"La vida no se mide por cuántas veces respiras sino por los momentos que te cortan la respiración."
Anónimo.
- ¿Cómo conocí a tu madre, Jonathan? Oh sí. Lo recuerdo como si hubiera sido hace cinco años… - dijé dejando entrever nostalgia en mi voz.
- Fue hace cinco años, genio. – terció Clary sentada en la cama con Christopher, quien hacia muecas de dolor porque le estaban limpiando su rodilla raspada.
- No me quites el protagonismo, zanahoria.
Ella me sacó la lengua.
A mis veintiún años, yo, Jace Herondale, trabajaba en la División de Allanamientos y Capturas. Un nombre aburrido la verdad, pero el trabajo no lo era, te podías encontrar con todo, drogas, armas, bombas, personas… de todo. Mis compañeros eran Alec Lightwood y su hermana Isabelle – la única chica del equipo –, Jordan Kyle y Luke Garroway. Este último también era mi jefe. Había otros compañeros, pero no me moleste en recordar sus nombres, yo les llamaba Inútil y les asignaba un numero para que no hubieran confusiones.
Desde que tenía cuatro años me entrenaron para ser lo que soy: un soldado. Era uno de los pocos a los cuales habían criado para ser esta especie de supercapacitados. Alec y yo habíamos entrenado juntos, nos conocíamos de casi toda la vida. Kyle se nos unió luego. Y Luke era una especie de hermano mayor, le conocíamos desde hace años, y era nuestro ejemplo a seguir.
Ahora, en el mundo común, yo era un joven rico, afortunado y apuesto, muy apuesto. Sobre todo: Apuesto.
- Ya lo entendió Jace. No hace falta que se lo repitas.
- Solo para que quede claro, mi amor. Niños, su padre era muy apuesto. Y lo sigue siendo, eh.
- Deja de decir tonterías y continúa.
Vivía solo en un pent-house, tenía un coche deportivo bastante caro. Me pagaban muy bien por mi trabajo.
Todos los viernes por la noche iba a clubs, bares y solía ligar con chicas muy sexys. Conquistar era otra de las cosas que se me daba bien. Cómo había seguridad en las puertas de los baños, o íbamos a un callejón, o las llevaba a mi casa.
- Jonathan no comprenderá eso aun, Jace, deja de alardear.
- Es un niño, Clary, comprenderá y muy bien.
- Tiene dos años y medio. Ni siquiera se ha preguntado de donde vienen los bebes.
- Alardearé de todas formas.
A veces solía salir con Alec e Izzy, pero eran raras las veces que Alec aceptaba salir a bailar. Un sábado, Jordan nos invitó al cumpleaños de su novia, quería que fuéramos con él porque estaría rodeado de desconocidos y no quería estar solo. Él lidiaba con terroristas, pero le daba miedo estar solo con los amigos de su novia. Un poco patético, la verdad, pero los tres aceptamos ir.
Yo ya estaba listo, pantalón de vestir, camisa con las mangas arremangadas hasta el codo… me veía guapo. Izzy y Alec pasaron por mí, ya que él iba a ser el conductor designado esta noche.
La fiesta sería en el pub llamado Praetor, que había sido alquilado por esta noche para la cumpleañera. Jordan nos estaba esperando afuera.
- Coño, estoy completamente abandonado ahí. Ya era hora que vinieran.
- Tranquila niñita, hemos venido a protegerte – contesté, él no me hizo caso, nunca escuchaba cuando le jodía.
- Así que… ¿vamos a conocer a tu novia? – preguntó Izzy.
- Si, se llama Maya y cumple veintiuno.
- ¿Por qué no nos la presentaste antes? – inquirió Alec, yo miré a Jordan esperando su respuesta.
- Creí que no sería nada importante – dijo restándole importancia con la mano – Entremos ya.
Era como estar en una discoteca, la misma música a todo volumen, las mismas luces cegadoras solo que la gente estaba más tranquila, ya que aquí se conocían, todas las personas hablaban con alguien.
Fuimos hacia la barra y pedimos nuestras bebidas. Repasé la fiesta con la mirada. Había bastante gente, y chicas, eso era bueno, la noche no sería tan aburrida.
Jordan nos dejo por un momento, Isabelle se fue a bailar, solo quedamos Alec y yo. Y Dios sabía que Alec se quedaría parado toda la noche bebiendo su gaseosa. Con toda razón él era nuestro conductor designado.
- ¿No comienzas a arrepentirte de haber venido? Porque yo sí. – comentó mirando su lata de Sprite.
- Lo dices porque nunca estas dispuesto a divertirme.
- Tenemos conceptos muy diferentes de la diversión, Jace.
- ¿Entonces por qué viniste?
Alec miró a su hermana, quien bailaba sola en la pista, con los ojos cerrados, disfrutando, ella amaba llamar la atención, y lo hacía muy bien.
- Sabes que Isabelle puede sola con cualquiera.
Me sorprendía lo parecidos y diferentes que eran los dos. Ambos tenían el cabello negro, la piel blanca, los mismos rasgos – solo que los de Isabelle más finos, más de mujer –. Creería que son hermanos gemelos si no fuera porque sus documentos dicen lo contrario. La diferencia eran el color de sus ojos, Alec los tenía color azul mientras que su hermana marrones. En cuanto a personalidad, eran completamente diferentes, mientras que Izzy es extrovertida, sociable y divertida, Alec es… bueno, basta con decir que no habla ni mira a nadie a quien no conozca.
- Quiero conocer a la novia de Jordan.
Eso me causo gracia. ¿Alec, queriendo conocer a alguien? Sí, claro.
- Luego me cuentas como es, yo me voy a conocer chicas.
Alec no me siguió, claro, el no estaba dispuesto a hablar con nadie. Divise a un grupo de cuatro chicas bebiendo a un costado de la pista de baile. Todas llevaban puestos vestidos ajustados y cortos, fenomenal, eso me gustaba.
Me quede parado muy cerca de ellas, al lado. Sabía que una notaría mi presencia, e intentaría llamar mi atención. Sin embargo, yo entablaría la conversación.
- ¿Pasándola bien? – pregunté en tono casual.
La muchacha, rubia muy rubia – dudaba que ese color fuera natural, pero luego recordé que yo era muy rubio también –, asintió con una sonrisa, sus amigas me miraron.
- Bastante, todo está muy bueno. Lástima que aún nadie me ha sacado a bailar.
Yo le sonreí, captando la indirecta muy directa.
- Eso puede arreglarse. – Le tendí la mano, ella le dio su copa a una de sus compañeras, y acepto gustosa.
Fuimos a la pista, oí como sus amigas cuchicheaban y soltaban risitas ridículas. Ah, mujeres.
- Soy Kaelie, guapo.
- Guapo es uno de mis tantos apodos, pero mi nombre es Jace.
Ella rió y comenzó a mover si cintura al ritmo de la música, luego, cuando el ritmo aceleró, se restregaba contra mí. ¿Qué podía hacer? No iba a ser un maleducado y rechazarla…
Esto era algo previo, el calentarnos con el baile. En un momento, ella se giró, mirándome, y nos besamos. Nada mal Kaelie, nada mal. Estaba hambrienta, lo sabía, me besaba desesperadamente, me tocaba sin pudor. Bailamos tres canciones, y luego decidimos parar e ir a sentarnos. Volvimos a besarnos, ella se puso encima de mí, tentándome.
Entonces vi lo más extraño que se podía aparecer en un pub a la una de la madrugada.
Una chica en pijama.
La risa salió de mi boca, así sin más.
- ¿Qué? ¿Qué sucede? ¿Tengo algo malo? – Kaelie frunció el ceño.
- No, nada. Es que he visto… - busque a la chica en piyama pero se había mezclado con el gentío. – Olvídalo.
Y volvimos a lo importante. Llegó un momento en que ella no quiso aguantar más.
- ¿Podríamos ir a un lugar… más privado?
- ¿A dónde te apetece?
- Hay unas oficinas arriba, seguro que alguna no estará con llave.
Asentí y nos levantamos. Cuando me tomo de la mano, apareció Jordan con Alec atrás.
- Al fin te encuentro – miró a Kaelie, y su vestido subido más del límite, su pelo desarreglado – Casanova. Maya esta libre por un momento, así que ven.
Miré a la chica rubia, quien me miraba con un puchero en los ojos… No tendría esa mirada cuando la…
- Lo tendrás libre el resto de la noche, hadita. Luego te lo devuelvo – Jordan agarro un puño de mi camisa y me arrastro con él.
Nos guió hacia una gran mesa donde estaba la comida, y en el centro un pastel de cinco pisos que yo no había visto al entrar. En el camino se unió Isabelle.
Dos chicas estaban discutiendo allí en frente del gran pastel. Una tenia la piel tostada, el cabello oscuro, era alta y de buen cuerpo con un vestido plateado. La otra era bajita, pelirroja y estaba en piyama. Ese y el pastel eran los temas de discusión por lo que estaba oyendo.
- Me he pasado dos días haciendo tu pastel, Maya, no podías esperar que viniera a esta fiesta con mi mano agarrotada de tanto decorar. ¿Sabes las horas que he pasado en la escalerita para intentar alcanzar el último bizcochuelo?
- Eso no es excusa para perderte mi fiesta. Eres mi amiga, creí que no era necesario traerte a rastras para que disfrutes conmigo.
- Oh, disculpa reina por un día, pero tu repostera esperaba tener una noche de descanso luego de hacer un pastel para alimentar a cien personas que ni siquiera conozco.
- ¿Podrías olvidarlo ya? Solo cámbiate y festeja conmigo.
Jordan carraspeó y eso llamó la atención de las dos chicas. Las dos se giraron para verle.
Entonces vi su rostro. Ojos grandes de un color verde que ni siquiera sabía que existía, pecas por la nariz respingona y sus acaloradas mejillas, labios carnosos.
No era el tipo de chica a la que estaba acostumbrado, pero de alguna manera, mi cerebro decidió que ya no estaba tan ansioso por volver a ver a Kaelie, y que esta le gustaba, y vaya que me gustaba, nunca había pensado que una chica pudiera ser tan adorable – si, esa era la palabra, pequeña, pelirroja, pecosa y gruñona – hasta ese momento.
- Ah, Jordan, estas a…
- ¿Quieres un trozo de mi trabajo y sudor, novio de Maya? – se adelantó la pequeña interrumpiendo a la cumpleañera.
Maya reprendió a la chica en piyama. A Jordan le causó gracia.
- Solo cuando soplen las velas, amiga de Maya.
Su novia gruñó.
- Jordan, este terremoto irritable es mi amiga Clary. Clary, él es mi novio Jordan Kyle.
- Este terremoto está encantada de conocerte al fin, Jordan – contestó Clary.
Jordan pareció acordarse de nosotros tres, que nos habíamos mantenido al margen.
- Maya, ¿recuerdas de los amigos de los que te hable? – su novia asintió – Bueno, él es Alec – mi compañero en cuestión le deseo un tímido feliz cumpleaños – ella es Isabelle – Izzy le saludo con dos besos en la mejilla y le dijo que esperaba que le gustase su regalo – y el es Jace.
Antes de poder decirle algo, su amiga Clary dijo:
- Me iré a cambiar, Maya. Asegúrate de que nadie me siga. En especial el rubiales, que le he visto con Kaelie en el sofá. Pervertido.
La pelirroja desapareció. Todas las miradas se centraban en mí.
- Discúlpala, se pone de mal humor cuando no duerme.
No volví a ver a la muchacha rubia luego de que tuve que ir a conocer a Maya.
Más tarde esa noche, la pequeña pelirroja resulto la pelirroja más sexy del mundo.
Disculpas aceptadas, pensé al verla aparecer con un vestido rojo infartante.
Well well. Dejenme contarles que me habia costado escribir este primer capitulo. Pero luego un idiota cortó la linea del telefono, en toda la calle nos quedamos sin telefono y por consiguiente, sin internet. Sin nada que me distraiga, las palabras salieron solas y este fue el resultado.
Espero que les haya gustado, y dejenme un review comentando.
Eva.
