban conectados en su pecho. Su acción me tomó desprevenida, por lo que únicamente reí antes de devolverle el beso.

—La señora Johnson es mayor, Tomy. —Dije reprendiéndolo un poco, pero cuando vi su carita de perrito arrepentido me acerqué a él y le susurré: —Los viejos no saben sonreír ni reír.

El pequeño soltó una carcajada que seguramente se escuchó desde secretaría. Obviamente, lo acompañé con la risa, no podía evitarlo, amaba a los niños cuando reían de aquella forma.

—Dra. Swan, se la solicita en la oficina del Dr. Cleawater. —Escuché como de 'la gran bocina', como llamaba Tomy al audífono, me llamaban.

—Okey, enano, debo irme. —Dije acercándome a él y abrazándolo.

—Ufaa… —Resopló él devolviéndome el abrazo. —¿Vendrás luego, Belly?

—Por supuesto, cariño. Sabes que siempre, antes de irme, vengo a saludarte, ¿por qué no lo haría hoy?

Tomy me sonrió asintiendo, y antes de irme lo besé en la frente y le guiñé un ojo, a lo que él rió con ganas.

A grandes zancadas, fui hacia la oficina del director del hospital, el Dr. Albert Cleawater. Él era un hombre realmente bueno y comprensivo, tanto con sus pacientes como con los demás doctores que trabajaban para él. Cuando llegué a la puerta de su oficina, toqué dos veces, como hacía siempre.

—Adelante. —Dijo con su voz firme y profesional de siempre.

—Hola, Albert. —Lo saludé con confianza.

—Buenos días, Bella. —Me saludó con la misma confianza y con el diminutivo de mi nombre, por el cual únicamente permitía que mis amigos de confianza y familiares me llamaran. Para los demás, era Isabella.

—¿Por qué me llamaste? ¿Todo anda bien? —Le pregunté mientras me sentaba en una de las sillas en frente de su escritorio.

—Me temo que lo que tengo que informarte no son muy buenas noticias, Bella. —Dijo con un tono preocupante que me erizó los bellos de la piel. —Al menos, en lo que a mí se concierne. —Aclaró con un eje de tristeza.

—¿Qué ocurrió? ¿Hice algo mal? —Pregunté confundida y preocupada.

—Oh, no, Bells. Todo lo contrario… —Dijo tomando mis manos por encima del escritorio. —Tu trabajo es impecable, como siempre lo creí. Eres una de las mejores doctoras que pude haber tenido en mi larga carrera como director de este hospital. El problema es que me pidieron que te transfirieran. —Dijo con su mirada triste.

—¡¿Qué?! —Pregunté sorprendida.

—Al parecer, en América, está atacando una epidemia de gripes que se está expandiendo. Por lo que me pidieron, URGENTE, —Aclaró— que te enviara de regreso. —Dijo con una sonrisa de aliento fingida. Conocía muy bien a Albert y sabía que mi partida le dolía tanto o más que a mí.

—¿Cuándo debo partir? —Le pregunté con tristeza, y resignada. Pero en realidad, no quería irme, pero si las demás personas me necesitaban, no podía negarles esa ayuda, y menos si de niños se trataba.

—Tu vuelo sale mañana por la tarde. —Dijo sacando de uno de los cajones de su escritorio los boletos de avión. —Son los únicos más pronto que salen. Aquí tienes dos, uno para ti, y el otro para Angie.

—Gracias. —Dije antes de tomarlos.

Luego de que me despidiera, tanto de él como de mis pacientes y los demás doctores, fui en busca de mi pequeño ángel. Ella, en todo mi turno de trabajo, se quedaba en la guardería que había en el hospital. Hacía ya más de sietes meses que Angie era mi hija, y cada día nuestra relación mejoraba.

Llegué a la guardería, y me encontré con Angie sentada en una de las mesitas dibujando, sola, mientras los demás niños jugaban, gritaban, corrían, saltaban. Ángela, era muy distinta a los demás niños de su edad.

Gracias a lo que tuvo que pasar con sus padres biológicos, ella había quedado muy marcada, tanto física como emocionalmente. De vez en cuando, me costaba entablar conversación con ella, pero allí estaba el problema. Ella hablaba muy poco. Y no porque no supiera cómo, sino que no lo hacía por miedo. Pero con la única con la que se había animado y lo hacía era conmigo y, muy pocas veces cuando se sentía segura, con Jacob. Aún recordaba todas las suplicas que tuve que hacerle para que le contara a Jacob del maltrato de sus padres hacia ella.

Caminé hacia Angie, que seguía demasiado concentrada en su dibujo, y me senté a su lado, con un poco de dificultad gracias a las pequeñas sillas.

—Hola, cariño. —Susurré bajito para no asustarla. Ella levantó su vista con lentitud, y cuando me vio, una hermosa sonrisa se curvó en su pequeño y delicado rostro.

—¡Mami! —Dijo saltando de su sillita y abrazándome por el cuello con fuerza. —Mira lo que hice para ti. —Dijo entregándome su dibujo. Sonreí ampliamente.

Amaba cuando ella amanecía con ese ánimo, feliz y radiante, como el de cualquier niño. En especial amaba cuando ella tenía esos escasos momentos en que me hacía dibujos, o generaba más contacto conmigo. Ella confiaba ciegamente en mí, pero aún así, tenía los reflejos del pasado.

La besé en la mejilla en agradecimiento antes de dirigir mi mirada al dibujo. En el papel, estaba yo dibujada, con mi bata de doctora, ella, con su osito Teddy en sus manos, y había alguien más, que no reconocí. El cabello de esa persona era de un color mezclado entre el negro y el dorado, y estaba totalmente despeinado. Llevaba otra bata igual a la mía, y tenía su mano tomada de la mía.

—Cariño, ¿quién es él? —Le pregunté señalándolo con mi dedo índice. Ella se encogió de hombros antes de salir corriendo a buscar su mochila.

Guardé el dibujo un tanto confundida en la maleta que siempre llevaba conmigo mientras me levantaba y esperaba a que Angie volviera.

—Hola, Dra. Swan. —Me saludó Margareth, la mujer que cuidaba de los niños. Era una mujer grande, pero no anciana, y trabajaba en la guardería del hospital desde que prácticamente el hospital se abrió, según el propio Albert.

—Hola, Maggie. —La saludé girándome hacia ella y saludándola con un beso en la mejilla. —¿Cuándo me llamaras por mi diminutivo? —Le pregunté divertida. La mujer rió con ganas.

—Está bien, lo siento, Bella. —Le devolví la sonrisa.

—¿Cómo estuvo mi princesita hoy? —Le pregunté con una sonrisa esperanzada.

—Ambas sabemos cómo es su caso. —Dijo seria, y asentí suspirando. —Es difícil pasar por algo así, y peor aún con esa edad.

—Así es, y es por eso justamente que tomé la decisión de hacer algo por ella.

—Y me alegra de corazón la decisión que tomaste. —Dijo dándole una leve caricia a mi hombro. Sonreí asintiendo. —Pero, Bella, ¿estás segura que puedes con ello? —Preguntó preocupada mientras acunaba mi rostro en sus temblorosas manos. —Solo tienes 24 años…

—Margareth, si yo no estuviera segura, no habría adoptado a Angie. —Dije firme y con seguridad. —Si realmente no estuviera segura, no lo hubiera hecho sabiendo que a partir de ese momento alguien dependería de mí, y no cualquiera, sino que esa personita se convertiría en mi hija. Maggie, yo amo a Angie como si realmente llevara mi sangre. —Dije mirándola con melancolía. Ella asintió y se detuvo unos segundos a mirarme antes de que una gran sonrisa se formara en su rostro.

—Eres realmente especial, Bells. —Dijo acariciando mi mejilla con su pulgar. —Y madura. —Dijo antes de soltar una risa, la cual acompañé ya que ese comentario me había recordado a mi madre.

—¿Mami? —Me llamó Angie desde atrás con su mochila en forma de osito que le había regalado Jake.

Me giré hacia ella y le estiré mis brazos, en señal de que quería que viniera a mí. Ella corrió hacia mí y la alcé, sin olvidarme antes de darle un beso en la mejilla.

—Tengo una sorpresa. —Su carita se iluminó de curiosidad.

—¿Qué? ¿Qué? ¿Qué es? —Preguntó Angie impaciente mientras una enorme sonrisa resplandecía en su rostro.

—¿Ves esto? —Le dije enseñándole los boletos de avión. Ella asintió confundida. —Con esto, ¡podremos ir a visitar al tío Jacob!

Angie comenzó a aplaudir y a festejar con sus pequeñas manitas, antes de prenderse de mi cuello en un fuerte abrazo. La mujer miraba asombrada las acciones de mi ángel. Yo sabía perfectamente que Angie no era tan demostrativa en el tiempo que pasaba en el jardín de niños.

—¡Siiiiii! ¡Podré jugar con sus juguetes! —Reí ante su comentario sin poder evitarlo.

—Cariño, esos juguetes que tú crees, son herramientas… —Angie me miró atenta.

—Parecen juguetes… —Dijo antes de perderse en sus pensamientos. Reí junto con Margareth.

—Bueno, niñas, veo que tienen muchos planes, las dejo que se vayan tranquilas. —Dijo la mujer antes de darnos un beso en la mejilla a ambas.

—Adiós, Maggie. —Saludamos al unísono con Angie mientras yo salía andando con ella en mis brazos e iba hacia mi auto.


¡Holó a todas!

Como ya se habrán dado cuenta, re-subí este cap. :B Hice caso a muchas y le aumenté unos añitos más a Bella, ya que el título de su profesión lo requería y fui tan tonta de no darme cuenta antes. u_u Pero ya, hice cálculos, busqué info, y bueno me dio ese resultado(?). ^-^

Pronto actualizaré el capitulo 4 de este fic; ya lo tengo terminado, solo que falta pasarlo a la pc. :D

¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR EL APOYO DE TODAS!

Love ya' all.

Peace. Out.

Ally C-B.