Hola de nuevo! Lamento la tardanza, pero otros asuntos rondaban en mi mente y no me fue posible publicar esto más temprano. Para compensarles, este capítulo es más largo que el anterior.

Tiene un autor de fanfic permitido fangirlear con su propia historia? Porque mientras escribía no podía quitar la sonrisa de niña de mi rostro. Quiero informarles ya tengo todos los capítulos diagramados en mi cabeza, pero no les rebelaré nada.

Por favor, disfruten del capítulo 2.

Disclaimer: Doctor Who le pertenece a Steven Moffat. Yo solo hago de titiritera con sus personajes. Kate y la trama de esta historia son mías, así que no al plagio.

Que tengan un buen día!


Los gritos. La gente muriendo a su alrededor. Artefactos de incontable siendo destruidos.

Su madre buscando frenética a su padre entre la multitud de monstruos y soldados. Las manos de su padre al encontrarlas, agarrando con fuerza las muñecas de ambas mujeres y conduciéndolas fuera del centro de la batalla. Su madre derribando a los alienigenas con su arma, abriendo camino. Llegando finalmente a su destino. Cerrando las puertas reforzadas de la habitación.

Las dos cabinas, una azul y de policía y la otra un simple prisma plateado. Al frente de las dos máquinas, un cubo, haciendo de pedestal para la activación del Último Recurso. El horror y la aceptación. Y tristeza. Profunda tristeza.

Sintió la gran explosión y la proximidad de aquellas terribles criaturas.


La joven despertó de su pesadilla.


Clara casi se cae de su silla cuando la desconocida abrió los ojos y saltó fuera de la camilla. La chica parecía buscar algo entre sus ropas, mientras con ojos desorbitados miraba a Clara. Cuando descubrió su camiseta cortada, frunció el ceño con ambas perplejidad e indignación.

-Que demonios...? -exclamó ella, cuya voz era levemente aguda y suave. Clara dio un paso al frente, al que la extraña retrocedió dos más.

-No te acerques! Quien eres y donde estoy? Por qué diablos tengo la camiseta rota?

-Soy Clara Osw... -quiso empezar la viajera volviendo a avanzar, pero la chica volvió a retroceder. Junto a ella, se encontraba una mesa con elementos de cirugía, y se abalanzó sobre el bisturí. Lo sostuvo como si se tratase de una verdadera daga, profesionalmente, sabiendo como manejar ese tipo de armas. Clara comenzó a alarmarse. Levantó los brazos mientras miraba al brillante y afilado bisturí en las manos de la joven. No tenía dudas de que un corte en el lugar adecuado sería fatal.

-De acuerdo, tranquila! No exageremos, si? Me llamo Clara. Estás a salvo. Estabas muriendo por envenenamiento, mi amigo te curó. No hace falta ponernos hostiles.

-Amigo? Que amigo? Dónde estoy y que pasó con el gusano? -Cuestionó ella sin bajar la guardia y manteniendo la pequeña hoja bien sujetada.

-Se llama El Doctor. Estas en su... casa. Y se deshizo del bicho gigante.

-El Doctor... -repitió ella. Clara vio reconocimiento en sus ojos. La chica bajó levemente el bisturí, pero volvió a subirlo cuando la puerta de la enfermería sé abrió. Ella dirigió la mirada al hombre parado en la entrada.

-Así es, querida. Supongo que reconoces mi nombre, y debo asegurarte que no reacciono bien ante las armas o amenazas. Mucho menos en la TARDIS.

-Tú eres... No pareces el Doctor.

-Vaya, al parecer me conoces. Nueva cara y todo eso. Serias tan amable de decirme quien eres? Porque estoy bastante seguro de no haberte visto en toda mi vida.

La extraña abrió la boca para contestar, pero su rostro se contrajo en una mueca de dolor. Soltando un grito ahogado cayó al suelo, perdiendo agarre del pequeño instrumento, que chocó contra el suelo con un sonido agudo. Clara corrió hacia ella para ayudarla, a lo que la extraña respondió con la voz ahogada y aún desconfiada:

-No! Alejate de mi!

El Doctor se cruzó de brazos, mientras avanzaba lentamente hacia donde la joven se encontraba.

-Corta el rollo, niña. No ves que intenta ayudarte? Ya nos diste demasiados problemas, no la empeores.

La chica frunció levemente el ceño, respirando agitadamente por el dolor.

-No soy una niña, no me llames así.

El Doctor ya estaba arrodillado frente a ella, mirándola con reproche y un poco de diversión.

-Entonces deja de comportarte como una y permite que te ayudemos. -Dijo, tocando la punta de su nariz. La extraña se alejó levemente del Doctor, pero no se quejó cuando este la levantó en brazos con relativa facilidad y la depositó en la camilla. Ella cerró los ojos con fuerza, mientras su pecho subía y bajaba arrítmicamente.

-Clara, pásame las pastillas azules del primer cajón a tu derecha, por favor.

La acompañante hizo como el Doctor le dijo, extendiéndole las pequeñas píldoras mientras le sonreía tímidamente a la extraña, quien los miraba a ambos aún sin confiar. El Doctor tomó una pastilla y se la dio a la joven.

-Analgésico para humanos, siglo 52. Estas pequeñas cositas son geniales, actúan en 27 segundos. Dejarás de sentir dolor en tu hombro, tomas una cada día y listo! Ella entrecerró la ojos, pero una mirada del Doctor bastó para eliminar sus desconfianzas e ingirió la píldora. El Doctor sonrió y se cruzó de brazos.

-Bien. Ahora que estamos en buenos términos nos dirás quien eres. Y qué eres. La extraña lo miró seriamente, con esos ojos castaños y cálidos.

-Soy Kate.

-Kate qué?

-Sólo Kate.

-Que edad tienes?

-Diecinueve.

-Que hacías en Noruega?

-Me caí.

-De donde?

-De mi casa.

-Eso no tiene sentido.

-Lo sé.

-Explica el Jeffiano.

-Para eso no tengo respuesta. Pensé que no había Jeffs en la Tierra.

-Así que sabes de alienígenas?

-Si.

-Donde aprendiste?

-Mis padres.

-Quienes son tus padres?

-No puedo decirte aún.

El Doctor frunció el ceño. Así no llegarían a ningún lado. Odiaba no saber cosas, y ya tenía a River para molestarlo de esa forma.

No necesitaba más incógnitas. Estaba cansado. Mil ciento cuatro años le pesaban. Bastante. Se estaba volviendo viejo e impaciente. Ansioso por acabar las cosas rápidamente. Respiró hondo, rogando por paciencia. Sabía que hacerse el duro no iba con él, pero lo consideró necesario.

-Mira, Kate, no tienes por qué ocultar cosas. Se que eres. Tu ADN es algo que jamás había visto antes. Necesito saber, entiendes? Clara sintió que su curiosidad comenzaba a florecer.

-ADN? Doctor, que es ella?

-Kate, mi querida Clara, tiene material genético humano y Señor del Tiempo. También hay algo más. Para ser precisos: mitad humana, mitad Señora del Tiempo, y rodeados por otra cosa que no reconozco.

-Por Dios! -exclamó la joven morena, mirando a Kate con asombro e incredulidad- De verdad? Estás seguro, Doctor? -Si, Clara. La TARDIS lo ya comprobado. -Vaya! Quiero decir... Wow! Mitad Señora del Tiempo! Vaya... El Doctor revoleó los ojos.

-Sí, Señora del Tiempo. Deja de estar tan emocionada. Aún es un peligro.

-Qué? -Preguntaron ambas jóvenes.

-Así es! Hay demasiado que no sabemos sobre it aún, Kate. Y hasta que decidas compartir dichos datos con el resto de la clase, no tendrás mi confianza.

El Doctor se pudo de pie, semblante serio y con los ojos fijos en la híbrida.

-Clara, quiero que la vigiles. Además, tiene que descansar. Cuando despierte la llevas a alguna de las habitaciones desocupadas de la TARDIS. Cualquier problema me avisas. Y por lo que más quieras, no le digas donde escondimos su cuchillo.

-Mi daga! Mejor que la cuides, Doctor. Me la regaló mi tío.

Dándoles la espalda a ambas jóvenes, hizo un gesto con la mano, quitándole importancia, y salió de la enfermería.

-Bueno... -se resignó Clara- Ya lo has oído. Será mejor que descanses.

Kate soltó un suspiro y se acomodó en la camilla. Pasaron varios minutos antes de que le entrara el sueño. Se disponía a cerrar los ojos cuando una gran sacudida la lanzó al suelo, al igual que a Clara. Luego se escuchó un grito. La joven rubia miró a Clara, cuya mirada estaba dirigida hacia la puerta. Le dirigió una rápida mirada antes de ponerse de pie y salir disparada hacia la sala de control, con Kate pisándole los talones.


River Song llevaba ya varias horas leyendo y tomando notas de un gran libro, preparando su próxima clase en la universidad, cuando fue deslumbrada por la luz.

Una bola dorada y brillante se presentó frente a ella. La profesora Song, con su curiosa personalidad, se sintió maravillada por dicho fenómeno. Pequeños halos de luz se arremolinaban, formando la esfera. River acercó su mano y la tocó con la punta de sus dedos.

River supo enseguida que era la bola. Soltó un suspiro, sobrecogida por la belleza del fenómeno, y sonrió.

-Hola, vieja amiga.

La esfera se extinguió, materializando en su lugar un objeto.

Un sobre azul TARDIS.

River lo leyó, entusiasmada y sonriente, y no pudo evitar que una exclamación de felicidad saliera de sus labios.

-Shhh! -la cayó un muchacho que leía a unos metros de ella. River miró al chico y reconoció a un alumno suyo.

-Lo siento, Matthew. Serias tan amable de guardar estas hojas por mi? Mi marido me necesita. Y tomando el Manipulador del Vórtice de su bolsa, lo acomodó en su muñeca y ajustó las coordenadas.

El muchacho vio como su profesora desaparecía frente a sus ojos.

-Profesora Song...?


River se materializó justo en frente del Doctor, causando que este se sobresaltase y gritase por la sorpresa. El Doctor se puso de pié, ya que la turbulencia de la TARDIS lo había lanzado al suelo.

-Hola, cielito. Estoy en casa.

-Y que clase de horas son estas? -Preguntó él, siguiéndole el juego y aún con una mano en sus corazones.

-Demonios, River. Casi me matas del susto. Como entraste?

-La TARDIS me lo permitió. Y bueno, después de la carta que me enviaste no podía hacerte esperar, cierto? Dejé mi trabajo incompleto, así que espero una buena recompensa.

El Doctor se veía realmente perplejo ante la mención de la misiva, y River entendió su equivocación al instante.

-Vaya, eso fue un spoiler. Hay que hacer lo de los diarios... -Dijo, tomando el suyo de su bolsa y hojeandolo, mientras que el Doctor hacia lo mismo.

-Ya fuimos a las Cascadas de Cristal?

-Sip.

-Que tal ese almuerzo en la Capilla de San Gio?

-Delicioso. Esos monjes son excelentes cocineros.

-Las montañas rocosas de Orson Petra?

-Te llevaré a Orson Petra? Debió haber sido una linda cita.

-Veo que aún no hicimos eso.

River sonrió, guardó el diario donde estaba antes, y rodeó el cuello del Doctor con los brazos.

-Que maravilla, cielito. Por poco estamos en sincronía. Creo que es lo más parejo que nuestras líneas temporales han estado en mucho tiempo.

El Doctor colocó sus manos en la cintura de su esposa y frunció levemente el ceño, aun con una leve sonrisa en sus labios.

-Fantástico. No se nada sobre una carta, pero que bueno que llegaste. Por mucho que me duela admitirlo, necesito tu ayuda.

River lo miró preocupada, y cubrió la mejilla del Doctor con su mano.

-Que sucede, cielito?

-Yo... No sé que hacer -Dijo el Señor del Tiempo.

River se quedó sin habla al reconocer angustia y desesperación en la voz de su amado. Ella lo abrazó conmovida, y el Doctor enterró la cara en el cabello de su esposa. Ese era un gesto íntimo, de esos que él pocas veces realizaba. Los corazones de River se llenaron de ternura al ver el estado de vulnerabilidad en el que se encontraba el Doctor, y la hija de la TARDIS se enamoró aún más de ese hombre, si es que eso era posible.

Ambos se sobresaltaron cuando dos jóvenes, una morena y otra rubia, interrumpieron en la Sala de Control. El Doctor se recompuso inmediatamente, soltando a River y recibiendo a Clara con su sonrisa infantil de siempre.

-Clara! Supongo que recordarás a mi esposa, la profesora River Song. River, ella es Clara Oswin Osw...-Fue entonces cuando el Doctor reparó en Kate.- Por Rassilon, Clara! Te pedí que mantuvieras a Kate en la enfermería. Aún no podemos confiar en ella, y acabas de darle un tour por la TARDIS?

Clara estaba sonrojada por vergüenza.

-Es que... Te escuchamos gritar, y...

-"Kate"?

Clara fue interrumpida por River. Tenía ambos ojos abiertos como platos, y Clara vio un torrente de emociones en la mirada de la profesora Song. Reconocimiento. Sorpresa. Pena. Tristeza.

-Katheryn Margaret...

La aludida se puso pálida como en papel. La mujer mayor se acercó hacia Kate, y esta dio un paso atrás, pero eso no detuvo a River Song.

Ella la abrazó.

Clara y el Doctor estaban perplejos, sin entender lo que la mujer hacia. Kate estaba como piedra, los brazos aún pegados a los costados de su cuerpo.

Claro que los otros dos no pudieron ver como River susurraba algo en el oído de Kate. La joven rubia se estremeció y dejó caer una lágrima. Al final, se decidió por rodear a River con los brazos, devolviéndole el abrazo. Kate asintió una vez, y efectuó una pequeña curvatura en sus labios, que intentaba ser sonrisa.

River dejó ir a la menuda chica. Y con los ojos llorosos se acercó al Doctor. Se aferró a los brazos de su marido.

-Cielito, tienes que proteger a Katheryn. Me escuchaste? Tienes que cuidar de ella! Promételo!

-Sí, lo prometo! -Exclamó rápidamente el Doctor, alarmado por la actitud de su esposa.

-Confía en ella. Dale una razón para que ella confíe en ti. Mucha gente depende de ustedes.

River clavó su mirada intensa en el Doctor, y lo besó. No fue tierno ni suave, sino apasionado y desesperado. Y triste. El Doctor podía sentir la profunda tristeza de su esposa, era como un dolor físico.

Él tomó el rostro de River entre sus manos, incapaz de ver su sufrimiento.

-Te prometo, River Song, que cuidaré de Katheryn Margaret.

River sonrió débilmente, mientras una única lagrima salía de sus ojos.

-Cielo, pasarán algunas cosas difíciles. Y tendrás que ser fuerte. Clara y Kate te ayudarán. Confía en ellas.

El Doctor frunció el ceño.

-River...?

-Tengo que irme ya.

-Qué?! Pero recién llegas! No puedes irte tan rápido... -El Doctor volvía a lucir desesperado, desamparado. Y los corazones de River volvieron a doler por su amado.

El Último Señor del Tiempo, la Tormenta Que Viene, lucía como un niño perdido. Y a River le dolía mucho dejarlo en ese estado.

-Lo siento, cielito. Así tienen que ser las cosas.

Y depositando un ultimo beso en la mejilla del viajero del tiempo, sonrió a las dos muchachas y partió con su Manipulador del Vórtice.


Juro que me puse triste al escribir esto. Ustedes quizás estarán pensando "Por qué esta River tan emocional?". Ya se enterarán luego.

A esta altura supongo que ya deben saber quién es "Katheryn Margaret". Ahora solo falta averiguar qué sucede en su hogar, no?

Vuelvo a decirles, gracias por leer!

Que tengan un fantástico día!