¡Aquí estás! – Espetó Sherlock.

A John se le congeló la sangre. No era para nada común que Sherlock Holmes tocará a alguien, y mucho menos que lo abrazará, pero ahí estaba; sus brazos rodeando los costados de John que se encontraba de espaldas a él; sus manos tibias presionando posesivamente su vientre. "Pero qué demonios. ¿Sherlock me está abrazando?". "Brillante deducción, John", pensó, imitando la voz de Sherlock en su mente. Trató de hablar, pero las palabras se atascaron en su garganta.

Creí que te había perdido. – Dijo Sherlock, aferrándose aún más fuerte; su rostro contra el hombro de John.

Los ojos de John se ensancharon. Quería saber qué demonios le había picado a Sherlock. A qué se refería con eso de: "Creí que te había perdido". Se giró, zafando un poco el agarre de Sherlock y logró quedar de frente a él.

¿Pero qué demonios le pasó a su cabello? Su mirada fija en el cabello peinado hacia atrás. Sus indomables rizos habían desaparecido. No pudo evitar que su quijada callera. Hay algo distinto en sus ojos. Bajó su mirada para encontrarse con la de Sherlock, sin duda seguía teniendo esos maravillosos colores, pero había algo más; un pequeño color grisáceo en ellos y sin duda un azul más cálido, cómo si… ¿Estaba llorando? Sintió el agarre de Sherlock aflojarse un poco más. Su corazón se achicó al ver esa mirada; las imágenes de Sherlock sobre la azotea del St. Bart's Hospital llegaron a él como si hubiese pasado el día anterior.

¿E-estás bien? – Preguntó con genuina preocupación.

Sí, sí, sí. – Repitió una y otra vez, una sonrisa torcida dibujándose en su rostro. – Y tú también lo estás, porque por fin te encontré.

John seguía sin comprender nada, pero por lo menos la opresión en su pecho se había desvanecido al alejar esas imágenes de su mente. Bajó un poco más su mirada y se encontró con lo que parecía ser un nuevo atuendo que claramente nunca había visto en Sherlock. Usaba una camiseta de manga larga, de color negra y exageradamente ceñida a su torso; con una pequeña pieza metálica que parecía una "A". Dios… casi parece que llevase tatuada esa camisa. Siguió bajando descaradamente la mirada, llegando a la parte inferior de su compañero. Magnífico, más prendas ajustadas. Entonces, algo pareció conectarse en su cabeza.

Estás de incógnito. – Dijo sagazmente. Habría preferido que fuese una pregunta pero fue lo único que tuvo.

N-no he llamado la atención de nadie, si eso es lo que te preocupa… – Declaró, volviendo a abrazarlo, acercando su boca hasta el oído de John. – Cambiaste.

¿Cambie? ¿A qué se refiere con eso? ¿Será porque no le he reprendido el hecho de tener la cocina hecha un desastre? No, obviamente no es eso. Imbécil, John, recuerda que está de incógnito. Seguramente hay micrófonos por todas partes y yo como un idiota estoy arruinando todo.

Hueles diferente, Arthur. – Susurró contra su oído, aspirando profundamente.

¿Arthur? Sí, definitivamente está en un jodido caso, y ni siquiera se ha tomado la molestia de decirme cómo debía actuar cuando él apareciera por la puerta. Jodida mierda, y por si fuera poco, me está susurrando al oído.

¿Diferente? – Preguntó, esta vez entrando en el personaje que esperó que Sherlock aceptase.

Sí. Tú cabello cambió, tu ropa, tu… – Aspiró una vez más. –… olor.

John se estremeció en sus brazos. Escuchar la voz de Sherlock era hipnotizante, pero, ¿tenerla tan cerca?, ¿en su oído? Eso ya era algo realmente difícil de ignorar. Alzó sus manos, deslizándolas por los costados de Sherlock hasta envolverlo en sus brazos y acariciar su espalda con delicadeza. Sherlock también olía diferente, no tenía ese familiar aroma de su perfume ridículamente caro, ni el de la colonia que usaba después de afeitarse. El aroma que emanaba de su cuerpo era agradable, podía percibir el olor de lo que parecía ser… ¿vainilla? Dios…

Al menos no huelo mal, ¿cierto? – Dijo riendo entre dientes. Sherlock se apartó de él con una mirada de terror.

¡No! – Espetó, alterado. – No hueles mal, es sólo que…, tienes un olor muy diferente al de siempre.

Dios… espero que esas palabras sean de Sherlock y no de su maldito personaje. ¿Qué se supone que debo decir ahora? Algo como: "Hey, tú tampoco hueles como siempre, pero ¡joder! Sí que te lamería ahora mismo". Maldita sea, Sherlock, no me…