Disclaimer: No soy dueña de ninguno de los personajes/lugares/historia ofrecidos en esta historia. Todos ellos pertenecen a (lo más probable es que debe de estar rodando en su tumba) J.R.R. Tolkien.
CAPÍTULO UNO
Gandalf observó con cuidado al hobbit que tenía delante de él.
En lo que a hobbits se refería, éste no parecía ser diferente de cualquier otro. Era de estatura y constitución promedio para su raza; es decir, bajito y denso. Estaba vestido como la mayoría de los hobbits: en un atuendo sencillo y modesto que consistía en una camisa abotonada, pantalones marrones, y sin calzado. Su grueso cabello estaba prolijamente recortado y enmarcando su rostro, y olía a jabón y pan fresco. En cuanto a las apariencias, Bilbo Bolsón parecía ser un hobbit respetable.
Lástima que él nunca le había puesto mucho interés a las apariencias.
"Buenos días," saludó amablemente, plantando su largo bastón en el suelo e inclinándose ligeramente en él.
El hobbit lo miró por debajo de sus gruesos rizos castaños. Lo observó detenidamente, por un momento, con ojos de color marrón claro -idénticos a los de Belladona, notó-, antes de que una amplia sonrisa se formara en su cara.
"Buenos días, Maestro Gandalf," respondió Bilbo, levantando la pipa a modo de saludo.
Las cejas de Gandalf se elevaron hasta el nacimiento de su pelo. No esperaba ser reconocido, mucho menos por quien él había estado buscando. "¿Tú me conoces, mi joven amigo?"
"Por supuesto. Mi madre habló muy bien de usted hasta el final de sus días." El hobbit tomó una bocanada de su pipa y dejó escapar un perezoso anillo de humo. "Nosotros los Bolsón nunca olvidamos a un amigo, ya sabes. Incluso uno que no hemos visto en décadas."
"Ciertamente." No sabía si debía sentirse feliz, orgulloso, o sorprendido por este giro en los acontecimientos. Las desconcertantes sensaciones hacían que le dieran ganas de sonreír ampliamente, ya que había pasado demasiado tiempo desde la última vez que había estado tan entretenido. "Ya que me pareces conocer tan bien, ¿puedo hacerte una pregunta?"
Bilbo agitó una mano de forma perezosa. "Pregunte, buen señor."
Se inclinó hacia delante y torció su sombrero para poder encontrarse frente a frente con los ojos del joven hobbit. "Estoy buscando a alguien que quiera compartir una aventura conmigo. ¿Te importaría ser ese alguien?"
La expresión cortés de Bilbo no cambió, pero él puso la pipa en su regazo. "Tal vez. Pero primero, cuéntame más de esta... aventura."
Esta vez, Gandalf no contuvo su sonrisa.
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Una vez que Gandalf se hubo marchado con la promesa de volver para la cena, Bilbo se puso calmadamente de pie y caminó de regreso a su casa, cerró la puerta con llave, y luego procedió a tener un pequeño ataque de pánico.
Oh, dulce Eru, no puedo creer que hice eso, pensó, apoyando la espalda contra la puerta y deslizándose lentamente hacia el suelo. Le había tomado cada onza de autocontrol no echarse a llorar y decirle al mago cada una de las cosas que iban a pasar con Thorin y la compañía, Frodo y el anillo, e incluso Saruman y su traición. Y tener que mirar a la cara de su amigo más antiguo y querido y mentirle... Bilbo no estaba seguro de cómo iba a afrontar el resto de sus compañeros (muertos) si ni siquiera podía hablar con Gandalf durante cinco minutos.
Basta, Bilbo. Puedes hacerlo. Sólo recuerda por qué estás diciendo estas mentiras, se recordó con firmeza. Ya has hecho un plan, ¡ahora debes aferrarte a él!
Después de reconocer la rara oportunidad que le había sido otorgada -y después de tener una crisis nerviosa sobre las posibilidades- Bilbo había construido un plan. Era un plan muy básico que tenía un simple punto a seguir: no dejes que nadie muera de nuevo. Él lo había hecho sencillo porque se había dado cuenta que no iba a poder cambiar todos y cada uno de los pequeños detalles de su viaje sólo porque le convenían. Había ciertos acontecimientos que tenían que suceder -como la batalla de Thorin contra Azog-, aunque no le agradara la idea.
Aunque todavía estaba indeciso con lo que se refería al problema con los trolls. Ser utilizado como un pañuelo para troll no había sido su mejor momento.
Por supuesto, su verdadero problema no radicaba en hacer un plan, sino en actuar acorde a él. Bilbo sabía que era fácil decir que iba a hacer esto y aquello cuando llegara el momento; y él no tenía miedo en fallar al actuar cuando fuera necesario. No, el verdadero desafío radicaba en revivir días que ya había experimentado con la gente que ya atesoraba, pero quienes lo verían nada más que como un extraño.
¿Cómo iba a poder mirar una vez más los rostros de sus queridos compañeros, volver a verlos antes de que los años y la muerte les hubieran pasado factura, y pretender que no eran más que unos extraños para él? ¿Cómo podría reír y sonreír con ellos a sabiendas de que tres de ellos no vivirían para ver su hogar restaurado a su antigua gloria?
¿Cómo se suponía que iba a mentir y fingir que no había llorado toda una vida por su querido líder...?
"Ya basta, Bilbo, viejo loco. No tienes el tiempo para auto compadecerte", se regañó a sí mismo en voz alta, sacudiendo la cabeza. Se dio un ligero golpe en la mejilla, se obligó a ponerse de pie, y se dirigió a la cocina.
No tenía tiempo para sumirse en dudas e inseguridades. Tenía que preparar una cena para trece enanos hambrientos.
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Por lo que recordaba, el primer enano en llegar sería Dwalin.
La primera vez que había conocido al fornido y directo enano, Bilbo había sido legítimamente intimidado. Alto para su raza e igualmente robusto, Dwalin era, fácilmente, el enano más amenazante que había conocido nunca. Debido a este miedo él lo había eludido como un ratón todo el tiempo que habían estado ellos dos solos. No fue sino hasta más tarde en su viaje -después de haber llegado a conocer mejor a Dwalin- que se había enterado de que al actuar de manera tan asustadiza, no sólo había disminuido su valor a los ojos del enano, sino que también había reforzado todas las razones por las cuales Dwalin no confiaba en los forasteros.
Así que, por eso, esta vez iba a hacer las cosas un poco diferentes.
Esa noche, cuando sonó el timbre, Bilbo tranquilamente se puso de pie y fue a abrir la puerta. Cuando la abrió, se encontró con el tatuado enano vestido con el mismo cinturón dorado y capa verde, que recordaba de hace tanto tiempo atrás.
"Buenas noches," saludó, dándole a Dwalin una amplia sonrisa. "Usted debe ser uno de los enanos que el Maestro Gandalf mencionó. Yo soy Bilbo Bolsón, y usted es más que bienvenido en mi casa. Por favor, entre."
Dwalin lo miró por un momento, con sus oscuras cejas en alto, antes de dar un brusco asentimiento, y se metió dentro. "Mis agradecimientos. Soy Dwalin, hijo de Fundin. ¿Dónde está la cocina?"
"He preparado la cena para todos nosotros. Venga por aquí." Bilbo se dio la vuelta y regresó a su comedor, sabiendo que el enano lo seguiría. Cuando entraron en la habitación, oyó una rápida inhalación y sonrió.
"Espero que todo esto sea suficiente para alimentarlos a usted y sus compañeros. No sé cuánto les gusta comer a los enanos, pero nosotros los hobbits amamos la comida", dijo casualmente, girando la cabeza hacia atrás para poder ver bien el rostro de Dwalin.
El enano estaba con los ojos muy abiertos y su boca se había desencajado. Por supuesto, él tenía todo el derecho de estar en shock. Cada pulgada de la mesa de Bilbo estaba cubierta con la comida. Desde sabroso cordero cocido hasta salchichas ahumadas -él no se había contenido para hacer esta comida. La había preparado porque recordó muy bien lo mucho que este grupo podía devorar en una sola sesión. Así que, en lugar de esperar a que ellos le asaltaran la despensa como la última vez, él había sacado toda la comida que había guardado, realizado una visita al mercado más cerca, y cocinado un festín digno de un pequeño ejército.
O, en este caso, trece enanos y un mago.
"Yo... esta parece una buena comida. Estoy seguro de que los demás la disfrutarán enormemente", comentó finalmente Dwalin, alejando la vista de la mesa para lanzarle una pequeña mirada hostil. "¿Por qué has hecho todo esto? Debe de haberte tomado horas."
"¿Por qué? ¡Porque ustedes son mis invitados! Yo no sé ustedes, pero nosotros los hobbits siempre tratamos a nuestros invitados con el máximo respeto. Y en este caso, eso significa alimentarlos hasta que ya no tengan hambre", le reprendió, dándole al enano una mirada furiosa.
No estaba muy molesto por la pregunta, porque era una cosa tan Dwalin el sospechar sobre una buena comida. Sin embargo, él disfrutó hacer sentir culpable al enano por cuestionar sus buenas intenciones.
Bilbo podía admitir que se había vuelto un taimado hobbit viejo.
"Mis disculpas. Yo sólo... no esperaba encontrarme con un festín." Dwalin ladeó la cabeza y lo miró con una expresión abierta y franca. "¿Todos los hobbits realmente tratan así a sus huéspedes?"
"Bueno, no todos. Algunos pueden ser bastante desagradables y mezquinos", admitió, recordando a sus (distantes por lo que a él le concernía) primos: los Sacovilla-Bolsón. "Pero yo no soy uno de esos, y tampoco lo son la mayoría de los miembros de mi familia. Ahora ven; toma asiento y empieza a comer. Estoy seguro que los demás estarán aquí muy pronto"
Dwalin le dio otra mirada inquisitiva, pero se quitó la capa y eligió uno de los asientos que estaban contra la pared. Apuñaló un trozo de pescado y le dio una olfateada rápida antes de encogerse de hombros y devorarlo.
Bilbo se apoyó contra la pared y lo observó. Dwalin había sido para él un querido compañero, pero ellos no habían sido tan cercanos como él lo era con Balin y Bofur. En cambio, Dwalin había sido mano derecha y amigo querido, a lo largo de sus viajes, de Thorin. Él nunca se atrevería a estar celoso de sus vínculos familiares, pero sí se arrepentía el nunca haber construido un vínculo con el propio Dwalin.
Pero, de nuevo, él se arrepintió de no haber hecho un montón de cosas en su vida.
"¿Vas a comer o mirarme?" el guerrero gruñó, sin detenerse mientras desgarraba la carne de un hueso de pollo.
Bilbo saltó ligeramente antes de soltar una risa incómoda. "Ah, lo siento. Es la curiosidad. Después de todo, nunca había conocido a un enano en persona."
Dwalin resopló. "Hmp. Bueno, muy pronto vas a conocer a más."
¡Oh, cuán en lo cierto estaba!
Un sólido golpe contra la puerta de su casa resonó por los pasillos y lo hizo asustar. Había olvidado que el resto de la compañía pronto estaría llegando. "Ah, yo voy a atender. Usted continúe comiendo."
Dwalin le dio un gruñido en respuesta, pero no apartó la mirada de su comida.
Bilbo se dirigió a la puerta; intentando recordar quién era el que seguía. Aparte de recordar que Dwalin llegaba primero y Thorin era el último, le resultaba imposible acordarse quién venía entre medio. Encogiéndose de hombros, abrió la puerta y se encontró con un enano alto parado delante de él, con un hacha de batalla atada con correas a la espalda.
Era Balin.
-la última vez que ve a Balin es antes de que él partiera para Moria. Su viejo amigo ha envejecido bien y está ansioso por salir en su nueva aventura. Él invita a Bilbo a acompañarle en su viaje, pero él se niega, ya que por el momento no puede dejar a Frodo sólo por su cuenta. Así que, en cambio, ellos pasan la noche riendo y recordando las partes humorísticas de su viaje mientras mantienen en silencio esos días que no fueron tan maravillosos-
"Creo que va a llover más tarde", comentó Balin, mirando hacia el cielo.
"¿En serio? Entonces espero que se aclare para el amanecer," respondió automáticamente Bilbo, incluso cuando sintió un nudo en la garganta al escuchar la familiar voz.
Balin se rió y se volvió hacia él. Se veía igual a como Bilbo lo recordaba, con su cabello prematuramente blanco, centelleantes ojos oscuros y sonrisa amable. La visión de su viejo amigo hizo que la grieta en él se ensanchara aún más.
"Oh, sí, eso sería bueno. Odiaría iniciar nuestro viaje con una caminata a través de la lluvia", concedió Balin, entrando en su casa. Bilbo dio un paso hacia atrás y le permitió la entrada al enano, antes de cerrar la puerta tras de sí.
"Soy Bilbo Bolsón," se introdujo, esforzándose por mantener su voz firme. "Por favor, siéntase como en casa."
"Ah, gracias, gracias. Soy Balin, hijo de Fundin. Maravillosa casa la que usted tiene aquí. Muy cálida y acogedora", dijo alegremente Balin, desenrollando su capa roja. "Nunca había visto el interior de un hogar hobbit. Me esperaba algo un poco más corriente para ser honesto."
"Balin!"
Dwalin, aparentemente, había oído la voz de su hermano y se había aventurado a salir del comedor para encontrarlos. Bilbo vio a los dos hermanos saludarse con un choque de cabezas y se dio cuenta, por primera vez, que lo más probable era que no se habían visto el uno al otro durante años. Vivir de cualquier trabajo que podían encontrar significaba que, muy probablemente, se habían ido por caminos separados con el fin de ganarse la vida. Otro recordatorio de lo que sus compañeros enanos habían sido forzados debido a Smaug.
"Ven conmigo; hay una cena esperando por nosotros", dijo Dwalin, guiando a su hermano de vuelta hacia el comedor.
"Oh, ¡excelente! Me preguntaba si aquí habría comida", comentó alegremente Balin.
Bilbo los vio irse y jugó con la idea de seguirles, antes de desestimar el pensamiento. Les permitiría la oportunidad de ponerse al día, sin tener que preocuparse por chismosos hobbits. Además, él necesitaba un momento para recobrar la compostura. Si ver a Balin le dejó sintiéndose inestable, entonces sólo podía imaginar cómo se sentiría al ver al resto.
Se frotó la frente y golpeó suavemente sus mejillas un par de veces antes de sentirse compuesto de nuevo. Y fue justo a tiempo ya que se escuchó otro llamado a su puerta. Esta vez fue más duro y más fuerte; como si dos puños hubieran golpeado contra ella.
Dos puños. Eso seguramente significa que eran...
Con el corazón pesado, Bilbo abrió de nuevo la puerta y esta vez se encontró con dos enanos jóvenes, de pie en el umbral de su casa. Uno de ellos era claramente el mayor, con su cabello dorado recogido en trenzas y una barba que ahora era lo suficientemente larga como para trenzar. El otro era más alto, con el rebelde pelo oscuro y sólo apenas algo de vello facial. Ambos estaban bien armados y luciendo idénticas sonrisas traviesas.
"Fíli-" inició el rubio.
"-y Kíli-", añadió el otro.
"-¡a su servicio!" terminaron al unísono, antes de dar una pequeña reverencia sincronizada.
-cuando finalmente encuentra a los dos hermanos, se encuentra con un espectáculo que le perseguirá durante los próximos años. Kili yace sobre su espalda, con los ojos cerrados y su joven rostro de un blanco fantasmal. Hay flechas clavadas en su pecho y su fuente de vida ha creado un océano debajo de él. Fili se encuentra cerca de él, boca abajo con una espada y daga incrustada en su espalda. Una mano está extendida hacia el cabello de su hermano, su cara y vacíos ojos todavía fijos en Kili. Incluso al final él siguió tratando de proteger a su pequeño hermano-
"Bilbo Bolsón", respondió en voz baja, la grieta en su corazón ahora un hueco en toda regla. "Encantado de conocerlos a ambos. Por favor, entren y únanse a los demás para la cena."
"¿Hay comida? Genial, ¡me muero de hambre!" Kili pasó junto a él sin dudarlo, prácticamente entrando a la casa a los saltos, con toda la energía de un cachorro. Comenzó a sacar sus armas y las dejó caer en uno de los arcones que Bilbo había, discretamente, dejado para ellos.
Fili le siguió a un ritmo más tranquilo, pero con toda la confianza y gracia que sólo puede venir de la juventud. Él también comenzó a despojarse de sus armas y las dejó en uno de los arcones; todo el tiempo observando la casa a su alrededor con un par de dolorosamente familiares ojos azules.
"Es un poco más grande de lo que pensé que sería," comentó Fili mientras empezaba a sacar su colección de muchos, muchos cuchillos.
"Eso es porque pensabas que los hobbits vivían en agujeros en el suelo con barro y gusanos," se burló Kili, estirando el brazo hacia atrás para sacar su arco. Su mano tanteó el aire durante unos segundos antes de que Fili se le acercara y levantara uno de los extremos para que pudiera agarrarlo y sacárselo.
"Yo sabía que vivían en casas. Simplemente no creí que sería tan grande. No creía que los hobbits eran tan grande", replicó Fili, dirigiéndole una sonrisa de satisfacción a Bilbo.
Kili rió y se dio la vuelta para mirar a Bilbo, y se detuvo. La sonrisa pícara se deslizó de su rostro y sus ojos oscuros se ensancharon.
"Oi, señor Bolsón, ¿está bien? Se lo ve un poco inestable", dijo, extendiendo una mano como para agarrar a Bilbo.
¿Está bien? No, no estoy bien. Te vi morir junto con tu hermano. Te vi morir en el intento de defender al tío que amabas tanto. Los vi a los dos morir, y ahora aquí están de nuevo -¡vivos y sanos y muy, muy joven!
Bilbo ahogó un sollozo y le entregó a Kili -sonriente, exuberante, impetuoso, vivo Kili- lo que esperaba fuera una sonrisa tranquilizadora. "Oh, sí, estoy bien. Sólo sintiendo el peso del día, ¿sabes? ¿Por qué ustedes dos no van al comedor para cenar? Dwalin y Balin ya han llegado."
Kili vaciló; ojos marrones moviéndose rápidamente sobre él antes de, finalmente, encogerse de hombros y darse la vuelta. Se alejó en búsqueda del comedor con Fili caminando tras él; también dándole al hobbit una mirada confusa, pero tampoco presionando por una respuesta.
Bilbo esperó hasta que escuchó el alegre sonido de los saludos hacer eco a través de su casa antes de, finalmente, dejarse caer hacia atrás contra la puerta por segunda vez en el día. Nunca, en todos sus años, se hubiera imaginado un dolor como el que sentía cuando miraba a los hermanos Fíli y Kíli. Verlos cómo habían sido antes -brillantes y alegres y tan llenos de vida- y conocer la suerte que les esperaba...
No podía permitirse fallar. Ver a esos dos solamente hacía que su resolución fuera aún más fuerte. Sin importar qué, él iba a ver que cada uno de sus compañeros sobreviviera la batalla de los Cinco Ejércitos.
Aunque le costara su propia vida.
Hubo otro fuerte llamado a su puerta. La fuerza de éste hizo temblar tanto la madera como al hobbit y él sabía que, salvo Thorin, era el resto de los enanos. Así que Bilbo se enderezó, se armó de valor para el caos, y abrió la puerta.
Entonces fue arrojado de inmediato al suelo cuando una avalancha de enanos cayó encima de él.
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"¿Crees que me rompí algo?" le preguntó Bilbo a Gandalf mientras era examinado y pinchado.
El mago hizo un sonido en la parte posterior de la garganta, como si lo estuviera considerando. "Poco probable. Pero vas a tener algunos moretones. Posiblemente mañana sientas el dolor."
Hizo una mueca. No tenía ganas de montar a poni con un trasero magullado. "Estupendo."
"De nuevo, estoy muy apenado, señor Bolsón," Bombur -grande, torpe pero dulce Bombur- se disculpó de nuevo por quinta vez desde que tropezara e hiciera que todos los enanos cayeran sobre el hobbit. "Yo no soy el enano más agraciado en sus pies."
"Eso implica que para empezar siempre has tenido la gracia," Dori -que era tan tenso como él recordaba- murmuró, frotándose la parte frontal de la cabeza, donde un nítido chichón rojo podía verse.
Bombur se encogió visiblemente, como una flor sin luz solar, ante esta observación, y Bilbo, al verlo, sintió su molestia ascender. "Vamos, fue un accidente. Ya se disculpó y él no quiso causar ningún daño. Dejémoslo pasar y continuemos."
Dori lo miró fijamente; claramente sorprendido por la repentina reprimenda mientras que Bombur simplemente se quedó boquiabierto. Por el rabillo de sus ojos, Bilbo podía ver algunos de los enanos también mirarle, pero no les dio ninguna importancia. Recordaba con toda claridad cuán malvados y francamente viciosos podían llegar a ser los enanos con Bombur, simplemente debido a su tamaño y torpeza. No tenía ninguna intención de permitir que esto continuara de nuevo, cuando él sabía exactamente cuán excelente enano -y amigo- Bombur realmente era.
Un brazo pasó alrededor del cuello de Bilbo, y de repente él se encontró en el cálido agarre de Bofur. El minero llevaba el mismo sombrero ridículo y la bufanda que recordaba tan bien, con su azadón atado a la espalda. El hobbit podía incluso oler la favorita hierba para pipa del enano-Longbottom Leaf, porque Bofur siempre tuvo buen gusto- impregnada en el viejo abrigo del minero.
"Sí, nuestro anfitrión está en lo cierto. Ahora no es el momento de echar culpas", comentó Bofur, ofreciendo una amplia sonrisa que marcaba sus hoyuelos, la sonrisa que lo caracterizaba. Sin embargo, sus ojos eran como el acero mientras eran dirigidos al enano mayor delante de él. "Después de todo, todos hemos cometido errores y tuvimos una caída o dos, ¿no?"
Dori rodó sus ojos, pero no estuvo en desacuerdo. En cambio, se puso de pie y se dirigió a donde sus dos hermanos ya estaban sentados comiendo; claramente dando por terminada la conversación.
"Perdona al querido viejo Dori. Me temo que él es un poco gruñón casi todos los días", comentó con indulgencia Bofur, golpeando ligeramente al hobbit en el hombro, y soltándolo. "Sin embargo, mis agradecimientos por hacerle frente. A veces, él se olvida que no todo el mundo tiene el corazón de piedra."
"Estoy seguro de que tiene sus razones," señaló Bilbo, no queriendo escoger lados en el obvio juego de enemistades. Sabía que, eventualmente, sus enanos iban a volverse tan cercanos como hermanos; pero eso no sucedería hasta que comenzaran el viaje, y tuvieran la oportunidad de construir esas relaciones. Por ahora todo lo que eran, los unos de los otros, era compañeros con el mismo objetivo. Los verdaderos vínculos no se desarrollarían hasta más tarde.
"Sí, las tiene, las tiene", coincidió Bofur, asintiendo lentamente mientras, evidentemente, estudiaba al hobbit. "Qué bueno que usted lo reconociera. Y... gracias por defender a mi hermano."
"De nada. Él no se merecía tal comentario por algo tan pequeño", dijo con honestidad, dándole una sonrisa al todavía silencioso Bombur.
El rollizo enano le sonrió lentamente mientras que Bofur sonrió sin restricciones.
"¡Bien dicho! Ahora, creo que es hora de que nos unamos a los demás antes de que ellos se coman toda la comida, ¡y nos dejen nada más que las migajas!" declaró Bofur, arrastrando a su hermano hacia la mesa con la comida. Bombur, por supuesto, lo siguió sin quejarse.
Él los vio marcharse antes de volver su mirada hacia el mago parado a su lado. Gandalf parecía estar considerando algo mientras estudiaba al hobbit. Era una mirada que él recordaba muy bien, ya que la veía cada vez que había hecho algo inesperado.
"Pareces confundido, Maestro Gandalf", comentó, recostándose en la silla donde lo habían depositado después de haber estado en el fondo de una pila de enanos. "¿Te preocupa algo?"
"Ah, no es nada. Simplemente las reflexiones de un anciano," desestimó Gandalf, tal y como él esperaba que lo hiciera. A pesar de ser buenos amigos, el mago rara vez le revelaba sus pensamientos internos. "Entonces, ¿qué piensas de nuestras actuales visitas? No es lo que estabas esperando, yo creo."
Bilbo volvió su atención al grupo de enanos en torno a su mesa. Dwalin estaba ocupado en una competencia de lucha de fuerzas con los brazos contra Glóin -cuyo parecido con su hijo era extraño ahora que lo veía como un joven enano de nuevo- mientras que Fili y Kili y Bofur les animaban. Balin estaba en una profunda discusión con Bifur -que aún, de hecho, tenía la vieja hacha Orco incrustada en la frente- que parecía implicar khuzdûl y muchos gestos con las manos. Bombur había ido directamente a comer al lado del joven Ori y el silencioso Nori. Óin -en su familiar capa marrón y trenzas blancas- estaba ocupado tratando de comer tanta comida como le fuera posible mientras que, a su lado, Dori trataba de evitar los trozos perdidos de los alimentos.
Todo era un espectáculo tan familiar de energía y vida, que Bilbo no pudo luchar contra el calor que invadió su corazón. Sumido en su preocupación y nostalgia, él se había olvidado que también había habido buenos momentos en su viaje. Cuentos y canciones contadas alrededor de un ardiente fuego; chistes susurrados durante las largas caminatas; y el consuelo que venía al saber que estabas a salvo y eras amado. Sus enanos le habían mostrado una nueva faceta de la vida que él nunca habría conocido en la Comarca. Con ellos él había aprendido el honor y la esperanza y el sacrificio, y había dejado de ser un remilgado, cobarde y egoísta hobbit para convertirse en uno valiente y amable.
Los enanos de Erebor le habían convertido en alguien mejor, y Bilbo nunca podría olvidar eso.
"Ellos son... algo distinto. No es lo que estaba esperando, sin duda, pero eso es lo que los hace tan especiales. Yo no creo que serían tan fascinantes si ellos fueran de otra forma", dijo honestamente, nunca apartando la mirada del grupo de enanos.
Podía sentir a Gandalf mirándole con ojos de viejo, y sabía que pronto habría un comentario a seguir. Pero antes de que el mago pudiera incluso abrir la boca, hubo un gran golpe contra la puerta principal que hizo que todos los enanos guardaran silencio.
Lentamente, Gandalf se puso de pie y les dirigió a los demás una mirada de complicidad.
"Ya está aquí", anunció, y el corazón de Bilbo se detuvo.
