Primero que nada...
¡Muchisisisiisisisisisisisiissimas gracias por sus 6 reviews! :DDD
En un capítulo de 700 palabras, y recibir 6 reviews...
Prácticamente llore de alegría XDDD
Todas sus reviews me hacen la autora más feliz del mundo :'D
¡Muchas gracias!
Capítulo 2
-Capitán Evans-
Todo o nada, reflexionaba un rubio de forma determinada, mientras sujetaba firmemente su pistola.
Su respiración era agitada, más su par de ojos azules eran los de una fiera. Los de una fiera dispuesta a triunfar no importa que.
El sudor de su frente aumentaba cada vez más, mientras el hombre hacia su mejor esfuerzo para controlar a sus temblorosas manos.
La velocidad de su corazón aumentaba cada vez más. A pesar que se encontraban en la intemperie, el rubio sentía como si le cortarán el aire.
Si Rouselle se nos escapa esta vez...
El capitán Evans no quería ni pensar en las consecuencias que traería el escape de Casimir Rouselle. Han pasado varios años, y todavía nadie del ejercito francés a podido atraparlo.
El hombre era inteligente, demasiado inteligente para el gusto del ejercito francés. Si esta vez volvía a escapar, la cabeza del capitán Alexander Evans estaría en juego.
De pronto, un soldado acababa de llegar corriendo, "Capitán, Rottier nos acaba de contactar. Al parecer Rouselle tiene planeado un vuelo dentro de cuarenta minutos y..."
¡Mierda! Entonces el imbécil no está con Barras... el capitán dio un pequeño suspiro, para intentar tranquilizarse. Al parecer, ahora tendra que cambiar todo el plan para atrapar a Rouselle, de nuevo. "Pide la ubicación del vuelo y dile a Rottier que entretenga a los hombres unos diez minutos mas" dio la orden el rubio.
"Si capitán" respondió el soldado para después regresar a anunciar la orden.
El hombre se encontraba molesto, más no del todo sorprendido. Siempre pasa esto, estamos a punto de atraparlo, y el imbécil escapa. El hombre seguía sujetando firmemente su arma. Vamos Paul, solo dame diez minutos mas... pensaba el capitán.
El escuadrón número treinta, el cual estaba al mando del capitán Evans, se encontraba afuera de la casa de los que creían ser uno de los aliados de Rouselle.
Habían llegado originalmente creyendo que el hombre se encontraba adentro con uno de sus cómplices, sin embargo, al parecer este se encontraba en otro lugar.
Pero el viaje no había sido en vano, ya que pudieron encontrar a cierto hombre adentro teniendo una conversación de teléfono bastante sospechosa.
Desde hace un tiempo, aquel hombre moreno de edad avanzada había estado siendo vigilado por el ejército francés, por haber estado 'casualmente' presente en varias escenas del crimen causadas por Rouselle. Sin embargo, fue hace apenas unos meses donde se descubrió a aquel hombre tener ciertas 'visitas' con Rouselle.
El hombre se encontraba actualmente teniendo una conversación de teléfono, la cual parecía ser con Rouselle.
"Alex, el coronel nos pidió el nombre del sospechoso" había dicho de pronto un pelirrojo de mirada gris. "¿Al menos sabemos el nombre?"
A pesar que el moreno ya tenía meses siendo investigado, los inteligentes del ejércitos no habían podido dar ni con su nombre.
"Todavía no sabemos el nombre, pero sabemos que su apellido es Leagen" respondió Alex.
Solamente necesitaban una prueba, una diminuta prueba la cual condenaría a aquel moreno. Si lo hacían, podrían arrestarlo y al menos saber algo del paradero de Rouselle.
A pesar que el soldado Paul Rottier se encontraba encubierto, este no había sido capaz de cruzar ninguna palabra directa con Casimir. Aquel hombre de edad avanzada, era la única probabilidad de saber algo de Rouselle.
Sin embargo, aquel hombre tampoco era idiota, ya que en toda la conversación, el moreno no había dicho ni siquiera el nombre u apellido de su cómplice.
"Capitán, Rottier quiere hablar con usted"
¡Maldición! Cuando Paul quería hablar directo con Alex, eso significaba malas noticias.
El rubio agarro el teléfono, para encontrarse a su amigo gritándole de forma furiosa, "¡Alex! ¿¡Como rayos quieres que te de diez minutos más!? Acaso crees..."
"Paul, solo necesito que Leagen diga el nombre de Rouselle y ya. Dame diez minutos, eso es todo" casi suplicaba el rubio.
El moreno que se encontraba al otro lado de la línea suspiraba para recuperar la poca calma que le quedaba. "Haber capitán Evans, ¿Qué quieres que haga para entretener a diez mafiosos por diez minutos? ¡Ponerme una maldita faldita y bailarles!"
"No te dicen pies ligeros por nada" respondió el capitán, para después colgar.
Solo di el maldito nombre, solo eso...
De pronto, parecía que alguien había escuchado las súplicas del capitán. "... entonces si todo sale bien, le llegará alrededor de una semana señor Rouselle"
¡Listo!
El sonido de como una puerta había sido derribada por una patada se acababa se hacer presente. En un dos por tres, cuatro hombres se encontraban apuntándose con sus pistolas al moreno, mientras tres revisaba la habitación y uno se encontraba arrestando al señor Leagen, antes que pudiera escapar.
"¡Capitán!" llamaba uno de los soldados a su superior, el cual no se encontraba.
"¿Donde está el capitán Evans?" se preguntaban varios soldados.
Siete soldados se encontraban sin su capitán en aquella habitación silenciosa, demasiado silenciosa...
Nadie decía nada, más tenían sus armas bien sujetas. Un silencio tan extremo, casi siempre significaban malas noticias.
Y en esta ocasión, aquel silencio, lo era...
"¡Ahh!" el grito de un hombre, se hizo presente.
El soldado Claire, el cual era el que estaba arrestando al señor Leagen, acababa de ser disparado en el pecho por una bala misteriosa.
"¡Claire!" gritaron todos.
Nos están vigilando, concluyó el pelirrojo.
Gracias a la bala que había recibido el soldado Claire, es que Leagen había logrado escapar.
El hombre había salido corriendo por la puerta de aquella habitación.
Los demás soldados habían empezado a dispararle al hombre, más entre más balas se le eran dirigidas al moreno, más se hacían presentes en aquella habitación.
"¿¡Quién rayos nos está disparando!?" preguntaba el pelirrojo de Renalt en voz alta.
El señor Leagen había llegado a la cocina de aquella casa, para agarrar un arma que tenia escondida en los cajones del comedor de aquel lugar. Por poco... pensó.
Rápidamente el hombre agarro un teléfono que se encontraba cerca, para empezar a marcar un numero.
El teléfono empezó a sonar, más nadie contestaba. Responde Lombardi.
"¿Leagen?" la voz de un italiano se hizo presente en aquel teléfono.
"¡El ejercito...!" el hombre había empezado a anunciarle a su colega italiano que el ejército lo había encontrado, sin embargo, el repentino golpe en su cabeza se lo impido.
"Imbécil" dijo el capitán Evans mientras empezaba a arrestar al hombre que se encontraba desmayado enfrente de el.
Después de arrestarlo de manera rápida, el rubio agarro el teléfono. "Leagen nos dijo todo, si cooperan, seremos más leves con su sentencia" el capitán empezaba a negociar con el hombre que se encontraba al otro lado de la línea telefónica.
"Les dijo... ¿todo?" cuestionaba el italiano.
"Si" respondió de manera firme el rubio.
"Entonces les falta mucho por saber..." dijo el italiano antes de colgar el teléfono.
Imbécil, pensó Alex ya que al parecer el hombre no le había creído nada. "Ahora lo único que tengo para que no me corten la cabeza, ¡Eres tu!" le dijo el rubio al hombre que se encontraba desmayado enfrente de el.
"¡Soldados!" grito el capitán en dirección a donde se encontraba su equipo. "Atrape a Leagen, llamen a la base y pidan refuerzos. Nos quedaremos un buen rato investigando este lugar"
En un dos por tres, los ocho hombres habían regresado con su superior.
"Prive llama a la base y pide refuerzos. Denard y Safran, asegúrese que Leagen no escape. Tessier, llama a una ambulancia para que atienda a Claire. Latour comunicame con Rottier. Lacharite, ven para acá que ocupo hablar contigo. Y Chevrier, empieza a revisar toda la casa. Cuando todos termines sus tareas asignadas, empiecen a ayudarle a Chevrier" dio las órdenes el capitán Evans, para después recivir un "si señor" como respuesta de parte de todos los soldados.
El pelirrojo de mirada gris se dirijo con su amigo. "¿Que pasa Alex?" pregunto.
"Barras estuvo aquí"
"¿¡Que!?"
"¿Quién crees que les estaba disparando?"
Al principio el pelirrojo no entendía cómo pudo haber estado Barras aquí, pero sobre todo, ¿Porque?
Sin embargo, ver lo mal herido que se encontraba su amigo, era como una señal que en definitiva había sido Barras.
En cuanto el rubio dio la orden para que todos entrarán a la casa donde se encontraba el moreno, el capitán miro una extraña sombra en el techo de una casa la cual se encontraba enfrente de su posición.
Una posición, demasiado precisa.
Barras, concluyo rápido Alex.
Rápidamente el hombre se fue dirigiendo en dirección hacia esa casa.
¿Esta cómo guardaespaldas? El rubio no entendía porque un hombre tan poderoso tendría que hacer ese tipo de trabajo.
Rápidamente el rubio se fue subiendo por una escalera que se encontraba por la casa, la misma que debió usar para subirse el mismo. Si el hombre no se apuraba, sabría que sus soldados terminarían pagando el costo de las balas de aquel hombres.
En cuanto llego al techo de aquella casa, el rubio se escondió atrás de unas cajas que se encontraban, de seguro deben de ser todo su equipo de armas, analizó.
Sin embargo, el escondite no fue de todo efectivo...
"¿Te enseñaron eso en el ejercito?" había dicho el francés para después empezar a dispararle al rubio.
Los disparos habían llegado a rozar los brazos y piernas del capitán, más no ningún punto vital.
Rápidamente Alex se volvió a esconder tras aquellas cajas.
"¡Maldito Evans! Ya tengo tiempo queriéndote ver bajo tierra" dijo Barras para después irse acercando a la posición del rubio.
Sin embargo, el francés fue recibido con una bala dirigida a cada una de sus dos muñecas.
Rápidamente Alex se dirigió a el para darle un golpe en el estómago, haciendo que el hombre cayera y soltará su arma. Sin embargo el rubio no conto con que el francés tuviera una navaja escondida.
En un solo movimiento, el capitán Evans tenia una navaja de cinco centímetros encajada en su pierna derecha.
Barras volvió a agarrar su pistola, pero en vez de dispararle al rubio, empezó a dispararle a los soldados que habían agarrado a Leagen.
Su puntería, el rubí empezaba a reflexionar. La pistola de su contrincante estaba apuntando a las cabezas de sus compañeros, si no hacia nada, esta noche habría velorio.
En un rápido movimiento, el capitán Evans agarro la navaja la cual tenía encajada, para aventarla en dirección hacia Barras.
Sin embargo, lo hizo demasiado tarde. Para cuando la navaja le llego a Barras, este ya había disparado del gatillo. El capitán observaba como aquella bala la acababa de recibir el soldado Claire.
¡El punto no fue mortal! Intentaba convencerse el hombre.
Alex estaba a punto de volver a atacar a Barras, cuando vio que el hombre escapo.
¡Maldición!
Sin embargo, el rubio capitán también alcanzó a notar cómo es que Leagen había escapado del agarre de sus soldados. Se dirige a la cocina, alcanzó a concluir para después salir corriendo a dirección de Leagen.
Pero el rubí no contó con que Barras seguiría disparandoles a sus compañeros desde su nuevo ángulo...
"Señor, Rottier esta en la línea" le aviso el soldado Latour.
"Gracias" dijo el capitán para después agarrar el teléfono.
El moreno que se encontraba al otro lado de la línea había sido el primero en hablar. "¿Agarraron a Leagen?" pregunto de forma rápida.
"Algo así" aviso el rubio mientras veía como el moreno se encontraba medio muerto. Creo que le pegue muy fuerte... "Regresa a la base. Hay nuevo plan para atrapar a Rouselle" ordenó de forma firme el rubio. "Haya te digo todo lo que paso"
"Te veo haya Alex" dijo el moreno antes de colgar.
El capitán suspiro de repente, para después ver su reloj. Sigue siendo temprano, empezaba a pensar. "Renalt, estas a cargo, tengo que ir con el coronel. Cualquier problema, comunicame de inmediato" aviso el rubio a su amigo.
"Está bien Alex" respondió el pelirrojo para después ver como su amigo se dirigía a la salida del lugar.
En cuestión de minutos el rubio había llegado a su base, para dirigirse a la oficina de su superior.
"Buenas tardes Lourdes" saludo el rubio de forma respetuosa a la secretaria de su superior. "¿Se encuentra el coronel? Le pregunto a la mujer de cabellera negra corta y ojos cafés.
"Si Alex, se encuentra adentro, pero creo que esta ocupado" le respondió la mujer.
¿Ocupado? ¡Mi puesto en la milicia no es algo que puede dejar para otro rato! "Esta bien" respondió el joven hombre, para después entrar de forma brusca a la oficina del coronel.
"¡Alex!" la mujer salio prácticamente corriendo detrás del joven capitán.
A pesar de estar en la milicia, escenas cómo aquella no eran para nada raras, especialmente si el joven Alexander Evans estaba involucrado.
"Buenas tardes coronel" empezaba a saludar de manera respetuosa el capitán.
"¿Evans? ¡Qué rayos hace aquí!" volvía a regañar el hombre a uno de sus mejores soldados.
Sin embargo, este también noto cómo el uniforme del capitán tenia varias manchas de sangre. Espero que eso signifique buenas noticias, aunque dudo que haya venido para informarme sobre la resolución de su plan.
"Usted me dijo anoche que viniera, y aquí estoy"
Por otra parte, la mujer de mirada achocolatada se encontraba jalandole el brazo al rubio capitán. "Disculpe señor, el entro y..." intentaba disculparse.
"No se preocupe Lourdes, de todos modos tenia que hablar con el capitán. Puede retirarse" le dijo el coronel a su joven secretaria.
En cuanto los dos hombres se encontraron solos, el rubio fue el primero en empezar a hablar. "Me gustaría saber, porque he sido despedido gracias a una tal Candice"
El hombre de tez morena, con cabellera y mirada negra, empezaba a explicar. "Primero tome asiento Evans"
El rubio obedeció la orden, para después empezar a escuchar una historia bastante peculiar.
"La familia Andrew es una de las familias más poderosas de todo Estados Unidos de América. Esta a sido bastante generosa económicamente con esta base. Al parecer el jefe de la familia, a sido amigo de uno de mis superiores por algún tiempo, y pues después del fin de la primera guerra mundial, Francia a estado muy mal económicamente y..."
Y Alex ya veía porque tanto amor a esa familia. "Y el señor Andrew nos a estado pagando la comida desde hace unos años"
De forma apenada, el coronel asintió. "Algo así. Bueno, al parecer toda la familia vendra para la inauguración de un despacho de la familia o algo así..."
Ni siquiera esta bien informado, y ya hasta me despidieron. Lindo... el rubio ya ni entendía porque el tenia que estar involucrado, "¿Acaso quieren un guardaespaldas o algo así?"
"Déjeme terminar Evans" regaño de forma molesta el coronel al rubio. "Entre esa familia, viene la hija adoptiva del señor Andrew. Al parecer esta tiene un prometido el cual se encuentra en Francia, los cuales se casarán en la capital en poco tiempo"
Alex no entendía porque, aquella noticia lo había dejado sin aliento de pronto. Su piel blanca había palidecido en un instante tanto, como una nevada de invierno.
Un poco de ira se hizo presente en su mirada azul, "¿Y eso en que afecta la seguridad nacional? Porque que yo sepa, para eso está el ejercito" aquella noticia, había dejado de un pésimo humor al rubio.
El coronel veía como uno de sus mejores soldados tenia una expresión de enojo, ¿La conocera? Se preguntaba, porque nadie se enojaria de aquella manera por una extraña.
"Todavía no se sabe con exactitud la fecha de la boda, más si que será en muy poco tiempo" seguía explicando el hombre. "Debido a las circunstancias actuales de Francia, le ofrecimos al señor Andrew protección para su familia"
De pronto, el recuerdo de una rosa se volvía a hacer presente en el pensamiento, y en el corazón del capitán. ¿Qué rayos me esta pasando? Reflexionaba el hombre.
"Hemos encontrado a Barras teniendo encuentros con el señor Andrew"
¡¿QUE?! El hombre se paro de forma furiosa de su asiento. "¿Disculpe señor? Yo estoy a cargo de atrapar a Rouselle, ¿Y ustedes me han estado ocultando información?" la sangre le hervía cada vez más a Alex.
"Baje. Su. Tono" ordenó el hombre de tez morena. "Apenas tuvimos la confirmación de que en definitiva era el señor Andrew esta mañana. Lo 'despediremos' de su misión de atrapar a Rouselle"
El rubio simplemente ya no podía soportar tanta falta de respeto hacia su titulo. Solamente porque una niña riquilla venia, el pagaba las consecuencias. "Entonces, el capitán de la misión tendra que cuidar a la hija del sospechoso, ¡Más no al mismísimo sospechoso!" dijo casi gritando de forma indignada.
"¡EVANS!" el capitán tenia fama de sacar de sus casillas a sus superiores, más esta vez, se estaba pasando. "Tome asiento" le ordenó el coronel. "Otra falta de respeto ¡Y usted pasara a cuidar al perro de la familia Andrew!"
Y de mala gana, como un niño pequeño regañado, al capitán no le quedo de otra más que obedecer las órdenes de su superior. "Disculpe, señor" ofreció disculpas de mala gana.
"No cuidará a la hija, cuidará a la pareja..."
Oh si, ¡Porque eso es mucho mejor!
"...porque parece ser que Barras a contactado a los Andrew ya que estos tienen contacto con el prometido de la hija"
¿Qué? "¿Y porque es eso?" pregunto el rubio.
Una sonrisa en los labios del hombre te tez morena se hizo presente en su rostro. "Su misión será responder esa pregunta Evans" le respondió al rubio.
El capitán ya entendía el propósito de su misión, más todavía tenia dudas. "Estaré... ¿Encubierto?"
"No" respondió de forma rápida el coronel. "Usted seguirá siendo el capitán Alexander Evans, más ya no estará 'a cargo' de atrapar a Rouselle. Claro, más solo en la presencia de la familia Andrew"
Esto esta de locos, reflexionaba el capitán. "¿No cree que a los Andrew se les haga sospechoso que un capitán, sea su guardaespaldas?"
"No. También haremos que sea mi representante"
"Ahhh..." ya todo empezaba a tener sentido. Usted quiere que haga su papeleo y atienda a sus reuniones. "¿Tengo opción?" el hombre ya ni sabia para que preguntaba, si estaba más claro que el agua la respuesta.
"No capitán. La joven llegará primero que todos" seguía explicándole el hombre al rubio.
"¿Para cuando?"
"Dicen que ellos nos avisan. Por mientras usted será como el 'chaperon' de la joven, para que no se pierda, encuentre a su prometido y cosas así"
El enojo que tenia el capitán en su mirada azul se podía observar mejor que nunca.
"Evans..." dijo el coronel al notar aquel enojo.
"Si esto me ayudara a atrapar a Rouselle, lo hare" respondió el rubio para después pararse de su asiento. "Compermiso señor, tengo que ir a recibir al soldado Rottier" anuncio para después irse.
"Pase" respondió el coronel.
El soldado Rottier no había tardado mucho en llegar, en cuanto regreso a la base, el moreno le empezaba a explicar a Alex lo que descubrió aquel día estando en encubierto.
Al parecer, ya estaban sospechando de el.
"Nada nuevo realmente" dijo el capitán
Después Alex le dio un resumen de la misión fallida de aquel día.
"Nada nuevo realmente" contra atacó el soldado.
El resto del día no había sido nada espectacular, ya que todo había sido las consecuencias del plan fallido de atrapar a Rouselle y atender las pequeñas heridas que Barras le había dejado al capitán. A pesar que pudieron agarrar a Leagen, y ahora tenían evidencia de que el moreno estaba en definitiva en contacto con Rouselle, el hombre se encontraba inconsciente.
El golpe que el capitán Evans le había proporcionado, había sido demasiado fuerte...
En un dos por tres, aquel día había cambiado a una oscura noche. Eran alrededor de las diez de la noche, la hora habitual donde los soldados regresaban a sus hogares para descansar.
El capitán Evans seguía trabajando en el reporte de aquel día, cuando de pronto, sus dos amigos aparecieron en la puerta de su oficina. "Alex, Paul y yo vamos por un trago, ¿Vienes?"
"¿Trago?" aquella invitación se le hizo extraña al hombre, porque este creía que seguía siendo de día.
"Si rubiesito, si no te haz dado cuenta, ya son las diez de la noche" le aviso Paul.
Y el hombre estaba en lo correcto, ya que el rubio no se había dado cuenta ni en que momento se había hecho de noche.
"No creo que..."
"¡Vámonos!" agarro de la manga Renalt a su amigo rubio antes de que este terminará de rechazar la oferta.
En pocos minutos, los tres hombres se encontraban afuera de la base, en plena noche, con la luz de la luna cubriéndolos y las estrellas haciéndoles compañía, para empezar a caminar rumbo a su cantina de costumbre.
"La Vie"
Aquel lugar les traía bastantes recuerdos al trio, ya que fue hay donde se habían conocido.
El comienzo de su amistad había sido bastante, peculiar...
"¡Lula!" anunciaba Renalt. "Tus clientes favoritos acaban de llegar"
La mujer morena de edad avanzada se emocionó a escuchar aquella frase, "¡Mi hermoso Paul llego!"
"Ya me voy..." dijo Paul en voz baja mientras se dirigía a la salida de aquella cantina.
"No seas grosero" lo regaño Alex para después jalarlo de la mano. "Buenas tardes Lula" saludo de forma amable el rubio.
Para nadie era secreto, que la mujer de cincuenta años encontraba al pobre moreno bastante 'lindo', después de todo, se lo hacía saber cada vez que iban a aquella cantina.
"¡Paul!" la mujer salio prácticamente corriendo a abrazar al moreno, mientras este miraba a sus amigos con una expresión donde suplicaba ayuda.
"Lo de siempre por favor" pidió Alex mientras separaba a su amigo de la mujer.
"En un momento Margot se los da" les dijo la mujer antes de irse, más sin antes no mandarle un besito a su moreno favorito.
"¿Porque rayos seguimos viniendo a este lugar?" preguntaba Paul, ya que cada vez que venían, el pobre era molestado por Lula.
"Porque nos dan descuento idiota" dijo Alex para después dirigirse a su mesa de siempre.
Casi siempre después de una larga jornada de trabajo en la base, los tres soldados iban por un trago a aquel bar. Desde que habían empezado los rumores de una posible guerra mundial, hace unos años atrás, a los soldados se les hizo costumbre venir aquí para olvidarse por un rato de problemas políticos.
"Bueno, bueno, bueno" Paul había empezado a hablar. "No nos terminaste de contar el chisme de la tal estadounidense"
"Cierto, que tendrás que cuidar a una jovencita" dijo Renalt con un tono de picaron en su voz.
De todo los temas de conversación del mundo, el pelirrojo y el moreno tuvieron que elegir ese en específico
"¿Porque les importa tanto?" empezaba a reclamar el rubio. "El idiota del coronel solo quiere que haga su trabajo y ya"
"¿Disculpa?" el pelirrojo había tomado casi como un insulto aquella reclamación. "En vez de estar golpeando a hombres mugrientos, y estar en medio de cientos de balaceras, ¡Estarás cuidando a una mujer!"
"Cierto Alex, se más agradecido" decía de forma también algo celosa el moreno.
"Están hablando cómo si la americana fuera una diosa y..."
Aquel comentario hizo que los ojos del pelirrojo se abrieran por completo, "¿¡Acaso ya la conociste!?" en definitiva, el joven de mirada gris era el más pervertido del trio.
"No" respondió rápidamente el rubio. "Digo que lo más seguro s que sea fea y... ¡Auch!" el golpe de una pequeña mano impidió que el rubio terminará su oración.
"A ninguna mujer se le dice fea Alex" regañaba la mesera.
"Eso dolió Margot" reclamaba el rubio mientras se sobaba su cabeza.
Margot era la mesera de aquel lugar, y ya que los soldados iban a esa cantina prácticamente todos los días, la joven se había hecho amiga de los jovenes.
Margot Moretti era una bella joven italiana de 24 años que había llegado a Francia pocos meses antes del inicio de la primera guerra mundial. La joven era alta, con cabellera café lacia que siempre estaba recogida en una trensa de alado, y la cual tenía un par de grandes ojos negros.
"¿Nos acompaña señorita Moretti?" invitaba Paul a la joven con tono de niño jugeton a tomar un trago con ellos.
"No se si..." empezaba a hablar la joven mientras veía cuantos clientes quedaban en el lugar.
Merezco un descanso, termino por concluir para después sentarse con los soldados. "Y bien, ¿Qué chismes me traen?" dijo Margot mientras agarraba un vaso de la mesa para servirse un poco de ron.
"Alex cuidará a una bella americana mientras nosotros tenemos que atrapar al idiota de Rouselle" anuncio de forma rápida y algo celosa el pelirrojo.
"Y para empeorar, ¡El idiota todavía se queja!" también reclamaba el moreno.
A la italiana jamás se le hubiera ocurrido algo así, "Wow... rubiesito, mira que linda suerte tienes..." empezaba a molestar a su amigo.
"Callense" dijo el rubio de forma algo enfadada.
Margot decidió cambiar de pronto el tema. "Entonces, ¿Como les fue hoy con Rouselle?" pregunto de forma curiosa.
Aquella pregunta, le había dado en el orgullo al capitán Evans. "Mejor hablemos de la americana"
La risa de los soldados empezaron a sonar en aquella mesa.
No importaba que tan mal o que tan bueno había sido el día del capitán, este siempre terminaba con las risas de un soldado borracho, otro metiche y una camarera molesta.
Pero no los cambiaría por nada del mundo.
A pesar que el capitán era pobre, a este nunca le había faltado nada.
"¡Hey Alex! Deberíamos de reunirnos este fin de semana en la casa de Paul" ya empezaba a hacer planes Margot, como de costumbre.
"¿Que? ¡No! Siempre que van, dejan todo un cochinero" decía de forma enojona el moreno, como un viejillo gruñon.
"Oh vamos Paul no seas amargado" regañaba el pelirrojo a su amigo. "De paso que Alex traiga a Sofia e invitamos a Simon también"
"A nuestro borrachín favorin" decía entre carcajadas el rubio.
"Tenemos tiempo que no hacemos una fiesta" ya estaba igual de entusiasmado el pelirrojo cómo la italiana. "Aparte Margot puede traer una amiguita" decía de forma picarona el soldado de mirada gris.
"Tu nunca cambiarás" decía también entre risas la mesera a su amigo pelirrojo.
"Porque no" se había dado por vencido el moreno.
A pesar que el capitán era pobre, a este nunca le había faltado nada.
Tenía amigos los cuales consideraba sus hermanos, una bella y dulce prometida que lo esperaba todas las noches en casa, y un trabajo, que por más extraño que pareciera, le gustaba bastante.
La adrenalina, más al mismo tiempo el poder de proteger, era algo que el capitán no cambiaría por nada.
Nunca se había quejado sobre sus carencias, ya que nunca había sentido carecer de algo realmente.
¿Entonces porque ahora sentía que algo le faltaba?
De pronto, unos ojos azules captaron a una bella rosa que se encontraba afuera de aquella cantina.
En definitiva, la rosa era muy bella.
La joven se llamaba Candice, ¿Verdad?
