Albertino era un hombre joven muy apuesto, de vivos ojos almendrados ligeramente escondidos detrás de un par de anteojos rectangulares, cabello rubio ceniza hasta un poco más arriba del cuello y sonrisa cautivante. Era alto, un poco más que el sargento, pero era mucho más delgado que él. Lucia un elegante traje gris de negocios, camisa blanca y corbata roja. Su voz era amable y seria, pero sonreía siempre que se dirigía a alguien, algo que podía ser muy agradable para sus amigos, pero irritante para aquellos que no simpatizaban con él.

Apenas el sargento lo vio y lo invitó a sentarse en su escritorio, el cabo primero le entregó sus expedientes personales, para que pudiera conocer un poco más de sus antecedentes, ya que se podía ver que venía de una familia acomodada.

Sargento Iwao: Veamos… aquí dice que nació en la prefectura de Iwate, mas específicamente, en Morioka, su capital. Su madre es japonesa y su padre italiano, pero se divorciaron hace diez años, tres de los cuales usted estuvo en Verona, Italia ¿eso es correcto?

Albertino: Si, estuve viviendo con mi padre los últimos años porque no se encontraba muy bien de salud, cuando comenzó la guerra él me dijo que regresara a Japón de inmediato para enlistarme, discutimos ese tema por meses hasta que accedí a volver a cambio de que él quedara al cuidado de una enfermera

Sargento Iwao: Veo aquí que su familia tiene un gran historial militar. Su abuelo paterno fue uno de los partisanos que atraparon a Mussolini durante la Campaña de Italia en la segunda guerra, mientras que su bisabuelo por parte de su madre formó parte del ejercito japonés durante la primera, es impresionante

Albertino: No sólo eso, mi padre luchó en la guerra de Vietnam durante buena parte de ésta en su época de estudiante universitario allá en Estados Unidos. Al volver conoció a mi madre y ambos fueron a Japón luego de casarse

Sargento Iwao: -cierra la carpeta- No tengo más que decir, bienvenido a nuestro ejército, es un honor tenerlo con nosotros -se pone de pie y estrecha su mano-

Luego de eso, a Albertino le fue entregado su uniforme y se le asignó una compañía. No había tenido el mismo entrenamiento de muchos de los soldados que habían entrado antes, pero no había tiempo para eso, los soldados escaseaban y el lado norte corría peligro de hacerse demasiado débil como para seguir enfrentándose al sur, por lo cual los reclutas nuevos deberían aprender sobre la marcha y tratar de hacer lo mejor posible pese a no tener mucha experiencia previa. El sargento lucia confiado de los antecedentes del soldado nuevo, cosa que no había hecho en mucho tiempo, así que consideraba que sería uno de los mejores hombres que haya tenido en sus filas.

Albertino se dirigió a la compañía que le habían dado, a su lado se encontraba el cabo primero Murazaki, quien sería el encargado de presentarlo a los demás. No bien llegaron sus compañeros se disponían a dormir, pero el cabo les aseguró que no sería algo largo.

Cabo Murazaki: ¡Atención!

Ante esto todos los soldados se quedaron de pie y perfectamente organizados. Nowaki, quien estaba en la misma compañía, casi no había oído la orden, el estar tan ensimismado en lo mucho que extraña a Hiroki lo hacía olvidarse del mundo, pero trató de ser respetuoso y obedecer al cabo.

Cabo Murazaki: Descansen. Como sabrán, la demanda de soldados por parte de nuestro lado ha sido una prioridad de la cual debemos preocuparnos, las bajas han sido muchas y las filas del ejército del norte están peligrosamente delgadas, es por eso que hemos tratado de reclutar más gente. Junto a mí tengo al soldado Albertino DaPonte, que vino desde Italia para poder formar parte de nuestras tropas y así compensar la falta de hombres. Su destacado historial militar se remonta a la primera guerra mundial, si no es que más atrás, así que confiamos en que esta compañía podrá mejorar mucho con un hombre como él. Sin más por ahora, quiero las luces apagadas no bien el señor DaPonte se instale. Es todo soldados, buenas noches -lo mira-. DaPonte, puedes usar la cama que antes utilizaba el soldado Kamijou, es la que esta debajo de la de Kusama Nowaki

Sin más que decir, el cabo primero dio medio vuelta y salió de ahí. Albertino estaba con sus cosas en las manos, y aunque estaba algo nervioso trataba de lucir lo mas compuesto posible. Los demás soldados lo miraban mientras caminaba desde la puerta hasta su cama y comenzaba a ordenar sus pertenencias. Muchos lo observaban con algo de recelo, ya que el cabo primero había puesto demasiado énfasis en la clase de familia que tenia, y a muchos les molestaba el hecho de que lo consideraran de inmediato un buen soldado solo por eso, siendo que todos habían tenido que pasar por un riguroso entrenamiento para poder estar allí.

Nowaki vio como nadie quería acercársele a Albertino y solo lo ignoraban, así que intento ir y hablar con él, para que se sintiera más a gusto dentro de la compañía, pero antes de que pudiera hacerlo, otro soldado se le acercó primero. Tsuruya-san era el soldado más grande y fuerte dentro de la compañía, y de los más fuertes dentro del ejército. Había superado con gran éxito los entrenamiento previos a la guerra y por ello era muy respetado, el problema era su actitud egocéntrica, y tenía fama de molestar mucho a los soldados más débiles que él. Nowaki lo sabía muy bien, había tenido que enfrentársele más de una vez cuando él y Hiroki estaban juntos en la compañía, más que nada para poder defender a su novio de sus molestas burlas.

Tsuruya-san (con una sonrisa burlona): Así que tú eres el nuevo, ¿de dónde vienes amigo?

Albertino: -lo mira de reojo un segundo- De Italia, estuve viviendo allí algún tiempo

Tsuruya-san: ¿Y por qué no te habíamos visto antes por aquí, eh?

Albertino: Cuidaba a mi padre mientras estaba enfermo, y él me convenció de enlistarme

Tsuruya-san: -se ríe- Ya veo, la clásica historia del niño de papi que está harto de la vida lujosa y quiere ver cómo viven los plebeyos que deben arriesgar su trasero en la guerra. Y dime niño ¿Cuánto pagó tu papi por tu capricho? No creo que el viaje desde allí haya sido barato

Nowaki: -baja de su cama y se le acerca- Tsuruya-san, basta por favor, DaPonte-kun no quiere pelear contigo

Tsuruya-san: -se ríe mas fuerte- ¿Vas a dejar acaso que este tonto hable por ti? Vamos niño de papi, ¿Qué tienes para decirme?

Nowaki: -mira a Albertino- Ignóralo por favor, no sabe lo que dice, creo que bebió de más en la cena

Tsuruya-san: -lo empuja- ¡No me digas que no sé de lo que hablo! -sujeta a Albertino por el cuello de su camisa- Ahora niñito de papi, respóndeme… ¿Qué es lo quieres viniendo aquí? Yo mejor regresaría a casa sin pensarlo dos veces si fuera tú, no perteneces a este lugar

Albertino (luchando por soltarse): Ya basta… suéltame, por favor…

Nowaki: ¡Tsuruya, ya basta! -le sujeta el brazo-

Tsuruya-san: ¡Suéltame, idiota!

Tsuruya-san entonces dejó caer a Albertino, quien de inmediato trató de recobrar un poco el aire al momento que veía como Nowaki peleaba con ese mastodonte que muy probablemente le doblaba el peso. Los demás soldados solo veían cómo marchaba la pelea, una mitad alentaba a Nowaki, mientras que la otra mitad alentaba a Tsuruya-san. Nowaki no sabía si resistiría mucho más tiempo enfrentado a ese tipo tan enorme, pero finalmente decidió emplear una táctica que Hiroki le había enseñado una vez. Agarró del cabello al soldado más grande y lo jaló fuerte hacia abajo, y levantando su rodilla, Nowaki le propinó un fuerte golpe en la frente, dejándolo atontado en el piso, con lo cual se aseguró de que no intentaría nada más por un buen rato.

El pobre pediatra quedó cansado y adolorido luego de la rápida pero dura pelea. Sus compañeros que lo alentaban fueron a felicitarlo por haber vencido al tipo más fuerte de la compañía, algo que a muchos les hubiera encantado hacer. Le pedían consejos de defensa personal y lo halagaban, mientras que Albertino sólo se quedó donde estaba, impresionado por la habilidad de Nowaki pese a ser tan delgado. No se había dado cuenta, pero se quedó mirándolo por largos minutos con un leve sonrojo en el rostro, hasta que de pronto él se le acercó para asegurarse de que estuviera bien.

Nowaki: -lo ayuda a levantarse- DaPonte-kun, ¿te encuentras bien? Tsuruya-san puede ser muy duro de tratar a veces, lamento que hayan terminado en esto

Albertino: -sale de su trance- S-Si… estoy bien… gracias…

Nowaki: Disculpa que no me haya presentado, me llamo Kusama Nowaki, aunque supongo que ya lo sabes por lo que dijo el cabo Murazaki

Albertino: Y tú ya conoces mi nombre también. Como sea, gracias por tu ayuda, nadie me había defendido así antes

Nowaki: La guerra puede ser muy cruel, es importante que nos cuidemos entre nosotros, aunque no es la idea tener que hacerlo de nuestros propios compañeros. Como sea, Tsuruya-san está desmayado y no nos molestará hasta mañana al menos, lo mejor es que nosotros durmamos también, hasta mañana -sube a su cama-

Albertino: Hasta mañana… Kusama-san

Nowaki (aun en la escalera): -lo mira- Dime Nowaki solamente, haces que me sienta viejo -se ríe y llega a su cama-

Albertino (en voz baja): Nowaki… -sonríe y se acuesta en la suya-

Todos en la compañía apagaron las luces. Uno de los soldados llevó a Tsuruya-san a su cama para que no debiera quedarse en el piso. No sabían si despertaría más tranquilo o furioso luego de la golpiza que le había propinado Nowaki, pero en ese momento todos estaban tan cansados que no les importaba. Todos durmieron y, una vez habiendo amanecido, las fanfarrias de la mañana tocaron muy fuerte, haciendo que todos saltaran de sus camas y corrieran a vestirse, ya que el enfrentamiento de ese día estaba por empezar.

Nowaki bajó rápido de su cama para ir a su baúl y sacar su uniforme y su arma. Ya estaba acostumbrado a todo ese frenesí por las mañana, al igual que todos sus compañeros, pero aunque todos nunca tardaban más de un par de minutos en prepararse, Nowaki se dio cuenta que la cama debajo de la suya permanecía igual, podía hasta escuchar ligeros ronquidos que venían de su ocupante. El sargento definitivamente no iba a estar feliz con eso.

Nowaki: -va con él y trata de despertarlo- DaPonte-kun, vamos, ya tenemos que levantarnos, el sargento se pondrá furioso si no estás listo pronto

Albertino abrió pesadamente los ojos, para encontrarse con los del pediatra que lo miraban suplicante. Se sonrojó aun mas con esa visión, se habían conocido hacia solo horas y ya era segunda vez que lo hacía sentirse extraño. Sus oídos entonces volvieron a conectarse con su cerebro y pudo oír a sus compañeros frenéticos yendo de un lado a otro tratando de estar listos para el combate, junto con una súplica más por parte de Nowaki. Decidió levantarse de inmediato, no quería problemas, pero tampoco que Nowaki se molestara con él.

Luego de no mucho más de diez minutos, todos los hombres de cada compañía del norte estaban ya en sus trincheras, aguardando porque comenzara el conflicto con los del sur. Los del lado enemigo se volvían cada vez más y más tramposos y no estaban seguros de lo que pasaría hoy. Las cosas de hecho estaban tranquilas, tanto que hasta daba miedo. Las armas deberían haber comenzado a disparar hacia ya un buen rato pero nada pasaba, y todos temían que pudiera deberse a que estaban planeando algo aún más grande.

Miyagi (cargando su arma): Esto no me da buena espina, siento que va a pasar algo terrible

Kaoru (al lado del cañón): Nowaki-san ¿puede ver algo al frente?

Nowaki: -saca sus binoculares- No… no logro divisar a ningún soldado, todo lo que veo es tierra y lo que parecen ser sus trincheras, pero parece que también están vacías

Miyagi: ¿Qué debemos hacer entonces? No podemos quedarnos aquí mientras los del sur planean algo en nuestra contra

Kaoru: Iré a ver qué ocurre, volveré enseguida -trata de irse-

Nowaki: -lo detiene y lo hace volver- Suzuki-kun, es muy arriesgado que vayas solo, podrían aprovecharse de la situación y lanzarte una granada o dispararte. Es mejor que te quedes aquí

La anormal tranquilidad del campo finalmente fue rota de manera abrupta por un sonido muy fuerte, tanto, que casi deja sordos a todos en la trinchera. Quedaron consternados ya que no sabían de dónde había venido ese sonido ni que lo habría provocado, y fue entonces que se repitió una y otra vez, dando a entender que de hecho se trataban de explosiones que se acercaban cada vez más.

Miyagi: ¡Es un ataque aéreo!

Nowaki: Rápido, debemos salir de aquí, no es seguro permanecer en la trinchera

Todos entonces salieron de donde estaban, corriendo entre lo que parecía ser una tormenta de arena, levantada por las bombas que chocaban violentamente contra el suelo antes de explotar y dejar profundos cráteres por doquier. Los soldados del norte corrían a todos lados buscando refugio, los que habían sido entrenados como pilotos fueron de inmediato a las bodegas donde tenían los aviones cazabombarderos. La mayoría modelos F-15E Strike Eagle, junto con algunos aviones caza P-47 remodelados que asegurarían la destrucción de las naves enemigas en corto tiempo. Los soldados que permanecían en tierra utilizaron los tanques T-90 Bhishma traídos especialmente de la India para poder defenderse de lo que esos tramposos sureños pudieran tener para ellos. Del otro lado usaban tanques T-90 regulares, los predecesores de sus propios vehículos, así que al menos tendrían una ventaja al tener tanques más modernos.

Kaoru y Tomoya fueron por sus vehículos. Tomoya montó su avión mientras que Kaoru se introdujo en uno de los tanques. Aunque no era el momento para eso, Kaoru le pidió a su novio que tuviera cuidado, ya que podría ser interceptado por una nave enemiga en cualquier momento, para después partir con su Bhishma al campo.

Albertino sabía como pilotear uno de esos aviones caza antiguos gracias a que su padre lo había llevado a una exposición de aviones de guerra cuando era niño. No tuvo problema en tomar el mando del avión una vez dentro, y una vez en el cielo se dispuso a seguir a un avión del lado contrario que al parecer pretendía lanzar más bombas directo sobre unos tanques del lado norte. Albertino se lanzó en picada para llegar donde estaba el otro avión y chocarlo desde atrás, llamando así la atención del piloto. Apretando un botón soltó una poderosa bomba que se dirigió hacia el avión del sur, haciéndolo estallar en cosa de un segundo, dejando solo un montón de escombros que caían al suelo y a un soldado enemigo herido que bajaba en paracaídas.

Albertino: -enciende su radio- Miyagi-san ¿me oye?

Miyagi (dentro de su propio avión): -toma el radio- Fuerte y claro DaPonte… ¿Ves algo?

Albertino: Hay varios aviones del sur que se dirigen en estos momentos hacia la ciudad, debes seguirlos

Miyagi: Entendido, pero debes venir conmigo, podría necesitar ayuda, cambio y fuera -corta transmisión y sigue a los otros aviones-

Albertino y Miyagi fueron detrás de una flota de unos diez aviones del sur, los cuales estaban equipados con explosivos muy potentes que podrían volar la ciudad en solo un instante. La más próxima al campo de batalla era la ciudad de Kumamoto, en la isla Kyushu, la cual quedaba en el lado sur.

Miyagi: -ve el radar- Estos tipos están locos, planean bombardear su propio lado ¿Qué es lo que pretenden?

La flota de aviones caza del sur se dirigían hacia la isla a enorme velocidad, allí, varias personas veían desde los edificios más altos y también desde las calles como los aviones se acercaban en bandada hacia ellos. La gente corría despavorida, las mujeres gritaban y cargaban a sus hijos como podían. Miyagi se dio cuenta de que los aviones del sur no hacían nada, solo continuaban avanzando sin lanzar una sola bomba, fue entonces que se dio cuenta de su plan…

Miyagi: -toma el radio- ¡DaPonte! ¿Me oyes? ¡Los aviones del sur nos trajeron hasta aquí como una distracción! Tenemos que regresar, puede que hayan más aviones dirigiéndose al norte

Albertino: Entendido, comencemos con el regreso de inmediato, cambio y fuera -da vuelta el avión y vuelve con Miyagi-

Los aviones de Albertino y de Miyagi fueron rápido hacia el lado norte, siguiendo a los aviones enemigos hacia la prefectura de Yamagata, en la región de Tohoku. Para ello debieron viajar a una enorme velocidad para poder recorrer todos esos kilómetros en poco tiempo, casi al punto de llegar a destrozar sus naves, pero no bien se vieron allí, interceptaron las naves enemigas que estaban a punto de bombardear la ciudad de Yamagata junto con el resto de la prefectura. Debieron tener cuidado de que las bombas cayeran sobre los aviones y no sobre los edificios, ya que éstas podrían causar mucho daño y eso era precisamente lo que querían evitarle a la gente de ese lugar.

Bomba tras bomba fueron cayendo sobre los aviones del sur, destruyéndolos en cosa de minutos, pero no contaban con que fueran a llegar más refuerzos. En cosa de unos minutos, los diez aviones destruidos fueron reemplazados por quince nuevos, cargados con explosivos aun más letales y peligrosos que los primeros. Miyagi y Albertino estaban solos, hasta que Tomoya llego en su avión de combate, acompañado por el avión de Usami Haruhiko y varios más del lado norte, igualando y después superando la enorme cantidad que había llegado del sur. Los aviones enemigos trataban de bombardear la ciudad, pero eran atacados por el lado contrario justo antes de que las bombas se dispararan. Los pilotos del sur caían en paracaídas, algunos solo con rasguños y magulladuras, pero otros estaban gravemente heridos y necesitaban atención urgente.

Los hospitales entonces comenzaban la lucha por intentar recibir soldados heridos, pero algunas autoridades de la ciudad se mostraban reacios a aceptar soldados enemigos en los hospitales, ya que era probable que siguieran atacando la ciudad no bien se recuperaran, y no podían aceptar eso. Los doctores se enfrentaban a los oficiales de policía en lo que parecía ser su propia guerra. Miyagi veía todo eso desde arriba, cosa que lo llenó de angustia, cosa que hacía mucho creyó no volver a sentir.

Miyagi: Idiotas… deberían saber que somos todos iguales, en vez de pelear por quién merece ser curado y quién no -toma el radio- DaPonte ¿Cómo va todo por allí?

Albertino: Ya nos deshicimos de los últimos aviones, creo que podemos volver

Miyagi: De acuerdo, emprendamos el regreso entonces, fuera -corta y hace que su avion regrese-

Con varios de los aviones del sur destruidos y sus pilotos totalmente fuera de combate, los enemigos lo pensarían mejor antes de volver a pensar en otro ataque parecido. Miyagi había aprendido en sus meses como soldado que los del sur podían ser muy tercos y que no aprendían de sus errores, también que eran increíblemente tramposos, así que no tenia duda de que pronto se tendrían que ver inmersos en una situación parecida, pero por el momento al menos ya se habían encargado de ese problema.

En tierra, Nowaki y Kaoru, quienes manejaban los tanques, habían logrado encargarse de la flota enemiga de T-90 que venían del lado sur. Los proyectiles iban y venían sin parar y muchas de las máquinas por ambos lados habían quedado averiadas y quemadas luego de la exposición a la artillería del lado opuesto, pero seguían combatiendo hasta lo último de sus fuerzas, ambos lados tenían claro que no se rendirían por nada.

Para el atardecer el sur comenzó la retirada luego de que sus últimos tres tanques fueran destrozados por los vehículos del norte, dejando a los del lado contrario como victoriosos tanto en tierra como cielo. Habían ganado la batalla de ese día y no podían sentirse más orgullosos. Muchos de sus soldados habían resultado heridos pero gracias al cielo no habían habido muertes. Los heridos fueron derivados de inmediato a las tiendas de primeros auxilios, donde serian curados y luego podrían irse a sus compañías, aunque algunos deberían pasar ahí la noche, pero en general la situación era buena, y pretendían quedarse así.

Ya cayendo la noche en el comedor, todo mundo celebraba la victoria de ese día contra el sur, la cual consideraban un progreso más que notable teniendo en cuenta todo lo que sus enemigos los habían hecho sufrir. Celebraron con tarros de cerveza, y en la compañía donde se encontraba Nowaki se podía sentir la satisfacción por haber ganado.

Kaoru: DaPonte-san, estuvo increíble piloteado ese avión caza, nos ayudó mucho hoy

Albertino (sonriendo calmadamente): Aprendí hace años, creo que es un talento natural -bebe un sorbo de cerveza-

Miyagi: -exhala una bocanada de humo de su cigarro- Como sea, creo que me iré a dormir -lo apaga y se va-

Nowaki: Miyagi-san, ¿no quiere quedarse un poco más? Todavía es temprano y el sargento nos dio un poco más de tiempo esta noche como premio por lo de hoy

Miyagi: No, estoy cansado, celebren ustedes si quieren -se va-

Nowaki: -vuelve con los otros- Oh, también quiero decir algo -mira a Albertino-. DaPonte-kun, a pesar de que llegaste apenas anoche debes saber que eres un soldado innato, tus maniobras con ese avión nos fueron de gran ayuda en el cielo, esperamos que pronto nos deleites con algo parecido

Albertino: -se sonroja- Puedes estar tranquilo Nowaki… planeo seguir así hasta el final de esta guerra -vuelve a beber-

La improvisada celebración siguió por otro par de horas, hasta que finalmente todos debieron irse a dormir. Había sido un día agotador y la batalla había sido extenuante, así que todos se fueron a dormir para estar listos para el día siguiente. A la compañía de Nowaki le hacían falta un par de hombres, pero era un alivio saber que estaban siendo atendidos en las tiendas de primeros auxilios, era el primer día que habían pasado sin ninguna muerte y todos esperaban que eso continuara de ese modo, era la única cosa que invadía la mente de todos justo antes de que el sueño los venciera por fin… de todos, salvo de Albertino. El soldado más reciente se daba vuelta tras vuelta en su cama, sin poder conciliar el sueño. Estaba agotado, pero su mente parecía no querer dejar de trabajar. Todo lo que podía ver era a Nowaki, su sonrisa, sus ojos brillantes y el cómo lo había defendido la noche anterior. Era muy claro lo que sentía, y no pensaba hacerse el tonto.

Albertino: No importa Nowaki… haré lo posible porque seas mío

CONTINUARÁ…