Locura

Finalmente llegaron a la casa de Yumi, en la cual solo se encontraba su hermano, Yuuki. Este no pasó desapercibido el pálido estado de su hermana.

– ¡Yumi! ¿Qué te paso?- inquirió, apresurado -No tienes buena pinta… ¡Ah! B-Buenas tardes- soltó, al notar a las dos jovenes detrás de ella.

–Buenas tardes- saludaron al unísono, haciendo una educada reverencia.

Yumi puso una mano en su hombro –No te preocupes Yuuki, no es nada. Solo me acompañaron porque me sentí un poco mal- se giró hacia ellas -Pero no se preocupen, ya me encuentro bien.

– ¡Nada de eso!- la interrumpió su soeur -Me quedaré aquí hasta que compruebe que realmente te sientes mejor.

Posó los ojos en ella, desganada, para luego girarse hacia Sachiko, esperando una respuesta de su parte.

–Yo también me quedaré- le dedicó una leve sonrisa, que muy tranquila no la dejó.

Resignada, largó un pesado suspiro y les hizo señas a sus invitadas para que subieran a su habitación.

-Touko-chan, muéstrale el camino a Onee-sama. Enseguida voy- dijo, agarrando a Yuuki por el brazo.

Este la miró de reojo, arqueando una desconfiada ceja.

Su soeur asintió –De acuerdo- comenzó a dirigirse hacia las escaleras -Es por aquí.

Sachiko pestañeó varias veces, perpleja. Era su primera vez en la casa de Yumi, pero claramente no era la primera vez que Touko pisaba aquel lugar.

-¿Tú ya viniste aquí, no?- indagó con seriedad, subiendo las escaleras.

–Sí, el verano pasado.

-Ya veo...- cerró los puños con fuerza. La incoherente frustración solo se dignaba a aumentar en su pecho, quitándole el aire.

Touko se volteó para verla ya que su contestación habia sonado muy cortante. La contempló pero no dijo nada. Tenía una leve sospecha de lo que le ocurría. Sospecha que no le hacía ninguna gracia.

Al llegar a la recámara, abrió la puerta y le dio el paso a la mayor. Esta última observó aquel cuarto con detenimiento.

Es... tal cual ella; lindo y... tierno.

Un no bienvenido calor asaltó a sus mejillas al pensar en eso.

Maldición... ¿Qué me sucede? Contrólate Sachiko... ¡Contrólate!

Se quedaron de pie, ambas cruzadas de brazos , esperando un tanto impacientes la llegada de la dueña de aquella casa.

–¿Qué estará haciendo? Debería acostarse, sé que todavía no se ha recuperado por completo- dijo Touko, moviendo los dedos frenéticamente sobre su brazo -Esa tonta…

Sachiko le dedicó una fría mirada.

Se congeló al notarla. Su actuar solo incrementaba su enojo, pero también... había cierto terror que estaba desperando en su ser. Cómo para no hacerlo; sus azulados ojos de verdad empezaban a dar miedo.

Yumi arrastró a Yuuki por el brazo hasta la cocina, y llevo el dedo índice a sus propios labios en señal de que hablara en voz baja.

-Escúchame, tienes que llevarte a Touko-chan un rato. Vayan a comprar, no sé... lo que sea. Tengo que discutir algo con Onee-sama.

-¿Huh?- puso ambas manos en su cadera -¿Y por qué me metes a mi en esto?

-¡Por favor! Además...- continuó, delineando una picarona sonrisa -... sé que mi hermanita te agrada bastante- enfatizó aquello último -Esta podría ser tu oportunidad de actuar...

Su gemelo rostro se sonrojó – ¡I-Idiota! ¿Qué estas diciendo? ¡Solo dije que parecía una buena chica, deja de malinterpretar todo!

Ante su esquive, bufó con desdén -Da igual... si me haces este favor, prometo hacerte el desayuno por un mes ¿Qué dices?- alzó ambas cejas, incitante.

-Hm...- se cruzó de brazos, observándola con desconfianza. La idea de tener una sirvienta por un tiempo, no sonaba nada mal.

Luego de meditarlo unos largos segundos, dejó caer las manos a los costados de su cuerpo, resignado -Está bien... espero que cumplas esa promesa.

Yumi se lanzó a sus brazos y lo estrechó con fuerza -¡Sí, lo juro! ¡Gracias, gracias, gracias!

Su hermano gruñó. Aquella pequeña siempre conseguía su maldito cometido.

En la habitación de Yumi, Rosa Chinensis miró su reloj, impaciente.

-¿Qué estará haciendo?- murmuró para sí.

Ninguna se dirigía la palabra, lo cual hacia sentir incómoda a Touko. La menor la miró de soslayo, tratando de idear algún tema de conversación.

Y pensar que hace solo unos meses atrás estaba tan pegojoza con ella... Ugh. ¿Cómo demonios cambió todo de esta manera?

Pensó, dispuesta a cortar aquel tortuoso silencio. Sin embargo, el sonido de la puerta abriendose le impidió esa acción, para su alivio.

-¡Yumi!- la llamaron al mismo tiempo, girándose hacia ella.

La nombrada intercaló los ojos entre ellas, extrañada.

¿Pero qué mierda pasa aquí?

Carraspeó, nerviosa -Lamento la demora, les traje algo de beber- colocó la bandeja que tenía en las manos en una pequeña mesa -Té, por supuesto- agregó, guiñándoles un ojo.

Todas se sentaron alrededor, pero poca conversación se oía en ese cuarto. No obstante, eso a Yumi no le interesaba. Su única misión era hacer tiempo hasta que apareciera su salvación.

Sachiko la miró de soslayo –Yumi, acuéstate- dijo de repente, provocando que se sobresaltara.

–¿Q-Qué?

Su mente definitivamente pensó de más.

–Que te acuestes, es mejor que descanses, yo me quedaré cuidándote- le sonrió con honestidad, por primera vez en mucho tiempo.

Sus mejillas se tiñeron de un rojizo color al captar tal encandilánte gesto -Onee-sama…

–También te cuidaré- agregó Touko –Es mi deber como tu Soeur.

Rió por lo bajo debido a su orgullosa determinación –Oh, ¿Solo por eso lo haces? ¿Es un deber? Pensé que era porque me querías, al menos un poco...

Tragó saliva con rudeza -¿Q-Qué dices? También es... por eso, ya sabes…- trató de deletrear, nerviosa.

-Deberías ordenar tus palabras antes de hablar- intervino Sachiko, sarcástica.

Touko la miró, desafiante.

El ambiente volvía a ponerse tenso, y Yumi ya no sabía qué hacer para apaciguarlo.

Y cuando pensaba que todo estaba por irse literalmente a la mierda, el milagro sucedió; su salvador tocó la puerta.

Se giró hacia esta, hiperactiva -¡Pasa!

Yuuki se asomó por la puerta. La ansiedad era visible en su rostro.

–T-Touko-san ¿puedes venir conmigo un momento?

La nombrada alzó una desconfiada ceja – ¿Para qué?- respondió, de mala gana. Miró a su hermana mayor, la cual asintió con la cabeza en señal de aprobación.

Con el ceño fruncido y soltando un pesado suspiro, se levantó y se dirigió hacia la puerta, para luego salir por ella junto a Yuuki; no sin antes echarle un último vistazo a su Onee-sama.

Yumi le hizo a su hermano una señal de victoria con el dedo pulgar debajo de la mesa.

Bien, al fin estamos solas…

Pensó, siguiendo su ida con la mirada. La deslizó hacia el lado contrario, encontrandose ahora con los azulados ojos de Sachiko.

Esta le correspondió la acción, dibujando una amable sonrisa.

Yumi trató de imitar su gesto, pero este no tardó mucho en desdibujarse, dando paso a una mueca afligida.

Me pregunto por qué me siento tan culpable... ¿Acaso obligué a Touko a hacer algo que no quería?

– ¿Yumi, qué sucede?- inquirió, al notarla.

Esta bajó la cabeza, pensante -Yo… ¡Esperame un momento!- exclamó, desconcertándola.

Salió casi corriendo de la habitación. Y como se lo imaginaba, lo primero con lo que se topó fue a su soeur parada en el pasillo, aún con su hermano. Su rostro irradiaba cierta tristeza, y parecía estar discutiendo con él.

–Lo sabia, todavía estas aquí...

Touko giró el rostro hacia ella, avergonzada -Onee-sama, es que…

Yumi le sonrió y se acercó a ella. La abrazó por la espalda, provocando un inmediato escalofrío en la menor.

–No te preocupes, estoy bien- susurró en su oído -Solo necesito hablar unas cosas con Sachiko-sama... lamento todo esto, debí habertelo dicho.

Touko sostuvo aquellas manos entrelazadas en su cintura –¿Siempre está ella primero, no?- musitó -Yo… nunca podré ocupar su lugar.

Se desprendió del cariño, sorprendiéndola.

Yumi pestañeó varias veces, incapaz de creer lo que estaba escuchando -¿Pero qué dices? Ambas tienen un lugar muy importante en mi corazón, nadie reemplaza a nadie aquí, ¿de acuerdo?

Touko se animó a darse la vuelta, solo para encontrarse con la sincera sonrisa de su hermana. Descendió la mirada, intimidada por ella.

Yumi rió en un murmullo inmersa en aquel tierno acto y acortó la distancia de nuevo. Se inclinó hacia su rostro y presionó los labios contra su cálida mejilla, generando que esta aumentara su temperatura.

Yuuki, que aún seguía allí, empezó a jugar con sus dedos, nervioso. Se sentía en demasía fuera de lugar.

Sin embargo, al estar ambas ensimismadas en su reconciliación, no se dieron cuenta de que alguien las estaba espiando.

-Y-Yumi...- fue lo único que pudo articular, Sachiko, asomada por la puerta.

Estaba inmóvil. Yumi nunca había tenido tal gesto con ella, nunca la había besado así. Mejor dicho... nunca se habían besado, ni siquiera en la mejilla. ¿Acaso ese beso significaba algo más que una hermandad?

¿Por qué ellas entre si no tenían ese tipo de gestos? ¿Por qué? Y más importante… ¿Por qué se estaba preguntando tales incoherentes cuestiones?

¿Desde cuándo… yo...?

Chocó los dientes con rudeza, obligándose a reprimir esa última cuestión que invadió a sus pensamientos.

Sentía que estaba perdiendo el control, y ni ella misma sabía ni entendía el porqué. Pero algo era seguro, emociones que para nada se asemejaban a la cordura estaban despertando en su interior; ira, celos, envidia… deseo.

Su pecho se presionaba con fuerza; como si hubiese tenido tales sentimientos acumulados por un largo tiempo. Con el aliento perdido, se lo aferró en un intento de aliviar el creciente dolor.

Descendió la vista, cubriendose el rostro. Su mente quería estallar. Con cada segundo que pasaba percibia como una lúgubre oscuridad, disfrazada de rencor, comenzaba a irrumpir su destacada lucidez.

Yumi, luego de despedirse de ambos, volvió a la habitación. Pero sus pasos se detuvieron en seco al toparse con su Onee-sama sentada en su cama, cabizbaja. Le pareció extraño. Ella no haría eso sin su permiso.

Decidió acercarse con extrema cautela. Temía que estuviese más enfadada que antes por su repentina huida.

–¿Onee-sama?- no recibió respuesta alguna -¿Estás bien?

–Yumi...- la nombró, con un sombrío tono -¿Y Touko?- cuestionó, para luego ascender un poco su ahora, lúgubre semblante.

Yumi drenó a su garganta de saliva, nerviosa. Un escalofrío la recorrió de pies a cabeza al visualizarla.

–S-Se fue con Yuuki a comprar, ahora podremos hablar con tranquilidad.

Una apagada risa en un murmullo se escuchó.

-Ya no hay necesidad de hablar.

-¿Huh? ¿Qué quieres decir con…?

No pudo terminar la frase. El cuerpo de Sachiko poniendose de pie precipitadamente la sobresaltó. Comenzó a aproximarse hacia ella de una lenta manera.

Su soeur se achicó en el lugar -¿O-Onee-sama?

Quedó a una corta distancia y la miró de arriba hacia abajo con desdén.

-¿Q-Qué pas-

Unos inesperados brazos rodearon su cintura con fuerza, estremeciéndola. Parpadeó varias veces sobre su hombro, extrañada.

-Onee-sama...- musitó, pero otra vez su voz no se oyó, solo un largo suspiro hizo eco en la habitación.

Dudosa, decidió corresponder el aprecio con debilidad -¿Qué te pasa?

Sachiko reforzó el agarre, hundiendo el rostro en la curva de su cuello –Yumi… Yumi…

-¿Q-Qué sucede? Has estado rara últimamente. Cuéntame, por favor…- Los nervios comenzaban a tomar el control, transformando a su voz un entrecortado sonido.

-Yumi…- repitió, de una perdida forma. Se inclinó más hacia la piel de su cuello y la rozó con la nariz.

Ah… su aroma. Su dulce aroma. Estoy perdiendo la… cordura.

La pequeña se estremeció al sentir aquel cálido aliento acariciar su piel.

La mayor, obviando su temblor, comenzó a deslizar las manos con lentitud por la curva de su espalda, hasta llegar a su nuca. Se detuvo en esta, y no se privó de acariciarla con las yemas, para luego apretar levemente los dedos contra su piel.

Yumi pegó un saltito en el lugar, en absoluto desorientada. Algo extraño le estaba sucediendo a su hermana, no cabía duda.

-¿Onee-sama?- murmuró, percibiendo su ahora, acelerada respiración.

Sachiko observó con hambruna aquel cuello que estaba sosteniendo, y tentada, empezó a acercar los labios hacia el. Los presionó contra su piel con delicadeza, para luego entreabrirlos y asomar la lengua por ellos.

Yumi se aferró con fuerza de sus brazos cuando percibió como una osada lengua se atrevía a recorrerla.

-¿Q-Qué?- apenas pudo modular. Observó de reojo, aterrada, el compenetrado rostro de Sachiko en la acción. Pauta suficiente para reaccionar y apartarla de un empujón -¿Por qué hiciste eso?- se llevó la mano al lugar agredido, perpleja.

Estaba tan confundida, nada tenía sentido. Necesitaba respuestas de inmediato, y la perdida mirada de Sachiko no ayudaba.

-¡Sachiko, contéstame!- la llamó por su nombre, despertándola.

La cuestionada desvió la mirada, arrugando el ceño – ¿Por qué... dices?- la deslizó de nuevo hacia ella, con profundidad -¿Es que acaso no te gusto, Yumi?

Los nervios se apoderaron por completo de su garganta, imposibilitándole el habla.

¿Realmente me está preguntando eso? ¿Pero por qué... por qué de esta forma? Algo anda mal... muy mal.

Estaba comenzando a temer por aquella visita.

-O será que...- prosiguió -¿Te gusta alguien más?

Yumi apretó los puños, tensa. Sabía la respuesta a su pregunta, siempre la supo. Pero no quería respondersela. No con Sachiko en tal estado. Aunque milagrosamente estuviese siendo correspondida, no tenía sentido de esa manera.

No parece la misma de siempre… algo le sucede.

Las oraciones solo se formulaban en su mente. Sentia como si le hubiesen robado el aliento, por ende, las palabras.

Sachiko dibujó una triste sonrisa –Tu silencio es tan doloroso para mi, Yumi... dime la verdad, ¿Estás enamorada de Touko?

Su quijada se desprendió.

-¡¿Qué?! ¡Touko es mi soeur, nada mas!

Arrugó la frente, desconfiada –Mentira. Vi como la besaste… si solo fuera tu soeur, ¡No la hubieras besado!- acortó un paso, iracunda -Porque... nosotras somos hermanas también, y nunca… nosotras nunca nos hemos besado así…

Frunció los labios, con la respiración entrecortada. Sachiko no entendía como de su propia boca podían emanar tales estupideces. Quería detenerse, pero no había caso, una desbordante emoción en su interior se lo impedía. Estaba perdiendo el poco autocontrol que le quedaba.

La menor solo la miraba, cada vez mas consternada. Esa no era la Onee-sama que conocía.

Juntando valor, se animó a contestar –Es solo que… pensé que, no sé… quizás te molestaría…

-¿Molestarme?- contestó de inmediato, con una irónica sonrisa -Yumi, ¿Por qué…?- se abalanzó hacia ella y atajó sus hombros casi con rudeza – ¡¿Por qué me molestaría?!

Yumi entrecerró un ojo ante el dolor -O-Onee-sama, me lastimas...- Sus uñas se estaban clavando en su piel como un punzante puñal.

– ¡Tú me lastimas más a mi!

Perdiendo los estribos, la empujó, provocando que esta cayera de espaldas sobre su cama. Siquiera llegó a reaccionar. Sachiko, en un rápido movimiento se sentó sobre sus caderas.

Sus castaños ojos saltaron de sus orbitas. No podía estar ocurriendo tal irreal situación.

Con el temor en aumento, atrapó sus brazos -¡S-Sachiko! ¡Quítate!

La nombrada atajó sus muñecas y las estampó encima de su cabeza. Inclinó el cuerpo hacia ella y poseyó sus ojos de un amenazante modo.

Yumi giró el rostro ante tal peligrosa cercanía. El sudor ya comenzaba a recorrerla.

Esto… tiene que ser un sueño. ¡Una maldita pesadilla! ¡Sachiko no es ruda! ¡Nunca actuaría así conmigo!

–Yumi...

Su nombre siendo llamado de tal lasciba forma, le hizo temblar en el lugar.

-Quizás debería demostrarte lo que realmente siento…- susurró, comenzando a dibujar una maléfica sonrisa. Delineó con las yemas su mandibula hasta atajar su mentón -Ya que pareces no querer entenderlo.

La grave tonalidad de su voz provocó que apretara los párpados con fuerza -¡N-No...!

–Mírame- le ordenó, elevando su mentón.

Tuvo que obedecer, otra opción no tuvo. El rudo agarre que la sostenía no la dejaba escapar.

Entreabrió los ojos y lo que vió en la oscura mirada de su hermana, la carcomió por dentro. Sus ojos irradiaban tristeza y desesperación; se encontraban perdidos en la demencia.

El pechó empezó a dolerle de tanto palpitar apresurado.

-Onee…

No pudo culminar su llamado. Unos intrepidos labios sellaron su habla de una forzoza manera.

-¡Mh!

Sachiko presionó su labio superior, para luego desplazarce hacia el inferior y succionarlo -Mh… Yumi…

La besaba de forma lenta y acompasada, como si estuviese deleitandose con su sabor, con su ser apresado.

Pero aquel juego solo estaba iniciando. Se dio cuenta de ello cuando la mayor entreabrió los labios y asomó la lengua por ellos. La deslizó sobre los suyos, delineándolos. Yumi ahogó un grito. No podía moverse, estaba paralizada.

Sachiko se desprendió con lentitud de su boca, dejando un claro rastro de su líbido sostenido entre ambas.

-S-Sachi…

Otra vez, su habla fue interrumpida. Pero esta vez la causa decidió hundirse en su cavidad. Los labios de Sachiko entreabrieron los suyos a la fuerza y sumió la lengua en su interior, encontrandose con la suya que se mostraba retraída debido a la inadecuada situación.

Su aliento se entrecortó, junto con el de su atacante.

-Yumi…

Inclinó el rostro de costado, saboreandola aún más, enredandose con su lengua, degustándola a su antojo.

Yumi, aspirando reiteradas veces ante la falta de aire, comenzó a moverse con frenesí tratando de liberarse. No había caso. Sachiko, impidiéndoselo, reforzó el agarre en sus muñecas, enrojeciéndolas en el acto.

-¡M-Mh!- emitió, entrecortada, al percibir como su labio inferior recibía un no bienvenido mordisco.

A comparación de su persona, Sachiko jadeaba con profundidad en su cavidad, mientras continuaba explorándola. Inhalaba el aire en la acción, para luego liberarlo en un ronco sonido que a pesar de la descarada situación, estaba removiéndole más que una sola partícula a su aprisionado cuerpo.

Yumi se sonrojó en demasía. Nunca pensó llegar a presenciar a su Onee-sama tan excitada, y mucho menos de esa manera.

Sachiko liberó sus manos con lentitud al notar su cuerpo entumecido. Sonriendo con descaro, atrapó su mejilla y se desprendió de su boca. La castaña detalló como un pequeño sonrojo teñía sus pálidas mejillas, mientras se relamía los labios.

Entrecerró los párpados, agitada -O-Onee-sama, detente, por favor…- rogó, con un hilo de voz.

Su hermana rió en un murmullo -¿Por qué? ¿No lo estás disfrutando tanto como yo?

Volteó el rostro, tratando de reprimir las lágrimas que querían avecinarse hacía rato -C-Claro que no.

Sachiko mutó su sonrisa por una mueca inmersa de impotencia -Tú… ¿Qué pasa, Yumi? Estoy segura que te gusto, no puedes mentirme.

Abrió los ojos de par en par, horrorizada por ser descubierta.

Se inclinó hacia su oído y atrapó su lóbulo con los dientes -He visto como me miras…

Y sucedió. Las esperadas lágrimas se escaparon en forma de llanto por sus ojos. No lograba entender como su amable Onee-sama la estaba tratando de tal forma.

Se estaba burlando de ella.

-P-Por favor…- modulo, con el aliento perdido -Detente de una vez…

No quiero… no así, ¡No de esta manera!

Sachiko soltó una burlona y apagada risa en respuesta, y continuó su recorrido con los labios por su mandíbula, para luego estacionarse en su mejilla y depositar castos besos en ella.

-Tu piel es tan suave…- susurró, desplazandose hacia su cuello -Y huele tan bien…

Atajó con ambas manos su cintura, apegándo más el cuerpo al suyo y comenzó a besar la sensible piel de su cuello, sacándole leves gemidos. No se contuvo de lamerlo a su antojo, trazando un humedo camino hasta su torso.

Yumi se retorció, tratando de reprimir los inevitables sonidos que querían emanar de ella, a pesar del terror.

Estaba perdiendo la fuerza. Se estaba dejando abandonar a aquella forzosa entrega que su hermana le estaba proporcionando; creándole una extraña mezcla de miedo y placer. Sin embargo, al contrario de su cuerpo, su mente no quería darse por vencida. No quería aceptar aquello; le recordaba en cada roce, en cada beso, lo incomprensible que era esa situación.

-Onee-sama... y-ya basta- susurró, todavía con dolorosas lágrimas que aterrizaban en su mentón.

Sachiko, ignorando su pesar, prosiguió su camino -No… no voy a detenerme- bajó un poco la ropa que cubría su torso y mordió aquella delicada piel cercana a sus pechos.

Yumi se aferró a su espalda, casi rasguñándola, al sentir un leve dolor. La sensatez que le restaba no hacía acto de presencia. Un leve cosquilleo en su vientre se estaba haciendo presente. En especial cuando percibió como su hermana entreabría un poco sus piernas y colocaba la rodilla en el medio de ellas. Presionó su intimidad con esta, generando que aquel travieso cosquilleo se desplazara justamente hacia ese pudoroso sitio.

-O-Onee-sama…

Sus labios se entreabrieron al divisar como Sachiko navegaba las manos hacia abajo por sus caderas, para luego volver a ascenderlas, llevandose consigo la parte de arriba de su uniforme.

-Yumi, quiero verte…

Su pecho saltó, precipitado, y su vientre atinó a contraerse, en demasía alterado. Sachiko por su parte, seguía pronunciando su nombre, una y otra vez. Su voz sonaba tan perdida y vacía que era irreconocible.

Esta última se reincorporó un poco, quedando sentada sobre sus caderas, y terminó de retirar aquella ropa que le impedía visualizarla mejor.

Una libidinosa sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios al contemplarla solo con el sujetador.

-Ah… Yumi…

Se inclinó otra vez hasta quedar escondida en la curva de su cuello y presionó su entrepierna contra la suya en un descarado movimiento. Yumi se aferró con fuerza a su espalda de nuevo cuando percibió como su lengua recorría su clavicula, descendía por ella y estacionaba en el medio de sus pechos.

-Yumi...

-P-Por favor, no...

Poco caso le hizo a su súplica, continuó la travesia, ahora ascendiendo las manos por los costados de su cintura, hasta rozar sus pechos. Su respiración se entrecortó al sentir aquella suavidad.

Perdida en el deleite de su cuerpo, descendió más la cabeza y se acurrucó en el medio de estos, inhalando su exquisito aroma.

-Ah… ¿Por qué hueles tan bien?- cuestionó, deslizando las yemas por sus pechos hasta atraparlos con las palmas.

Yumi arqueó la espalda al instante -¡B-Basta...!- trató de modular. Se cubrió los ojos, en un intento de detener a su inminente llanto; pero también a su notoria excitación que solo iba en aumento.

Sin darle importancia a sus quejas, Sachiko desplazó las manos por su espalda y la reincorporó un poco, solo para atajar aquel gancho que le impedía poder visualizarla en su totalidad.

Las pupilas de Yumi se ampliaron al observarla –¡Espera, Onee-sama!

-No, no quiero esperar más- atinó a decir con una fría tonada, mientras con los dedos levantaba esa molesta prenda.

Sus pechos rebotaron ante ella, provocando que su mandíbula perdiera fuerza. Entrecerró los ojos, regocijada por lo que estaba contemplando.

–Eres hermosa, yumi- soltó, con un radiante pero aterrador gesto.

La pequeña aspiró su llanto, desesperanzada -Onee-sama… reacciona, por favor...

Sus lúgubres ojos fueron su única respuesta.

¿Donde había quedado su amable y cariñosa hermana? Nada tenía sentido.

Esta le sonrió de una tenebrosa manera desde lo alto -Oh, ¿pero que dices, Yumi? ¿no te agradan mis caricias?- Deslizó la mano hacia abajo por su estremecido vientre, hasta quedar a la altura de su falda - ¿deberia tratar en un lugar más… adecuado?- musitó, atajando uno de sus muslos por encima de esta. Comenzó a acariciarlo de arriba hacia abajo, con una clara intención de ir más allá.

Yumi atrapó su hombro, sacudida -¡N-No!

-¿Por qué no?- dijo, inclinando el rostro hacia ella -Prometo ser cuidadosa…- prosiguió, descendiendo aún más la mano, para luego volver a ascenderla, elevando la falda en el acto.

Pero no se detuvo allí, para su mala suerte. Continuó recorriendo su muslo en tentadoras caricias, hasta llegar a su intimidad.

Yumi tembló al sentirla tan cerca de ese preciado lugar. Sachiko ascendió sus perdidos ojos y se recocijó con los atemorizados, pero también excitados, de su soeur.

-Ah... Yumi, si me sigues mirando así, no creo poder contenerme...

Como bien avisó, las yemas de sus dedos se atrevieron a ir más allá. Comenzó a rozar su integridad en acompasados movimientos sobre aquella fina tela.

La castaña se mordió el labio, atragantándose con su propio llanto, al percibir como se detenía en su sensible centro y empezaba a rodearlo con una tortuosa lentitud.

Tembló debajo de ella. Aquella acción saturó a su mente. Era todo. Su voz, que se encontraba escondida en su garganta, se desató.

-¡BASTA!- gritó y la empujó, provocando que cayera hacia atrás.

Esta última tiritó desde su posición. Abrió los ojos de golpe y la dura realidad la golpeó.

Tal grito, tal acto… la despertó. Y odió haber despertado, porque ahora tenía la prueba de su pecado frente a sus narices. Quiso desvanecerse en la mismísima nada al observar aquella figura que quedaría grabada en su memoria para siempre.

Su soeur, cabizbaja, sujetaba sus propios brazos con debilidad, tapando sus pechos. Sus manos temblaban, y lloraba con desconsuelo.

Entreabrió los labios varias veces para decir algo, pero… ¿Qué podía decir?

Pero qué… ¡¿Pero qué hice?!

Sachiko llevó las manos a su boca. Sus cristalinos ojos no tardaron en inundarse de unas arrepentidas lágrimas. No podía creer la atrocidad que había hecho. Se desconocía por completo. Había lastimado a su persona mas preciada en el mundo... y ya no podia volver atrás.

Su mandíbula trató de abrirse de nuevo para hablar, sin caso. La parálisis se habia apoderado por completo de su ser.

Sin embargo, no podía dejar pasar ese conocido sollozo que no cesaba. Tenía que decir algo, con urgencia.

–Y-Yumi, yo... l-lo siento...- dijo, agitada.

La mayor se encontraba igual de impactada que ella, o quizás peor. No podía ser cierto, tenía que ser un mal sueño aquella maldita situación. Tenía que ser una maldita alucinación.

No recibió respuesta alguna a su disculpa, lo cual sumó a su preocupación e impotencia. Vacilante, estiró la mano hacia su rostro, pero esta la esquivó, chocando sus dientes con rudeza.

-¡Cállate! ¡No quiero escucharte! No quiero... verte- la observó de soslayo, iracunda.

Detalló aquella mirada inmersa de odio, y solo eso bastó para que su corazón se partiese en dos.

–Yumi, perdóname…

-Vete.

No… ¡No!

Se negaba a retirarse, sentía que si se iba en ese mismo instante todo terminaría entre ellas.

–No... espera, déjame explicarte…

Desesperada, trataba de encontrar una manera... una forma de arreglar lo sucedido. Lo que había provocado con sus desaforadas acciones.

Agarró su propio pecho con fuerza. El aliento no se dignaba a reaparecer –Yo... la verdad es que yo...

-¡VETE!

No la quería ver. Su hermana le había hecho un daño que creía irreparable. Ese no era el amor que quería recibir de ella... esa no era la forma. No la había respetado, y menos escuchado.

Sachiko descendió la vista, arrugando los dedos contra las sábanas.

-Vete.

-Yumi...

La castaña se tapó el rostro con las manos, tratando de calmar a su desbocado corazón -No quiero volver a repetirlo, Sachiko.

Su Onee-sama la miró con todo el pesar del universo sobre sus hombros. Cabizbaja y resignada, comenzó a incorporarse con lentitud. Sus pasos, torpes, la condujeron hacia la puerta.

Tenía una pizca de esperanza de que su soeur la detuviese. Pero eso claramente no estaba pasando.

Ni va a pasar.

Aspiró su llanto y antes de salir, giró el rostro y le brindó una última mirada, inmersa de remordimiento. Observó su frágil cuerpo, que se mostraba más debil que nunca. El odio hacia su propia persona solo atinaba a crecer.

No merezco ser perdonada.

Lo sabía. En realidad, lo sabía hacia un tiempo, y ya no podia negarlo, ya no... Tenía que admitir que con el paso del tiempo... se había enamorado de su pequeña hermana. Aquella que la apoyó en todo momento y lugar. Aquella que la aceptó tal cual era.

Un maldito monstruo.

Bajó los parpados con impotencia, deseando desaparecer. No quería existir, quería desvanecerse en el aire.

Abrió la puerta con intenciones de abandonarla. Pero antes… antes debía decirle la verdad. Merecía saberla.

-Te amo- musitó, sin dignarse a mirarla.

La menor elevó de golpe su enrojecido rostro.

-Siempre te he amado, Yumi... perdóname.

Sin más que decir, cerró ese mural, dejando caer lágrimas en el camino.

Su soeur la siguió con la visión, atónita.

¿Sachiko la quería? ¿Entonces por qué... por qué perdió el control de esa forma? ¿Por qué no le contó de sus sentimientos antes? ¿Por qué llegar a tales extremos?

Mordió su propio labio otra vez, frustrada, e incapaz de sostener más su estado, golpeó vorazmente el colchón.

-Maldición… ¡Maldición!

Lo único que pudo hacer ese día fue llorar hasta quedarse dormida. Pero ni siquiera en sus sueños pudo descansar, ya que su querida Onee-sama aparecía en estos.