Summer Disclosure

Capítulo 2

La chica suspiró agradada, sintiendo el roce de la brisa del mar contra su fina piel levemente tostada por el sol. Los veranos en la casa de playa de los Asakura ya se habían hecho costumbre para ella, era el paraíso. Y es que qué más podía pedir.

Conocía a los Asakura prácticamente desde niña, más que nada, siempre había sido muy amiga de Yoh, a Hao, por el contrario, no lo veía demasiado, ya que éste se pasaba viajando. Ni si quiera sabía cómo se había convertido en la novia de Yoh, pero lo que el castaño sentía por ella era claramente muy fuerte. La prueba? Él había terminado sus estudios secundarios ya hacía dos años, y a ella aún le faltaba un año, pero aún así, él se quedaba allí en lugar de ir a una universidad en el exterior como lo había hecho su hermano, por ella.

Se encontraba a unos cuantos metros de él, acompañada de Yoh, pero observándolo a él, Hao, relajado, tirado en aquella tumbona y mirando a cuanta mujer se le pasara en frente.

A pesar de eso, no podía evitar sentirse desmesuradamente atraída hacia él en ese momento. Y cómo no hacerlo, el desgraciado estaba tirado allí, exhibiendo su perfecto físico, su piel estaba aún más canela que de costumbre y el largo cabello lo llevaba atado en uno de esos manbun que tan bien le quedaba.

Repentinamente, como si éste se hubiera dado cuenta de que ella lo observaba, giró el rostro y le lanzó una mirada que traía consigo un deje de crueldad, para luego ignorarla por completo, como si simplemente ella no existiera.

Ya estaba acostumbrada a ese tipo de trato con su "cuñado", lo bueno era que quien los viera, jamás sospecharía.

Luego de un rato, la rubia se levantó, acompañada por Yoh, y es que por alguna razón su novio deseaba volver a la casa en ese momento. Aún entonces, Hao no la volvió a mirar.

-Te amo, Anna- le dijo el castaño mientras depositaba un suave beso en sus labios, ya estando en el interior de la casa.

Ella calló. Y es que ya no estaba segura de qué responderle. Cómo hacerlo, cuando se estaba acostando con su hermano? El sentimiento de culpa no tardó en apoderarse por completo de ella.

El castaño se volvía más insistente con sus besos, hasta que empezó a acariciar su cuello con sus labios, fue entonces que algo le decía que el joven quería llegar a algún lugar con todo eso.

Dejó que lo intentara, después de todo, él era su novio, él era con quien se suponía ella debía estar, sin embargo, luego de casi dos años de noviazgo, él nunca antes le había hecho el amor, siempre respetándola en ese sentido, creyendo que ella no tenía experiencia alguna y que la idea de tener sexo con él la aterraba. Pobre Yoh era todo lo que podía oír en su cabeza.

-Prometo ser cuidadoso- susurró en su oído, mientras le acariciaba la espalda y hacía un camino de besos en su cuello.

Se sentía algo incómoda, y es que… El pobre chico aún pensaba que ella… Que soy virgen. Pensó.

Se sentía tan avergonzada, tan culpable, si él tan solo supiera que hacía 3 meses empezó a acostarse con su hermano gemelo y que fue él el primer hombre en su vida. Por Dios.

-De-Detente- le pidió la chica al sentir cómo se acostaba sobre ella en el sofá, sofocándola levemente.

El chico se detuvo inmediatamente, aún acostado sobre ella y con las manos en sus piernas.

Algo la bloqueaba, y no es que lo que Yoh hacía no estuvieran bien. Era simplemente que no se sentía bien, como si estuviera mal. Sin embargo con Hao… El maldito sabía como encenderla de todas las maneras, la hacía sentir tan apasionada, tan fogosa…

El sonido de la puerta corrediza que daba a la playa los hizo mirar en esa dirección, era el gemelo mayor, quien los miró brevemente en aquella comprometedora posición y sin decir media palabra, subió a su habitación, como si no hubiera visto absolutamente nada.

Luego de eso, se separaron incómodamente, Yoh pensando en que si seguían con lo que estaban haciendo, su hermano los hubiera visto infraganti, y ella… Pensando en qué era lo que se le cruzaría a Hao por la cabeza.

La tarde transcurrió rápidamente, y los amigos de Yoh no tardaron en aparecer para ir a una fiesta en la playa cerca de ahí, como de costumbre.

Bajo la excusa de que le dolía mucho la cabeza por el calor, la rubia se quedó en la casa, y es que definitivamente no estaba de humor para las estupideces de Horo Horo y los demás. No es que no le agradaran, era simplemente que a veces no tenía la paciencia suficiente para lidiar con ellos, y aquel era uno de esos días.

Decidió acostarse en su habitación y echarse a dormir, de cualquier manera ya no había nada que hacer, ya los muchachos habían salido, Hao no había aparecido en todo el día, luego del incidente del medio día, y ella, bueno… Simplemente quería estar sola.

Cerró los ojos una vez acostada en la cama y se dispuso a dormir, cuando de pronto, sintió una mano en su pecho, subiendo por su cuello hasta sujetar su rostro. Abrió los ojos de golpe, sobresaltada, asustada por el contacto repentino.

Sus ojos azabache se encontraron con los ojos color café intenso de Hao, su mirada devorándola entera. Sin decir una sola palabra, el moreno se inclinó y empezó a besar sus pechos, hasta que la fina tela de la playera que llevaba puesta empezó a estorbar y esta terminó siendo desechada en el piso.

La rubia sintió su intimidad completamente mojada entonces, y aún más cuando el moreno empezó a frotar su miembro contra ella, tentándola cada vez mas.

-Así que ya has estado con Yoh…- le susurró al oído para luego darle una mordida en el cuello de manera posesiva.

-Ahh!- gimió la chica con una mezcla de dolor y excitación.

En ese instante, el moreno se separó de ella y la miró con algo de resentimiento.

-No lo hicimos- le respondió entre jadeos.

-No soy estúpido- fue su respuesta, mientras bajaba sus dedos hasta la cavidad de la rubia y empezaba a acariciarla de la forma que a ella le gustaba.

-Ahh! … Sabes que… Ahh! Que fuiste el primero…

-E Yoh el segundo? - le dijo, siendo más brusco con los dedos, hundiendo su rostro en el espacio de su cuello para darle una mordida ruda de nuevo.

-Ahhh! Hao, me lastimas! Ya te dije que no sucedió nada.

Hao observó sus ojos y vio que le decía la verdad, solo entonces, se dedicó a continuar con su labor entre las piernas de Anna, suavizando su toque de nuevo pero sin perder aquel salvajismo que tanto le caracterizaba.

Hao la puso de espalda, a gatas, posicionándose tras ella, la sujetó de las caderas y de una sola embestida, entró completamente en ella, reclamándola como suya una vez más, haciéndola gemir y jadear por él, entrando y saliendo cada vez más apresuradamente mientras una de sus manos se ajustaba a la cintura de la rubia, empujándola más hacia el con cada embestida y la otra, estrujando uno de sus senos.

-No pares, por favor!- la escuchó decir con dificultad.

Eso había terminado por encenderlo de sobremanera, con una de sus manos empujó su espalda hasta que la rubia quedó con la cara y los brazos apoyados en la cama, jaló sus cabellos dorados de forma salvaje, sujetándola y con la otra mano se dedicó a frotar el hinchado clítoris de la mujer al ritmo en que la penetraba, sus gemidos se hacían cada vez más sonoros, y era más que evidente que ya no resistiría mucho tiempo.

Cuando la velocidad se había vuelto insoportable, la rubia lanzó un fuerte gemido y colapsó en el colchón, agotada y con la frente empapada. Hao no tardó en llegar al clímax con ella, para luego acostarse a su lado y pegarla a su cuerpo, ambos con la respiración agitada.

-¿Acaso estás celoso?- preguntó la rubia de manera burlona, ya con la respiración mas calmada, mordiéndose el labio inferior, tratando de reprimir una sonrisa malévola.

No obtuvo respuesta alguna.

Dos minutos en silencio después, el moreno se incorporó, tomó sus ropas que yacían en el piso, y abandonó la habitación, dejándola sola.

¿Por qué? ¿Por qué siempre parecía enfadarse cuando terminaban de hacer el amor? ¿Por qué siempre tenía que terminar de esa manera?