Mi tesoro más grande

Capítulo 2

Los rayos del sol que en ese momento se infiltraban por las cortinas lograron despertar al pequeño.

Abrió sus ojos, los cuales se llenaron de confusión. Donde estaba? Esa no era su casa.

Se levantó de la cama, tomando a su gatito en el proceso.

Tembloroso se acercó a la puerta y la abrió con cuidado. Sus ojos se abrieron en impresión al ver la casa. Y recordó al fin la razón por la que se encontraba en ese lugar. Su familia… su familia se había ido.

-Noo…-susurró, dejando caer las primeras lágrimas del día. Estaba solo, en esa enorme casa. –Donde está mi papá?- se preguntó, mirando los pasillos solitarios.

Tenía que buscarlo. Quien sabe, tal vez su padre era una buena persona, tal vez lo trataría con el cariño que él en ese momento tanto necesitaba.

Salió de la habitación y buscó las escaleras.

Para su consuelo las encontró pronto. Bajó despacio. El olor del desayuno lo recibió.

Su estómago emitió un pequeño sonido. Al parecer el niño estaba hambriento.

-Ya despertaste- escuchó que le decían. Miró a su derecha y se encontró con una mujer, una sirvienta. Sin embargo, esta no mostraba amabilidad alguna. Las palabras habían sido dichas en un tono muy despectivo. –Acompáñame niño, te llevaré al comedor- le dijo con frialdad.

Yugi bajó su mirada. No le había gustado la manera en la que le había hablado aquella mujer. Pero qué podía hacer? Por ahora solo obedecerla.

Ambos entraron en el comedor. Que sobra decir que era un espacio grande, con una lujosa mesa en el centro. Pero lo que llamó la atención del niño fue el joven que estaba sentado en un extremo de ella.

-"Es mi papá?"- se preguntó, al ver el curioso parecido que aquel hombre tenía con él.

Sin embargo, el joven no se movió, ignorando por completo a los dos recién llegados. Simplemente mantuvo fija la vista en el periódico frente a él.

-Siéntate, la comida está en la mesa. Sírvete cuanto quieras- le dijo la mujer, antes de salir del lugar, dejando a padre e hijo solos.

El niño se acercó adonde estaba aquel joven. Quería sentarse cerca de él. Quería hablarle, decirle "hola papá como estás?" o lo que fuera. Pero la seriedad del hombre no le daba la confianza suficiente.

Se sentó en la silla más cercana que encontró, sin embargo, escuchó al joven susurrar algo que sin duda lo hizo sentir mal.

-Tantas sillas y tenía que escoger exactamente esa- murmuró el mayor.

El chico bajó la mirada, sintiendo las ganas de llorar amenazarle. Simplemente quería estar cerca de su padre, que tenía de malo eso?

-Lo siento- susurró el chico, bajándose de la silla para luego buscar una lejos del joven.

Se sentó y abrazó fuertemente a su minino. Se sentía tan mal, tan triste.

-"Quiero a mi mami… por qué se tuvo que ir… por qué me dejó aquí solito?"- se preguntó. –"Abuelito… por qué te fuiste?"- Intentó resistir las ganas de llorar, pero no pudo.

Dejó sus lágrimas caer, y lloró silenciosamente, no quería hacer ruidos para no molestar al joven, quien en ese momento lo estaba ignorando por completo.

Miró a su gatito y sonrió con tristeza.

-"Tienes razón, a ellos no les gustaría que estuviera llorando… tengo que ser fuerte"- se dijo. Limpió sus lágrimas y miró el plato frente a él. Estaba vacío. La comida estaba en otros platos aparte. Eso significaba que tendría que servirse él.

Con cuidado, levantó el plato que tenía los pancakes e intentó tomar uno. Por suerte no tuvo problema con eso. No quería hacer un desorden.

Tomó la miel luego, volteándole para que cayera en los pancakes. Pero no salió.

Movió la botella un poco pero nada. Le dio unos golpes, y ahí empezó el problema.

La miel salió al fin, pero en lugar de caer el plato cayó en la mesa. Y no era una pequeña gota, sino un charco de ellas. Sus ojos se abrieron en impresión. Había derramado la miel… ahora qué…?

-Pero que hiciste!- escuchó la voz de la sirvienta, la cual había entrado segundos atrás. –Que tonto eres! Ahora tengo que limpiar esto!- exclamó con enojo.

-Yo… lo siento… perdón- intentó decir. Estaba asustado. Sí, había manchado la mesa… pero no era para tanto… o sí?

-Con eso no arreglas nada… mocoso inútil- le dijo la mujer. El niño empezó a contener las lágrimas, pero un comentario hizo que las derramara todas.

-Torpe- escuchó que decía su padre. El cual no se había movido, encontrando muy interesante el periódico frente a él.

-"No va a defenderme? No es eso lo que hacen los papás?"- se preguntó el chico. Mirando con tristeza al joven.

Se bajó de la silla y sin soportarlo más salió corriendo del lugar, derramando incontables lágrimas en el camino.

-Que pesadilla… no piensa igual, amo Yami?- preguntó la mujer, dirigiendo la atención al joven.

-La peor de todas- contestó el aludido, sin quitar su vista del papel.

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El niño entró a su habitación. Se tiró sobre la cama y empezó a sollozar.

No quería estar ahí, quería irse a su casa, con su mamá y su abuelo.

-Mi papá no me quiere… mi papá me odia!- exclamó, escondiendo su rostro en la almohada. No había nadie que le diera cariño ahora, no había nadie que lo abrazara.

-Me quiero morir…- susurró el niño. –Así estaría con mi familia… mami, no me dejes… quiero irme contigo… mi papá es muy malo… snif… no me quiere… snif… por favor… quiero morir!- Siguió llorando, esta vez haciendo mucho ruido.

No escuchó la puerta abrirse, ni tampoco los pasos que se acercaban.

Lo único que sintió fue cómo alguien lo levantaba de los cabellos, obligándolo a salir de la cama. Miró con terror a la sirvienta, la misma que había dejado en el comedor minutos atrás.

-Pero qué niño más débil!- exclamó, logrando que el pequeño sollozara aún más. –Cállate!- le ordenó, soltándolo y dejándolo de pie. Sin embargo, el chico no dejó de sollozar.

Esto la enfureció aún más y no pudo evitar lo que hizo luego. Levantó su mano y le dio una fuerte cachetada al niño.

El pequeño dejó de llorar, mirando sorprendido al suelo. El dolor en su mejilla empezó a molestarle.

Ahora solo tenía ganas de gritar, de salir corriendo de ese lugar. No le gustaba estar ahí.

Controló a como pudo las ganas de llorar. No quería que lo lastimaran más.

-Eso es… al fin dejaste de llorar. No sabes lo molesto que es escuchar tus estúpidos llantos. Ahora ve a darte un baño!- ordenó la mujer, aún colérica.

-Sí… señora…- susurró el niño, intentando no dejar escapar ningún sollozo. Estaba muy asustado. Era así cómo lo iban a tratar de ahora en adelante?

La mujer, sin tener otra cosa que hacer ahí, salió de la habitación, no sin antes darlo un fuerte empujón al niño, quien cayó pesadamente en el suelo.

Yugi, al verse al fin solo, acercó sus piernas a su pecho, y dejó escapar sus lágrimas de nuevo. Nunca en su corta vida se había sentido tan mal.

Quería volver a su casa.

-"Pero no puedo"- se dijo. –"Además, soy un niño fuerte y los niños fuertes no lloran"- Se limpió sus lágrimas con sus pequeñas manos.

Dejó escapar un gemido de dolor al rozar su mano con su lastimada mejilla.

Pero no dejó caer más lágrimas.

Y así se levantó luego y caminó hasta el baño que estaba en la habitación.

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Magi: ahí está el segundo capítulo… y odio a Yami ¬¬ que clase de padre el muy… hmm me pregunto si eso de verdad era un periódico o si era una revista porno jajaja xD (Yami: ¬¬ NO-EM-PI-E-CES!) ejem, wueno wueno yap xD

Espero que les haya gustado el capítulo.

Ja ne!