Disclaimer: Bleach no me pertenece, está claro, ¿no?
Nota: Gracias por los reviews, de verdad me han encantado, y sí fue una idea loca loca la de hacer de Ichigo un empollón pero la idea me pareció buena, y la idea la tuve hace mucho tiempo, no leí ningún fic parecido, pero apoyos a la autora si está haciendo el mismo trabajo ...en cuanto a Rukia, estaba claro que iba a hacer de polo opuesto, no podía ser de la panda de Ichigo...
Capítulo 2
Primera HORA
Un cadillac plateado se detuvo ante el instituto. La puerta de atrás se abrió apeándose un hombre alto, de unos treincinco años, pelo largo y ojos oscuros enigmáticos. Hizo una seña al chófer que le tendió un maletín de cuero de serpiente.
Por dónde pasaba aquel hombre causaba expectación. Los chicos murmuraban y las chicas sonreían intentando captar sus atenciones. Pero aquel galán adusto pasó entre ellos, sin compartir ningún entusiasmo, casi como una suave brisa de pétalos de cerezo.
Se dirigió al despacho del director, dónde recargó su maletín encima de la mesa.
– Byakuya Kuchiki, es un honor para el Insti...
– No he venido a que me alabes, soy lo suficientemente viejo para soportarte, y lo suficientemente joven para sustituirte...
– No entiendo tanta aversión, ya te dije que no hay problema con que tú y Kuchiki Rukia se casen. La institución (se refiere al instituto) está orgullosa de contar contigo para financiarla el próximo año
– Tú sabes bien que así me lo dijo su madre antes de morir – Byakuya le dedicó su famosa mirada de hielo -...esto es una cuestión de obligación no de placer...
– Vamos Byakuya, la familia Kuchiki mantenéis esa tradición desde hace décadas, ella sabe perfectamente cuál es su destino.- Ukitake encendió su cigarro con un encendedor de plata, en el cual estaba la inscripción en letras curvilíneas: "Por una larga vida de negocios y amistad. KB"
– Nadie que no sea de la familia Kuchiki tiene derecho a hablar así de la familia Kuchiki.
Un silencio tenso se impuso en la estancia.
– Rukia cumplirá pronto la mayoría de edad y se someterá a los dictámenes del patriarca.
– Entonces, este es el donativo del viejo Kuchiki, - empezó Ukitake, señalando el maletín- no hacía falta...
Byakuya se relajó un momento.
– Conozco los formalismos, - espetó el hombre moreno- la dote de Rukia debe permanecer aquí hasta el día de su graduación.
– Y la trae el novio, no deja de ser curioso -añadió Ukitake con una mueca divertida.
– A pesar de que conozco a mucha gente, eres el único hombre honrado de Karakura...
– Te olvidas de Kurosaki Isshin, también es un hombre honrado...
– Honrado pero sin dinero, Ukitake.
Ukitake tomó el maletín, que también tenía una inscripción. Lo metió bajo el escritorio. Confiaba en que su secretaria que era bastante despistada no diese con él. Ella también era la encargada de limpiar su despacho.
Ambos hombres se despidieron y poco después el cadillac plateado se detuvo de nuevo frente al instituto. Luego que hubo entrado Byakuya, el coche arrancó a toda velocidad ante la mirada de los estudiantes.
Dentro del instituto: - ¿Qué hacen parados mirando la ventana? ¡vuelvan a sus asientos ipso facto! - gruñó la voz de la profesora Hisana.
Todos volvieron a sus tareas. Sólo Rukia seguía con un poco de recelo sus apuntes. La profesora se puso a explicar el problema de un tren que salía de Karakura a las 12:30 e iba a 90 kilómetros por hora.
– Kuchiki, pon atención, o suspenderás el examen- dijo Hisana mientras se limpiaba las manos de tiza.
La advertencia de la profesora no significó nada, el resto de la clase continuó trabajando como si no hubiese pasado nada.
– Kurosaki, ¿qué le ha pasado en la cara?
La clase entera estalló en carcajadas. Menos Rukia que seguía concentrada en el problema.
– ¡Silencio! - gritó la profesora- ¿cómo es posible que se burlen de las llagas de Kurosaki?¡Es su compañero! Merece su respeto.
– Ese idiota...- murmuró Ashido desde el fondo de la clase.
– ¡Ya está bien! Ashido, a la sala de profesores, - Hisana se cruzó de brazos, inconmovible.
Ashido se levantó lentamente, mientras recibía el apoyo de sus compañeros. Al pasar por al lado de Kurosaki se detuvo, mirando con odio al pelinaranja. La profesora lo amenazó, visiblemente molesta.
– ¿Es que no me has oído? - casi chilló Hisana- Y ahora todos a trabajar, que ya han perdido mucho tiempo.
Rukia le daba vueltas al problema sin encontrar el sentido. De repente se fijó en Kurosaki Ichigo. El chico con gafas de pasta y pantalones de tirantes. Fue un milisegundo. Kurosaki estaba relajado, con las muñecas apoyadas en las pantorrillas y su tonta sonrisita de cerebrito en la boca. ¡Cómo lo odiaba! Era obvio que ya había resuelto el problema y ahora se burlaba de todos con aquella expresión de superioridad.
– ¿Cómo no se da cuenta que por eso lo llaman Coco y se meten con él? Esa sonrisa de suficiencia y vanidad...- se dijo Rukia por lo bajini.
Rukia no sabía que la profesora estuviera tan cerca como para oírla.
– ¡Ya basta Rukia! - gritó Hisana en tono se sermón- ¿Es que hoy tienen previsto amargarle la clase a Kurosaki-san?
En ese momento la mirada de Kurosaki Ichigo se clavó en la muchacha. Una mirada interrogadora, compleja, como las matemáticas. La chica bajó la cabeza, medio avergonzada. Volvió a subir la mirada para encontrarse con la de Ichigo. Violeta contra castaño. Algo muy leve se despertó en el interior de la Kuchiki. Como una llamita tímida y temblorosa. Una llama que podría crecer hasta devorar su vida. Y lo sabía.
– Este mundo ya es lo suficientemente cruel como para que ustedes también luchen entre sí.- Sentenció Hisana.
HORA mediodía
Estaban en el patio. Orihime se limaba las uñas sin mirar siquiera a su menuda compañera.- ¿A qué juegas, Rukia?
-¿Y-yo?- musitó la chica, con algo de pesadez, levantando apenas la mirada.
– No vas muy fina, amiga...- sentenció Chizuru.
– Si vas a salir con Kurosaki...estooo, quiero decir con el Coquito, no se para qué te vienes con nosotras...- dijo Yachiru, devorando su ensalada que contenía alpiste, gotas de limón y alguna lechuga quizá.
– Cómete una hamburguesa y déjame en paz, asquerosa...yo salgo con quién me da la gana.- chilló Rukia como si le fuese la vida en ello.
– Ah- dijo la pelirrosa sin inmutarse- y no te importará ya Grimmjow, supongo – dijo la última palabra arrastrando cada fonema- se sentirá solo, el po-bre-chi-co.
– Tú no lo entiendes, Yachiru-chan- dijo con su voz de niña buena Orihime- es su situación social la que peligra – hablaba lentamente sin dejar de mirar su preciosa pedicure.- ¿Qué te parece, Chizuru?
Chizuru asintió. Tampoco miraba a Rukia. - Esperaba que duraras más con éste...
– ¿Es cierto?¿cuánto duró con Ashido?- volvió Orihime.
– Hiii-me-chan- se quejó Yachiru- ¡qué insensible! ¡no se-as des-cor-tés!
– uy jijiji...- la risa lenta y discordante de Orihime- es cierto, me invitó al baile anual, ¡que-des-pis-ta-daaa!
Rukia se alejó de ellas. Eran imposibles cuando se ponían de esa manera.
– Uy- dijo Orihime sacando su kit de costura y empezando con una labor de clase- ¿creéis que se atreverá a desvirgarlo?Me refiero al cabeza de zanahoria, cla-ro.
– Hi-me-chan, ¡qué cosas se te ocurren! - dijeron ambas a la vez.
– Pero lo dijo porque le gusta, ¿no? Por que le gusta...por eso dij...
– Ay Hi-me-chan, no pierdas los puntos,...- dijo Chizuru sin apartar la mirada de su revista.
Yachiru y Chizuru estallaron en risitas. Orihime intentó concentrarse pero estaba incómoda, sin saber cómo recuperar sus puntos.
En el estadio de deportes, se había reunido todo el equipo de futbol. En medio de ellos un chico pelinaranja estaba agarrado por cuatro de sus compañeros. Grimmjow, el capitán del equipo, lo golpeaba mientras el resto miraba con permisividad o con aceptación.
– ¿Quién te crees que eres para mirar a mi novia? ¿eh? - le dijo, tras un puñetazo verdaderamente fuerte que tiró el cuerpo de Ichigo fuera del cuadrilátero central.
– No-luchas cara a cara-cobarde...- mascullaba Ichigo con dificultad. Tenía magullada la mandíbula y los dos ojos morados.
– Pídeme perdón...- gritaba Grimmjow- o lo pasarás mucho peor.
Pero a Kurosaki sólo le quedaba un resquicio de orgullo y negó con la cabeza. Las patadas y los golpes siguieron. De lejos, una figura morena y pequeña miraba con lágrimas en los ojos la escena.
Momo, que había sido salvada hacía un día por Kurosaki, sollozaba en silencio. - ¿Porqué? ¿porqué? - se preguntaba en el silencio de las bancas, tapada por las amplias columnas.
HORA tarde
Kurosaki Ichigo recogió sus libros en silencio. Todos habían salido antes que él. Buscó en su bolsillo la llave del club. Suspiró al encontrarla. Se dirigió al sitio del club, un lugar que había servido de clase hacía ya muchos años. Ahora tenía problemas de humedad, y no podían dejar allí los libros por lo que la utilizaban los estudiantes para sus actividades: el club de ciencias, el club de la chicas y el club de lectura.
El local estaba habilitado con diez sillas "prestadas" por el director, cada una con un defecto diferente, a una le faltaba el bracero para apoyar los codos, a otra le faltaba el respaldo... también había un banco infantil que usaban como escritorio. Ichigo se sentó en la silla sin respaldo, su favorita, que tenía su nombre gravado, puso su cuaderno sobre las piernas y comenzó a escribir sus notas.
– Hola, solitario...- aquella voz hizo que Ichigo se girase. Conocía a aquel chico, alto y moreno desde siempre.
– Ishida Uryuu...¡Me alegro de verte!- dijo Ichigo abrazando a su compañero.
– Me preguntaba cómo te iría sin mí...- interpeló el muchacho moreno.
– Pues...- Kurosaki se rascó la cabeza. Su amigo Uryuu hacía tiempo que no estaba en el instituto, que había sido llamado por su padre, famoso empresario, para que dirigiese su empresa Quincy´s Connection. Uryuu había sido socio del club de ciencias desde siempre y un gran amigo de Ichigo y le enfadó la decisión de su padre. Pero el jefe de Quincy´s Connection había sido inflexible: Se trataba de la tradición familiar y Uryuu tuvo que dejar a su amigo y sus compañeros.
– Veo que siguen molestando a los inteligentes...- dijo Ishida posando un dedo en la boca, en actitud de razonar.
– Sí. Ahora también se meten con Momo. Ya sabes es la mejor en el área de mecánica.
– ¡Bárbaros! - escupió Ishida- Summum Suciety...
Ambos se echaron a reír, aún les quedaban ganas para ello pues hacía mucho tiempo que no se veían.
– Oye, te llevo en mi coche adonde quieras- ofreció Uryuu a Ichigo- porque aquí no hay un alma- y señaló el club vacío.
– No, gracias- dijo Kurosaki dándose golpecitos en el hombro- me gusta caminar. Necesito estirar las piernas después de tanto trabajo.
– Ok, ya lo capto -dijo Uryuu, con la amabilidad de siempre- pero al menos déjame acompañarte un poco. Tenemos que tomar algo un día de estos.
En el fondo Uryuu se sentía triste por haber abandonado a su amigo de aquella manera pero nunca había podido negociar con su padre. Lo que el señor Ishida quería lo conseguía.
Los dos chicos salieron del edificio. Ichigo anduvo dos o tres pasos fuera del recinto y cayó desplomado.
– ¡Kurosaki! ¿qué te pasa?¡Kurosaki responde! - gritó Ishida mientras agitaba el cuerpo de su compañero inconsciente.
Última HORA
El director Ukitake estaba ordenando unos papeles urgentes cuando lo sorprendió la súbita entrada de su secretaria.
– ¿Qué ocurre?¿a qué viene esto?- exclamó al ver la cara asustada de la mujer.
– Señor, tiene que ir inmediatamente al hospital de la Summum Society...- tomó aire para después seguir sin resuello, mientras se atusaba el cabello- uno de nuestros estudiantes...quiero decir...Kurosaki Ichigo se ha desmayado en el recinto principal y...
– No me diga mas...- gritó Ukitake saltando de su cómodo sillón. Fue directo al perchero a por su abrigo. Iba a salir del despacho cuando oyó a su secretaria.
– Señor, señor...- lo llamó la mujer, le tendió el maletín- se dejaba esto, seguro que es necesario su maletín...
– Gracias, Liza, -respondió Ukitake tomando el maletín a toda prisa. No se fijó en la inscripción en letras doradas del maletín.
Rukia Kuchiki abrió los ojos aún más. No era la primera vez que Grimmjow le gritaba, pero aquello era demasiado.
– ¿Qué me estás queriendo decir?¿acaso piensas en lo que dirá la gente?¿eh?- terciaba la Kuchiki.
– Es lo único que te importa: la gente. Las habladurías- el muchacho de pelo azul abrió la mano en forma ofensiva golpeando el aire.
– Sí, es lo único importante – dijo Rukia apretando los labios. Realmente aquella afirmación no era verdad pero no quería dar su brazo a torcer ante Grimmjow. Luchaba en una batalla perdida de antemano- ¡Qué más da lo que yo sea o lo que tú seas! Algún día...- cortó lo que iba a decir y sentenció:- todos mienten así que...¡qué más me da!
FLASH BACK
Eran las 7:30 pm y Kuchiki Rukia salía del recinto estudiantil. Cuando una mano grande y masculina la tocó en el hombro. Era Ishida. El chico genio que se había convertido en subdirector delegado de la Quincy´s Connection.
–Creí que estabas en el campus, estudiando teleco*...- dijo Rukia, enfocando al muchacho con los ojos semicerrados. Nunca le había caído bien. Y si lo pensaba detenidamente, no había nada horroroso en aquel muchacho para tratarlo tan mal.
El joven moreno no habló. "Es cierto" pensó Rukia, "los cerebritos no se hablan con nosotros". Rukia sonrió con malignidad al acordarse de esa costumbre sumisa.
–Toma- el muchacho le tendió una nota escrita a ordenador.
–¿Qué es?- dijo ella expandiendo más la sonrisa- ¿un acertijo?¿un juego rarito de los vuestros?
–Belerofonte*...- dijo Ishida, tocándose la frente en señal de despedida.
–¿Belero...qué?- se preguntó la chica morena al aire mientras veía al muchacho marcharse.
Desarrugó el papelito azul. En el interior había una dirección, una hora. Todo escrito con tinta azul. Rukia se secó la nariz. Apreció la humedad del ambiente. Unas tímidas gotas de agua comenzaban a perlar su gabán.
Al principio pensó en no ir. Era una simple nota anónima. De repente recordó que Grimmjow se le había declarado a través de billetitos como aquél. Además la dirección estaba cerca de su casa. Nada perdía con intentarlo.
Un viejo Burguer, fue el lugar al que la dirigió la misiva. Rukia se colocó el gabán, mientras arreciaba la lluvia. ¿Entrar o no entrar? Ahí estaba el dilema. Al final, resolvió sentarse en un banco de piedra cercano. Observaba los transeúntes, nunca se había fijado mucho en aquella zona. Ella prefería otro tipo de comida. Sacó de su bolso de lona panchitos de colores como confetti. Los engulló sin mascar casi. Miró su reloj de pulsera. Casi eran las 8:20.
Grimmjow apareció por una esquina de la calle. Sí, sin duda era él, de eso Rukia estaba segura. No entró en el Burguer, quedándose en la puerta del local. Rukia iba alzar la mano para llamar al chico cuando en ese momento, apareció una chica de pelo color verde. Ambos se abrazaron con beso incluido y entraron en el Burguer riendo. Era obvio que no era la primera vez que salían en ese plan. Rukia volvió a sentarse en el banco de piedra. Tiró la bolsa de panchitos al suelo machacándola con el pie.
- Mierda de día. Sólo falta que se ponga a llover.
FIN DE FLASH BACK
– Como quieras, Rukia, como quieras, reina – dijo Grimmjow a modo de derrota.
Rukia se encogió de hombros. Sabía que estaba celoso pero jamás se lo diría directamente a ella. También sabía que cuando la llamaba "reina" su enfado alcanzaba el límite de lo soportable. Rukia cerró el tema, levantándose de la mesa.
Los ojos del chico de pelo azul no se despegaban del cuerpo de la chica morena. Incluso cuando hubo salido del café, la seguía con la mirada. "Piensa que yo lo sé pero no está seguro, mejor así..." pensó Rukia.
Pidió un taxi y dio la indicación para que la llevase al hospital Karakura. Después de darle al hombre una generosa propina, se dirigió al edificio.
– ¿Kurosaki Ichigo? - preguntó en la recepción. La mujer madura la miró con gesto ceñudo sin hacerle el menor caso. Acababa de colgar el teléfono
– Soy Kuchiki Rukia .
La recepcionista cambió el semblante y se puso a buscar a toda prisa en su ordenador. Tecleando unas coordenadas especiales. Los datos parpadeaban en el monitor.
– Edificio C, planta 4, habitación 102 – dijo con una amplia sonrisa- que tenga un buen día, señorita Kuchiki.
Rukia recorrió el laberinto del hospital antes de dar con la habitación señalada. Cuando encontró el número llamó a la puerta. Una enfermera con estetoscopio y bata la detuvo:
– Está con el médico, dentro, no puede pasar...
– Soy Kuchiki Rukia...- informó a la enfermera.
– Me temo que no entiende que si está con su médico, usted no puede pasar...-siguió insistiendo la enfermera.
– Y usted es la que no entiende con quién está hablando...- le contestó agriamente la morena.
– Alto, - una voz se elevó por encima de ambas, era Momo, que hasta entonces había estado sentada en uno de la sala de espera.
– No se preocupe, enfermera, la conozco – le dijo Momo calmadamente a la mujer. La enfermera se fue sin más a hacer su trabajo.
– ¿A qué has venido aquí?- le preguntó agriamente Momo a la chica morena.
– A ti no te incumbe – le respondió Rukia. Le molestaba la presencia de aquella chica tímida. Nunca la había visto tan alterada.
– Sé lo que pretendes. No te metas entre Ichigo y yo.- le avisó sombriamente la recatada Momo.
– No es lo que piensas...- dijo Rukia con una semisonrrisa-no tiene que ver con él.
– Te conozco...- empezó Momo- empezarás a manipularlo como haces con los otros, como haces siempre. Sí, sí, siempre serás un Kuchiki...
– En ese momento se abrió la puerta de cuarto y salió el director Ukitake hablando con el médico.
– En nuestra institución nos preocupa mucho la salud y el bienestar de nuestros alumnos -decía el director Ukitake. Llevaba un maletín con una inscripción dorada.
– Presionada por la curiosidad, Rukia se acercó aún más al hombre de cabello blanco. Desde una distancia en que pudo leer la inscripción de su maletín. Tragó saliva.
– "No puede ser cierto" se dijo compungida, mientras caminaba hacia el ascensor. No oía la voz de Ukitake que la había llamado. "No, no puede ser..." Salió del edificio y con suerte tomó un taxi que pasaba por allí.
– "Mi propio primo...no..."
Notas del fic:
*Belerofonte: las cartas de Belerofonte es una expresión utilizada cuando alguien entrega unas cartas cuyo contenido no le concierne, o sea que es inocente de lo que dicen esas cartas. La persona que es el medio, no el emisario de este tipo de cartas, es una persona que intenta "lavarse las manos" de lo que que pueda surgir a raíz de la interpretación de tales palabras. ¿Ishida es ingenuo? Eso, según se mire...
*Teleco: abreviatura de telecomunicaciones.
Nota: ¿Qué tal? Espero que les haya gustado. Sí, Byakuya es el primo de Rukia. Lo de Ishida se explicará más adelante (otra idea loca), he mencionado a lo largo del capítulo un par de asociaciones, más adelante explicaré su papel en la historia, Rukia ya siente algo de interés por Ichigo...uyuyu..., claro que aún no le gusta :(¿qué pasará? Dejen reviews de lo que les pareció, necesito saberlo, para cualquier crítica constructiva o destructiva tienen los comentarios o mi mp de la cuenta, si no quieren que sólo yo los lea...hasta el próximo capítulo;)
