Este es el segundo capitulo de esta historia, que sigue siendo mi forma de ver a los padres de Naruto

Este es el segundo capitulo de esta historia, que sigue siendo mi forma de ver a los padres de Naruto. Espero que sea de su completo agrado.

Por cierto, el personaje original que se ha colado en este fic (Andou Hikari) no me pertenece. Gracias a la persona que me lo prestó.

Acotaciones:

Letra Normal - Narración

Letra Cursiva - Flash Backs

Letra Negrita- Pensamientos

Recomendación Musical para el capitulo: Las Flores de Café Tacuba (sobre todo para la última parte)

Dejando Ir Amor

Capitulo II

Llueve Café

A Kushina jamás le había gustado el mes de Febrero. Quizá era el extraño clima que azotaba a la aldea del Remolino en esa época del año: una mezcla de un infernal frío con los abrasadores rayos solares, pasando de lluvia intensa a una nevada inesperada que congelaba por pocas horas los lagos del pueblo. Otras veces se lo atribuía al hecho de que era un mes endemoniadamente corto, en el cual no podía hacer nada relevante o suficientemente bueno para poder recordarlo. Aunque, ciertamente esas no eran la verdadera causa del temor que presentaba la pelirroja al periodo de 28 días (no necesariamente el menstrual). Y es que desde que ella tenía memoria, la fecha más aborrecida por su persona era el día catorce. Si, las únicas 24 horas en las que la melosidad se hacía presente en rosa, blanco y rojo con un leve aroma a chocolate en el aire. Un escalofrío le recorría la espalda de sólo pensar en todos esos adornos que cubrían las calles de su lugar de origen. Para ella, el segundo mes del año era una tortura que año con año tenía que soportar con una linda y calida sonrisa que por dentro guardaba una terrible confusión.

No podía entrarle en la cabeza en qué difería ella con respecto a otras chicas de la aldea, pues cuando se miraba largas horas al espejo siempre concluía que simplemente era una niña, una perfecta integrante del género femenino, indudablemente era una mujer.

Pero, si es que ella en realidad no difería tanto de las demás, ¿por qué nunca era tratada como tal en el molesto día de San Valentín? Esa era la pregunta principal. El problema era que jamás se había revelado el misterio que acosaba a esa época del año. Y puede que ciertos sentimientos de vergüenza en su interior no la dejasen preguntarle a alguien externo. Así que esa constante inseguridad en su persona era bloqueada la mayor parte del año, incluso varias semanas antes del tan temible catorce, pero justo ese día, nada podía evitar que su humor se tornase hostil y fuera de control. Aunque el que su estado de ánimo estuviese oscuro, no era cosa extraña.

Ese día en específico, aún lejano a San Valentín, estaba bastante malhumorada. Había tenido que tomar clases extra de matemáticas. Para su desgracia, al aceptar la misión que le encomendaron, no sólo firmó un contrato con Lord Hokage, también lo había hecho con el diablo (personificado en una enorme institución de capacitación).

Le habían aplicado un examen diagnóstico, del cual salió bastante bien librada, con buena condición tanto física como mental (el que le dijeran que tenía un ego muy grande y problemas para trabajar en equipo no era relevante para su persona). Pero en el ámbito matemático, el resultado no fue muy alentador. Recordó con pesar, como llegó a la oficina del Sandaime, sintiéndose absolutamente capaz de todo, casi comiéndose al mundo de un solo bocado. Quizá hubiese sido mejor mantener al margen su ego…

El anciano líder reviso los datos obtenidos primero que ella, felicitándola al ver su desempeño como estratega. Pese a esto, su sonrisa desapareció al ver su nivel en cuanto a problemas aplicados. La pelirroja sintió como su sangre se helaba al escuchar la frase que le hizo soltar un sonoro y lastimoso gemido que ensordeció a todos en el edificio.

"Lo siento Kushina-san, me parece que tienes que retomar tus estudios de Trigonometría para poder desempeñar mejor esta misión… no te desanimes, podrás alcanzar a Hikari y Minato después del verano…"

Los ojos castaños de la chica se contrajeron de pura rabia, mientras sus puños se apretaban con tanta fuerza. Sarutobi miró el aura azulosa que se desprendía de una manera que jamás había conocido, y por un breve instante, temió que la niña frente a él le lanzara la mesa para después atacarlo con intenciones homicidas. Era un sentimiento de absoluto temor el que le inundó, dispersando la adrenalina por todo su cuerpo, poniendo sus pupilas en alerta, esperando ver la reacción del posible atacante…

La última vez que lo sintió fue cuando Minato creyó que no había obtenido el cargo de Jounin. Sensación que rogaba al cielo, no volver a sentir…

Uzumaki, tan solo se limitó a mirar el rostro del kage, con un súbito sentimiento de tristeza e incomprensión.

-"Pero… Hokage-sama… ¿por qué?"-

-"Cada quien tiene distintas aptitudes… es normal que no puedas ser excelente en todo. Por eso tienes un equipo. ¿No te lo explicó Jiraya?"-

-"Supongo que debo poner atención más seguido…"-

-"Muy mal Kushina-san, deberías comprender y asimilar a tu sensei…"-

-"Procuraré fijarme cuando no ande de pervertido, recalcándome que no cree que yo pueda alcanzar a crecer lo suficiente para encontrar marido…"-

Sandaime ahogó una sonora carcajada, tratando de ser imparcial ante el molesto comentario para la pequeña forastera.

-"Descuida Kushina, no todos podemos ser chunnin a los 12 años…"-dijo tratando de calmarla. Su misión falló cuando la mirada de la chica casi lo atraviesa con bastante molestia. Ella se inclinó con profundo respeto, se dio la vuelta y tras despedirse con absoluta cortesía, sólo balbuceo casi para si la frase que dejó helado a la sombra de fuego:

-"Tengo 16…"-

Un suspiro se hizo presente en la habitación donde la kunoichi de la aldea del remolino se encontraba. Sin perder más tiempo, se acomodó el traje de prácticas que le habían dado en la rectoría. Era horriblemente enorme, hecho de una tela que antes que algodón (como presumía el empaque) parecía un sauna andante. El atuendo estaba compuesto por una playera y un pantalón blancos, para representar la pureza del ser humano…

"Pero ellos no saben el trabajo que cuesta mantener esa blancura después de cada endemoniada sesión" pensó Uzumaki amarrándose el pelo en una elegante coleta alta, según ella para alejar los mechones rebeldes de su cara.

-"Kushina-san, ¿Ya podemos irnos?"-preguntó Hikari con algo de pesadez.

-"Si, déjame guardar mi ropa..."-exclamó metiendo sus pantalones a la enorme maleta, sin ton ni son, haciendo gala de que el único orden que conocía, era el caos.

Como pudo, cerró la enorme petaca, para después dejarla caer al suelo y jalarla con fastidio a la salida de la gruesa correa negra. Caminaron juntas hasta llegar al salón, haciéndose a un lado para dejar pasar a la clase anterior. Kushina miraba atentamente a todos los que salían (con la cara somnolienta y los ojos totalmente perdidos).

-"Vaya, ¿ahora si te dignarás a entrar?"-escuchó por detrás, una voz llena de orgullo, le susurraba lentamente cada una de las palabras en su oído, erizándole la piel de la nuca. Le reprochaba las dos ocasiones seguidas en las que se había olvidado de ir a la sesión, con el placer de ver como la vergüenza se apoderaba de las mejillas de la pelirroja-"¡Hola Hikari-san!"-saludó sonriente, mientras la pelinegra respondía el saludo verbal con un gesto de su mano.

-"Minato…"-dijo en voz alta Kushina, utilizando aquel mordaz tono que solo él, podía obtener.

-"Ya sé que sabes hablar, pero por favor no gastes mi nombre…"-se mofó mientras ella se giraba y lo retaba por milésima vez con la mirada-"La clase es meditación, sólo meditación…"-recalcó con sorna-"¿podrás soportarla?"-

-"Si un cabeza hueca como tú pudo, yo también…"-

-"Te recuerdo que yo sí voy al ritmo de los demás…yo no tengo que tomar el nivel anterior de matemáticas aplicadas…"-

El leve sonrojo de ella se acrecentó de las mejillas de la chunnin, mientras en sus pupilas hervía aquella terrible furia contenida en todo su cuerpo. Minato sonrió, bastante complacido al hacerla rabiar con tanta facilidad. Subió su mano y frotó su palma contra su pelo, lo cual la despeinó. Se retiró con un rápido, brusco y doloroso manotazo.

-"¿Te comieron la lengua, rojita?"-

Kushina levantó la mano y la cerró en un puño, dispuesta a clavarlo en el estómago del rubio, seguramente esa acción lo dejaría callado… Hikari detuvo su ataque tomando su muñeca con rapidez.

-"Oye Minato, ¿podrías dejar de fastidiarla?"-

-"No lo creo Hikari-san"-replicó sin pensarlo mucho-"Ella es… ¿Cómo decirlo…? Es tan fácil molestarle que se vuelve adictivo…"-

-"Púdrete"- pidió la extranjera abriéndose paso para entrar a la clase más aburrida que había existido. La morena sólo movió la cabeza sin poder creer la falta de caballerosidad que él presentaba cada vez que tenía que ver a Kushina. Normalmente era un tipo tranquilo, sin más pasatiempo que estar haciendo travesuras durante las misiones. Era su forma de divertirse. Pero últimamente… el blanco de sus recreaciones, era la pobre pelirroja.

-"Minato, jamás creí decirlo. Pero eres un imbécil"-dijo a manera de despedida.

El rubio ante tal declaración sólo alcanzo a preguntarse si de verdad era hostilidad o algo más le incitaba a estar de tal humor siempre que estaba su nueva compañera de misión.

Se encogió de hombros, y sintiéndose incapaz de comprenderse, se marchó bamboleándose con orgullo al tiempo que tarareaba una canción irreal que su mente había compuesto hace mucho tiempo.

Kushina por su parte, dejó sus pertenecías en el piso del aula, que para facilitar las practicas había sido recubierto con tatami de color azul rey. Hikari hizo lo mismo y se colocó en posición de flor de loto, esperando las órdenes del sensei.

La lección le pareció tan lenta a la pelirroja, que incluso empezó a cabecear con demasiada frecuencia, al grado de que tenía que poner firme el cuello para evitar tan desagradable e irrespetuosa acción. Miró a Hikari por el rabillo del ojo. Siempre tan centrada, sin quejarse de lo que sufría… era todo un ejemplo a seguir… al menos hasta que observó como la pelinegra caía desplomada sobre los tatamis, completamente perdida en sus sueños.

-"¡Hikari-san!"-bramó Kushina interrumpiendo a todos los presentes, tan alto y agudo fue su grito que la morena despertó al instante, apenada por el suceso.

El sensei explotó. Con una respectiva mirada a cada una, las obligó a salir del aula sin mediar palabra alguna. Ambas chicas salieron corriendo despavoridas, jalando sus pertenecías con brusca vergüenza.

-"Gomen, Hikari-san, es solo que me sorprendió verla un poco… ¿Cómo decirlo…? ¿Fuera de si…?"-trató de excusarse la chica de pelo de fuego.

-"No hay problema. Por lo menos no fui la única expulsada del aula… ¿cierto, Kushina-san?"-explicó acariciándole el pelo con un fraternal estilo, mientras se dirigían a buscar a Tsunade, la única sannin. Hikari tenía algo muy importante que darle y no podía retrasarse más. Aprovecharía el tiempo ganado sin la clase. Con tales pensamientos, abandonaron el colegio que tanto odiaba la chica Uzumaki. La charla no se extinguió con el comentario anterior, pues los efímeros y extraños comentarios de la extranjera eran rarísimos y fascinantes para la ninja originaria de Konoha. La conversación duró hasta llegar a las oficinas del Sandaime, donde verían no sólo a la poderosa rubia, sino que también se reportaría Hikari.

-"Hola"-saludó con su voz y un gesto de la mano, la estudiante del Hokage.

-"Buenas"-respondió gentilmente Tsunade.

-"Buenas, las tenga usted"-respondió Jiraya mirando indiscretamente el pecho de la poderosa rubia que tenía a un lado. Esta le replicó clavándole el puño en el estómago, con tanta fuerza que el peliblanco escupió saliva involuntariamente.

-"¿Quién es ella?"-preguntó la mujer, siguiendo con su reclamo no verbal hacia su antiguo compañero de equipo, quien se retorcía salvajemente en el piso a causa de las patadas y puñetazos.

-"Soy Uzumaki Kushina"-se presentó a si misma, inclinando la cabeza, sabiendo frente a quien estaba-"Vengo de la aldea del remolino, mucho gusto"-

-"Y también se ve mucho menor de lo que en realidad es, ¿Cierto, Kushi-chan?"-añadió mordazmente su profesor, sabiendo que eso la haría rabiar. Acto seguido, la pelirroja tenía la cara roja de furia, pero por alguna razón no estaba golpeando a su superior.

-"Pensé que lo golpearías, Kushina-san, justo como lo intentas hacer con Minato-san"-exclamó su compañera de clases.

-"¿Minato? ¿Namikaze Minato?"-preguntó la rubia, levantando una ceja, con evidente interés.

-"Si, Minato, el rubio cretino"-describió Jiraya moviendo la mano con desdén.

-"Ese imbécil…"-murmuró la chica del remolino con algo de resentimiento. El comentario sí fue escuchado por todos los presentes, pero nadie se lo comentó de inmediato, tratando de darle la connotación menos distorsionada posible.

-"Oye… Kushina-chan…"-dijo por lo bajo el sensei oficial de la pelirroja-"A ti… ¿te gusta Minato-kun?"-le susurró con picardía mientras veía como las mejillas de su pupila se enrojecían tan brutalmente que parecía un tomate con peluca.

-"¡¿Qué?! ¡Jiraya-sensei! ¡Eso es lo más estúpido que jamás he oído!"-bramó molesta, haciendo aspavientos, mientras su cara ardía tanto que podían ver el humo que se desprendía de su epidermis.

-"¿Minato-kun y Kushina-chan?"-repitió la sannin mientras se llevaba el índice a la barbilla y empezaba a considerarlo-"No suena tan descabellado…"-dirigió sus ojos a una desquiciada versión de la kunoichi Uzumaki-"Y a ella sí le gusta el amigo en cuestión… ¿Tú que piensas, Hikari-chan?"-

La morena estaba peor que la pelirroja. Era demasiada información para su pobre cabeza. Pareciera que su sistema operativo se estuviera reiniciando.

-"Te estoy hablando, Hikari-chan"-repitió, algo molesta, Tsunade.

Andou, movió rápidamente la cabeza y tras un breve silencio, contestó con sinceridad:

-"No lo sé… digo… jamás me lo hubiera imaginado"-

-"¿Cómo actúa Minato-kun con ella?"-

-"La jode mucho"-dijo casi sin pensar.

-"Eso es raro… pero bueno un chico de 17 años no creo que sea muy maduro en situaciones amorosas"-

-"Te equivocas Tsunade, Minato es muy maduro, capaz de ver a través de las decepciones humanas y por tanto es un excelente jounin"-le reprochó el peliblanco

-"Igualito a ti, Jiraya. Increíbles en batalla, pero dan pena ajena en situaciones amorosas…"-concluyó la rubia con pesadez.

-"¿De verdad estás bien, Kushina-san…?"-la cuestionó pasando su mano por su frente, tratando de saber si tenía fiebre o algo similar-"Parece que te ha dado una insolación"-

-"No…"-replicó temblorosamente, con la cara ardiéndole-"Tengo que irme a casa, lo siento"-dijo esta recuperando un poco su color normal, aunque aún se notaban las secuelas de tan intenso color.

-"¿Te acompaño a casa?"-preguntó preocupada Hikari

-"No gracias. Discúlpeme Tsunade-sama… es sólo que tengo que hacer la cena y limpiar mi cuarto…"-

-"¡Que excusa más tonta, Kushina-chan!"-le reprochó la voluptuosa rubia.

-"En serio lo siento mucho Tsunade-sama…"-alcanzó a decir dirigiéndose a la puerta con nerviosismo. Dirigió sus manos hasta la perilla y justo en ese momento, esta se abrió revelando al rubio Namikaze. Un gritó salió de la boca de la pelirroja y el color de su pelo se presentó en su cara, de nuevo.

-"Mira nada más, Jiraya-sensei, el piso tiene una mancha roja… ¿Traigo el trapeador?"-dijo con afán de molestarla. La chica no contestó nada en absoluto. Simplemente se quedó estática, mirando al recién llegado con tanta confusión que no pudo articular palabra alguna contra sus afirmaciones. Tampoco pudo moverse. El ojiazul se inclinó y clavó sus ojos en los de ella, después paso su mano derecha por su frente-"Oye, ¿de verdad estás bien? Tienes fiebre… ¿apoco las bestias se enferman?"-

Kushina gritó y hundió su puño en el estómago del jounin, apartándolo rápidamente de su camino para salir corriendo como quien había visto al diablo mismo. Siguió gritando afuera del cuarto, y sus pisadas se escucharon por todo el edificio. Tsunade rió. Minato se retorcía en el piso por culpa del tremendo golpe que le fue aplicado.

-"Esa…"-intentó decir el calificativo que tenía para la extranjera en ese momento, pero no pudo decir nada más por el intenso dolor.

-"Minato-kun… ¿Qué opinas de Kushina?"-preguntó Jiraya con interés. Las otras dos mujeres lo vieron asombradas por la pregunta.

El joven genio se puso de pie con dificultad, sin soltarse la zona afectada.

-"¿Qué quiere que le diga sensei? ¡Es una idiota! ¡Uno que se preocupa porque tiene fiebre y mire como me paga! ¡Esa no es una mujer es un demonio!"-bramó molesto.

-"En fin, ¿Qué quieres aquí?"-cuestionó secamente la sannin.

-"Vine a pedirle a mi sensei que me entrene un poco más en taijutsu, siento que estoy perdiendo el ritmo"-dijo recordando su meta.

-"El catorce de febrero a las seis en punto. Trae algo de desayunar"-dictaminó el peliblanco tras unos pocos segundos de pensar-"Dile también a Kushina. Estoy seguro que será una buena idea que practique sus ataques asesinos como este…"-

-"¿El catorce…?"-se quejó estupefacto Minato.

-"Si. Es el día ideal para entrenar. Asi podrás evadir a tus fanáticas desquiciadas y ponerte en forma como dios, tu rango y el ramen manda"-exclamó su maestro con singular alegría. El rubio bufó molesto.

-"Anda Minato-kun…relájate, habrá tiempo para tus admiradoras más allegadas. Siempre lo hay. Dicen que hay más tiempo que vida y yo creo que es cierto. Además, esta celoso de que a ti si te quieran… a él ni le ladran"-

El jounin no le contestó a la sannin. Simplemente, inclinó la cabeza diciendo adiós y salió corriendo de la habitación, con el orgullo sumamente herido.

°O°O°

-"No me gusta…es un imbecil… es un rubio hueco y vacío… y barato… y…simplemente no me gusta… No me gusta…es un imbecil… es un rubio hueco y vacío… y barato… y…simplemente no me gusta… No me gusta…es un imbecil… es un rubio hueco y vacío… y barato… y…simplemente no me gusta"-se repetía Kushina mientras daba vueltas alrededor de la aldea, corriendo como si no existiese un mañana. Corría a tal velocidad que no parecía una mancha roja que cercaba la pequeña zona de Konoha. Sus mejillas estaban rojísimas, ardían tanto que pensó que se desmayaría por el exceso de calor en su cuerpo. Los latidos de su corazón eran tan feroces que estaba segura que el músculo saldría saltando de su caja toráxica, para después caer a sus propios pies. La idea de contemplar uno de sus órganos principales frente a frente no era precisamente agradable. Finalmente, cansada, exhausta e incapaz de seguir avanzando a tal ritmo, se tumbó sobre el césped de una zona poco poblada. Gracias a las fuerzas supremas, a esa hora no había alma alguna entrenando en los bosques, asi que podía definir sus sentimientos con un poco de paz.

Miró al cielo, justo antes de cerrar los ojos. "No es cierto. No me gusta. Es engreído, narcisista, creído, brusco, lépero, inmaduro… egoísta…" siguió nombrando mentalmente cada uno de los defectos que le encontraba. Riéndose al imaginarse al Namikaze diciéndolo el mismo con poses bastante transexuales y voz chillona. Era un espectáculo asombrosamente divertido, tanto que pronto la risa se hizo más y más audible, hasta que el estómago le comenzó a doler.

Cuando aquella imagen mental desapareció por completo de la mente de la chica, volvió el mismo tema. Una punzada en la panza le hizo recordar que no podía postergar aquella situación para pensarla después. Luchando contra sus deseos, tan solo se puso de pie con una actitud altanera.

-"No importa… ¿Para que buscarle respuesta si no tiene ni pregunta?"-Acto seguido, salió corriendo con destino a su casa para cenar, hacer tarea y dormir en su mullida camita. Tenía la cabeza vacía mientras canturreaba la canción que su madre le había enseñado cuando era pequeña. Sus pasos cortos y acompasados, se movían al ritmo de una melodía que sólo existía en su mente, en un recuerdo que revivía con alegría.

-"Ojala que llueva café en el campo… que caiga un aguacero de yuca…"-canturreaba con los labios entreabiertos, en un murmullo inexistente-"y del cielo una jarita de queso blanco y al sur una montaña de berro y miel… ojala que llueva café…"-

El camino a casa no era demasiado largo, pero sinceramente, ella no tenía ganas de llegar. Konoha era un buen lugar para vivir de manera estable y sin las emociones que la vida de ninja poseía. Para su desgracia, ella no estaba en posición de disfrutar como turista de la aldea. Había llegado para ser reconocida como chunnin, y durante el tiempo que duraba el intenso y complejo examen, se había hospedado con su tía, la hermana de su padre, el jefe del clan Uzumaki.

En la aldea del remolino, una de las familias más respetadas era a la que Kushina pertenecía, el clan Uzumaki. El padre de la pelirroja, era el primogénito y jefe de la enorme, ruidosa, famosa y respetada estirpe de ruidosos personajes de cabellos rojizos. Los integrantes de aquel linaje, eran en su mayoría, mujeres. Seis hermanas, dos hermanos, una madre, un padre… sin duda, una familia complicada. Su tía, estaba casada con un ninja de la aldea de la hoja y por tanto pudo tener alojamiento seguro, ya que si no hubiera sido por la propuesta de su querida familiar, jamás hubiera subido de nivel. Sus papás eran demasiado sobre protectores con ella. Quizá porque era niña, o probablemente porque era la que tendría el cargo de su padre. Seguramente la razón era una mezcla de ambas cosas…

Suspiró sonoramente, siguiendo su camino a paso de tortuga, mientras el viento le acariciaba el rostro y apartaba los rebeldes mechones rojizos de sus pómulos. Debía de apresurarse, para hacer la comida lo más pronto posible. Era una extraña tradición en todas las casas en dónde un Uzumaki habitaba: cada semana se turnaban la preparación de la comida. Asi era un poco más equitativo, más variado y se aprendían muchas cosas que en batalla son útiles (al menos eso decían…).

Bufó molesta. La comida que Kushina preparaba era buena, pero no muy laboriosa porque detestaba tardarse mucho en la cocina. Por alguna razón se le había antojado un enorme plato humeante de ramen combinado, con pedacitos de pollo y tocino flotando en un caldo cobrizo… se le hacía agua la boca con solo pensarlo. ¡Que lastima que ella no pudiera hacer tal maravilla culinaria! Solo había dos personas que conocían la receta y una de ellas era su adorada madre, quien estaba a más de ciento cincuenta kilómetros de distancia. La otra, no tendría su turno frente a la estufa hasta después de siete días…

-"Ojala que llueva café en el campo, peinar un alto cerro de trigo y maguey… bajar por la colina de arroz graneado…"-canturreó, aumentando la velocidad y por consiguiente, alejándose a mayor velocidad del bosque.

O°o°o°O

-"¿Sabes que estás perdiendo condición?"-le reprochó Jiraya a Minato mientras contaba la vuelta trescientos catorce que había dado a la aldea. El aludido lo fulminó con la mirada mientras aceleraba el paso. Kushina estaba en el pasto, contemplando las nubes con absoluto interés, seguramente descifrando las formas que tenían aquellas vaporosas apariciones. Ella ya había concluido sus mil vueltas, pues había llegado a la hora pactada y él, pretextó que el despertador ya no tenía baterías…

-"¡Anda! ¡Ponle empeño!"-se burló la chica sin dejar de tararear una canción que al parecer nadie conocía-"ojala el otoño en vez de hojas secas, pinte mi cosecha…"-

-"¿Qué cantas Kushina-chan?"-preguntó el peliblanco examinándola con los ojos llenos de curiosidad.

-"¡Nada, nada! ¡Nada Sensei!"-negó efusivamente mientras hacía graciosos ademanes que denotaban su involuntario sonrojo.

-"Déjela sensei, seguramente no es nada de importancia"-se burló Minato antes de perderse en el horizonte. La pelirroja, lejos de enfadarse por el comentario, se quedó mirándolo con los ojos entrecerrados, por culpa del sol que empezaba asomarse.

-"Eh… Kushina… despierta…"-susurró divertido el sannin, viendo como sus quedas palabras no eran escuchadas por su alumna-"Venga Kushina, sabes que a la novia de Minato no le gustará que lo veas de esa manera…"-La frase surtió el efecto necesario. La pobre chica abrió los ojos de golpe, girándose a ver a su maestro mientras perdía el control de su quijada-"Oye, tranquilízate, no tiene novia, es solo que no querías escuchar…"-

-"No me interesa si tiene o no tiene novia. ¿Por qué tendría que preocuparme por eso?"-explicó tartamudeando cada palabra

-"¡La misma pregunta podría hacerte yo!"-dijo Jiraya deseando jamás haber tocado el tema en primer lugar, no era muy bueno manejando a chicas hiperactivas enamoradas. Y esta en particular tenía la pinta de que lo asesinaría si su comentario se volvía realidad, también tenía los ojos llorosos… La última vez que había visto esa mirada, fue cuando Tsunade supo sobre la muerte de su novio, Dan… El terror se apoderó de su cuerpo…en definitiva, las mujeres eran más peligrosas que los hombres…

-"¿Sabes? Era solo una broma. Minato no tendrá novia en mucho tiempo, al menos no hasta que encuentre una lo suficientemente desquiciada como para aguantar todos sus desplantes, mal carácter, entre otras cosas, que una chica linda que se de a respetar no va a aceptar…Él necesita otro tipo de mujer, alguien que sea muy especial"-dijo tratando de calmarla.

-"¿Y a quien le importa saber que tipo de mujer le conviene a ese idiota?"-respondió mirando a otro punto. Jamás admitiría que se sentía mucho mejor. Jiraya sonrió ampliamente

-"Oye, dime ¿Cómo es el lugar donde vivías?"-preguntó, zanjando el tema.

-"Es… similar a este… digo es una aldea ninja, no varía demasiado… sinceramente lo que extraño es a mi familia…"-explicó apenada, moviendo los pies como niña pequeña

-"¿Tu familia se sabe la canción de hace rato?"-

-"Si. Ellos me la enseñaron. Mis primos la corean conmigo cuando nos vemos. Aunque mi mamá me la cantó primero. Ella es a la que se le escucha mejor"-

O°o°o°O

Corría como desesperado, como si no hubiese un mañana, sintiendo la adrenalina correr por todo su ser, jadeando de vez en cuando. Odiaba tener que hacer sus vueltas después que la mocosa de pelo rojo. Era extraña, pequeña y molesta. Y él, Minato, estaba furioso por su propia falla. Siguió andando a una velocidad casi irreal, ya faltaba poco para darle la vuelta a la montaña donde estaban las cabezas de los antiguos líderes, cuando sintió que algo lo jalaba de la nuca, tumbándolo en el suelo irremediablemente.

Se quejó para sus adentros, y lo único que daba muestras de su dolor, eran sus ojos entrecerrados.

-"Levántate, idiota"-escuchó la voz de Tsunade, quien estaba viéndolo desde las alturas con la sonrisa característica de quienes conocen algo que otros no. Aquella mueca intrigó al jounin, quien se colocó en la posición de loto, mirando los ojos miel de su superior, tratando de descifrar porque lo había tirado sin previo aviso.

-"¡Tsunade-sama!"-dijo el rubio sorprendido.

O°o°o°O

-"…mi primo siempre ha dicho que necesito cortarme el pelo, pero yo no le veo sentido, ¿Tú si, sensei?"-la pelirroja parloteaba alegremente con Jiraya, quien simplemente asentía y a veces opinaba. Era una chica mucho más dicharachera de lo que aparentaba, y por primera vez, el poderoso y pervertido sannin tenía ganas de saber más de la aldea del remolino. A lo lejos, Minato estaba llegando. Contrario a lo indicado para el calentamiento, el ojiazul se detuvo justo detrás de Kushina.

-"Oye Minato, te dije que corrieras sin parar hasta que termi…"-las palabras se le escaparon de la boca al ver al rubio de pie, jadeando.

-"Oye…"-murmuró jalándole el cuello de la playera oscura por la parte de atrás a la chica de ojos castaños.

-"Idiota, vete a terminar… el sensei y yo hablamos de cosas más importantes"-dijo con soberbia sin dignarse a mirarlo.

-"Oye…"-él no se rindió. Siguió jalando la tela hasta que esta se puso de pie y lo encaró. Justo cuando las hirientes palabras estaban apunto de escapar de su pequeña boca rosada, él le tendió una rosa roja. Un pequeño botón rojizo.

-"Ten…"-y las palabras brotaron de la boca de Minato Namikaze, pero jamás tocaron los tímpanos de la chica, quien simplemente tomó la flor en su mano derecha, y sintió como los brazos del rubio la rodeaban con un sentimiento que no podía identificar con facilidad.

O°o°o°O

Uff! ¡Terminé! por fin el segundo capitulo de este fic esta completo y me siento absolutamente feliz de como ha quedado. Si, he puesto algo de la familia de Kushina, pero no puedo darles nombres a los abuelos de Naruto, siento que es sacrilegio (yo y mis traumas internos) asi que por favor sean pacientes. Minato no ha tenido tanto protagonismo en esta parte de la historia, pero prometo que tendrá su propio capitulo, enteramente dedicado a él. Muchísimas gracias a todos los que agregaron este fic a sus favoritos, los que me comentaron y a la pobre que betea esta historia, Okami oneesama.

Realmente no se que haría sin ustedes.

PD: La canción con la que se realizó este capitulo, es "Ojala que llueva café" (es la canción que canta Kushina en varias ocasiones).